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septiembre 30, 2014

Víctor López Zumelzu

Víctor López Zumelzu


Agosto



¿Cuántas palabras existirán para nombra la nieve,
el frío, el hielo, la escarcha?
La manera en que estamos aquí
en este espacio (tú leyendo)
y no allá
y decimos en la sala de clases
presente cuando se lee la lista
o simplemente pasamos
a no estar si no hablamos
con el tiempo aprendemos
que las cosas alrededor de nosotros
tienen un nombre
y nosotros también las aprendemos
a nombrar
esto es una silla
esto otro una carta
si deseas abrirla debes rasgar el sobre
Mi padre construyendo mi primera biblioteca se golpeó
el dedo tan fuerte que la uña se le cayó
Quedando en su lugar un espacio vacío
el cual yo siempre evité de mirar
Los recuerdos ya no son así de claros
El tiempo se ha plegado sobre ellos dejando entrever
una grieta oscura algo así como un significante
Pienso con frecuencia en aquello
que nos es difícil de recordar
las distorsiones narrativas
y poéticas a las que uno se ve expuesto
La lógica que guarda cada acto infinito
Una mariposa mueve sus alas en Quinta normal
y eso causa una tormenta
de proporciones de Rhode Island
Un lugar entre la falta de límite
o la falta de definición
La última vez que vi llorar a mi hermano fue cuando
se marcho al servicio militar
después volvió y su rostro era mucho más duro
indiferente
Cada país tiene una palabra para definir el miedo
La soledad
La música de los insectos en verano
La interpretación de la danza
de la naturaleza
La angustia de vivir pensando en el corazón
como un cazador solitario
incluso la idea de caza parece ser anterior a la misma idea
de representación
¿Cómo puede ser posible que alguien
haya decidido levantar un edificio
frente al paisaje que dibujaba todos los días
en su cuaderno?
Ahora no hay horizonte ni distancia visible
la distancia es un asunto de contexto piensa
Sin embargo un cuaderno vacío sin ninguna imagen
también es una imagen
No nos olvidemos que este texto
se compone de imágenes
Imágenes débiles
Imágenes sutiles
Imágenes que se duermen
en la velocidad de la lengua
Lo único que uno aprende con el tiempo
es abrocharse los zapatos
prepararse huevos revueltos
e intentar simular la falta de confianza
al nombrar los puntos oscuros
los vidrios rotos en los que ha chocado la nieve
Todo placer ha nacido de la necesidad
nos dice Hölderlin
y Joseph Brodsky nos dice al respecto que las cosas
Se endurecen en la memoria
para que uno no pueda mudarlas de lugar
Pero todo depende del cristal
con que uno observe
el día o la noche
y como la imaginación es capaz de fundir
dos o más conceptos
en una imagen
La ventana ese año permaneció todo el tiempo cerrada
aún así el mundo afuera seguía
dando muestras de su existencia
Las gotas en el cristal,
la débil melodía de los pájaros
en la mañana
¿Cómo podremos reconocer algún día ante nosotros
lo que nunca antes hemos visto?
Cómo decir felicidad sin haber escuchado
nunca la palabra felicidad
En esta parte del texto hay algo indescifrable
una imagen que imita nuestra vida, que intenta
ser nuestra vida
La extensión es proporcional
al miedo
y ella la última imagen que conserva de él
es marchándose
bajo un camino oscuro rodeado de cipreses.


VÍCTOR LÓPEZ ZUMELZU (1982, Curacaví, Chile)
Fuente: http://www.revistalecturas.cl/guia-para-perderse-en-la-ciudad-de-victor-lopez/
Imagen: www.blog.eternacadencia.com.ar

septiembre 27, 2014

Miguel Barnet



En el barrio chino



Yo te espero 
bajo los signos rotos 
del cine cantonés 
Yo te espero 
en el humo amarillo 
de una estirpe deshecha

Yo te espero
en la zanja donde navegan 
ideogramas negros 
que ya no dicen nada

Yo te espero a las puertas 
de un restaurante
en un set de la Paramount
para una película que se filma a diario

Dejo que la lluvia me cubra 
con sus raíles de punta 
mientras presiento tu llegada

En compañía de un coro de eunucos,
junto al violín de una sola cuerda 
de Li Tai Po, 
yo te espero

Pero no vengas 
porque lo que yo quiero realmente 
es esperarte



Empujando un país



Yo soy el que anda por ahí 
empujando un país

No es una fantasía, es cierto,
me he pasado la vida empujando un país

Con grandes piedras del camino
y mis zapatos gigantes 
he ido poco a poco empujando un país

Contra los grandes vientos
y la noche que chirría en sus goznes,
contra la falta de oxígeno
y los malos presagios
he hecho lo indecible por empujar un país

Pero hay muchas otras cosas que hacer
como amar en lo oscuro,
sin paredes por cierto,
o desgranar el arroz cotidiano con sabor a coleópteros,
o limarse las uñas frente a un espejo de azogue,
o jugar a la pelota
con los niños estrábicos del barrio

Así que perdonen si no escucho
las quejas de mis contemporáneos

Yo no puedo hacer otra cosa
que seguir empujando un país



MIGUEL BARNET
 (1940, La Habana, Cuba)

Fuente: http://www.panoramacultural.net/?pag=2270
Imagen: Radio Enciclopedia


















septiembre 26, 2014

Gabriel Chávez Casazola


Memento mori



Ni el arco que contempló las pomposas victorias
de César Marco Aurelio Antonino Augusto
ni aquél que casi fue rozado por la tiara del Papa Rey erguido en una cabalgadura
preciosamente enjaezada
ni ese otro que vio al Gran Corso desfilar con sus tropas en el cénit
de su tardío imperio decimonónico
y ni siquiera el pequeño seto de pino bajo el cual paseaba el Libertador,
hombre más bien menudo,
en la quinta de San Pedro Alejandrino,
cobijaron el mismo poder
que el arco que forma tu cintura
ni celebraron mejor
la frágil duración
de los reinos y el reino de este mundo
que la curvatura de tu espalda
cuando mi mano, en el alba, la atraviesa.

Beyond the rainbow




Al viajero le fue dado una mañana conocer el lugar donde termina el arcoíris
el más allá del arcoíris
el tesoro enterrado a los pies del arcoíris,
poner punto final a todas las magias y misterios que los hombres hemos imaginado
sobre (y debajo) de los arcoíris.
Me explico mejor. Una mañana
el viajero (extenuado acaso de tanto buscarlo)
recibió el don de contemplar la totalidad del arcoíris.
Sobre las nubes, desde un biplano, lo vio dibujarse perfectamente
rotundo
redondo
circular como solo los círculos saben serlo.
Así supo
que los arcoíris no tienen final
(ni tampoco principio),
que no tienen más allá
ni lugar a sus pies donde enterrar tesoros.
Pero os prevengo, desatinados lectores, que esto no puso final
ni mucho menos
a la magia y misterio de los arcoíris.
Por el contrario, les confirió la especial dignidad
que solo las esfinges sin secreto
suelen atesorar
en algún lugar
beyond the rainbow
somewhere over the rainbow;
esto es,
justo
allá,
donde termina
(y comienza)
el arcoíris.



Paso de Ecuador (o Amor 77 revisited)



Poner la pila al reloj
encender el celular
y
–como aquellos olvidados personajes de Cortázar-
levantarnos, bañarnos, entalcarnos, perfumarnos, peinarnos,
vestirnos
y así progresivamente
volver a ser lo que no somos
o lo que somos,
que es aún peor.


Bola de cristal




Él puede leer los ojos de los niños, sabe
qué será del mejor alumno de la clase
y del niño becado y de esa alta morena.
Paladea un Jack Daniels lentamente
en la esquina del bar.
Sus ojos están fijos en el fondo del vaso.
Ya no quiero mirar ya no quiero mirar.



Poeta y periodista boliviano. Publicó los libros de poesía Lugar Común (1999),Escalera de Mano (2003), El agua iluminada (2010) y La mañana se llenará de jardineros (2013 en Ecuador y 2014 en Bolivia). Parte de su obra se halla traducida al italiano, portugués, inglés y rumano. Poemas suyos se encuentran incluidos en antologías internacionales y de su país. Ha participado en encuentros, lecturas y festivales de poesía en varias naciones y ciudades de las Américas y en España. Imparte talleres de poesía  en universidades y centros culturales. Columnista en periódicos bolivianos y colaborador de revistas internacionales de poesía. Editó una vasta Historia de la cultura boliviana del siglo XX, en dos volúmenes, premiada como Libro Mejor Editado en su país en 2009.  Entre otros premios, ha recibido la Medalla al Mérito Cultural del Estado boliviano. En 2013 fue finalista del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo.


GABRIEL CHÁVEZ CASAZOLA (1972, Sucre, Bolivia)
Fuente: http://www.moving-art.net/

Enlaces:http://www.crearensalamanca.com/siete-poemas-del-boliviano-gabriel-chavez-casazola-pinturas-de-miguel-elias/
http://circulodepoesia.com/tag/gabriel-chavez-casazola/ Reseña biográfica: www.metaforologia.com


septiembre 23, 2014

Ismael Gavilán


Apuntes para una breve historia del arte


Poetry
is the subject of the poem

Wallace Stevens


Movimientos desapasionados en el límite de la experiencia,
anuncios que podrían ser la antesala del fracaso
o la aspiración a decir lo inefable ante un auditorio desierto.
En verdad, ningún poder taumatúrgico,
apenas la recolección de objetos,
la intuición fragmentaria de una sensibilidad enfermiza,
apenas el vacío de signos y palabras,
de colores que simplemente son
pero que, salvo su propia precariedad, jamás designan algo.

¿Pertenece todo esto al mismo orden,
a la destrucción y a la esperanza,
a la anulación y a la transparencia?
En los recodos del concierto cualquier giro vuelve sobre sí mismo
en una voltereta oscurecida por la refracción de lo real.

En la vida práctica queda lejano el anhelo de un orden diverso,
el sueño utópico de Marx leyendo a Rimbaud
y el habla múltiple que Giotto hacía decir a un ángel:
evidencias innecesarias para apelar
al dulzor de una imaginación abolida por la sangre candente
que resuena bajo el aguacero de una platería demasiado burguesa
y que encierra en su concepto un retrato a lo Turner.

En el fondo de las aguas, la música,
como un cuerpo herido por la luz de plenilunio
imanta los rastrojos del plexo solar,
la víspera siniestra de todo espejo
y el desfallecimiento que ningún discurso
puede asumir con pretensiones de totalidad.

Así, con el cumplimiento de toda acción en el deseo
se llega a esa frontera que carece de conciencia:
la inutilidad de toda forma
                                               
la pérdida de cualquier razonamiento,
el hacer por el hacer, articulando una piel alicaída,
una sonrisa sarcástica, un escepticismo impersonal.

Tal vez la contradicción ha cumplido su feroz profecía
y lo que resta es el sonido restableciendo el sentido del silencio
como el lenguaje mirándose a sí mismo en la pesadilla del espacio en blanco.


Se observa un hombre con barba rojiza y lentes mirando de frente. Viste un pullover negro con figuras rojas. El fondo es parte de una biblioteca
ISMAEL GAVILÁN MUÑOZ (1973, Valparaíso, Chile)
Fuente: http://www.letralia.com/281/letras02.htm
Imagen: www.uvm.cl

septiembre 22, 2014

Germán Arens


Laguna




La ronda de matorros
que encierra la laguna
me ampara al regodeo
de olores estancados.

Nariz cenagosa, frugal en el fango.

En la tierra orillera,
caliente, mohosa;
crece el junco, la totora
y mi raigambre aventurera.

Me gustan
los lugares anegados...
se asemejan al desierto,
se asemejan a la urbe.
Y me gustan
las mariposas de alas cortas,
decoloradas...
con los ojos hinchados.
También los renacuajos.

Todo está limpio de tan podrido.

A cuatro cuadras las casas blancas.



Estampitas




Al ser
sorprendidos
por la madre de Sin Rumbo
en posesión
de fotografías eróticas,
intentamos persuadirla
diciéndole
que se trataba de estampitas...
pero nuestras manos
avergonzadas
se ocultaron.
Bajamos
del techo embreado
y en la Zanella 200 naranja
nos fuimos a la colonia.
Principiaba el mes de enero
y en las chacras
la cereza ya estaba madura.



Vizcachas




A los costados del camino
a Cuchilló-Có
está lleno de vizcachas.
Los sábados
a la noche
nos disponemos a matarlas.
Cruzamos a La Pampa
desde Río Negro
y por la ruta 22
nos dirigimos a la 154.
En el cruce ya se deja ver alguna vizcachera.
Les disparamos
desde la caja de la F100 blanca d eJara,
el sí está vestido de sábado
pero en la disbóbera
nadie lo nota,
por eso viene con nosotros
y nos hace de chofer,
mientras habla de la Vasca
todo el tiempo.
Yo tiro
con una Rubí Extra modelo 65
calibre 22 LR
mira 3-9 x 40
de 20 tiros.
El Pato tiene la costumbre
de ahuecar las balas
y tira con un Remington pajero.

Sin Rumbo
porta un Colt 38
de 2" y 6 tiros
por si aparece algún chancho.
(Esta información detallada
en alusión a los modelos
la obtuve en el buscador Google.
Nunca me gustaron las armas.)

Jara nos ilumina
con un reflector halógeno
camuflado
de 5 pulgadas,
recargable en 12 volts.

Esa noche
un vizcachón herido
se le prendió
de una pierna.



De: "Pueblada", Ediciones en Danza, 2008
Otros poemas de GERMÁN R. ARENS, aquí
Imagen: Facebook de Germán Arens

septiembre 20, 2014

Modos de ver


Las imágenes se hicieron al
principio para evocar la apariencia de algo ausente. Gradualmente se fue comprendiendo
que una imagen podía sobrevivir al objeto representado; por tanto, podría
mostrar el aspecto que había tenido algo o alguien, y por implicación como lo
habían visto otras personas. Posteriormente se reconoció que la visión
específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado.




Y así, una imagen se convirtió en
un registro del modo en que X había visto a Y. Esto fue el resultado de una
creciente conciencia de la historia. Sería aventurado pretender fechar con
precisión este último proceso. Pero sí podemos afirmar con certeza que tal
conciencia ha existido en Europa desde comienzos del Renacimiento.








Carolina Esses: Supimos hacer de la orilla una casa



Supimos hacer de la orilla una casa
a la altura de las circunstancias
pensamos: nada puede llevarnos de vuelta
estamos a salvo
y nos dimos a la tarea de construir una familia.
Nuestros hijos crecerían entre juncos
les lavaríamos el barro de las piernas
cuando atravesaran descalzos la laguna.
El frío, como un pájaro de mal agüero
habría quedado atrás, olvidado
en una bolsa de plástico negra
a los tumbos por la montaña.
Cuento los días que faltan para la primavera.
Pero algo me dice que no vendrán tiempos mejores.
Acuno, doy el pecho –mi parte más preciada
enseño a balbucear primeras palabras;
endurecida la mandíbula
los ojos fijos en una imagen que se yergue
detrás de mí, o sobre mí
o sobre todos
mi hijo se despereza.



poesía argentina
Otros poemas de CAROLINA ESSES, 
aquí
Fuente: http://emmagunst.blogspot.com.ar/2014/08/carolina-esses-3-poemas-3.html
Imagen: Facebook de C. Esses

septiembre 18, 2014

Señalador: Gregory Corso












...Las aguerridas muchachas en el café Sacré-Coeur


golpean sus copas de vino sobre la mesa

gritando Danton triunfó habiendo negado la libertad

mientras  el camarero exige el triunfo de Murat sobre todo lo que triunfa.

Los bombardeados argelinos se miran unos a otros los dientes en llamas...

septiembre 16, 2014

Yusef Komunyakaa: Podemos mirar un árbol de mirlos

Creer en el acero, poetas norteamericanos actuales


Creer en el acero    




Las colinas que mis hermanos y yo creamos   
nunca encontraron su balance, y les tomó años 
descubrir cómo funcionaba el mundo. 
Podemos mirar un árbol de mirlos
y decir cuántos de ellos habitaron sus ramas,
pero con el chatarrero
nunca resultaron nuestras cuentas.
Semanas de levantarse y gruñir
nunca sirvieron de mucho,
pero no podíamos dejar
de creer en el acero.
Camiones y carros abandonados
yacían sujetos al suelo
por sólidos y nostálgicos racimos de uvas,
fuertes como una docena de aparceros.
Retornamos con nuestro carretillo
que se quejaba bajo una nueva carga,
pues vivían mejor los lirios
en su lánguida tierra de Agosto.
Entre botellas y papeles,
el humo de la fundición borró los
atardeceres,
y no podíamos creer que el acero
inclinara a los hombres tan cerca de la tierra,
como si el mineral bajo su aliento
se trajera abajo el cielo gris. 
A veces sueño cómo nuestras colinas
se hunden en un océano de metal,
cómo todo se convierte en ancla
de un barco de guerra o de un bombardero,
sobre los árboles en flor,
demasiado rojos para mirarlos.


Otros poemas de YUSEF KOMUNYAKAA, aquí
Versión: Gustavo Solárzano Alfaro
Imagen: www.styleweekly.com



Believing in Iron



The hills my brothers & I created

Never balanced, & it took years
To discover how the world worked.
We could look at a tree of blackbirds
& tell you how many were there,
But with the scrap dealer 
Our math was always off.
Weeks of lifting & grunting 
Never added up to much,
But we couldn‘t stop
Believing in iron.
abandoned trucks & cars 
Were held to the ground
By thick, nostalgic fingers of vines
Strong as a dozen sharecroppers.
We‘d return with our wheelbarrow
Groaning under a new load,
yet tiger lilies lived better
In their languid, August domain.
Among paper & Coke bottles
Foundry smoke erased sunsets,
& we couldn‘t believe iron
Left men bent so close to the earth
As if the ore under their breath
Weighed down the gray sky.
Sometimes I dreamt how our hills
Washed into a sea of metal,
How it all became an anchor
For a warship or bomber
Out over trees with blooms
Too red to look at.

septiembre 13, 2014

Andi Nachon / Soy buena copiloto...



Soy buena copiloto, aunque no lea
mapas y pasen
los carteles a la velocidad de la luz

nunca me duermo ni dejo solo
al conductor con su magia
en avanzada constante. Soy

buena copiloto y ya: desde los
cuatro lo sé y cada 
viaje o este único
largo viaje interminable

con su movimiento marcan
su propia realidad. Cuando fui chica la familia
nucleaba en su chevy naranja
el terror de la huida. Ahora

como toda copiloto sé
no hay viaje sin fuga y nada hay 
que no haya 
empezado en algún dolor.



Otros poemas de ANDI NACHON, aquí
De: "La III Guerra Mundial", Bajo la luna, 2013
Fuente: www.bajolaluna.com
Imagen: www.festivalpoesiabsas.wordpress.com

Jaime Gil de Biedma




Idilio en el café



Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos —qué latido
de la sangre en los párpados— y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.

No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,

rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con ojos vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio

arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
              y este beso igual que un largo túnel



Contra Jaime Gil de Biedma


De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,

dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!


JAIME GIL DE BIEDMA (1929 / 1990, Barcelona, España)
Fuente: http://www.poesi.as/Jaime_Gil_de_Biedma.htm
Imagen: www.forega.net

Entre las ruinas de mi inteligencia, por Juan Forn



La Compañía General de Tabacos de las Filipinas fue la última gran empresa colonial hispánica y la primera multinacional española. Su secretario, entre 1950 y 1990, fue un homosexual alcohólico, sifilítico y fugazmente comunista que, además, fue el mejor poeta de su época. Se llamaba Jaime Gil de Biedma. Sólo escribió 87 poemas en toda su vida y en breve voy a contarles cómo los escribió. Pero no fue por esos poemas que nunca lo echaron de la Compañía, sino porque cada mañana de esos cuarenta años se presentó en la oficina a trabajar impecable como un señorito inglés, aunque viniera de encanallarse toda la noche por los bajos fondos de Manila, Barcelona, Hong Kong, Nueva York o Moscú.

Cuando Jaime Gil de Biedma nació le pusieron el nombre del hermanito mayor, que acababa de morir. Cuando le confesó a su profesor preferido en la secundaria que estaba enamorado de un muchacho de su curso, el profesor le recomendó escribir versos para purgarse (“Empieza por los sonetos, que son los más jodidos”). Cuando intentó ingresar en una célula comunista clandestina de Barcelona, fundamentó así su ideología: “Nuestra obligación contra el régimen y contra esta España opresiva y gris es la felicidad”. Logró sortear el suicidio, a los treinta años, escribiendo un poema titulado “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”, donde habla póstumamente de sí mismo (“De los dos eras tú quien mejor escribía. / Aunque acaso fui yo quien te enseñó / a vengarte de mis sueños / por cobardía, corrompiéndolos”) y después dejó de escribir, aunque vivió otros treinta años, fiel hasta el final a su personaje: lo único que le importaba, cuando estaba agonizando de sida en 1990, era no morirse antes que su madre, para que ella no se enterara por los diarios de que su hijo era homosexual. La anciana dama de noventa años era la única que no lo sabía en toda Barcelona.

Era, también, la única que no se sabía de memoria alguno de sus poemas, porque ése fue el raro privilegio que tuvo Gil de Biedma, cuando ya no escribía más: ver cómo sus versos se colaban en el habla cotidiana de su tiempo. El lo tomaba como una consecuencia natural, decía que todo lo que suena bien se fija en algún lugar de nuestra memoria, que la poesía es esencialmente oído, aunque parezca asunto de emoción o inteligencia. “El poema es un organismo acústico. Hay que leerlo de corrido, no deteniéndose línea por línea. Y, en lo posible, en voz alta. Hasta que se inventó la imprenta, la sensibilidad literaria era auditiva: uno entendía mejor si leía en voz alta que si leía en silencio. Y en poesía sigue siendo así. Cuando lees un poema, lo que importa no es entenderlo; lo que importa es que te guste. Si te gusta, ya entenderás cada cosa que haya que comprender en él. En un buen poema no se puede distinguir entre emoción e inteligencia”.
Su manera de escribir era fiel a esta convicción: componía sus versos mentalmente; cuando creía haber redondeado una estrofa se sentaba a escribirla de un tirón; después tiraba el papel y durante días iba recomponiendo la estrofa en su cabeza, “contando con que el olvido me ayude a eliminar lo que sobra”, hasta que se sentaba a escribir lo que conservaba su memoria. Y así estrofa por estrofa, todas las veces que fuesen necesarias. Ese proceso mental de pulido del poema tenía lugar mientras él se dedicaba a “las tareas mundanas normales” como afeitarse, manejar el auto, trabajar, pasar por el supermercado a reponer la provisión de vodka o ir y venir en avión a las Filipinas (cuarenta y siete horas, en los buenos tiempos: Barcelona-Roma-Tel Aviv-Teherán-Calcuta-Karachi-Saigón-Bangkok-Manila). Gil de Biedma sostuvo siempre que la poesía es una actividad eminentemente gratuita (“Nadie te lo paga, nadie te lo pide, nadie te lo cobra. Tu única obligación es evitar que el lector te haga la terrible pregunta: ¿Para qué coño has escrito esto?”), que el poeta no tiene más sensibilidad que el resto de los mortales, sólo aprende a tenerla disponible, y que escribir y leer un poema son dos actividades que nada tienen que ver una con otra (“Poesía es lo que el lector experimenta leyendo el poema, no lo que le ocurre al poeta mientras escribe. Todo lo que hay en la lectura de un poema no existe al escribirlo”).
Todas estas cosas las dijo en conversaciones, cuando ya no escribía y no sabía en dónde acomodar su mente brillante, y por suerte alguien tuvo la idea de reunir todas esas conversaciones en libro, un libro no muy grueso, que por esas casualidades de la vida tiene la misma cantidad de páginas que su obra poética completa, como si fuera su reflejo, su hermano gemelo. Cuando le preguntan, en ese libro, por qué no escribe más (y se lo preguntaron infinidad de veces en sus últimos veinte años de vida), contesta que la poesía lo había salvado del suicidio, pero no sirvió para salvarlo de la temida mediana edad, de la madurez. “Cuando uno es joven y empieza a escribir poesía, se pone cachondo con las palabras y está convencido de que lo que le está pasando no le pasa a nadie más en el mundo. Lo que sucede en realidad es que de joven te interesa lo que te parece único en ti, lo que te diferencia. En cambio, con el tiempo cada vez te vas interesando más en lo que tienes de genérico, en lo que tienes de común con los demás. Con el tiempo descubres que lo que te ha pasado a ti es lo que le ha pasado a todo el mundo. Y te preguntas: ¿por qué escribir? Si lo normal es leer”.

En ese libro dice que, si hubiera venido al mundo con los mismos defectos pero con menos cualidades, habría funcionado mucho mejor. En ese libro cuenta que el hombre al que más amó lo dejó por una mujer y que la única mujer que pudo amar lo dejó por un hombre. En ese libro dice que le gustaría ser recordado como el último poeta que montó regularmente a caballo y cuenta que cuando, ya cuarentón, le confesó a su padre que era homosexual, éste contestó: “Me haces desgraciado”. ¿Por ser maricón?, preguntó el hijo. “No, porque yo he dicho siempre la verdad y desde ahora estaré obligado a mentir por ti”, contestó el padre, y eso hizo, durante los veinte años siguientes, cada vez que su esposa se preguntaba en voz alta cuándo sentaría cabeza su Jaimito y se casara de una vez.

El niño Jaime logró sobrevivir unos días a la muerte de su madre y así ahorrarle un último disgusto. Aunque yo creo que a la anciana dama le habría gustado ver ese contingente de monjitas filipinas que se presentó espontáneamente al entierro de su hijo. Todo secretario de la Compañía de Tabacos era, a la vez, cónsul honorario de ese país en Barcelona; las monjitas cumplían un mero papel protocolar en el cementerio y se retiraron en silencio luego de que se leyera un poema del difunto que fue la única oración fúnebre de la ceremonia y su perfecto epitafio: “En un viejo país ineficiente, / algo así como España entre dos guerras, / en un pueblo junto al mar, / poseer una casa y poca hacienda / y memoria ninguna. / Y no leer, / no sufrir, no escribir, / no pagar cuentas, / vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-255109-2014-09-12.html


septiembre 11, 2014

Batania

Mi único castillo posible deberá ser en el aire 



De nuevo en sus diarios
lucen garzas reales
con las plumas bien peinadas.

(El edificio más alto de mi ciudad es el BBVA).

De nuevo
José Luis Rodríguez Rajoy
actúa con Mariano Zapatero;
tres dromellos y dos camedarios
se citan tras la puerta.

(Mi jefe se llama Jorge y no sabe quién es Balzac).

Las chicas estrenan bigote Abanderado,
los chicos se pintan labios de aguja,
y un niño sin ojos me explica en Antón Martín
la teoría de la relatividad.

(Pero basta de teorías, Natalia, pasemos a los besos).

Para más desgracia y pontevedra,
en la biblioteca de Retiro,
a pesar de mis quejas blancas,
la sección de poesía
sigue pegada a la de teatro.

(Mi único castillo posible deberá ser en el aire).



Batania
Otros poemas de Batania, aquí
Fuente: http://batania.blogspot.com.ar/
Imagen: www.elultimocero.com
.


septiembre 08, 2014

Nuno Júdice



Composición con botellas y flores



La transparencia de la botella pasa al fondo de la tela, donde
la luz transporta una impresión de agua. Puedo
vaciarla por el gollete del poema, y ver cómo las
palabras quedan limpias de su opacidad, hasta
poder, a través de ellas, mirar las cosas en su nitidez más

pura. Pero es apenas una botella, puesta
en la mesa, reducida a la expresión más simple
de sus vocales y consonantes, de donde saco una elocución

líquida hasta que el fondo quede seco. Vacía,
es una pieza decorativa que puedo colmar de
argumentos, como plantas, para que las ramas
de la frase se abran sobre la lógica de la mesa. El vidrio

sobrevive, y sólo la lógica, que me obligó
a sustituir el agua por flores de retórica,
marchita, contra la pared, donde la
humedad rasgó la pintura, dejando a la vista
el yeso de los adverbios y la madera podrida
de las conjunciones, en un realismo de naturaleza muerta.



La veranda de Julieta



Una vez entré en verona para no entrar
a venecia. Entre la vé de verona y la vé
de venecia, me decidí por ver verona. Me gustó
la coincidencia de las consonantes en la ventana
de julieta ; y sé que en venecia no oiría
el viento de la venganza, ni probaría el veneno
de una voluptuosidad que en verona se
desvanece con la vida. No hay canales en
verona como en venecia; ni hay ventanas
en venecia como en verona; pero julieta
avizora la calle, desde la ventana que es suya, y
si nadie hace la seña, que sólo ella sabe, agita
el pañuelo mojado por las lágrimas que las
nubes beben, elevándolas desde verona hasta
venecia, donde la lluvia las lanza a los canales.



NUNO JÚDICE
 (1949, Mexilhoeira Grande, Algarve, Portugal)
Traducción: Marco Antonio Campos
Fuente: http://circulodepoesia.com/2014/08/poesia-portuguesa-nuno-judice/
Imagen: www.cultura.elpais.com/babelia.html











COMPOSIÇÃO COM GARRAFA E FLORES










A transparência da garrafa passa para o fundo da tela,

onde a luz transporta uma impressão de água. Posso

despejá-la pelo gargalo do poema, e ver como as

palavras ficam limpas da sua opacidade, até se

poder, através delas, olhar as coisas com a sua mais

pura nitidez. Mas é apenas uma garrafa, pousada

no tampo, reduzida à expressão mais simples

das suas vogais e consoantes, de onde tiro uma

elocução líquida até o fundo ficar seco. Vazia,

é uma peça decorativa que posso encher de

argumentos, como plantas, para que os ramos

da frase se abram sobre a lógica da mesa. O

vidro sobrevive; e só a lógica, que me obrigou

a substituir a água por flores de retórica,

murcha de encontro à parede, onde a

humidade rasgou a pintura, deixando à vista

o gesso dos advérbios e a madeira podre

das conjunções, num realismo de natureza morta.










A VARANDA DE JULIETA









Uma vez, entrei em verona para não entrar


em veneza. Entre o vê de verona e o vê




de veneza optei por ver verona. Gostei da




coincidência das consoantes na janela




de julieta; e sei que em veneza não ouviria




o vento da vingança, nem provaria o veneno




de uma volúpia que só em verona se




desvanece com a vida. Não há canais em




verona, como em veneza; nem há janelas




em veneza, como em verona; mas julieta




espreita a rua, da janela que é sua, e se




ninguém diz a senha que só ela sabe, agita




o lenço molhado pelas lágrimas que as




nuvens bebem, levando-as de verona até




veneza, onde a chuva as deita nos canais.