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Mostrando las entradas de octubre, 2017

Laura García Del Castaño

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El sabor de lo desecho ahora que vacilamos como dos trozos de madera en el mar el oleaje nos distancia a una medida en la que podemos sentir la resignación una fuerza de tempestad mayor a nosotros mismos la respiración del destino que nos quiebra algo insiste entre nosotros y con esa ansiedad alimenta este muerto porque lo perecedero se impregna mejor en el vacío lo sabemos nosotros y ese perro callejero que desgarra el sabor de lo desecho De: "Los demonios del mar", Ediciones del Dock, 2015 Otros poemas de Laura García del Castaño,  aquí

César Simón

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Gracias a Alejandra Boero que publicó en Facebook el primer poema que transcribo aquí, me remito a la búsqueda de poemas de César Simón en el  navegador. "A media voz" recopila varios poemas con una breve reseña biográfica. Hoy lo empiezo a conocer. Las palabras de Orfeo -¿No estás ahí, no estás? Y avanza a oscuras, y se detiene y palpa, y reclama a lo hueco. -Pero ¿ acaso no estás ahí, y este vacío no es tu cuerpo, y el eco de los cuartos no es tu voz, y los muros tu carne? ¿Y las vigas no son tus huesos, y el suelo no son tus pasos, y el aire del pasillo no es tu aura, y tu huida las puertas y mi deseo todo, y tu presencia nada, nada, nada? Lo que nos diste Avena diste, nubes. Diste el silencio de la tierra, la densa pulsación de un vino que lamía la carne. Diste el ocre ribazo que alimenta esas brozas. Sabíamos de las piedras -de noche allí se posan los mochuelos-, las diferentes copas y los modos de estar, de ser ásperos, duros, el olivo, el almendro, el algarrobo....

El poeta ocasional en Facebook

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Carlos Barral

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A veces A veces cuando era temprano todavía para verte o cuando la ventana se abría a la distancia y al sonido de tanto hierro puesto y tanta arena que cruje a tierra extraña en los caminos remoto a la esperanza me volvía a aquel sitio en que dejamos las soledades juntas y las voces. Te hallaba limitada de corazón disperso y de alegría por todos los costados y flotando en la noche segura y abundante que nunca se consuma. Sin embargo a lo lejos tan pronto me acogías con los nombres de las cosas comunes, en sigilo sentía que tu isla no estaba ya a mi alcance. Entonces por entero reincorporado al límite del cuerpo volvía a la certeza de la espera. CARLOS BARRAL  (1928 / 1989, Barcelona, Cataluña, España) Enlaces:  A mediavoz

Claudia Prado: Lo primero es la casa y la voz de su madre ¿la voz de su madre y la luz? ¿el golpe de luz al levantar la persiana?

pájaro azul. Ariel   Lo primero es la casa  y la voz de su madre ¿la voz   de su madre y la luz? ¿el golpe de luz  al levantar la persiana?   Nos despertaba y siempre  decía algún verso. Él habla rápido   y, en lo que va del por ejemplo  al ejemplo de lo que ella   podía decir una mañana   espero las palabras que hicieron   de mi amigo el que conozco, este   que camina por una ciudad mediana   este que incendia después la soledad  llenando con letra manuscrita sus papeles.   El ejemplo llega y no son versos.   Mientras la primera luz   entraba al cuarto  su mamá decía: A levantarse  que pájaro azul ya está en el mate.  Supe después que pájaro azul   era una yerba. Y cuando la vi  por supuesto, me compré un paquete.  No explica más, pero yo entiendo:  Si la poesía  es en parte convicción,   por q...

Sharon Olds: Y después la paz

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La timidez Entonces, cuando nos unimos, me volví más tímida. Me volví completa, gozosa, y más tímida. Puede que haya brillado más, reflejado más, y desde muy dentro de mí surgió un resplandor que me atravesaba, pero yo no estaba jugando, ahora. Me sentía como alguien pequeño, debajo de las vigas de una Iglesia, o en una catedral, los espacios abovedados del cuerpo como un bosque sagrado. Estaba quieta cuando no estaba haciendo esos sonidos metálicos, orbitales, oxidados, los sonidos de acabar, en la bisagra de la materia con lo que sea que no es materia. El me lleva a acabar y acabar, como a otro mundo en el centro de éste, y después, si él empieza a acabar cuando estoy descansando siento un asombro inmenso, casi siento miedo, a veces por un momento siento que no me debería mover, ni hacer ningún mido, como si él estuviera solo, ahora, aullando en una tierra salvaje, y sin embargo sé que estamos en este lugar juntos. Pensé, ahora es el momento en el que podría volverme más amorosa, y m...

Juan Carlos Moisés:

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Un pollo mojado Amor, humor, dolor: palabras de uso común, qu en el poema buscan tener ocupación cuando lo leas. No de otro modo es posible admitir que los sustantivos también contemplan un punto medio y justo de las cosas. Tu cuerpo ya había recibido las descargas de fondo, con sus detonaciones, y algo cambió para siempre cuando el bisturí en la mano del cirujano, bajo la luz irreal del quirófano, se deslizó desde la axila hasta el centro de tu mano, indoloramente, y no sólo porque nos habiámos propuesto desestimar la congoja. El pelo te había crecido de nuevo y fue una sorpresa la aparición de unos rulos entrometidos con los que nos permitimos especulaciones chistosas. De regreso a nuestra casa del sur, donde pies y pensamientos se aparean de igual modo, al final del día, en la curación de cada noche, trataba de que no me temblaran las manos en el momento de ayudarte a cambiar la gasa de los drenajes. Hoy, durante la mañana, volví a pensar en la otra escena teatral que anoche nos tuv...

Wallace Stevens

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Estudios de dos peras I Oposculum pedagogum. Las peras no son violines, desnudos o botellas. No se parecen a ninguna otra cosa. II Son formas amarillas compuestas de curvas combándose hacia la base. Son toques rojos. III No son superficies planas de curvados perfiles. Son redondas,  ahusadas en el vértice. IV Tal como están modeladas hay porciones de azul. Una tiesa hoja seca culega del vástago. V El amarillo resplandece, brilla en distintos amarillos, limones, verdes y naranjas que florecen en la piel. VI Las sombras de las peras son burbujas sobre el verde mantel. Las peras no se ven como el observador quiere.

Señalador: Vittorio Sereni

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Vittorio Sereni / La muchacha de Atenas Ya el día es un suspiro y toda el Ática una sombra. Y así como un fulgor alumbra los opacos vidrios que en fuga pasan tu rostro allá abajo se irisa junto a la aureola de la lumbre que al icono nocturno le enciendes. Pero aquí... Leer más en  El trabajo de las horas

Anne Michaels: A la verdad le gusta ocultarse en lo abierto. Ya por entonces, a solas en el puente, en la soledad del deseo

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Segunda búsqueda Ayer, en el cementerio, no podía entender las palabras "Pierre Curie" grabadas en la lápida. Marie Curie, 1906  A la verdad le gusta ocultarse en lo abierto. Ya por entonces, a solas en el puente, en la soledad del deseo, nuestra luna inundaba los desfiladeros de Truyère. El músculo satinado de una melodía serpenteaba por el agua reclamando atención: por el Wisla, el Biévre, el Sena. La lluvia tiraba con manos invisibles de la barba de los cedros, socavaba la ribera de los ríos, apretaba los puños con el olor de la tierra, como si supiera que algún día yo metería las manos entre el pardo polvo de la mena salpicado de agujas de los pinos de Bohemia, que estaría cuarenta y cinco meses bajo el paraguas o empapada bajo el sol, avivando el espíritu azul del amargo aliento de la pechblenda. Tantas cosas consumidas, años, para alcanzar ese color. Como si la lluvia polaca ya conociera nuestro jardín inundado de París: esperaba mientras te traían a casa desde la rue D...