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Mostrando las entradas de junio, 2010

Ruy Rodríguez, un poeta ocasional

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de lola y con trompeta de hojalata estoy haciendo sonar una trompeta de hojalata, tiro de tu mano lola, me cansan las lluvias que no lavan ni mojan mi ventana. ahora ya no estás, te fuiste con el pobre hermanito de novelista famoso disfrazado de marinero yanqui, que no toca trompeta pero da lata en forma creciente y obligada. toco trompeta y toco tu pierna lola cuando estás bailando. no...no pares, sigue bailando total estamos solos parapetados en esta andrajosa madrugada, no pares, piensa que te miras en un espejo, tu niño de celuloide duerme y abraza una trompeta y sueña que es contramestre en un barco que se pavonea con ruido a latas en un mar picado de bañadera antigua. tienes ojos tristes, ojos que se expanden en fuga, ojos que hacen fiestas de todos los elogios, no ejerzas profesión de triste, baila aunque no suene mi trompeta, mírame y baila en tu espacio ortopédico. yo no sé bailar, nunca pude aprender porque me daban verguenza los ojos fa...

Zona de la poesía americana

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Hoy, 9 de junio de 2012, me entero por intermedio de Fernando Sabido Sánchez en Facebook que falleció en Bruselas Miguel Ángel Páez La revista Zona fue editada por Edgar Bayley, Miguel Brascó, Ramiro de Casabellas, César Fernández Moreno, Noé Jitrik, Jorge Souza, Francisco Urondo y Alberto Vanasco. En el Nro.4 de Noviembre 1964 se publicaron unos poemas de Miguel Ángel Páez de quien no encontré datos actuales. ¿Un poeta ocasional?. Reproduzco la presentación de sus poemas en la revista: "Miguel Ángel Paéz nació el 21 de agosto de 1937, en San Luis. Reside en Bélgica. Integró el grupo El Taller, de la revista Barrilete, en cuyo Informe de la Esperanza dio a conocer los únicos poemas que ha publicado hasta el presente." Edipo  Trata de recordarme cuando las aves del corral se vayan No me dejes la camisa colgada del espinillo espera verme levantado                                   ...

Beatriz Vignoli

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Akshab Llegamos a Los Ángeles por el desierto, 5760 millas bajo un cielo sin agua huyendo del Colorado sin dormir desde Ur sin pensar que las estrellas que con tanta presisión allá brillan pudieran estar muertas. Y nada, sólo Supertramp en la radio y la oscuridad alrededor donde surgían cada tantos kilómetros luces que parecía habitables y desaparecían en el tiempo. -Hubieras visto-decías-la cara que puso cuando volvió del monte con la escopeta en una mano, y una liebre agarrada de las orejas en la otra: "¡Primero lo del guiso de lentejas y ahora esto!" gritaba el Colorado, y Rivka, nuestra madre, lloraba al cielo, Era natural que preferiémos no hablar del asunto: "...eso rojo, eso rojo..." la historia de tu familia sangra por donde la toques, "Canaán 12 km" leímos en un cartel verde al que las luces del auto alumbraron de modo fantasmal por un instante. -El logo de Goodyear-decías-la sandalia con alas; ¿no es acaso una representación ideográfica de mi nom...

Julián Bejarano, dos poemas inéditos

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La chica de tres días sin dormir Esperás el colectivo un viernes a la noche. La luna pasó de largo dejó atrás al comedor y se acomodó entre las plantas del fondo. Vestís unos chupines verdes una remera violeta superpuesta a otra naranja cubre tus tetas infladas y redondas. Peinás un flequillo caprichoso hacia el costado. Tenés los labios pintados con un rojo indio. Escuchás cumbia en el celular con las dos manos tapándote las orejas. La mente en blanco los ojos verdes rojos. Tres días sin dormir bajo la luz del alumbrado público. Latas de cerveza heladas sobre el mostrador Latas de cerveza heladas sobre el mostrador. La kiosquera mueve rápido las manos desdibuja trayectos irreales sobre la superficie espaciosa del momento. Ella piensa en la resta del vuelto pero después flashea una noche estrellada donde ella anda de gato y corpiños rojos con el hombre de otra mujer que al final la parte en dos como a un queso. Casa El desorden de las sillas alrededor de la mesa en la pantalla apagada ...

Viviana Abnur: poemas inéditos

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ELLA dice las dedicatorias siempre llegan a destiempo maelstrom en la foto la niña hace la v de la victoria de fondo la persiana descuidada del taller de tío Felipe ¿se salvó la niña en el instante de la foto? ¿en ese cuadradito del 70? ¿comprendió algo alguna vez? maelstrom un golpe de suerte sobre la costa creo que más allá del mar hay otro mar y otro todo agua con mi barca incluida así los marineros en el puerto los días y las noches así las estrellas a la tierra sobre la Cruz del Sur maelstrom el torbellino trae pescado fresco para unas redes vacías NO existe la tarde no existe la sombra la vereda del árbol que regás no hay árbol no es para vos que escribo no es para mí no hay fruto no hay pecado por eso nos arrancamos los ojos de cuajo o las muelas o las amígdalas o la teta izquierda o las dos lo mismo da si al final dos o tres palabras alcanzaron para colgarnos de narices dos o tres palabras que pasaron inadvertidas más arriba todo s...

Celia Fontán

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El tanque australiano Sobre el agua flotan hojas de eucalipto y, a lo lejos, la casa iluminada recorre las sutiles arterias del follaje, al trasluz, árbol por árbol. No recuerdas, vigilas, acechas los fragmentos, los rápidos registros de la noche en la que al final todos nos perdimos. El fin de otro verano, regresan tras su paso, las voces, los abrazos, en el relumbre del acontecer. Oh, cuántas veces se ha dispersado un centro hacia los cuatro vientos, hacia las direcciones contrarias del albur. Nada puede reunir lo que el viento ha cardado, ni siquiera el rumor, ni el balanceo de los cuerpos que rompen en la noche la tersura helada del agua en el estanque Celia Fontán (Rosario, Argentina, 1946) De: "Un taxi a Bucarest", Papeles del Boulevard, 2007) Imagen: celiafontan.blogspot.comr

Juan L. Ortiz (Juanele)

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Alma, inclínate... Alma, inclínate sobre los cariños idos... Sí, ya sé: la esperanza en el aire, pero no la veo sonreir, perdón, con los hálitos queridos... La tierra, ahora, la tierra, con los llamados hundidos... Me prestaréis, oh cabellos al viento, vuestras sedas, para asir piadosamente a los llamados? Siento que allá en el hondo, perdón, perdón de nuevo, una soledad ciega alza raíces hacia ti, alma, en busca, alma, de qué flores separadas? Oh, los hilos que se adivinan y que sangran, cortados, en la sombra... Me prestaréis, oh cabellos al viento, vustro viento, para ir hacia abajo de la noche por los hilos desunidos? Alma, inclínate sobre los cariños idos... mientras los cabellos al viento, alma, os dan la ráfaga del descenso... Pero vendrán, alma, los cabellos al viento, cuando la esperanza en el aire está seca de almas, y la tierra toda es de almas solas, ay, solas, muriéndose de nuevo por los perfumes perdidos? Vendrán, vendrán las dulces llamas del viento a las dulces fes del ...

Karina Macció (inéditos)

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Sueño 4 La mesa de los poetas. Van pasando al micrófono. Es el lugar de la escucha. Se aplaude. Se escucha. Pasamos nosotras. Como yo desgajada. Me siento y no hay silencio. Intervalo. Espero y como si envejeciera. Nada pasa, nadie ve ni escucha. No quiero ni puedo gritar, me duele la boca, del estomágo sale un crujido, negro y fuego. Giran las cabezas como figuritas redondas de carbón, miles, que ríen y arden, ardidas, entrenós. El signo de interrogación sobre mi cabeza presiona, la presiona y la aplasta a una de ellas, quiere que desaparezca, aturdir con una voz chiquita y ascendente, una preguntita malvada y obvia, removedora. Sin mis acompañantes, quedo. Vacíada me siento a mirar. Vigilia 1 Ahora no puedo dormir porque sueño. Voy al baño y me mato. Detrás de la cortina, en la bañera, en la ventana, puede haber algo, detrás de la puerta, al girar, cuando empiezo, puede haber algo menos en mi cama, en mi almohada: es mi cabeza ahí tirada, la reconozco de atrás por los pelos, o es alg...

Luis Benítez

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Garbo´s building      Suo cimitero da questa parte hanno con Epicuro tutt´i suoi seguaci, che l´anima col corpo morta fanno. Yacen aquí los que creyeron cierto, con Epicuro y todos sus secuaces, que el alma muere con el cuerpo muerto . Dante Alighieri  Tal vez en el Upper West Side  y no lejos del río de la mente  está una puerta; en el invierno  Con su pala el viejo aleja la nieve  Y en el verano con lo mismo a los rudos demonios.  Como todos los sirvientes se parecen al amo, El viejo como el frente fue importado de Italia Y debajo de su camisa de lana -En invierno y en verano- Está hecho de hileras de sólido ladrillo. El es de Mantua –dice- y el inglés barullero Se le cae como una piel ya estrecha Cuando blasfema en dialecto “Esta caldera inservible” O “la policía otra vez ha entrado por la drogas de ése”. Fiel portero de antaño, De los que sólo servían para guardar condenados. El viejo ha predicho –hace ya treinta años- Que un día nacerá u...