William Ospina
Antibes Oscuras y mojadas las gárgolas insomnes no saben de este sol que rompe lento el río. Ellas, con sus cabezas de piedra y de dragones están en la Edad Media, vigilando los burgos aterrados de hogueras. El norte está en sus ojos y ninguna palabra nombra el país de gritos donde las labra el miedo. Pequeño diablo gótico ¿quieres morder el sol que alisa estos cabellos? ¿quieres sembrar espanto en estos niños de oro? La primavera abre las ramas del cerezo, este es el sur de aquella sombra, ahora sólo llueve en los cuentos. El tren cruza las tierras de los cátaros. Hay jóvenes ociosos con piercing en los labios, bordeando en bicicleta los patios que florecen. Y la Edad Media ha muerto. Su fantasma barbado ronda por cien castillos, desde el tibio Garona que invade el frío Atlántico hasta el soplo de tordos de Poitiers, hasta el vuelo de un halcón plateado en Perigord, o el salto de una ardilla de fuego en las banderas. Oigo rudas bandas de rock por las tabernas, oigo tambores africanos ...