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noviembre 29, 2021

Mayco Osiris Ruiz

Homero, poesía mexicana


Cerca de aquí un taxista lamenta el destino de un hombre que dice ser Homero     


Homero soñó con bajeles, con barcos de gran envergadura 
que se bebían las aguas del Egeo. 
Una nave cualquiera, una modesta balsa 
—este ronco Sedan 1983— habrían sido en sus manos 
el más grande portento de la navegación. 
Pero aquí estamos: varados y esperando, 
esperando a que cambie la luz en el semáforo, 
a que entre tanta bulla vislumbremos siquiera 
un signo favorable, una brecha en el tráfico 
por la que continuar. 
Tanta loa y tanta fama, tanta reputación, 
para acabar también sumido hasta las barbas 
en este muladar, 
en este atoradero de cafres y camiones
que le escatiman todo, desde el paso hasta el Ser.
Tantas horas aquí y no comprendo,
no alcanzo a comprender por qué este ciego
que soñó con bajeles y despertó en nosotros
la ilusión de los puertos, continúa aquí sentado,
esperando conmigo a que cambie el semáforo,
a que en aquella esquina aparezca
—por fin—
de entre siete ciudades (*)
la correcta.






Y NO me importa.
Me da lo mismo Ítaca que este
cuarto de hotel
donde a veces
despierto.
También aquí oigo rugir el mar.
En la calle de al lado. En la mujer que a diario me pregunta si
tengo toallas limpias.
En el ruido de agujas que dejan los tacones sobre las escaleras.
Asfalto adentro, hay otra Troya en llamas,
el padre de los dioses camina entre nosotros vestido de overol,
centelleante en su mano la caja de herramientas;
y aquel que ciñe el mar, enloquece de rabia,
monta en divina cólera cuando le hago saber (por boca del gerente)
que me pasé otra noche sin dormir, escuchando esa fuga
de agua en la letrina. Cruzan por los pasillos los mismos rostros
muertos,
y como en una Nekyia, se aposentan aquí mis viejos compañeros
y hablamos y bebemos como los conocidos
hasta que sale el sol, hasta que descubrimos que no estamos en casa
y que no es importante. Da igual morir aquí o en otra parte,
remontar el océano, ahogarse en la bañera una tarde de mayo
o preguntarse a oscuras qué sangrarán los muros
cuando les llega el tiempo de caer. Y aunque no exista orilla,
aunque no quede faro,
hay una luz prendida al lado de este cuarto.




MAYCO OSIRIS RUIZ (1988, Xalapa, Veracruz, México)
Fuente_ Revista Paraíso Nro. 15
Enlaces: Literal | El coloquio de los perros | Letras libres
Imagen en Literal Magazine


noviembre 28, 2021

Maité Lluch

Animal



Tengo un animal  
muriéndose adentro 
se retuerce herido medio tuerto 
brutales espasmos lo mastican 
solloza ronca voz de jilguero 
la cantata vecina de la muerte. 
Si me abriera la panza 
cuchillo tramontina en mano 
pulso de ciruja errante 
resonaría su aullido en todo el cuarto 
los vecinos dirán que hice brujería  
los vecinos dirán 
que la noche me devora 
hasta dejarme pura piel figura 
imposible del abrazo. 
Allí descansa, desafiante, algo inquieto 
no tiene cara que le exista
ni digna zoología que lo nombre
es un montoncito vivo de carne picada
muerde el llanto, grita herida
está a punto de explotar 
en silencio conmigo.



Ph



Hay un sol en tu ventana
juro haberlo visto aparecer
entre los techos de las casas
las antenas retorcidas
el alambre del paredón.
Se ve desde la puerta
que hoy es tu ventana
despertando con delicadeza
la luz pincelada
temblaba entre las plantas
verdes inquilinas del cemento
sonríen vitales
bajo un cielo a medio llover.
No sabría decir porque crecieron
sin agua sin palabras
esos brotes del ardor
será que ayer había sol en tu ventana
pero vos solo veías la puerta
la mantenías cerrada
por si acaso la noche
te salvara del encierro.


poesía argentina
MAITÉ LLUCH
(Santa Rosa, La Pampa, Argentina)
Fuente: Fb Oscar V. Conde
Imagen: Fotografía de Patricio Estroz

noviembre 26, 2021

Marcelo Díaz: La llegada de la felicidad


Allegro  




No sé por qué pienso en nubes con formas de animales 
aquella –por ejemplo--es un oso polar  
debajo suyo dibujo un pez 
en el aprendizaje celeste  
de cerca parece decir: 
“yo que tenía la felicidad del frío 
ahora descanso en la nieve 
yo que temía la separación del mundo 
ahora soy la idea de un cuento de hadas 
y esto será extraordinario” 
Por qué alejarnos del día 
cuando creemos en la llegada de la felicidad  
si lo que creíste irreparable se reparó. 
¿Será cierto que todos los poetas del mundo 
escribimos una y otra vez 
el mismo poema? ¿Quién te lo dijo?
¿El pez? ¿El oso polar? ¿La grafía invisible de las nubes?
Entonces había una historia
dicen que para salvarnos
tendríamos que hacer
como los mamíferos del ártico 
la prueba existencial consiste en recuperar la canción
la acústica de la alegría 
los versos más sentimentales
y bajo el círculo de la esperanza decir
cada uno debería ser amado
al margen de los demás. Y así será.

Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí
Imagen en Eterna Cadencia

noviembre 24, 2021

Jonio González: Un modo de relatar la realidad

Jonio González / poesía argentina
Las palabras, Ricardo Reis

Carta a Ricardo Reis 




las palabras nunca son 
del tamaño de las cosas 
¿o deberían serlo? 
¿debería el cielo entrar 
en la palabra cielo? 
el nombre designa 
aquello que traiciona 
lo que se nombra es un residuo 
la radical extrañeza de la reducción 
un pacto 
entre lo visto y lo oído 
un modo de relatar la realidad 
por similitudes 
por aproximaciones 
por cuanto a pesar 
de la aceptación de los signos
queda 
al margen



Otros poemas de JONIO GONZÁLEZ, aquí

noviembre 22, 2021

Arturo Carrera: La infinita paciencia

Poeta Arturo Carrera con la mano en el rostro

Dioses impares   




Fermín (14) y yo (41); 
varones de la casa este verano. 
 
"creía que todas las cosas del universo eran, 
inevitablemente, padres o hijos." 
 
"creía -dijo Daniel sonriendo-, que siendo 
padres no se podía ser marginal..." 
 
"Pero he aquí que mi dolor de hoy 
no es padre ni es hijo". 
 
Ahora imagino que duermen 
y no duermo; que hablo 
y no hablás. 
 
Son hilillos de luz,
inciertas discusiones.

Y una pasión cuya dimensión sobresalta
a la humilde extrañeza de pertenecer
a otro universo la costumbre:

cada uno atiende de su gen
el fuego altanero,
tan remoto y tan visible cada él.

La culpa cierta de un don
que nos empuja a rozar sobre la tierra
el aire, los utensilios, el fuego,

y los gestos que ahora son de lenguaje;

no repetidos más sino en la altísima ilusión
cuya elegancia aparta leyes conocidas del deseo.

Une en la aceptación de un duelo infinito.
Une en la adopción de silencios desconocidos;

delata en el murmullo del dolor unos juguetes
(del sexo)
que se distribuyen y nunca se alejan,
que son indiferentes en pasión,
sonidos de aparente función y algarabía
como en los grillos más oro cobrizo
en el silencio de una siesta.

Cómplices del crimen de hablar en impulsos
de nada todo de nosotros vuelve:

la infinita paciencia,
la infinita dulzura,
la infinita soledad.

La inteligencia,
como una risa de la especie,

y un acto odioso
es cortado como mazapán en la penumbra
diariamente
sobre la mesa.

Eso es posible.
Hay todavía luz.

Cada sensación pensada
se nos vuelve en seguida irresistiblemente
servil.

¿Los dos nos regocijamos
con las apariencias ordinarias?


De: "La banda oscura de Alejandro", Bajo la luna nueva, 1994
Otro poema de ARTURO CARRERA, aquí
Enlaces: Hablar de poesía | Islíada
Imagen en La Nación

noviembre 20, 2021

Álvaro Mutis: Donde sucede el encuentro

Cita, Maqroll el gaviero


Cita

  In memoriam  J. G. D.      
 
Bien sea en la orilla del río que baja de la cordillera   
golpeando sus aguas contra troncos y metales dormidos,   
en el primer puente que lo cruza y que atraviesa el tren 
en un estruendo que se confunde con el de las aguas;     
allí, bajo la plancha de cemento,                         
con sus telarañas y sus grietas                         
donde moran grandes insectos y duermen los murciélagos;                                                .
allí, junto a la fresca espuma que salta contra las piedras;
allí bien pudiera ser.
O tal vez en un cuarto de hotel,
en una ciudad a donde acuden los tratantes de ganado, 
los comerciantes en mieles, los tostadores de café.
A la hora de mayor bullicio en las calles,
cuando se encienden las primeras luces
y se abren los burdeles
y de las cantinas sube la algarabía de los tocadiscos, 
el chocar de los vasos y el golpe de las bolas de billar; 
a esa hora convendría la cita
y tampoco habría esta vez incómodos testigos,
ni gentes de nuestro trato,
ni nada distinto de lo que antes te dije:
una pieza de hotel, con su aroma a jabón barato 
y su cama manchada por la cópula urbana
de los ahítos hacendados.
O quizá en el hangar abandonado en la selva,
a donde arrimaban los hidroaviones para dejar el correo. 
Hay allí un cierto sosiego, un gótico recogimiento 
bajo la estructura de vigas metálicas
invadidas por el óxido
y teñidas por un polen color nanranja.
Afuera, el lento desorden de la selva,
su espeso aliento recorrido
de pronto por la gritería de los monos
y las bandadas de aves grasientas y rijosas.
Adentro, un aire suave poblado de líquenes
listado por el tañido d elas láminas. 
También allí la soledad necesaria,
el indispensable desamparo, el acre albedrío.
Otros lugares habría y muy diversas circunstancias;
pero al cabo es en nosotros
donde sucede el encuentro
y nada sirve prepararlo ni esperarlo.
La muerte bienvenida nos exime de toda vana sorpresa.



De: "Summa de Maqroll, el gaviero. Poemas 1948-1970, Barral Editores, 1973
Otro poema de ÁL VARO MUTIS, aquí
Imagen en El Espectador

noviembre 19, 2021

Un poema inédito de Jorge Aulicino

El fantasma de la estación de transferencia




Se creía en otros tiempos que aquí moría el espíritu.
Pero no.
Esa empresa no puede lograrse.
La muerte del espíritu pudo ser imaginada a partir de sitios
como este,
una estación de transferencia de residuos,
un amontonamiento de lo vano, destazado y fortuito.
Como una trinchera donde al fin las gentes se hacen pedazos,
lo cual ya eran.
Heme aquí, como resplandor o voz o insinuación o movimiento
en la basura, que ha de ser de aquí llevada a los sitios
de "disposición final", tan evidentemente parecidos,
en su formulación, a un cementerio.
Heme aquí y allá contribuyendo con otros espectros
a golpear puertas las noches de viento
y a embargarlos de una depresión irracional
a bordo de un vagón del subte, o metidos en la cama
sin que medie recuerdo ni imágenes, cuando todo es vacío.
Y ustedes, sombras terribles * de lo que fue y será.


* “¡Sombra terrible de Facundo voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo!”, Domingo F. Sarmiento, Facundo.



Otros poemas de JORGE AULICINO, aquí
De: "Fuera de lo general" (inédito)
Imagen en Ediciones en Danza

noviembre 17, 2021

Mordejai Geldman

Poesía israeñí

Porno   




En otras circunstancias, me hubiera enamorado de ella. 
Tenía una mezcla de beldad francesa 
con cierta hermosura oriental de indefinible origen. 
La esbeltez de su cuerpo, su rostro y la gracia de su andar  
convertían en horribles a las mujeres que hasta ese momento había conocido. 
Su encanto persiste y hace de la belleza física 
una pregunta cruel. Por momentos, la más cruel de las preguntas. 
 
Desearla, con los otros tipos. Todos: 
aquellos que se exhibían en la peli haciéndole cosas frente a mí 
y los demás que conmigo la contemplaban, rechinando en sus asientos: 
ancianos aferrados a sus deseos últimos; 
maricas franeleando; 
negros que migraron a Tel Aviv para blanquearse los destinos
y cuya temerosa extranjería aun en la oscuridad se revelaba;
trabajadores árabes: migrantes, sucios, pobres,
masturbándose en los rincones con una pasión desesperada,
ávidos de expulsar al invasor sionista;
silenciosos, púdicos vietnamitas de los restaurantes
y otros - anónimos en las pesadas sombras
atravesadas por un rayo tembloroso
que transportaba a la pantalla su disfrutable imagen,
el eco luminoso de su hipotética existencia.

¿Acaso desearla junto a aquellos todos
era como encontrar en el infierno a Eurídice
paseando pura y blanca y eran sus labios carmín y fresa
en las voraces nieblas del país de la muerte?
Éste es un símil banal: sólo halaga al poeta,
que se pretende así equiparable a Orfeo.

Desearla junto a aquellos todos
era como encontrar, en una playa abandonada,
entre asfaltos y latas de bebidas,
entre algas y vellocinos -

una perla perfecta.





MORDEJAI GOLDMAN nació en Munich en 1946. Es hijo de polacos sobrevivientes del holocausto, que emigraron a Israel en 1949. Se graduó en Literatura Universal y en Psicología Clínica.
Entre sus poemarios: "Tiempo del mar, tiempo del continente" Ed. Shoken1970; "Pájaro" Ed. Simán Kriá 1975; "Ventana" Ed. Simán Kriá 1980; "66-83" Ed. Simán Kriá 1983.
Ha publicado ensayos y libros de psicología. Publica regularmente artículos en diarios y revistas.
Le fueron otorgados el premio Chomsky de poesía (1983), el premio Primer Ministro de Poesía (1996) y el premio Brenner (1997). 
Traducción: Gerardo Lewin
Imagen en The poetry Mardechai Goldman




noviembre 16, 2021

Jorge J. Locane

Poesía indestructible


Utilidad del camino de sirga   



Esos hombres embrutecidos por el clima, 
el desarraigo, el escorbuto y el hambre 
que acarrearon las cuatro chalupas 
desde el camino de sirga rumbo oeste 
por el Río Negro territorio tehuelche 
haciendo valer, al margen de una imaginación 
a prueba de balas, 
únicamente el derecho de gentes 
en favor de la flotación, navegación, 
pesca, salvamento y, valga decir, 
colonización de tierras indiferentes 
al llamado y promesas de dios 
iban al país de las manzanas 
al país de las manzanas
para que mi mujer hoy pueda,
todavía aletargada por el sueño,
aplicar dos cortes, sin embargo, diestros,
perpendiculares,
sobre una manzana extranjera
mientras mi hija profiere
palabras, todavía, incomprensibles



Plaza de las banderas




De la barda a las banderas hay un paso,
sin embargo, que pasa por Baradero.
Qué ve quien mira la plaza
al fondo de la Avenida Argentina.
Ya no ve los mástiles, veintitantos,
y sus sombras inclinadas si es de día.
Sino que ve, como en encuentro fortuito,
no un paraguas y una máquina de coser,
sobre una mesa de disección, sino
una rotonda inclinada y dos bancos
sobre un puente que enlaza dos puntos
opuestos de una circunferencia perfecta.
Ve un diámetro. Ve el agua. Y una moneda
en el agua. Bajo un puente redundante.
Ve la barda y ve dos banderas,
no el año 1979 y la conmemoración
de los cien años de la campaña al desierto.
No ve el entuerto. No ve Baradero.
No ve Baradero porque no mira a la izquierda
y ve el cristo de la hermandad de Luis Síssara.
No ve la escultura, y aunque la viera,
probablemente no sabría que ver ese cristo
tallado
lo hermana con otros paseantes contemporáneos,
no en La Rioja, porque su cristo se cayó en 2015,
pero sí en Baradero
así como
en Villa Elisa
             Pujato Norte
             Santa Clara de Buena Vista
             Santo Domingo
             Crespo
             Chajarí
             Concordia
             Miramar
y Los Chacayes
entre otras localidades, sin relieve,
principalmente pampeanas
Viento
Trunco el cielo y se propaga
primero brisa y cabriola
desprendido de las nubes
sin cabestro, enmarañadas.
Remonta y acaricia superficies
deficientes, de nylon y cartón,
con suerte madera, fabricadas
en el límite borroso de la barriada.
Fisgón, se mete en rendijas,
en tejas vacilantes, en rejillas.
Se quiebra solo en el canto filoso
de piedras y canta. Silba y salta.
Después de escudriñar el terreno,
traza un trazo corvo encabritado.
Desata entonces la finta de la razzia,
de la arremetida sotto voce fraguada.
Encara, fatídico, un recorrer reacio
entre pasillos de tierra o asfalto
a la vera de casas cansadas de
un ulular que, saben, trae trizas.
Eleva la leva del soldadito mal parado.
La pancarta se embolsa, se rasga.
Un techo termina chato, en el piso pisado.
Fulmina un árbol. Y un trecho de chapa.
Y más tarde encalma. Mejora. Abre.
El ventarrón se retrotrae. Deja su huella
esparcida en la vereda. El rastro de su paso
en una ciudad expuesta y acostumbrada.



JORGE J. LOCANE (1979, Buenos Aires, Argentina)
Fuente: INTI Nros. 87/88
Enlaces: Estudios de Teoría literaria | Vallejo & Co.
Imagen en Noticias UNSAM

noviembre 13, 2021

Delia Pasini: El dolor o la perplejidad

La otra orilla



La otra orilla     




Chorrea el verano en amarillo 
con el sol estirándose en las casas. 
Brillan las paredes a la cal; las figuras 
se ahuyentan, dejan caer sus sombras. 
Las voces se asordinan en el chirrido de la siesta, 
en la constancia de seguir un rumbo 
(aunque no maldito) con ramalazos de 
    calma y de añoranza. 
"Lo que no es, ya nunca será», repite, 
mientras los parches de sombra enfrían el jardín. 
Tedio sin fin entre las lajas. Se ofrece el agua, 
río que parece el mar. Cerca, tan cerca, 
las palmas chapotean, lo acarician, se ofrecen. 
Su chasquido distiende los sentidos, 
corre por un cuerpo que ya no será igual, 
casi un desconocido. Se apaga la luz 
sobre los pliegues: el dolor o la perplejidad 
instalaron rictus sobre la imagen desgastada. 
El robo ocurre en el lugar de la rapiña, del otro lado
de la corriente, en la orilla de barro
agarrotada por quienes vuelven su aire irrespirable,
entumecida en el vapor de tantos muertos insepultos,
expropiada por los mercaderes de la suerte.
Se alejan los rincones, sueños ya o vigilia imaginada.
Las puertas no se franquean a la avidez o a la rutina.
Los ámbitos ocultos nos destierran.
Pasajeros extraños de lugares propios ya perdidos.
¿Quiénes sus habitantes codiciosos de
lámparas, de claroscuros velando gentiles la sonrisa?
Esta es la otra orilla.
Todavía es posible regresar a la extrañeza.
Los objetos resbalan por las manos,
vueltos arena de un reloj indestructible.
Se alejan las texturas, la dimensión extema
perplejos, dimos nombre a la realidad que nos excluye.
Siempre hay subterfugios para creernos dueños de las cosas.
La dulce ensoñación resbala por espejos
que reflejan aquello que no podemos ver.
Cae molido a golpes el espíritu y nuevamente se levanta.
Hasta el choque final, donde no anida la añoranza.
Y sin embargo... Cuánta celebración en los resquicios,
cuánta música escondida en las esquinas,
cuántas voces prendidas a los ángulos
retumban cariñosas, anhelantes.
Con gentileza, semitonos desperdigados en la sombra.
Se trata, siempre, de distinguir los matices, de acunarlos.






DELIA PASINI (1945 / 2018, Buenos Aires, Argentina)
Fuente: INTI 52/53
Enlaces: Al pial de la palabra | Otra iglesia es imposible
Imagen en Pinterest: Alexander Averin


noviembre 11, 2021

Gianni D'Elia

La luz en la escalera


LXI  




Pero el anteinfierno existe, basta que se apague 
la luz de la escalera, cuando vuelves a subir, ya 
sin bolsas, la noche de la basura cotidiana; 
 
de repente, la oscuridad más profunda y densa 
te asalta, y te acercas de memoria al led 
luminoso del interruptor con temporizador; en el piso, 

incluso en ese lapso, de escalón en escalón, 
el pensamiento se ve golpeado por el intervalo 
y se sobresalta, traduce, alegoriza el sentido 
 
de esta oscuridad inconsciente, cercana, 
detrás de la calidez de tu propia casa, 
que por la rendija de la puerta envía luz 

como si fuera el puerto de arribo de un náufrago…
allí está ella, la cena, una noche más,
y, tras las otras puertas, gente casi ignota,

asomada, como tú, a la barandilla, a la nada
de una existencia que ignora lo adyacente…



LXI




Ma l’antinferno esiste; basta si spenga
la luce delle scale, mentre risali, senza
più sacchetti, la sera del rifiuto quotidiano;

d’improvviso, il buio più pesto e fitto
ti assale, e vai a memoria fino al led
lumicoso dell’interruttore a tempo; al piano,

pure, in quel lasso, di gradino in gradino,
il pensiero è colpito dal frattempo
e trasale, traduce, allegorizza il senso

di questo buio inconsapevole, vicino,
dietro il tepore del proprio appartamento,
che dal taglio della porta manda luce

come fosse l’approdo per un naufrago…
di là, c’è lei, la cena, un’altra sera,
e dietro le altre porte gente quasi ignota,

affacciata, come te, alla ringhiera, al niente
di un’esistenza che ignora l’adiacente…



GIANNI D'ELIA (1953, Pesaro, Italia)
Traducción: Rocío Moriones Alonso
Fuente: AMETLI
Contenido vinculado: Fabián Casas
Imagen en 'In Scena' 

noviembre 09, 2021

Christophe Manon: Sostenidos por la temblorosa dicha

Provisorio


07.XI.17  




Vulnerables 
tan vulnerables y sin embargo 
sostenidos por la temblorosa dicha  
de respirar pero sin jamás 
poder curar las heridas   
a las afueras del deseo 
porque las palabras 
en su extrema tensión 
aumentan el volumen de su resonancia 
a través de los profundos silencios 
cristalizados entre los espacios en blanco 
como ínfimas fluctuaciones de la luz 
sobre el agua en movimiento 
donde lentamente se agota 
la oblicua perspectiva de las emociones. 
 


23.VIII.18



 
En el tumulto y el furor
repletos de ardor y prestos
a abrasarnos tanto como a hartarnos
es así que vivimos así
que pasamos como vapores
que un poco de viento disipa sin
siquiera sospechar la conmovedora
belleza de las escarpaduras
por las que andamos ni saborear
en su necesario alternancia
la dicha y la turbación que son
como se debe nuestro lote desconcertados
de permanecer en el estrépito
aéreo de los días antes de partir
a unirse a través de las vacuidades
de los círculos planetarios a las sombras
en su morada final.


07.XI.17



 
Vulnérables
si vulnérables et cependant
portés par la tremblante joie
de respirer mais sans jamais
pouvoir panser les blessures
aux abords du désir
car les mots
dans leur tension extrême
augmentent le volume de leur résonance
par les profonds silences
cristallisés entre les espaces blancs
ainsi d’infimes fluctuations de la lumière
sur l’eau mouvante
où lentement s’épuise
la perspective oblique des émotions.



23.VIII.18



 
Dans le tumulte et la fureur
pleins d’ardeur et prompts
à s’embraser autant qu’à se lasser
c’est ainsi que nous vivons ainsi
que nous passons comme vapeurs
qu’un peu de vent dissipe sans
même soupçonner l’émouvante
beauté des escarpements
où nous cheminons ni goûter
dans leur nécessaire alternance
la joie et le désarroi qui sont
comme il se doit notre lot déroutés
de séjourner dans le vacarme
aérien des jours avant de s’en aller
rejoindre à travers les vacuités
des cercles planétaires les ombres
en leur ultime demeure.
 
 


CHRISTOPHE MANON (1971, Burdeos, Francia)
Traducción: Mariano R. Andrade
Fuente: Ablucionistas
Enlaces: Nueva York Poetry | Revista Altazor | Círculo de poesía | Vallejo & Co. | Otra iglesia es imposible
Reconocimiento: Fb Ricardo Ruiz
Imagen en Youtube 


noviembre 06, 2021

María Laura Blanco: Todo transcurre sin prisa





Quedan manchitas 
 en el plato 
unas pocas semillas 
 de lino y girasol 
 (pasadas de horno) 
 me seduce ese conjunto 
 tal vez mañana 
( un poco más hacia el mediodía) 
 extreme mis cuidados 
 y no escriba 
 esta noche no hay límites 
 pero al sol le tengo miedo 
( entonces nos perdemos)  
 hay luna 
 hay estrellas 
 está la propia cadena 
 de ADN 
 está nublado 
 todo es difuso 
nada tiene que ser 
 exacto 
( es más fácil) 
 y estoy sola. 


encendí una vela de miel
es casi roja
 ahora que cesó el viento
puedo escuchar breves
casi imperceptibles
 bullicios entre el pabilo
y la cera
en medio la llama
pienso que estos días
 se me ha agudizado el oído
 o estoy más alerta a los sonidos
 mi olfato recrudece en exigencia
 días raros
 como esta primavera 
o los ciclones anunciados
la barbarie
de estar viva
de sentir estos murmullos
que huelen a colmena
 a abeja reina
a obreras libando
sin miedo al sacrificio
ni a los imprevistos
porque las cosas son
y pocas veces suceden.




Ya no se sufre
es verdad
no hay sollozos
ni rabia
ni dolor
han fenecido
la obsesión 
la mentira
duerme bien
casi no sueña
son lindas las mañanas
no importan mucho
el sol o la lluvia
siempre hay flores
en el jardín salvaje
azahares, jazmines,
rosas amarillas
mate al costado
buena poesía
música variada
todo transcurre sin prisa
sin sobresaltos
hay planes
hay amigos
hay encuentros
escribe.
Entonces se pregunta:
¿a qué se debe este vacío
casi marmóreo, tumba del amor?


MARÍA LAURA BLANCO
(1956, Villa del Cerro, Montevideo, Uruguay)
Enlaces: Habitar el río | Intercuerpos


noviembre 05, 2021

Alejandra Pultrone, poesía y psicoanálisis

Hopper



Alejandra Pultrone nació el 24 de marzo de 1964 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, República Argentina. Es Profesora en Letras por la Universidad de Morón. Desde 1997 y hasta 2009, de modo ininterrumpido, realizó estudios de psicoanálisis. De entre las antologías en las que ha sido incluida, destacamos “Animales distintos: Muestra de poetas argentinos, españoles y mexicanos nacidos en los sesentas” (Ediciones Arlequín, ciudad de México, 2008). Fue directora de “Stevenson” (1992-1997), librería especializada en poesía, y asistente de dirección de la revista-libro de literatura “Sr. Neón”, desde sus inicios (nº 1, julio 1992) hasta su edición final (nº 10, diciembre 1995). Co-dirigió el sello editorial de poesía “Libros del Empedrado” (1994-2004). En soporte papel publicó los poemarios “La cuerda del silencio” (1991) y “Hopper” (1995). Este último cuenta con segunda edición en formato caja-libro (2005). En formato caja-libro apareció en 1997 un tercero: “Ciudad demolida”, el cual tiene, lo mismo que “Hopper”, edición electrónica (por Nostromo Editores, en 2006 el primero de los citados, y en 2003 el segundo). Un cuarto poemario, “Restos de poda”, fue editado electrónicamente en 2004 por la revista española “Teína”.  



          1 — ¿Despuntar de recorridos desde la palabra y la escritura?

          AP — Mi primer encuentro con la literatura fue desde la voz de mis padres: mi madre fue la de la narración, quien me leía mis “cuentitos” españoles ilustrados por Juan Ferrándiz —esos que se vendían en los kioscos de diarios y revistas— y las historietas de La Pequeña Lulú. Mi padre fue la voz de la invención: me narraba historias donde todas las princesas llevaban mi nombre. El mío pertenece al de una princesa inglesa admirada por mi madre por su elegancia, inocente ideal para una niña criada entre hermano y primos varones. Un deseo que ella dio a luz junto conmigo, según instala la novela familiar, ya que iba a llamarme Nora. Mi educación y formación espiritual fue católica apostólica romana desde el inicio, a diferencia de la de mi hermano, quien recibió su educación primaria en la escuela pública y laica y sólo en la adolescencia prosiguió en una escuela católica.  Entonces mi infancia estuvo atravesada por hagiografías para niños y catequesis post Concilio Vaticano II, novelas de la colección Robin Hood, las de Luisa Alcott y Juana Spiry, historietas de Disney editadas en México, las revistas “Billiken” y “Anteojito”. Y las historias de vida de heroínas románticas como Santa Teresita de Lisieux y Bernardette Soubirous, “una mezcla milagrosa”, como dice el tango… Alrededor de los siete años mi prima mayor había encontrado un ejemplar de “La amada inmóvil” de Amado Nervo y quedé cautivada por esa aventura de amor trunco. De una antología de poemas de mi padre recuerdo también un poema tristísimo de Evaristo Carriego, “La silla que ya nadie ocupa”, referido a la orfandad materna. Apenas concluida mi primera clase de Castellano en primer año, me acerqué con la timidez que me caracteriza a la profesora para preguntarle dónde iba a poder, al finalizar el colegio secundario, estudiar lo que ella enseñaba. Me respondió con una sonrisa asombrada, enumerando posibilidades futuras: algo de un destino se selló allí. Comienzo a escribir poemas a los dieciséis.


          2 — Y llegamos a tu despedida del colegio secundario.

          AP — Sí, cuando la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires estaba desmantelada, en las postrimerías de la dictadura y retorno a la democracia. Gracias al entusiasmo de una prima política —quien fue una guía excepcional en la adolescencia y orientó mis lecturas— egresada y docente de la Universidad de Morón, accedo a una formación privilegiada para esos últimos años de censura y represión: algunos de mis profesores fueron Noemí Ulla, Susana Zanetti, Graciela Gliemmo, Celina Manzoni, Miguel Wiñazki, Susana Santos, Alba Correa Escandell, Alicia Parodi, Graciela Susana Puente. En 1985 Octavio Paz llega a nuestra ciudad y asisto a su lectura de poemas, la que me produjo un cambio radical en el modo de concebir la escritura poética.


          3 — El escritor valenciano Rubén A. Arribas, en 2002, te hizo un reportaje que se difundió en Internet: considerabas experimental a tu primer libro. ¿Qué —con qué— experimentabas?... Y algo más, un comentario: el texto que introduce en ese corpus se titula “El cuadro”. Lo que, si se quiere, “anticipa” a “Hopper”.

          AP — Experimentaba con el lenguaje poético, era la búsqueda incipiente de mi propia voz. Ese libro inicial está compuesto por poemas escritos con un fervor juvenil, es el testimonio de mis primeras lecturas y encuentro con poetas “capitales”: Alejandra Pizarnik, Silvia Plath, Miguel Hernández, Federico García Lorca y tantos otros. Por supuesto, los poetas del ámbito literario argentino de los ochenta. Conocí en el Centro Cultural General San Martín a Jorge Santiago Perednik [1952-2011], quien dictaba dos cursos que fueron muy importantes para mí, uno dedicado a Octavio Paz y otro a Héctor A. Murena. Así me acerqué a la revista literaria “Xul” que él dirigía. Yo estaba en mis primeros años de formación académica y portaba una posición de rebeldía, con cierto exceso de crítica a lo que veía como enciclopédico. Perednik me ofreció otro modo de cuestionar los textos, otra imagen de escritor. Le estaré siempre agradecida. 
          Está también el cruce no sólo con la pintura, sino con el rock nacional: hay poemas dedicados a Federico Moura, por ejemplo. Fui una joven que disfrutó mucho de la música de su tiempo. Mi hermano tenía una banda de rock en su adolescencia y los ensayos eran en nuestra casa, así que en mi infancia los sonidos del llamado “rock progresivo” sonaban diariamente, desde muy chica escuché a Almendra, Pappo, Arco Iris, Aquelarre… Con una compañera de facultad, hoy psicoanalista, María Laura Rodríguez Mormandi, realizamos un trabajo crítico de las letras de toda la discografía de Virus, la banda musical de Moura, que no llegamos a editar. En “La cuerda del silencio” hay un pasaje por ahí. Y claro, por la pintura, es cierto, hay una anticipación. “El cuadro” es mi primer intento de captura de la experiencia estética de contemplación de una pintura: Magritte y “La condición humana”. Fue un pintor que me acompañó en esos años. 
          Ya que hablamos de anticipación, en “La cuerda del silencio” también hay una referencia al psicoanálisis, un texto dedicado a mi primera analista. Son los dos grandes encuentros “fundacionales”: poesía y psicoanálisis.


          4 — Edward Hopper (1882-1967), en algún lugar dijo o escribió lo que vos instalás antecediendo tus textos a partir de su obra: “Mi deseo era pintar la luz del sol sobre una pared”. Alejandra Silvia Pultrone: ¿Cuál es tu deseo?...

          AP — ¡Qué pregunta difícil, Rolando! Si apuntás hacia el deseo de escribir, diría que contra viento y marea se sostenga, que pueda abrirse camino como siempre lo hizo, con más o menos esfuerzo, según las instancias de la vida. Hace poco pensaba que, si tuviese que ubicar una constante en mi existencia, sería la escritura. Y la lectura. Otros deseos fueron oscilaciones, estuvieron encendidos un tiempo y se apagaron. La escritura es una llama débil o fuerte, siempre encendida. 
          Escribo un diario desde los doce años, que fue transformándose; es una escritura- collage que alberga todos mis intereses, una miscelánea manuscrita atravesada de fotos, recortes, notas bibliográficas, poesía, pequeñas narraciones cotidianas. Hace un tiempo comencé la tarea de extracción de los poemas que se encuentran allí: son “los poemas escondidos en los cuadernos”. 


          5 — ¡Oh!, y tu época de artesana (en mi casa lucen algunos trabajos tuyos): en madera, en cerámica. Estudiaste dibujo y pintura artística. ¿Qué te fue pasando durante aquel lapso de aprendizaje primero y de labor después? No creo que hayas abandonado por completo. 

          AP — La artesanía me permitió atreverme a crear en un espacio desconocido. En mi familia, la artesana, la que pintaba era mi madre… Es una época que recuerdo con alegría y cariño; el taller de artesanías es, en general, un ámbito femenino, donde se crea y se cuenta; las mujeres volcamos allí bastante de la vida cotidiana, los afectos, los hijos, los nietos. Me reunió con historias muy distintas a la mía, aprendí, disfruté. Y pude compartir la actividad con mi madre: fue muy valioso desde ahí. El estudio de pintura artística lo sostuve durante unos años, invocando la frase arltiana, lo poco que realicé, fue con “prepotencia de trabajo”. No tengo con la pintura, lo que suele llamarse “mano”, don natural, todo lo que pude conseguir allí, fue desde el esfuerzo. Y a veces, un impedimento para seguir: tenía ideas, pero me faltaban recursos técnicos y eso me desalentaba un poco. Trabajé con óleo y acuarela. Me atraen especialmente los motivos marinos. En la actualidad no estoy pintando, pero sé que voy a retomar la actividad.


          6 — Y has tenido tu etapa como directora de “Stevenson”, el que además de ser un espacio bello de librería (y editorial, en el primer piso), lo fue de Ciclos de Poesía. Y hasta compartiste la responsabilidad de dirigir una colección donde, entre otros poetas, editaron a Santiago Bao, Carmen Bruna, Eduardo D’Anna, Patricia Coto, Alberto Luis Ponzo, María Barrientos y Alejandro Schmidt. ¿Qué rememoramos? Y sin olvidarnos de “Sr. Neón”.

          AP — “Stevenson” fue un proyecto ambicioso: especializada en poesía cuando comenzaban a instalarse en Buenos Aires las grandes cadenas, donde la librería dejaba de ser un espacio de encuentro y referencia y el librero, un lector avezado. Intentamos resistir, pero desde el punto de vista de la comercialización de los libros, era imposible competir: o nos resignábamos a vender otro tipo de material o cerrábamos, y bueno, tomamos la determinación de cerrarla. Aún hoy hay gente que la recuerda, con su luz de neón azul atravesando el frente negro, las paredes de ladrillo, los muebles rojos, el secreter que oficiaba de caja… Convivían lo nuevo y lo antiguo.
          “Poesía en Stevenson”, que presentábamos los sábados, ofreció un despliegue de voces, sin pertenencia a grupos o estilos, y eso me parece hoy una marca interesante. No siempre ocurre, a veces se invita a leer a los amigos, a los que simplemente nos gustan o se parecen a nosotros en el modo de escribir. No hicimos eso, apostamos a la diversidad. 
          Idéntico criterio sostuvimos con la editorial “Libros del Empedrado”: pluralismo. Fue una colección cuidada, en el sentido de no forzar publicaciones; se trataba de estar atentos a un reconocimiento: distinguir un poemario que pudiese ser incluido. Que haya títulos de Alberto Luis Ponzo y Carmen Bruna, entre tantos otros, me gratifica. Me preguntás qué rememoramos, y en ese plural nos incluimos porque vos fuiste parte de esa historia, publicaste en la editorial e integrabas la redacción de Neón, como la llamábamos. Años de amistad y poesía. Hace poco, en el programa de radio “Luna Enlozada” (de la Asociación de Poetas Argentinos), cuando me preguntaron qué extrañaba de aquella época, respondí que el primer contacto con cada “manuscrito”, la sorpresa de ese encuentro. Es una instancia inefable, saber que una está entre los primeros lectores de un libro. Lo hago extensivo a un poema, o cualquier texto que alguien escribe como literatura. Procuro manejarme con precaución y respeto cuando sucede. Sé por experiencia personal lo que significa convocar a otro para que nos lea. Lo excepcional de esa tarea que, sin embargo, se me presentaba cotidiana, hoy la evoco con nostalgia. Hay cosas que sólo es posible sopesarlas en su acertada dimensión, con el paso del tiempo.
          Realizamos tres “Antologías del Empedrado” durante los años 1996, 1997 y 1999, en las que se sumaron numerosos poetas y cuyas presentaciones disfrutamos en Stevenson, con música de jazz, y lecturas. Algunos de los escritores que participaron en ellas fueron Liliana Aguilar, Wenceslao Maldonado, Silvia Mazar, D.R. Mourelle, Anahí Lazzaroni, Diego Muzzio, Susana Szwarc, Rolando Revagliatti, Melina Brufman, Eduardo Mileo, Norma Mazzei, Carlos Paz, Daniela Bogado.
          “Sr. Neón” surgió del proyecto editorial del que formaba parte. Con su formato libro, ilustraciones, tapas color, dibujos de los niños de la familia y fundamentalmente, un humor, como suele decirse, irreverente. Allí sí, participábamos de un modo descontracturado, se comentaban libros, se publicaban poemas, cuentos y artículos, había espacio para difundir otras iniciativas literarias. Eran características unas viñetas enmarcadas donde se contaban anécdotas, situaciones a veces hilarantes que nos ocurrían, como recibir cartas dirigidas al Sr. Stevenson… Fue lo más lejano a una revista literaria convencional, por eso algunos lectores no sabían en qué lugar ubicarla, y hasta les resultaba incómoda. Nunca exenta de ironía, crítica y propuestas. Si uno se detiene en alguno de sus números, topa con la inquietud a los escritores sobre qué es escribir, en un intento de abrir el interrogante desde lo personal a lo colectivo, por ejemplo. O la propuesta concreta de canje de libros de poesía, donde se les instaba a los escritores a que trajeran cinco ejemplares de sus libros y se llevaran cinco de otros autores, en un claro intento de intercambio y circulación de ediciones en un ámbito propicio para su visibilidad. Neón fue acompañando el trabajo editorial y de la librería y de los escritores que participaban.


          7 — Es mientras ya “Stevenson”, en aquellos años de exterminador neoliberalismo, cerraba sus puertas, cuando comenzás tu formación en psicoanálisis. ¿Por qué andariveles, Alejandra?

          AP — A mediados de los ochenta comencé un análisis de orientación lacaniana, una experiencia que significó un giro copernicano para la joven mujer que yo era y que se extendió muchos años. Ya a fines de los noventa, por invitación de la que era mi analista, asistí a un seminario sobre el seminario “Aun” de Jacques Lacan, y a partir de allí se abrió una época fecunda de estudio en distintas instituciones, que duró más de una década y que propició nuevos modos de acercamiento a la poesía. 


          8 — Además de aspirar a que me cuentes porqué desestimaron la edición del ensayo sobre Virus, y retornando a “Hopper”, qué discernís respecto del vínculo entre palabra y poesía, entre poesía e imagen, e incluso instalándonos en “Ciudad demolida”, mirada tuya sobre una determinada ciudad, sobre la fantasmática de una incontenible demolición.

          AP — Fue un ensayo de juventud, teníamos veinticinco años. El proyecto no fue desestimado, surgieron otros y como suele decirse, se durmió. Llegó a leerlo uno de los integrantes de Virus, pero ciertas circunstancias (viajes, trabajo) nos fueron alejando de la posibilidad de una edición. Es cierto, actualmente hay muchas propuestas electrónicas, pero el libro pertenece a otro momento, quizás con una revisión adecuada, hoy podría encontrar su lugar. 
          “Hopper” fue para mí el ingreso a un nuevo estilo de aprehender lo poético. Hasta ese momento, la imagen no había tenido tanta presencia en mis poemas. Yo iba de la palabra a la poesía, hacía esa torsión del lenguaje, por decirlo de un modo “a lo Lacan”. En muchos de mis primeros poemas resuenan otras voces: las de la infancia, las de las mujeres de mi familia, una memoria evocada casi con melancolía. Hay, inicialmente, un yo lírico muy apalabrado. El encuentro con la obra pictórica de Hopper fue abrir la palabra a lo que la mirada recogía, entonces la búsqueda fue totalmente diferente. Transformar en palabra poética esa conmoción de la mirada. Me encontré con el cuadro “Nighthawks” en un bar de la ciudad de Mar del Plata, donde pasé los veranos por más de cuarenta años… Fue como suele decirse, un amor a primera vista. Esos personajes, al borde de la noche, noctámbulos de una ciudad dormida, acodados en la barra de un bar… A partir de esa primera visión, lo que vino después, fue seguir mirando sus pinturas y escribir. Es un poemario diseñado, con un criterio de “doble” traducción: por un lado, entre los títulos originales en inglés, y su versión en español y por otro, de la pintura al poema. Como decía en esa entrevista de Rubén Arribas que mencionás, es un libro que redunda todo el tiempo. Resultaron muy interesantes los comentarios de aquellos que lo leyeron y me los transmitieron: en general, provocó ir hacia el encuentro de las pinturas, es decir, propició una reunión. También me sentí identificada con la estética despojada de la paleta de Hopper. Siempre se dice que sus cuadros representan la soledad urbana. Ciudades pujantes que, sin embargo, albergan almas solitarias. Él era un hombre metódico que también veraneaba siempre en un mismo lugar —Cape Cod—, escenario de muchas de sus pinturas. Su obra es de una gran intensidad poética. Necesité hacer ese pasaje, traer esas imágenes a este lugar del lenguaje. Claro, que mirar es también una operación de la lengua. Recuerdo cuando estuvo en cartel en Buenos Aires la obra teatral “Red” de John Logan. Recrea desde la ficción el encuentro del artista plástico Mark Rothko con su joven asistente. Transcurre en su estudio. Una de sus mejores escenas es cuando ambos gritan simultáneamente en el medio de una discusión qué es el rojo para cada uno. Podríamos decir que son sólo palabras: el amanecer, la sangre que brota de las venas, Papá Noel, ¡Satanás! Una tras otra, arrojadas para obtener la esencia de un color. 
          A mí me conmueve que, para algunas pocas personas, Hopper primero fue el nombre de un libro, que hayan ido desde el poema a la pintura, en ese planteo inverso de encuentro poético que va de la letra al pincel, por decirlo de algún modo.
          En “Ciudad demolida” el trabajo fue distinto: es un poemario concebido a partir de viejas fotos. La imagen es un punto de partida de cada poema, pero —como bien decís— se interpone lo fantasmático, te diría que ocupa el centro. Cuando me encontré con esas fotografías, también en un verano marplatense, lo que me impresionó fue que en la ciudad en la que yo habitualmente comenzaba cada año de mi vida desde la infancia, había otra, escondida desde la oscuridad que toda demolición impone. Lo más impactante es que fue esplendorosa —arquitectónicamente hablando— y arrasada para dar paso a una construcción desordenada. Y, sin embargo, persiste. Hay rastros, en las calles, objetos diseminados en los museos. Su historia alberga muchos datos curiosos, por ejemplo, la araña del comedor del majestuoso Hotel Bristol, sigue alumbrando en la Catedral de la ciudad. La que amó Alfonsina Storni. Existe una hermosa foto suya conservada donde se la puede ver caminando por la vieja rambla de madera. Entonces, la imagen aquí fue un acercamiento para poder desplegar poéticamente algunos fragmentos de esas escenas perdidas. Ese fue mi objetivo estético.


          9 — ¿Nos quedan por allí unos “Restos de poda”? Y tal vez otros poemarios. 

          AP — Sí… “Restos de poda” es un poemario introspectivo, un regreso a la intimidad de la letra: la pura evocación desde la palabra poética de una memoria ligada a las emociones. Trabajé con esos recuerdos de infancia que tienen una insistencia en mi historia. Tuve una niñez rodeada de mujeres y el libro intenta dar permanencia a algunas de sus voces. 
          “Seca palabra” es otra colección: reúne dos series de poemas muy diferentes: una, con una impronta también más intimista, femenina. La otra surgida, nuevamente, a partir de una pintura: “La Dama de Shalott” de John William Waterhouse y su entrecruzamiento con el poema de Alfred Tennyson.
          En la actualidad estoy trabajando un poemario surgido como desprendimiento del diario que escribí durante los dos años posteriores a la muerte de mi padre. Poemas, prosa poética que oscila entre la elegía y el duelo. Su título es “Aflicción”.


          10 — Acaso fue en 2012 cuando me sorprendiste obsequiándome por mi cumpleaños, un magnífico volumen de 570 páginas: “Cartas a los Jonquières” de Julio Cortázar (esto es: cartas de Julio Cortázar al poeta y pintor Eduardo Jonquières y a su esposa María, entre 1950 y 1983). Fue después de devorármelo que te lo presté. ¿Qué te pareció? ¿Qué libros confesionales, testimoniales, recomendarías a nuestros lectores?

          AP — Como bien sabés, me gusta muchísimo el género epistolar. Las cartas de Cortázar a sus amigos los Jonquières me resultaron un muestrario muy valioso, especialmente de los primeros años en París, el aporte de esos detalles cotidianos que un amigo le acerca a otro que está lejos y que sostienen el lazo a pesar de la distancia. Hablás de “devorártelo”: así es, este “Cortázar epistolar” resulta también un narrador extraordinario. 
          Otro libro del género que recomendaría y que me llegó directo de tu biblioteca, es “Aquí y ahora”, la correspondencia que mantuvieron mi siempre ponderado Paul Auster y J. M. Coetzee: es un intercambio distinto porque son las cartas de dos escritores afamados y profesionales que deciden escribirse después de haberse conocido personalmente. 
          Y otra correspondencia que disfruté fue la que mantuvieron Victoria Ocampo y el escritor y monje trapense Thomas Merton, titulada “Fragmentos de un regalo”, que también contiene sus artículos y reseñas publicados en la revista “Sur”. Una amistad de la que nada sabía. Admiro profundamente a Victoria Ocampo desde mi adolescencia, y hace unos años comencé una lectura de los escritos de T. Merton que se extendió mucho tiempo. Descubrir que eran amigos y que había un testimonio de esa amistad me dio una gran alegría.
          Ahora estoy leyendo la correspondencia de Alejandra Pizarnik. 


          11 — Imagino que pocos deben saber que alguna vez, Adolfo Bioy Casares, expresó en una charla pública en Uruguay: “Finalizo las correcciones cuando no encuentro algo que me hace tropezar o que me da un sobresalto en la página que he escrito. Cuando ya no hay rimas, cuando no me sale toda en octosílabos o endecasílabos. Cuando las palabras que terminan con ese no son seguidas de otra que tiene ese. La ese es una serpiente en el jardín del poeta. (…) Bueno, cuando las cacofonías no están demasiado presentes, cuando he dicho lo que tenía que decir. (…) Hay que leer buenos escritores y tratar de no leer malos escritores. Cuando uno lee un mal escritor piensa que puede escribir igual que ese mal escritor. Cuando uno lee un buen escritor uno ve —equivocadamente— que puede escribir igual, y eso estimula.” En tu caso, finalizás las correcciones cuando… Y lo que quieras añadir respecto de los buenos y los malos escritores.

          AP — Coincido plenamente con lo expresado por Adolfo Bioy Casares: una corrección termina cuando se llega a cierta extenuación de la lectura. Cuando ya no se advierten obstáculos. Pero la mirada cambia, y a veces, basta con volver a leer un texto después de un tiempo más o menos prolongado para encontrarlos de nuevo. Corregir es leer en estado de alerta. J. L. Borges consideraba la publicación como un freno a esa “lectura del tropiezo”, por llamarla de algún modo.
          El buen escritor es ante todo un buen lector, el que puede hacer uso de una competencia de lectura (al modo de Umberto Eco) que le permita un trabajo sin ingenuidades con respecto a su obra. No hay camino allanado para el que escribe bien.  
Para mí, el mal escritor es el escritor ingenuo. El enamorado de sus propias palabras, el que sucumbe a ellas como al canto de las sirenas: el que “no se amarra”.


Alejandra Pultrone selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


Infancia




La historieta que se mira y no se lee
harina, agua: el alimento de los juegos
la plaza se levanta
adentro
el sol sobre los cuentos españoles
las mujercitas se casan con los ocho primos
el pez naranja se diluye en una imagen
voces
que recorren silencios infantiles
avanza, corre el sueño como un gato. 


                      (de “La cuerda del silencio”)



Nigthhawks




con un solo golpe de neón
se bebieron la ciudad entera

un hombre una mujer un hombre

newyorkers
y los añicos del vaso 
junto a los sueños


                                       (de “Hopper”) 



Bañistas de 1904




Los niños marineros
revisten la playa
donde no hay piel
para zozobrar

la imagen de este rostro
invadido
por la infancia
no cede

juegos de arena
encuentros del azar

vuelvo por un par
de ojos
un aviso de retorno
que asegure


pero las olas se desatan
borrando


                                 (de “Ciudad demolida”)



Carmen




Murió en 1929
a los veintinueve
la enfermedad 
de las chicas de Flores
la consumió
dar vueltas 
a la plaza
rechazar 
al único pretendiente


                                     (de “Restos de poda”)




                        Voló la telaraña y flotó lejos;
                                 El espejo se rajó de parte a parte,
                                 —la maldición ha caído sobre mí— exclamó
                                 la dama de Shalott.

                                                            Alfred Tennyson


La dama
es dragón

una advertencia
en lirio y terciopelo

espejo rojo
estandarte empañado
de lado a lado

cuando 
la mirada
desvía
su rumbo
cierto
preciso

su destino
sin barca
ni orillas
dibujadas


                        (de “Seca palabra”)



De este paño
no he de cortar

tampoco
rodará la lágrima
confundida con el río

de este paño
el cofre

un tesoro
libre de sospechas

brillo silente
peregrino
de una travesía inconclusa


                           (de “Seca palabra”)


Entrevista realizada a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Alejandra Pultrone y Rolando Revagliatti.




ALEJANDRA PULTRONE (1964, Buenos Aires, Argentina)


noviembre 03, 2021

Alberto Cisnero: Atravieso la presencia fugaz de los demás


6- mercado  




aportando o en negro; también 
fui delegado por los compañeros 
de obra, tantos como uno, aluvial, 
sin sofisticación y sin lecturas 
pero dudábamos y comíamos 
parecido; donde el mercado central 
nos tocó enchufes y agua sucia. 
picana y golpes. ¿ves? la paz  
sea con otros. 
 


8- verano  



 
mi viejo muestra su negro ceño, tiende 
ya la mano al sombrero, descubre otro 
pequeño montón de canas y confortan 
como una compañía los grillos y, más 
que a un sentimental y a un provinciano, 
el cielo nos pareció falso a ambos
y pasó el tiempo; bajé o bajamos
las pupilas de bueyes, era feriado
¿he de llamar sólo elíptico ese momento?



14- retiro, 1 de noviembre de 1959




me ahorraron otra explicación;
es sólo un lugar donde ir de mientras,
sito en algún pago al sur o al naciente;
detrás de mis diez y nueve años de vida,
atravieso la presencia fugaz
de los demás y todo un descampado
(lo que necesito para vivir
cabe en una valija) como quien
supiera que algo le espera y confía.



17-    

a VAR

recordarás un día. el contacto de mi mano 
en la tuya. el que ahora te ofrezco. sólo 
diremos que era en junio, hace muchos años. 
recuerdo un día sólo porque viene con tu nombre 
mezclado. y lejos y muy cerca. y pronto. 
como una ola, pronto. y donde todo acaba 
o todo comienza. como mi padre me miraba 
un día. suelo asentir a lo que decís. y sé 
que eso me alboroza. ahora ya soy viejo 
y lo comprendo, hija.



21-




siento que puedo recordar muy poco 
de mi padre. mi padre extiende la mano 
y me pregunta: ¿cuántos veranos fueron 
así y después nada ocurrió? quizá mi memoria 
no es del todo fiel. me gustaría poder contarles 
una epifanía significativa, algo aceptable 
como invención para que cualquier cosa 
de su vida que hubiese sido buena no desaparezca 
una aurora y no sienta que hablo de él como si fuese 
uno de nuestra sangre que apenas llegué a conocer.



31-




llamabas desde uno de los teléfonos de la estación.
todo eso ya lo sabíamos. lo que pedíamos era que  
ninguno tuviese que explicarlo. siempre íbamos a estar 
a igual distancia en un tren camino de los juríes 
o parados en la esquina bajo el farol. gracias, 
en cualquiera de los dos casos. no olvidamos 
a nadie, no olvidamos nada. no me olvides. 
después pareció que teníamos poco que decirnos. 
otra vez. y cortamos sin despedirnos.




De. "Los dados de la muerte", Barnacle, 2021
Otros poemas de ALBERTO CISNERO, aquí
Imagen: Chacareros por Antonio Berni


noviembre 01, 2021

Silvana Franzetti: tres poemas inéditos

Sujetos a variación, Saltos de agua



Mientras el cielo 
igual a una Mimosa púdica 
se va cerrando ante  
la mínima posibilidad  
de ser tocado 
y aun así la música 
lo va a atravesar 
 
y ahora el tempo 
agujerea el espacio 
 
entonces 
las sombras de un día nublado 
 
sugieren el límite 
entre una y otra pausa 
 
hacen que los objetos 
cambien de lugar 
 
incluso que la mirada
cambie de lugar

sostienen una línea
de pájaros que migran
hacia el sur

cambian la dirección
del viento norte

granulan el papel vegetal

danzan en verano
con las paletas del ventilador

alargan los hilos de coser

obturan el colador de té
usado esta mañana 
para hacer café

lentifican todavía más el relato
de las mil y una noches

dispersan las piezas de ajedrez
y la jugada

ablandan la escalera
del museo y sus marcos

desplazan la conversación
acerca de Zoo
o Cartas de no amor

cuando el amor se exilia
en Berlín.

De Sujetos a variación (inédito).



A esta distancia, la montaña es una acumulación de cenizas o es la nube con su efecto de pantalla translúcida que le resta nitidez a tamaño conglomerado de tierra y, a cambio, le agrega un tenue movimiento. O acaso sea nada más que la aparente quietud de la elevación del terreno, ahora cubierta por infinitas partículas en suspensión volátil.

De Saltos de agua (inédito).



En esa vereda, 
ahí, donde hay un sauce, presencia adorada,
un indicio de que junto a él, 
en algún tiempo pasado de la ciudad,
hubo un curso de agua a cielo abierto
hoy invisible. Intermitente, se escucha un acorde
no de llanto, sino de sorpresa subterránea.

De Saltos de agua (inédito).



SILVANA FRANZETTI (1965, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces:  Otra iglesia es imposible | Revista Otra parte | De lo que no aparece en las encuestas
Imagen en Vallejo&Co