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Mostrando las entradas de octubre, 2014

Anne Sexton: Y mi amor sigue brillando con vehemencia

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Divorcio Maté nuestra vida juntos, haché cada cabeza, con sus pobres ojos azules pegados a una pelota de playa que rueda por separado hasta la vereda. Maté todas las cosas buenas pero son demasiado obstinadas para mí. Aguantan. Las pequeñas palabras de compañerismo gatearon hasta sus tumbas, el hilo de la compasión, querido como una frutilla, los cuerpos mezclados que pusieron dos hijas dentro nuestro, ver cómo te vestías, temprano, la ropa separada, prolija y doblada, sentado al borde de la cama lustrando tus zapatos con pomada negra, y te amé entonces, tan sabio fuera de la ducha, y te amé muchas otras veces y estuve, por meses, queriendo ahogarlo, enterrarlo profundo, dejar su gran lengua roja sumergida como un pez, pero donde sea que mire están encendidos, el róbalo, la anchoa, la platija ardiendo entre las algas marinas como muchos soles golpeando las olas y mi amor sigue brillando con vehemencia, sus espasmos no van a irse a dormir, y yo estoy indefensa y sedienta y quiero una so...

Alejandro Schmidt

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Leyendo una revista de poesía Y ese que habla del amor y el otro que evoca la heladera de su madre muerta una tras otra las columnas de vocablos como ejércitos volviendo del desastre algo encuentro en el papel barato… Humo de sacrificios o el gran porvenir de otra ilusión Esta tarde Esta tarde me han dicho varias cosas con la vehemencia del que ignora o las sospechas que nutren el respeto. Podría haber tomado algo en el bar de la ruta mirar las vacas echarse sobre el pasto mojado y esos teros y fumar escribir en serio  para alguien. Otros poemas de ALEJANDRO SCHMIDT  aquí Imagen: Felipe Alonso

Aníbal Cristobo

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Dos gordos en apuros     Empantanados, con los inspectores  fiscales bailándoles alrededor y perdiendo  popularidad entre los vecinos desde el  "tortugagate", mis padres  se plantearon la posibilidad de una tragedia  sobre la cría de asnos y la carpintería.   En el ático, me gustaba pintar  a esos dos tecnócratas en el amanecer de algún parque acuático, flotando como un par de islas blancas y desconocidas. Pero cada día los oía jadear en mi cuenta bancaria, asfixiando mis pretensiones sindicales. Escondidos detrás de nuestras herramientas de bricolage, mi mujer y yo, cavamos cada vez más profundo. Cada uno ha aplicado semanalmente una terapia experimental sobre el otro, interrumpidos sólo por los sonidos de un éxito deportivo en la distancia. ANÍBAL CRISTOBO  (1971, Buenos Aires, Argentina / 2026, Barcelona, España) Fuente :  http://ignaciouranga.lagallaciencia.com/2014/06/anibal-cristobo-3.html Imagen: www.proiniciar.uerj...

Francisco Hernández

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Fantasma Amo las líneas nebulosas de tu cara, tu voz que no recuerdo, tu racimo de aromas olvidados. Amo tus pasos que a nadie te conducen y el sótano que pueblas con mi ausencia. Amo entrañablemente tu carne de fantasma. La primera mujer que recorrió mi cuerpo... La primera mujer que recorrió mi cuerpo  tenía labios de maga: labios verdes y azules,  con sabor a fruto silvestre, con señales indescifrables como la miel o el aire. Muchas veces incendió mis cabellos con siete granos y siete aguas, con ensalmos  que sonaban a campanillas  de barro, con nubes de copal  que se mezclaban al embrión que recorría mi frente coronada por ramos de albahaca. Toda la noche ardía la pócima bajo mi cama. Al día siguiente, un niño nacido después de mellizos  la arrojaba al río, de espaldas, para no ver el sitio  donde caía ni el vuelo repentino de los zopilotes. Entre tanto, mi madre me contaba  lo que Colmillo Blanco no sabía de la nieve  y el recuerdo del m...

Juan Bañuelos

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Sátira con final de vals Porque estamos aquí con el sueño del polo, con el fuego que hizo el primer hombre en la tierra a la hora que marcan los relojes del banco, en la silla cercana de la caja de bienes del que roba y sonríe por la gracia del cielo. Y cercanos al niño que aún lleva el cordón umbilical de la anemia; correctos, vestidos de frac a la hora que vemos pasar triste un entierro. Aquí, pues, nos quedamos con las lindas queridas del señor General. Por la gran avenida, la manzana del aire se pudre  y la panza del cielo es color de la iguana  y la tarde agoniza levantando la voz.  Porque estamos aquí en el bar donde cantan  solitarias de tedio las parejas que pronto  dormirán en hoteles, y el ramito de dicha dejarán en un charco.  Ah la almohada del agua que reparte los sueños,  que circunda las ferias. Y la arpía hecha letra  desollando la fiebre en los juicios llevados  contra los inocentes. Porque estamos aquí para que se cumpla la ...

Jan Erik Vold

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hokusai, el viejo maestro, que pintó una ola como nadie había pintado una ola antes que él  Hokusai llegó casi a los 90. Cuando tenía 75 años, dijo de sus cuadros: Empecé a dibujar cosas cuando tenía 6 años. Todo lo que conseguí hacer antes de los 50, no vale nada. Cuando llegué a los 70 aún no había hecho nada  bueno. A los 73 años empecé a comprender las formas básicas de animales  y plantas. Cuando llegue a los 80, habré comprendido más, y cuando tenga 90  conoceré los misterios del arte hasta el fondo —así es que cuando llegue a los 100 produciré cosas elogiables. Para no hablar de los años siguientes. Ahora lo esencial es seguir en marcha. JAN ERIK VOLD  (1939, Oslo, Noruega) Fuente:  http://www.cosmopoetica.es/wp-  content/uploads/5COSMOGUIA_2008.pdf Traducción: Francisco Uriz Imagen: www.alchetron.com hokusai, den gamle mester,  som tegnet en bølge slik ingen før ham hadde tegnet en bølge Hokusai ble nærpå 90. Da han var 75 å...

Juan Manuel Inchauspe

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Época Un prolongado ulular me despertó durante la noche. Tuve una visión fugaz de luces rojas y amarillas, intermitentes. Con los ojos recién abiertos en la oscuridad escuché el sonido giratorio por las calles desiertas. Instintivamente estiré mi mano por entre las varillas y palpé el cuerpo de mi pequeño hijo: suave, cálido, pacificado como un animalito. Él no sabe nada de estas cosas. No sabe nada del sueño cortado en la fría madrugada. Ni tiene nunca tampoco por qué saber cómo brotan del sueño estas visiones; cómo giran, intermitentes, en la memoria, y flotan con sus ojos de vidrio alrededor del corazón. Fuente: Facebook de Clara Muschietti Trabajo nocturno Temprano esta mañana encontré en el patio de casa el cuerpo de una enorme rata inmóvil. Moscas de alas tornasoladas zumbaban alrededor del cadáver y se apretaban en los orificios de unas heridas que habían sido sin duda mortales. Con bastante asco la alcé con la pala y la enterré en un rincón alejado del jardín. Al volverme desde...