-->

septiembre 26, 2015

Silvina López Medin


Lo nuevo suele entenderse sin tradición, como si la poesía de la civilización no fuera posible. Pero no es sólo eso: hay una presencia dominante del contexto cuando se piensa en lo nuevo. Lo nuevo, no sólo en literatura y poesía específicamente, sino en toda la cultura: mímesis de esa cultura y distorsión, o burla, o elogio o elegía rota (...) Me pareció atrayente hablar de la poesía de Silvina López Medin porque esta poesía está en el centro de esas cuestiones. Lejos de lo que suponíamos, en cualquier idioma la idea de crepúsculo de la civilización es algo muy distinto a un crepúsculo. No hay allí luces de fragua. Hay pérdida de contacto, desnaturalización. (Del prólogo de Jorge Aulicino)





La conversación




Había memorizado
las formas de encajar
el cuerpo en las palabras
cómo hacer un relámpago
de una misma risa
incrustar cada tanto
el nombre propio
en busca del punto firme
de la piedra
donde comienza el salto a la otra orilla.
Había hecho todo
pero todo
fuera de ritmo
como quien ve un cartel que señala
una montaña y piedras
piedras que caen,
no sabía detener ese derrumbe.



Notas para un fado




intervalo: un hombre viejo, viejo
aferrado a un papel
repasa su letra
la punta del zapato
se acerca y se aleja del piso
marca el ritmo, ya no marca
insinúa, en parte ha perdido
el control del cuerpo, lo que queda
entre le piso y su pie
¿es ese el espacio entre las cosas
que Cage pedía no olvidar?
el hombre viejo avanza
lento en su estar
un poco desprendido del entorno
se aferra al micrófono, sonríe
hasta que encuentra
el compás del canto
a veces se la va una frase o la voz,
nosotros con pies firmes sobre el suelo firme de la taberna
en cada silencio le soplamos la letra,
todavía creemos en la necesidad de completar.



14.




Golpe seco

del viento empujando esa puerta
contra un marco torcido.

O ese otro golpe
que también deja marca
empapa
oscurece lo que toca.

Adiós
dice una parte,
la otra tacha
lo definitivo
¿Adiós?



21.



¿Lo que escribís te pasó?


No poder decir

el lago de otra forma.

¿Lo que escribís te pasó?

Deformar el lago
volverlo laguna
cosa olvidada
vacío.

¿Lo que escribís te pasó?

Nadar es empujar el agua, así
se empujan las palabras
a otro ritmo, lo que queda
es ir hasta el fondo, uno aguanta
la respiración, para decir luego: ahí estuve
de eso se trata
un lago.




Silvina López MedinOtros poemas de Silvina López Medin, aquí
De: "Esa sal en la lengua para decir manglar", Ediciones del Dock, 2014

septiembre 20, 2015

Eliseo Diego






Las estampas 









Sí, la nostalgia está naciendo en el poniente 

de la viejas estampas amarillas. Escucha: 


la brisa entre las hojas del eucalipto ardiente 


se despide, y la penumbra en el espejo es mucha. 


La visión de la tarde caduca, del ciprés 


mal hecho, del camino junto a los templos rotos 


-y la joven que se hunde, morada, en el revés 


del mundo, mientras huyen los pájaros remotos- 


en la estancia que asombra la picuala, nos hiere 


con un vago estupor. Otro imposible, ciego 


rincón de flores que una violenta luz prefiere, 


salta en la porcelana, devora como fuego 


y se apaga de pronto con las nubes. ¿Quién mira, 


desde qué sitio, los silenciosos paisajes 


donde, abolido, el tiempo llueve su inmóvil ira? 


Su nostalgía, llegándonos desde el pino salvaje, 


nos va helando también los graves ornamentos 


del reloj y de las sillas. Pero la estampa triste 


de París en otoño, su casto movimiento, 


como la dicha pobre, convence al fin, existe. 













Eliseo Diego (1920, La Habana / 1994, México DF, México)

Fuente: www.nexos.com.mx

Enlaces: http://www.ecured.cu/index.php/Eliseo_Diego

Imagen: www.poesia.as

septiembre 18, 2015

Sandro Barrella





El conocimiento de las tecnologías

alimentarias por los niños del sur

vino de la mano de los soldados americanos



latas con meet

carne y más carne enlatada

bajando de los tanques de la nueva ocupación.



Mercato San Severino

los tedesquis en fuga

la barba de tres días no pasa revista



ya viene ya llega

el amigo americano

la meet enlatada

el dólar militar

el chicle







//







Un billete cuadrado

italiano emitido

por la autoridad militar de ocupación



¿un billete cuadrado?



desteñido arrugado apenas

deja ver la inscripción



ALLIED MILITARY CURRENCY

                ISSUED IN

                ITALY

SERIES 1943

                10

              LIRE



viajado en barco

en la bodega

cerca del mar

en tercera

donde más se movía la madera

en la panza del barco



¡cuántas cosas existen!



El billete que la abuela

Michelina me dio












//







Expresiones tales como

corazón salvaje

herido de amor

o muerto de miedo



no alcanzan a decir

lo que quieren

decir sin embargo

no se encuentra

otro modo







Sandro Barrella (1967, Buenos Aires, Argentina)

De: "Los italianos a la guerra", Ediciones en Danza, 2013

Imagen: Facebook de SB

septiembre 13, 2015

Billy Collins: Aquí en Pittsburg


El pescado    




Tan pronto como el viejo camarero 
puso ante mí la orden, el pescado 
se me quedó mirando 
con ese ojo plano iridiscente. 

y cara de qué lástima me das 
comiendo solo en ese restaurante
espantoso, bajo una luz inhóspita
y entre atroces murales de Sicilia.

—También tú me das lástima, arrancado
del mar y ahora ahí tendido muerto
junto a papas hervidas aquí en Pittsburgh
—le respondí alzando el tenedor.

Así mi cena en la ciudad ajena
de ríos y de puentes encendidos
se roció con limón y vino frío
pero también con compasión y pena

aun ya ido el plato y la cabeza
del pescado mirándome y la bóveda
de sus huesos terriblemente expuestos,
con solo perejil como mortaja.



Otros poemas de BILLY COLLINS, aquí
Fuente: http://aurelioasiain.com/2014/01/11/con-solo-perejil-como-mortaja/
Imagen: nytime.com







septiembre 12, 2015

Robin Robertson


Robin Robertson


La stanza delle mosche 



Arde el cuarto en el sol de la mañana,
en las claras ventanas zumban moscas:
golpes y cabezazos en el vidrio. Tronando
una cae de la luz al suelo, negra
vibración susurrante en la pared
previa al arranque y al despegue:
otra vez el gimiente vuelo bajo, otra vez
la incursión infructuosa por el mundo exterior.
Caen en mi mesa y en mis manos, giran
vueltas de espaldas su morosa muerte
en las baldosas blancas, a un lado
y luego al otro, trompos chilladores
que comienzan y paran, en un chisporroteo
de cables en cortocircuito, y gimen
pidiendo un pisotón.


ROBIN ROBERTSON (1955, Scone, Perthshire, Escocia)
Fuente: http://aurelioasiain.com/2014/03/08/robin-robertson-unas-moscas/
Enlaces: http://www.letraslibres.com/revista/poemas/alambrada
Imagen: www.gezett.de

septiembre 10, 2015

Denise Duhamel




Sexo con un poeta famoso





Tuve sexo la noche pasada con un poeta famoso

y, cuando me giré y me vi a su lado, me estremecí

porque estaba casada con otro,

porque se supone que no debía de haber bebido,

porque estaba en una fantástica habitación de hotel

que no reconocía. Debería haberte dicho

a estas alturas que se trataba de un sueño, pero recientemente

un amigo me dijo: «escribe sobre un sueño

pierde un lector», pero no quería perderte

de inmediato. Quería que escuchases

que a mí ni siquiera me gusta el poeta del sueño, que tiene

cuatro hijos, el más joven de mi edad, y que lo encuentro

poco atractivo y sólo le he conocido una vez,

quiero decir en la vida real, y estábamos en una reunión grande

en la que apenas hablé. Me desagradaron

sus comentarios denigrantes sobre las mujeres.

Incluso llegó a emplear la palabra «japo»

lo que me tomé como un insulto manifiesto a mi marido, que es asiático.



Cuando empezábamos a salir, le dije:

«Estuviste hablando en sueños la noche pasada

y te escuché para asegurarme de que no

mencionabas a otra». Mi futuro marido afirmó

que no podía responsabilizarse de su subconsciente,

aquello me preocupó y me hizo pensar que sus sueños

estaban poblados de zorritas rubias en bikini de conejito.

Pero él afirmó que no, que sobre todo soñaba con peñascos

y el océano y volcanes, una climatología peligrosa

de la que era testigo pero ante la que se encontraba impotente.

Le dije: «Yo sueño sólo contigo»,

lo que resultaba romántico, y cursi, y una mentira.

Pero jamás pensé que soñaría con otro hombre

—mi marido y yo nunca habíamos tenido una riña,

mi cabeza se apoyaba en su hombro, mi brazo

alrededor de su vientre que subía y bajaba

toda la noche con la gentileza del agua en un lago.

Si me cruzase con el poeta famoso por la calle

pasaría junto a mí, célebre con sus gafas de sol

y su blazer de coderas de ante,

sin apenas mirar hacia donde me encuentro.

Entiendo que sientas curiosidad por saber quién es el poeta

por eso te voy a confesar que las pistas

que te he dado son imprecisas, he ocultado su identidad

para que ni siquiera puedas adivinar quién es...

Incluso si lo consigues, no te diría que lo has hecho.

No quisiera poner a un extraño en una situación embarazosa,

alguien que probablemente sea una buena persona a pesar de todo,

alguien que probablemente tenía un mal día cuando le conocí,

alguien que probablemente se esté cansando de su fama

—que mi marido y yo percibimos como enorme;

pero, realmente, ¿cuánta fama puede un poeta americano

tener en comparación con una estrella del rock

o un director de cine con un talento similar al suyo? No mucha

y el poeta famoso es consciente, consciente de que no tendrá

nunca el reconocimiento merecido, consciente de que esa cantidad

de poetas noveles que tiran de su manga no han leído sus libros.

Pero sonríe de todas formas, intenta ofrecer su ayuda.

Me explico ¿este poeta tendrá alguna cualidad redentora, no?

Por ejemplo, sus versos yámbicos son bastante correctos.

Si no, ¿qué estaría haciendo yo entre sus brazos?







Denise DuhamelDENISE DUHAMEL (1961, Woonsocket, RI, Estados Unidos de Norteamérica)

Traducción: Fernando López Guisado

Fuente: http://asociacionletrasvivas.blogspot.com.ar/2014/10/sexo-con-un-poeta-famoso.html

Imagen: poets.org





























Sex with a Famous Poet





I had sex with a famous poet last night

and when I rolled over and found myself beside him I shuddered

because I was married to someone else,

because I wasn’t supposed to have been drinking,

because I was in fancy hotel room

I didn’t recognize. I would have told you

right off this was a dream, but recently

a friend told me, write about a dream,

lose a reader and I didn’t want to lose you

right away. I wanted you to hear

that I didn’t even like the poet in the dream, that he has

four kids, the youngest one my age, and I find him

rather unattractive, that I only met him once,

that is, in real life, and that was in a large group

in which I barely spoke up. He disgusted me

with his disparaging remarks about women.

He even used the word “Jap”

which I took as a direct insult to my husband who’s Asian.

When we were first dating, I told him

“You were talking in your sleep last night

and I listened, just to make sure you didn’t

call out anyone else’s name.” My future-husband said

that he couldn’t be held responsible for his subconscious,

which worried me, which made me think his dreams

were full of blond vixens in rabbit-fur bikinis.

but he said no, he dreamt mostly about boulders

and the ocean and volcanoes, dangerous weather

he witnessed but could do nothing to stop.

And I said, “I dream only of you,"

which was romantic and silly and untrue.

But I never thought I’d dream of another man--

my husband and I hadn’t even had a fight,

my head tucked sweetly in his armpit, my arm

around his belly, which lifted up and down

all night, gently like water in a lake.

If I passed that famous poet on the street,

he would walk by, famous in his sunglasses

and blazer with the suede patches at the elbows,

without so much as a glance in my direction.

I know you’re probably curious about who the poet is,

so I should tell you the clues I’ve left aren’t

accurate, that I’ve disguised his identity,

that you shouldn’t guess I bet it’s him...

because you’ll never guess correctly

and even if you do, I won’t tell you that you have.

I wouldn’t want to embarrass a stranger

who is, after all, probably a nice person,

who was probably just having a bad day when I met him,

who is probably growing a little tired of his fame--

which my husband and I perceive as enormous,

but how much fame can an American poet

really have, let’s say, compared to a rock star

or film director of equal talent? Not that much,

and the famous poet knows it, knows that he’s not

truly given his due. Knows that many

of these young poets tugging on his sleeve

are only pretending to have read all his books.

But he smiles anyway, tries to be helpful.

I mean, this poet has to have some redeeming qualities, right?

For instance, he writes a mean iambic.

Otherwise, what was I doing in his arms.

septiembre 09, 2015

Fabio Morábito

Para sentirse vivo



En la naturaleza

todo está de pie:
los árboles,
los pájaros que están
sobre los árboles,
las hojas que se estiran
para limpiarse de las ramas.
Y cada uno piensa que los otros
son el suelo.
Las hojas creen
que toda rama está acostada
y ciega,
los pájaros
que el árbol ya no crece,
que es una especie de ruina,
y el árbol cree
que no hay más árboles,
no cree más que en sí mismo.
Nadie soporta que el sustrato
en que se apoya
tenga una vida propia,
que no esté muerto,
extinto,
que sea ligero.
Para sentirse vivo
hay que pisar una desolación,
algo que ya no tiene nada
que decir.



Mudanza




A fuerza de mudarme

he aprendido a no pegar
los muebles a los muros,
a no clavar muy hondo,
a atornillar sólo lo justo.
He aprendido a respetar las huellas
de los viejos inquilinos:
un clavo, una moldura,
una pequeña ménsula,
que dejo en su lugar
aunque me estorben.
Algunas manchas las heredo
sin limpiarlas,
entro en la nueva casa
tratando de entender,
es más,
viendo por dónde habré de irme.
Dejo que la mudanza
se disuelva como una fiebre,
como una costra que se cae,
no quiero hacer ruido.
Porque los viejos inquilinos
nunca mueren.
Cuando nos vamos,
cuando dejamos otra vez
los muros como los tuvimos,
siempre queda algún clavo de ellos
en un rincón
o un estropicio
que no supimos resolver.

Fabio MorábitoFABIO MORÁBITO (1950, Alejandría, Egipto. Reside en México)
Enlaces: El justificante perfecto
Imagen: losandes.com.ar

septiembre 06, 2015

Constantino Cafavis

Constantino Cafavis

Un viejo




En la sala interior del ruidoso café
un viejo esta sentado, inclinado sobre una mesa;
un periódico frente a él, y ninguna compañía a su lado.

Y en el desdén de su edad miserable,
medita sobre lo poco que disfrutó los años
en que tenía fuerza, el arte de la palabra, y buen aspecto.

Sabe que ha envejecido mucho; está consciente de ello, lo ve,
y sin embargo el tiempo en que fue joven parece
ayer. Cuán breve el tiempo, cuán breve el tiempo.

Y piensa en cómo la Sabiduría lo engaño;
y cómo el siempre confió en ella –¡qué tontería! –
la mentirosa que decía, "Mañana. Tienes mucho tiempo."

recuerda impulsos que contuvo; y cuánta
alegría sacrificó. Cada oportunidad perdida
se burla ahora de su prudencia insensata.

..Pero con tanto pensar y recordar
el viejo devana. Y empieza a dormitar
inclinado sobre la mesa del café.



Velas




Los días de nuestro futuro están ante nosotros
como una fila de pequeñas velas encendidas–
doradas, cálidas y vivaces velitas.

Los días pasados van quedando tras nosotros,
una dolorida línea de velas extintas;
las más cercanas aún humean,
velas frías, derretidas e inclinadas.

No quiero mirarlas; su forma me entristece,
y me entristece recordar su antigua luz.
Miro hacia adelante hacia mis velas encendidas.

No quiero darme vuelta, para no ver y temblar–
cuán rápido la sombría línea se alarga,
cuán rápido las velas extintas se multiplican.



En los peldaños



Mientras bajaba por la infame escalera,
tú salías por la puerta, y por un momento
vi tu rostro nada familiar y tú me viste.
Luego me escondí donde no me vieses de nuevo, y tú
pasaste rápido ocultando tu rostro,
y te metiste a la casa infame
donde no podrías encontrar placer, como yo no lo había encontrado.

Y aún así, el amor que buscabas, yo lo tenía para dártelo;
el amor que yo quería– tus ojos me lo dijeron
tus cansados y desconfiados ojos– tú lo tenías para dármelo.
Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron;
nuestra sangre y nuestra piel entendieron.

Pero ambos nos ocultamos turbados.


CONSTANTINO CAFAVIS (1863, Alejandría / 1933, Alejandría, Egipto)
Imagen: redaccion.lamula.pe

septiembre 05, 2015

Jotaele Andrade: No habrán otros días más hermosos no te apures vida

Jotaele Andrade


Todavía




la pequeña dentellada que nos da la muerte:
su marca azul contra la carne
no es tan diferente al pie sobre el insecto
al golpe en la frente de la res
cada mano ejecuta su pequeña coreografía
sobre los objetos y el amor
cada ojo se ocupa de una parte del cielo
y asimismo los pies que separados
dan un paso
habitamos
un día
el estruendo:

caballos
multitudes

sábanas golpeadas sobre los tendederos
motores

zumbidos
ladridos
pianos que envuelven la herida del aire

no habrán días más hermosos que estos

no sucederán otros días más terribles
que esa bala
o ese cuchillo
entrando en la carne

cada invierno es el mismo invierno
que bosteza su frío
y te arrincona
junto a la rumorosa nostalgia del leño encendido

a la imprecisa tibieza de otros años
donde se confunden los pechos amados
y las débiles voces
de la infancia:

no habrán otros días más hermosos
no te apures vida
no acudirá otro cielo a tu encuentro
otro perro llevando la injuria de la muerte hasta tu mano
no bebas de un golpe esas aguas
hay un mar que te excede
una sal que frota tu herida de nacer
para gastarte en el dolor de tu existencia
yo te digo: no te apures vida
no hubieron todavía días tan hermosos


Otros poemas de JOTAELE ANDRADE, aquí

septiembre 03, 2015

Susana Szwarc











¿Cómo?





Veamos lo real:

por ejemplo el río

-de acá hasta acá

podríamos inventar

una puerta para la casa

pero no-

veamos cómo

porque sí

un viento

tal vez provocado por el mismo río

no arrastra un sombrero hacia su centro

Veamos después

algo más:

la lluvia

que comienza por inundar el sombrero

hace crecer las aguas a tal punto

que nos es imposible seguir viendo

porque lo real salido de cauce

nos ahoga





Susana Szwarc (1954, Quitilipi, Chaco, Argentina)

Fuente: http://www.paginadepoesia.com.ar/arg_szwarc.html

Imagen: susanaszwarc.blogspot.com