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Mostrando las entradas de mayo, 2015

Los poetas y el trabajo: Stephanie Lenox

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Aceptar este trabajo y a la mierda el poema Pronto los niños vendrán a casa habiendo aprendido nuevas obscenidades arrojándoselas el uno al otro a través de un cul-de-sac, que significa «callejón sin salida, fondo de la bolsa que es tu cuerpo». División y subdivisión, cada fin de semana hay una nueva valla tallada en madera en bruto que atrae a más avispones, demasiados tubos de viento a merced del clima. Tu hijo tiene un rompecabezas en un marco con una pieza perdida que ubica a diestro y siniestro tratando de completarlo. Tu perro carece de control y te saluda tan ferozmente que temes que un día se acalore y te muerda la cara. ¿Pensaste qué otra forma de vida era posible? Siéntate, tienes espaguetis de nuevo, y sí, debes terminarlos. Hay días en que eres el mejor humano humanamente posible. Y luego están todos los demás. Si fracasas dirás que es una oportunidad, en tu próxima entrevista. Como la ventana abierta por la que voló el pájaro fue una oportunidad para el perezoso gato domés...

Enrique Solinas traduce a Jane Kenyon

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Notes from the Other Side I divested myself of despair and fear when I came here. Now there is no more catching one's own eye in the mirror, there are no bad books, no plastic, no insurance premiums, and of course no illness. Contrition does not exist, nor gnashing of teeth. No one howls as the first clod of earth hits the casket. The poor we no longer have with us. Our calm hearts strike only the hour, and God, as promised, proves to be mercy clothed in light. JANE KENYON  nació el 23 de mayo de 1947, en Ann Arbor, Michigan, y creció en el Medio Oeste. Obtuvo una licenciatura de la Universidad de Michigan en 1970 y una maestría en 1972. Ese mismo año, se casó con el poeta  Kenyon  Donald Hall, a quien había conocido mientras estudiaba en la Universidad de Michigan. Con él se trasladó a Águila  Pond   Farm  en Nueva Hampshire. Durante su vida Jane  Kenyon  publicó cuatro libros de poesía,   Constance  (1993) ,   Let   evening ...

Rodolfo Godino

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El mirador o una hora con Google Earth   [a Pedro, idóneo]   Atenta a la discusión con el sur   la línea de casuarinas sigue entera   moviendo en el cielo   su apartado sonido;   faltan las acacias   blancas y el gran ciruelo;   la avenida de  siempreverdes  toca   con su sombra la torre del agua   y en el borde del este   los álamos invasores entraron   al monte viejo.   Hay dos zonas   de arándanos, quizás un plan ilusorio   de otro enojado con la muerte   que quiere perdurar en los pequeños   frutos azulados.   La casa, pura artesanía   flotando en la helada distancia,   no cuenta su historia, sólo dura   como un propósito quebrado,   ajena a este ojo aéreo   y a su poder incomprensible.   Adopción del gato errante   [para Kika]   Llegó, quién sabe desde qué reino.   Parecía comprender en tu voz   de madre reciclada   el tono claro...

Alicia Genovese: La noción de infinito

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Retrospectiva y empecé a cantar sobre las lejanías desatadas                                  Vicente Huidobro autopistas rectas                     exhalantes de una pesadez gomosa  humo de las chimeneas de Baltimore              sobre paisajes                                que la velocidad mutila  otro viaje               la ausencia         como un par de párpados  un acá un allá  y la fantasía autobiográfica de las cartas  cielo abierto sobre este asfalto      que se transforma      a ventana en Buenos Aires               cortada por cables de teléfono      el...

Paul Auster

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LOS  murmullos del río, la frescura.  Un resto de aflicción fundiéndose  con lo que aún no tiene nombre.  Estela de la balsa, otoño y fango. Las aguas  de la fuente se agitan y una hebra de algas da vueltas sobre el rancio suero espumoso, al tiempo que un madero claveteado pasa dos veces ante ti, asilo salvador en ojos limpios al fin de dicha. Habla de fuego Te desvías. Te derrumbas. Te yergues. Mecido por el gong de las horas que golpeó el acebo doce veces más callado que tú, algo, puesto en libertad por alguien, salva tu nombre del carbón. Allí te yergues de nuevo, respirando en el sol fantasmal entre hielo y ensueño. He llegado tan lejos por ti: la voz cuyo eco resuena en mí ya no es la mía. PAUL AUSTER  (1947, Newark, New Jersey, Estados Unidos de Norteamérica) De: "Poesía completa", Seix Barral, 2012 Fuente: Facebook 'Paseante Libros' / www.lapoesiaalcanza.com Imagen: www.abc.es

Raúl O. Artola

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R ecién enamorados, empezamos a practicar con las separaciones. Sabíamos que la vida había cambiado mucho en las últimas décadas. Nos pareció sensato ponernos a tono con la época. Al principio nos costó mucho: no era fácil hacer lo que no deseábamos, pero creíamos que eso favorecería el buen curso de nuestro vínculo. Los reencuentros eran apasionados y angustiosos, porque debíamos planificar la próxima separación. Quizás equivocamos los ritmos y plazos de esos distanciamientos. Al cabo de dos años, estábamos separados sin reencontrarnos. Nuestros conocidos aprobaban que nos hubiéramos adaptado tan bien al espíritu de los nuevos tiempos. Otros poemas de Raúl O. Artola,  aquí De: "Registros de hora prima", Ediciones La carta de Oliver, 2014 Imagen: bariloche2000.com 

Arena que la vida se llevó

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Anotaciones  Algunos letristas de cualquier género no escriben poemas (aunque lo parezcan), escriben canciones. La lira al rincón de los siglos. Otros juegos, otra Corte de nobles Homero Manzi se anticipó a cualquier clasificación:  "Yo no soy un hombre de letras, escribo letras  para los hombres".  "Sur, paredón y después... Este Homero escribió uno de los mejores versos de la canción de Buenos Aires. Google Analitys me señala que a mi blog lo visitan mayormente personas de la franja de los treinta, cuarenta años. Para ellos, el paredón será  imaginado cubierto de graffitis, de color. Para mí, es inevitablemente gris.  El paredón achata el paisaje, pero el "después" crea la perspectiva, y además, la anima, porque 'después' también denota tiempo. Sur                                              Letra de Homero Manzi y música de Aníbal Troilo S...

James Wright

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A winter daybreak above Vence The night's drifts Pile up below me and behind my back, Slide down the hill, rise again, and build Eerie little dunes on the roof of the house. In the valley below me, Miles between me and the town of St.-Jeannet, The road lamps glow. They are so cold, they might as well be dark. Trucks and cars Cough and drone down there between the golden Coffins of greenhouses, the startled squawk Of a rooster claws heavily across A grove, and drowns. The gumming snarl of some grouchy dog sounds, And a man bitterly shifts his broken gears. True night still hangs on, Mist cluttered with a racket of its own. Now on the mountainside, A little way downhill among turning rucks, A square takes form in the side of a dim wall. I hear a bucket rattle or something, tinny, No other stirring behind the dim face Of the goatherd's house. I imagine His goats are still sleeping, dreaming Of the fresh roses Beyond the walls of the greenhouse below them. And of lettuce leaves ope...

Marsden Hartley

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Este milímetro Este milímetro de experiencia sintética que por un defecto de expresión algunos por hipocresía llaman Dios como el águila pescadora sobre la bahía que inscribe incompletos círculos temerosa de que esos seres imaginarios llamados muertos en el pequeño cementerio sobre la colina sofocados por las rosas salvajes levanten una polvorienta ceja y apostillen: pobre ave anegada de incompletos círculos mientras las rosas salvajes nos sofocaban todos las hemos probado alguna vez –desde el cénit del polo norte a los crujientes bordes de los Orizabas de nuestras indoctas imaginaciones hemos aspirado la gardenia y la magnolia de nuestros débiles orgullos hemos acariciado los bordes de las piritas y los bloques de azufre y amatista en los museos de geología como el águila pescadora sobre la bahía como el triángulo de ocas y los largos desfiles de oscuros patos hacia el sur de nuestros mustios sueños– en otras palabras hemos inscrito con fuerza nuestras insurrecciones y hemos hallado h...