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agosto 29, 2020

Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti



“Dejo que sean ellas, las palabras, las que me visiten” 

Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” de la legislatura bonaerense (1996), Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2019). Es Miembro de número y Secretario General de la Academia Argentina de Letras y Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Con Carmen Iriondo ha traducido del inglés una antología de la poesía del poeta polaco Czeslaw Milosz, que fue publicada en la revista “Hablar de Poesía”. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía de Ediciones del Dock, en la que ha publicado “Una conversación infinita” (2016) y tiene en prensa otro libro de ensayos titulado “Continuidad de la poesía”. La Editorial Vinciguerra publicó su ensayo “Del hablar en figuras” (2016). Su poesía se encuentra reunida en “Antología poética” (FNA, 1997), “Cármenes” (Vinciguerra, 2003), “En la mesa desnuda” (Ediciones al Margen, 2008), “Eolo y otros poemas” (Editorial Brujas) y “Poemas escondidos y un epílogo” (Lágrimas de Circe). Poemarios publicados entre 1966 y 2019: “Altas lluvias”, “Campo visual”, “Rara materia”, “El príncipe de la fiesta”, “El invierno lúcido”, “La colina”, “Lengua madre”, “El orden de las olas”, “Ágora”, “Todas las mañanas”, “Viento extranjero”, “Y el mundo está ahí”.

1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

RFO: Debo retrotraerme a mis doce o quince años, en La Plata, a un día violento de otoño en el que las hojas de los plátanos volaban y se arremolinaban en la vereda con el anuncio de una tormenta inminente. Ahí me cayeron unas primeras líneas que bosquejaban la idea de un mundo sustraído de su orden, arrebatado por el torbellino del viento y seguido en mí de algo interior parecido a un reclamo de piedad. No hago esfuerzos por recordar esos versos (más bien, hago el esfuerzo de olvidarlos), ya que dicho primer intento no era más que una expresión subjetiva y no la pieza literaria y susceptible de compartir que constituye un poema.

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RFO: Con la lluvia y las tormentas tengo un sentimiento dual: por un lado, me encantan, en cuanto a voluptuosidad, energía e ímpetu; por otro, me sobrecogen porque, mientras duran, me dan la impresión de que han venido para quedarse. Tal vez se filtra en esto último el recuerdo de la vieja casa de mi infancia, de techos altísimos y azoteas embaldosadas, en la que con cada tormenta no faltaba la gotera insidiosa quebrando, como un intruso, la vida doméstica. 
Las otras propuestas son variadas. Vayamos de a una. Con la sangre no discuto, ni aun metafóricamente; está ahí, como un río vital y yo me limito a dejar que siga cumpliendo su tarea. La velocidad no me seduce si no es como condición para que las cosas anheladas ocurran más pronto. Y a las contrariedades las tomo como parte de la vida: una tarea a afrontar.  

 3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?... 

RFO: Por su larga tradición literaria, la palabra inspiración tiene un lugar ganado que no voy a controvertir. Podría sustituirla por las expresiones “precipitado psíquico”, “tropel de palabras”, “don”, “dádiva”, “estado de inocencia”, que marcan, de igual manera, la libertad imaginativa y el afán constructivo que son antesala del acto creador. Lo que tengo claro es que sin ese disparador la escritura de poesía demora su inicio. Pero tampoco apuesto todas mis fichas a su aparición inconsciente. Creo que la obra de creación es fruto de un don y una tarea; que el poeta es “tocado” por la poesía y que es, asimismo, un artesano de la lengua. Lo que se expresa de manera bastante adecuada diciendo que la obra “nace” y “se hace”. Y arriesgaría que este último factor es insustituible, pues durante el “quehacer” el autor calibra la potencia del material recibido en bruto, examina la originalidad de sus contenidos, se impone una estrategia y una dirección, basado en su experiencia en cuanto a los límites del lenguaje y a sus propios límites. 

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RFO: Me gustan los libros de memorias y los diarios de escritores, en cuyas páginas podría rastrear “avatares”, pero lo cierto es que me detengo más en las obras que en el anecdotario sobre sus vidas. Incluso, te diría que cuando sus aventuras y/o peripecias se sobreponen a la obra y tienden a reemplazarla, el autor deja de interesarme en relación directamente proporcional al hecho. Pienso, por caso, en la vida de H. W. Auden, de quien hay bastante material sobre sus aconteceres, desplazamientos y amores, pero que no llegan —en mi caso, al menos—, a desplazar el interés por sus poemas capitales, a los que vuelvo una y otra vez, ya estén situados en Oxford, Hamburgo, Cintra (Portugal), Viena o Nueva York. 
Admito dos excepciones a esta regla y ellas son: Rimbaud y su corta vida de disconforme social tanto antes de escribir sus tres obras capitales como después de renunciar a la literatura, y Oscar Wilde, con sus humoradas de dandy, que son toda una celebración de la inteligencia (aunque, a mi juicio, en la medida que el testimonio proviene de sus propias páginas, también forma parte de su literatura).

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RFO: Me encantan los refranes por esa cualidad que los hace surgir de los labios en el momento preciso en que la ocasión lo requiere. “No hay mal que por bien no venga” (la aceptación de lo irremediable); “En casa de herrero, cuchillo de palo” (la condición insustituible de la experiencia); “No por mucho madrugar se amanece más temprano” (el valor del azar y lo imponderable); “Al mal tiempo buena cara” (la voluntad como conducta); “A caballo regalado no se le miran los dientes” (la gratitud); “Cada loco con su tema…” (vivir y dejar vivir); “Cuando el río suena, piedras lleva” (el valor de lo secreto); “Donde hubo fuego cenizas quedan” (el tesoro de lo vivido); “Genio y figura hasta la sepultura” (la huella de la estirpe); “Lo cortés no quita lo valiente” (la sociabilidad ); “Ojos que no ven corazón que no siente” (la lección de que no todo puede ser dicho ni es bueno oírlo todo). Y podría seguir.

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RFO: Debo decir que las obras que más me han estremecido son: “La Odisea”, los diálogos platónicos, “La Divina Comedia”, “Don Quijote de la Mancha”, nuestro “Martín Fierro”, la poesía de Borges y de Czeslaw Milosz. En estado de perplejidad (si por esto entendemos duda, incertidumbre, confusión), el “Ulises” de James Joyce; si, en cambio, le damos la acepción de sorpresa, asombro: el poema “Un coup de dés” de Stéphane Mallarmé y la música de Gustav Mahler, particularmente el Adagietto de la Sinfonía nº 5.  

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RFO: No sé si será por autocompasión o por sabia distribución de los recuerdos, pero no me viene a la cabeza ninguna situación irrisoria de la que haya sido protagonista. ¡Aunque sí, ahora me llega una de mi más remota infancia!: cuando en la plaza de mi barrio, ante la mirada de la chiquilina que me quitaba el sueño, patee una pelota y se me fue el zapato con el impulso.

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RFO: Algo ulterior reservado para los otros, pero de modo muy críptico. Un espacio que no parece ser muy amplio, ya que no todos tienen cabida en él. Hay poetas a los que les es dada sólo por un poema o por una línea (“Música porque sí, música vana…”, Conrado Nalé Roxlo). A la mayoría les es negada esa misteriosa suerte.

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan? 

RFO: No necesariamente me aplastan. Por lo normal, me muevo cómodo en ellas. Me gusta volver a los mismos sitios, releer los mismos poemas y conversar con las mismas personas. Siempre descubro nuevos perfiles, otras inflexiones, una renovada riqueza en los reencuentros. 
Las colas en los bancos y oficinas, en cambio, con su cuota de expectación y desvelo, esas sí me abruman. Solo las sobrellevo suscitando animosas (tanto como efímeras) tertulias con los otros abnegados penitentes que me preceden o con los que me siguen en la espera.

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RFO: Como cristalización de una modalidad de escribir puede constituirse en una limitación en la trayectoria del escritor (en un “amaneramiento”, como dice el escritor y periodista español). Pero esto ocurre cuando se apaga la inventiva y el escritor persevera en una retórica que ya no aporta sorpresa ni novedad ni mérito. Esto produce obras que no son otra cosa que un calco de lo ya hecho. 
Desde otro orden más valioso, el estilo (de stilus, punzón para escribir y, por derivación, marca, señal) es un código de identificación y, para el escritor, una conquista: la posibilidad de ser destacado por su peculiar uso del lenguaje, de entronizar un horizonte comunicativo propio, de darle oportunidad al lector de saber a qué atenerse al tiempo de elegir sus lecturas.  

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente? 

RFO: Rechazo la mentira, la indiferencia, la mezquindad, el pensamiento único. Pero me cuido de ser violento, pues allí es donde se acaban las palabras. Entre las ramas de la filosofía y, por ende, del comportamiento, que más me interesan está la hermenéutica. Amo, pues, los detalles, “los divinos detalles” de los que hablara Vladimir Nabokov para la literatura. 
Y entre los sucesos que me hartan, pongo a la cabeza las peroratas de aquellos que, por falta de argumentos, derivan en la gesticulación y el grito. No tolero a los gritones. Por el contrario, soy proclive a gustar de la vida a través de un cierto pathos (expresión tan difícil de definir, pero que, para mi economía, la traduzco como un cierto dramatismo interior ante el misterio del otro y de lo otro).

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RFO: No lo dudo: yo, niño de cuatro años, en el campo, con boina negra y faja de igual color en la cintura, montado en el caballo alazán que me regaló mi padre (al que bauticé, apenas lo vi, con el nombre “Rubio”, por mi ignorancia sobre el pelo de los caballos).

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RFO: Me hubiera gustado acompañar a Don Segundo y a Fabio Cáceres durante su arreo de ganado por los pagos del Tuyú, dormir junto a ellos a cielo abierto, observando las estrellas y oyendo el rumor sordo de los animales sobre la tierra (“Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes). Luego, más ambicioso, viajar con Odiseo por todo el Mediterráneo durante el camino de su regreso a casa, pero sobrevivir, eso sí, como él, a las peripecias de la aventura (“La Odisea”).

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RFO: Es lo que, no sin laxitud, denomino “lo indeterminado” (el ápeiron griego), aludiendo con ello al material del que se vale la poesía para dar estatura verbal a lo que de indecible, tácito e inexpresable tiene el mundo en que nos movemos. Todas esas instancias son estaciones y disparadores de la poesía, entendida como la operación de esclarecimiento y puesta en acto de lo que carece de una definición concluyente. Todas ellas permiten repetir con Rimbaud: “Je est un autre”, “Aquí no hay nadie y sin embargo hay alguien”.

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías? 

RFO: Como le escuché decir cierta vez al poeta Alberto Girri, “De ese lado no duermo”. Por lo que me cuesta destacar un artista o una obra en la que primen dichas expresiones. Exceptúo de este rechazo al “ingenio”, que, por el contrario, sí me seduce, y que tiene la virtud de conducirme, inevitablemente, a un nombre y a una obra que son su paradigma: Cervantes y El Quijote.

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RFO: No aprecio la efusividad sentimental, la incontinencia verbal, la teatralización de los afectos. Estoy formado en una ética austera que traza una línea entre la vida privada y la pública. 
En cuanto a las imprecisiones preferidas, destaco aquellas que son fruto de los matices, de las distintas gradaciones del color, de los claroscuros de la emoción. Me refiero al horizonte de lo aún no pronunciado. 

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RFO: Fui durante más de treinta años funcionario judicial y esto me adiestró en tratar de ser ecuánime y en poner humildemente en práctica la levinasiana responsabilidad anterior, preexistente, ante el otro (Emmanuel Lévinas). Y mi poesía se llevó bien con esa conducta, ya que me acostumbró, a su vez, a prestar atención a lo distinto —aún más, a interesarme por lo distinto—, como provechosa lección para reflexionar y a la cual —como un deber— adaptarme.

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RFO: No el mundo, sino, en todo caso, ciertos episodios, temperamentos y etapas del mundo. La crisis económica del ‘30 y las casi inmediatas guerra española y segunda guerra mundial fueron, sin duda, algo detestable, en las que se vieron las peores caras de la criatura humana. Pero el mundo tuvo y tiene otras caras más dignas. Pensemos en la mirada —contemporánea de aquellos sucesos— de Nikos Kazantzakis, oponiendo a la tragedia la ternura vital de “Zorba, el griego”. O en esta otra gema de conciliación y esperanza que afirma: “De vez en cuando la vida / toma conmigo café…” de Joan Manuel Serrat. 
Tengo una visión más positiva que la propuesta por “Cambalache”. Pero no voy a refutar a Discépolo. El poema tiene una unidad semántica, sonora y estilística que hacen de su reproche social una “verdad” de probado valor artístico. Entiendo, no obstante, que lo suyo fue una respuesta puntual a hechos y circunstancias también puntuales, que universalizó a fin de darle mayor impacto a la emoción.

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RFO: Sócrates, Jesucristo y Leonardo. Tres esferas bien distintas (introduzco también la dimensión trascendente) en las que encuentro valores que me asisten y me fascinan: Sócrates por la fidelidad a sus convicciones, Jesucristo por instaurar la doctrina del amor y Leonardo da Vinci por apostar su potencia creativa a la carne y a la geometría con la misma intensidad.

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RFO: No sé si “a mandíbula batiente”, pero sí con probado encanto, en mi infancia estuve más inclinado a reír con Laurel y Hardy que con Chaplin. Ahora la preferencia se ha invertido y es Chaplin quien me produce mayor contento. Eso sí: con la atención creciente puesta en el humor cultivado y acrobático de Buster Keaton. 

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RFO: Con resignación y alguna cuota de humor, ya que a esta altura de la vida sé muy bien que los ideales no siempre se alcanzan. Que son metas, vislumbres, puertos. Que su mayor virtud es la de imponer un rumbo (como la de esos faros que no evitan los naufragios, pero ayudan a continuar la navegación).

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RFO: Con el amor, bien: creo que sé querer y siento que soy querido (aunque de nada de esto hago una manifestación). Contemplación es lo que hago a diario (frente a la naturaleza, ante las personas y los sentimientos, desarrollando la experiencia de las formas simbólicas). Con el dinero nunca se sabe, pero como soy sobrio no siento carencias. La religión es el gran horizonte: la palabra misma encierra en su raíz latina una acción que me reconduce: religare. Y, por fin, con la política no he mantenido otro vínculo que el de procurar comportarme como buen ciudadano, atento a mis deberes y celoso de mis derechos. 

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RFO: En primerísimo lugar: a un programa televisivo conducido por un gritón que desde hace años festeja falazmente a sus participantes y con igual énfasis se burla de ellos, antes, durante y después de sus números de danza.

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RFO: El corto tramo que va desde la calle 7 y 61 de La Plata, en donde estaba mi casa familiar, atravesando la Plaza Rocha hasta la diagonal 78 entre 5 y 6, donde vivía mi amigo Horacio Castillo. Tanto de ida como de vuelta, infinidad de veces transitamos ese recorrido para compartir una lectura, leer un poema recién escrito o confiarnos algún secreto —normalmente feliz— de nuestras vidas.

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RFO: Ay, Rolando, me ponés en un brete. No soy proclive a los juegos de ingenio ni a las adivinanzas. Las palabras son para mí un mundo dentro del mundo. Hablan de las cosas, pero no son las cosas. Dejo que sean ellas las que me visiten, para recién luego comenzar yo mi labor. De don y trabajo, he hablado antes, con la mira puesta en conferirle forma verbal al impulso que me lleva a escribir. Me quedo, pues, del lado de Dylan Thomas, cuando muestra asombro (él le llama “enamoramiento”) frente a las palabras: “Ahí están ellas, aparentemente inertes, hechas de blanco y de negro, pero de su propio ser surgen el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración, todas esas abstracciones que hacen peligrosas, grandes y soportables nuestras efímeras vidas” (“Manifiesto poético”).

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RFO: En las zonas bancarias, al mediodía, cuando lo único que parece importar son la suma y baja de las cotizaciones en las pizarras de la Bolsa y los sueños profanos de sus intérpretes. Pero también mueren en las páginas mal escritas, en las obras traducidas sin rigor y en la impotencia de la propia lengua para elaborar la palabra que falta.

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RFO: Sí, puedo. Las obras me deslumbran por su capacidad retórica y por la imaginación que despliegan. Cuando esto se cumple, me rindo ante su presencia y en mi interior siento crecer un entusiasmo que se expresa muy bien con la palabra “admiración”. 

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RFO: Siento desilusión y trato de comprenderla. Luego vendrán otros resortes del espíritu menos nobles que me llevarán a imaginar intenciones ocultas (que normalmente cierran en algo mucho más simple: se olvidó). Pero lo cierto es que difícilmente puedo borrar del todo ese olvido: su mutismo ulterior queda flotando en mí con la fuerza de una interrogación. 

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

RFO: Admiro a los dotados de gran inteligencia, rica sensibilidad, probada maestría, vasta cultura, sano liderazgo. Y entonces aparecen en desordenado tumulto: Georges Steiner, Simone Weil, René Favaloro, Jorge Luis Borges, José de San Martín.

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RFO: Pienso que ambas cosas: me pertenecen y soy movido por ellas. Aunque debo decirte que me veo menos sujeto a las pasiones (en cuanto fiebres o fanatismos) que a los entusiasmos (más próximos al buen ánimo y la alegría), seguramente por la contención que opera en mí en cuanto a los excesos. Las pasiones son más fuertes y duraderas que los entusiasmos, aunque las dos confieren una vitalidad que me impulsa a ir más lejos.

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RFO: Me viene uno a la mente: el artista plástico británico Damien Hirst, que expuso un tiburón dentro de una caja de vidrio con formol. Comprendo que la novedad y la sorpresa son componentes del fenómeno artístico, pero creo advertir que algunas modalidades del arte conceptual y de las instalaciones abusan de la idea como arte, descuidando el valor atinente a la realización en sí de la obra. De todos modos, la exaltación de la obra de arte nunca es perniciosa, pues el tiempo se ocupa de poner las cosas en su lugar. 

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RFO: No creo que el amor sea “por naturaleza” asimétrico. Dicha condición ha de ser, a lo sumo, uno de los tantos episodios del amor. Extremar el punto de vista es uno de los recursos de la construcción poética y de todo el arte en general, con el objetivo de ensanchar el escenario de expectación. Seguramente, eso es lo que hizo Luisa Futoransky.

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RFO: El amanecer, soy diurno. Mis horas preferidas son las de mayor luz natural, cuando todo parece comenzar o recomenzar. Flaubert escribía durante la mañana, dormía una corta siesta y luego corregía lo escrito durante la tarde y hasta muy entrada la noche. Yo veo con simpatía esa modalidad, solo que siesta no duermo y que pongo término al día antes de la medianoche. La caída del sol me estimula para la conversación. 

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RFO: Recuerdo con felicidad de oyente la reunión cumbre entre Astor Piazzolla y el saxofonista Gerry Mulligan, allá por los años ‘70, y la más reciente entre los tres tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Me gustaría asistir a otras que idealizo: la de Sócrates y Platón, la de Keats y Shelley, la de Michel de Montaigne y Étienne de La Boétie. Y aquella también eminente (epistolar en su última etapa) entre Walter Benjamin y Theodor W. Adorno.

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RFO: No soy ajedrecista; observo el juego desde afuera, pero siempre me ha seducido ese modo pacífico de concluir la partida que es “hacer tablas”. Lo tomo como una invitación a reiniciar la partida.
Traslado esa figura a la vida y me consuela con su imagen de no vencer y no ser derrotado. Hacer tablas, empezar de nuevo, mover otra vez los peones. El misterio se mantiene intacto. 


Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires, distantes entre sí unos 415 kilómetros, Rafael Felipe Oteriño y Rolando Revagliatti, 20 de agosto de 2020. 

www.revagliatti.com 

Poemas de RAFAEL FELIPE OTERIÑO, aquí
Imagen: Asociación de Academias de la Lengua Española

agosto 26, 2020

Bruno Di Benedetto: A Miguel Ángel Morelli

Bruno Di Benedetto


ESCRIBIR EL BOSQUE 




¿Se podrá escribir un bosque? No contar el bosque, sino
construir el bosque con palabras: tallarlo con la lengua 
en ese bloque oscuro que es una precipitación de mil voces
en el vaso químico del tiempo: el reverbero de mil gargantas
muertas en una garganta viva, el fino espesor de mil bautismos.
El problema es que los bosques crecen desde abajo, y el poema
crece desde arriba: habrá que empezar a edificar en el aire:
necesitamos un pájaro que nos defina eso que llamamos cielo
que ni es cielo ni es azul, lo sé, pero pasa una bandurria
con su pico egipcio y su grito estridente y no hay lugar para dudas:
eso es el cielo, que es cielo y es azul en el corral de la montaña.
La montaña es fácil de hacer: empujar durante un millón de años
el basalto sobre el basalto, confiar en el fuego central del planeta.
Lo difícil es el bosque, su ciencia húmeda y oscura, su frescor:
el escalofrío que te da tocar la piel de un arrayán en pleno verano,
la sentencia del ciprés, el grito rojo de la lenga en el otoño,
la amistad del coihue con el agua, poner en palabras el amor
al coihue, sus filigranas al sol, el sol colándose apenas entre las hojas
el arroyo mínimo que te da de beber, el plano inclinado de tu deseo
de ser bosque, de ser árbol, la sombra que te ata a la tierra negra,
la tierra negra hecha de millones de cadáveres de pequeños bichos,
de hojas amarillas, de troncos podridos, de gusanos, de mariposas,
de gentes marrones, rojas, amarillas, blancas: gente igualada
por el reclamo del humus, juez implacable que no perdona
pero consuela: de lo negro vienes, a lo negro vas: 
el cielo de los árboles empieza por abajo.
Y de ahí nace el bosque.



Otros poemas de BRUNO DI BENEDETTO, aquí
MIGUEL ÁNGEL MORELLI (1955, Coronel Suárez / 2020, Quilmes, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Libros publicados:
Piedra blanca sobre piedra negra, 1980 (poesía).
Los signos de fuego, 1989 (poesía).
Fragmentos de un cielo impenetrable, 1998 (poesía) Faja de Honor de la SADE, 1999.
Humanos, casi humanos, 2009 (poesía).
Despojos, 2010 (poesía).
Despojos, 2010 (poesía).
Una sombra maldita, 2014 (narrativa).
Borges y el libro de los libros, 2019 (narrativa).


agosto 23, 2020

Diego Alfaro Palma: Bajo una luz, en pie de poesía.


Umbral  




Inútilmente darás la vuelta a la esquina 
y continuarás con tu trabajo. 
Una sílaba deshaciendo una gota 
y la lluvia no se detiene 
por lo que se puede distinguir. 
Así cada uno partirá con sus noticias 
descoloridas y ya húmedas, 
cada palabra tiñe el silencio de los dedos 
y a la luz de un farol en un charco 
-empapados por las circunstancias atravesaremos 
los pesados goterones del umbral. 
Cuando nos vamos no sabemos que nos vamos 
creemos cerrar una puerta, sellar el cerrojo 
aferrándonos a una manilla como a una promesa. 



Paseante número cuatro




Las ruedas de la bicicleta girando
como un cinematógrafo proyectando lo invisible
entrecortando instantes y miradas
trenzando aire con aire entre tus cabellos.
A la manera de una equilibrista
cargas una colección de estampillas
esquivando la lluvia de primavera
y los pajarillos que nunca desearon nacer.
Una única esperanza se desliza
hasta caer en lo imposible:
pedalear bajo el árbol de flores rojas
al que declaraste tu amor
perseguir tus extravagantes vestidos
perderte en el último vagón del metro
o en un oscuro salón de museo:
sellar la vida con unas cuantas palabras.



Bibliotecario 





Reconocerse en un poema de Philip Larkin
puede parecer tan desolador
como la fotografía de un carrusel bajo la lluvia.
Las soledades que vienen y van
pueden ser tan cansadoramente inútiles como la literatura
sin embargo
de una u otra forma volveremos a ellas
como a aquel viejo paraguas que desdeñamos
por sus extravagantes colores. 
Pero más allá de estas vagas lamentaciones,
el deseo de estar solo
bajo una luz, en pie de poesía,
desconociendo -desde altas ventanas
la miserable estulticia
de las chicas bellas, arpías que dolorosamente
anidaron en tu vergüenza.



Diego Alfaro Palma
DIEGO ALFARO PALMA (1984, Limache, Chile)
De: "Paseantes", Ediciones del Temple, 2009)
Enlaces: Revista Cantera|  Proyecto Patrimonio | Vallejo&Company |Evaristo Cultural (Entrevista) 
Imagen: Patología culturales




agosto 20, 2020

Neil Leadbeater


River Hoard y Penn Fields: nuevos títulos del poeta escocés Neil Leadbeater   

Introducción y traducciones: Luis Benítez

El poeta, ensayista, crítico literario y narrador Neil Leadbeater nació en 1951, en Wolverhampton, Inglaterra. Se graduó en Repton School, Derbyshire, University of London (1973). Su obra poética se completa, hasta la actualidad, con los siguientes volúmenes:  Hoarding Conkers at Hailes Abbey (Littoral Press, 2010); Amazing World (Atlantean Publishing, 2010), Librettos for the Black Madonna (White Adder Press, 2011), The Worcester Fragments (Original Plus, 2013); The Loveliest Vein of Our Lives (Poetry Space, 2014), Finding the River Horse (Littoral Press, 2017) y Punching Cork Stoppers (Original Plus, 2018). Sus obras forman parte, entre otras, de las siguientes antologías: The Review of Contemporary Poetry (Ed. Gary Bills) (Bluechrome Publishing, 2005); 101 Poets For a Cornish Assembly (Ed. Les Merton) (Boho Press, 2006) y The Real Survivors Anthology (Ed. Barry Tebb) (Sixties Press, 2006). Poemas y cuentos de su autoría han sido publicados en numerosas revistas de Gran Bretaña, Irlanda, Estados Unidos, Canadá, Chipre, Grecia, Rumania y Argentina. 
Sobre las obras
River Hoard (Cyberwit.net, Allahabad, India, 2019, 60 pp., ISBN 978-93-88125-83-3) y Penn Fields (The Littoral Press, Suffolk, Gran Bretaña, 2019, 86 pp., ISBN 978-1-912412-17-4) son dos títulos que vienen a confirmar la madurez estilística del destacado poeta escocés. Caracterizada su poética por una aguda y sutil visión de las interrelaciones personales, donde no falta el humor benevolente, asimismo Leadbeater es un aplicado observador de la vida natural y es de sus cruces con la experiencia humana de donde extrae el poeta imágenes, reflexiones y metáforas que apuntan a definir mejor todavía cuál es nuestra genuina condición contemporánea.
Como acertadamente señaló el poeta Peter Thabit Jones, editor de The Seventh Quarry, “Neil Leadbeater siempre ofrece al lector poemas consumados y muy interesantes. Su amor por el mundo natural domina sus temas principales y sus precisas observaciones tienen un poder delicado y duradero”. Amén de lo conceptual, son el estilo y la manera de decir de Leadbeater los que más hacen por interesar a la sensibilidad de sus lectores, como lo destacó el poeta y narrador escocés David Mark Williams: “Los poemas y los poemas en prosa de Neil Leadbeater tienen la propulsión de una película del camino: encantadores, cautivadores y vívidos. Aparentemente casuales, en realidad son muy elaborados. Neil Leadbeater sabe de qué se trata. Su voz es áspera y abierta, resonante y memorable”.


Royston




Fue en Royston donde cambiamos de tren: la
última extensión de Great Northern Electrics,

el principio y el fin.

Ahora viajamos en el expreso del mediodía,
como volando a través de Royston con las ventanas bajas.
Todo este sitio, hasta donde alcanzamos a ver,
posee más edificaciones que antes.
El punto de cruce de antiguos caminos: El Neolítico y el Romano.
El suelo pobre, con caliza cercana a la superficie.
Por veinte segundos los edificios
precipitándose velozmente por la línea…

Hoy eso es Royston.


La transmisión nocturna




Debe haber sido cerca de la medianoche
cuando encontramos el camión quemado.

Una antorcha iluminó el avance trasero
de las moscas nocturnas, todo tipo de
polillas asustadas
que daban vueltas alrededor de la estructura.

Debajo del tablero estaba la radio. Un sonido claro
y autoritario de campana
entonando las sagradas trilogías ...

Al borde del bosque,
la transmisión del programa cayó entre espigas de trigo.

El texto era casi bíblico.


En el museo Fitzwilliam, Cambridge  



Una tarde en interiores frescos.
Evitando el calor, tenemos la compañía
de las estatuas griegas y romanas,
hablamos en susurros sobre las momias egipcias,
no sea que perturbemos la paz.
Incluso el arte de escaleras arriba está en silencio.
Las Escuelas Italiana, Flamenca y Española,
expertas en guardar secretos,
permanecen dentro de sus marcos.
Los silenciosos asistentes se mueven con cuidado
mientras van de habitación en habitación.
A veces se ponen de pie para reflexionar
como si se tratara de un tema de filosofía.
En el fondo lo saben todo,
han absorbido la sabiduría de siglos.
Son los orgullosos custodios
de todo lo que examinan.
Ellos quieren que todo siga así.


poesía inglesa
NEIL LEADBEATER (1951, Wolverhampton, Inglaterra)
Fuente: Red y Acción | Todo Literatura
Enlaces: Círculo de poesía 
Imagen en Letralia

agosto 17, 2020

María Clemencia Sánchez: He sido la amanuense del fenecer de los siglos

El velorio de la amanuense 



Escribí la larga estela de tus árboles
a imagen y semejanza de tu dictado.
La luz que quisieron tus ojos
son hoy de las hojas
palabras detenidas
que la arena de las diásporas entierra.
He sido la amanuense del fenecer de los siglos
recolectora de veranos vacíos
bajo un olmo fértil que no existe.
He ido a averiguar en la antigua vegetación
de las estepas
el nacimiento de los limos.
Hoy, dueña de voces extrañas,
paisajes ajenos que no comprendo
añoro una voz para decir el árbol
que ronda mis sueños, el nombre de una mujer
que semeja el descenso de las mareas,
y el diálogo interrumpido que sostengo
con el ángel.


Avenida Helen Keller en el cruce de la calle 15



Vaya lugar para una cita de amor.
aquellos que acordaron el reencuentro
en la Avenida Helen Keller,
en el cruce de la calle 15,
a las cinco de la tarde, hora de Lisboa,
jamás se encontraron.
Cruzaron tan cerca que no se vieron.
Tropezaron con el viento frío
que venía de ese muelle
donde Fernando y los otros
huyeron como niebla.
La rosa, la misma rosa de Keller,
en las manos de estos amantes,
afilaba sus espinas,
justo cuando el día
auguraba la hora ciega
del olvido.



Tranvía en una calle de Lisboa
MARÍA C. SÁNCHEZ (1970, Itagüí, Colombia)
Fuente: Aurora Boreal
Imagen: Jonhatan Lukas en Flickr


agosto 16, 2020

Bryam Herrera Jurado: Porque el hombre es numerable


Derrotado de antemano


                                     pero feliz


declaro que un hombre


es menos que los hombres





porque el hombre


es numerable


eso no ocurre con la luz





pero un deseo


                       su deseo


es imposible


como ahora que me doblo sobre mí





y dos hacen pensar


que a lo infinito lo sigue lo finito





las palabras


cuando no van a ninguna parte


hunden sus huesos


dentro de nosotros.














a Candelaria Carreño





Tu cuerpo yace

recogido

              extenuado

como queriendo desaperecer

como queriendo estar

                                    en todas partes

exótica reliquia

                          sin significado

aunque enteramente significante

templo o rito

                      de otro tiempo

lo vano nunca cabe en ti



por eso me consumo

                                  dividido

en tu interior

de un momento a otro

y salgo

            creces

                       vuelvo

te proyectas

aunque nadie más te pueda ver



pez de lago y no laguna

piedra arrastrada por un río

sin raíz

nuestras noches son un ramo de palabras

y silencios

roces

         vacíos

                   movimientos

que también son palabras



a veces pienso en los felinos

y en su delicada y digna soledad

que e sotra forma

de no estar solos

                             extraña

                                          auténtica

como la que empieza el martes a las diez

como la que cabe entre tus dedos

y mis dientes

que se repite

                     y se repite

silueta de un único animal.







Bryam Herrera Jurado

BRYAM HERRERA JURADO (1990, Cusco, Perú)

De: "El lumpen y la melancolía", Barnacle, 2020

















agosto 11, 2020

Richard Wilbur






Vergüenza 












Es un estado encerrado y pequeño, sin ninguna política exterior 


salvo ser considerado inofensivo. La gramática del lenguaje 


jamás fue descifrada, debido a la costumbre nacional 


de dejar que cada frase se desvanezca confusa. 


Quienes han visitado Scusi, la ciudad capital, 


cuentan que la ruta ferroviaria desde Schuldig 


atraviesa la campiña, mayormente descrita como chata.


La oveja es el producto nacional. La borrosa inscripción


en las puertas de la ciudad podría traducirse de este modo:


“Me temo que no hallarás aquí gran cosa de interés”.


Los informes de censo que indican población cero


no son –por supuesto– de confiar, salvo como reflejo


de la confusa insistencia de los nativos


en cuanto a que ellos no cuentan, así como de su modesto horror


a dejar que el sexo de uno se conozca sin rodeos.


El gris uniforme de los edificios indistintos


y la ausencia de iglesias o baños públicos


han dado a los observadores la extraña impresión de miseria ostentosa,


y debe decirse de los ciudadanos


(que andan murmurando en sus rasposas pieles de oveja,


empacándose ante las grietas de las veredas)


que carecen de la paz de espíritu de los verdaderamente humildes.


El tenor de vida es cauteloso, incluso en la rígida y seria indiferencia


de los guardias de frontera y douaniers,


quienes admiten, cada vez que pueden,


no sólo los habituales cargamentos de desodorante,


sino gitanas, cuerda Sol, hashish y pigmentos de contrabando.


Su negligencia total se reserva, sin embargo,


para la esperada invasión, a cuyo tiempo los hombres, el pueblo feliz


(riendo, rubicundamente desnudos y desvergonzadamente borrachos)


sorprenderán al enemigo con su pasmosa sumisión,


corromperán a los generales, infiltrarán el estado mayor,


usurparán el trono, se proclamarán a sí mismos dioses del sol


y causarán el colapso de todo el imperio.











Shame











It is a cramped little state with no foreign policy,


Save to be thought inoffensive. The grammar of the language


Has never been fathomed, owing to the national habit


Of allowing each sentence to trail off in confusion.


Those who have visited Scusi, the capital city,


Report that the railway-route from Schuldig passes


Through country best described as unrelieved.


Sheep are the national product. The faint inscription


Over the city gates may perhaps be rendered,


"I'm afraid you won't find much of interest here."


Census-reports which give the population


As zero are, of course, not to be trusted,


Save as reflecting the natives' flustered insistence


That they do not count, as well as their modest horror


Of letting one's sex be known in so many words.


The uniform grey of the nondescript buildings, the absence


Of churches or comfort-stations, have given observers


An odd impression of ostentatious meanness,


And it must be said of the citizens (muttering by


In their ratty sheepskins, shying at cracks in the sidewalk)


That they lack the peace of mind of the truly humble.


The tenor of life is careful, even in the stiff


Unsmiling carelessness of the border-guards


And douaniers, who admit, whenever they can,


Not merely the usual carloads of deodorant


But gypsies, g-strings, hasheesh, and contraband pigments.


Their complete negligence is reserved, however,


For the hoped-for invasion, at which time the happy people


(Sniggering, ruddily naked, and shamelessly drunk)


Will stun the foe by their overwhelming submission,


Corrupt the generals, infiltrate the staff,


Usurp the throne, proclaim themselves to be sun-gods,


And bring about the collapse of the whole empire.











RICHARD WILBUR (1921, Nueva York / 2017, Belmont, Estados Unidos de NA)

Traducción: Gerardo A. Gambolini

Enlaces: Fausto M. Ávila | Periódico de Poesía 

Imagen: Daily Poetry











agosto 08, 2020

Armando Romero


Brisa 



El sólo movimiento de una hoja en el limonero puso en actividad toda la casa
A ras de suelo un leve humo disipó sus sombras y dejó al descubierto el dulce
                ladrillo de los antepasados
El antiguo fantasmero de caoba fue puras risas entrecortadas y pasos  blandos
                como guantes
Las vigas en el techo y el soporte de las arañas temblaron como una trapecista
                en celo de tendones
-Apagada estaba ya la vela en el altar contra el rincón y no se movía-
Al borde y al centro de una pantalla de adobe había ahora puertas y
                ventanas en vaivenes de secos golpes y monótonos
Paso tuvo el sol que quedaba restando y sumando por los postigos y los portillos
En la fragilidad de sus lazos y la corredera del hilambre la hamaca dijo sí o dijo nó
Corrió veloz la mariposa única hasta el escaño deshuesado y sólido que esperaba
                en el corredor
Y desde allí la ahumada cocina hizo leve muestreo de rescoldos y cenizas
Viejas ollas en depósito de sentencias y perfumes
Desierto de áridos granos y legumbres florecidas
Leña ya en el musgo y el renacimiento de las parásitas
Tardo hueco del fogón y su encanto
Platos y tazas desportillados por un constante repique de los usos
Pocillos en la pared como una interrogación colgando
Por el patio donde se desvanecía el acento trinitario y el punto aparte de las gallinas
caminó como un murmullo que no era sino roce y frotación de pieles desnudas por la
hierba
El cielo se sostenía en un meridiano preciso que era una nube gris y
                   muchas blancas más azul
Fue sólo un múltiple movimiento de pies como las hojas cortadas del plátano
Un sólo movimiento en esa tarde
Pero al detenerse el limonero
Todo en aquel sitio continuó como antes



Tentativa de canto en el camino

Meeting at night

“¿Oyen los muertos lo que los vivos
dicen luego de ellos?”
Luis Cernuda


No es fácil  encontrar en el cementerio
de la Isola di San Michele
a estos dos habitantes de la noche y el día.
A pesar de que casi se tocan con los pies o las manos,
sus tumbas guardan precavido silencio.
Poco tienen para decirse
estos combatientes derrotados
en la guerra fría.
Victorioso en el desborde de sus palabras,
el uno.
Victorioso en el verbo contenido,
el otro.
Felices de verse a cuerpo entero en el poema,
aunque derrotados al fin.
En la Isola di San Michele
una de las tumbas se regocija entre las flores,
manos dulces y amigas
vienen a menudo a acariciarla.
En la otra sólo se nota una mano solitaria
que a intervalos limpia el polvo
y controla la enredadera.
Nunca se conocieron,
ni hubieran querido hacerlo, de seguro,
estos dos habitantes de rostro maldito por la poesía.
El más viejo,
Ezra Pound
en la ironía de su nombre,
rugía de ira frente a los gusanos
de la usura en su patria, que era el mundo.
El más joven,
Joseph Brodsky
en la ironía de su nombre,
aplastaba con los dedos de sus palabras,
la insana y maligna burocracia de su patria,
que era para él sólo una parte del mundo.
Ninguno odiaba lo que el otro odiaba,
o amaba lo que el otro amaba,
excepto esta tierra que ahora visten
como sepultura.
Esta tierra de marinos y comerciantes
y viajeros atropellados por la muerte
en lápidas envejecidas
por el sol y el descuido.
No es para contemplar fantasmas
que  uno se acerca  a estas tumbas,
ni para oír sus diálogos secretos
sobre la inmortalidad del alma,
es quizás para ver
que el sol se hace noche
en los versos rimados y los metros precisos
del más joven y moderno,
mientras que en el más viejo y antiguo
sus versos saltan libres
de las rejas de las páginas,
y en diversos idiomas
imponen la prosodia de su osada aventura.
Sin embargo, si un oído allá esta noche
nos permitiera oírlos leyendo sus poemas,
encontraríamos la misma cadencia,
el dejo que permite el arrastre de las sílabas.
Bien sabemos que ambos habitaron
su imagen con orgullo y soberbia,
que apostaron a perder el cielo
para ganar la tierra,
que respondieron con fuego y dolor
a las tres preguntas de Dios,
porque ante el estar, el ir y el venir
imponían el incendio de adentro.
Por gritar desaforado,
por no roer su ira en sus intestinos
como lo hacen los hipócritas,
el de barba blanca y ojos enloquecidos
va al encierro del hospital Saint Elizabeth,
for the criminally insane;
por vagabundo,
poeta sin oficio conocido,
lacra de la sociedad,
parásito,
el de ojos tristes y rostro desafiante,
va a las estepas del Gulag.
Hijos de la historia,
y por ella condenados y consagrados,
sólo les resta el exilio
de lo que a duras penas podrían llamar patria.
Debe haber sido la diosa Fortuna,
que se pasea por la Plaza de San Marcos,
quien vino a anclar juntos en este cementerio
a estos dos seres que atormentados
atormentaron con sus versos los imperios.
No se conocieron,
ni se amarán nunca,
escrito va en la eternidad.
Pero juntos son una verdad
que ya es muy difícil ver
en este mundo de mentiras
que jugamos como niños perdidos.
Ya no nos quedan lenguas y plumas
para aquél que hablaba todas las lenguas,
o para éste que volaba con todas las plumas.
Pienso que si hay una luz
que los hermana y los une,
está allí por los meandros de Venecia,
en la parte roñosa de una iglesia,
en un oloroso portón,
en la calzada de los incurables,
o tal vez en una gárgola, una columna,
el polvo.
Extraño es pensar
que ahora no viene a mí
la palabra
agua.



Armando Romero
ARMANDO ROMERO (1944, Cali, Colombia. Reside en EEEUU)
Fuente: Lyrikline | Revista Altazor | La Otra
Imagen: Mecánica Celeste

agosto 02, 2020

Daniel Oronó: Un jadeo de ser


SEIS POEMAS CON IRMA

1- PISTA VACÍA




En mi infancia mi madre
limpiaba los pisos de la casa
con encomiable pasión y lavandina
mientras cantaba
con Eydie Gormé y el trío Los Panchos, 
con Julio Sosa o con Sandro,
con los Wawanco  
o algo a la moda.
Iba dejando brillante 
el living y los cuartos.
Fatigada de todo 
después
tiraba a un lado el delantal  
apagaba el tocadiscos
y se fumaba un jockey satisfecha,
sentada.
Y entonces era 
cuando solo 
el silencio tirano comenzaba:
todo quedaba listo, 
transparente
para que nadie 
comenzara 
a bailar.



2- INTIMIDAD SONORA  




Y con la casa limpia
reluciente
apagaba el pucho del descanso
y en un silencio como orquesta
mi madre sola 
empezaba a girar
con la mano en el vientre 
y el otro brazo 
como parando un taxi.
Era un instante eterno
con sus ojos cerrados
de intimidad sonora
transparente
en que nunca sabré
si entraba en éxtasis
o se burlaba de sí misma.
En todo caso
compensaba el secreto
que había entre 
la mecánica mudez 
del tocadisco
y la memoria de los bailes
que guardaba en sus piernas.
..al fin, 
solo un detalle abrupto
de indócil cenicienta
contra ese ruidoso cuento
cotidiano
llamado mugre, 
rutina, realidad.



3- DESPUES DEL A.C.V




Sentada frente al televisor
con su espasmódico brazo izquierdo
y el trípode en su derecha
mirando el vacío general de lo existente
nada la asemeja a esa madre
socialmente sonriente y bien dispuesta
de los años sesenta;
la misma que después se fue desdibujando
entre los ansiolíticos y las estampitas con velas,
…y aquel fracaso matrimonial
que aún no prescribe.
Frente a ese resplandor 
le desconozco ahora su bulto de ser
con la mera perduración
de lo que no prospera.
Así no encuentro en ella
ni la más mínima convicción
de haber sido alguna vez su hijo.
su empecinada y ajena
consecuencia. 



4- FECHA VENCIDA



Papá, mamá: 
Yo ya no tengo de qué quejarme.
El amor fue difícil.
Hicieron lo que pudieron
conmigo y con ustedes.
Conservo en un cuadrito
esa precaria perfección 
de una foto de infancia 
en que estuvimos juntos:
sin pronósticos de lluvia 
o vientos de tristeza
parecemos felices frente al sol,
y hasta algo tontos.
Después 
de a poco o de repente
cada uno del otro 
nos fuimos alejando sin respuestas. 
Pasa. Es duro y es sencillo:
en la larga tormenta de los años
apenas nos tuvimos a nosotros,
cada cual a su amparo.
La vida en su inclemencia
tiene esas cosas:
preguntas incómodas 
que el tiempo gasta.
Respuestas 
con su fecha vencida
que ahora a nadie importa.



5- CENIZAS




A la cremación del cuerpo
de lo que fue mi madre
asistieron tan solo
tres amigos remotos de la infancia
los cuales como yo 
han comenzado a envejecer 
con insistencia.
Nada se dijo de ella
y acompañaron solidarios.
Solo se limitaron a impedir
mi proyecto de esparcirla 
en el fluir del agua
que va hacia el mar 
por el canal vecino.
La sensatez argumentaba
la seguridad de una bóveda prestada
y un sencillo trámite municipal.
Hasta en la metafísica encrucijada
de unas cenizas con nombre de mujer
lo social fiscaliza
el rigor de las normas. 



6- A SALVO




“Ahora que mi madre ya está muerta,
no podrá morir de cáncer como lo anticipaba,
no tendrá que engañar a los mormones 
ni a los testigos de Jehová
ni a las legionarias de María
con falsas devociones
para tener alguna compañía piadosa
en el duro desierto de las siestas
o en la amenaza de los atardeceres,
ni tendrá que dejar
las luces prendidas de la casa para dormirse sola.
Ahora ya está muerta
a salvo del cáncer y las sombras, 
de la mugre, de Dios, y de todos los amores
que intentando no pudo.
Pero en esencia
está a salvo de ella”.
Todo esto pensé
mientras abrí apurado
la ordinaria cajita de pandora de su vida,
Volcando de a poco
sus cenizas al canal,
con cierto nerviosismo
como si fuese un delincuente
que despidiendo a un cómplice inmediato
ni siquiera ha aprendido a llorar y huye
con la falsa esperanza
de no dejar ni huellas,
Ni rastros, ni señales
de aquello que la sangre ominosa
A unido para siempre
Al miedo, a la desdicha.



ANIMALES 




El perro que me sigue a todos lados
no sabe que soy un hombre.
Me ve desayunar, pintar paredes,
dormir o caminar, leer un libro.
Desde su libertad, el holgazán, 
me va observando 
las exigencias de existir en mi prisión,
quien le aproxima el agua y lo alimenta,
porque mueve la cola  
y así se explica el mundo.
Ante sus ojos
debo ser lo que al fin soy : otro animal,
un latido tropezando con todo,
un  jadeo de ser 
por su anhelado hueso
enterrado a futuro.
Y lo que es peor,
al que hay que acompañar
olfateando la vida
pues el pobre, 
degradado a pensar,
al no ladrar, 
escribe o habla.   



ESTAR AVISADO




perderás la intemperie
un día el viaje
la mañana del reino los racimos
tus pies descalzos
la mujer que tocas
la costumbre incesante
incandescente
el asombro en las manos lo que habitas
puro silencio aroma en todos lados
dejarás al pasar estos galopes
la tierra el árbol la tormenta
el aire en su lugar cada certeza
serán otras las marcas, las señales,
el manantial que ocupas derramado
el reguero la sombra que visitas
La música del mundo en que te alejas
perderás
dejarás
así de simple



Daniel González Oronó
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