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Mostrando las entradas de agosto, 2020

Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

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“Dejo que sean ellas, las palabras, las que me visiten”  Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” ...

Bruno Di Benedetto: A Miguel Ángel Morelli

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ESCRIBIR EL BOSQUE  ¿Se podrá escribir un bosque? No contar el bosque, sino construir el bosque con palabras: tallarlo con la lengua  en ese bloque oscuro que es una precipitación de mil voces en el vaso químico del tiempo: el reverbero de mil gargantas muertas en una garganta viva, el fino espesor de mil bautismos. El problema es que los bosques crecen desde abajo, y el poema crece desde arriba: habrá que empezar a edificar en el aire: necesitamos un pájaro que nos defina eso que llamamos cielo que ni es cielo ni es azul, lo sé, pero pasa una bandurria con su pico egipcio y su grito estridente y no hay lugar para dudas: eso es el cielo, que es cielo y es azul en el corral de la montaña. La montaña es fácil de hacer: empujar durante un millón de años el basalto sobre el basalto, confiar en el fuego central del planeta. Lo difícil es el bosque, su ciencia húmeda y oscura, su frescor: el escalofrío que te da tocar la piel de un arrayán en pleno verano, la sentencia del ciprés, e...

Diego Alfaro Palma: Bajo una luz, en pie de poesía.

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Umbral   Inútilmente darás la vuelta a la esquina  y continuarás con tu trabajo.  Una sílaba deshaciendo una gota  y la lluvia no se detiene  por lo que se puede distinguir.  Así cada uno partirá con sus noticias  descoloridas y ya húmedas,  cada palabra tiñe el silencio de los dedos  y a la luz de un farol en un charco  -empapados por las circunstancias atravesaremos  los pesados goterones del umbral.  Cuando nos vamos no sabemos que nos vamos  creemos cerrar una puerta, sellar el cerrojo  aferrándonos a una manilla como a una promesa.  Paseante número cuatro Las ruedas de la bicicleta girando como un cinematógrafo proyectando lo invisible entrecortando instantes y miradas trenzando aire con aire entre tus cabellos. A la manera de una equilibrista cargas una colección de estampillas esquivando la lluvia de primavera y los pajarillos que nunca desearon nacer. Una única esperanza se desliza hasta caer en lo i...

Neil Leadbeater

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River Hoard y Penn Fields: nuevos títulos del poeta escocés Neil Leadbeater    Introducción y traducciones: Luis Benítez El poeta, ensayista, crítico literario y narrador Neil Leadbeater nació en 1951, en Wolverhampton, Inglaterra. Se graduó en Repton School, Derbyshire, University of London (1973). Su obra poética se completa, hasta la actualidad, con los siguientes volúmenes:  Hoarding Conkers at Hailes Abbey (Littoral Press, 2010); Amazing World (Atlantean Publishing, 2010), Librettos for the Black Madonna (White Adder Press, 2011), The Worcester Fragments (Original Plus, 2013); The Loveliest Vein of Our Lives (Poetry Space, 2014), Finding the River Horse (Littoral Press, 2017) y Punching Cork Stoppers (Original Plus, 2018). Sus obras forman parte, entre otras, de las siguientes antologías: The Review of Contemporary Poetry (Ed. Gary Bills) (Bluechrome Publishing, 2005); 101 Poets For a Cornish Assembly (Ed. Les Merton) (Boho Press, 2006) y The Real Survivors Anthology...

María Clemencia Sánchez: He sido la amanuense del fenecer de los siglos

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El velorio de la amanuense  Escribí la larga estela de tus árboles a imagen y semejanza de tu dictado. La luz que quisieron tus ojos son hoy de las hojas palabras detenidas que la arena de las diásporas entierra. He sido la amanuense del fenecer de los siglos recolectora de veranos vacíos bajo un olmo fértil que no existe. He ido a averiguar en la antigua vegetación de las estepas el nacimiento de los limos. Hoy, dueña de voces extrañas, paisajes ajenos que no comprendo añoro una voz para decir el árbol que ronda mis sueños, el nombre de una mujer que semeja el descenso de las mareas, y el diálogo interrumpido que sostengo con el ángel. Avenida Helen Keller en el cruce de la calle 15 Vaya lugar para una cita de amor. aquellos que acordaron el reencuentro en la Avenida Helen Keller, en el cruce de la calle 15, a las cinco de la tarde, hora de Lisboa, jamás se encontraron. Cruzaron tan cerca que no se vieron. Tropezaron con el viento frío que venía de ese muelle donde Fernando y los ...

Bryam Herrera Jurado: Porque el hombre es numerable

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D errotado de antemano                                      pero feliz declaro que un hombre es menos que los hombres porque el hombre es numerable eso no ocurre con la luz pero un deseo                        su deseo es imposible como ahora que me doblo sobre mí y dos hacen pensar que a lo infinito lo sigue lo finito las palabras cuando no van a ninguna parte hunden sus huesos dentro de nosotros. a Candelaria Carreño T u cuerpo yace recogido               extenuado como queriendo desaperecer como queriendo estar                                     en todas partes exótica reliquia                           sin significado aunque enteramente signif...

Richard Wilbur

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Vergüenza  Es un estado encerrado y pequeño, sin ninguna política exterior  salvo ser considerado inofensivo. La gramática del lenguaje  jamás fue descifrada, debido a la costumbre nacional  de dejar que cada frase se desvanezca confusa.  Quienes han visitado Scusi, la ciudad capital,  cuentan que la ruta ferroviaria desde Schuldig  atraviesa la campiña, mayormente descrita como chata. La oveja es el producto nacional. La borrosa inscripción en las puertas de la ciudad podría traducirse de este modo: “Me temo que no hallarás aquí gran cosa de interés”. Los informes de censo que indican población cero no son –por supuesto– de confiar, salvo como reflejo de la confusa insistencia de los nativos en cuanto a que ellos no cuentan, así como de su modesto horror a dejar que el sexo de uno se conozca sin rodeos. El gris uniforme de los edificios indistintos y la ausencia de iglesias o baños públicos han dado a los observadores la extraña impresión de miseria o...

Armando Romero

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Brisa  El sólo movimiento de una hoja en el limonero puso en actividad toda la casa A ras de suelo un leve humo disipó sus sombras y dejó al descubierto el dulce                 ladrillo de los antepasados El antiguo fantasmero de caoba fue puras risas entrecortadas y pasos  blandos                 como guantes Las vigas en el techo y el soporte de las arañas temblaron como una trapecista                 en celo de tendones -Apagada estaba ya la vela en el altar contra el rincón y no se movía- Al borde y al centro de una pantalla de adobe había ahora puertas y                 ventanas en vaivenes de secos golpes y monótonos Paso tuvo el sol que quedaba restando y sumando por los postigos y los portillos En la fragilidad de sus lazos y la corredera del hilambre la hamaca dijo sí o dijo nó Corrió veloz la mariposa única h...

Daniel Oronó: Un jadeo de ser

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SEIS POEMAS CON IRMA 1- PISTA VACÍA En mi infancia mi madre limpiaba los pisos de la casa con encomiable pasión y lavandina mientras cantaba con Eydie Gormé y el trío Los Panchos,  con Julio Sosa o con Sandro, con los Wawanco   o algo a la moda. Iba dejando brillante  el living y los cuartos. Fatigada de todo  después tiraba a un lado el delantal   apagaba el tocadiscos y se fumaba un jockey satisfecha, sentada. Y entonces era  cuando solo  el silencio tirano comenzaba: todo quedaba listo,  transparente para que nadie  comenzara  a bailar. 2- INTIMIDAD SONORA   Y con la casa limpia reluciente apagaba el pucho del descanso y en un silencio como orquesta mi madre sola  empezaba a girar con la mano en el vientre  y el otro brazo  como parando un taxi. Era un instante eterno con sus ojos cerrados de intimidad sonora transparente en que nunca sabré si entraba en éxtasis o se burlaba de sí misma. En todo caso...