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abril 29, 2019

Adrienne Rich

Adrienne Rich



Instantáneas de una nuera    



1.



Vos, antes una belleza de Shreveport,
con el pelo teñido de henna y la piel como un capullo de durazno,
todavía te hacés los vestidos copiando los de esa época,
y tocás un preludio de Chopin
del que dijo Cortot: “recuerdos deliciosos
que flotan como un perfume en la memoria.”

Ahora tu mente, se apolilla como torta de casamiento,
cargada de experiencia inútil, rica
en sospecha, rumores y fantasía,
se desmorona bajo el filo del cuchillo
de los hechos. En la flor de la vida.

Exaltada y furiosa, tu hija
enjuaga las cucharas, crece de otra manera.



2.



Al golpear la cafetera en la pileta de la cocina,
oye a los ángeles recriminarle y mira fuera
el cielo sucio más allá de los jardines rastrillados.
Una semana desde que le dijeron: No tengas paciencia.

Lo siguiente fue: Sé insaciable.
Después: Salvate a vos misma, a otra no podés salvar.
A veces deja que el agua de la canilla le escalde el brazo,
o que un fósforo arda hasta quemarle la uña del pulgar,
o deja la mano encima del pico de la pava
justo en el chorro de vapor. Seguro son ángeles,
porque ya nada la lastima, excepto
la arenilla de cada mañana metiéndosele en los ojos.



3.



Una mujer que piensa duerme con monstruos.
Se convierte en el pico que la sujeta. Y la Naturaleza,
ese baúl espacioso de tempora y mores[1]
con la tapa suelta
se llena de todo eso:    los azahares mohosos,
las pastillas femeninas, los pechos terribles
de Boadicea[2] bajo las orquídeas y las cabezas de zorro.

Dos mujeres atractivas, trenzadas en una pelea,
orgullosas las dos, agudas, sutiles, las oigo gritar
detrás del vidrio repartido y las mayólicas
como Furias arrinconadas lejos de su presa:
La disputa ad feminam, ¡todos los cuchillos viejos
que se me oxidaron en la espalda, los clavo en la tuya,
ma semblable, ma soeur![3]



4.



Reconociéndose muy bien una en la otra:
sus dones no son puro deleite, sino una espina,
el pinchazo afilado ante el mínimo desdén...

Leyendo mientras espera
que se caliente la plancha,
escribiendo, My Life had stood —a Loaded Gun—[4]
en esa despensa de Amherst mientras las mermeladas hierven y se pudren,
o más seguido,
con ojos de hierro y pico y dispuesta como un pájaro,
limpiándolo todo en el depósito de la vida diaria.



5.



Dulce ridens, dulce loquens,[5]
se afeita las piernas hasta que relucen
como un colmillo de mamut petrificado.



6.



Cuando con su laúd Corina canta[6]
ni las palabras ni la música le pertenecen;
nada más el cabello largo que le roza
la cara, solamente la canción
de la seda sobre sus rodillas
y estas
se acomodan en un abrir y cerrar de ojos.

En el aire, temblorosa e insatisfecha ante
una puerta abierta, jaula de jaulas,
decinos, pájaro, vos, máquina trágica—
¿esto es el fertilisante douleur[7]? inmovilizada
por el amor, para vos el único acto natural,
¿estás mejor afilada
para violar los secretos de la bóveda? Nuera, ¿La Naturaleza
te mostró los libros de cuentas
que los hijos de ella no vieron nunca?



7.



“Contar en este mundo incierto con algún refugio
que no pueda ser destruido, es
de importancia primordial.”[8]
                                                     Así escribió
una mujer, en parte valiente y en parte buena,
que peleó contra lo que comprendía en parte.
Pocos hombres alrededor hubieran o podrían haber hecho más,
de ahí que la catalogaran de arpía, alimaña y puta.



8.



“Todas ustedes se mueren a los quince”, dijo Diderot,
y se volvió en parte leyenda, en parte convención.
Sin embargo hay ojos incorrectos que sueñan
detrás de las ventanas nubladas de vapor.
Todo lo que pudimos haber sido,
todo lo que fuimos —fuego, lágrimas,
ingenio, gusto, ambición de mártir— agita
deliciosamente, como el recuerdo del adulterio que no fue,
el pecho agotado y fláccido de nuestra madurez.



9.



No que se haga bien,
pero ¿que por lo menos se haga? [9]¡Sí, pensá
en las posibilidades! U olvidate para siempre.
Este lujo de la niña precoz,
la inválida crónica de “el tiempo es oro”,—
Queridas, si pudiéramos,  ¿renunciaríamos a él?
Nuestra ruina resultó nuestra ventaja:
para nosotras el talento fue suficiente—
brillo en borradores y fragmentos.

No suspiren más, señoras.
El tiempo es macho
y en sus copas brinda por la belleza.
Aturdidas por la galantería, oímos
adular nuestras mediocridades,
la indolencia vista como abnegación,
la desidia, como intuición elegante,
se nos perdona cada lapsus, nuestro único crimen
es proyectar una sombra muy nítida
o romper directamente el molde.

Para eso, el aislamiento,
gas lacrimógeno, bombardeos de dolor.
A ese honor hay pocas aspirantes.



10.



Bueno,
tardó mucho en llegar, la que debe ser
más despiadada consigo misma que la historia.
Con la cabeza de lleno en el viento, la veo zambullirse
y atravesar de pecho la corriente,
atrayendo la luz
tan hermosa, al menos como cualquier chico
o helicóptero
suspendida, llegando,
sometiendo el aire con sus aspas finas
pero su carga
no será de promesas,
sino entregada
tangible
nuestra.


Notas de la traductora:

[1] Hace referencia a la sentencia “¡O tempora, o mores!” que acuñó Marco Tulio Cicerón en sus célebres  Catilinarias y que significa, aproximadamente, “¡Oh, tiempos!, ¡oh, costumbres!”.
[2] Forma latinizada de Boudica, reina guerrera de los icenos que acaudilló a varias tribus britanas durante el mayor levantamiento en Inglaterra contra la ocupación romana durante el reinado del emperador Nerón.
[3] Alude al final del poema "Au lecteur", de Charles Baudelaire: “Hypocrite lecteur!—mon semblable—mon frère!” (“¡Lector hipócrita!—mi semejante—¡mi hermano!”).
[4] Título de un poema de Emily Dickinson.
[5]  La frase es de Horacio, en su Oda XXII, “Integer Vitae”, y significa “riendo dulcemente, hablando dulcemente”.
[6] Título de un poema de Thomas Campion (1567–1620).
[7] Charles Baudelaire, “Un Mangeur d'opium”, en Les Paradis Artificiels (1860).
[8] Mary Wollstonecraft. Thoughts on the Education of Daughters (1787).
[9] En relación con la frase de Samuel Johnson “It is not done well; but you are surprised to find it done at all”.

Versión en castellano y notas de Sandra Toro


Snapshots of a daughter-in-law



1.



You, once a belle in Shreveport,
with henna-colored hair, skin like a peachbud,
still have your dresses copied from that time,
and play a Chopin prelude

called by Cortot: “Delicious recollections
float like perfume through the memory.”

Your mind now, moldering like wedding-cake,
heavy with useless experience, rich
with suspicion, rumor, fantasy,
crumbling to pieces under the knife-edge
of mere fact. In the prime of your life.

Nervy, glowering, your daughter
wipes the teaspoons, grows another way.



2.



Banging the coffee-pot into the sink
she hears the angels chiding, and looks out
past the raked gardens to the sloppy sky.
Only a week since They said: Have no patience.

The next time it was: Be insatiable.
Then: Save yourself; others you cannot save.
Sometimes she’s let the tapstream scald her arm,
a match burn to her thumbnail,
or held her hand above the kettle’s snout
right in the woolly steam. They are probably angels,
since nothing hurts her anymore, except
each morning’s grit blowing into her eyes.



3.



A thinking woman sleeps with monsters.
The beak that grips her, she becomes. And Nature,
that sprung-lidded, still commodious
steamer-trunk of tempora and mores
gets stuffed with it all:       the mildewed orange-flowers,
the female pills, the terrible breasts
of Boadicea beneath flat foxes’ heads and orchids.

Two handsome women, gripped in argument,
each proud, acute, subtle, I hear scream
across the cut glass and majolica
like Furies cornered from their prey:
The argument ad feminam, all the old knives
that have rusted in my back, I drive in yours,
ma semblable, ma soeur!



4.



Knowing themselves too well in one another:
their gifts no pure fruition, but a thorn,
the prick filed sharp against a hint of scorn…
Reading while waiting
for the iron to heat,
writing, My life had stood —a Loaded Gun—
in that Amherst pantry while the jellies boil and scum,
or, more often,
iron-eyed and beaked and purposed as a bird,
dusting everything on the whatnot every day of life.



5.



Dulce ridens, dulce loquens,
she shaves her legs until they gleam
like petrified mammoth-tusk.



6.



When to her lute Corinna sings
neither words nor music are her own;
only the long hair dipping
over her cheek, only the song
of silk against her knees
and these
adjusted in reflections of an eye.

Poised, trembling and unsatisfied, before
an unlocked door, that cage of cages,
tell us, you bird, you tragical machine—
is this fertilisante douleur? Pinned down
by love, for you the only natural action,
are you edged more keen
to prise the secrets of the vault? has Nature shown
her household books to you, daughter-in-law,
that her sons never saw?



7.



“To have in this uncertain world some stay
which cannot be undermined, is
of the utmost consequence.”

                                              Thus wrote
a woman, partly brave and partly good,
who fought with what she partly understood.
Few men about her would or could do more,
hence she was labeled harpy, shrew and whore.



8.



“You all die at fifteen,” said Diderot,
and turn part legend, part convention.
Still, eyes inaccurately dream
behind closed windows blankening with steam.
Deliciously, all that we might have been,
all that we were —fire, tears,
wit, taste, martyred ambition—
stirs like memory of refused adultery
the drained and flagging bosom of our middle years.



9.



           No that it is done well, but
that it is done at all? Yes, think
of the odds! or shrug them off forever.
This luxury of the precocious child,
Time’s precious chronic invalid,—
would we, darlings, resign it if we could?
Our blight has been our sinecure:
mere talent was enough for us—
glitter in fragments and rough drafts.

Sigh no more, ladies.
                                 Time is male
and in his cups drinks to the fair.
Bemused by gallantry, we hear
our mediocrities over-praised,
indolence read as abnegation,
slattern through styled intuition,
every lapse forgiven, our crime
only to cast too bold a shadow
or smash the mold straight off.

For that, solitary confinement,
tear gas, attrition shelling.
Few applicants for that honor.



10.


                                                         Well,
she’s long about her coming, who must be
more merciless to herself than history.
Her mind full to the wind, I see her plunge
breasted and glancing through the currents,
taking the light upon her
at least as beautiful as any boy
or helicopter,
                     poised, still coming,
her fine blades making the air wince
but her cargo
no promise then:
delivered
palpable
ours.



ADRIENNE RICH (1929, Baltimore / 2012, Santa Cruz, Estados Unidos de Norte América)
Traducción: Sandra Toro Smith
Fuente: http://el-placard.blogspot.com/
Imagen: Mahabahoo

abril 28, 2019

Feria del Libro






Irene Gruss






https://www.el-libro.org.ar/







El tiempo que demoras en terminar cada cosa


igual al de las cosas a medio hacer.

Nada perturba:

ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo

hecho y cerrado.

A modo de hilván y a medias todo. 

Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo

lo inacabado. Allí el vestido sin doblar,

allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio

de arena del reloj.

Así irresuelta, desparramado un eco, 

la brasa sin atizar. 








Poemas de Irene Gruss, aquí


abril 25, 2019

Reina María Rodríguez


Reina María Rodríguez


anochece    




anochece sobre las tejas de Madrid 
pero en las manos traigo la humedad 
de las aguas del Báltico. 
todavía húmedas, 
frías, 
me han quemado con esos verdes que no maduran. 
es la travesía desde los ojos de los cisnes
tras una fruta opaca. anochece
y estoy tan cerca de tu cuerpo en una casa extraña
contra los pies que en la madera quieren frotar
una textura adormecida sobre un paisaje irreal
(me han devuelto a la conciencia las palabras
que no están donde sueño o donde miro
busco un sueño donde están las sensaciones
porque ya no hay nada que mirar)
y busco algo que querer antes que la noche
irrite mis párpados que sobre las aguas del Báltico
han bebido toda su humedad. porque también anochece
sin prisa sobre las tejas de Madrid y yo miro
por la abertura oblicua de mi piel
la tuya.



el retrato de un hombre joven (Dresde) 1521




sentado sobre un bloque de madera
ante un fondo caliente, rojo
está ebrio o está dormido
mientras yo trazo un círculo en el punto
de intersección con el eje central que constituye su ombligo
-igual que para el pecho o la cadera estrecha-
que traza también un eje con su pelvis y mi mano.
tengo un modelo señor
el tono claro de sus manos y la carta a punto de caer atrae mirada
la luminosa claridad de la camisa, el rostro
como una cúpula sobre la pirámide del tronco
que, dentro de una estructura formada por diagonales
me hace sentir su frialdad, las raras líneas
que le conceden una presencia inmediata
pero no es verdad. la cabeza que está modelada de adentro
hacia afuera donde resalta el retrato de un joven en madera
siguió en la galería de los Viejos Maestros.
su composición es sencillamente clásica
sólo el blanco luminoso hasta el negro de las botas
llena este cuadro de vida. tenemos ante nosotros a un joven
-que no es Durero- él ya se ha ido. y que consciente de sí mismo, yace
(pluma y pincel sobre fondo verde blanqueado y lavado)

abril 21, 2019

Gabriela Clara Pignataro









Gabriela Clara Pignataro






Mareo de invocación 









A la cascada

                    de jazmín

a la pregunta de los días

respondo: practico

el oficio silencioso

de invocar caballos.

                        Pude decir

decapiten esa estatua

vayamos a la guerra

daguen la fruta en la pared,

pero insisto en la lentitud

            permanezco

anzuelada a la furia del torrente

¿Quién vió

la casa incendiándose en el río?

La mueca perversa del dique

¿Quién contó

los zapatos en el pasto?

y no gritó

y se llenó la boca

y durmió sin sobresaltos

¿Cómo sobreviví

al verano de los camaleones?

Todos

me mostraron su faz infecta

el pliegue secreto

de su piel reversa

de amiguitos con escamas

¿Cómo resistí

a la implacable belleza

del llamado de mis muertos?

Invoqué caballos

día tras día

y no obedecieron

vinieron, sin doma

lo presentí perdida en la estepa

en el café negro de un bar del trópico

tuve la revelación, antes del fin del verano

ellos sabían mi nombre:

                         mi corazón es

la ola escondida

en la voz de una piedra

que dice hija quiebra

el bambú rompe el arco

desiste, descansa, destruye

toma la flecha

entonces, partí la caña en dos

la clavé en la tierra

resolví el trayecto

del disparo,

junté las manos

hundí la cabeza.






Para mí, a mis pies

la bala dorada

para los enemigos,

la flecha en la garganta.

Una tropilla oscura

cruza el río:

                         soy yo.

A mis espaldas

el fuego no deja nada,

tan sólo la marca reluciente

la cola del zorro,

el rastro de mi oficio.










Esta es la lanza 













Ahora

que la riestra de pólvora enemiga

encarama la calle

como maleza rastrera

que cuartea los malvones, desangra

y la savia alimenta a las hormigas,

como diente de marfil

en el cuello del magnate

como naufragio anunciado

por el servicio meteorológico

ahora,

que nuestros nombres han sido cantados

(tarde o temprano),

que el milagro sólo ocurre

a los mártires siempre limpios

dignos de la clave de su dogma

los premios y las condecoraciones

cabezas brillantes laureadas

resplandecientes

faros de poder

en esta galaxia de hambreados.






Ahora, soñamos

toda Roma en llamas

los cascos como plumas enardecidas

en la cola de un dragón demente

el humo, balconada de una vera del río

toda Birmania elevada

una falla de la selva, marea

azafrán atestando la milicia,

toda sierra maestra

es una mujer zacateca clareando

la mañana más luminosa

pasando la montaña de trenzas

y tapices sagrados,

ahora, que sabemos

que ni origen ni pecado ni cadena

ni costilla ni moisés ni talón:

todo el peso de la historia

la fábula constrictora

en la nuca de los pueblos,

la fusta del amo autoproclamado

repica bífida y serpentea

los lobos pierden su olfato

la boca del bosque se confunde

en pozos ciegos

dónde refulgen metales asesinos,

los perros amordazados en las casas

son alejados de su ancestro.






Ahora,

ésta es la lanza

la lengua molotov

la pupila en la espalda

el mapa dónde cae el horizonte

la renuncia al espejismo

el puma siempre oculto

el aguará solitario y sediento

la guerra contra el designio:

las naciones-cuerpo alimentarán

las naciones-espíritu

y así será

la supura cristalizada de los tesoros

el progreso prístino de las ideas

intocables

exclusivas

adelantadas dis tan cia d a s

entonces lejos, atrás, cercado

el parque de los magnolios

que portan la insurgencia del verano

perseguida

la bacteria de lo popular

que crece y se hace fuerte

en la memoria residual, latente.






En un valle de diestros

usaremos al revés las armas:

el desprecio que nos regalan

será la distancia ganada,

el tiempo de ventaja

en el pecho de nuestros caballos

cruzando la línea de fuego

con las crines intactas






ésta es la lanza

una anémona de helio

cruzando la noche en destellos

el cadáver de un satélite que late

un buen augurio

un presagio

a la velocidad de luz

que aún no se ve.

Vendrán las lluvias suaves

alguna vez.






Esta es la lanza.








De: "Dos Poemas", Ediciones Arroyo, Arroyo Leyes, Santa Fe










Escama piedra follaje *













I










Me dieron la palabra

                         escama

al nacer,

una hebilla brillante

sujeta el fino cabello

un leve estertor

                 de la luz,

          escama

        (es y no es)

arrastra el código

del cuerpo que abandona

para siempre

escama

el fin de la protección:

una superficie rosada

revela suave

el río seco,

                la herida.













II











Siempre tuve

esta vocación de piedra

          el golpe del agua

          el golpe del viento

          el ramalazo eléctrico

sobre mis costas,

podría mentir y decir

que no:

no hay jeroglíficos

en mis manos

no hay sangre en la raíz,

pero soy una gema

con vocación de piedra

no olvido la lava

                    ni la ceniza

ni al volcán insomne

que estampó en mi frente

la violencia de la vida






Refuljo

y tal vez la sombra

el nudo, la intemperie

se agiganten

en mi reflejo

y alguien grite o sienta pena

pero soy

una piedra en el desierto






                      ya nada me aterra.











III












300 gramos

pesa un corazón humano

y nada dice eso del follaje

que intento,

nada

de las magnolias bordadas

campo adentro

respiran

               inspiran

                                  respiran

se expanden

un corazón demasiado

grandes lluvias se aproximan

el mal de pecho

la luz mala de la carne

ese tajito

el perfume que se va

en cada cosa que pierdo

300 gramos y

¿qué hace el corazón

en estos tiempos?

Puebla

            un mar de autos

las ventanas

el desempleo de las horas

nos sorprende ante el caracol

o la mariposa,

atónitos

gramo a gramo músculos a músculo,

una mano sostiene

                          una valle húmedo

otra mano.






Qué se hace

                  qué se dice

la magnolia

insiste en su gesto luminoso:

abrirse

 en cada noche despiadada,

follaje, follaje, follaje,

bosque precario






el peso de mi cuerpo

el peso de mi amor

exacto

proporcional a la luz

la única encendida en todo el barrio,

esperándome.










*Próximos a publicarse en una antología.

* daguen (original autora)




Nací en el '85, una noche calurosa de octubre, en un sanatorio con nombre de continente helado. De ojos orientales y sangre italiana, pasé mi infancia en las horas lentas de un barrio de casa bajas y calles empedradas.


La casa dónde crecí en Floresta fue construida por mi padre y mi abuelo, así como los vestidos que llevaba y ensuciaba al trepar rampas eran cosidos por mi madre. Algo de esa insistencia obrera, analógica, manual, persiste a la hora de tocar las cosas. De abstraer imágenes del mundo.

La poesía apareció como una lanza, un experimento doloroso con el pasado, la muerte cercana. Una lanza de lado a lado, encendiendo la sangre también. Una pregunta sin respuesta a otras preguntas. Sólo imágenes de posibilidad.

Hoy puedo decir que soy docente, que llevo una actriz y una fotógrafa dentro, y a veces salen a jugar. Estudio Artes y Pedagogía. Confío en trabajar por los derechos y la poesía. Publiqué La última oleada se llevó todo menos esto (Editorial Subpoesía 2013), Eso que no se parte es una respuesta (Difusión Alterna, 2014), Muta (Nulu Bonsai, 2014), Floresta (LFS 2015), Esto pasa: Poesía en Buenos Aires (Llanto de Mudo 2015), Tundra (AñosLuz, 2018), Tranco cabelo, cai um raio (Benfazeja, 2018).



abril 18, 2019

Daniel Rafalovich





Daniel Rafalovich




Salem






Sonreía y su sonrisa

buscaba algún reparo.

(Quizás sepas

que sus manos de marfil

prohijaban una pócima blancuzca)

El espejo la arrullaba

en sueños sin hogueras

(Recuerdas: la espiral de los sueños

la caída infinita)

A veces canturreaba

en la hora de ensalmos

cuando las sombras

profanaban los rincones.

El imaginario de la aldea

colegía rituales o

con espantada mueca

paladeaba sus cópulas satánicas.

Ella, siempre, sonreía

y en su boca

la savia de mandrágora

estallaba en artificios seminales

que no cesan.








Daniel Rafalovich (1958, Santa Fe, Argentina)




abril 17, 2019

Francisca Aguirre

Francisca Aguirre

Desmesura


A Javier Statié


Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.
Luego, la vida hizo una pausa
y todo pareció recomponerse
como esos acertijos infantiles
en los que sólo falta una palabra,
una palabra necesaria y rara.
Pero dijo que no. Cerró los labios
y escuchó el gorgoteo de las sílabas
luchando por vivir a la intemperie.
Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.
Luego, la vida hizo una pausa.
Y todo fue distinto: el dolor fue
más cauto, más sensato,
la lujuria lloró en su madriguera.
Y el tiempo inauguró sus máscaras:
hubo un pequeño espanto en los rincones,
temblaron los espejos agobiados
defendiendo impotentes el azogue.
Los pájaros callaron esa tarde
y la luna brilló blanca y sin manchas.
Ardió la noche como vieja tea
con la absurda avaricia de la muerte,
con su luto distante y pegajoso,
y un rencor resabiado y carcomido
descargó como lluvia en el desierto.
Entonces, sólo entonces,
oyó a su corazón ladrando
y se volvió despacio a los espejos
y los vio tiritar con mucho frío
y pedir compasión desde su escarcha.
Y no supo qué hacer con tanta desmesura:
cerró los labios y escuchó al silencio.




Desde fuera.





Pero Ítaca está dentro, o no se alcanza.

¿Y quién querría descender al fondo
de un silencio más vasto que el océano?
Silencio son sus habitantes,
silencio y ojos hacia el mar.

Desde fuera
las aguas son caminos
desde la playa son sólo frontera.
¿Y quién sería el torpe navegante
que entraría en un puerto sin faro?

Desde fuera, los dioses nos contemplan.

Desde aquí, no hay un pecho
capaz de cobijarlos:
los dioses son palabras; con el silencio, mueren.
¿Alguna vez la isla fue distinta?

Quién lo puede saber desde el aturdimiento.
Sin palabras, sin dioses, Ítaca es sólo el mar.


Francisca Aguirre (1930, Alicante / 2019, Madrid, España)

abril 16, 2019

Golgona Anghel

Golgona Anghel



NO me interesa lo que 
dicen los disidentes de la dictadura. 
Pero confieso que me gustaban los chocolates Toblerone 
que mi tía me traía en Navidad. 
No creo en los presos políticos, 
ni me impresionan los niños descalzos 
que les muestran los dientes a las máquinas Minolta
de los turistas italianos.
No voy a pedir asilo.
Desconozco los avances
o retrocesos económicos de mi país.
Ya he hablado de Drácula lo bastante.
Ya he recogido fresas en Andalucía.
Ya he sido gitana, ya he sido puta.
No necesitan volver a preguntármelo.
Lo que me preocupa —y, eso, sí puede ser relevante
para el fin de la historia— es saber
cuándo fue que me transformé,
yo que era una loba solitaria,
en este caniche de apartamento que les habla ahora.

abril 15, 2019

Attila József

poesía húngara

Por ti estoy enojado, no contra ti




Cuando el sol se levanta
y el rocío se inclina desde los cabellos de los que nunca sienten
ira,
que mi ira no te moleste nunca, querida.
Pienso a menudo en las plazas grandes, veloces,
donde acaso no me caeré.
Y los talladores de mástiles vendrán con los mástiles en filas cerradas,
y los seis millones de férreos obreros,
vencedores, lanzarán al cielo el martilleo de corazón tintineante.
Bajo la tempestad celestial de las herramientas,
que pueda yo tener tus besos, querida.
No te das cuenta de que me empino
cuando hablo del futuro.
Si quieres, sólo volveré a ti después de la victoria
que canta la gloria de la ciudades,

o cuando los panaderos unen sus buenas paletas
que lanzan el pan
y en ellas me colocan, con la cabeza baja, cubierta de harina,
y me llevan lentamente hasta tu cama.
Por ti estoy enojado, no contra ti.
Mira, apriétame esta mano que te levanta a lo alto
en mis sueños.
Que mi ira te fortalezca, y que no te moleste,
querida.


ATTILA JÓZSEFF (1905, Budapest, 1937, Balatonszárszó, Hungría)
Imagen: Magyarvagyok.info

abril 13, 2019

Song Lin





Song Lin





Barrio chino     







Una vez al mes me dirijo en tren hacia Belgrano, 

a donde está mi patria sola entre dos calles. 

Sentado sobre un banco en el andén 

miro los peatones a ambos lados de los rieles, tras las rejas, 

mientras espero al tren que viene del Tigre. 

El sol sudamericano me hace arder la piel. 

 

La virgen dentro del altar se ve pálida, 

ojos caídos, expresión neutra: ni buena ni mala. 

El reloj averiado marca como siempre las 8:45, 

advirtiéndome una vez más 

que el futuro es la terminal de algo:

una mala noticia que ya está en camino;

una nieve que tapa todo, que cubre todo;

un error del que no dejamos nunca de arrepentirnos...

La puerta del vagón se abre y siento una satisfacción indecible,

porque una vez por mes

Belgrano ocupa de nuevo el lugar de mi patria

trayéndome su pereza, su bondad y su embrujo;

y una vez más vuelvo con mi bolsa pesada,

llena de arroz, salsa de poroto, cebolla y zanahoria









Song Lin nació en Xiamen, una ciudad costera de la provincia de Fujian, en 1958. Participó de Jintian (Hoy), una de las revistas de poesía china más influyentes de las últimas décadas, y a fines de los 80 estuvo involucrado en las revueltas que terminaron con la represión de Tiananmen, por lo que pasó un tiempo en la cárcel. Al salir vivió varios años en París, volvió a China y luego a finales de 2001 vino a Buenos Aires, donde pasó tres años viviendo con su esposa, estudiando español y viajando por distintos lugares del país. Actualmente vive en Beijing. 


Fuente: "9 poetas chinos"






abril 11, 2019

Noelia Palma: poemas inéditos













15










Afuera los malvones dedican su vida

a ceder espacio a los pájaros.

Yo miro y ese viento

también me golpea.

Todo arderá alguna vez

blanco, rojo, rosáceo todo arderá

como una revelación.









17










No recuerdo el nombre de la mujer

pero encontré sus huesos:

cuando trasplanté la cineraria marítima

sonaron confundiéndose

con el campanario de la iglesia en otro continente.









20






¿Oís la música?

Las flores crecieron con la última llovizna

y la música, Querido, la música

es un monstruo,

la violencia de alzar las manos.

Las manos en alto,

las manos en alto.

Te recibo.








De: "Nadie dijo la belleza" (inédito)








Noelia Palma (1984, Morón, Provincia de Buenos Aires, Argentina)


abril 10, 2019

E. Ethelbert Miller


Las cosas en los armarios de los hombres negros




en el estante superior
del armario
está el sombrero que mi padre
usa en ocasiones especiales
se encuentra junto al gran frasco
en el que guarda centavos

él siempre va con la cabeza descubierta
cuando lo veo caminar
por la calle

una vez me senté en su dormitorio
mirándolo buscar
entre pulóveres y trajes
algo que había perdido
un corbata quizá

de pronto se detuvo
caminó lentamente hacia el armario
y agarró el sombrero del estante

me senté en la cama
estudiando su espalda
esperando a que se volviese
y me dijera quién había muerto


The things in black men's closets




on the top shelf
of the closet
is the hat my father
wears on special occasions
it rests next to the large jar
he saves pennies in

his head is always bare
when i see him walking
in the street

i once sat in his bedroom
watching him search
between sweaters and suits
looking for something missing
a tie perhaps

then he stopped
and slowly walked to the closet
took the hat from the shelf

i sat on the bed
studying his back
waiting for him to turn
and tell me who died

E. ETHELBERT MILLER (1950, New York, Estados Unidos de NA)

Traducción: Jonio González
Imagen: Washingtonian

abril 08, 2019

María Luisa Spaziani

María Luisa Spaziani


El vía crucis



La bronquitis esta noche me transforma
en una encina cubierta de nieve.
Crucificada en la tierra con raíces
de debilidad y estremecimientos,
siento los ramos cargados que se doblan
bajo el peso de mil cristales.

Conocí un día a un chiquillo, mucho
más enfermo que yo.
Respiraba con dificultad, y en su cama
se parecía a un velero encallado,
pero su pensamiento en lo alto era la oropéndola
en la cima del olmo fulminado.

Esta noche pienso en él, yo que sé de sobra
que pronto sanaré.
Y me siento igual que aquel fiel
que vi en Brujas con su capa de nutria.
Miraba a un vía crucis e intentaba
imaginar la hiel y cualquier tormento.

Y quizás oscuramente también sentía
que no sólo el Cristo de los iconos
cruza en nuestro nombre
el paso inmenso de las tinieblas.

Traducción: Emilio Coco


He venido a París para olvidarte



He venido a París para olvidarte
pero tú obstinado me impregnas todo espacio.
Eres la quimera horrorosa de los aleros de Notre-Dame,
eres el ángel que invencible sonríe.

Hagamos un pacto (el campesino y el diablo):
déjame el día para mirar, leer,
perder el tiempo, divertirme, excluirte.
Noches y sueños, de acuerdo, son tuyos.

Traducción: Carlos Vitale



La via crucis



La bronchite stanotte mi trasforma
in una quercia carica di neve.
Crocifissa alla terra con radici
di debolezza e brividi,
sento i rami che grevi si curvano
sotto il peso di mille cristalli.

Conobbi un giorno un ragazzetto, molto
più malato di me.
Respirava a fatica, ed un veliero
insabbiato pareva nel suo letto,
ma il pensiero in alto era il rigogolo
sulla cima dell’olmo fulminato.

Questa notte lo penso, io che so bene
che presto guarirò.
E simile mi sento a quel fedele
che vidi a Bruges nel suo manto di lontra.
Guardava una via Crucis e si sforzava
d’immaginare il fiele e ogni tormento.

E forse oscuramente anche sentiva
che non soltanto il Cristo delle icone
il passo sterminato delle tenebre
lo varca in nostro nome.



Sono venuta a Parigi per dimenticarti.



Sono venuta a Parigi per dimenticarti
ma tu ostinato me ne intridi ogni spazio.
Sei la chimera orrida delle gronde di Notre-Dame, 
sei l'angelo che invincibile sorride.

Veniamo a patti (il contadino e il diavolo):
lasciami il giorno per guardare, leggere,
sprecare il tempo, divertirmi, escluderti.
Notti e sogni, d'accordo, sono tuoi.


MARIA LUISA SPAZIANI (1922, Turín / 2014, Roma, Italia)
Imagen: Dino Ignani