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Mostrando las entradas de abril, 2019

Adrienne Rich

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Instantáneas de una nuera     1. Vos, antes una belleza de Shreveport, con el pelo teñido de henna y la piel como un capullo de durazno, todavía te hacés los vestidos copiando los de esa época, y tocás un preludio de Chopin del que dijo Cortot: “recuerdos deliciosos que flotan como un perfume en la memoria.” Ahora tu mente, se apolilla como torta de casamiento, cargada de experiencia inútil, rica en sospecha, rumores y fantasía, se desmorona bajo el filo del cuchillo de los hechos. En la flor de la vida. Exaltada y furiosa, tu hija enjuaga las cucharas, crece de otra manera. 2. Al golpear la cafetera en la pileta de la cocina, oye a los ángeles recriminarle y mira fuera el cielo sucio más allá de los jardines rastrillados. Una semana desde que le dijeron: No tengas paciencia. Lo siguiente fue: Sé insaciable. Después: Salvate a vos misma, a otra no podés salvar. A veces deja que el agua de la canilla le escalde el brazo, o que un fósforo arda hasta quemarle la uña del pulg...

Feria del Libro

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https://www.el-libro.org.ar/ E l tiempo que demoras en terminar cada cosa igual al de las cosas a medio hacer. Nada perturba: ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo hecho y cerrado. A modo de hilván y a medias todo.  Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo lo inacabado. Allí el vestido sin doblar, allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio de arena del reloj. Así irresuelta, desparramado un eco,  la brasa sin atizar.  Poemas de Irene Gruss,  aquí

Reina María Rodríguez

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anochece     anochece sobre las tejas de Madrid  pero en las manos traigo la humedad  de las aguas del Báltico.  todavía húmedas,  frías,  me han quemado con esos verdes que no maduran.  es la travesía desde los ojos de los cisnes tras una fruta opaca. anochece y estoy tan cerca de tu cuerpo en una casa extraña contra los pies que en la madera quieren frotar una textura adormecida sobre un paisaje irreal (me han devuelto a la conciencia las palabras que no están donde sueño o donde miro busco un sueño donde están las sensaciones porque ya no hay nada que mirar) y busco algo que querer antes que la noche irrite mis párpados que sobre las aguas del Báltico han bebido toda su humedad. porque también anochece sin prisa sobre las tejas de Madrid y yo miro por la abertura oblicua de mi piel la tuya. el retrato de un hombre joven (Dresde) 1521 sentado sobre un bloque de madera ante un fondo caliente, rojo está ebrio o está dormido mientras yo trazo ...

Gabriela Clara Pignataro

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Mareo de invocación  A la cascada                     de jazmín a la pregunta de los días respondo: practico el oficio silencioso de invocar caballos.                         Pude decir decapiten esa estatua vayamos a la guerra daguen   la fruta en la pared, pero insisto en la lentitud             permanezco anzuelada a la furia del torrente ¿Quién vió la casa incendiándose en el río? La mueca perversa del dique ¿Quién contó los zapatos en el pasto? y no gritó y se llenó la boca y durmió sin sobresaltos ¿Cómo sobreviví al verano de los camaleones? Todos me mostraron su faz infecta el pliegue secreto de su piel reversa de amiguitos con escamas ¿Cómo resistí a la implacable belleza del llamado de mis muertos? Invoqué caballos día tras día y no obedecieron vinieron, sin doma lo presentí perdida en la estepa en el café negro de un bar del tróp...

Daniel Rafalovich

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Salem Sonreía y su sonrisa buscaba algún reparo. (Quizás sepas que sus manos de marfil prohijaban una pócima blancuzca) El espejo la arrullaba en sueños sin hogueras (Recuerdas: la espiral de los sueños la caída infinita) A veces canturreaba en la hora de ensalmos cuando las sombras profanaban los rincones. El imaginario de la aldea colegía rituales o con espantada mueca paladeaba sus cópulas satánicas. Ella, siempre, sonreía y en su boca la savia de mandrágora estallaba en artificios seminales que no cesan. Daniel Rafalovich (1958, Santa Fe, Argentina)

Francisca Aguirre

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Desmesura A Javier Statié Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo. Luego, la vida hizo una pausa y todo pareció recomponerse como esos acertijos infantiles en los que sólo falta una palabra, una palabra necesaria y rara. Pero dijo que no. Cerró los labios y escuchó el gorgoteo de las sílabas luchando por vivir a la intemperie. Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio. Luego, la vida hizo una pausa. Y todo fue distinto: el dolor fue más cauto, más sensato, la lujuria lloró en su madriguera. Y el tiempo inauguró sus máscaras: hubo un pequeño espanto en los rincones, temblaron los espejos agobiados defendiendo impotentes el azogue. Los pájaros callaron esa tarde y la luna brilló blanca y sin manchas. Ardió la noche como vieja tea con la absurda avaricia de la muerte, con su luto distante y pegajoso, y un rencor resabiado y carcomido descargó como lluvia en el desierto. Entonces, sólo entonces, oyó a su corazón ladrando y se volvió despacio a los espejos y los vio tiritar con mucho fr...

Golgona Anghel

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NO  me interesa lo que  dicen los disidentes de la dictadura.  Pero confieso que me gustaban los chocolates Toblerone  que mi tía me traía en Navidad.  No creo en los presos políticos,  ni me impresionan los niños descalzos  que les muestran los dientes a las máquinas Minolta de los turistas italianos. No voy a pedir asilo. Desconozco los avances o retrocesos económicos de mi país. Ya he hablado de Drácula lo bastante. Ya he recogido fresas en Andalucía. Ya he sido gitana, ya he sido puta. No necesitan volver a preguntármelo. Lo que me preocupa —y, eso, sí puede ser relevante para el fin de la historia— es saber cuándo fue que me transformé, yo que era una loba solitaria, en este caniche de apartamento que les habla ahora. GOLGONA ANGHEL  (1979, Alexandria, Rumania) Escribe en portugués Traducción: Aníbal Cristobo Fuente:  http://kriller71ediciones.com/vine-porque-me-pagaban-golgona-anghel/ Enlaces: https://www.elcultural.com/blogs/rima-inter...

Attila József

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Por ti estoy enojado, no contra ti Cuando el sol se levanta y el rocío se inclina desde los cabellos de los que nunca sienten ira, que mi ira no te moleste nunca, querida. Pienso a menudo en las plazas grandes, veloces, donde acaso no me caeré. Y los talladores de mástiles vendrán con los mástiles en filas cerradas, y los seis millones de férreos obreros, vencedores, lanzarán al cielo el martilleo de corazón tintineante. Bajo la tempestad celestial de las herramientas, que pueda yo tener tus besos, querida. No te das cuenta de que me empino cuando hablo del futuro. Si quieres, sólo volveré a ti después de la victoria que canta la gloria de la ciudades, o cuando los panaderos unen sus buenas paletas que lanzan el pan y en ellas me colocan, con la cabeza baja, cubierta de harina, y me llevan lentamente hasta tu cama. Por ti estoy enojado, no contra ti. Mira, apriétame esta mano que te levanta a lo alto en mis sueños. Que mi ira te fortalezca, y que no te moleste, querida. ATTILA JÓZSEFF ...

Song Lin

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Barrio chino      Una vez al mes me dirijo en tren hacia Belgrano,  a donde está mi patria sola entre dos calles.  Sentado sobre un banco en el andén  miro los peatones a ambos lados de los rieles, tras las rejas,  mientras espero al tren que viene del Tigre.  El sol sudamericano me hace arder la piel.    La virgen dentro del altar se ve pálida,  ojos caídos, expresión neutra: ni buena ni mala.  El reloj averiado marca como siempre las 8:45,  advirtiéndome una vez más  que el futuro es la terminal de algo: una mala noticia que ya está en camino; una nieve que tapa todo, que cubre todo; un error del que no dejamos nunca de arrepentirnos... La puerta del vagón se abre y siento una satisfacción indecible, porque una vez por mes Belgrano ocupa de nuevo el lugar de mi patria trayéndome su pereza, su bondad y su embrujo; y una vez más vuelvo con mi bolsa pesada, llena de arroz, salsa de poroto, cebolla y zanahoria Song Lin ...

Noelia Palma: poemas inéditos

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15 Afuera los malvones dedican su vida a ceder espacio a los pájaros. Yo miro y ese viento también me golpea. Todo arderá alguna vez blanco, rojo, rosáceo todo arderá como una revelación. 17 No recuerdo el nombre de la mujer pero encontr é  sus huesos: cuando trasplanté la cineraria marítima sonaron confundiéndose con el campanario de la iglesia en otro continente. 20 ¿Oís la música? Las flores crecieron con la última llovizna y la música, Querido, la música es un monstruo, la violencia de alzar las manos. Las manos en alto, las manos en alto. Te recibo. De: "Nadie dijo la belleza" (inédito) Noelia Palma (1984, Morón, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

E. Ethelbert Miller

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Las cosas en los armarios de los hombres negros en el estante superior del armario está el sombrero que mi padre usa en ocasiones especiales se encuentra junto al gran frasco en el que guarda centavos él siempre va con la cabeza descubierta cuando lo veo caminar por la calle una vez me senté en su dormitorio mirándolo buscar entre pulóveres y trajes algo que había perdido un corbata quizá de pronto se detuvo caminó lentamente hacia el armario y agarró el sombrero del estante me senté en la cama estudiando su espalda esperando a que se volviese y me dijera quién había muerto The things in black men's closets on the top shelf of the closet is the hat my father wears on special occasions it rests next to the large jar he saves pennies in his head is always bare when i see him walking in the street i once sat in his bedroom watching him search between sweaters and suits looking for something missing a tie perhaps then he stopped and slowly walked to the closet took the hat from the she...

María Luisa Spaziani

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El vía crucis La bronquitis esta noche me transforma en una encina cubierta de nieve. Crucificada en la tierra con raíces de debilidad y estremecimientos, siento los ramos cargados que se doblan bajo el peso de mil cristales. Conocí un día a un chiquillo, mucho más enfermo que yo. Respiraba con dificultad, y en su cama se parecía a un velero encallado, pero su pensamiento en lo alto era la oropéndola en la cima del olmo fulminado. Esta noche pienso en él, yo que sé de sobra que pronto sanaré. Y me siento igual que aquel fiel que vi en Brujas con su capa de nutria. Miraba a un vía crucis e intentaba imaginar la hiel y cualquier tormento. Y quizás oscuramente también sentía que no sólo el Cristo de los iconos cruza en nuestro nombre el paso inmenso de las tinieblas. Traducción: Emilio Coco He venido a París para olvidarte He venido a París para olvidarte pero tú obstinado me impregnas todo espacio. Eres la quimera horrorosa de los aleros de Notre-Dame, eres el ángel que invencible sonríe...