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Mostrando las entradas de enero, 2013

Hugo Toscadaray

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Ducha cartaginesa                                                                                                                     a Mora y Valentino Ortiz Primero lavé mi cuerpo con el runrún de unos grillos extraviados en la fulgurante noche Luego lavé mi cuerpo con el secreto de los árboles Y lo lavé con la cadencia de una mañana que creía olvidada Lavé mi cuerpo con la audacia de un relámpago atronador Con un ladrillo lo lavé Con una canción oxidada Lavé mi cuerpo con una mujer violeta Y por mas que lavé y  lavé mi cuerpo el trompo negro del corazón de mi tristeza no se ha disipado él brilla entre las uvas del sol. De: "Elogios y otras intemperies", 2012 Biografía Cuando ella lo dejó,...

Ricardo Costa

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Clima      Nos comportamos según el tiempo.  Ayer, los vientos moderados de superficie  nos mantuvieron alertas respecto a posibles  cambios de temperatura.  Mi vecino cortó leña de más toda la tarde  y yo lamenté estar solo en un momento  como este. Hoy la situación es la misma y el leñador ha comprobado que el calor hace humo todo el trabajo de una tarde. Pero a él no le importa porque su mujer ha puesto a secar ropa junto al fuego y ha freído unos bocaditos de manzana. La dicha y la soledad se comportan de igual manera: hay que trabajar duro para que la confianza de uno se quede ahí y no se apague. El humo siempre terminará por hacer su trabajo: doblarse para que el viento tenga un gesto de piedad para los que estamos solos. Así la dicha se anuncia según el tiempo. Escapa por los hogares y vuela en pedazos por el aire hasta dejar en el ambiente una extraña sensación de frío y un ligero aroma a frituras RICARDO MIGUEL COSTA  (1958, Bue...

Giorgio Caproni

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Calle Pio Foà, I La luz cada vez más dura, más impura. La luz que vacía y ciega, convertida en locura y aluminio, acá donde en el opulento barullo del mercado, la ciudad escupe al rostro su Orgullo y su Desmesura. Claro Dónde nos extraviamos... Nos separamos... No es una indicación. No es una interrogación. Una exclamación, acaso. (O un desfallecimiento.) Un viento quebradizo socava la frente ya desmontada. ¿Es miedo? El bosque se ha transformado en un claro espantoso. Giorgio Caproni: (1912, Livorno / 1990, Roma, Italia) Imagen: mayora.blogspot.com

Juan Carlos Moisés

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Una carta la carta que está sobre la mesa fue enviada hace cuatro días desde Buenos Aires siempre pensé en Buenos Aires de chico soñé con Buenos Aires todavía pienso y sueño con Buenos Aires dos mil kilómetros viajó esta carta seductora para venir a mi encuentro y transformar a este pequeño pueblo del sur en un país desconocido Respuestas Lejos los perros ladran sobre el final del invierno y se contestan de un extremo a otro del pueblo dormido y también hay respuestas calladas humanas doloridas de algunas voces que la noche cierra como una mano JUAN CARLOS MOISÉS  (1954, Sarmiento, Provincia del Chubut, Argentina) De. "Querido mundo", 1988, Ediciones El Lagrimal Trifurca Enlaces:  12 Poetas chubutenses

Laura García Del Castaño

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S e habla cada vez con más certezas Así, como el color del humo presume la voracidad del fuego, o el cauce de un río su arrebato por cómo naces se adivina el carácter, por la línea de tu mano los hijos que te esperan, por la forma de tu cráneo la inteligencia, por el ancho de tus huesos tu fortaleza, por tus actos la magnitud de tu entierro y por tu cadáver la demora de tu olvido. La parte más honda  Olvidar o dormir el súbito instante en cuyo sueño, se sueña la vida que jamás tendremos. Aquí arriba reina la memoria de este día como un dios que todo lo ve, menos a su dios. Allá abajo el animal que enterré se ilumina tan brillante como un diente de oro. Lo que escondí en lo más hondo hoy abre sus ojos flota en los mares. LAURA GARCÍA DEL CASTAÑO  (1979, Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina)  De: “La vida en que sueñas”, Recovecos 2012 Imagen: La voz

Luis Antonio de Villena

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Raso en la autopista L’anima sua bianchissima e leggera Sergio Corazzini Brillantes son las avenidas de la noche, las vacías autopistas que solitario atraviesas en la cabina de un coche, como si una soledad acristalada permitiese la vida de los sueños, de las niñas que mueren de amor ante los cines, fuera del mundo, al borde de la noche. Automóviles solos que en todos los moteles hablan del saxo azul de los night-clubs, de un silencio de seda, del fuego que abrasa las tablas de la ley cuando el malhechor – raso en la pechera – decide ahogar su dolor en los cetáceos muertos, en la pálida estrella que ve brillar tras el arabesco del balcón en un motel cualquiera… Con el alba el claror redibuja un paisaje, el cascote del día resuena contra el níquel y hay olor a comienzo de caza en los bares desiertos, desiertas avenidas… Las sábanas entonces, al que tarde regresa, le ofrecen dulzura de hierba cortada, rocío en las hojas de los tréboles, trinos de tordos que saludan al alba. En tanto tú r...

Guillermo Bianchi

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El orden de las cosas los muros los escombros me transmiten recuerdos obedezco al lenguaje del cristal que trepida respondo al juramento desleal del relámpago la simple observación de una canilla me provoca un intenso sentimiento de ahogo el fuego vaticina mi futura memoria los relojes me llevan de modo inevitable a treparme a la copa de los árboles para lanzar mi aullido a la intemperie toda consternación me pertenece toda felicidad me contradice el silencio lastima mis oídos contemplo horrorizado la belleza del día y persigo a mi sombra para no despistarme soy el ojo que rige mis bruscas mutaciones el barco que establece sus propias tempestades todas las realidades me parecen ficticias todas las utopías me resultan posibles. Mar adentro el mar toda una vida a la intemperie toda una vida el corazón cerrado al no ser mar qué breve la mención de tu nombre yo que nunca lloré bajo una nube ni recorrí las costas del espanto te hago cárcel de mí labio a mi copa en un mundo que goza desenter...

Catalina Boccardo, del libro inédito "Bailar"

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Los bailarines                                                         “Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas  de arriba".                                                                                                                                           Alegoría de la Caverna. Platón           ...

Diane Wakoski

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El mecánico La mayoría de los hombres usan los ojos como metrónomo para marcar el compás del caminar de una mujer cómo sus caderas se ciñen contra la tela, igual que los higos en el árbol justo antes de reventar sus moradas pieles, para medir qué tanto de su andar emplea en la cama de noche, la jarra del cielo llenándose de vía láctea centellea cada vez que ella mueve los labios. pero, claro, los secretos no son los golpes obvios en la canción que cualquier baterista puede dar oyendo la velocidad del motor —hecho también de golpes— tan rápidos, sutiles, supongo, que llegan como un sonido continuo o el corazón que, por supuesto, golpea sin ventilador que lo mantenga fresco; es una prueba, un ritmo, que no podrían ver aquellos ojos medidores aunque tal vez haya algunos con dedos y oídos tan cerca de los motores con aceite limpio circulando por los oídos que depure la sesera, quizás algunos... puedan decir en qué consiste el secreto sangrar de una mujer Como mujer con estrellas untuosas e...

Silvio Mattoni

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UN conocido mentiroso griego    dijo que el heroísmo nunca era  criar, aseados, a los niños. Pero  teníamos poco más de veinte y Francisca,  un mes, nos observaba. La pusimos  en una bañera de plástico azul  donde su cuerpo movedizo se asombraba por el líquido tibio. Vos le sostenías la cabecita rapada, yo pasaba el jabón casi sin espuma deslizándolo sobre su ombligo nuevo. Tu alegría surgió inevitable, te reías, y a todos les contagiabas valor, como una imagen pequeña de dioses más inteligentes que los míos. Dijiste: “Agarrala bien, así le lavo los pies.” Y quién querría afrontar la vejez, la declinación de los sentidos si no tuviera que mirar cómo crece una heroína junto a otra, cómo prueban sus armas, sus retóricas, porque con ellas repetirán el sí dado al mundo, esa pulcra devoción que se ejecuta con necesaria crueldad a veces. Es fácil responder por qué alguien ama a una mujer más  que a las mujeres, atraído por el perfume de lo que hace crec...

D.H. Lawrence

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Piano      Suavemente, al atardecer, una mujer me canta;    llevándome a la perspectiva de los años, hasta ver  a un niño sentado bajo un piano, estremeciéndose en la resonancia    de las cuerdas  y presionando el pequeño y sereno pie de una madre que sonríe mientras   canta.    A pesar mío, la insidiosa maestría de la canción  me traiciona y lleva hacia atrás, hasta que el corazón mío llora por pertenecer  a las viejas tardes de domingo en casa, el invierno afuera  con himnos en la sala confortable, la resonancia del piano nuestra guía.    Entonces, ahora es en vano que el cantante rompa en clamor  con el appassionato del gran piano negro. El encanto  de los días de la infancia me rodea, mi adultez está anclada  en la marea del recuerdo, lloro por el pasado como un niño. Piano Softly, in the dusk, a woman is singing to me;   Taking me back down the vista of years, till I see   ...

Raúl Gustavo Aguirre

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El resplandor de los amigos La  carne asada entre las piedras bajo los alelíes de los cielos Oh, no hace mucho que somos hombres. Pero este vino ya tan diferente de la sangre y este pan compartido son necesarios al corazón. Y estar aquí fuera del miedo y las tinieblas hermanos en la noche que une lo más hermoso con lo más callado. Enlaces: Raúl Gustavo Aguirre De: "Antología", Monte Avila Editores, 1978