Los poetas y el trabajo: Raymond Carver
Raymond Carver Sala de autopsias En esos tiempos yo era joven y la fuerza de diez hombres habitaba mi cuerpo. Para lo que mandaran, eso pensaba. Trabajaba en el hospital en el turno noche y una de mis responsabilidades cuando el forense terminaba su trabajo era la de limpiar la sala de autopsias. Ellos no tenían horario, algunas veces terminaban temprano, otras demasiado tarde. Y, dejaban objetos olvidados en la mesa de trabajo construida para esas tareas en particular. Un pequeño bebé quieto como una piedra y más frío que la nieve. Otra vez un negro corpulento de pelo blanco con el pecho partido al medio todos sus órganos vitales en una bandeja a un costado de su cabeza. La manguera derramaba agua. Las luces colgadas del techo encandilaban. Una vez dejaron sobre la mesa una pierna, una pierna de mujer, pálida y bien formada. Yo sabía para qué era la pierna, en ocasiones los había observado. A pesar de eso ...