-->

julio 29, 2020

Gabriela Schuhmacher: poemas inéditos



Poemas de “Golpe de frío” que publicará Ediciones UNL Santa Fe 

“Golpe de frío”, de Gabriela Schuhmacher, es una composición poética que gira en torno a la evocación de un paisaje originario, a la inscripción que han dejado algunas escenas del pasado –presumiblemente autobiográficas- en un presente que decide volverse escritura y convertirse en un largo y sostenido, único poema.
Desde el inicio el faro que alumbra es Pavese: la obra abre con un epígrafe suyo recordándonos “aquel remoto estupor” que a veces regresa “en la inmóvil luz del día de verano”. Lo que se cuenta, lo que contarán estos poemas está fijado sobre un paisaje de la infancia y primera juventud, donde el sol y los frutos, la cotidianeidad inmediata de un pueblo de provincia, la imagen de la madre y de un primo; son presencias que permanecen inalterables.
No solo las palabras deslumbran en “Golpe de frío”, también lo que no se dice, lo que se rodea y no se nombra -el hecho irreversible de la muerte, lo fatal del destino, la irreversibilidad del tiempo-. Lo oculto se preserva así de la pérdida, se vuelve elocuente y desde ese no lugar irradia, echa luz.  


Bea Lunazzi

Campo de gladiolos




La casa se levantó en el último lote 
antes de llegar a la avenida de arena.
Para un lado estaba el pueblo,
para el otro
el campo de gladiolos, melones 
y sandías. Los quinteros, 
con un pañuelo en la cabeza 
y el torso descubierto,
tiraban detrás del alambrado 
las plantas malformadas 
Era el momento 
de salir a embolsarlas, siempre 
alguna sobrevivía tras mezclar
la arena con abono, esa materia
oscura y húmeda del gallinero.
Un hueco, depositar el bulbo, regar
y taparlo. Simple, tan simple como
esperar que la flor abriera salmón 
o blanca, los colores más frecuentes.


Al lado del alcanforero




mamá sirve la mesa.
Cubre su piel un paño lleno de colores. Rodeada 
de mosquitos alza sus manos y se lamenta: 
es un árbol que crece lento, pero ya debería 
ahuyentarlos. Sacude el mantel y busca
las latas de pasto seco. Enciende un fuego 
que, con pan viejo echado por encima, 
se convierte en humo espeso.
Los zumbidos desaparecen, nadie se queja, 
pero mamá no quita los ojos de las latas 
y ciñe su cuerpo más a la tela. Para ella 
no es bueno permanecer desprevenida 
ante los embates de la existencia. 

a Perla

Dormir juntos

Esta demora es la más dulce

Cesare Pavese



Comíamos en la mesa grande 
la que daba al patio, de espaldas a la noche,
al miedo de la noche. Por eso
no salíamos, era mejor dejar que el cansancio 
nos abatiera. Casi siempre caíamos
dormidos sobre el mantel y uno a uno
nos cargaban para llevarnos al cuarto. 
Sabíamos que nada 
sería más seguro en el mundo que sentirnos
arrojados a la par. No faltaba quien, 
al pasar y vernos, advirtiera lo peligroso
de crecer de golpe, lejos de la luz del sol.


Paltas tucumanas




Mamá contaba que un amigo del norte 
traía paltas de regalo, que ella 
les sacaba el corazón redondo y duro
para ponerlos en almácigos. 
Daba gusto ver los brotes vigorosos,
traspasarlos al suelo 
con tutores y pensar cómo 
sería el camino de ingreso
una vez crecidos.
Con Javier la ayudábamos
en cada plantación. 
Al caer la tarde, cada uno se preguntaba 
por el corazón enterrado, 
por el conocimiento vegetal 
que rompe la oscuridad 
hacia la luz.
Al pie de la cama, agradecíamos 
tener a mamá en la noche,
era la única capaz de escarbar 
corazones dormidos, 
lograr que volvieran confiados
a la blandura de la vida.



Referencias:

Al lado del alcanforero. “Ciudad en el campo”
Dormir juntos. “La cena triste” 
Cesare Pavese, “Trabajar cansa”.  “Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Traducción. Jorge Aulicino (Griselda García Editora / Cartografías / Ediciones del Dock, 2018).


Una serie de poemas narrativos, que reconocen la sombra del poema-racconto de Cesare Pavese y las mitologías ocultas de la vida provinciana, conforman una revisión del pasado que es, también, una visión de la naturaleza.  En el núcleo, dos figuras: un primo rutilante, muerto tempranamente, y la madre. Los rodean la frontera con la escasez, con el sacrificio; los enaltece la luz sepia de todo lo que fue; los preserva el entorno de las cosas del campo, los pájaros, los cielos, las plantas, la tierra que se cultiva. A veces un “golpe de frío” recuerda la mortalidad, hasta que se abre un sabor, una cadencia, o  “una ventana sin pensamientos / al día en que nada nos iría a sorprender”.

Extracto del jurado del premio José Pedroni 2019 integrado por Laura Wittner, Jorge Monteleone y Carlos Battilana. Mención honorífica categoría obra inédita 2016-2019. Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe.


GABRIELA SCHUHMACHER
Nació en la ciudad de Santa Fe, en 1970. Publicó los libros de poesía: Cantos del norte (Editorial de l'aire, Santa Fe, 2016), Puros e Impuros/Extensos Óleos (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2018) y Ahogada en otro Tíber (Editorial Ciudad Gótica, Rosario, 2018). Becaria en letras del FNA (2017) por el proyecto Ahogada en otro Tíber. Recibió una mención honorífica en el Premio José Pedroni de poesía, categoría inéditos 2016 - 2019 por el libro Golpe de frío (Santa Fe). Integra entre otras antologías, la Federal de Poesía Región Centro (CFI, Buenos Aires, 2018). Sus poemas pueden encontrarse en diferentes revistas digitales y blogs. Estudió artes visuales y es gestora cultural universitaria. Autora y coordinadora del proyecto La Poesía se mueve. Trabaja en museos de la ciudad de Santa Fe, Argentina.

Santiago Sylvester responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

Santiago Sylvester


Santiago Sylvester nació el 16 de junio de 1942 en Salta, capital de la provincia homónima, la Argentina, y reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es Abogado, por la Universidad Nacional de Buenos Aires, desde 1970, título convalidado académicamente por la Universidad Complutense de Madrid en 1979. Entre otras distinciones, recibió el Premio Jaime Gil de Biedma, en España, en 1993, el Gran Premio Internacional Jorge Luis Borges, en 1999, y el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, en 2008. Es Miembro de número de la Academia Argentina de Letras (2014) y Miembro correspondiente de la Real Academia Española (2015). Ensayos de su autoría incluyen los volúmenes “La tierra natal – Lo íntimo”, de Juana Manuela Gorriti (1998) y “En tierras de Magú Pelá”, de Federico Gauffin (2009). Es el antólogo, entre otras obras, de “El gozante. Antología de Manuel J. Castilla”, “Poesía del Noroeste Argentino. Siglo XX”, “Anuarios del tiempo” (Antología de Néstor Groppa), “Juan Carlos Dávalos, una obra en su lugar” y “Los que se fueron (25 poetas argentinos contemporáneos)”. Participó en los siguientes libros colectivos: “Tres décadas de poesía argentina (1976-2006)”, “El verso libre”, “Giannuzzi”, “Dificultades de la poesía”, “Viel Temperley”, “Otro río que pasa” y “Lugones, diez poemas comentados”. Es el autor del libro de cuentos “La prima carnal” y de los ensayísticos “Oficio de lector”, “La identidad como problema. Sobre la cultura del Norte” y “Sobre la forma poética”. Algunos de sus poemarios publicados entre 1963 y 2020: “En estos días”, “El aire y su camino”, “Esa frágil corona”, “Palabra intencional”, “La realidad provisoria”, “Libro de viaje”, “Perro de laboratorio”, “Entreacto”, “Escenarios”, “Café Bretaña”, “Antología poética” (Fondo Nacional de las Artes, 1996), “Número impar”, “El punto más lejano”, “Calles”, “El reloj biológico”, “La palabra”, “Los casos particulares”, “El que vuelve a ver”, “La conversación”, “Llaman a la puerta”y “Ciudad”.

1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

S Sylvester: Que la cosa iba literariamente en serio, lo supe más o menos a mis 17 años. Hasta entonces, todo había sido un poco de juego y otro poco de pose. Creo que a aquella convicción me llevó algún poema que ya no recuerdo y que prefiero no recordar, aunque suene a ingratitud. Lo cierto es que en esa época supe dos cosas: que tenía un destino en la poesía y que tenía que hacer todo lo posible para que eso fuera cierto.
2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

S Sylvester: Con los fenómenos de la naturaleza me llevo muy bien, salvo con el viento. El viento me desasosiega, los otros no. Me encantan las tormentas de verano de Salta, que aparecen bastante en mis poemas. Por otra parte, viendo llover se puede tomar un trago, o al lado de un río crecido; en el viento, no.

En cuanto a la sangre, me remite a un problema sanitario, así que es mejor dejarla donde está: en las venas. En realidad, no me gusta ni como metáfora.

Sobre la velocidad, si es la de un automóvil, depende de las prisas. Y si es figurada, me gusta poco: siempre digo que me parece bien que la gente sea rápida, pero no que se le vea la velocidad.

Y las contrariedades, por definición son eso: prefiero que no lleguen. Y si llegan no me ofenden tampoco: la vida está llena de contrariedades y hay que negociar.

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?…

S Sylvester: Hubo algún romanticismo que consideraba al poeta como intermediario entre la musa y el papel en blanco. Y esto es claramente una exageración. Ahora que han desaparecido las musas, hay otro abuso, el de creer que lo que haga el poeta será poesía, con lo que se confunde poesía con auto expresión. En estos excesos está la idea de inspiración, que sería un regalo que el poeta recibe por ser quien es. Esta concepción, tanto del poeta como de la inspiración, no es la que frecuento.

Lo que sí hay son imponderables, momentos de más lucidez, en los que se nos ocurren cosas o soluciones que en otro momento no llegan. Estos momentos existen, y posiblemente los tenga todo el mundo, cada uno en su materia. Lo que sucede también es que hay quienes utilizan mejor esos imponderables, porque están más capacitados, o más atentos, o porque saben más, o tal vez porque llegan a donde tienen que llegar. Y esos son los buenos poetas. Un poeta trabaja para serlo y lo consigue.

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

S Sylvester: En general, de ninguno. De un artista me interesa sobre todo su arte, no sus avatares. Y si alguna vez curioseo, como todos, en esos avatares, es porque están respaldados por los resultados artísticos. O los complementan.

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

S Sylvester: No soy muy de refranes, tal vez porque siempre me han parecido un poco sabiduría de viejos, aun siendo un lector asiduo de Don Quijote: un libro pródigo en refranes. En cuanto a armar frases, es consecuencia de la relación con las palabras. El otro día me salió una frase en una carta, que te la hago llegar: “Había un tiempo en que para escribir poesía había que saber escribir poesía”.

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

S Sylvester: De lo primero, es decir estremecimientos, ya hay poco. Esto me sucedió en mi juventud: por ejemplo, con César Vallejo, con Pablo Neruda o García Lorca.

En cuanto al asombro o la perplejidad, me ocurre bastante, a pesar de los kilómetros de lectura que tengo necesariamente a mis años: con T. S. Eliot, Carlos Drummond de Andrade, Borges, y muchos más.

El Quijote, Francisco de Quevedo o San Juan de la Cruz son perplejidades perpetuas.

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

S Sylvester: El ridículo, si se trata de eso, es algo que todos queremos evitar, sobre todo cuando es involuntario. No veo entonces la gracia de recordarlo. Por otra parte, el peor ridículo es el que uno desconoce de sí mismo; y de eso habría que preguntarle a otro, tratando de que no sea un enemigo.

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

S Sylvester: Me remite a la muerte, así que prefiero dejarla por ahora donde está.

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

S Sylvester: Utilizo la rutina, y la aprovecho. A veces, hasta la necesito, incluso para romperla. Y es una paradoja, porque no he llevado una vida rutinaria, así que en realidad de lo que hablo es de obsesiones y de viejas manías, como estar siempre leyendo o tener a mano una libreta de notas.

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

S Sylvester: Me gusta más lo de Stevenson, cuando dijo que el estilo consiste en que todas las palabras de una página miren en la misma dirección. En realidad, un estilo no se busca: se lo encuentra, y en general, no es deliberado. Es la recurrencia de ciertos giros, de palabras, de manías, y es finalmente lo que hace que exista, por ejemplo, lo kafkiano, lo borgeano o lo cervantino (o mejor, lo quijotesco). Un estilo fuerte y reconocible es propio de un gran escritor. Corpus Barga confunde estilo con manierismo.

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

S Sylvester: Indignación me producen muchas cosas: la violencia, la injusticia, las dictaduras, las desmesuras del poder, tanto en lo público como en lo privado. Pero quisiera mencionar algo de mucha actualidad, que no llega a la indignación lo que me produce, pero sí a un enojo mezclado con decepción: hablo de una vieja conocida nuestra, “la grieta”.

En Argentina no tienen prestigio los matices; incluso no es bien visto el que matiza. Esta limitación es empobrecedora, y produce algo peor: nos deja a merced de “los profesionales de la grieta”. Por supuesto, me refiero a la grieta política, que está poblada de mala fe, y que necesita de las dos orillas. Pero esto se repite en todas partes: literatura, futbol, etc.

Para mí, pensar es matizar, mientras que la idea maniquea de blanco o negro es la comodidad de las consignas, que eluden el pensamiento por cuenta propia, y que me tienen harto. En la vida en democracia tendría que ser obligatorio pensar y por lo tanto matizar, porque es lo que permite llegar a consensos, y sólo con consensos se desarrolla una sociedad. Pero estamos empeñados en no hacerlo, para beneficio de los que viven de la grieta, que están en todos los oficios, y que abundan en política, periodismo, entre los intelectuales y los opinólogos. Con el añadido de que en la grieta todos terminan pareciéndose a lo mismo que critican. No tengo un sentido angélico o ingenuo de la política ni de la vida, ya no tengo edad para eso, ni, por supuesto, propongo que seamos equidistantes: hablo de queprefiero los argumentos a las consignas y a los tópicos, el debate al discurso único; y esto no suele suceder en nuestro país.

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

S Sylvester: Mi niñez feliz transcurrió en Salta, en una casa con patios. Menciono los patios porque es algo que ha desaparecido de la arquitectura actual. Gran parte de mi felicidad estuvo en esos patios con canteros y macetas, con el olor del agua y de la tierra cuando los regaban por la tarde. Y el toldo y las parras aplacando el solazo de las siestas del verano.

De mi adolescencia recuerdo que fue tan complicada como la de cualquier otro, contando con la protección relativa en la que transcurrió la mía. Salta era por entonces, aunque no lo sabíamos, una ciudad chica, penetrada por el campo. Los carros y los coches a caballo circulaban por el centro de la ciudad, y también llegaban las vendedoras de quesillos y tamales, a caballo y con las árganas cargadas. Y ya ves, de eso no ha quedado ni la palabra árgana.

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

S Sylvester: La verdad es que no lo sé. Pero para elegir, preferiría algo muy distinto a lo que conozco como, por ejemplo, haber peleado en la Guerra de Troya y haber acompañado a Ulises en su viaje. No estaría mal ser personaje de Homero, pero preferiría que los dioses no me cayeran en cuenta: eso era peligroso.

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

S Sylvester: De esa enumeración, lo que necesito de verdad es el silencio. No sólo cuando escribo, que finalmente puedo hacerlo en un café, sino simplemente para estar; el ruido me irrita, como me irritan un poco hasta las palabras demasiado sonoras. Con el resto de las cosas pongo un “depende”: la oscuridad no me molesta de noche, pero sí de día; las sorpresas no me molestan si son buenas; el fervor si no es excesivo, lo mismo que la gestualidad. Intemperancia y desasosiego no me gustan nada y creo que no tienen el afecto de nadie.

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

S Sylvester: Entre los que no han sido amigos míos, a Quevedo, a Miguel de Cervantes en el Quijote. Entre los que han sido mis amigos, podría ser Joaquín Giannuzzi. Les aparece de pronto un punto irónico, que a veces puede llegar al sarcasmo, y que me parece propicio para el viejo latinazgo: “ridendo castigat mores” (“riendo, enmendar las costumbres”).

En otro tono, deliberadamente humorístico, recuerdo las dos ‘Antologías apócrifas’ de Conrado Nalé Roxlo, que son un prodigio de “saber hacer”: impecables imitaciones de estilos, con un humor insuperable.

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?…

S Sylvester: No aprecio, en poesía, lo confesional, el poeta que cuenta dónde y cuánto le duele; el abuso trivial de la primera persona del singular. En cuanto a las imprecisiones, me gustan cuando significan algo.

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

S Sylvester: Tuve que resolverlo cuando hice alguna antología de la poesía del Norte: y lo he resuelto siendo honesto. Me resultó muy comprometido por ser yo del Norte: tuve que incluir a un par de poetas que no me quieren, ni yo los quiero; y a la vez tuve que dejar fuera a algunos amigos. Ahí no valían ni el amiguismo ni el enemiguismo, sino que tenía que opinar sin cargas emocionales. Es un problema serio, pero de problemas se nutre todo, así que corresponde encararlos lo mejor posible. Sé que me pude equivocar, no soy infalible, pero he usado mi criterio, que es el único que tengo.

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

S Sylvester: No lo creo. Ese tango es buenísimo, pero no creo en su filosofía. Puede sonar a paradoja, pero no lo es tanto. En general, no creo en una cierta filosofía callejera que propaga el tango, que la identifico como “el prestigio del fracaso”. Por ejemplo, “primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”: me parece una secuencia atroz. Ese “andar sin pensamiento” lo identifico con el infierno: algo a resolver, pero no a imitar ni a proponer como un proyecto, como lo hace el tango. Y sin embargo “Naranjo en flor” es un tango que me gusta. Son los escalones que separan a la estética de la vida: no son la misma cosa.

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

S Sylvester: Hay tres momentos de la humanidad que me parecen ejemplares, a pesar de sus contradicciones: el siglo de Pericles, el Renacimiento y la Ilustración. En esos períodos hubo gente como Sófocles, Leonardo o Voltaire, entre muchos otros, que hicieron que la vida, y sobre todo las expectativas, sean mejores que como las recibieron. Doy esos nombres en representación de muchos.

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

S Sylvester: Algunas bromas al estilo de Chaplin. Pero en realidad mi risa, que existe y mucho, no es muy batiente.

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

S Sylvester: Esa pregunta describe bastante la vida. Tener un ideal es común; y sentir que no se lo alcanza, también. Como poeta, para hablar de lo visible, uno tiene la esperanza de ser de lo mejor, y la realidad no nos dice siempre lo que queremos. No estoy exponiendo una falsa modestia, que suele ser más falsa que modesta, sino considerando lo que creo de mí y de lo que he podido ser.

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

S Sylvester: Soy y al parecer he sido, por temperamento y convicción, bastante realista. Por eso mismo, he tenido momentos a favor y momentos con el viento en contra. Brevemente, en amor me fue bastante bien; en contemplación también, aunque sin exagerar; en dinero ni me ha faltado ni me ha sobrado, con lo que estoy hablando de mi buena suerte; en religión comencé siendo un católico muy creyente y fui derivando hasta mi actual descreimiento; y en cuanto a la política, tengo una relación de opinante sin partido. Es curioso, esto me pasa en Argentina, porque en mis largos años en Madrid me sentí muy cómodo e identificado con el PSOE y trabajé como abogado en la UGT, el sindicato del partido socialista. Al volver a Argentina, no pude encontrar un partido como el PSOE, así que soy un socialista sin partido. Tal vez no sea cómodo, pero es consecuencia de lo que expuse un poco antes: de mi intención de pensar por cuenta propia y de no dejar a otro mi responsabilidad de analizar.

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

S Sylvester: Muchas cosas son insufribles, en todos esos terrenos. Por ejemplo, la poesía catártica, además de que oculta un abuso del yo, termina en puro narcisismo. Pero tampoco me ensaño, con no usarla me conformo.

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?…

S Sylvester: Son muchas las calles a las que me gustaría volver, situadas en varias ciudades, y a las que quizás alguna vez vuelva. Pero hay unas a las que ya no será posible: las calles de una Salta que existió y que ha desaparecido. Aclaro que no es nostalgia, con su etimología peligrosa de regreso doloroso, sino más bien simple remembranza. De cuando el tamaño de la ciudad la hacía transitable a pie, y en poco más de media hora estábamos en el río; de cuando terminaba la ciudad y empezaba el campo, sin esa zona terrible que ha crecido en todas las ciudades, de viviendas precarias y carentes de todo. Y, en fin, de cuando tenía toda la vida por delante, que es seguramente la clave de cualquier remembranza. También digo, a cambio de eso, que Salta ha crecido bastante bien, me gusta caminar por la ciudad actual, llena de energía y variada, a tono con la época.

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

S Sylvester: Lo que haría, y es lo que hago con mucha frecuencia, no es una microficción que nunca he practicado, al menos conscientemente, sino acudir con todas esas palabras a un diccionario etimológico. Ahí sí que se esconde una cantidad enorme de relatos apasionantes, que acompañaron a la humanidad en nada menos que en su construcción social.

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?…

S Sylvester: De las palabras puede decirse todo, hasta que mueren. Y entre otras cosas, hay que decirlo con palabras. La paradoja es que para saber que una palabra ha muerto hay que usarla, si no, no hay manera de saberlo. La palabra péñola ¿la damos por muerta? Mientras siga en el Quijote seguirá mandando alguna señal.

El hecho de que no la usemos no es más que un hecho, no una ceremonia fúnebre. En todo caso, lo que sí es cierto, es que hay cosas que, para decirlas, no se encuentran palabras. Hay otros lenguajes, sin palabras, que son tan válidos como las palabras; y a veces más. Pero un cementerio de palabras, que seguramente existe en cualquier idioma, es siempre provisorio, hay que saber que todas mantienen por las dudas un ojo abierto.

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

S Sylvester: He podido y puedo. Siempre he separado ideología de resultado artístico. Nos pasó famosamente con Borges, con quien estar en desacuerdo era inevitable. Durante un tiempo no querían leerlo ni algunos sectores de la izquierda, ni la derecha nacionalista, ni el peronismo en general, y cuando lo leían era para demolerlo. Con el tiempo se pusieron las cosas en su sitio, para beneficio de todos.

Ahora pasa algo parecido con Mario Vargas Llosa, sectores de la izquierda no quieren leerlo por sus declaraciones políticas. Yo reconozco que me fastidia, por ejemplo, su deslumbramiento por las multinacionales, ¿pero no voy a leer por eso “Conversación en La Catedral”, o “La orgía perpetua” sobre “Madame Bovary” de Flaubert, o “La fiesta del chivo”, una novela extraordinaria que es una denuncia brutal contra las dictaduras latinoamericanas?

Y desde la otra orilla, puede pasar con Neruda: tiene poemas de alabanza a Stalin o al “ángel de Comité Central”; ¿y en consecuencia no habría que leerlo?

¿O no vamos a leer “Viaje al fin de la noche” porque Céline era nazi?

Sobre esto, se podría hacer una larga lista, empezando por Virgilio, que pertenecía al grupo más próximo de Augusto, y que escribió el primer libro de encargo para mayor gloria del emperador y del Imperio Romano. ¿Habría que no leer por eso “La Eneida”?

Uno puede decidir, con todo derecho, no leer a un escritor; pero me parece una equivocación que la causa sea ideológica. Son autolimitaciones con las que no estoy de acuerdo, y que son consecuencia, no de una ideología, sino de su distorsión. Si una ideología nos limita la inteligencia, quiere decir que estamos usando mal las dos cosas: la ideología y la inteligencia.

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

S Sylvester: La verdad es que, sin ponerme en sarcástico, ya me he acostumbrado. Esa es una conducta que es imposible no conocer si se ha vivido mucho. Hay una excusa frecuente, que unas veces es tácita y otras enunciada de muchas maneras, que podría sintetizarse así: “Disculpame, necesité hacerlo”. Es el principio de necesidad aplicado a alguna fallada.

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

S Sylvester: A muchos. Galileo, Darwin. Montaigne, Mandela, Alberdi, Sarmiento, gente que ha tenido la tozudez y la capacidad para enfrentarse, por las mejores razones, con los sólidos muros del prejuicio y la ignorancia.

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

S Sylvester: No sé por qué, el uso de la “pasión” (que suele ir entre signos de admiración, se vean o no), ha derivado en cierta justificación de la teatralidad de uno mismo, y me resulta un poco molesto. Las pasiones existen, por supuesto, pero hablar de ellas me suena a bolero. Sin las pasiones faltaría un condimento importante; es imprescindible que existan, pero me parece bien combinarlas con algunos valores antiguos, como la discreción, cierto pudor para mostrarse, disimular al narcisista que todos llevamos puesto. Creo y mucho en el entusiasmo, que me fomento; y descreo de la gestualidad, que me molesta bastante: suelen servir para la auto exaltación.

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

S Sylvester: Muchos, y sin embargo no me molesta la sobrevaloración de un artista sino lo contrario: el olvido; sobre todo si es programático y rencoroso, como pasa muchas veces.

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

S Sylvester: Por suerte, no. Existe el simétrico, y me tocó conocerlo.

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

S Sylvester: Mejor la tarde que la mañana. Por la mañana suelo estar ficticiamente lúcido; por la tarde mejoro. Y como dijo Hemingway (siempre un poco fanfarrón, pero esta vez decía una verdad), la noche es otra cosa.

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

S Sylvester: Si es de todos los tiempos, que por lo menos no falten Homero, Platón, Kafka, Borges, Flaubert, y varios más. El problema que veo es que yo no estaría ahí ni sirviendo las copas, así que no podría ni hacer la crónica.

Y es posible que una reunión como esa termine en fracaso. Hay un precedente que viene al caso. Un matrimonio de ingleses reunió a comer en un hotel de París a Pablo Picasso, Ígor Stravinski, Marcel Proust y James Joyce. Proust llegaba del teatro y comentó que había estado oyendo a Beethoven; Stravinski le contestó que no soportaba a Beethoven; y cuando Proust aclaró que se trataba de los cuartetos, Stravinski respondió que eso era lo que más odiaba de Beethoven. Joyce se dedicó al pernod y no dijo ni una palabra, y Picasso comió rápido y se fue. Y así fue esa cena inolvidable para los que la propiciaron, pagaron y luego contaron. Egos demasiado grandes para una sola cena.

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?…

S Sylvester: Acabo de leer en una carta de Raymond Chandler, que el ajedrez era para él el más grande desperdicio de inteligencia después de la publicidad. Creo que exagera, pero la verdad es que soy muy poco ajedrecista. Hablo sobre todo de lo simbólico: soy muy poco estratega, así que no sé cuál es mi partida actual, salvo salir vivo y más o menos bien de la pandemia.

* Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Santiago Sylvester y Rolando Revagliatti, julio 2020.



julio 26, 2020

Diego Colomba: El lado de la sombra

Diego Colomba

En el fondo una metáfora no es una analogía 




Nadie más
que yo
veía 
caer 
esos copos 
invisibles 
de nieve 
que tornasolaban 
en la tarde

—si papá
los hubiera visto
los habría
señalado
con un dedo—

pero 
lo cierto
es
que caían:

fríos 
y pesados.

Llevábamos
esa nieve
triste
sobre los hombros.

Esa nieve
era
lo único
sagrado
que podríamos
compartir.



Lo habríamos dado todo




Si el teléfono suena al final del día, después de alguna discusión, sabemos que estás vos del otro lado de la línea, fumando y bebiendo de pie frente al espejo. Siempre manejaste bien los tiempos para manipular nuestros afectos. Esta noche, sin embargo, nos encuentra lejos de casa y al alcance de tu mano. Podrías hacer una de tus llamadas. Pedir, sin esa sonrisa de beatitud en el rostro, que alguno de nosotros se ponga en tu lugar.

Una familia decidida


Prospectos ilegibles, frascos pegoteados y tabletas de antibióticos y antifebriles vaciadas a medias se confunden con piezas de bijouterie, perfumes y cremas hidratantes. Ese punto de densidad de nuestro mundo, que la cómoda del dormitorio, iluminada ahora por un rayo de sol, encierra, habla por sí mismo. Estamos dispuestos a matar cualquier tipo de vida que se oponga a la nuestra.



Una tertulia poética




Basta el rincón recién refaccionado de una biblioteca municipal 
para aglutinar a los cursantes del taller de poesía y escritura
que han distribuido prolijamente sillas un largo tablón forrado
donde se ofrecen generosas porciones de bizcochuelo y pastafrola
vasos plásticos cucharitas saquitos de té y café sobrecitos de azúcar.
Es más de lo que se merece un moralista que se ha alejado de casa
con un entusiasmo que raya francamente en la inocencia. 
Ahora debe desgranar frente a un micrófono de pie la espinosa melopea
que en la intimidad de los suyos reconoce como su propia música 
no tan inspirada si se guía por los rostros de las primeras filas 
—tal vez lo suyo se aleje en demasía de las pautas básicas 
de la declamación pública que intentan transmitir en el taller—
en los que incluso advierte algo de decepción si los compara 
con el brío que exhibían al cantar las estrofas del himno nacional 
el fervor con que ahora declaman frente a él valientes versos 
que confiesan sin reparos una clara conciencia de la muerte
y un evidente asombro ante el milagro de existir.

Tanatología


Como quien cuenta a las apuradas la última anécdota 
antes de despedirse una compañera de trabajo se refiere 
sin ambages al estado terminal de su madre
a la prontitud con que su médico de cabecera se ha sacado 
un problema de encima —después de repasar imágenes 
incomprensibles con los anteojos de aumento— telefoneando
ante sus mismas narices a una verdadera eminencia en la materia
el responsable de la biopsia que le practican poco después 
tras un diagnóstico que explique los repetidos ahogos 
y la creciente inapetencia de estos días:
se trata de una perfecta pieza de orfebrería en manos 
de una naturaleza hostil que ha sabido urdir tumores 
como cuentas de un collar alrededor del estómago.
El cirujano aclara que se ha limitado a limpiar 
los intersticios entre una y otra pieza
para hacer de la agonía de su madre un padecimiento 
relativamente más humano.
Mi compañera advierte que —contra lo que uno cree— 
la intervención ha resultado exitosa 
si se considera la falta de dolores o molestias 
como un modo razonable de vivir. 


Liga rosarina




El sol no puede deshacer la escarcha de los pastos:
vas a intentar no resbalarte mientras cruces el baldío.
No hay recogimiento ni intimidad en la intemperie.
Estás solo y los rayos de sol no están hechos para vos
como decía una vieja canción cristiana. Pero, ¿qué padre
—te preguntás— no daría un ojo de la cara por un hijo? 
Pisás los restos de latas los recipientes de cartón aplastados
los plásticos diseminados por el suelo para llegar al alambrado. 
Tu hijo corre y jadea entre muchachos: vos también te sacarías 
el corazón por tu hijo como el borracho que clama a tu lado 
le ruega a su propio hijo que lastime a quien se ha hecho del balón: 
podría ser tu propio hijo el que corre por un campo de arena 
del que la pelota se aleja hacia arriba con violencia 
abriendo un intervalo de silencio que deja oír el desgaste
el sonido sordo de una pelota que no puede 
dejar de caer. 


El tiempo es la única violencia




Los médicos no pueden asignarle propiedad alguna 
al objeto negro y estúpido en que se ha convertido tu hígado 
largamente maltratado y deambulan erráticos por la habitación
compartida de la clínica sindical mirándose desconcertados 
porque parecés una persona normal que se niega a dar señales
de la catástrofe personal que se avecina en el mismo momento
en que un cura pide desde la puerta permiso para pasar 
y conversar con el otro paciente que comparte la habitación 
y al menos se vale de una mascarilla de oxígeno: un alivio 
para todos porque el hombre no ha dejado de gemir 
y vociferar misteriosas frases inspiradas seguramente 
por la morfina: el párroco se sienta en la silla que le ofrecen 
y susurra al oído de un hombre que se confiesa cansado 
de cumplir con sus deberes de enfermo y se arranca la mascarilla
para que sus palabras se comprendan claramente: el enfermo 
le ruega a Dios a través suyo que cumpla su deseo 
de que el tiempo se detenga.


DIEGO COLOMBA (1972, San Nicolás, Buenos Aires, Argentina)

De: "El lado de la sombra", Barnacle, 2020

Es profesor y licenciado en Letras, y doctor en Humanidades y Artes, con mención en
Literatura.
Colaboró con reseñas, notas y entrevistas en el periódico El Eslabón, el diario El ciudadano & La Región, el diario digital Redacción Rosario, en los suplementos " Señales" y “Más” del diario La Capital, la revista Diario de Poesía y en la sección reseñas de Bazar Americano.
Dirigió el sitio web de prensa literaria Letracosmos. Fue uno de los responsables de Salón de Lectura, sección de escritores del banco sonoro Sonidos de Rosario.
Artículos, entrevistas y poemas de su autoría integran diversas antologías. Seleccionó y prologó Imaginarios Comunes. Obra periodística de Fernando Toloza (Córdoba, Editorial Recovecos, 2009).
Publicó Letras de Rock Argentino (Editorial Académica Española, 2011), Baja tensión (Rosario, Editorial Municipal de Rosario, 2012, mención en el Premio Municipal de Poesía Felipe Aldana 2011), Mesa de novedades. Poesía y narrativa del presente (Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 2013, premio obra inédita del Concurso Provincial de Ensayo Juan Álvarez 2012), Desaire (Buenos Aires, En Danza, 2014), Inmemorial (Rosario, Baltasara Editora, 2015), Chispero (Rosario, Libros Silvestres, 2016), El largo aliento (Córdoba, Alción Editora, 2016), La hospitalidad del mundo (Pueblo Esther, Fiesta Ediciones, 2017), Papá trajo a casa un Cuatro Ele (Buenos Aires, Editorial Barnacle, 2018; Mención Honorífica Premio Provincial de Poesía José Pedroni. Obra Editada, 2019), Blanco a la cal (Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2019; Mención Honorífica Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen 2019), Platillos volantes (Rosario, Libros Silvestres, 2019) y El lado de la sombra (Buenos Aires, Barnacle, 2020).Otros poemas de Diego Colomba, aquí

Enlaces: Diego Colomba | Círculo de Poesía

Emilio Basso: Bajo el domo de las estrellas


EL pez nada mejor
en cemento que en la corriente
de las tuberías

Míralo
su cuerpo escamoso
empuja el concreto
hacía lo abstracto del fluir

Habías visto, acaso, un pez tan desinhibido para cruzar a la vereda de la muerte?

Miralo
encuentra un cardumen
y va a 220

No pregunta
No sufre
No espera

Los osos, salen de sus cuevas
lento cómo caracoles
adormecidos
de la hibernación

sin fuerzas con músicos pegados al hueso
deciden: es mejor esperar
y sientan sus gigantes traseros peludos
cerca de la orilla
dónde los peces heridos o cansados
se entregan
sin dudar
al destino de sus dientes

Ya recuperado
el oso deja la vera y se interna
entre las secuoyas
y busca elementos:

Ramitas
Piedras
Una petaca de whisky

espera la noche
es cuando el fuego
arde con honestidad
bajo el domo de estrellas


anthophila




abejas de 2,5 cm
juntan polen
de las flores del patio 
juntan para la colmena 
en uno de los ductos de respiración
de la casa
para quien nunca ha visto una,
las colmenas son:
construcciones geométricas asombrosas
jamás he visto una colmena de cerca
lo decía un documental
en youtube que vi a las 4 de la mañana
después de ver un documental de extraterrestres
y sus posibles estilos musicales favoritos
las colmenas reúnen tesoros
de cientos de abejas
guardan en las celdas pequeños objetos de valor
la primer antena de una abeja bebé
su primer piyama a rayas
fotos de los primeros vuelos fallidos
y de los días de escuela
cuando están recibidas de la escuela 
colaboran a la economía social
y trabajan en la colmena más cercana
dos cosas importantes para distinguir en su labor
una es que la abeja muere cuando pica
el aguijón queda dentro de la criatura picada
junto a este queda su tracto digestivo
las abejas practican un harakiri opuesto
lo otro es que para saber si la miel
que se compra 
para endulzar las infusiones, 
                                               es pura
hay que saber escucharla
la miel revela la historia del panal
donde estuvo
la miel lleva grabada la voz 
de las flores donde cada abeja se posó 
y en algunas burbujas puede verse
la mirada de las abejas que murieron
practicando un harakiri
dulce y melancólico


Emilio Basso
Fuente: Facebook, vía Alicia Silva Rey
Otros poemas de EMILIO BASSO, aquí



julio 24, 2020

Liliana Campazzo: Se deshace de todo lo que se llama recuerdo.


Liliana Campazzo








El clima arrecia 


se dice así


le parece.


Hay viento


la peste sigue


las compras se han reducido


a la mínima expresión


se cambian los muebles de lugar


se acomodan los cajones


se sacan cositas guardadas


amorosamente


se apilan en cajitas.


Se regalan esas cajitas.


La lluvia desarma


el cantero donde la menta de tres tipos


crecía alborotada.


Se deshace de todo


lo que se llama recuerdo.


Las torres eiffel de dos centímetros


la tacita que dice roma


un almanaque del 2010


traído de venecia


la botella de vino que trajo


de las dos casas anteriores


donde vivió.


Separa unos vestidos


dos pares de botas


una bombacha con encaje


todo revisa.


El inventario de ahora en adelante


no puede ocupar


más que una hoja de cuaderno.


Desprenderse


achicarse


ser pequeña la casa


la mujer


y los deseos.


Todo pequeño.


Hay que hacer espacio.


Para que cada quien entierre


a sus muertos.





Otros poemas de LILIANA CAMPAZZO, aquí

julio 23, 2020

Hagar Peeters

Hagar Peeters

Anoche me crucé con mis padres 




Anoche me crucé con mis padres,
dos pálidas figuras inclinadas
una hacia la otra bajo la blanca luz de un farol.
A juzgar por su alegría yo no había nacido
aún. Ambos eran jóvenes y muy enamorados.
A mí me dio mucha tristeza
porque yo sabía el curso que iban a tomar las cosas.
Ella se moría de risa por algo que él le susurró.
Él se reía a carcajadas como suele hacerlo todavía.
Intercambiamos un saludo cortés
y después nos fuimos cada uno por su lado.
“Un momento, -les dije a distancia-,
seguramente nos vamos a reencontrar dentro de un tiempo”.
Ellos, tomados del brazo, doblaron la esquina en silencio.


Last night I came across my parents




Last night I came across my parents,
two pallid figures that inclined towards
each other in the white light of a lantern.
Judging from their joyous state I was as yet
unborn. They were both young and much in love.
A great sadness then came over me
because I knew the course that things would take.
She roared with laughter at something he had whispered.
He laughed out loud as he still often does.
We exchanged a courteous greeting
and afterwards we went our separate ways.
‘Wait a moment,’ I called after them,
we’ll surely meet again some time.
Arm in arm they silently turned a corner.


HAGAR PEETERS
(1972, Amsterdam, Países Bajos)
Traducción: Adam Gai, a partir de la versión en inglés de John Iron
Enlaces: Las Críticas | Poetry International

julio 21, 2020

Amina Saïd


Yo soy niña y libre     




Yo soy niña y libre 
de habitar domingos eternos 
en el sol posado sobre el horizonte 
en la claridad de todas las cosas 
la tierra contempla sus estaciones 
yo no tengo lugar ni domicilio
la vida está en todas partes y en ninguna

de la cisterna del patio la abuela saca
el agua para la albahaca y la menta
muele la sal y las especias
libra su combate cotidiano con la realidad
la brisa abulta las listas de la cortina
la lámpara brilla todavía
yo juego del otro lado de las imágenes

en los jardines de mi padre
los árboles cargan frutos antiguos
cuchichean en la lengua de los pájaros
el agua de los pozos canta dentro de los surcos
bajo mi paso nacen los caminos de arena
estoy en la inocencia del día
puro comienzo sin antes ni después

de una casita construida como un bote
me dejo llevar por la emoción azul
un ballet de hipocampos roza
las estrellas caídas del cielo
los erizos ornan las rocas
las algas titilan en mi puño
solo vive el instante en lo que yo contemplo

Yo soy niña y libre
no tengo lugar ni domicilio
vasto es el horizonte cuando el mundo
entero es un poema
hay un día enorme sobre la tierra
la noche no ha sido creada todavía
yo hago pie en todos los tiempos


Siempre en el poema




siempre en el poema
escucharé el silencio
antes de escuchar la palabra
beberé de su boca misma

entonces nacen las cosas
las palabras el mundo

yo digo; siempre en el poema
escucharé el silencio antes de las palabras

y tú respondes: si existe un dios
es allí que habita

yo descubro la vertiente exacta
de la sombra y de la luz
donde él acaba donde él comienza

y el silencio palpita tal como el mar
en su vientre de sal
palpita come el ala de un pájaro
que domestica lentamente el cielo
como el viento la tierra la vida

y si existe un dios sí
es allí que habita


Je suis enfant et libre




je suis enfant et libre
d’habiter d’éternels dimanches
soleil posé sur l’horizon
dans la clarté de toute chose
la terre contemple ses saisons
je n’ai lieu ni demeure
la vie est partout et nulle part

dans la citerne du patio l’aïeule puise
l’eau pour le basilic et la menthe
pile le sel et les épices
livre son combat quotidien au réel
la brise gonfle les rayures du rideau
la lampe brille encore
je joue de l’autre côté des images

dans les jardins de mon père
les arbres portent des fruits anciens
chuchotent dans la langue des oiseaux
l’eau du puits chante dans les sillons
sous mon pas naissent des chemins de sable
je suis dans l’innocence du jour
pur commencement sans avant ni après

d’une maisonnette construite tel un bateau
je me laisse couler dans l’émotion bleue
un ballet d’hippocampes frôle
les étoiles tombées du ciel
des oursins fleurissent les rochers
des algues scintillent à mon poignet
seul vit l’instant dans ce que je contemple

Je suis enfant et libre
je n’ai lieu ni demeure
vaste est l’horizon quand le monde
tout entier est poème
il fait grand jour sur la terre
la nuit n’est pas encore créée
j’ai pied dans tous les temps



Toujours dans le poème




toujours dans le poème
j'entendrai le silence
avant le mot
m'abreuverai à sa bouche même

alors naissent les choses
les mots le monde

je dis : toujours dans le poème
j'entendrai le silence avant les mots

et tu réponds : s'il existe un dieu
c'est là qu'il habite

je découvre l'exact versant
de l'ombre et de la lumière
où il finit où il commence

et le silence palpite telle la mer
en son ventre de sel
palpite comme l'aile d'un oiseau
apprivoisant lentement le ciel
comme le vent la terre la vie

et s'il existe un dieu oui
c'est là qu'il habite


Amina Saïd, traducida del francés por Adam Gai
AMINA SAID (1953, Túnez, Túnez)
Traducción del francés: Adam Gai
Enlace: Festival de Poesía de Medellín | Mujer del Mediterráneo



julio 20, 2020

Carlos Penelas


Alguien sueña junto al mar 



Separado y melancólico miro la rompiente, 
el vagar ansioso de un cielo imposible
en las cortantes naves
que bordean espumas y cabelleras.
Vida y tiempo lentamente adorables.
Aquí está el milagro. Lo sabía.
En el insomnio, en la inmovilidad de la noche,
en la rosa blanca y apresurada,
en un fado de Amalia Rodrígues,
en la sacralidad de Arvo PArt, en la lujuria.
Así me amas, entre la desazón y la quietud
de una buhardilla, con el desánimo y la pasión,
desde el otoño y el lecho amanecido.
Me amas hasta el fondo, hasta el atardecer,
hasta el abismo. Soy lo definitivo,
aquello que tiembla y se desvanece
en esta fina mañana. Solitaria, relumbrante.



Carlos Penelas
CARLOS PENELAS
(1946, Avellaneda, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Carlos Penelas

julio 19, 2020

Marcelo Ajubita

Entonces hablemos



Entonces hablemos:
                                   de lo que hubiera
                                   y tal vez no
              lo que pudo haber sido
              lo que es
                      y lo que no
hablemos y no hablemos
lo que nunca diremos
por ignorancia o temor
                   en silencio
y cuando no tengamos nada
              que decir
entre la discordia y la enfermedad

         Entonces
quizás hablemos
                   del tiempo
                         y el tiempo
       los viejos tiempos
        y el temporal
cuando lo importante era estar
 ser                            sin ser visto
      hablemos de cosas sin importancia
      junto a las fogatas del Mar Muerto
Porque
             no queda tiempo Sr. Eliot
Y el ayuno de los cerdos en Roma
             ensució el suicidio
                        anunciando este Vía Crucis.

MARCELO AJUBITA (1958, Venado Tuerto, Santa Fe, Argentina)
Escritor, Compositor y Violista; reside actualmente en Rosario. Ha estrenado numerosas obras de Música de cámara y Sinfónica; ha obtenido premios nacionales e internacionales.
Es Violista de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario y del Quinteto de Cuerdas de la Municipalidad de Rosario, además creador de The Merry Company, agrupación dedicada a la música del Pre-clasicismo, realizada con instrumentos históricos. También escribe música para niños; publicó tres CD´s: Pororó, Cosa de Chicos y Zumba.
Ha publicado los libros: Los raros (historias dadatrónicas para niños patafísicos) (Ediciones Libros Silvestres), Krans, que incluye los libros de poesía, peoremas y textos (Russos, Casi haikus y Poemas de la Montaña Verde, Krans y Wirrwarr) (Ed. Gogol) y el libro Apuntes sobre Nuevos Recursos Tímbricos para Instrumentos de Cuerda Frotada (Ed. Gogol), Escritos del aviador Lanzapedone (Barnacle) y Non serviam en San Cristobbal (Barnacle, 2020).

julio 16, 2020

Carolina Soria


Martes 0:44 











un recuerdo enmohecido 


se arrastra 





prisionero de sombras


se silencia





arriba a los ojos 


espera





cae por las mejillas


corre 





un recuerdo enmohecido 


se arrastra





para morir


en la garganta











Domingo 21:15












si alguna vez hablamos


te diría sí


me lastimaste





quisiera que lo sepas


para que no pases por la vida sin saber


que uno daña





me pregunto a quién dañé











Sábado 01:38












harapientos de basura


abandonados





o de ropaje blanco


con números bancarios





o deshojando margaritas


en la luna valenciana





o simulando ser lo que se debe ser





vestiduras de almas enjauladas


¿pueden elegir otra ropa?











Jueves 19:34












de acuerdo 





dejamos atrás el dolor


elegimos procesarlo





perdonamos a nuestros deudores


nos perdonamos





aprendimos de la experiencia 


seguimos





pero en lo más interior de la voz


lo real 


no miente











Miércoles 22:56












real que retumba en las maneras de ver





donde verse se hace carne


donde la carne se ciñe 





y no hay más real 


que un adiós







De: "El infierno prometido", Barnacle, 2020










Carolina Soria

CAROLINA SORIA


(1977, Buenos Aires, Argentina) 


Es escritora y psicoanalista.
Publicó: Usted no puede responder (Novela, Azul Francia, 2019) y El infierno prometido (Poesía, Barnacle, 2020).



Enlace: Entre Vidas




julio 14, 2020

Héctor Giuliano: Una claraboya indicaba el ciclo solar, las estaciones, la beatitud terrena


Mi viejo 
tenía cabeza hueca.
Andaba de jarana en jarana.
Así fueran fríos, lunas, túnicas,
o la fusión de un vino y una baraja.
Arar, podar, pasar las rastra,
eran tareas que apenas 
 cubrían diez liras 
desvanecidas en  el puchero diario.
Se le dio por no  escuchar
las tentaciones del primo Pietro
que lucía sus dones fascistas, su marcial fragilidad
sus camisas negras y sus cachiporras lustradas,
y sus desbordes sexuales,
un regalo providencial;
hizo un tapón a  su trompeta acústica,
chorreaban
como bostezos y condecoraciones de lata 
las rogativas de su hermano Ettore
para que se incorporara 
a la "causa nacional" de  los partisanos;
tampoco lo estremecían
los exprimidos sacrificios anarquistas
del loco Bartlat
en las espesuras de fugas y bosques.

Mi abuelo,
síndaco del pueblo,
lo acuciaba,
para que, al  menos,
creara belleza.
Y se le dio por el dibujo.
Lo vieran:
" dimensión constructiva",
delgadas y gruesas líneas,
papel de arroz, seda o algodón,
pluma fina y de rebote ladeado.
Catalogaba las langas,
las nieves y parvas,
el rastro del otoño en verano, 
en memorables bríos luminosos,
tierno y contento,
arrancado por instantes.

Y esto convocaba
las moderadas flotaciones
que borraban ordeñes,
riegos, siembras
y tantos macaneos
que ponían porosa
la nitidez de la vida.
Mi viejo 
renovó la oquedad,
y por ello
casi pierde las manos.
Fue atrapado en Yugoslavia.
La patrulla del Tercer Reich,
precisa y a las carcajadas.
Un camión de ayes, hambre
y excrementos,
lo depositó en púas y alambres.
Un campo de trabajos forzados,
sobre la ruta 167,
sur- norte alemán,
hoy autopista paralela
de llanuras polacas.

Ahí las bondades de Rousseau
se ahogaban en el humo pegajoso.
Hornos donde el caucho
se convertía en cubiertas y ruedas de aviones.
Un subsuelo gigante
donde el fulgor o la negrura
que se filtraba de una claraboya
indicaba el ciclo solar,
las estaciones, la beatitud terrena.
Y se le dio 
por hacer caricaturas 
que celebraban
sus compañeros de infortunio. 
Para Navidad del 44,
no tuvo mejor ocurrencia
que pintar a la  carbonilla un rostro de Stalin.
Severo, ojos de fuego y crueldad,
confrontados a quien lo mirase.
La suerte no corre pareja,
no roza la monotonía. Es o no es.
De repente un taconeo,
después un arrancón de pelos,
remezones de golpes,
y ahí nomás,
las manos sobre una mesa.
El oficial nazi,
calificado blando 
por los prisioneros,
le descargó de azotes 
sobre muñecas y dedos
con la varilla de remover las coladas.
Y de ahí, 
nada permaneció inerte,
ni objetos ni formas,
ni núcleos compositivos o de orden.

Alta y remota,
la tumba volaba.

Cinco años más tarde,
en el barco que lo trajo a Buenos Aires,
todavía le costaba agarrar el tenedor
y llevárselo a la boca.

No hay conclusiones,
sólo la saga de "Crepúsculo"
y ese  jardín de gente magullada
saltando en el vacío.


Héctor Giuliano
Otros poemas de HÉCTOR GIULIANO, aquí

julio 11, 2020

Alberto Girri: A la poesía entendida como una manera...

A la poesía entendida como una manera de organizar la realidad, no de representarla




Lo que en ella place
place a la índole de las cosas,
inicialmente dirigidas a nadie,
y en esencia visiones,
y la reflexión
determinando que impulsos, ideas oscuras,
cobren análogo peso, homologadas
en sentencias que otras
sentencias transforman,
apremiadas
por lo que la poesía exige,
lo que el poema
ha de ofrecer a la vista,
afectar a los sentidos,
lo que tendrá
de móvil ofrenda
en un mundo estático,
y lo que el paisaje, los millones
de universales gestos piden,
ser formulados
en tejidos de perenne duración, claros
de diseño, voces modificando
hábitos de conceptos y categorías,
y atendiendo
a que más allá de la verdad
está el estilo,
perfeccionador de la verdad
porque en sí lleva
la prueba de su existencia.
Escríbela,
extrae de ese orden
tus objetos reales,
mayor miseria
que morir o la nada
es lo irreal, lo real sin objetos.



Alberto Girri
Otro poema de ALBERTO GIRRI, aquí
Fuente: Fb Ricardo Ruiz
Imagen: Fotografía de Susana Mulé