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marzo 31, 2022

Sol Triano



¿Qué es un duelo? ¿Y cuánto dura? Este misterio es el eje de ‘Tierra fresca”, el primer poemario de Sol Triano.
El poeta ruso Ósip Mandelstam nos dejó un valioso legado al señalar que la poesía es una herramienta: el arado que desentierra el tiempo, poniendo al descubierto sus estratos más profundos, su tierra negra. La autora de este libro cava hondo en cada verso, remueve el pasado, oxigena y fertiliza lo que nunca deja de expandir sus raíces: la pérdida de un hermano.
Cava y su propia vida se abre en surcos y muestra las marcas que le dejó este acontecimiento. Compone invocaciones para no estar sola y maldiciones con todo eso que aún duele, llama a los recuerdos dulces y amargos y toma perspectiva desde el presente.
El duelo es la música que marca el ritmo de esta excavación mientras Sol Triano canta a la pena, no para avivarla sino para conjurarla y alentar a los que viven su día a día con ella. Los poemas de "Tierra fresca" nos enseñan que la escritura puede transformarnos si trabajamos la tierra de nuestras pérdidas...

Natalia Litvinova


SI se hubiera levantado un viento imprevisto
como el que traen las tardes en septiembre,
si el noticiero hubiera anunciado
tormenta desde temprano,
si se hubiera largado a llover
y el barro y la inclemencia
o el temor de mojar ropa y zapatillas
hubiera hecho imposible la idea de salir
con ese clima en bicicleta.

Si Adolfo hubiera aceptado
poner un puesto en la feria
en vez de insistir con el plan
de manejar su propio taxi.

Si el tachero Adolfo no hubiera pensado
después de un desengaño tras otro,
que lo mejor era abrir otra botella de vino.
Si hubiera tenido una mujer que lo abrazara
aunque tuviera que pagar por su cariño.
Si esa noche lo hubiesen sujetado
un par de manos o unas caderas,
un beso, otra copa, alargando el tiempo.
Si esa vez no hubiera podido
arrancar el taxi.

Si la municipalidad hubiera ordenado
cambiar la luz rota en la esquina de 7 y 96,
si la autorización para una nueva luminaria
no hubiese requerido un sello más,
si el operario de mantenimiento
no hubiera dicho
puedo seguir arreglando las luces mañana,
si a alguien le hubiese importado
que en ese suburbio de calles sin banquinas,
hubiera niños jugando y pibes que vuelven
en bicicleta por la noche.

Si mi abuelo no hubiese necesitado
esos medicamentos
y mi madre no le hubiera ofrecido llevárselos,
si no hubiera extrañado tanto a su padre
como para inventarse la excusa
y viajar a verlo,
entonces ella habría estado en casa
haciendo de madre,
gobernando sobre la comida,
la limpieza y el estudio,
gobernando sobre mi hermano.

Y si mi hermano la hubiese tenido en frente
para escucharle responder
no vas a salir a esta hora en bicicleta.
Y si él nunca hubiera vuelto a subirse
otra vez a las dos ruedas
después de la primera caída,
o si hubiese podido comprar un casco
y si hubiera creído
que llevarlo fuera importante.

Y si en aquella tarde de sábado
a mi padre no lo hubiese visitado su primo
para compartir un mate,
una partida de truco y cigarrillos,
su único descanso en medio de trabajar.
Si el juego no hubiese estado
más divertido que otros días,
probablemente habría tenido
un segundo para salir de las barajas
y pensar que no debería dejarlo salir
ya tan de noche y en bicicleta.
Si no hubiera contestado mecánicamente sí,
para volver lo antes posible a la partida.

Si luego mi madre no hubiese contado
con el consuelo de su amiga Haydée,
acunándola sobre su pecho,
sirviendo el café que se enfría y nadie toma
durante días, meses, años.
Y si Haydée no hubiera hablado finalmente,
para decir con su voz buena
y casi como un ruego,
ustedes tienen que hacer un viaje, repararse.
Si no hubieran podido escucharla,
o si no hubiesen decidido, a pesar del alma rota,
hacer ese viaje, marido y mujer,
mamá y papá culpables
y tan inocentes.

Si el viaje hubiera resultado un fracaso,
si no hubiese sido una calma, un reencuentro,
un nuevo comienzo como de verdad fue,
yo probablemente
no estaría aquí escribiendo,
yo probablemente
no sería ni siquiera una idea
en la intención
del universo.



ATRAVIESA el estudio,
el piso de madera recién encerado
cruje bajo sus pasos.
Más quiere evitarlo, más suena.
Se detiene en el espacio marcado para posar.
Nada se mueve
sólo el movimiento mudo de su mano
cortando el aire
para acomodar un rizo
detrás de su oreja.



21 de septiembre
en las calles, guirnaldas de flores,
concierto en la plaza hasta tarde,
bombillas como perlas
enhebrando árboles.

En casa, un ramo de calas
recién cortadas, una vela Ranchera,
la estampa del santo y su foto
siempre en el piso
por temor al fuego.




AQUELLA mañana de domingo
miraba el jardín en la primera hora
desde el alero de la casa materna.
Lo recuerdo muy bien
porque pensé que lo peor
había quedado atrás.
Pero a la noche maldije.
Maldije la mañana y el rocío,
la calma del laurel,
maldije mis manos entibiándose
contra la taza de café,
la letanía del perro
y el silencio de la casa
cuando se duerme.
No era cierto que nada pasaba.
No se pueden contar
todas las cosas que mueren
con una muerte.



EL problema
con las heridas que dejan los duelos
es que son invisibles.
Voy sangrando, pero nadie lo ve.
No dicen: Esta mujer no puede con sus llagas.
Espero a que cambie el semáforo
en la senda peatonal,
y los niños tontos que juegan
a los pistoleros a mi lado
no saben que lo mejor sería
dejar de moverse y hacer silencio.
Tan cerca están y no saben
que mi pullover todavía huele a cementerio.
Podría colgarme un cartel
en la espalda: Con cuidado por favor.
La ignorancia de los otros
es también lo que me libera.
Un día saco turno al dentista,
me anoto para hacer yoga
y con gratitud
recuerdo a esa persona
que me dio la bienvenida
y me dijo que soy un sol
iluminándolo todo.



DESPUÉS de almorzar
lo que trajimos en un táper,
salimos a la terraza,
solitarios, compareciendo
ante la geometría roja de las azoteas,
el observatorio del Colegio Nacional
y más allá el pequeño triángulo
de río entre edificios.
Sillas con número de inventario,
carteles prohibiendo fumar.
En esta terraza de oficina pública
me siento bien,
en su propia lengua habla la ciudad,
un vaivén monocorde
hecho de autos y buses
que se detienen, arrancan,
un áspero mar.


SOL TRIANO (1971, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Cuaderno de descubimientos
Imagen: Agustín Benencia

marzo 29, 2022

Otros poemas de Germán Arens



A quien leyere: el presente es, tal vez, el libro definitivo de Germán Arens; así lo comunica entre sus páginas, junto a otros severos augurios, tales como la singular ruina de una reconocida ciudad bonaerense y la imposibilidad de hallar concordia y paz en lo sucesivo.
Nada escapa a la atención del poeta: “¿Cuántas cosas parecen moverse y sin embargo no lo hacen?/ Todo aquello que creímos superior era intangible./ Habernos conformado con conocer el mundo/ utilizando solo nuestros cinco sentidos/ deparará sorpresas”. Quienes sientan el incentivo de pensar que “Otra vez en la tierra” supone otra mueca burlona a la vanagloria literaria vernácula, a la sapiencia de eruditos locales, hallarán indicios de ello, pero también un mundo que existe porque el autor ha tenido la cautela de imaginarlo antes: cualquier gesto desesperado o mundano, la inminencia del desastre permanente y la disuasión por la belleza recorren todo el volumen. “Como en la naturaleza/ Nosotros nunca hablábamos de amor”. La palabra “hoy” ha sido impresa una sola vez. Glosando a Arnold Burnett: Arens es uno de los grandes poetas de nuestra época, porque media docena de lectores saben que lo es.



EL edificio 
está lleno de gente buena.  
Yo había colgado mi ropa en el balcón, 
un broche dijo basta  
y una media voló hacia la cochera. 
Quizás exagero al decir lleno. 
Es que en el ascensor 
fue sólo una persona 
la que pegó el papelito   
que guardo  
y dice: 
 
“Quien haya perdido una media puede retirarla en el 4°B”. 
 
 

HABIÁMOS dicho que si veíamos un peludo lo agarraríamos.
Era una noche extraña, extraña en todo el sentido de la palabra. 
Primero una bola naranja se deshizo en el cielo.
Minutos después, nuestras cañas se arquearon hasta lo imposible 
y cada uno de nosotros tuvo su gran bagre de mirada casi humana.
Como buscábamos pejerrey, los devolvimos a la laguna
y cambiamos las líneas por líneas de flote.
Estábamos cada uno en lo suyo cuando mi hermano advirtió
que a nuestras espaldas decenas de vacas nos observaban.
Fue entonces que el aire cambió de frío a caliente y como una ofrenda 
de la noche apareció un peludo al que nunca matamos.



QUÉ vamos a hacer con nosotros
me pregunté mientras mi dedo índice buscaba la letra Q.
Qué vamos a hacer los que van envejeciendo conmigo…
El que todas las noches mira hacia arriba
y si no hay cielo busca referencias en el techo.
Qué vamos a hacer con ese que se parece a un galpón 
donde se guardan desde un fardo a un arado de mancera,
desde un tambor de doscientos a un bidón de diez,
desde una bomba inyectora a un ropero que encierra un recado
por la sencilla razón de que a las ratas les gusta el cuero.
Qué vamos a hacer con el padre, con el lector, con el amigo...
Con el que te dijo que la calandria overa canta si hay luna llena.
Qué vamos a hacer con ellos y con tantos otros
que me acompañan como me acompañan los perros, las bardas
y hasta el eco de las palabras de los que vivieron mi tiempo.



CIENTO sesenta sucursales
en ochenta y tres ciudades 
Diez centros de distribución 
181.000 m2 de área de ventas
Una base de transferencia
Dos frigoríficos de exportación
y once mil quinientos empleados
Todo eso tiene el súper mercado

Sin embargo fue construido 
sobre la alegría de los pibes del barrio



De: "Otra vez en la tierra", Barnacle, 2022
Otros poemas de GERMÁN ARENS, aquí
Enlaces: Poéticas en diáspora | Acta literaria |Opcit poesía | Otra iglesia es imposible
Imagen: Lowell Herrero

marzo 25, 2022

Patrick Kavanagh: Un embrollo tan profundo como los Arcanos de alto nivel

Poesía irlandesa


X     




Su vida intelectual consistía en leer 
Reynolds News o el Sunday Dispatch, 
con algunas veces un viejo almanaque bajado del techo 
o un lector de escuela con los excrementos de paja. 
Los resultados deportivos o los titulares de la guerra 
fue un embrollo tan profundo como los Arcanos de alto nivel. 
Pat trató de ser sabio a la abstracción de todo eso, 
pero su secreto se deslizaba por su chaleco como una bebida de un colador. 
Apostó una sacudida en cada sentido en el Derby. 
Obtuvo una propina directa de un hombre en una tienda. Era un 
doble de las Guineas y se creía 
un matemático maestro cuando surgió uno de ellos. 
Y podía explicar cuánto ha dibujado 
En el doble si el segundo tramo hubiera seguido al primero.
Estaba apostando a la forma y la reproducción, afirmó,
y el hombre que hizo eso nunca podría estallar.
Después de eso siguieron a la guerra, y
se mostró que los generales de ambos lados eran estúpidos como el infierno.
Si hubiera tomado ese camino, comentaron acerca de un mariscal,
Él tendría ... O ellos conocen bien su geografía
Esta era su universidad. Maguire era un estudiante universitario
que soñaba desde su humilde posición de ascender
a un profesorado como Larry McKenna o Duffy,
o el cerdito Nallon, cuyo conocimiento era asombroso.
'Un triple, lleno de probabilidades múltiples ... Eso es portero plano ...
Otro ... No, te equivocas con lo que te estaba diciendo. .
¿Te separaste de tu potra, Jack? Escuché que la vendiste ... '
Los estudiantes eran todos sabios al momento del cierre del pub.



X




Their intellectual life consisted in reading
Reynolds News or the Sunday Dispatch,
With sometimes an old almanac brought down from the ceiling
Or a school reader brown with the droppings of thatch.
The sporting results or the headlines of war
Was a humbug profound as the highbrow's Arcana.
Pat tried to be wise to the abstraction of all that
But its secret dribbled down his waistcoat like a drink from a strainer.
He wagered a bob each way on the Derby,
He got a straight tip from a man in a shop -
A double from the Guineas it was and thought himself
A master mathematician when one of them came up
And he could explain how much he'd have drawn
On the double if the second leg had followed the first.
He was betting on form and breeding, he claimed,
And the man that did that could never be burst.
After that they went on to the war, and the generals
On both sides were shown to be stupid as hell.
If he'd taken that road, they remarked of a Marshal,
He'd have … O they know their geography well
This was their university. Maguire was an undergraduate
Who dreamed from his lowly position of rising
To a professorship like Larry McKenna or Duffy
Or the pig-gelder Nallon whose knowledge was amazing.
'A treble, full multiple odds … That's flat porter …
Another one … No, you're wrong about that thing I was telling you. .
Did you part with your filly, Jack? I heard that you sold her.…'
The students were all savants by the time of pub-close.





PATRICK KAVANAGH (1904, Inniskeen / 1967,  Dublin, Irlanda)
Fuente: Fausto Marcelo. blogspot
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Estudios irlandeses | Wiki
Traducción: Fausto Marcelo Ávila
Imagen: Evelyn Hofer

marzo 23, 2022

Sergio Leandro


8 




Está corriendo por dentro 
de los ojos 
un río, 
un imparable río tremendo 
cuando veo tus pies y su andar suavísimo 
sobre este campo florido. 

Algo en mí se enciende, 
algo palpita otra vez; yo, 
que estaba en lo frío, 
que tanto tiempo estuve en lo frío y en lo obscuro 
hoy me prendo a este halo lunar 
y paseo contigo por el jardín. 

Allá abajo, 
en los inmensurables estratos 

duermen los ejércitos, sus huesos 
impulsan ardor y laten con esta luna. 

Se colma el aire de fétidas voces. 

Brindan su perfume 
las flores nocturnas. 



6 



Hay días que llega hasta mi lecho 
el perfume del rocío, 
la finísima niebla que se alza 
corrompida. 

¿Fue por estos mismos senderos 
que marcharon los ejércitos? 

¿Fue aquí donde la caballería a galope 
llevó en los ojos el miedo hecho piedra? 

¿Fue aquí que mostró su rostro la muerte? 

Corrió la sangre en este campo, 
en el que ahora florecen 
azaleas, canolas, dientes de león. 

Observa cómo todo persiste unido: 

   Aquí vienen los amantes, 
   a descansar bajo el sol y dar voz a sus promesas. 

No hay nada nuevo en verdad, 
que siga su curso el río. 



20 



Cuán fuerte son estas olas, su revelación. 

   Aquí 
   sucede todo lo que somos. 

La noche llueve sobre nuestro sueño 
y aquí conviven todos los espacios, 
todas las respiraciones, las lágrimas vertidas. 

Esta tierra atesora: 

tanto llanto 

tanto amor 

vastísimos campos floridos 
sobre estratos y huesos enterrados 

el beso húmedo de los amantes, 
se yergue desde lo hondo de la noche. 






Hombre con barba leyendo una revista supuestamente en una terraza con macetas de flores rojas
SERGIO LEANDRO
(1981, Cienfuegos, Cuba)

"El desocupado lector que acceda al libro de Sergio Leandro atestiguara cómo el soplo de la poesía cobra vida en tanto inflexión de una voz, cómo corre en el crepúsculo o bajo la claridad lunar. Tras esos destellos será apartado de cualquier efusión sentimental, ya que en vez de producir la ilusión y la añoranza, cada verso nos despierta de ellos (“como quien deja una ñor/al cuidado de los vientos. Los poemas que componen "Hálito" se abocan a un signo concreto mediante el cual recordar algo ausente o imposible de designar en primera instancia — de manera precisa o característica — se torna desafío (“Una canción al oído,/ un corazón que rápido se agita/ debajo de estas piedras"], y en el fondo del silencio está el silencio, todos los lugares que lo incluyen al mismo tiempo, en un solo instante, perseguidos desde un solo ángulo, desde los diversos vapuleos que fluyen tan fugitivos y cuyo sentido es la perdición, la escritura por otros medios; o en casi una referencia arcaica, la mera y sencilla esperanza (“La sangre, cielo mío, nos canta")." 

De: "Hálito", Barnacle, 2022 


marzo 21, 2022

Poemas inéditos de Sergio Kisielewsky



La escritura es el lenguaje del ausente. 
Freud     
    

1  



La rama del árbol no cayó vencida 
fue el mar que la atrapó como a un vándalo. 
 
Así fue el olvido como una tierra más 
separándose de la llanura. 
 
No queda tiempo, dijo el verano, 
no quedan muros, ni esquirlas, ni benteveos. 

Sólo una luz en una casa donde una mujer escribe, usa pañuelos, renguea,
ve un sable colgado en la pared, ve la penumbra y un patio
con un muro de no me olvides surcando el ladrillo.

Una luz se inclina en su mesa y canta.

Así es la mañana, las aves, el ciruelo.
La tibia armazón de lo que nace.



2



Las glorias del corazón no tienen estirpe.
Tienes un vestido de alpaca y hule
y una tos que viene de los cuentos.

Hazme un sitio en tu cama y no ladraré.



3



Si fueras a presentar tu vincha
yo daría peniques y tormentas.

Dame el colchón donde duerme tu gata, princesa.

Tendré amapolas, guirnaldas, luces sin neón y un porrón seco.

Tu saliva es sumidero y no conozco el azul de tus ojos
ni la marea de algas finas que torna la arena blanca.

El médano es una ballena de temer.
No galopa, no pide.

Llevas tu canasta de sándwiches turquesas a la pradera
y no nos damos tiempo de ver el mar.
Todo se nos va, no es agua, es tiempo.

Nos asomamos y no hay amanecer ni atardecer.
Alguien ama el vóley
y quiere colgarse de tu toalla como un pequinés.

-Déjame ver el mar-
-Soy yo, me decís.



4



La casa del columpio no es en vano
es un rosa escarpín donde el muro no existe,
existe el olor a comida que fue.



5



Las rubias son imbatibles.
No es tristeza lo que sentía cuando te fuiste.

Es un mortero.



De: "La casa de lado"
Otros poemas de SERGIO KISIELEWSKY, aquí

SERGIO KISIELEWSKY nació en Buenos Aires, Argentina en 1957. Integró el Taller Literario Mario Jorge de Lellis y la Revista Mascaró.
Publicó los libros de poemas Algo de la época, Memoria caníbal, Corazón negro, Electrificar Rusia, La belleza es un campo minado y Nunca te hablé con palabras.
En 2019 publicó su libro "La palabra del otro. Entrevistas a escritores y artistas que dejaron huella" con reportajes a Olga Orozco, Andrés Rivera y el poeta asturiano Ángel González entre otros.
Obtuvo premios en nuestro país y el extranjero. Su obra fue traducida al inglés por el John Oliver Simon.
Integró el Plan de Lectura Leer es Crecer en los primeros años de la recuperación democrática. En la actualidad coordina Talleres Literarios.
Es periodista.

marzo 19, 2022

Joshua Mehigan

Poesía en español

El profesor     




Llego temprano y encuentro una silla. 
Estrujo la copa de vino de plástico. Asiento. 
Como torpemente un pretzel 
y apoyo una opinión que no comparto. 
Pienso: Cualquier cosa que yo sea, lo seré en otra parte. 
Después, escapo a través del patio 
hacia el aire fresco, solo de nuevo, gracias a dios. 
A nadie le preocupa. Y hacen bien en no preocuparse. 
No puedo ir a casa. Hasta mi familia 
me desprecia a conciencia. 
Tengo mal aspecto. Soy exactamente como el aspecto que tengo. 
Estos días no leí nada, pero nadie lo hace, 
y, de todos modos, demostré cuán listo era. 
Todo lo que sé procede de un libro. 




The professor




I get there early and I find a chair.
I squeeze my plastic cup of wine. I nod.
I maladroitly eat a pretzel rod
and second an opinion I don’t share.
I think: whatever else I am, I’m there.
Afterwards, I escape across the quad
into fresh air, alone again, thank god.
Nobody cares. They’re quite right not to
care.
I can’t go home. Even my family
is thoroughly contemptuous of me.
I look bad. I’m exactly how I look.
These days I never read, but no one does,
and, anyhow, I proved how smart I was.
Everything I know is from a book.






JOSHUA MEHIGAN (1969. Upstate New York, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Enlaces: Círculo de poesía | Otra iglesia es imposible 
Imagen: Audrey C. Tiernan Photografhy, Inc.

marzo 18, 2022

Viviana Abnur

Por tierra o por mar


6.     




Por tierra o por mar 
se llega al mismo punto 
al punto donde se encalla 
al punto donde se pierde 
por tierra o por mar 
también se silba 
se canta 
para espantar a los fantasmas 
de pie 
en la orilla todavía 
veo a mi padre fumar 
¿de qué se habla cuando se habla 
con el mar? 
 


SOLO quien nunca trepó a la cuerda 
quien nunca fue de veras 
trapecio mismo 
confunde 
la oscilación de un cuerpo semidesnudo 
sostenido por el aire 
con poesía 
un trapecista de cepa lo sabe
por eso
no se encomienda a los dioses
ni se persigna
antes de saltar
ocupa el breve tiempo que le queda
en secar bien su mano
con resina
entregará su humanidad
por un instante
al cruce meditado
de los cuerpos en la altura
el impulso es lo vital
lo sabe
respira hondo
y salta



Rash



Todo lo que sé de la muerte
lo aprendí de apuro
cuando te vi pasar en la camilla
a la terapia intensiva
yo era atea como vos
y solo vi
un cuerpo ajeno y liviano
pasar a la velocidad de la luz
y es que acaso vivimos confundidos
o solo somos luz y no otra cosa
porque supe de repente
en un instante
que vos en ese cuerpo
ya no estabas
te llevaban a Emergencias
como un trofeo de guerra
había prisa en los médicos por llegar
había prisa en la muerte
por huir del territorio
minutos antes pedías
que te trajeran un libro
minutos antes te abrazaba
y me decías
sos tan buena
después la luz que se cortó en el hospital
la puerta medio abierta
y yo que te espiaba pude ver
cómo te rodeaban de velas
vivo todavía
como en un cuento de Poe
alguien me abrazó y lloré
perdimos dijo el doctor
y supe de la muerte
que tiene apuro papá
y en el apuro es desprolija
porque algo se llevaba para siempre
lo supe
pero algo no
en ese cuerpo derrotado
vos no estabas



Otros poemas de VIVIANA ABNUR, aquí
De: "Rash", Macedonia Ediciones, 2022

marzo 16, 2022

Claudia Caisso


Paestum     




Soñé que preguntabas 
si habría que pagar entrada 
para viajar por la cuenca de los ríos  
que dan al mar.  
 
Vacío de góndolas y barcazas  
austero como mi ejemplar  
sobre los libros de Virgilio,  
llegaría el recuerdo de tus ojos  
con precisión ajenos  
a la tristeza de los míos. 
 
Para que te devolviera al mirar constante  
sobre la tracería de la espuma  
en pétalos variados  
de las piedras de Posidonia:  
sobre lápidas donde apenas se viera 
la escritura de la ausencia  
convertida en llanto para las islas…  
 
Escribo sobre esos corredores
de agua en libretas de hojas amarillas
renovadas por el canto 
de ámbar anillado: 
hablo sobre la quietud desconocida
de la costa amalfitana 
hasta olvidar los menesteres 
del sufrimiento mortecino.

Rodeo con la cita de otras voces
la búsqueda de escasos tesoros:
un costurero con hebillas 
hechas con fragmentos de ébano
y un peine tallado en hueso
por un preso que se consumía 
en tierras de la Araucanía.

Traen la dulzura de frases 
sujetas con hilos de colores 
en una caja pequeña
donde caben almohaditas 
con agujas ya enhebradas, 
botones de nácar y susurros…



Búhos de campanario



1.

Son raras las rutas  
de esas aves que avanzan hacia atrás 
con plumas gamuzadas
y ojos eléctricamente amarillos.
Por la noche le levantan
rejas al entendimiento:
chirridos en el minuto
en que nace la añoranza…
Vuelven al diálogo 
de quienes no están 
mientras permanecemos
confiados en la pureza del animal
confinados por la creencia 
en la inocencia
de la mañana, cada domingo: 
con el miedo de día
en medio de la nada
más allá del camino
de luz indivisible, 
abarrotada de presente
y tenacidad. En pleno verano,
expuestos al sol de la demencia
y la ausencia: aminorada 
la manía por demostrar
que sabemos cómo llorar 
bajo otra lluvia grave,
bajo el perfume 
que dieron tantas flores. Aquí y allá:
bignonias, margaritas, buganvillas,
con el aroma de las plantas sostenidas
por la posibilidad de rendir
sus frutos: los ajamientos del ideal, 
los sarmientos en los surcos, 
los pensamientos marchitos, 
los cuadernos que envolvías 
con papel azul araña
y prolijidad comparable
a la de las florcitas gualdas de tu piedad…



2.



¿Verán los búhos la belleza 
girando en lo incierto? Tardíos alumbran
los ecos de lo perdido, dividen 
algunos nombres, designan el amor
por el mar donde no se cosecha nada, 
solo jardines de distancia
entre la herida y la niebla
poblada por fantasmas. 

Ahora, al mediodía
sin oscuridad a la vista 
recuerdan otro grito suspendido 
entre ruidos: dejan ver 
a quien se pierde. Porque está sola
y con miedo a morir
sin saber que la miro 
detrás de un árbol con brevas,  
buscando gotas de ámbar
para el dulce almibarado 
que hará con higos de las quintas,
mientras escucho que pregunta
“¿qué era la brótola?”… 
“y, los alces… ¿los alces, qué eran?”.

Entonces giro sobre la deformidad 
de lo perdido 
sentada en el borde de un asiento gastado
como los recuerdos,
como el olvido del significado 
que hay detrás de cada palabra, 
los datos puntuales de la vida 
y el deseo de mayor longevidad.

Es ahora, al mediodía
cuando ronda este canto despojado
que vuela vulnerable, intuyendo 
el brote de la fragilidad 
todavía más allá: donde haya vacío
para alguna verdad que se levanta
de espaldas a la infancia
en nidales huecos, nuestro no-lugar… 



3.



Los mensajeros de otra vida
siembran el sonido 
que al repetirse varía
las versiones del búho 
en un cuerpo embalsamado en la feria 
de la “condenada miseria”,
en la pintura estridente sobre figuras 
de arcilla toba, en el atardecer griego
de Minerva y la diadema 
de la sabiduría esculpida
que se posa como penúltima envoltura
hasta ser el molde crujiente 
pero inútil, de madera,
de alguna muñeca rusa 
sobre el estante de alguna biblioteca
o de una alacena: taxidermia del arácnido, 
el coleóptero y la mariposa…

Hasta entre los ibis
de misteriosa estancia
entre dioses tutelares 
del antiguo Egipto
perduran esas visiones: 
jeroglíficos vistos 
en algún libro donde era posible leer 
la necesaria anterioridad del mundo inexplicable…

Entonces suena el badajo
aunque no haya naufragio que celebrar, 
y habla la lengua de una campana
orientada por restos de lo real:
rastrojos del trigo
entre los silos: molinos
en el momento de soltar 
en desbandada un más allá
de telas tejidas con hilos 
metálicos: redes de la nada
enredándose en el aire erizado
del silbido de un afinador  
cuando tensaba cada una 
de las cuerdas del piano…



Venecianas




Sé que ya no me piensas
cuando veo las lavandas
hacerse legendarias.
Entonces irrumpen los caminos
de la abeja moviéndose 
sobre una cinta de Moebius
para abrir el punto de fuga 
de la literalidad que a veces hay en las palabras
mientras el aire mece el recuerdo
de tus pasos circulando entre las puertas
esgrimiendo el tránsito en espiral 
de la luz de arriba hacia abajo…

Veo agitarse una hilera
de plantitas de nácar 
tus bostezos sin urgencia
la vitalidad con que juegan
en el jardín de la otra orilla
varios chicos cuando caen
se ríen y después se levantan.

Ya no me piensas, lo sé:
converso con la materialidad de tu ausencia
para que mi voz no enmudezca
y me abrigue de la intemperie
la imagen del pequeño espacio
entre “lo restante y lo restado”
donde escribía Lezama
cerca de la cocina 
en la casa de calle Trocadero
en la médula de las apetencias 
allá, en La Habana.
Con el dolor hago una lista
que ojalá fuera margen y bordado
para que el acto de mirar
tus cosas últimas
no generara tanto extravío:
un cordón tejido con lana rosa
un cepillito azul de cerdas suaves
el mantel de Zinacantán 
que todavía acaricia la mesa
con figuras dibujadas en lengua tzotzil
las dedicatorias que alcancé a leer
en fotos y tapas de disco de pasta 
grabados con boleros…


De: "Cuaderno del asombro", Barnacle 2022 



CLAUDIA CAISSO, Rosario, Santa Fe, Argentina. Doctora en Letras por la U.N.R. e Investigadora Independiente del Concejo de Investigaciones de dicha Universidad en cuya Facultad de Humanidades y Artes ha dictado seminarios de grado y postgrado sobre Literatura e Interculturalidad. Publicó, entre otros libros: De vértigo, asombro y ensueño: ensayos sobre literatura latinoamericana (2005); Fiel de lides, poemas (2006); El tímpano de la epifanía, poemas (2009); Estudios de cultura y literatura latinoamericana (2014), Culturas literarias del Caribe (2015) y Cuaderno del asombro (2022).
Imagen: La pelea entre Marte y Minerva de Jacques Louis David

marzo 14, 2022

Judith Filc: Las hamacas apenas oscilan

Fotografía de una casa de campo y en un primer plano, una hamaca para niños


Convalecencia     



 
Cuatro paredes rodean la cama. 
Las paredes están selladas. 
Un aire frío circula. 
El ambiente es agradable. 
  
El sol brilla en la ventana. 
El cielo está vacío de nubes. 
La mañana luminosa reconforta.  
 
Imagina un calor agradable 
calles transitadas 
mesas de café bajo el sol. 
 
 

Guerra    



Están sentados a la mesa. 
Esperan. 

Se miran. 
Miran al techo. 
Se vuelven a mirar. 

La comida descansa  
intacta 
en los platos.  


Primavera 




Un frío húmedo invade la terraza.
Un rayo turbio hostiga
las tablas de madera.

Un pájaro lanza su canto incesante. 

Las hamacas apenas oscilan.

La cortadora ataca el asomo de pasto.


Miedo 



Sobre la cama hay un cuerpo dormido. 
Un vacío blanco lo rodea. 

El cuerpo gira 
se retuerce 
grita. 

Hay huellas en el vacío. 



Progreso 




Pasan todo el día bajo la cama.
Disfrutan del tacto áspero del polvo
del roce suave de las telarañas.

Acarician la pintura desconchada.
Atentos, la observan esfumarse.

Mejor no ir hasta la puerta:
detrás, está lo imprevisible.



Otros poemas de JUDITH FILC, aquí
De: "Fotos", Barnacle, 2022
Imagen: Dave Reede

marzo 13, 2022

J.D. Salinger / William Saroyan por Ricardo Mariño


Hacia 1941 Salinger era novio de Oona O´Neill, hija del Premio Nobel Eugene O´Neill. Eran los primeros años de la Segunda Guerra y Salinger, alistado en el ejército, mandaba a la chica cartas de amor que Oona solía mostrarle a su mejor amiga, Carol Marcus. A su vez Carol era la prometida de William Saroyan, escritor admirado por Salinger. Cuando Saroyan fue llamado a filas Carol sintió terror de quedar expuesta ahora que la relación quedaría limitada al intercambio de cartas. Le pidió ayuda a Oona: “le dije que tenía miedo de que William descubriera lo idiota que soy y que decidiera no casarse conmigo. Por eso ella remarcó los mejores pasajes de las cartas de Salinger y me permitió copiarlos en mis cartas a William”. Sólo que cuando volvió a reunirse con Saroyan éste le dijo que no estaba seguro de querer casarse. Su opinión sobre Carol había cambiado después de leer las “locuaces tonterías” que abundaban en las cartas. Carol se apuró a admitir el engaño y a Saroyan lo tranquilizó saber que eran obra de Salinger. Se casaron en febrero de 1943. (contado por Kenneth Slawenski en “Salinger, una vida oculta”)   
                                                                    
Fuente: Facebook
Imagen en Art Class

marzo 12, 2022

Paola Escobar | Cuando hierve el agua para el té

Cuando hierve el agua para el té     


 

algunas  palabras que salen de la boca 
son monstruos marinos 
fagocitan bichos invisibles 
algas minúsculas 
botellas olvidadas con mensajes adentro 
degluten llaves y candados 
diarios y zapatos viejos caídos a las olas 
algunas palabras que salen de la boca 
pegotean el aire que nos permite respirar 
la distancia necesaria entre nosotros 
algunas palabras que salen de la boca 
se evaporan 
con el pitido de la pava 
cuando hierve el agua para el té  
 


Las cosas tal y como son     


 

en días nublados 
es posible ver las cosas 
tal y como son 

el árbol
es ramaje cruel
maraña de dedos muertos a sus pies
soles que dignifican
baldosas rotas
musgos alrededor
secan el verde
bajo los zapatos de los hombres
raíces como piedras
se anudan a los cordones

 



PAOLA ESCOBAR
(1971, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "Las cosas tal y como son", Barnacle 2022
Imagen: Isabel Bouchon

marzo 07, 2022

Rita Kratsman: Las cifras del año

Pájaros, poesía



CONSTELACIÓN de pájaros 
el aire apoya sus vocales en el brazo de Orión  
mientras el mar destila hidrocarburos  
se rizan las orillas ante un cambio de marea  
y en el momento más claro de tu atención seguís sin entender 
el elemento real de un presente infinito: 
cadáveres plantados en un lecho de corales, lianas de algas 
plancton, la transparencia del agua robada 
a un cielo luminoso deja ver 
la mancha oscura de una materia serena 
y las playas rodeadas de silencio pese a un soplo
también cierran sus bordes
¿era eso lo que esperabas ver?
precio de la vida en Occidente
el lobo vio en su ojo lo que vendría
oh pedazo de Tierra leonado con agua
alargamos la mano para pedir conocimiento
a los oleajes que firman las sentencias
los pájaros
observan el burbujeo de las olas
y cada amanecer se preguntan
por las cifras del año

 

TEMBLOR sentido como una brisa
pero sabés bien
que cualquier desigualdad
es una piedra en la mano
y todo esto en el fondo de tu búsqueda
¿entonces?
impulso aniñado en la pregunta
dijo Tian dios celestial, yo pondría las cosas en orden
pero una luz de invierno pierde su resolución con el día
y se deslucen publicidades ilusorias
el veneno, ya nos mordió los talones
frío venoso como colas de faisán sobre la cresta de los pinos
cuando en el otro hemisferio
hasta el señor Bloom
estaría en desacuerdo con el sol
eso de andar con sombrero como si no hubiera un árbol
compartiste con amigos y pensaste con ellos
sin lo redondo de la calma
¿cambiaste acaso héroes por espectros?
la vida contiene en sí un tartamudeo
y hasta las cigarras
asisten a los bares con su estrofita latosa
fluye intenso
un zigzag de burbujas



EFUSIÓN de un oscuro lineal o algo
más espeso que un elemento compacto
pretendiste arrancar otro mundo del mundo
y cerraste los ojos para soñar con una chispa noble
aunque sujeta al poder del lenguaje
de aquellos tan meticulosos en su trabajo corriente
y que sin haberse enfrentado
a un tribunal presidido por un juez del Infierno
practican sin vacilar una eutanasia forzosa
pensar que el cosmos
inspiraba su oráculo en plazas colmadas
ciudades donde el arte no pactó con el miedo
y perdió, pero vayamos a fondo
¿o todo se dirige hacia una selección absoluta?
que cada lugar se levante con alas en los pies y
con un ritmo que se añada a ese vuelo
cambio, sin que nada se pierda
a lo perfecto del dolor se une la belleza
como en aquel cementerio romano
cerca de la Porta San Paolo junto
a la Pirámide Cayo Cestio donde
se reúnen los poetas que quisieron vivir con dignidad
trina un pájaro
sobre la tumba de Gramsci
¿se oye?
 


De: "Faro meriodinal", El jardín de las delicias, 2021
Otros poemas de RITA KRATSMAN, aquí

Anna Ajmátova



Estamos tan intoxicados uno del otro     




Estamos tan intoxicados uno del otro 
Que de improviso podríamos naufragar, 
Este paraíso incomparable 
Podría convertirse en terrible afección. 
Todo se ha aproximado al crimen 
Dios nos ha de perdonar 
A pesar de la paciencia infinita 
Los caminos prohibidos se han cruzado. 
Llevamos el paraíso como una cadena bendita 
Miramos en él, como en un aljibe insondable, 
Más profundo que los libros admirables 
Que surgen de pronto y lo contienen todo. 



ANNA AJMÁTOVA (1889, Bolshoi Fontan, Ucrania / 1966, Domodedova, Rusia)
Enlaces: Zenda Libros | Material de lectura UNAM | Hablar de poesía | Otra iglesia es imposible

marzo 05, 2022

Angelina Muñiz-Huberman

Era una ciudad, poesía mexicana


Era una ciudad     




No eran los sonidos de la ciudad los mismos. 
Ni la luz de atardecer, ni el tiempo en que se encendía el alumbrado. 
Saltaba de sorpresa en sorpresa como pequeño conejo acosado. 
Las palabras sonaban a tambor destemplado. 
 
Parecía idéntico el idioma y, sin embargo, era otro. 
Idénticas las caras y eran otras. 
Idénticas las danzas y las canciones, pero otras. 
 
Lo que sonaba no se oía y lo que guardaba silencio atronaba. 
 
Era una ciudad vuelta del revés. Sin principio ni fin: amontonada. 
Y luego, grandes huecos: no de parques ni de jardines. 
Grandes huecos entre casa y casa. Hoyos profundos mucho más que sepulturas en tiempo de guerra. Esqueletos de edificios, ventanas al vacío con jirones de cortinas, al aire, despeinadas. Los techos sobraban y los cables se enredaban a gusto y se desenredaban.

¿Por qué salía a pasear por la ciudad?
Salía porque ni un muro lo aprisionaba, ni una puerta lo encerraba. Al abrir los ojos ya estaba del otro lado y su cuerpo, torpemente, lo arrastraba.
Evitaba columnas derribadas o pasaba sobre ellas esforzando al mínimo los músculos de su cuerpo. Estaba tan cansado.

Estaba tan cansado como rata de alcantarilla que ha escapado al terremoto y su mirada se desorbita.

¿De qué huía?
No era posible saberlo. De una destrucción de tiempos antiguos. De todas las catástrofes que el hombre ha inventado.

Si encontrara una cueva donde refugiarse.
Si encontrara un resquicio en el muro desordenado.
Por lo menos, un árbol frondoso, aunque no supiera cómo llamarlo.

Entonces llegaba al término de la ciudad. Se daba vuelta y repetía sus pisadas con cuidado, caminando entre bloques de piedra, artefactos fuera de lugar, hilillos de agua que escurrían por aquí y por allá.

El hombre, con su cansancio de milenios, se detuvo sobre el polvo y escribió con la yema de los dedos: “Era una ciudad.”



Reconciliación



Y un día acepté el paisaje.

Las montañas,
siempre las montañas.
El lago del recuerdo,
que hubo,
que ya no hay.
Los volcanes al oriente,
los volcanes siempre.
Los volcanes al oriente,
la punta de nieve,
ya blanca, ya breve.
El sol que se pierde en ella.
Árboles lejanos,
de tan lejanos,
olvidados.
No hay agua que corra,
no hay agua que brote,
sólo el agua que cae,
que limpia,
que arrastra,
que reverdece.

Y acepté el paisaje,
el paisaje que no era mío,
que me encerraba en cuatro paredes,
que me daba alta prisión,
con sólo el escape del cielo
y tal cual nube para sentirme mejor.

¿Qué hacer si el paisaje no era mío?
¿Qué hacer si nací de cara al mar?
Si el mar desgastado
había arrastrado la arena
y con ella los recuerdos conjurados.
Si la memoria no guardó nada,
si el olvido era línea confín.

Y sin embargo
durante años
creer en el olvido,
en la tierra perdida,
en el mar que lloraba,
en la imagen sellada.

Hasta que ya no se puede más.
Porque un día ya no se puede más.
Y entonces
al abrir la ventana
ves el alto perfil,
la nieve en los volcanes,
los árboles lejanos.

Y ese día,
ese día,
aceptas el paisaje.



ANGELINA MUÑIZ-HUBERMAN (1936, Hyères, Francia). Reside en la ciudad de México
Fuente: Inti
Enlaces: Asociasión de Academias de la lengua española | Cervantes virtual | Isliada
Imagen en El Universal

marzo 04, 2022

La guerra de Crimea por Diego Bentivegna





Una de las imágenes que más me quedó de una Historia Universal que mi familia había comprado en casa es de la Guerra de Crimea, del siglo XIX, cuando Francia, Italia y el Reino de Piamonte intervinieron contra Rusia y a favor del Imperio Turco. No sé bien por qué: en la imagen se veían unos soldados piamonteses, que parecían un poco azorados en las playas de esa península rusa, o ucraniana, o turca, que sin embargo es bañada por el Mar Negro. allá donde Ovidio había sido desterrado.
Había sido colonizada en su momento por los griegos, que fundaron varias colonias en sus costas. Más tarde, llegaron los genoveses y, con ellos, los asentamientos más o menos estables de comerciantes italianos, que permanecieron, pese a todo, hasta el siglo XX. Stalin, el "padre de los pueblos", ordenó en su momento la deportación de esa población, por considerarla potencialmente peligrosa durante la invasión alemana, de la que participaron varios contingentes italianos. Pasolini de quien se recuerda mañana los cien años de nacimiento, tenía en su juventud un gran amigo, al que llamaban Ermes, que termina siendo enrolado en la división italiana en Rusia y del que se pierde todo rastro. Un primo de mi mamá, que vivía en Capri, la deliciosa isla del Tirreno napolitano, fue enviado también a Rusia como soldado y no regresó nunca. Eso se narraba mucho en mi familia. El primo disperso en las estepas. Una de las películas más lindas de Vittorio De Sica, "Los girasoles de Rusia", narra la historia de un napolitano que se hace pasar por loco para no ir a la guerra y es enviado a Rusia, donde pierde la memoria (¿Luria?) en una batalla con los rusos y termina reconstruyendo su vida en la posguerra, casándose con una mujer rusa. Perdiendo, tal vez con un poco voluntad, los recuerdos de su vida anterior en las playas italianas. De los italianos que fueron deportados no sobrevivieron muchos y, según leí, no sobrevivió ninguno de los niños. ¡Los niños de Vallejo! Al parecer, la Argentina compró remesas militares a los turcos, sobre todo los pantalones inflados, las "babuchas", que los habitantes de las pampas llamaron "bombachas" y todavía hoy forman parte de la indumentaria campestre de la zona.

Extraído de Facebook, 04/03/2022



marzo 01, 2022

Richard Murphy

Stone mania


Piedra manía     




Cuánto me duele poner orden cuando todos mis papeles están 
apilados en desorden sobre el escritorio desde hace tres meses, 
recuperar el control de esta deriva de dias perdidos en 
mi pasión por construir en granito,  
y hacer frente a las cuentas que tengo que pagar por dejar la 
casa que tanto me costó agrandar, 
en la que pasé el tiempo preparando demasiado rápido un lugar 
para trabajar en el futuro dentro de paredes a prueba de ruidos, 
por lo que nunca tuve un momento en el presente para escribir 
sobre los momentos que estaban pasando: 
cuánto duele ver la destrucción que todo buen 
edificio, incluso el mejor, tiene que causar, 
no sólo las cercas, que primero tienen que ser derribadas 
antes de que los cimientos se caven,
sino cortes más profundos en las venas de la mente que llevaron
la sangre de la memoria al cerebro:
cuánto me duele haber descuidado durante todo este verano
a los amigos a los que debería haber visto,
por mi loca obsesión de construir más cuartos
para hospedarlos en tiempos venideros:
porque esos tiempos tienen la aptitud de eludirnos, nos morimos,
o nuestros amigos caen muertos antes de que podamos decir
me encantarla verlos y disfruten de la casa cuya construcción
nos mantuvo completamente separados.



Stone mania




How much it hurts me to tidy up when all my papers are.
heaped on the desk in a three.month mess
To regain control of this drift of days, I’ve lost in' my passion for building in granite;
And face the bills I must pay by leaving the house
that has cost me too much to enlarge,
Where I passed the time too quickly preparing a place for
the future to work within soundproof walls
So I never had a moment in the present for writing about
the moments that were passing away
How much it hurts to see the destruction that all good
building, even the best, must cause
Not only the hedges that had to be first cut down
before the foundations were dug
But deeper cuts through veins in the mind that carried
the blood of memory through the brain: How much it hurts me to have neglected all this summer
the friends whom I might have seen
But for my mad obsessions of building more rooms
to entertain them in time to come:
Because these times are apt to elude us. we die, or our
friends drop dead before wc can say
I'd love you to and enjoy the house whose construction
has kept us entirely apart.





RICHARD MURPHY (1927, Milford House, Irlanda / 2018, Sri Lanka) Poeta anglo-irlandés
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Buenos Aires poetry
Imagen en The Irish Times