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Mostrando las entradas de marzo, 2022

Sol Triano

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¿Qué es un duelo? ¿Y cuánto dura? Este misterio es el eje de ‘Tierra fresca”, el primer poemario de Sol Triano. El poeta ruso Ósip Mandelstam nos dejó un valioso legado al señalar que la poesía es una herramienta: el arado que desentierra el tiempo, poniendo al descubierto sus estratos más profundos, su tierra negra. La autora de este libro cava hondo en cada verso, remueve el pasado, oxigena y fertiliza lo que nunca deja de expandir sus raíces: la pérdida de un hermano. Cava y su propia vida se abre en surcos y muestra las marcas que le dejó este acontecimiento. Compone invocaciones para no estar sola y maldiciones con todo eso que aún duele, llama a los recuerdos dulces y amargos y toma perspectiva desde el presente. El duelo es la música que marca el ritmo de esta excavación mientras Sol Triano canta a la pena, no para avivarla sino para conjurarla y alentar a los que viven su día a día con ella. Los poemas de "Tierra fresca" nos enseñan que la escritura puede transformarn...

Otros poemas de Germán Arens

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A quien leyere: el presente es, tal vez, el libro definitivo de  Germán Arens ; así lo comunica entre sus páginas, junto a otros severos augurios, tales como la singular ruina de una reconocida ciudad bonaerense y la imposibilidad de hallar concordia y paz en lo sucesivo. Nada escapa a la atención del poeta: “¿Cuántas cosas parecen moverse y sin embargo no lo hacen?/ Todo aquello que creímos superior era intangible./ Habernos conformado con conocer el mundo/ utilizando solo nuestros cinco sentidos/ deparará sorpresas”. Quienes sientan el incentivo de pensar que “Otra vez en la tierra” supone otra mueca burlona a la vanagloria literaria vernácula, a la sapiencia de eruditos locales, hallarán indicios de ello, pero también un mundo que existe porque el autor ha tenido la cautela de imaginarlo antes: cualquier gesto desesperado o mundano, la inminencia del desastre permanente y la disuasión por la belleza recorren todo el volumen. “Como en la naturaleza/ Nosotros nunca hablábamos de a...

Patrick Kavanagh: Un embrollo tan profundo como los Arcanos de alto nivel

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X      Su vida intelectual consistía en leer  Reynolds News o el Sunday Dispatch,  con algunas veces un viejo almanaque bajado del techo  o un lector de escuela con los excrementos de paja.  Los resultados deportivos o los titulares de la guerra  fue un embrollo tan profundo como los Arcanos de alto nivel.  Pat trató de ser sabio a la abstracción de todo eso,  pero su secreto se deslizaba por su chaleco como una bebida de un colador.  Apostó una sacudida en cada sentido en el Derby.  Obtuvo una propina directa de un hombre en una tienda. Era un  doble de las Guineas y se creía  un matemático maestro cuando surgió uno de ellos.  Y podía explicar cuánto ha dibujado  En el doble si el segundo tramo hubiera seguido al primero. Estaba apostando a la forma y la reproducción, afirmó, y el hombre que hizo eso nunca podría estallar. Después de eso siguieron a la guerra, y se mostró que los generales de ambos lados er...

Sergio Leandro

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8  Está corriendo por dentro  de los ojos  un río,  un imparable río tremendo  cuando veo tus pies y su andar suavísimo  sobre este campo florido.  Algo en mí se enciende,  algo palpita otra vez; yo,  que estaba en lo frío,  que tanto tiempo estuve en lo frío y en lo obscuro  hoy me prendo a este halo lunar  y paseo contigo por el jardín.  Allá abajo,  en los inmensurables estratos  duermen los ejércitos, sus huesos  impulsan ardor y laten con esta luna.  Se colma el aire de fétidas voces.  Brindan su perfume  las flores nocturnas.  6  Hay días que llega hasta mi lecho  el perfume del rocío,  la finísima niebla que se alza  corrompida.  ¿Fue por estos mismos senderos  que marcharon los ejércitos?  ¿Fue aquí donde la caballería a galope  llevó en los ojos el miedo hecho piedra?  ¿Fue aquí que mostró su rostro la muerte?  Corrió la sangre en...

Poemas inéditos de Sergio Kisielewsky

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La escritura es el lenguaje del ausente.  Freud           1   La rama del árbol no cayó vencida  fue el mar que la atrapó como a un vándalo.    Así fue el olvido como una tierra más  separándose de la llanura.    No queda tiempo, dijo el verano,  no quedan muros, ni esquirlas, ni benteveos.  Sólo una luz en una casa donde una mujer escribe, usa pañuelos, renguea, ve un sable colgado en la pared, ve la penumbra y un patio con un muro de no me olvides surcando el ladrillo. Una luz se inclina en su mesa y canta. Así es la mañana, las aves, el ciruelo. La tibia armazón de lo que nace. 2 Las glorias del corazón no tienen estirpe. Tienes un vestido de alpaca y hule y una tos que viene de los cuentos. Hazme un sitio en tu cama y no ladraré. 3 Si fueras a presentar tu vincha yo daría peniques y tormentas. Dame el colchón donde duerme tu gata, princesa. Tendré amapolas, guirnaldas, luces sin neón y un porrón sec...

Joshua Mehigan

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El profesor      Llego temprano y encuentro una silla.  Estrujo la copa de vino de plástico. Asiento.  Como torpemente un pretzel  y apoyo una opinión que no comparto.  Pienso: Cualquier cosa que yo sea, lo seré en otra parte.  Después, escapo a través del patio  hacia el aire fresco, solo de nuevo, gracias a dios.  A nadie le preocupa. Y hacen bien en no preocuparse.  No puedo ir a casa. Hasta mi familia  me desprecia a conciencia.  Tengo mal aspecto. Soy exactamente como el aspecto que tengo.  Estos días no leí nada, pero nadie lo hace,  y, de todos modos, demostré cuán listo era.  Todo lo que sé procede de un libro.  The professor I get there early and I find a chair. I squeeze my plastic cup of wine. I nod. I maladroitly eat a pretzel rod and second an opinion I don’t share. I think: whatever else I am, I’m there. Afterwards, I escape across the quad into fresh air, alone again, thank god. Nobody ca...

Viviana Abnur

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6.      Por tierra o por mar  se llega al mismo punto  al punto donde se encalla  al punto donde se pierde  por tierra o por mar  también se silba  se canta  para espantar a los fantasmas  de pie  en la orilla todavía  veo a mi padre fumar  ¿de qué se habla cuando se habla  con el mar?    SOLO quien nunca trepó a la cuerda  quien nunca fue de veras  trapecio mismo  confunde  la oscilación de un cuerpo semidesnudo  sostenido por el aire  con poesía  un trapecista de cepa lo sabe por eso no se encomienda a los dioses ni se persigna antes de saltar ocupa el breve tiempo que le queda en secar bien su mano con resina entregará su humanidad por un instante al cruce meditado de los cuerpos en la altura el impulso es lo vital lo sabe respira hondo y salta Rash Todo lo que sé de la muerte lo aprendí de apuro cuando te vi pasar en la camilla a la terapia intensiva yo era atea c...

Claudia Caisso

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Paestum      Soñé que preguntabas  si habría que pagar entrada  para viajar por la cuenca de los ríos   que dan al mar.     Vacío de góndolas y barcazas   austero como mi ejemplar   sobre los libros de Virgilio,   llegaría el recuerdo de tus ojos   con precisión ajenos   a la tristeza de los míos.    Para que te devolviera al mirar constante   sobre la tracería de la espuma   en pétalos variados   de las piedras de Posidonia:   sobre lápidas donde apenas se viera  la escritura de la ausencia   convertida en llanto para las islas…     Escribo sobre esos corredores de agua en libretas de hojas amarillas renovadas por el canto  de ámbar anillado:  hablo sobre la quietud desconocida de la costa amalfitana  hasta olvidar los menesteres  del sufrimiento mortecino. Rodeo con la cita de otras voces...

Judith Filc: Las hamacas apenas oscilan

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Convalecencia        Cuatro paredes rodean la cama.  Las paredes están selladas.  Un aire frío circula.  El ambiente es agradable.     El sol brilla en la ventana.  El cielo está vacío de nubes.  La mañana luminosa reconforta.     Imagina un calor agradable  calles transitadas  mesas de café bajo el sol.      Guerra     Están sentados a la mesa.  Esperan.  Se miran.  Miran al techo.  Se vuelven a mirar.  La comida descansa   intacta  en los platos.   Primavera  Un frío húmedo invade la terraza. Un rayo turbio hostiga las tablas de madera. Un pájaro lanza su canto incesante.  Las hamacas apenas oscilan. La cortadora ataca el asomo de pasto. Miedo  Sobre la cama hay un cuerpo dormido.  Un vacío blanco lo rodea.  El cuerpo gira  se retuerce  grita.  Hay huellas en el vacío.  Progreso...

J.D. Salinger / William Saroyan por Ricardo Mariño

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Hacia 1941 Salinger era novio de Oona O´Neill, hija del Premio Nobel Eugene O´Neill.  Eran los primeros años de la Segunda Guerra y Salinger, alistado en el ejército, mandaba  a la chica cartas de amor que Oona solía mostrarle a su mejor amiga, Carol Marcus. A su vez Carol era la prometida de William Saroyan, escritor admirado por Salinger. Cuando Saroyan fue llamado a filas Carol sintió terror de quedar expuesta ahora que la relación quedaría limitada al intercambio de cartas. Le pidió ayuda a Oona: “le dije que tenía miedo de que William descubriera lo idiota que soy y que decidiera no casarse conmigo. Por eso ella remarcó los mejores pasajes de las cartas de Salinger y me permitió copiarlos en mis cartas a William”. Sólo que cuando volvió a reunirse con Saroyan éste le dijo que no estaba seguro de querer casarse. Su opinión sobre Carol había cambiado después de leer las “locuaces tonterías” que abundaban en las cartas. Carol se apuró a admitir el engaño y a Saroyan lo tranq...

Paola Escobar | Cuando hierve el agua para el té

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Cuando hierve el agua para el té        algunas  palabras que salen de la boca  son monstruos marinos  fagocitan bichos invisibles  algas minúsculas  botellas olvidadas con mensajes adentro  degluten llaves y candados  diarios y zapatos viejos caídos a las olas  algunas palabras que salen de la boca  pegotean el aire que nos permite respirar  la distancia necesaria entre nosotros  algunas palabras que salen de la boca  se evaporan  con el pitido de la pava  cuando hierve el agua para el té     Las cosas tal y como son        en días nublados  es posible ver las cosas  tal y como son  el árbol es ramaje cruel maraña de dedos muertos a sus pies soles que dignifican baldosas rotas musgos alrededor secan el verde bajo los zapatos de los hombres raíces como piedras se anudan a los cordones   PAOLA ESCOBAR (1971, Ciudad de Buenos Aires, Argentina) De...

Rita Kratsman: Las cifras del año

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CONSTELACIÓN de pájaros  el aire apoya sus vocales en el brazo de Orión   mientras el mar destila hidrocarburos   se rizan las orillas ante un cambio de marea   y en el momento más claro de tu atención seguís sin entender  el elemento real de un presente infinito:  cadáveres plantados en un lecho de corales, lianas de algas  plancton, la transparencia del agua robada  a un cielo luminoso deja ver  la mancha oscura de una materia serena  y las playas rodeadas de silencio pese a un soplo también cierran sus bordes ¿era eso lo que esperabas ver? precio de la vida en Occidente el lobo vio en su ojo lo que vendría oh pedazo de Tierra leonado con agua alargamos la mano para pedir conocimiento a los oleajes que firman las sentencias los pájaros observan el burbujeo de las olas y cada amanecer se preguntan por las cifras del año   TEMBLOR sentido como una brisa pero sabés bien que cualquier desigualdad es una piedra en la man...

Anna Ajmátova

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Estamos tan intoxicados uno del otro      Estamos tan intoxicados uno del otro  Que de improviso podríamos naufragar,  Este paraíso incomparable  Podría convertirse en terrible afección.  Todo se ha aproximado al crimen  Dios nos ha de perdonar  A pesar de la paciencia infinita  Los caminos prohibidos se han cruzado.  Llevamos el paraíso como una cadena bendita  Miramos en él, como en un aljibe insondable,  Más profundo que los libros admirables  Que surgen de pronto y lo contienen todo.  ANNA AJMÁTOVA (1889, Bolshoi Fontan, Ucrania / 1966, Domodedova, Rusia) Enlaces:  Zenda Libros  |  Material de lectura UNAM  |  Hablar de poesía  |  Otra iglesia es imposible

Angelina Muñiz-Huberman

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Era una ciudad      No eran los sonidos de la ciudad los mismos.  Ni la luz de atardecer, ni el tiempo en que se encendía el alumbrado.  Saltaba de sorpresa en sorpresa como pequeño conejo acosado.  Las palabras sonaban a tambor destemplado.    Parecía idéntico el idioma y, sin embargo, era otro.  Idénticas las caras y eran otras.  Idénticas las danzas y las canciones, pero otras.    Lo que sonaba no se oía y lo que guardaba silencio atronaba.    Era una ciudad vuelta del revés. Sin principio ni fin: amontonada.  Y luego, grandes huecos: no de parques ni de jardines.  Grandes huecos entre casa y casa. Hoyos profundos mucho más que sepulturas en tiempo de guerra. Esqueletos de edificios, ventanas al vacío con jirones de cortinas, al aire, despeinadas. Los techos sobraban y los cables se enredaban a gusto y se desenredaban. ¿Por qué salía a pasear por la ciudad? Salía porque ni un muro lo aprisionaba, ni una p...

La guerra de Crimea por Diego Bentivegna

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Una de las imágenes que más me quedó de una Historia Universal que mi familia había comprado en casa es de la Guerra de Crimea, del siglo XIX, cuando Francia, Italia y el Reino de Piamonte intervinieron contra Rusia y a favor del Imperio Turco. No sé bien por qué: en la imagen se veían unos soldados piamonteses, que parecían un poco azorados en las playas de esa península rusa, o ucraniana, o turca, que sin embargo es bañada por el Mar Negro. allá donde Ovidio  había sido desterrado. Había sido colonizada en su momento por los griegos, que fundaron varias colonias en sus costas. Más tarde, llegaron los genoveses y, con ellos, los asentamientos más o menos estables de comerciantes italianos, que permanecieron, pese a todo, hasta el siglo XX. Stalin, el "padre de los pueblos", ordenó en su momento la deportación de esa población, por considerarla potencialmente peligrosa durante la invasión alemana, de la que participaron varios contingentes italianos. Pasolini de quien se rec...

Richard Murphy

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Piedra manía      Cuánto me duele poner orden cuando todos mis papeles están  apilados en desorden sobre el escritorio desde hace tres meses,  recuperar el control de esta deriva de dias perdidos en  mi pasión por construir en granito,   y hacer frente a las cuentas que tengo que pagar por dejar la  casa que tanto me costó agrandar,  en la que pasé el tiempo preparando demasiado rápido un lugar  para trabajar en el futuro dentro de paredes a prueba de ruidos,  por lo que nunca tuve un momento en el presente para escribir  sobre los momentos que estaban pasando:  cuánto duele ver la destrucción que todo buen  edificio, incluso el mejor, tiene que causar,  no sólo las cercas, que primero tienen que ser derribadas  antes de que los cimientos se caven, sino cortes más profundos en las venas de la mente que llevaron la sangre de la memoria al cerebro: cuánto me duele haber descuidado durante todo este verano...