Magalí Etchebarne
Poema Cuando ellos ya no estén, solo quedarán sus plantas abrazándose salvajes, creciendo desconcertadas. Mi hermana y yo nos habremos llevado todo: los secretitos de la noche grabados en la mesa de luz, las cenizas que duermen en cofres de mármol, todos esos muebles gigantes como máquinas a vapor, las fotos —todas las fotos en blanco y negro en las que el pasado parece mentira—, los problemas suaves, de épocas sin distracción. Y así, cargadas, vamos a caminar por la costa varicosa de los años. Alguna dirá ¿qué harán los que vengan con la casa, con los dos plátanos altos de la vereda? ¿Se animarán a tirar todo abajo? Ese coraje no será nuestro. Empieza después de esta historia. Ahora, estamos de espaldas al futuro, no es que lo evitemos, juntamos fuerza. Soltamos al cielo palabras, un oráculo, una traición. Ofrendas lanzadas al mar cargadas de flores y preguntas, deseos y nuestros nombres tallados sobre todo lo que tuvimos: lo más be...