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mayo 27, 2025

Magalí Etchebarne

Poema    




Cuando ellos ya no estén, solo 
quedarán sus plantas 
abrazándose salvajes, creciendo 
desconcertadas. Mi hermana y yo 
nos habremos llevado todo: los secretitos 
de la noche grabados en la mesa de luz,
las cenizas que duermen en cofres de mármol,
todos esos muebles gigantes
como máquinas a vapor,
las fotos —todas las fotos en blanco y negro
en las que el pasado parece mentira—,
los problemas suaves, de épocas
sin distracción. Y así,
cargadas, vamos a caminar
por la costa varicosa de los años.
Alguna dirá ¿qué harán los que vengan
con la casa, con los dos plátanos altos
de la vereda? ¿Se animarán
a tirar todo abajo? Ese coraje
no será nuestro. Empieza después
de esta historia. Ahora, estamos de espaldas
al futuro, no es que lo evitemos,
juntamos fuerza.
Soltamos al cielo
palabras, un oráculo, una
traición. Ofrendas lanzadas al mar
cargadas de flores y preguntas, deseos
y nuestros nombres tallados sobre todo
lo que tuvimos: lo más bello y lo espantoso.
Después, ya no seremos animales pesados
husmeando en la orilla, sino esa pareja de aves
revoloteando su hogar



MAGALÍ ETCHEBARNE (1983, Remedios de Escalada, Pcia. de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: Tenemos las máquinas
Enlaces: La primera piedra | Revista Otra parte | El destape

Una tarde muere y aparecen todas las preguntas pero también nuevas certezas. Es como aprender un lenguaje nuevo, el de la poesía. Ahora, Magalí Etchebarne tiene que desarmar la casa. Recorrerla de nuevo, una última vez, una vez más, vacía. Imposible no invocar a Anne Carson: “Si la prosa es una casa, la poesía es alguien en llamas corriendo a través de ella”. Pero, lo prefiera o no, este fuego está controlado. Es un fuego moderado por alguien que dispone de su propia desesperación.

Un año se pasa de ser hija a poeta, y los versos se convierten en manotazos a la memoria de lo último pero también lo primero. Se trata de cruzar “una soga por el precipicio” olfateando cada rincón como un perro de caza, sabiendo que incluso así los olores se pierden, las voces quedan tal vez sólo en un casete, y que esa voz suena distinta del propio recuerdo. Armar un lexicón de gestos, lunares, palabras inventadas, cositas insignificantes, alimento para pájaros. Así se cocina una vida, así se tramitan los legados y los silencios: a fuego lento, cocinando al lobo de los fantasmas.

mayo 24, 2025

Goenawan Mohamad

La mujer lapidada hasta la muerte al caer la noche   


La mujer lapidada hasta la muerte al caer la noche 
miró a lo largo de la llanura. 
 
El sol estaba aporreado. La silueta urbana, 
una quemadura de primer grado. 
La noche invadía, y la oscuridad, 
como un fantasma, chupó toda su sangre 
empapando el cielo del ocaso. 
 
La mujer lapidada hasta la muerte al caer la noche: 
¿podía estar buscando al hombre que escribió algo 
en la arena, último testigo
de todo esto?

El único aquí era yo:
una mano
escribiendo sobre la pizarra
de mis miedos.

La gente, con piedras en sus manos,
se había ido a casa.
El pecado había sido eliminado.
El anochecer, estregado.
El cielo liberado.

Sin embargo yo permanecía incapaz de volver a casa.
Como el cuerpo allí afuera.

Vi en sus cuencos una hilera de sangre
como melaza.

Y en sus ojos rotos las palabras.
"He pecado".

Oh, la mujer lapidada hasta la muerte al caer la noche.
Pregunto: ¿Me recuerdas?

Pero ella siguió mirando a lo largo de la llanura

Hasta que por fin los murciélagos volaron
y chillaron, reconociendo el cadáver,
y allí en la pus estaba mi nombre:
algo que ella quiso ocultar,
como mi tristeza.

"Sí," dijo ella una vez, "Todo lo que hice fue amarte. "

Oh, la mujer lapidada hasta la muerte al caer la noche,
Cierra tus ojos,
Cierra bien tus ojos

GEONAWAN MOHAMAD (1941, Batan, Indonesia)

Traducción: León Bla
Fuente: Asamblea de palabras
Imagen en Alchetron



mayo 21, 2025

Cristian Cruz: Esta es una bella noche para bailar rock

La poesía de Cruz, en sus primeros libros, teniendo algunos poemas excelentes y aún primordiales, es todavía la lucha de un joven poeta con sus referentes: Teillier, Barquero, Cárdenas, entre los más identificables, haciendo de la así llamada “poesía lárica” su sustento: un mundo de provincia, de seres y enseres, nostalgia por un espacio singular, donde la infancia, el mundo rural, los espacios vitales de lo primigenio son experiencia, pero sobre todo, experiencia lectora: lectura de poemas que me hubiese gustado vivir y escribir. Lo que para una parte no menor de los poetas de los 90 fue la poesía de Rosamel del Valle, Eduardo Anguita o de la Generación del 38 sin más, en Cruz decantó en una asimilación y aprendizaje de referentes en aras de un “País de Nunca Jamás”. Pero Cruz, un poeta poseedor como pocos de una poderosa intuición autoconsciente de su escritura, muy pronto debió advertir que nada se podía sacar en limpio en la reiteración mimética de un modo de entender el poema como aporía de un gesto imposible. Tal vez por eso puede comprenderse la secuencia que en esta antología deviene en las dos secciones inmediatas y consecutivas: “Fábula del bandolero” y “La aldea de Kiang después de la muerte”. Ambas son acciones paralelas en el tiempo, discurriendo hacia la autonomización de sus recursos: más que plasmar la mímesis de un universo lárico en retroceso dadas las peculiaridades de la modernización económica y cultural del Chile del primer tercio del siglo XXI, acá pueden leerse dos puntos de fuga de una poesía que ve agotado sus referentes: por un lado, una especie de épica bandolera en sintonía con cierto Pound y la relectura de ese imaginario que representa los límites de una vida peligrosa: el bandido, el cuatrero, el sujeto expelido de los procesos de modernización que traen a lugar un modo peculiar de vérselas desde el margen de la provincia con una violencia ancestral asumida como punta de lanza de la aventura y la ruptura con lo establecido. Pero aquel gesto que no deja aún de poseer una atmósfera romántica y anarquista limita con su propio esteticismo. 

Ismael Gavilán en https://latinamericanliteraturetoday.org/es/rese%C3%B1as/una-bella-noche-para-bailar-rock-antologia-poetica-de-cristian-cruz-2/

mayo 20, 2025

Lidia Rocha

Lidia Rocha / poesía argentina

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“Los perros grandes son como mariposas”, dice. 
¿Y los pequeños? ¿como ballenas? ¿como elefantes? ¿como tortugas? 
No es que no supiera que iba a llegar el invierno, 
pero el otoño se prologaba con calorcito y dorados. 
Podría haberse extendido un poco más. 
Hace unos años arreglaron mi vereda 
Los obreros acortaron las raíces de mi árbol, 
del que llegaba hasta mi ventana
todavía joven y repleto. 
Le sacaba fotos cada año.
Tendría que haber sospechado del otoño
cuando abría los párpados de la noche con relámpagos
y lluvia.
Claramente una invitación al invierno.
¿Escucharon como lo llamaba?
¿Vieron cómo le abría las puertas?
Mi padre al morir también abrió las puertas de mi noche
Llamó a mi vejez. Llamó a mi muerte.
Desde entonces me acosan con golpes y exigencias.
No se puede confiar en el otoño
Sigrid tiene un gran danés.
“Los perros grandes son como mariposas”, piensa.
“Ahora soy como la carnicera de Freud.
Siempre pido más”, piensa.
Las raíces de mi árbol fueron cortadas
finalmente se derrumbó sobre la calle.
Salió en todas las noticias.
Cayó recto y con un gran estrépito.
Rompió autos, pero tuvo gentileza.
¿No escucharon las noticias?
“La tierra —dice Louise— te alimentará, te cautivará
No te mantendrá vivo”.
Cuando paseo con mi perro miro los árboles
Conozco cada árbol de mi manzana.
Algunos tienen flores:
hay rosas chinas, rosas de la India, buganvillas
A otros lo llamo simplemente “árboles”.
Los obreros que se llevaron al mío
derribaron el siguiente.
“Era un bebé”, se lamentó alguien.
Quizás también le habían cortado las raíces.
Voy con mi perro y miro los árboles
cortados en rodajas como para hacer leña.
¿Quién llora por los árboles?
¿Por qué siempre pensamos
que no hicimos lo suficiente por nuestros padres muertos?
Como en una novela de detectives
cuando el protagonista intuye una trama importante
oculta tras otra superficial, se pregunta:
¿Qué es lo que no puedo ver?
¿Por qué siempre nos traiciona el otoño?
¿Cuánto vivirá mi perro pequeño?
¿como una ballena? ¿como un elefante? ¿como una tortuga?
Quisiera hibernar hasta octubre
O vivir en una habitación cálida
leyendo, leyendo, leyendo
tal vez mirando una película
“Es haragana”, decían mis padres.
“Sólo quiere estar tirada leyendo todo el día”
Las palabras con muchas aes son apropiadas
para las de mi calaña.
“¿Qué es lo que no estoy viendo?”, se pregunta Wallander.
¿Qué es lo que no quiero ver?
Detrás de un pez grande siempre hay otro más grande.
Lo supe cuando el otoño
nos traicionó con relámpagos y lluvia.
Y nos dejó allí, sentenciados,
a mí con mis árboles y mi perro
al gran danés y a Sigrid.
Todos mariposas.




LIDIA ROCHA
(Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Opcit 

mayo 18, 2025

Javier Vindel

Javier Vindel

La imagen muestra a una persona con una camisa celeste abotonada, de pie en un entorno moderno y bien iluminado. En el fondo se pueden ver varios taburetes, una barra y grandes ventanales que ofrecen una vista a un área exterior con árboles y un toldo azul. El entorno sugiere un ambiente informal o semi-formal, posiblemente un café o restaurante.

Autorretrato     

 
        Hombre-lobo soy 
que exhuma entre las piernas de una mujer su luna llena 
y antólogo confeso de películas para adúlteros; 
huérfano de dos tuercas y un tornillo, 
trajino por las calles un organillo de ciego que tañe cuando quiere 
y una estrella de mar en vez de corazón; 
secretario privado del rayo y sus arpegios de tormenta 
si atestiguo el óxido del desafuero; 
Quijote del bolígrafo, porque en un certamen de metáforas en bikini 
mi Dulcinea hallo, 
también me gusta el futbol de orfebrería, Beethoven 
y el rock de alto voltaje; 
jardinero exclusivo de la rosa náutica, trafico polen de sueños,
y a mucha deshonra;
cazador furtivo del marfil de las páginas en blanco,
busco la piedra filosofal
en el almácigo de las palabras y su crucigrama sin fin;
alérgico a la hipocresía y a su carátula de mapache viéndome la cara,
hace ratos firmé, sobre acero inoxidable,
mi acta de divorcio contra las anfetaminas del aplauso;
sentimental congénito, más cariñoso y tonto que un perrito faldero;
apóstata de la escala cromática del vino
y prófugo gremial que mendiga asilo político a la soledad
y riñe con ella: he aquí lo que soy, lo demás
es impura coincidencia.
 


JAVIER VINTEL (1968, San Pedro Sula, Honduras)
Imagen en El Reportero literario

Principio de ruptura del significante

"...El significante desde Saussure quedaría en la simple reducción del fonema, del monema o del semema, o de los elementos de la comunicación de Jakobson. Situación de índole lingüístico o la ruptura del giro lingüístico propiamente, el lenguaje con la dicotomía saussureana se eslabona la relación arbitraria entre significado y significante, el transvidelismo rizomático se destaca por esa desviación y ruptura del significante, el código en des/código o hiper/hipo y protocódigo.
La contingencia a la que estamos sometidos se relativiza cuando maneja nombres para lo azaroso e inventiva profunda, recurrente, original y universal. Para lanzar la tiranía del significante hay que romper con las codificaciones, encontrar líneas de fuga. Encierra los estados de cosas en la red de los significantes y luego vierte las palabras con la estructura complex de la realidad. Este proceso origina la trascendencia. En nombre de ella se predica la verdad, la unidad, la inmovilidad y la cuasi-perfección:
“Remedida” con la palabra ¿Mi país? en el poema “profesión de fe”, “escribir es este acto de magia, donde mis vísceras son lo único que extraigo del sombrero”, al igual “escojo el signo de la cruz” del poema “testimonio”, “para el himen de mis parpados” del poema “Tutankamon se confiesa”.
La forma en que construyen los versos, las estrofas, los poemas hasta llegar a un todo permanente y profundo. Asimismo, el uso de los lenguajes de la tecnología con la naturaleza, conforman con eficacia el contenido de un estilete original y único dentro del marco de la literatura hispanoamericana.
Otro rasgo estilístico, es el desdoblamiento, que significa entre la voz del poeta/hombre se abre la realidad que se estructura en el interior y exterior, va originada por la trascendencia de la verdad fenomenológica, en ciertas delimitaciones molares y territorialidades, donde la metáfora irrumpe el significante, porque la palabra misma nombra cosas, o las cosas nombran al significante, las dos cosas implican agnominación. Esta implicatura de nombrar y crear el espacio inmanente del lenguaje mismo, donde adquiere líneas fugaces, el lexicón, el diccionario, lo enciclopédico, logra distancia, y a la vez se acerca al ser-estar, para que el poema, trascienda el ontos y la episteme, además del neoexistencialismo retórico que atraviesa ciertos niveles de las capas textuales. De tal forma, los significantes codifican lo que van “representando”.
En esa aprehensión de la sociedad y de la naturaleza, el devenir material captura códigos. Un ejemplo es como la orquídea, por ejemplo, adquiere forma de avispa- hembra atrayendo así a la avispa-macho que, seducida por el disfraz, se posa en la superficie de la flor y se impregna de polen. Luego esparcirá ese polvo vital en otras orquídeas, fecundándolas. Parecería que la flor imitó a la avispa. Pero, en realidad, capturó su código aumentando su valencia: devino momentáneamente avispa lo expresa Deleuze. La cosa misma, el objeto, el sujeto, el personaje subyacen en el fondo del poema, se desdobla, cambia del espacio y del tiempo..."

mayo 16, 2025

Hala Alyan

Naturalizada   


¿Puedo arrancarme la tierra como si fuera un corcho? 
Derramo todo durante el almuerzo. Mi padre nunca aprendió a nadar. 
Sé que ya he dicho demasiado. 
Mira, van apareciendo las maravillas. Mira, los chicos 
ven Vice de nuevo. Brillos y citas pegajosas. 
Les gusta entender. Les gusta jugar al abogado del diablo. 
Mi padre juega fútbol. Hace mucho calor en Gaza. 
No es lugar para una trenza de niña. Bajo 
ese ascensor de hospital. Cuando esto termine. 
Cuando esto termine, no habrá más que silencio.
Los colegas me felicitarán por el alto al fuego
y estiraré mis dientes hasta convertirlos en un país.
Como si no llevara a Al Jazeera al baño.
Como si no rezara en árabe entrecortado.
Está bien. Les gusto. Les gusto en un museo.
Les agrado cuando escupo a mi padre de mi boca.
Hay un silbido. Hay un misil golpeando la tierra como un puño.
Dibujo un mapa de Pantene en la cortina de la ducha.
Rompo un Clonazepam con los dientes y nado.
El diario dice tregua y los supermercados C-Mart
vuelven a vender semillas de granada. Metáfora tonta.
Arruiné la velada. Me dieron una vida. ¿Es frívolo esto?
Los domingos son días de tarot. Los martes son para tacos.
Hay una gotera en el baño y la arreglo
en treinta minutos exactos. Toda esa agua de sobra.
Todos esos números al costado de la pantalla.
Aquí está tu matemática. Aquí tu opinión en caliente.
Ese número no es un número.
Ese número es una primera palabra, un apodo, una canción de cumpleaños en junio.
No debería tener que decirte eso. Aquí está tu testimonio,
aquí tus vacaciones en la playa. Imagina:
dejo de correr cuando estoy cansada. Imagina:
aún queda el mes de junio. Dime,
¿qué página editorial va a garantizar su muerte en la agonía?
¿Qué editor? ¿Cuál es la línea roja? ¿Qué bolsillo?
Qué tierra. Qué sacudida. Qué silencio. 


Naturalized



Can I pull the land from me like a cork?
I leak all over brunch. My father never learned to swim. 
I’ve already said too much. 
Look, the marigolds are coming in. Look, the cuties
are watching Vice again. Gloss and soundbites.
They like to understand. They like to play devil’s advocate.
My father plays soccer. It’s so hot in Gaza.
No place for a child’s braid. Under 
that hospital elevator. When this is over.
When this is over there is no over but quiet. 
Coworkers will congratulate me on the ceasefire
and I will stretch my teeth into a country.
As though I don’t take Al Jazeera to the bath.
As though I don’t pray in broken Arabic.
It’s okay. They like me. They like me in a museum.
They like me when I spit my father from my mouth.
There’s a whistle. There’s a missile fist-bumping the earth.
I draw a Pantene map on the shower curtain.
I break a Klonopin with my teeth and swim.
The newspaper says truce and C-Mart
is selling pomegranate seeds again. Dumb metaphor.
I’ve ruined the dinner party. I was given a life. Is it frivolous?
Sundays are tarot days. Tuesdays are for tacos.
There’s a leak in the bathroom and I get it fixed
in thirty minutes flat. All that spare water.
All those numbers on the side of the screen.
Here’s your math. Here’s your hot take.
That number isn’t a number.
That number is a first word, a nickname, a birthday song in June.
I shouldn’t have to tell you that. Here’s your testimony,
here’s your beach vacation. Imagine:
I stop running when I’m tired. Imagine:
There’s still the month of June. Tell me,
what op-ed will grant the dead their dying?
What editor? What red-line? What pocket?
What earth. What shake. What silence.


HALA ALYAN (1986, Carbondale, Illinois, Estados Unidos de NA)
Traducción: Juan Carlos Villavicencio
Publicado en Descontexto. Le incorporé el poema en idioma original.
Imagen en CN Traveler

mayo 10, 2025

Pedro Alcarria: Enfermo de esperanza

 Un paseo por el Louvre     




Es el error fatal de abrigar esperanzas: 
 
Siempre que voy al Louvre a iluminarme 
me asalta un ataque de furor. 
 
No perdono la belleza 
que es como una perra cariñosa 
saltando de alegría a mi lado. 
Y querría apalearla hasta la muerte,
por un repugnante juego de la inteligencia,
por el trino ambicioso de mi corazón.

Y me pongo a contar fábulas idiotas,
de las que no tengo fotos ni pruebas.

Todo para que el asno ascienda.

A menudo me arrepiento,
-sala tras sala del Louvre
de este arranque atrabiliario,
de esta flor de mi crimen,
de estos estúpidos augurios.

Maldiciendo por los pasillos del museo,
enfermo de esperanza.


PEDRO ALCARRIA (1975, Barcelona, España)
Enlaces: Vallejo&Co | Zenda libros
Imagen en manuellopezazorin









mayo 03, 2025

Roberto Jorge Santoro: Y que el alma viva entre perros hambrientos


Las cosas claras     



mi voz está en su sitio 
el corazón sabe algo más porque me duele 
 
por eso digo: 
terrible oficio 
es repartir equivocadamente los abrazos 
y que el alma viva entre perros hambrientos 
 
uno de mis errores 
fue creer que todos éramos hermanos 
 
y ahora 
no se le puede cambiar el horizonte a la nostalgia 
hay que olvidarse de las viejas sonrisas 
y andar con el dolor a cuestas
para que sirva definitivamente

nunca dije
mi lágrima fue grande
sufrí
no me quisieron

cada uno conoce su dolor
y sabe de qué manera hablarle a la desgracia

que venga la vida y me golpee
de nada vale cerrar los ojos

un hombre dormido
es un dolor que descansa

es duro el amor cuando se niega
un día sin embargo recuesta sus abrazos
apoya su misterio en mi cabeza
y me lleva a vivir al primer piso de un incendio

no comparo
simplemente doy mi fruto
y espero

la semilla más humilde
puede brotar el fuego o la hermosura

si estoy acorralado entre dos besos
decido acurrucarme al pie de mi corazón
y sueño

soy triste hasta los zapatos

a la hora del té
mi alegría se sienta y llora conmigo

pero sostengo que un día
aunque el amor sea el hermano implacable de la lluvia
de mi casa a tus ojos
no habrá naufragios

ROBERTO J. SANTORO (1939, Buenos Aires /1977, Buenos Aires, detenido-desaparecido por la dictadura militar argentina)
Fuente: https://www.instagram.com/catalina_boccardo/
Imagen en Crisis

mayo 01, 2025

Alan Talevi: Viajero del espacio y otros poemas

Alan Talevi

Primer plano del poeta Alan Talevi mirando hacia el costado derecho de la imagen. Tiene el pelo desordenado, barba algo tupida y el fondo es una pared gris con unas ornamentaciones de hojas

Viajero del espacio (fragmentos)




¿Por qué un hombre gasta             
siete años en apartarse tanto como pueda?

Así hacen todas
las cosas del cosmos: escapan

las lunas los planetas aun
los sistemas solares                     
fugan hasta sentir

El tirón de un campo gravitatorio ancla
invisible 
cordón 
umbilical           



Son pocos los cadetes que consiguen 
su matrícula espacial.                       
Deben mostrar
visión perfecta       (20 de 20) dos ojos
absoluta
mente simétricos idénticos gemelos con la curvatura          adecuada la exacta         
viscosidad del cristalino. Él

  quiso especializarse en caminata lunar
aprender a andar de nuevo
bajo otra fuerza. Una fuerza menor.
La de la luna. O Mercurio.  
La luz resbala. 

Un astronauta y un suicida se parecen. 



En el centro de control registran
cada uno de nuestros movimientos

las cámaras son ojos suspendidos
de un pequeño y delgado tallo que los une           
a un pie giratorio la mínima expresión de un cuerpo: el ojo.

Una flor-ojo.

Mirá sus párpados radiados, la pupila azul.                 

No hay
punto ciego. Abajo
en una oficina una mujer
con camisa beige ceñida por dentro
del pantalón, corbata, lentes
gabardina una taza humeante. 
 Hace guardia con café. Contratada  
para mirarnos en el monitor.

Granos llenos de pus. Espinillas.

¿Se distrae? ¿Lee?    

A veces sueño que rompe el silencio
abre el micrófono nos dice: 
―Buen día, John    ―Su voz es        
una cebolla silbando en aceite hirviente        
la credencial en su pecho, sujeta con alfiler ¿qué dice? 

“Megan”



Hubo una época en la que no cargaba
dolor. Un hombre libre
de dolor. Las personas son
lo que les sobra o les falta.  
Tal vez si flotamos 
suficientemente lejos
 en el éter
la carga se hará tenue como le ocurre
al campo gravitacional.
Algo que pierde intensidad hasta soltarse
de sí mismo.



Vamos, Megan. 
Prendé el micrófono. 
Susurrame. 
Jalame con tu voz
de cebolla que se fríe.

Prendé el micrófono. Tiranos
un cable  un salvavidas   
polvo sobre el etéreo       tobogán de plata.

¿Qué te cuesta?
Salvarnos, en verdad, no es tan difícil. 



Ojos en flor nos siguen a todas partes. Son
insoportables. 
Cada movimiento cada signo vital y emisión que hacemos
se registra. Lejos de la Tierra somos
lo poco que queda por copiar. 
Emitimos: calor gas  
heces            palabras.  
Nos copian. 

Megan abre el micrófono. Fritura. 

Vamos, Megan. Animate. 

¿Qué hay por perder?

Activa su cámara.
Nos miramos como lo harían dos tortugas. 
Espejamos nuestros movimientos. Acercamos
un ojo a la lente.


Te explotaste los granos punzaste los puntos negros tu piel

está tersa. Quizás sea solo
que la imagen que llega a años luz se ve
pixelada. Los párpados caídos, no tenés labios

Hablás decís:
—¿Soy real?

Tu voz suena como una lata
de atún herida por un abrelatas. Femenina
aunque metálica. 

Claro que sí. 



en las bocas de los peces

La hora

 

 
Pasé el verano aprendiendo
a tirar la línea.
Hay que lograr que el cebo 
se pose 
suave
sin hacer ola. Probé
distintos ríos, veinte tipos 
de carnada: 

tres meses y ni un pez. 

Esto es lo que hace el pescador de caña:
observa el mundo y trata de imitarlo. 
Hace un recorte 
de la naturaleza
y lo aumenta. 

En la librería del pueblo vi
una Historia de la pesca con mosca
En ella se describía al lucio
como un pez “solitario, 
valiente y melancólico”. 
Había instrucciones para armar una línea
con pelo de caballo. El pelo 
debe ser “redondo y limpio”, 
sin asperezas.
Para atraer la trucha se usa
aceite anisado:
a la perca se la llama
con una pluma o un corcho.
 
La clave, sin embargo, 
estaba en otro párrafo.

Las moscas Caddis pupan en pequeñas vainas
-cascarillas unidas a la roca del río-
y a la hora adecuada nadan
hacia la superficie y se paran
al sol
a secar las alas. Después 
despegan, de a miles,
haciendo que la trucha se vuelva 
audaz y lujuriosa. 
Cuando el sol cae el río explota, 
los insectos se posan sobre el agua 
que hierve en las bocas de los peces.

Una junto a otro, la tanza y el pelo 
redondo del caballo. 
El buen sedal no tiene memoria:
su lance es limpio, puro.



cómo devolver un pez al agua 




No alcanza con ser amable.  

Las manos tienen que estar desnudas, 
mojadas. 
Se puede usar un copo engomado y sin nudos
(nunca un trapo o guantes de algodón).
La capa de limo
-que protege al pez de la enfermedad-
debe preservarse a toda costa.
Los dedos lejos 
de las agallas y los ojos: 
podrías ahogarlo o dejarlo ciego. 
Las caídas son letales. 
Apenas quince segundos afuera 
escriben 
lesiones irreversibles en su cerebro; a veces
la vejiga se rompe por el cambio de presión.
Ya exhausto, 
al ejemplar se lo revive 
de cara a la corriente:     así.
El agua entra por la boca hacia las agallas.

Todo depende del pescador. 

Las pupilas de la captura no cambian de tamaño.



La intención de la mosca




Hay que lograr que el cebo 
se pose 
suave
sin hacer ola. 

Como en un Modigliani
montajes de distintos materiales transcriben 
las dimensiones esenciales que el pez atiende. 

En la Adams Parachute
                               insecto-símbolo de la pesca con mosca 
           la cola se fabrica 
           con plumas 
           de gallo marrón y bataraz;
dubbing de rata almizclera;
un mechón o el rabo de un ternero blanco 
para las alas.

  La línea de flotación baja imita 
el movimiento 
de ejemplares     un poco hundidos
vulnerables 
                         ninfas con el cuerpo partido 
        lisiadas
  o agotadas o
nacidas muertas abatidas
por una imprevista
ondulación del agua.

Sinuoso el pez se acerca 
a tomar la carnada:
a veces salta. 
A veces el pez llega a la superficie y salta 
arremete y vuela fuera del agua 
un espectáculo incomparable. 

Los aficionados debaten.
              ¿Qué ve la trucha? 

La trucha ve el mundo desde abajo. 
No distingue los colores.

  “Un atractor es la intención de la mosca en el agua”.



Catch and release



Hablaba con otro pescador y salió el tema
del anzuelo sin rebaba.
El tipo se transformó y empezó a los gritos:

                                      “¡la gran mentira 
                                      de la pesca con mosca! Todos
                                      hablan pero nadie los usa.”
 
Me alejé en silencio.
Cuando el pez corta línea y huye
con el anzuelo clavado 
debe llevarlo de por vida o esperar 
que se oxide y desprenda solo. 

El mejor trato para él es dejar de pescar. 

Miren: 

El pez escapa 
la adrenalina
lo ha puesto pálido
desconcertado sigue,
anhela
que la herrumbre haga lo suyo.
La corriente suelta
rojas partículas 
de óxido de hierro
y las lleva lejos. 

Al anzuelo sin barba le dicen
“anzuelo sin muerte”. 
Es fácil sacarlo 
sin desgarrar la pesca,
o la ropa, o
la propia carne. 



ALAN TALEVI (1980, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)