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diciembre 28, 2020

Ed Sanders

poesía norteamericana, Robert Creeley

Creeley como terapia     




Publicó un aviso en la sección Salud 
del periódico local: 
“Cure sus crisis mentales con Creeley” 

Y sabés qué 
doce personas pagaron c/u 175 dólares 
para asistir a un taller durante ocho semanas 

¡Suma suficiente para hacer algunos arreglos en la casa! 

Los hacía sentarse cómodamente
las sillas en un círculo
cada uno de ellos sosteniendo en su manos
la Poesía Completa de Robert Creeley 1975-2005
luego los hacía abrir el volumen
en una página cualquiera
                                                        leer en voz alta
                                                             y discutir
                                                    la sensación curativa
de las palabras
y cómo éstas se relacionaban
con la crisis personal del lector

¡Y funcionó!
Las sonrisas resquebrajaban el círculo
y algunas veces las lágrimas!

                                              Le rogaron que repitiera el taller
                                        especialmente en esas fechas en que el año
                                                        se arrastra hacia
                                                       una triste Navidad



Creeley as Therapy




He ran an ad in the health section
of the local weekly
“Cure Mental Crises with Creeley.”

And you know 12 people
paid $175 for an 8-week workshop!

Enough to put in a new shower stall!

He sat them at ease
in a circle of chairs
each of them holding
The Collected Poems of Robert Creeley 1975-2005
and then they opened it up at random
                                                 read aloud
                                                & discussed
                                              the curative feel
of the words

as they would relate
to the reader’s particular crisis.

It worked!
Smiles cracked the circle
& sometimes tears!

                                      They begged him to hold another one
                                               especially as the calendar
                                                      tugged toward
                                                      blue Christmas

 

ED SANDERS (1939, Kansas, Missouri, Estados Unidos de NA)
Traducción: s/d
Imagen: Relix

diciembre 26, 2020

Susana Villalba: Me condenaste al tedio


Susana Villalba

  

La viuda negra     




Quizá la vida 
es el momento 
al despertar 
en una hora muerta 
entre la medianoche 
y la madrugada.  
Una palabra 
se disuelve al llegar a la boca 
porque se abren los ojos
y es otra la casa,
los objetos en su dimensión,
ya no se necesita
más que un cigarrillo,
encender la luz,
fue un momento de estupidez.
Se extraña
a quien no se conoce,
aun cuando está allí.
Un café,
hay películas
durante toda la noche.
No se puede salir
con esta tormenta
que sacude los árboles,
un huracán magnífico
batiendo la calle,
los cristales,
alzás tu copa
hacia la ventana empañada.
Tu copa sin somníferos,
quisieras dormir como él,
absorber su pesadez,
su contundencia.
Qué se puede hacer
con esta lluvia,
lavar su copa,
limpiar lo que tocaste,
tenés que dejar el cuarto
antes de que él despierte,
nunca dirá que te recuerda,
que no entiende qué pasó

pero denunciará la falta del dinero,
del reloj.
Las mejores presas
se encuentran en el bingo.
Da igual, siempre es un sueño
superpuesto a un rostro
u otro.
Nadie está aquí,
nadie estaría aquí
cuando te despertaras
si te durmieras.
Pero hay una película,
llueve y alguien duerme a tu lado,
el cuarto está tan tibio.
Dormir
sería sin embargo despertar.
Sería dormir,
nadie te protegería como vos
al fin y al cabo lo protegés
de atravesar esta noche inmensa.
Paró la tormenta,
un cartel ilumina el espejo
y lo deja a oscuras,
con esa luz te peinás
y desaparecés,
te distraés con tus uñas,
ahora te retiene el silencio
o queda algún detalle
o falta algo,
la alianza
que cuelga de una cadena
sobre tu pecho.
La mente registra infinitos
números de teléfono,
retazos de frases,
gente
que para vos es sólo gente
y apenas te registra
como gente,
esa mujer que pasea a su perro
es el centro de su mundo.
Desde el cuarto
se percibe la llegada del otoño,
es un estado de la calle,
un viento melancólico en los árboles
furiosos
por el fin del verano.
Volvés a mirar la alfombra,
sentís que algo dejás
en esta habitación.

No importa que fumes,
todo el mundo fuma la misma marca,
no hay algo que te distinga
y nunca acertarán
en lo que te diferencia.
Aquí se ve el cielo,
lo habías olvidado.
El dinero es suficiente,
podrías ir a otra playa
antes de que llegue el frío.
O a cualquier parte,
por qué no este cuarto.
Te queda poco tiempo.
Sin embargo te quedás
mirándolo dormir,
te recuerda algo.
O es el otoño
en que todo parece recuerdo
de una felicidad perdida
como si tu relato de viudez
fuera cierto.
Querés ver el final de esta película,
“miénteme, Viena,
dime que me has esperado
todos estos años”.
Nunca dicen no quiero,
dicen no puedo,
en otra época
lo hubieras tomado en serio.
Pediría demasiado,
dijiste,
así es que no pido nada,
tomo lo que me interesa,
se rió,
se excitó,
no era un chiste.
Ya no sabés quién comenzó
la vieja historia,
es la ley del juego,
toda presencia amenaza despojarnos,
también para vos es un riesgo,
te están buscando en los casinos.
Un día me voy a encontrar
con mi destino,
pensás,
un alfil blanco
recorre esta ciudad
como un tablero,
ante cada pregunta posible
las responde todas,

devora los caballos.
Cabalgan, Viena
en pantalones de cuero
negro,
camisa negra,
esos ojos
esperaron demasiado,
destila un alcohol
venenoso,
tiene su propia taberna y llega
Johnny.
Quizá el amor sucede,
quizá exista
un nombre para decir
al despertar.
La noche es un animal
agazapado,
no la araña
que tira demasiadas líneas
en sitios de tránsito
previsibles.
Sin embargo en esa hora
de nadie
la araña parece una mirada.
Algo te paraliza
en este cuarto.
Algo que apenas sentirías,
algo
después de todo pequeñísimo
como una araña
amenaza revelarse como un rayo,
un escalofrío ante el contacto
de esta noche,
ahora
una lluvia fina
y persistente.
Los árboles están quietos,
comienza a amanecer,
apagás el televisor
y te lavás la cara,
la lluvia
va a acompañarte durante el viaje
como un solo de saxo,
no es un final tan malo
aunque trillado,
Viena lo esperó, realmente,
todos esos años
por un solo momento
de estupidez.



La occisa




Si pudiera volver
la cabeza.
Los ojos, sí
los ojos permanecen
pero yo permanezco
inmóvil
como siempre y sin embargo
ya no importa.
Existe un paraíso
del cuerpo
prometían los ojos,
infierno de saliva
arrasando palabras,
pensamiento, ser
desde adentro
hacia afuera un fuego
líquido y afuera
sólo tacto
de mí.
Y ahora que la bala penetra
una real calcinación
me atraviesa: esa mirada
es una trampa
y ya no importa,
fluye,
el deseo es un río,
le dije,
no detengas su curso.
Todo es líquido,
el aire como bruma pegajosa
en la garganta,
los sonidos,
no veo, me derramo
hacia adentro,
agua estancada
lo que fue pólvora viva,
volumen sanguíneo en las vísceras
conscientes ahora de sus ritmos
ralentados,

humores venenosos del alma
que también es un cuerpo
eléctrico.
Un fluido
que al mirar capturaba en un punto
de impacto.
Nunca fui el cazador
siendo rapaz como el deseo
es como el viento
que no sabe qué arrastra,
qué doblega,
por qué aleja al acercarse,
por qué le da una dirección
lo que resiste.
Algo, una baba,
una pluma venida del espacio
toma forma,
toma desde dentro
un cuerpo que pueda tomar cuerpos,
una ciudad de poseídos.
El verdadero horror
en las películas
es que siempre comienza
la misma situación,
cuando cierra la puerta
y suspira
se rompe la ventana
y vuelve a correr.
Sólo hay dos en esa cinta
de Moebius
y ya no sabe quién perseguía
a quién.
No importa,
ya no puedo moverme
y hemos vencido
los dos.
Hemos perdido
lo áspero,
los vientres pegados de sudor,
la radio,
una lámpara en invierno,
acariciar los libros,
las manos se deshacen como papel viejo,

he perdido
la textura de tu espalda,
el árbol,
cicatrices.
Sin embargo siento el agua
alrededor,
me estoy hundiendo
suavemente.
Acaso imagino una lluvia
que no llega a mi oído,
no es que caigo, voy perdiendo
sentido.
Ya no veré el acero,
el mar ni una estación de tren
abandonada.
Me condenaste al tedio,
a la nostalgia monocorde
por alguien que no está:
mi propio cuerpo.
Solitaria
eternamente sabiéndome
invisible
aun para mí misma.
No importa,
ya no puedo pensar
ni imaginar lo que no sé
cómo será
y cuando suceda, como siempre,
ya no tendrá importancia
entender.
Es un río,
dejémonos llevar,
le dije,
a donde sea.
Fue un error, como un viento
diciendo soy un viento,
un giro repentino
de nosotros.
La oscuridad como una piedra
me toma desde adentro,
mi cuerpo es la sombra
de una piedra
y todavía tiembla

un centro
como lava,
una bala que busca salida
y ya no importa,
interesada en el esófago,
un reguero,
una película en que todo estalla
es una bella imagen
que ya no podré ver.
Instantes de oro
y años de polvo
será, como la vida,
la muerte.
Dónde está la luz
cuando se apaga.
Voraz como el deseo
como el fuego no quiere devorar
sino encenderse,
nunca fui el cazador.
Pero que sea yo la víctima
también es un error
o un accidente.
Si desperté pasión
no tuve el mérito del cálculo,
si arrebaté lo ajeno
no tuve el usufructo,
si fui el testigo no supe
con lo visto
más que dar testimonio.
Quizá como el amor, la muerte
como la vida
no sea para siempre.
Será una travesía,
si miro hacia atrás
sus ojos
podrían retenerme.
Sin embargo dispara
contra el viento
como un ciego.
Un individuo en posición
decúbito,
aspecto de masa
cenicienta,

alojada en el canal
la bala ahora es lo que queda
vivo
y este fluir del pensamiento
acaso será siempre
una cámara lenta del disparo.
Un trueno primero,
después el relámpago
reabsorben en una sensación
fulminante de silencio.
También hay una muerte espléndida
que tampoco me tocará en suerte.
No importa


De: "Matar a un animal", Raspabook, 2015

El perro




escarbo
escarbo
escarbo
el hueso de dios
todavía puede estar
en el corazón caliente
de la tierra

tengo celos de dios
el árbol
sólo mira hacia arriba
es imposible para mí
amar a un árbol
pero enamorarse es eso

le salto
y sigue absorto
tengo celos del fuego
que duerme en su corazón
de las estrellas
que le pasan
no soy un árbol
no puedo
entender su quietud
pero enamorarme es eso

cae la noche
como la realidad
mi universo es un baldío
me ovillo
en las raíces duras
de mi amor

tengo celos de los pájaros
abrigados
en sus ramas
envidio la noche
cayendo como un cazador
de espejismos
quién despierto
creería
en los sueños

la intemperie es una soledad
el amor es un adentro

doy vueltas
alrededor del árbol
le salto
salto de amor
y caigo
otra vez en mí
enamorarse es eso

nunca se inclina
sólo mira al sol
a las estrellas
salto
doy vueltas
para cuidarlo
de su quietud
para cuidarme
de su silencio

tengo celos del amor
que siento
es más grande
que yo
es mejor

bajo el árbol
los pájaros
dan saltitos
me acerco
porque huelen a árbol
pero se desbandan
corren
si salto alrededor
corro detrás
y levantan vuelo
por qué mi amor
parece una cacería
o una rabia

tengo celos de la tierra
que retiene al árbol
nada me aferra
desde el cielo
cuando salto
cuando caigo
nada me espera
pero vivir es eso

a diferencia del árbol
salto
le salto
pero se abre en más
y más cielo
abraza el aire
nada
quiero advertirle
pero enamorarse es eso
me respondería

el árbol

es un sol
y un perro
alrededor
qué terror
le hace echar tanta raíz
quiero abrazarlo
pero apenas llego
al borde
donde empieza a ascender
a olvidarme

el árbol no sabe
hasta dónde
puede llegar
es eterno y está cansado
escarbo
escarbo para liberarlo
pero lo imanta
la inmensidad
tengo celos de su infinito

el cielo -le dice el pájaro-
es una resistencia
al cuerpo
otra espesura
el cielo es un bosque
sin árboles

el árbol es un cazador
que sueña
no necesita seguir
a las estrellas
ni atraparlas

escarbo
en su tronco

y paso la noche
en su interior
sueño
el corazón del árbol
es un perro cansado
de buscar
y me encuentra

el verano es una fiesta
a la que no se puede entrar
solo
espero la brisa
cuando el árbol se sacude
nos parecemos un instante
solamente
enamorarse es eso

sueño
que el árbol sueña
que corre
conmigo
no es que no quiera
-me susurra-
me posee un destino
de monstruosa
altura
y soledad

me froto en el tronco
le dejo mi olor
y huelo
soy el árbol
que quiso ser yo
enamorarse es eso

viento

lluvia
lo que a mi amor alimenta
me aniquila
¿no necesita
más que luz?
lo miro dar
refugio
contemplar
celebrar lo que no está
a su alcance
no sé si lo amo
para no odiarlo
para no odiarme
también es eso
enamorarse

salto
pero no soy de altura
ni de profundidad
el árbol
aunque a mi lado
no está en mi mundo
tengo celos de ese animal
de cielo

el árbol es una trama
de gravedad y luz
echado en tierra
soy afuera
de mi amor
soy su vacío
alrededor
y él absorto
inalcanzable
ciego a la sombra
que provoca

soy sin árbol
pero mi corazón
es un árbol
en cuerpo de cazador
no quiero correr más
que árboles
aunque están quietos
no los puedo atrapar

huelo
sigo un rastro
¿qué se recuerda en el amor
que no se tuvo nunca?

De: "La bestia ser", Hilos Editora, 2018


SUSANA VILLALBA  (1957, Buenos Aires, Argentina) 
Susana Villalba es poeta, dramaturga, crítica teatral y gestora cultural. Recibió la Beca Guggenheim 2011 (en Poesía) y el 2do Premio Municipal de Buenos Aires 2004/5 (Poesía édita). Tiene siete libros de poesía publicados. Integra diversas antologías argentinas e internacionales. Asistió a numerosos festivales internacionales. Es Asesora Artística de la Dirección del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Creó y dirigió la Casa de la Poesía de la Ciudad (1999) y la Casa Nacional de la Poesía (2000) y los Festivales Internacionales de Poesía de dichas instituciones. Escribió y dirigió las obras teatrales Corazón de cabeza; Feria americana; Obsidiana; La muerte de la primogénita, La voz de la luz y Mi noche ideal. Realizó diversas performances con video y objetos, entre ellas Formatos de Julietas, en Haroldo Conti, y La voz de las piedras. Dicta la materia Poesía en Dramaturgia para la Maestría en Dramaturgia de UNA.

diciembre 24, 2020

Alejandro Méndez: No tocamos nada de ese orden


Nocturno     




El pasillo estrecho sin escuadras como quiso  
el albañil italiano que a ojo moldeó una ruta 
llena de plantas hace casi imposible tu paso  
con la camilla. Cada vuelta cada avance ruego  
que la proa de este amasijo de fierros y sábanas 
hospitalarias ancle en el living abarrotado 
de platos colgados en la pared. Que se detenga 
y te dejen en la cama pero tampoco ese deseo 
será cumplido. Las medidas exiguas de la puerta 
no permiten el giro de la camilla. Te tendrás 
que conformar con un campamento en el comedor 
entre el tapiz cubano y el reloj de cuerda del abuelo 
detenido en aquella hora. Suelto los billetes
de la propina. El martirio de la travesía ya terminó 
exhaustos nos desplomamos sin gracia pero rotundos.

Toda la casa a oscuras los muebles que reconozco 
al tacto las baldosas frescas algunos ladridos. Tu murmullo 
acompaña el sueño se interrumpe con la luz clara del velador 
encendido como una gruta recién descubierta en la niebla.
Me distraigo con el teléfono voy saltando de foto en foto.
La ventana abierta disipa el olor a encierro. Puedo decir
cómo suena cada cosa. Cuál anunciará la fortuna cuál su reverso. 
Qué peso y declinación tiene la espera. Dónde caerá la rama
del jazmín. En qué rincón del patio perdí las llaves.

De esta pequeña tregua cómo pasamos a las convulsiones 
que vaciaron tus ojos. No alcanzo a llevarte el recipiente 
vomitás cada vez más rápido. Las manos son garras
dones precarios para economizar los gestos del amor.
“Todo esto es tuyo” me decís. Una última voluntad salpicada 
de espasmos. Ya es de noche de madrugada aprendemos 
a descifrar el ritmo no sé si es tu respiración o mi terror. 
No tocamos nada de ese orden que nos antecede. Un naufragio 
aguas en avance o repliegue. No puedo seguir durmiendo 
sopeso cada movimiento cuido la luz que aparece 
cuando pronunciás mi nombre.


Otros poemas de ALEJANDRO MÉNDEZ, aquí
De: "Para arder", inédito

diciembre 23, 2020

Opinan los escritores argentinos en “Documentales IV”



Por Luis Benítez     



Recientemente Ediciones Richeliú, de Buenos Aires, publicó el cuarto tomo de la serie  Documentales: Entrevistas a escritores argentinos, que recopila las opiniones y los pareceres de una selección de autores de dicha nacionalidad. Gracias la recopilación en sus páginas de las entrevistas realizadas por Rolando Revagliatti (1), antes publicadas en diferentes medios de comunicación, es posible para el lector acceder a este interesante material de consulta. En Documentales IV poetas y narradores se explayan acerca de una gran variedad de temas, que van desde las peculiaridades de la obra propia hasta sus criterios en cuanto a la ubicación en el panorama de las letras contemporáneas, sus preferencias y rechazos literarios, los movimientos estéticos a los que han pertenecido o corresponden en la actualidad, así como su paso por el acontecer político y social en que se gestaron sus trabajos. Simultáneamente, los entrevistados proveen precisa información respecto de su modo de plasmar los trabajos y la manera en que cada título dialoga con los demás de su autoría.
Un detalle valioso de esta selección realizada por Revagliatti es que ha reunido en Documentales IV firmas de distintas edades, correspondientes a diferentes disciplinas y trayectorias, enriqueciendo el panorama general con la diversidad de abordajes de similares interrogantes formulados por el entrevistador.
El volumen, de 444 páginas, aporta otra ventaja: su descarga es gratuita y puede realizarse libremente desde el link de referencia (2).
En Documentales IV: Entrevistas a escritores argentinos, unen sus voces y establecen sus diferencias: Luciana A. Mellado (1975), Carlos Cúccaro (1968), Inés Legarreta (1951), Silvia Mazar (1937), Oscar Steimberg (1936), Antonia B. Taleti (1941), Patricia Coto (1954), Marcelo Leites (1963), Genoveva Arcaute (1953), Ángela Gentile (1952), Julio Aranda (1961), Marta Braier (1947), Tomás Watkins (1978), María Lilian Escobar (1961), Carina Sedevich (1972), Raquel Jaduszliwer (1946), Javier Galarza (1968), Laura Forchetti (1964), Liliana Bellone (1954), Yamila Greco (1979), Laura Szwarc (1978), Eduardo Mileo (1953), Cristina Piña (1949), Mariano Shifman (1969) y Antonio Ramón Gutiérrez (1951).

NOTAS
(1) El argentino Rolando Revagliatti es autor de una vasta obra poética, narrativa y dramática, ya traducida al francés, catalán, italiano, maltés, esperanto, alemán, asturiano, portugués, inglés, neerlandés, rumano, búlgaro, ruso y bengalí, y difundidas en gran número de medios, tanto gráficos como digitales.


(2)http://revagliatti.com/documentalesIV/DOCUMENTALES%20IV-Revagliatti.pdf

Poemas de Rolando Revagliatti, aquí | Poemas de Luis Benítez, aquí

diciembre 22, 2020

Eduardo Magoo Nico


El pulpo, a la gallega     




La infelicidad es sin dudas 
una enfermedad contagiosa 
Los infelices y los pobres 
deberían apartarse los unos de los otros 
para evitar mayores sufrimientos 

La Móvil Figura se dejará ver 
tan solo en el mundo que vendrá 
después de ella 
una verdadera rebelión de la ligereza 
(contra la ley)
asolará el mundo

Rebelión vana
pero divina
cadenas que se convierten
en doradas filigranas
redes múltiples finamente tramadas
en una misma sed
(y pensar que en ellas se sustenta
la vida de los elegidos...)

Eros es una esmaltada cobertura de Ananque
una faja coloreada como la Vía Láctea
su perfecta miniatura:
la ternura
el deseo
las palabras susurrantes...
No queremos solo una vida sin fin
Queremos una vida serena e infantil
despreocupada...

Mi locura pánica
surgió en la plena luz del mediodía
A partir de entonces
nuestros amores
(nacidos como juegos pueriles)
estuvieron enmarcados
por un segundo bautismo de sangre
y morirían sofocados por la misma
(falsa)
corona nupcial

(Los poderosos ven desde lo alto las refriegas
y los enfrentamientos
como un espectáculo digno de dioses verdaderos...)

Anduve a la deriva estos años
pidiendo tiempo
reservándolo para dibujar mi nueva orquídea
con sus magníficos ocho pétalos tentaculares...
y su perfecta miniatura:
la ternura
el deseo
las palabras susurrantes...

Aún sigo trabajando en el proyecto
pero son ahora los tentáculos
(que han adquirido vida propia)
los que culminan con precisión obsesiva
los infinitos particulares

Llueve sin ruido
sobre las pasturas del mar...
veo las gotas perforar el agua
como impotentes disparos
que intentan alcanzarme

Visto desde aquí
(desde mi taburete)
pareciera un pueblo sumergido el nuestro...
(arrastrado por oscuras y turbulentas aguas subterráneas
hacia un definitivo extrañamiento)
Yo ya no quiero una tierra sembrada de muertos
sino el vivo crepúsculo
de una mañana interminable

También en mí
hay algo
que susurra goza y sangra
Es esta nueva flor que está naciendo
la que trae a mi recuerdo
como en un parto
los días inquietos de la juventud

(Una última pregunta abre mis labios
que se cubren de burbujas...
¿Quisieras, tal vez, amarme, una vez más?)


EDUARDO MAGOO NICO (1956, Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, Argentina). Reside en Trieste, Italia
Fuente: La Izquierda Diario

diciembre 19, 2020

Jürgen Theobaldy: Menos creía Brecht en la metafísica


Parada de autobús     



De vuelta del entierro, sentado arriba en el autobús, 
veo reflejada en el cristal delantero, 
a la mujer que pasa de largo, veo su traje verde 
y blanco, a cuadros, los zapatos rojos. 

El autobús arranca, un mediodía de verano en Berlín 
y la mujer reflejada en el cristal delantero 
sigue simplemente adelante, a través de la luz del sol,
sobre el borde del tejado, cielo arriba.
 
No la volveré a ver nunca más.
Nunca he dicho que sea fácil vivir.
Tampoco he creído nunca que morir
puede ser una cosa sin importancia. 

La historia del arte del boxeo 

Cuando Arthur Cravan en 1915
apareció en el ring con 8 poesías
estaba ya perdido
Pero perdido estaba de todas maneras
y sólo por ta buena memoria de su enemigo
Jack Johnson (un terrible zurdo)
se conservaron sus poemas es decir
los encontramos en una revista de boxeo
y nos alegramos como en la antigua Grecia
de la armonía de cuerpo y espíritu
pues Cravan tenía rosa los pelos del pubis
y los guantes marrón claro
Le quedaban 26 segundos de tiempo
hasta e1 K.O.
y cuando se desplomó
se desplomaron con él 1250 años de poesía
de adversarios del boxeo
Sólo y únicamente Brecht mantuvo su visera de matón
sin embargo se inquietó también
y comenzó en 1925
a escribir La carrera del boxeador Samson-Korner
que se publicó por entregas en el Scheris-Magazin (Berlín
y después en la revista deportiva Die Arena (Benin)
Después Brecht se fue con su Ford
al sur de Francia 
donde se arremangó los pantalones
y se fue a pasear al mar
Esperaba
encontrar aquí a Arthur Cravan con su bañador a rayas
y representar con él "Mohagonny" en el ring 

Sin embargo Crovan (105 Kilos anarquista) era otra clase de peso 
que Brecht (63 Kilos comunista)
y la representación no tuvo lugar
Fue una de las muchas ocasiones perdidas
en la historia del arte del boxeo
y fue una de las causas de la decadencia de este tipo de arte
hasta que finalmente en 1934 boxeadores de sombras
como Gottfried Benn pudieron presentarse

Entonces tampoco sirvió de nada Max Schmeling
pues no logró escribir ningún poema
y mudo se vino al suelo en el primer asalto

Brecht cambió de campo
Cravan dijo "Yo soy serio pero por perversión"
(según cuenta Jack Johnson)
y siguió con el bote
solo
hasta el golfo de México...
Colocó la bandera negra de la anarquía
y se puso el bañador a rayas
sobre los pelos rosas del pubis 

Brecht hizo correr el rumor
Cravan utiliza efectos de distanciación
de los más complicados: sus objetos
no vuelven nunca más

Cuando Cravan no regresó
del Golfo de Mexico 
Brecht tomó el laúd de la pared
de su casa da Hollywood
cantando para él solo:
"Y el tiburón sí que tiene dientes..."
pues si poco Gravan menos creía Brecht en la metafísica 


JÜRGEN THEOBALDY
(1944, Estrasburgo, Francia)
Traducción: José Luis Reina Palazón
Imagen en Republik

diciembre 13, 2020

Catherine Barnett


Idea fija (*)  


Ninguna mujer quiere ser fruta al alcance de la mano, 
dice mi noviecita encantadora, pero yo no hago discriminaciones 
y me gustan todas las frutas, estoy tentado a enumerar cada tipo 
aquí mismo, dentro y fuera de estación, 
porque incluso el mero decir los nombres me da placer, 
tanto como decir tu nombre. 
No soy el único apasionado--- también toda mi familia,
somos un poco chiflados al respecto,
podemos pasar horas hablando sobre el melón
o discutiendo sobre cuántas cajas comprar
cuando hay Peach-O-Rama en el mercado Metropolitan.
Una vez hasta viajé medio día en mi coche para llegar a Pence Orchards
donde me encontré con Bert Pence y le saqué fotos,
Él me vendió tres cajas de duraznos a precios de mayorista.
Fue tan bueno conmigo, como lo fue aquel durazno Freestone de finales del verano
que arranqué mientras caminaba de vuelta por el huerto
en el calor de agosto a las puertas de entrada,
que no se parecían en nada a las Puertas del Infierno.
Al contrario, yo estaba en el cielo, allí en Yakima.
Todavía puedo oler ese durazno singular, que estuvo generosamente 
al alcance de la mano, era la definición de al alcance la mano,
cayó en mis manos, como tú… 
o tal vez como yo en las tuyas... 
pero eso fue hace meses.
Cuando ayer pasé por los puestos,
en lo que debería haber sido el primer día de la primavera,
todos los productos habían sido cubiertos con mantas pesadas
para mantener el calor y mitigar el daño.
Hoy la temperatura ha bajado tanto
que alguien pensó en retirar la fruta por completo y guardarla.
¿Con este extraño clima que estamos teniendo, ¿te veré de nuevo?
No me puedo controlar.


Traducción: Adam Gai
(*) CB escribe desde la perspectiva de un hombre


Categorías del entendimiento




Estudio lo no expresado.
"¿Qué?", pregunta mi hijo.
"¿Qué estás mirando?"
Pero no existe explicación.
Sólo puedo hablar de la forma en que la luz
cae, el modo en que la sábana de algodón
se extiende sobre su cuerpo mientras duerme o descansa 
o se disuelve, tocándolo con
sus propias cosas perdidas, su olvido.


Traducción: Jonio González
De: "Into Perfect Spheres Such Holes Are Pierced", Alice James Books, 2004 


Idée Fixe




No woman wants to be low-hanging fruit,
my glamorous girlfriend says, but I’m indiscriminate
and love all fruit, I’m tempted to list each kind
right here, in and out of season,
because even just saying the names gives me pleasure,
as does saying your name.
I’m not alone with my passion — my whole family,
we’re a little off in this regard,
we can spend hours talking about cantaloupe
or arguing over how many flats to buy
when it’s Peach-O-Rama at the Metropolitan.
Once I even drove half a day to get to Pence Orchards
where I met and took photos of Bert Pence,
who sold me three boxes of peaches at wholesale prices.
He was so good to me, as was the late-summer freestone
I picked as I walked back through the orchard
in the August heat to the entrance gates,
which were nothing like the Gates of Hell.
On the contrary, I was in heaven there in Yakima.
I can still smell that single peach, which was profusely
low-hanging, it was the definition of low-hanging,
it fell into my hands, as you did — 
or perhaps as I did into yours — 
but that was months ago.
When I walked past the stands yesterday,
on what should have been the first day of spring,
all produce had been covered with heavy blankets
to keep it warm, to mitigate harm.
Today the temperature dropped so low
someone thought to remove the fruit entirely and stash it away.
With this strange weather we’re having, will I see you again?
I can’t help myself.


Categories of understanding




I’m studying the unspoken.
“What?” my son asks.
“What are you looking at?”
But there is no explaining,
I can only speak the way light
falls, the way the cotton sheet
lays itself over his sleeping or resting
or dissolving body, touching him with
its ephemera, its oblivion.


CATHERINE BARNETT (1960, Washington D.C., Estados Unidos de Norte América)
Fuentes: Poetry Foundatión | Facebook Jonio González
Enlaces (en inglés): Poets.org | Bennington Review | Poetry International
Imagen: Guernica

diciembre 10, 2020

Antonio Barnés Vázquez

La imagen muestra a una persona con una chaqueta roja y una camisa azul claro. En el fondo, hay un sello o emblema en una ventana de vidrio, que parece pertenecer a una institución o edificio oficial. También se puede ver un papel o documento en la esquina inferior derecha de la imagen.


No llega tu ángel, Ifigenia
que descubra tus bellos ojos
cubiertos por la venda
que desate tus manos delicadas
y libere tus pies de las argollas
para que bailen sobre los talones.
No llega tu ángel, Ifigenia
que frene el puñal sobre
tu pecho
que busque un cabrito
para el sacrificio.
Ifigenia, no llega tu ángel
¿me dejas serlo?  



Que vuele la palabra
que transfigure
ligera la existencia
que sobrevuele
el macizo léxico
de la prosa
realista y descriptiva
que golpea nuestra mente
y frena nuestra lengua
y nuestra alma.
La palabra es brisa
es movimiento
aire
de esa lluvia negra
lacia y limpia
como los manantiales
de montaña roja
como la sangre
tibia y húmeda
flexible
como la sonrisa
y el rictus
versátil
etrusco.


ANTONIO BARNÉS VÁZQUEZ (1967, Sevilla, España)
De: "El corazón de la libélula", Ediciones de la Agencia literaria Kolaval, 2020
Enlace: Yo leído en Virgilio
Imagen: Correcíon y estilo

diciembre 08, 2020

Adriana Márquez




Agitamos los brazos     
a un espejismo de barcos:
seremos rescatados
después de la bengala.

El tiempo de socorrer
es distinto de todos
los otros tiempos.
¿Se habrán dado cuenta
de que faltamos?

Las bengalas se humedecen,
la sal dispersa los barcos.
Todo lo borra el viento.

Coseremos nuestras ropas
al mástil de cualquier balsa.
Somos huérfanos del mundo,
náufragos
atados a su verdad.



Permanezcan sentados,
ordena el hombre
y su voz se apaga.
La sortija baila
burlona y desquiciada.
El pelo desparramado cae
en ondas que rozan
un armazón de hierro.

El viaje aplaza el tiempo
de madurar las frutas
y en los cestos las moscas
consumen los despojos.

Aún son niños. Que giren.
Dejarse girar no es poca cosa.
Y el pelo, ese bochorno
en la madera
pintada de caballo.

Vivir no es otra cosa que moverse,
pregona el hombre
y enciende las estrellas.




De ella me quedó
un reloj pulsera.
Lo usaba solo
para las ocasiones.
Su muñeca delgada,
casi una rama.
Lo heredé muerto.

De mi abuelo,
un reloj de bolsillo.
Redondo. Con cadena.
Llegó vivo.
Fue una muerte lenta.

Ahora sus carcasas
se tocan cada tanto
en la mesa de luz.
El velador ya no anda.
Los tres construyen
una especie de nido
de cosas que vivían,
daban luz y tiempo.

Ahora no dan trabajo.
Sólo un fino lustre a los huesos,
a la bombita ciega,
a los reunidos en la sombra.



ADRIANA MÁRQUEZ nació en Trenque Lauquen en 1972. Es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como docente desde 1996. Coordina talleres de escritura creativa en Capital Federal y provincia de Buenos Aires. Participó de las antologías Buenos Aires no duerme (1998), 8cho & och8. Imágenes y textos (Arset, 2014). Publicó De paso (relatos, Simurg, 2013). Colaboró en la selección de textos literarios para manuales de la Editorial SM. Dictó talleres literarios y organizó capacitaciones en bibliotecología en el marco del Programa Bibliotecas para Armar (Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires). Escribe reseñas para el blog “Libro de arena”, perteneciente a ese programa. Publica crónicas, poemas y reseñas en la revista virtual Calibán. Participa en el programa radial La calle de todos los encuentros (Radio Universidad Nacional de La Plata).Algunos de los poemas de este libro fueron incluidos en la Antología Federal de Poesía de la Provincia de Buenos Aires (CFI, 2019). (En Ediciones en Danza)De: "De cuando seamos árboles", Ediciones en Danza, 2020

diciembre 06, 2020

Ron Padgett

Poeta Ron Padgett con la mirada perdida en una calle. Viste un abrigo azul y la camisa es roja

El verso     



Mi abuelo 
cantaba una canción 
que preguntaba 
"¿O preferirías ser un pez?" 
En la misma canción 
aparece la misma pregunta 
pero con una mula y un cerdo, 
pero la que yo escucho a veces
en mi cabeza es la del pez.
Sólo ese verso.
¿Preferirías ser un pez?
Como si el resto de la canción
no hiciera falta.



Mi Chevy '75     





Ahí afuera en el jardín
está mi pickup Chevy '75
pintada de rojo con el techo blanco
carrocería suave, carburador reconstruido, cubierta nuevas
tablero nuevo, asiento de cuero negro
alfombras nuevas, y espejos nuevos.
En un jardín sin tiempo -
la pickup crea su propia espacio-tiempo. 1975.
No puedo manejar simultáneamente en 1975 y en 2012,
pero lo hago
porque cuando la camioneta avanza
entro en el resbaloso territorio que llaman
Kilómetros Por Hora
y soy solamente alguien en algo rojo.

 



Otro poema de RON PADGETT, aquí
De: "Cómo ser perfecto", Kriller71 Ediciones, 2018
Traducción: Aníbal Cristobo y Patricio  Grinberg
Imagen: Gezett

diciembre 02, 2020

Héctor Carreto: La conquista del espacio

Tentaciones en el cine (Mirando Seven Year Ich)       


Señor:   
devuélveme la luz  
    a cualquier precio. 
 
Mira:  
una noche 
                               descendí
a la noche de un cine.
La imagen que allí se apareció
era más bella
que la virgen:
irradiaba tanta luz
que causó la envidia de la copa
                                                –su vestido.
Dos gardenias (sentadas junto a mí) se marchitaron.
¿Por qué los pies brillaban más
que el charol de los zapatos?

Los subtítulos decían:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.

Pero aunque el ángel era custodiado
por arcángel de saco y sombrero,
el Diablo –disfrazado de viento–
metió sus dedos
                        debajo de la falda,
que luego levantó
para mostrarnos
el incendio
del templo.

Tanto ardían las desnudas columnas
que el pequeño cardenal
que siempre me acompaña
se puso aún más rojo

...a noticia de todos llegó que era el día del Juicio, fue de ver cómo los lujuriosos no querían que los hallasen sus ojos, por no llevar al tribunal testigos contra sí...

            y yo a gatas buscaba, entre carcajadas y aplausos,
la salida del infierno.



La conquista del espacio


 

Aun distantes, las estrellas se parecen a tus ojos.

“Otra expedición al cielo,”
anuncian sin emoción los medios.

No son aventureros los tripulantes.
Los remos son teclas
que oprimen los astronautas, los ingenieros electrónicos,
los políticos del Espacio.
(No buscan tesoros sagrados
sino una verdad menos candente.)
Para ellos Júpiter, Saturno, Venus y Mercurio
            no son deidades
–no influyen en nuestras emociones–;
tan sólo son puntos donde puedan clavar un estandarte.

¿Cuándo volará un poeta
en una nave de la NASA,
que cante la guerra desatada por dos opuestos
y a la belleza inédita de tan distantes paisajes?

No importa:
            Homero fundó el mito de Occidente
sin haber visto jamás las murallas de Troya.
(Con ojos sellados presenció el descenso de los dioses.)

Yo canto a las constelaciones
sin saber leer los mapas
y sin haberme envuelto
                        en el manto
                                    de ninguna galaxia.

He viajado más lejos, más allá de las ciencias exactas:
ayer me acerqué al enigma de tus ojos abiertos.

 
HÉCTOR CARRETO
nació en la Ciudad de México en 1953. Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas (UNAM). Ha publicado los siguientes libros de poesía: ¿Volver a Ítaca? (1979), Naturaleza muerta (1980), La espada de san Jorge (1982), Habitante de los parques públicos (1992), Incubus (1993), Antología desordenada (1996), Coliseo (2002), El poeta regañado por la musa, antología personal (2006), Poesía portátil 1979-2006 (2009), Clase turista (2012), Testamento de Clark Kent (2015), Picnic (2017) y Todo tiempo pasado fue mejor (2019).

Ha obtenido los premios nacionales “Efraín Huerta”, “Raúl Garduño”, “Carlos Pellicer para obra publicada” y el “Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2002”. También mereció el “X Premio de Poesía Luis Cernuda 1990”, en Sevilla, España. Sus poemas se han traducido al inglés, francés, italiano, portugués y húngaro. Además ha traducido y divulgado la obra de autores de lengua portuguesa, así como es autores de diversas antologías de escritores mexicanos y extranjeros.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (periodos 2001-2003, 2004-2007, 2012-2015, 2016-2019), es profesor-investigador de la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. También escribe microrrelato y ha sido incluido en antologías de México y España.

Ha recibido varios homenajes tanto en México como en Estados Unidos.Fuente:

Nueva York Poetry Review
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