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abril 29, 2015

Gwendolyn MacEwen

Gwendolyn MacEwen

La luz del sol en la esquina de Sherbourne y Bloor




Ya muy tarde mi bicicleta me lleva a través de la ciudad.
Me pregunto como nosotros
amoldamos nuestras vidas, estos desórdenes brillantes,
estos finos errores inspirados cuando – Mira –

El futuro está totalmente implícito en el presente,
el presente es el resultado lógico

De todos los puntos en el pasado y ese edificio al cruzar la calle
su construcción que viene desde Siempre.
Todo lo que hacemos hoy contiene las semillas de su propia
transformación.
El puente yace sobre la quebrada honda.

Algo me dice: Nunca harás nada más vital, más
profundo, más perfecto o más necesario que

lo que estás haciendo en estos momentos.

Hoy ha sido Viernes, ese era su nombre – Viernes – y
la luz del sol en Sherbourne y Bloor complementa la ciudad.


El Parque: veinte años más tarde



No es el mismo parque, pero podría serlo.
Es Christie Pits al fin del verano,
la tristezacolosal del fin del verano.
Otra arena, otro coliseo,
atletas diferentes con su esbeltez poderosa,
diferentes corredores con su fuerza esbelta.
sentada en lagrama reverdecida y lujosa contemplo
estos espléndidosjugadores al fin de su juego.


GWENDOLYN MACEWEN (1941 / 1987, Toronto, Canadá)
Fuente: http://zocalopoets.com/2011/06/26/dos-poemas-por-gwendolyn-macewen-2/
Enlaces: http://canpoetry.library.utoronto.ca/macewen/poem7.htm
Imagen: www.thecanadianenciclopedy.ca



Sunlight at Sherbourne and Bloor




Late afternoon my bike takes me across the city. I wonder how we
fashion our lives, these brilliant disorders, these fine, inspired errors when

– look – the future is utterly implicit in the present, the present is the logical outcome
Of all points in the past, and that building going up across the
street has been going up forever. Everything we do now contains the
seeds of its own unfolding.  The bridge eases over the deep ravine.

Something tells me:
You will never do anything more vital, more profound, more perfect or more
Necessary than what you are doing right now.
Today has been Friday, that was its name – Friday – and  the

Sunlight at Sherbourne and Bloor completes the city.



The Park: twenty years later




It’s not the same park, but it may as well be.
It’s Christie Pits at the end of summer,
The colossal sadness of the end of summer.
Another arena, another colosseum,
Different athletes and their mighty slenderness,
Different runners with their slender might.
I sit on the extravagant overgreen grass and watch
These splendid players at the end of their game.




abril 25, 2015

Jotaele Andrade


Jotaele AndradeEl regocijo doloroso del amor 



¿qué es este brinco 
amada 
en que el corazón ladea 
hacia el abismo? 

no puede ser 
la dulce muerte 
porque tu corazón y el mío 
son el colibrí 
aleteante 
y la flor abierta 

ni tampoco la súbita maleza 
del espanto 

pesa 
amar y ser amado 

no la disputa y acaso la pérdida 
y ya no esperarte 
entre las alamedas y el sueño 
en las esquinas 
donde 
enmohece 
la memoria 

pesa con su música 
de pájaros enloquecidos 
por la luz 

de manos que se multiplican 
y nada toman 
al final del día 

mi amor 
mi amor 

qué cruel sosiego 
este dolor 
indescriptible 
de lo que está unido 

tan intenso como un coagulo de sangre en la nieve 

como cuando cantan los ángeles del cielo y del infierno 

al unísono 



En toda catástrofe hay un milagro 



mientras cepillaba mis últimos dientes 
y muelas 

la podredumbre de las caries y de los besos muertos 
y las palabras 
de amor que no diré nunca 
y las otras 
enraizadas a lo indecible 

y la noche afuera era un niño 
frío 

y caído entre las cosas 

un cabello sobresalía 
colgado de otro cabello 

es lenta la calvicie 
me dije 

y lento 
irse cayendo 
entre muelas 
cabellos 
fatigas 
cotidianidades 

tomé la hebra 
frágil 
quebradiza 

qué modo de irse despojando 
de uno 
pensé 

mientras la dejaba caer sobre la blancura del lavabo 

fue bajando con una velocidad 
asombrosa 
hacia el mármol 

una hebra negra y curvada sobre sí misma 
cayendo verticalmente 
una parte de mí yéndose a estrellar 

cayendo 
como un bólido 
hacia un blanco estruendoso 

y deteniéndose 
de un modo abrupto 
a unos milímetros del lavabo 

podría referir 
las conjeturas 
la búsqueda de razones para semejante espectáculo 

pero mi corazón gozaba 
de ver 
aquel cabello 
flotando 
como si hilos invisibles 
lo sostuvieran 

oh misterio 
oh dicha de estos oscuros sucesos 

para que el poeta diga que en toda catástrofe hay un milagro 



Tenebrae factae sunt 



no fue una marmota 
malherida 
con que tropezamos 
y muere bajo nuestra mirada adusta 
y desconcertada 

no 
aquel día fue como si el mundo estuviera poblado 
sólo 
de marmotas agonizantes  

de bocinas estruendosas 

fue como si rompieran a pedradas nuestros huesos 
como si los músculos estallaran por un esfuerzo sobrehumano 

ominoso es el corazón de lo que amamos 

ahora 
en la pálida luz de la memoria 
es el carbón de tus días 
quien chisporrotea de pronto 
y enciende 
su íntimo recinto 

acaso es la piedad filial que nos reúne nuevamente 

acaso he aprendido a amarte 
como a un brazo amputado 

a cantarte como se le canta a un niño herido 
para siempre 
en la instancia fúnebre de la noche 



Perro con  bolsa de desperdicios 



y en la acera 
un perro callejero hacía rodar una bolsa de basura 

husmeaba un poco y luego 
otra vez 
con su hocico 
hacíale dar otra vuelta 

supuse 
con cierta lógica 
que había sido tomado por el espíritu 
de un escarabajo pelotero 
o por el mismo Ra 
de quien cuentan tomó el insecto esa costumbre 

los miré intrigado 
alejarse un poco 
bolsa y perro 
rodando 

hasta que su pericia 
olfativa 
encontró lo que buscaba 
y se concentró el perro 
en rasgar el nylon 

pensé en dios 
en la muerte 

pensé 
sobre todo 
en la vida 

en estar ahí 
dentro de una bolsa de desperdicios 
mientras hurga 
una boca hambrienta 



La ganancia de un hombre 



he ganado conmigo 
la reliquia dudosa 
del estremecimiento de la mano rozando el oro de aquello 
que se fuga 

y he perdido conmigo la majestuosa corona de la espuma 
arriba de la ola 
la algarabía del bosque y el estruendo de la gota al estrellarse 

pocas cosas gana un hombre 
acaso su polvo 
pero ya se ha desvanecido para entonces 

ni siquiera la materia en que su historia se escribe 

pero tú no saldrás de mi amor 
hasta que el día reviente su caballo 


JOTAELE ANDRADE (1974, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

abril 24, 2015

Ko Un



La vela blanca



Nadie desea la tempestad, ¡esto es cierto!
Y, en cambio tú, blanca vela ahí fuera en el mar,
en lo hondo del corazón esperas que llegue la tempestad.
Porque sólo durante la tempestad
logras estar viva.

Oh, blanca vela paciente y nostálgica en el gran mar azul!
La lucha ha empezado.

Mi mirada no se aparta de ti.

Entre la hierba, bajo mis pies,
incluso una brisa suave es tempestad.


KO UN (1933, Gunsan, Corea del Sur) 
Traducción:  Vincenza D'Urso y Clara Janés
Fuente: http://adamar.org/ivepoca/node/96
Imagen:blogg.nrk.co

abril 19, 2015

Catalina Boccardo, un poema inédito




La telaraña de Lech Majewski*


“La pintura es una condensación de la realidad”*



donde el asta gira dos veces
y el tercer campesino abandona sus tareas

el señor y la señora de la comarca también despiertan al amanecer
la mirada engorda el ganado

un pintor minucioso busca la cruz o su molino

ganarse el pan con sudor
crear una iglesia de pan
y partir la frente con la espina
del Señor
segar el alimento y este es el cuerpo

la rueda convertirnos
la rueda apretar

brueghel el viejo muestra la totalidad del mundo
¿es todavía el mundo? un director realiza entonces una película
y los molinos contra el mismo cuerpo
y para sacar los ojos
cría cuervos

la telaraña se equilibra imperceptible
la perpendicularidad de las maderas
el viento estaquea
hombre en cruz
los sollozos de una mujer
y una veintena de observadores

el tormento hará sus efectos

danos ese pan de cada día



*Cineasta de origen polaco realizó esta película con una metodología particularmente meticulosa, basándose en la pintura “Camino del calvario” de Brueghel El Viejo, del año 1564. Ésta, a su vez, fue una crítica a la brutalidad de las tropas invasoras españolas en Flandes que realizaron una matanza para preservar el catolicismo ante la amenaza protestante. Majewski es también poeta, pintor y videoartista.



45



te desayuno pan negro
y fruta nacida en bosques
al sur del continente

sur extremo
muerde cada comisura
la manteca
su grasa protectora
metiéndose mi estómago

la lengua sobre dientes desplaza
calor tus proteínas
cotidianas de espera

te digiero desde el norte

venís a una nutrición
fabricás jugos entrañables


Otros poemas de CATALINA BOCCARDO, aquí

De: "Collage" (inédito)
Imagen: Foto de CB

abril 18, 2015

Pier Paolo Pasolini

Pier Paolo Pasolini


Súplica a mi madre




Es difícil decir esto con palabras de hijo
a quien cuyo corazón bien poco me asemejo.

Tu eres la única en el mundo que sabe, de mi corazón,
esto que ha sido siempre, antes que cualquier otro amor.

Por eso he de decirte lo que es horrendo conocer:
es de tu misma gracia de donde nace mi angustia.

Eres insustituible. Por eso está condenada

a la soledad la vida que me diste.

Y no quiero estar solo. Tengo un hambre infinita de amor,
del amor de los cuerpos sin alma.

Porque el alma está en ti, eres tú,
pero tu eres mi madre y tu amor es mi esclavitud:

he pasado la infancia esclavo de este sentido
alto, irremediable, de un compromiso inmenso.

Era el único modo de sentir la vida,
el único color, la única forma: ahora todo ha acabado.

Sobrevivimos: y es la confusión
de una vida renacida fuera de la razón.

Te lo suplico, ay, te lo suplico: no quieras morir.
Estoy aquí, solo, contigo, en un futuro abril.


Otros poemas de PIER PAOLO PASOLINI, aquí
Fuente: http://sendasydivagaciones.blogspot.com.ar/2010/08/pasolini-una-nera-rabbia-di-poesia-nel.html
Imagen: www.eldiario.es

Natalia Fortuny






el día que tiraron la casa abajo 

de al lado 


mirábamos desde la terraza 


parados en banquitos no sabíamos 


íbamos a saberlo  pronto 


que derribar 


se parece a arar un campo 


a remover y esperar la semilla 


vimos paredes enteras 


volver al polvo 


con los ojos irritados 


sobre las cáscaras de pintura 


no ayudaba el invierno de la nieve 


vimos todo de arriba 


ese derrumbe 


nos abrazaría más tarde 










Natalia Fortuny (1977, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: "La construcción", Gog y Magog, 2010

Imagen: poetassigloveintiuno.blogspot.com





abril 17, 2015

Robert Pinsky


Camisa




La espalda, el canesú, metros de tela. Costuras superpuestas,
las puntadas casi invisibles a lo largo del cuello
pasadas en un taller clandestino por coreanos y malayos

chismeando con té y fideos en la pausa
o hablando de dinero o de política mientras uno casa
esta parte de la manga con su costura sobrehilada a la banda

del puño que abotono en mi muñeca. El prensatelas, la cortadora,
el escurridor, la plancha mecánica. La aguja, la unión,
el pedal, la bobina. El código. El incendio infame

en la fábrica  de camisas Triángulo en 1911
ciento cuarenta y seis murieron entre las llamas.
En el noveno piso, no había bocas de incendio ni salidas de emergencia –

El testigo del edificio de enfrente
que vio como un hombre joven ayudaba a una muchacha a subir
al alféizar de la ventana, luego la sostuvo afuera

alejada de la pared y la dejó caer.
Y luego otra. Como si las ayudara para
subir al tranvía y no a la eternidad.

Una tercera, antes de que él la arrojara, se abrazó
a su cuello y lo besó. Luego él la sostuvo en el vacío y la dejó caer. Casi inmediatamente

subió al alféizar él mismo, su chaqueta centelleaba
y revoloteaba por encima de su camisa mientras descendía,
el aire llenaba las piernas de su pantalón gris—

como el betlemita de Hart Crane “camisa chillona inflada como un globo”.
Es maravilloso ver cómo el diseño coincide perfectamente
a través de la tira de refuerzo y por encima de las dobles puntadas gemelas

en los extremos de ambos bolsillos, como una rima estricta
o un acorde mayor. Estampados, listas cruzadas, cuadros,
Houndstooth, Tattersall, Madras. Los tartanes del clan

inventados por dueños de fábricas inspirados por la falsificación de Osssian,
para controlar a sus salvajes obreros escoceses, domesticados
por una heráldica ficticia. MacGregor,

Bailey, MacMartin. La falda diseñada para que los trabajadores
las vistan en  medio del estruendo de los telares polvorientos
Tejedores, cardadores, hilanderas. El cargador,

el estibador, el bracero. La sembradora, la recolectora, la selectora
sudando ante su máquina entre desperdicios de algodón
como los esclavos con trapos de percal sobre la cabeza sudaban en los campos:

George Herbert, tu descendiente es una negra
dama de Carolina del Sur, su nombre es Irma
y ella inspeccionaba mi camisa. Su color, su ajuste,
su textura y su olor a limpio han satisfecho
tanto a ella como a mí. Hemos escogido su precio y su calidad
y hasta los supuestos botones de hueso.

Los ojales, el apresto, el revestimiento, los signos
impresos en negro, sobre la banda del cuello, en el faldón. La forma,
la etiqueta, el trabajo, el color, el matiz. La camisa.


Robert PinskyROBERT PIONSKY (1940, Long Branch, New Jersey, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Adam Gai
Imagen:  staythirtymedia.com


Shirt




The back, the yoke, the yardage. Lapped seams,
The nearly invisible stitches along the collar
Turned in a sweatshop by Koreans or Malaysians

Gossiping over tea and noodles on their break
Or talking money or politics while one fitted
This armpiece with its overseam to the band

Of cuff I button at my wrist. The presser, the cutter,
The wringer, the mangle. The needle, the union,
The treadle, the bobbin. The code. The infamous blaze

At the Triangle Factory in nineteen-eleven.
One hundred and forty-six died in the flames
On the ninth floor, no hydrants, no fire escapes--

The witness in a building across the street
Who watched how a young man helped a girl to step
Up to the windowsill, then held her out

Away from the masonry wall and let her drop.
And then another. As if he were helping them up
To enter a streetcar, and not eternity.

A third before he dropped her put her arms
Around his neck and kissed him. Then he held

Her into space, and dropped her. Almost at once
He stepped to the sill himself, his jacket flared
And fluttered up from his shirt as he came down,
Air filling up the legs of his gray trousers--

Like Hart Crane's Bedlamite, "shrill shirt ballooning."
Wonderful how the pattern matches perfectly
Across the placket and over the twin bar-tacked

Corners of both pockets, like a strict rhyme
Or a major chord.  Prints, plaids, checks,
Houndstooth, Tattersall, Madras. The clan tartans

Invented by mill-owners inspired by the hoax of Ossian,
To control their savage Scottish workers, tamed
By a fabricated heraldry: MacGregor,

Bailey, MacMartin. The kilt, devised for workers
To wear among the dusty clattering looms.
Weavers, carders, spinners. The loader,

The docker, the navvy. The planter, the picker, the sorter
Sweating at her machine in a litter of cotton
As slaves in calico headrags sweated in fields:

George Herbert, your descendant is a Black
Lady in South Carolina, her name is Irma
And she inspected my shirt. Its color and fit

And feel and its clean smell have satisfied
Both her and me. We have culled its cost and quality
Down to the buttons of simulated bone,

The buttonholes, the sizing, the facing, the characters
Printed in black on neckband and tail. The shape,

The label, the labor, the color, the shade. The shirt.

abril 13, 2015

Uriel Martínez

La imagen muestra al poeta Uriel Martínez semioculto detrás de una biblioteca mirando de perfil

La anfitriona



con los pasos breves y discretos
propios de la derrota, baja
24 escalones tomada del barandal
de la alta noche;
como en una escena en blanco
y negro, lentamente arrastra
la gabardina como quien espera
lluvia o viento;
abre el coche, mete la llave
para encenderlo y observa
en la luna del retrovisor
el cigarrillo tembloroso, anhelante;
por fin el coche arranca
en dirección al tumulto
de aquella que olvidó llaves,
cepillo y pashmina en el baño;
si la alcanzo le digo que vuelva
que la perdono que no se agite
que llore en mi hombro que beba
de mi cáliz que acomode los espejos.


La otra




la otra, la que no quiere
volver a casa, dilata la noche
del sábado en el apeadero
para el empleado pobre;
sujeto el pelo en chongo
lleva consigo los secretos
de la noche, viste para ello
unos jeans entallados;
nunca se sube a la báscula
ni se toma la estatura 1.60,
prefiere chicles de menta
y anteojos en el tupé;
gira en un tacón cuando
desde un coche le gritan
su precio, aunque ha de
conseguir el gasto semanal;
si se le hace más tarde
sin enganchar al pez
de los billetes, sabe
a lo que se expone:
a que la encuentre el sereno
ya con el chicle derrotado
y la cama a solas.


URIEL MARTÍNEZ VILLEGAS (1950 / 2020, Zacatecas, México)
Imagen: www.elcarnavaldelolvido.blogspot.com

abril 10, 2015

Mary Jo Bang


Usos de la restricción    



El porche es gris—a medio camino entre sílex
y ballena—la casa, una fachada de sol tardío.

Dos mujeres sentadas afuera en el junio
de un año memorable mientras un niño duerme

justo detrás de una puerta abierta. Nota:
mantén la descripción en el mínimo.

Evita adjetivos, usa adverbios
moderadamente. El tren pasa, inquietando

las ventanas, corrigiendo el centro regular del sol
hasta que una banda negra lo cubre.

Se levanta de la silla, desaparece
de la vista. Nunca cuelgues un revólver en la pared

en el Acto I, a menos que planees
que alguien lo dispare en el último acto. Deja

al niño jugando en el patio de atrás; al perro,
suspirando en el porche; se sube al coche.

Ha estudiado literatura rusa. Ahora,
levanta la cámara hasta sus ojos.

La narrativa es aparentemente fácil.
Cada frase debe referirse a la pregunta

¿y después
qué pasó?

y apunta hacia el tren
que llega. Pastillas brillantes en su cartera, una tabla

de planchar abandonada, una lista de compras incompleta
pegada a una puerta de metal blanco: Pan,
Leche. Cordero, atravesada por una línea roja.


Poeta norteamericana con flequillo y pullover negro
MARY JO BANG
 (1946, Waynesville, Missouri, Estados Unidos de Norteamérica).
De: "El claroscuro del pinguino", Kriller71ediciones
Selección y traducción: Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo
Imagen: manuelrico.blogspot.com                               

abril 09, 2015

Marcelo Díaz | Monólogo de Donnie Darko


Monólogo de Donnie Darko



En algún punto del jardín descansa un motor diesel.
Yo no era nadie en el universo
pero dibujaba accidentes aéreos.
Esa era mi particular manera de estar integrado
a la vida de los aeropuertos
hasta que leí el texto sobre una dimensión invertida
que cambia o duplica las historias personales
escrito por un hombre disfrazado de conejo.
Viajar por el tiempo es una tarea abstracta
como imaginar una antena portátil
dentro de la bóveda celeste o calcular la trayectoria
de la turbina de un avión cayendo al abismo.
Quizás existió un proyecto distinto para mí
entre las diferentes opciones de la oscuridad.
Temprano pasaré de ser el fogonazo
de una bengala a la última grabación de una caja negra.



Catamarán




Fotograma: hombre con sombrero de mimbre
entrena a su pájaro en una balsa de bambú.
Es la doctrina del aire ¿Soñará con un bosque
una cúpula invertida en un espejo de pinos?
Tras el ataque el pescador recoge los peces
en un recipiente de paja. De otro modo
si desata el hilo de su garganta el ave
partirá lejos enfocada en el mapa de ruta
de las migraciones transcontinentales.     
En condiciones seguras será como un arqueólogo.
Excavará el terreno, anidará en su propio islote
alejado del gráfico elemental de los ríos
pero en el fondo sabe, como lo saben
todos los pájaros acuáticos, que el método
es inalterable, lo mismo que sucede con
la ingeniería de las represas o el movimiento
de sable de un samurai. De repente
te extraño ¿Serás el pescador en la corriente
sosteniéndose con una soga en la mano?
Pronto una nube negra, liviana como
una alfombra voladora, estará aquí
y recorrerá tu interior como un collar
un regalo que alguien echó de menos.

a Tom Maver


Invierno



Manejabas en la noche y chocaste un ciervo.
Encendimos las linternas, no encontramos a nadie.
Éramos animales solitarios que
se extendían por el territorio como
la sombra de una mancha solar. La aceleración del motor
idéntica a la de las nubes del horizonte.
De haber tenido un perro rastreador
hubiese sido diferente. Existen espacios en blanco
que ni la fuerza de gravedad puede enmendar.
¿Dormiremos en el pico de los árboles
donde descansa nuestro auto
y nos desintegraremos con los campos
concentrados en la calma de los pájaros?
Lo más probable es que sin luz
perdamos la transparencia. Este accidente
no puede ser sino pieza de una maquinaria
con la misión precisa de fabricar olvido.
Aprendemos a cuidarnos
de los ángulos de la pérdida
como de la oscuridad que dejamos atrás
después de la onda expansiva.
En las rutas del futuro no existirán animales
que se eleven por el asfalto ni tampoco
seres como nosotros dispersos por el aire
como una llamarada
moviéndonos en la dirección del invierno.



El cielo sobre Berlín



Los álamos de la casa forman una puerta por
la que desciende mi vecina. La niña baja
del remolque en bicicleta como si llevara
un trapecista en el canasto. Le duele la garganta,
los músculos de la ciudad tienden canales
donde se arremolina el humo de las fábricas.
En la cafetería alguien afirma que el norte es
más frío que el sur, que la mayoría de las personas
son aburridas porque así son las calles, las plazas,
los departamentos que habitamos. Los viejos,
con sus asuntos domésticos anuncian el milagro
la fisura en los bloques de cemento. Recuerdo
que regresabas de Ratisbona en un vehículo
con techo corredizo, una neblina compacta como
el débil resplandor de un túnel subterráneo,
cómo se dice, de una pista de hielo variable
como la condición cardíaca del suicida
que abandona su coche a mitad del puente sobre
el río en un día soleado. Buscando romper el
récord de los corredores de largas distancias
sin desplazarme de mi posición actual
cada vez que la bicicleta parte hacia la autopista
pienso en cómo saludarnos cuando el tráfico
desaparezca por esa puertita arbolada.
Tejeremos una red elástica como una telaraña
en la superficie áspera de las paredes. En fin
no somos la luz, tampoco el mensaje.
Dependemos de las cosas que desaparecen.


Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí

Fuente: "El fin del realismo", Viajero insomne Editora, 2015
Imagen: Facebook de MD

abril 08, 2015

Zelda Mishkovsky


En aquella noche




En aquella noche,
cuando me senté sola en el patio

silencioso
y miré las estrellas,
decidí de corazón,
casi hice un juramento:
dedicar cada tarde
un instante
un instante pequeño y único
a esta belleza que brilla.
Parece
que no hay cosa más fácil,
más sencilla que ésta;
a pesar de todo no he cumplido
mi promesa.
¿Por qué?
Ciertamente acabo de descubrir
que mi pensamiento se eleva hacia sus palacios,
a lo que ven mis ojos,
como aquel pájaro que porta en su pico
paja, plumas y estiércol para hacer el nido.
Ciertamente he descubierto ya que mi pensamiento
toma (si no tiene otra cosa)
incluso mis sufrimientos
para hacer de ellos torres.
Toma los sufrimientos
de mi vecina,
y el papel que revolotea en el patio
y los pasos del gato
y la mirada vacía del vendedor
y aquel verso que se agitaba entre las páginas del libro,
y todo esto me construye a mí,
sí, todo esto. Todo esto.
¿Por qué no he cumplido el juramento
que me hice?
Es cierto que me lo creí,
que si mirara un corto y único momento
a la altura del cielo estrellado
se elevaría mi pensamiento hacia el Palacio,
a la luz de los astros.
Es cierto que creí
que si mirara así
noche tras noche
se tornarían las estrellas
lentamente
en vecinos;
se tornarían las estrellas
en parientes;
se tornarían las estrellas
en mis niños.
¿Por qué no he cumplido
el juramento que me hice?
¿Acaso ya olvidé
cuánto envidiaba a los marinos,
a aquellos cuyas casas están a la orilla del océano?
Porque dije en mi precipitación:
—La brisa fresca del mar
penetra en sus vidas;
la brisa fresca del mar
penetra en sus pensamientos, el viento fresco
penetra en sus relaciones con sus vecinos
y en sus relaciones con los miembros de sus familias.
Centellea en su ojos
y juega con sus gestos—.
Porque dije en mi precipitación:
—Es la medida de sus actos,
es la medida del mar y su esplendor,
y no lo es de la vía humana,
y no lo es del callejón del hombre—.
Porque dije en mi precipitación:
—Ellos ven con sus propios ojos
la obra divina
y sienten su existencia
sin nuestras barreras
y sin nuestra ligereza—.
He llorado siempre
porque me encuentro enjaulada
entre los muros de la casa,
entre los muros de la calle,
entre los muros de la ciudad,
entre los muros
de los montes.
En aquella noche, cuando me senté a solas
en el patio silencioso,
descubrí de repente
que también mi casa está construida sobre la orilla,
que yo vivo en el borde de la luna
y de los astros,
al filo de los amaneceres y los ocasos.



ZELDA MISHKOVSKY (1914, Chernigov, Ucrania / 1984, Jerusalén, Israel)
Fuente: Facebook de Jonio González
Enlaces: http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:Aldaba-1988-12-2010/Documento.pdf
Imagen: lubavitch.com


abril 05, 2015

Patricio Emilio Torne





El río








Vi el río, su orilla, la profundidad de su cauce,

su potestad, su desborde, el desconsuelo, la aparición

de algún cardumen de dientes afilados que siempre está al acecho,

un remolino que intentará llevarte a sus fauces.

La corriente y su mensaje atrayendo como un imán,

directo al corazón en el recuerdo de los días de la infancia.

La rama del sauce acariciando, con su mano de seda,

las oraciones del que pesca, el vuelo rasante de la garza,



el paso militar de los gallitos del agua,

y la presa en el pico del martín pescador.

Veo el río, mi historia zambulléndose en sus aguas,

y la torpe manera de sostener mi cuerpo en la superficie.

Sé que si hay un modo de tocar el barro,

en barro habría de convertirme para sostener las raíces del irupé,

y hacer mía esa fuente, esa flor, de una vez, para saber

que alguna vez la tuve.

Nada existe como es, sino existe como ha sido.






Alguien tira la red, alguien recoge el espinel.

Cada quien busca el sustento que lo mantendrá atado

a un paisaje, una religión de supervivencia y penas.

Siempre hay un anclaje que nos lleva al fondo de las cosas,

y siempre una barca donde nos dejamos llevar.

Aunque dudemos,  le quitemos un sí a ciegas,

o nos vare la desconfianza, la corriente intentará

dejarnos en buen puerto, nos entregamos, pensando

que siempre habrá un árbol, de cuyas ramas,

ha de surgir el sostén para salvarnos a tiempo.

Así el río ante nuestra mirada, la memoria y el eterno regreso.

Así nuestra manera de celebrar su modo de estar allí,

y ser bautizados por sus aguas.

El río en el desborde de mi corazón

y la sensualidad al tacto de mis pies,

el río como una cuna donde me duermo

en la candidez del recuerdo, y donde juego

y vuelvo a zambullirme para que no me pesquen.






El río, no como fuente, sino como praxis.

El mismo donde alguna vez se te lavó la ropa,

donde enjuagaste tu pelo, te bañaste,

batiste un récord, o simplemente usaste

para regocijo del verano,

como un modo de salvar lo que nos da la tierra.










Fresno








Así como así,

lo que era transparencia

en la reverberación de la tarde

se oscurece. 

El contorno de las cosas

y su etimología

se trastocan: la lisura es aspereza

y los frutos se descomponen sin madurar.

Entre el viento que no cesa

y la rama que ya no puede,

algo está por colapsar en el paisaje de la calle.

Tras el aire ceniciento,

al alcance de una pedrada,

el cartel del supermercado anuncia ofertas

como si fuera un bálsamo ante los ojos.

La vida se ha vuelto eso,

una suma de ínfimas posibilidades

con nombres de productos

que quieren satisfacerte.

Sabemos bien que las ofertas

no dan sombras, pero en ellas,

comprando las que se puedan, está

la posibilidad de ensombrecernos.

El cuerpo todo en su sensibilidad

presiente el filo

que habrá de vencer al árbol.

El fresno, a lo largo de su existencia,

hace lo imposible por resistir 

las embestidas del viento,

la mala poda,

la intolerancia del hombre

y el desprecio natural

por todo aquello que no entra

en el decálogo mezquino de los intereses,

Siempre ha sabido

que su sombra vale menos

que el kilo de papas, así las cosas

horadando su cimiente.

El corazón resiste 


todo engaño

del que es objeto hasta donde puede.

Agosto quiere dar el golpe final

y nada hay que pueda hacerse,

salvo no sucumbir ante la impotencia,

y como el fresno,

reverdecer en primavera,

saber que habremos de volvernos oro

cuando llegue el otoño, sin que ello

garantice que pasemos el invierno.












Patricio E. Torne (1956, Helvecia, Provincia de Santa Fe, Argentina. Reside en Villa Mercedes, San Luis)



abril 04, 2015

Brian Johnstone





Poetas de Escocia





Título

















El bungalow que construiste en el 58 sigue en pie


y todos menos uno, los árboles que plantaste


como un pequeño bosque. El único ausente,





un fresno, cayó víctima de un vendaval que viviste para ver


pero no para escuchar el chirrido de la motosierra


mientras nuestro vecino acababa con él.







Todos ellos —los árboles, los retoños que germinaban


de su semilla— me los mostraste


ni siquiera un mes antes de que murieras,





me explicaste las reglas e identificaste


aquellos que habías plantado, tan lejos como


tu valla de abajo,





la frontera a la que nunca me habías llevado


antes. Y ahora, cada anochecer de otoño,


los estorninos se inclinan y se arremolinan





esperando a que la luz se atenúe, a que el sol se escurra


detrás de La
Ley. Su
día termina.


Como uno solo, se precipitan en picada





hacia las ramas del bosque que cultivaste


del otro lado del camino, gorjean ahí juntos


mientras llega la noche.










East Neuk of Fife, Escocia










Brian Johnstone (1950, Edimburgo, Escocia)




Fuente: http://luvina.com.mx/foros/

Traducción: Héctor Ortiz Partida


Imagen: Foto de Dominique Carton en domcartonphotography.photoshelter.com/