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09/10/25

Alicia Silva Rey | Cuerpos a la medida


2    




Querida, sueño  
con las piedras preciosas 
de tu alhajero. 
Por aquí pasan los caños del agua 
y los murciélagos 
las palabras son conceptos 
los tópicos son conceptos 
los asesinatos en Chile en Hong Kong son conceptos 
la arquitectura, el arte, la locura contemporánea:
túmulo de conceptos
los fetiches, mi bien, brillan como conceptos,
la cobardía política, los arrancadores de ojos
mi alhaja, mi musguito, mi residuo, mi speculum,
mi tejido mental, mi larva, mi cieno, mi estanque, 
mi perro que sale del estanque.


5




Cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción. 
“Malena”
Homero Manzi; Lucio Demare, 1941.


No preguntaré
como Alejandra
Pizarnik: “Si digo agua, 
¿beberé? 
Si digo pan, ¿comeré?”. 
El abrazo confuso donde
amor es causa de amor
pertenece ¡tan solo! 
a una cierta sintaxis. 
Cuerpos a la medida
de una erótica 
en íntima alteridad.
“Nunca sabrás cuánto
fuiste amado por mí”, 
dedica un varón a una mujer 
su lapsus. 
Fue un pobre hombre, 
Jacques Marie Émile Lacan,
en una carta
a la mujer amada.
Lo que enciende
no es la voz que pronuncia, 
es el oído.


De: "Moleskine", Barnacle, 2025
Otros poemas de ALICIA SILVA REYaquí
Imagen en Gilgamesh, poesía y póeticas

11/01/23

Alicia Silva Rey: Pero la ninfa ha despertado a la intemperie



27



La hora del banquete ha llegado.
Se celebra el aniversario
de algo que nadie recuerda.
El rumor de la prohibición del banquete
es simulacro que excita y amortigua
susurros
al modo de la antigua provocación
o el sangriento altercado.

Nos paseamos silenciosos
por fuera de toda invitación al banquete,
por este patio sin molduras.
Arrojamos, a veces, río adentro,
desde portales agrios,
nuestros cuerpos lampiños.

En el ápice de su esbeltez
la luna marrón como un venado
se eleva, ronca y seca.


No hay grullas en Dublín 



No hay grullas en Dublín.

Entre mayo y noviembre
abre el embarcadero Gingelgracht.
Se recorre la ciudad (Amsterdam)
en hidropatines
que provee el mismo embarcadero (no es caro).
Los padres y sus niños salvajes
atraviesan ciegamente, aun bajo la lluvia,
esa mollera fermentada,
una ciudad (Amsterdam - Dublín),
bajo cobertores impermeables
que el embarcadero entrega junto con
chocolates y mapas metalizados.
Después,
dormiré en habitaciones con grullas
adosadas a paredes de estuco
(no serían grullas o sí, acaso).


Una palabra desencadena un mundo



Una palabra desencadena un mundo.
Una palabra que podría ser reemplazada
por otra: lepidóptero.
o por un estado específico de su metamorfosis: ninfa.
Pero la ninfa ha despertado a la intemperie
durante una tormenta,
en el centro de la tempestad.
Su estructura ha perdido parte de
la materia recién nacida.
Alguien no la nombra ni polilla ni mariposa nocturna;
la enuncia secretamente y por lo bajo.
Luego dice “falena”. Y se cae rendido a los pies de esa palabra
y nada más que ella existe en la metonimia del deseo.

Adentro de mi pensamiento soy ese paisaje
en lo separado de mi rostro que no debe,
que ya no debo a nadie.


De: "El poder de unos límites", Barnacle, 2019
ALICIA SILVA REY (1950, Quilmes, Buenos Aires, Argentina) 
Escribió: La mujercita del espejo (1985), Fragmento de correspondencias (1996-2003), Cartas a la iguana (2012), La Pared al Padre -novela (2013), Lazos de amor-relatos (2013) y Boleros, 2015. 
Publicó: La solitudine (Buenos Aires, CILC, 2009), (circa) -2004-2007 (Añosluz Ediciones, 2014) y Partes del campo (Ediciones de la Eterna, 2015), Orillos (Barnacle, 2015) y El poder de unos límites (Barnacle, 2017). 
Colaboró con Gustavo Fontán en el guión de su película La madre (2010). Escribe en del Sur, agenda cultural de Quilmes y en Archivos del Sur.
Otros poemas de Alicia Silva Rey, aquí
Imagen: John Singer Sargent

13/02/22

Alicia Silva Rey: poemas inéditos


MODELO VIVO 


Botched 


 
1 .

Ya sin mí. 


2.

Pliegue, repulgo, bucle. 
No bordes. 
No extremidades, 
en blanco 
la corteza cerebral 
 

3 .

electroshocks:  
sin coordenadas 
la muerte a flor de piel. 
 

4 .

Alguien inyecta 
colágeno artificial 
en los labios 
corrige la curva  
de la nariz 
extrae un grumo  
lechoso 
del ombligo  
pieles que nadie  
sino uno recuerda. 
Aquí la desviación 
de la clavícula, 
la uña desprendida, 
los repliegues 
genitales velados. 
 

5 .

¿no nacería  
la voluptuosa 
tristeza 
de la sangre 
dividida 
bajo la piel 
en la palabra 
yo? 



En la piel 


 

darse a la piel 
inmoderada 
mente 
tanto 
como dure 
dura 
si persiste 
bajo la piel 
hábeas corpus 
se habla 
desde la piel 
o  
te hundís 
por manos 
al pantano 
al recuerdo 
a la agonía 
de tus otros 
sí 
cultura: 
lo que en la piel 
resiste 
de la palabra. 



Otros poemas de ALICIA SILVA REYaquí

09/06/18

Alicia Silva Rey, un poema inédito


No hay grullas en Dublín     




No hay grullas en Dublín. 
Entre mayo y noviembre  
abre el embarcadero Gingelgracht.  
Se recorre la ciudad (Amsterdam)  
en hidropatines  
que provee el mismo embarcadero (no es caro).  
Los padres y sus niños salvajes 
atraviesan ciegamente, aun bajo la lluvia, 
esa mollera fermentada, 
una ciudad( Amsterdam - Dublín), 
bajo cobertores impermeables 
que el embarcadero entrega junto con 
chocolates y mapas metalizados. 
Después, 
dormiré en habitaciones con grullas 
adosadas a paredes de estuco 
(no serían grullas o sí, acaso).



De: “El poder de unos límites”. Publicará en Buenos Aires, Mora Barnacle.
Otros poemas de ALICIA SILVA REYaquí

18/09/17

Alicia Silva Rey


El poder de unos límites 







Escucho voces en el silencio de la planicie o pampa. Hablan aquí las almas muertas y vivas que han sido conmigo en mí.
Esa primera persona donde confluyen río y mar, dos órdenes o filiaciones, ¿recuerdas?

Se dice de mí: "por qué el tú". 
Porque ahí nace el plural.



Estoy en el vestíbulo de mi ojo por primera vez.
Una pequeña judía de la estepa
que subsiste en el bosque consumiendo raíces
(se hizo quitar el lunar de la espalda porque su varón era lento e impresionable),
trató de entrar a la antigua luz por la fuerza y prendió velas rústicas para incendiar su lista de mortificaciones. 
(declinar latines en lenguas, de pastores;
habitar casas que otros habían olvidado incendiar).



Ese resto de sí era una horquilla de oro.
"Alondra", murmuraba.
Ninguna cosa era ya comestible y sus maestros habían usado con ella la vara de azotar.

¿Cuánto dura el destierro?
¿Discutirá eso con los altos poderes?
¿Temblará?
¿Entrará cubierta o descalza?
Meditará –antes de decidir- ¿sobre cuáles palabras?
¿En qué lenguas?
El crepitar de las velas, ¿arderá de un amor desconocido?
Las penas, ¿seguirán estando delante de sí?
¿Sus pupilas se abrirán, se desempañarán?
¿Recibirá como consuelo una cucharada fría de arroz?



Una ramita de menta o de heliotropo dan el tono pero no dan el ritmo.
La casa rota, la levantó.
El follaje caído, lo hizo calor y lumbre. 
Los niños hongos, el niño musgo y las niñas líquenes, 
más tarde encontraron refugio y alimento 
y la matriz del bosque -como si se dijera "la vida" aunque no era sólo la vida- prosperó.
Y ella se sienta a contemplar
la resurrección de los cuerpos
y la anulación del olvido
en el corazón
de la linde.
Los pájaros tuertos o ciegos
-un águila, ciertamente pequeña y débil, ciega de un ojo, trepada a la araucaria, dejaba rodar su lágrima de resina y dos hombres malos la rescataron
y yo la defendí, vale decir, ella de la mano del águila-.
Supo que la tenían atada con un cordel largo
en un pasillo frío.
Cómo huyó, no se sabe.
Vuela ahora esa ave poderosa
y triste, un águila común, 
de las tosqueras
que es de donde nosotros venimos.








¿Nosotros, -diatomeas, amapolas, campos de trigo, cuerpos en suspensión, caballos negros, ¿Vida como en las arañas que construyen sus telas a partir de hebras rectas que unen en un centro y luego, matemáticamente, orbitan? ¿Cómo en los cesteros y tejedores que superponen trama a urdimbre en sucesión perfecta irradiando costuras desde un único centro? ¿"Infierno", "Paraíso", "Purgatorio" concebidos, dicen, por Dante como mandalas a imagen y semejanza de? ¿"Paraíso" entrevisto como la rosa cuyo centro -con el poder del hueso sacro de una pelvis humana- sería, acaso, copia insondable del orden dado hasta la menor partícula de cosmos? ¿La creación de una nuez abarcaría lo infinito, huéped llevado por arcos logarítmicos? ¿ Mil pétalos que instruyen lo inhumano y eso es Metáfora, Nota al Pie?

Hay reciprocidades armónicas y no armónicas. Las dos mitades de la hoja de begonia no ritman o lo hacen de manera aleatoria. La hoja cordada de la lila se desplaza a través -cuestión de crecimiento- de cuatro círculos dentro del espacio de los primeros dos radios - una geometría y una ética del ritmo en el espacio-; reduciéndose in progress a tres, a dos, a uno ; manifiesta su impulso heroico aumentando tres círculos antes del final. Lo sin padre, como el "Sermón de la Flor" de Buda, no pronuncia palabra. 



3



De rodillas, en la carretera vacía, tosiendo.

Tose como a los ocho años en José León Suárez, La Quema. Alas en los pies. Mirá, una valija, está buena, bajala.
Tose a sabiendas de que lleva el chico pegado a él. Largando los pulmones. Nadie puede ponerse en el lugar de quien pierde el aliento.

“Tierra baldía, cieno, frío sin contemplaciones. Le dije que si hablaba así, me lastimaría los oídos, bostezaría hasta aplacar el impacto rústico de su voz. –Sin rescoldo – le dije-, en la negrura de lo no dicho va a cocerse el pan de la discordia, no hablés”.
Se irguió, buscó en el reseco morral el último tabaco sin dejar de toser, declinando como en una plegaria el trepidar del viento en las orejas, su zona delicada.

"Cómo separarse los cuerpos a causa de la imposibilidad de compartir el umbral de un lenguaje". Fumó, el humo lo ayudaba a respirar sin toser, el chico pegado a él, olor de marismas invisibles.

" De haber sabido pronunciar…Una lengua como hecha de fierro, no digo que ella no me gustaba: me era insuficiente".

Tanteó el piso de litio, fumó muy lentamente, inspirando ese bálsamo del tabaco en los bronquios, “su palabra, la de ella, hubiera sido el amarradero para el chico pegado a mí pero su palabra triscaba como arpillera granulada en los labios, me alejaba de la mujer a la que denominaban Rosario. No se desea sino lo que se presiente como un sueño a punto de perderse en la lengua. Solo se aman unos pocos sonidos perfectos en su encadenamiento insular.

Ella –no era su culpa-, fue desmontando sin querer los suaves eslabones, las perlas, esas cuentas donde orar y desear”.

Imaginó el carrito palmo a palmo, a ver si recobraba el aliento, se fue adentrando como entonces en la grava del basural. Vio al chico despegarse, dibujar algo con el dedo en la grava.

La lluvia blanda remolcaba en su agua lechosa otra superficie translúcida, un tejado sería. Los dibujos del chico en el suelo sonaron como cuando se pisa en el musgo empapado, ¿creés que tendré frío?, algo se posaba en los labios, se inscribía en la inflorescencia de las lenguas sin mar.  



(Inéditos)


Otros poemas de ALICIA SILVA REYaquí

02/06/15

Un poema inédito de Alicia Silva Rey

Bodas


Ahora soy de cuidado. Una figura de cerámica roja o negra
de volumen variable y un impacto de hierro.
He sido vaciado, objeto de cierta consideración,
amputado en mi ser doble y a mi vez, dividido.
Separado
en pedazos
de lo íntimo, arrojado
a este espacio en el que soy cualquier cosa
de irreconocible valor.
Caen las piedras en esta ciertamente muy oscura noche.
La rocosa materia exánime.
Las prendas desgarradas de mi ser flotan en un agua imposible.
Ni hambre ni sed ni cansancio. Ni la morada del sueño.
No sabía que todo esto me esperaba como regalo de bodas.
Sabía que éste era mi regalo de bodas.
Que vuelva y vuelva, este regalo.

La fiesta ha fermentado y desfallece. Cubiertos de joyas, calzan caligrafías laminadas laqueadas cubiertas apenas en los bordes de una costra fulgurante de sangre. No. No. Sin recaída en el lenguaje. Sin alaridos.


Todo hombre sirve primero el buen vino en sus bodas;
y cuando ya han tomado bastante, entonces saca el inferior.
Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora,
tú has convidado primero lo aguachento de la sangre en el vaso;
tú no dejas de quedarte conmigo aquí no muchos días.

A saber, un fragmento de ser aislado de la realidad es lo que es en sus ligaduras.

Falda colgante, hombreras. Las gemas evaporan escamas encajes.
No tienen vino.
No porque todavía no ha llegado mi hora.
Seis tinajas de piedra con agua para la purificación.
El encargado del banquete prueba el agua de sangre hecha vino.
No es el roce del pañuelo de lino en los labios lo que importa
ni el que nos fuera ofrecido al borde de aquella niebla gris de acantilado,
ese momento del que no se recuerda el hule basto como mantel,
lo vil de una cocina, el repasador usado, la alacena donde iban a ocultarse los venenos. El tacto el toque del pañuelo en labios, esa imagen creada por mí al haberse suspendido el relato en el deseo, alimenta el fantasma del amor en el
rodeo de ese acto dicho hablado. Esa escena y palabra del pañuelito vale ahora porque en el sueño, fui llamada al reino de las sobras. Y alojada en escritos cuyas letras no habrían sido buscadas.

La mano de él posada en el pecho de ella, plano.
Quieta en su transición que organza encubre.
Mira él por encima del rojo, tiene un velo
que encubre la mirada, resto que es aceptado en su penumbra.
El vals. Las perlas. La novia en sí devuelta al rictus
que asoma y escuda el velo de él, nupcial. Su mano
puesta en ella ataviada con un saco de caza rojo.

Todo lo que digas es poco, lo que no naciste no está por renacer.
Cómo saber si existía quien fuera tu morada. Qué lengua
hablarías, besarías, devorarías en la oscuridad de su ser
ataviado con tu saco de caza el día de las bodas.
El relámpago de un segundo de cronómetro, tu vida en él.
La organza roja, la manera de los muebles comprados acicalados por él sin ti, en el oro de la sobra, en el cieno de la sobra que soy. Desfigurada de sentidos, el teatro de una escena de la que fuiste extirpada: la matriz de una lengua natal no castrada te llevó a esta bahía del oro consumado en palabras y sabemos muy bien de qué oro están hechas endebles posesiones.

Producirse un instante la ilusión
de que habría en el vaso
una flor que no está
-y lo cruel de la escena en primer plano
que contrasta con el sereno paisaje de fondo,
que no existe-. La erección
en el aire
de esa imagen real
–el sereno paisaje que no existe-,
habrá sido cuando
tomé un lugar al otro lado del espejo,
lugar del sereno paisaje que no existe,
tomada ahí, por ese pasaje ciertamente virtual
de un tiempo a otro, de un campo a otro de visión capturada.

Esa escena, en la lejanía, está enmarcada por troncos de dos árboles talados.

Por amor
destaco el delicado paisaje de fondo que no existe,
no el banquete nupcial.


Este poema integra “Partes del Campo”, libro que publicará próximamente Ediciones de la Eterna, San Miguel de Tucumán, colección dirigida por María Belén Aguirre.

ALICIA SILVA REY (1950, Quilmes, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Imagen: Facebook de ASR