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Mostrando las entradas de octubre, 2015

Daniel Martínez

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Iceberg, de Daniel Martínez, parece un poema en cuatro movimientos, que son las cuatro partes de este libro. Este es pues un libro orgánico, tejido por la reflexión, material y concreta, sobre el componente de la poesía escrita, ese "iceberg" contra el que Martínez lanza sus dados con el ánimo de estrellarse, si fuera necesario.  Desde ya, no hay respuestas a la pregunta tácita que el propio título contiene: qué es lo que el iceberg oculta. Es notable que Martínez se instale en un pasaje concreto, cotidiano, al principio; menos evidente es que no lo abandona, aunque los capítulos segundo y tercero, "Palimpsesto" y “Rotas plegarias”, parezcan más abstractos. Es particularmente interesante para mí la mala conciencia que estos tramos del libro desnudan. Fundada en esta pregunta: "¿qué mundo queremos esconder /con las palabras que dejamos morir?". Lo que implica que aquellas que dejamos vivir, o logramos que vivan, revelan, paradojalmente, lo que no dicen, lo ...

Gabriel Zaid

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Haciendo guardia Mientras te escucho orinar y las hojas secas crepitan, oigo de lejos una acequia desentendida de mí, pasa volando un pájaro como si fuera natural vivir. Te amo por la brisa  que acaricia los árboles y se burla de mí. Gabriel Zaid (1934, Monterrey, México)

Sergio Kisielewsky: Nunca te hablé con palabras

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III Nunca te hablé con palabras. Me decís que vas a tomar ese avión. Ahora tu voz es un delantal. Vuelvo a mirarte y asusta El mundo se quiebra como un plato de sopa. Damos vueltas, respirás y dan ganas de ser el aire. Es la caída del corazón al rocío. En el reservado del bar te encuentro Es un armiño con el ruido del tren que pasa entre nosotros como un fantasma griego Tenés un duende en el paladar te subís a la taza, girás, olés al día, vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie y a la terraza que se llega sin escalera. No volveré a verte. Comprás frambuesas en El Bucanero Sólo un trozo de aire en el Abasto que gira hacia el mundo de los hoteles que nada alumbran Sólo tus hombros adorados por la luz. El tiempo se dispara como loca marquesina Silbás a rabiar y no hay quien lo detenga No es el Parque Chacabuco No es Alchurrón  tocando la guitarra en las peñas del 79 No es la tarde donde jugaban con Laura ("Le pedí a Dios  que viniera") Y algo se movió de cuadro. Creo que la tarde ll...

Ray Bradbury

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Recuerdo Aquí es donde veníamos, pensé, de aquí para allá, por los prados, hará cuarenta años ya. Yo había vuelto y paseé por las  calles y vi la casa en  la que nací, crecí y viví mis días sin fin. Ahora, siendo cortos los días, simplemente había venido a contemplar y mirar detenidamente la visión de esa infinita maraña de tardes. Pero ante todo, deseaba encontrar los lugares por los que yo corría como los perros, delante o detrás de los niños, las rutas anotadas por los indios o por los hermanos raudos y juiciosos imitando a una tribu. Llegué al barranco. Descendí por el sendero, yo, un tipo de pelo encanecido, pero, sobre todo, de pensamientos graciosos, y encontré el lugar vacío. ¡Imbéciles!, pensé. ¡Oh!, chicos de esta nueva época, ¿cómo no sabéis que el abismo aquí nos espera? Los barrancos son especialmente hermosos y de un bello verdor, misteriosos y bullentes de monos y bestias, de criminales abejas que roban a las flores para dar a los árboles. Aquí reverberan las ca...

Judith Filc

Afuera    La roja trepa en el  aire  gira y vuelve a  caer   con   júbilo  ahora es la   verde la que asciende  la amarilla  El trapo se mueve  rápido sobre el parabrisas sin dar  tiempo al  esperado no Un pedazo de  hierro oxidado  escarba la tierra  reseca y dura y  revela triunfante  una  culebra Saltamos la verja nos  quedamos con la boca abierta   Tanto  campo  Ahí al fondo,  señalás Trepamos las  piedras  entramos nos tiramos  sobre la paja No veo la luna entre las barras  oxidadas Progreso La ola  dejó  atrás  un trozo de  espejo  La luz del  sol  atraviesa el  vidrio y  resuena contra el  metal  estalla en  trizas que  abrazan la arena Un hombre no es un pájaro Elevarse para cruzar  el mar Huir de  la  luz reveladora  el hilo  cond...

Todo bien

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Ayer no pude pasar por la librería Hernández para comprar el libro de Dan Fante. Esta mañana, impulsado por mis deseos de copiar ineludiblemente algunos poemas en el blog para mi propio deleite y, sin duda, para el de los eventuales visitantes, fui a la librería de mi barrio, esas que venden best-sellers o libros para regalar con un moño, todos los que quedan bien en una mesa ratona. -Busco el último libro de Dan Fante (no dije el título...) -¿Dan Fante? No lo conozco. -El hijo del escritor John Fante... -Veremos.  Camino a la computadora. -¿Dan Fante todo junto? -No separado... -Ah, no es el título. Es el autor. Entonces, Fante, Dan -No lo tenemos, disculpe. http://www.danfante.net/home.htm http://buenosairespoetry.com/2015/07/11/un-gin-meando-carne-viva-carburador-v8-dual-hijo-de-puta-de-los-angeles-de-dan-fante/ Imagen: www.go-mag.com

Daniela Camozzi

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Turquesa, oro, salmón  El viaje a Mones Cazón  por la ruta cinco  era tan aburrido  todo igual de plano  y de vacío hasta llegar  a Pehuajó  justo doblando  la curva del acceso.  Hasta entonces  solo una estación de YPF  idéntica a la anterior  en la entrada de cada pueblo.  Papá nos hacía jugar  al veo veo.  Mamá con la mirada  fija en la ruta,  decía  no tengo ganas .  Pero cada tanto jugaba igual  y algún color raro  se le ocurría: turquesa,  oro, salmón.  Yo nunca encontraba nada  entre los grises de la ruta  y el tapizado sin gracia del auto.  Nos entreteníamos así,  buscando  lo que no estaba  en ningún lado. Filtrar la luz                                  Era la rama con la luz.                      ...

Henri Cole

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Limpio Mi casa es mía: la elección de menú, la radio y la televisión, el deslustrado suelo, las sábanas arrugadas. Es como estar dentro de un buró. Yo no tengo una asistenta que cuide de mí. Algunas veces, durante el desayuno, hablo francés con un reyezuelo disecado. No hay conflictos entre nosotros. Escuchamos unas palabras grabadas: Viens-tu du ciel profound? Siempre escucho un breve oratorio dentro de mi cabeza. Las polillas se han llevado las alfombras como invisibles costaleros. Me gusta la invisibilidad, excepto la de los poderosos rayos de la resuelta luna. Algunas noches pregunto a su palidez: ¿Estaré bien? Me encuentro débil e improductivo esta noche, como un cacho de carne con ojos, pero por la mañana soy optimista de nuevo, como un copo de nieve que ha viajado muchas millas durante muchos años para ser admirado sobre el cristal de la cocina. Solo, engullo y defeco y orino y grito. Por favor, no me despiertes de este sueño, hago la comida con cosas humildes —boniatos, un tarr...

Carlos Augusto Alfonso

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El cine al que no iba Lezama Salgo de mi butaca hacia el proscenio (como sucede siempre) orín de Menelao a la ciudad perdida. Para los que vivimos películas vaqueras el Cine Majestic es modus operandi en Trocadero, pase a la diligencia que hay que frenar; rienda la tendedera en Consulado. El nailon que colgué se me tiró en el suelo. —No lo voy a asfixiar, Cabrera no. Dentro en la oscuridad de Pernambuco, se molestan hablantes, porque a otros, abanican libretas que se desencuadernan. Cine pundonoroso a cine vándalo (pequeño recadero) pasa sus anteojos para cazar alondras. Por los tantos huequitos que le infringe se las ve con los degenerados y chiflistas; el cara de muñeca; el ofiuco de la media en el rostro; el maestro de piano que deshonra. Le sacan el sillón para que los case. Los Montenegro, los Melgares, los músicos de Chuki. Se lo ponen allí concretamente donde hace calor, en la gaveta de Bladimir, en una recogida de carnés, en la ciudad perdida de Menelao. Te lo ratificamos bosta...

Fabián O. Iriarte

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vivir en la luna es una enfermedad que me viene de familia han probado de todo: jaleas / vacunas / pastillas sin resultado alguno / pero no importa porque la locura se puede preservar en un frasco de cristal y llevarse a la luna y además ciertas emociones ya han sido puestas en correcta relación una con otra y todas tienen sus etiquetas la man che ubbidisce all‘intelletto (michelangelo) mirando alrededor se descubren cosas / luego serán temas dibujos en el amanecer sueños y conversaciones largas / por ahora no más que la materia prima de la realidad lo que así llamamos hasta que les den un orden nuestros signos / la lengua / su pronunciación escamoteada o revisemos su interior como esos médicos medievales extraían las piedras del cerebro para curar el mal que había en la mente / miraban con asombro vano y aprendido / descubrían orden y estructura / categorías y predilecciones una larga operación / que nadie sabe finalmente ni lo sabrá / es eso lo único seguro a pesar de que perdure con...

Klaus Rifbjerg

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el ratón y el cernícalo ve el ratón al cernícalo o acaso es sólo el pájaro el que avista al ratón de todos modos se da la supremacía a la rapaz fíjate únicamente en la elegancia de sus maniobras en su capacidad de estar como en el agua en el aire y la maniobra fulminante de navaja cerrándose cuando se dirige contra el ratón cuya insignificancia no es suficiente para asegurar su destino pero piensa también cuántas veces el pájaro abandona la tierra sin nada entre las garras e intenta recordar el ojo ardiente del ratón que detrás de la maleza intenta serenar su aliento y mira al ave allá arriba que se lleva su vanidad su hambre su orgullo a otro lugar KLAUS RIFBERG (1931 / 2015, Copenhague, Dinamarca) Fuente: http://piedraycielo.eu/ Imagen: politiken.dk musen og tårnfalken ser musen tårnfalken eller er det kun fuglen der har musen i kikkerten under alle omstændigheder vil man tillægge falken overherredømmet se blot pa manøvrernes elegance evnen til at træde vande i vinden og den lyn...

Piero De Vicari

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seguro de sí mismo Calímaco de Cirene posa sus ojos en un universo errante no lo apabulla el contenido lo desvela esa necesidad de tenerlo a mano de darle un orden una alfabética forma de registrar la memoria con sus dedos acaricia metafóricamente cada estantería cada pinakoi y lo conmueve el murmullo de nombres de creencias y ritos huellas ancestrales que depuran los guijarros de una raza alejándose del simio más tarde reordena con paciencia los rollos y del catálogo navegan a sus anchas las voces del hombre nuevo para él no es utópico pensar que el mundo quede reducido a esas tablas para él no hay idiomas lengua o balbuceo que detenga la comprensión de lo vivido satisfecho exhausto pero íntegro Calímaco descansa al terminar el día sabiendo que la luz no solo proviene de los astros sino que cada lámpara estalla seminalmente en la escritura entonces el bibliotecario duerme... y en su sueño el fuego lo desborda condena a la ceniza toda pretensión del saber una historia que por humana me...