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septiembre 24, 2020

Alejandro Cesario: Hacia la vasta nada

Alejandro Cesario "Poesía que no juzga ni pontifica ni sentencia. Antes bien: expone, mira, pone de resalto. O, acaso, simplemente ve, con toda la contundencia que la mirada puede otorgarle a los hechos. De este modo, crea una existencia que se superpone al mundo como un velo sobre otro velo, destacando la humanidad de rostros y lugares". Extracto del prólogo de Rafael Felipe Oteriño sobre Tonada que no canta

Alejandro Cesario


Amor


a Mel

Ella y yo,
en un pasillo largo, a la espera,
y ella,
entre dilación y sollozos, me dice:
-si pudiera, estaría en tu lugar. 



Esencia



 
Zancada de tero.
Pechitos magros.

Farfulla.

Coplita que machaca y machaca.

No hay luz eléctrica.

El ropaje
se estriega en el arroyo. 



Incondicionalidad




Ya sin latidos.

En el sigilo del desespero
la mamita le susurra.

-Haz un lugar, hijito, para que yo entre



Los Antiguos




En la mecedora,

el crujir de la leña
esparce endecha.

Aúna la ausencia.

Rijosas y cachazas manos.

Agujas que van y vienen
en medio del tejido,

hacia la vasta nada. 



Nochebuena




A la lívida luz del sol,
cancel entornada para el que quisiera entrar,
en el patio cerquita del limonero,
tabla de madera con caballetes,
hule atusado con listones,
candelas sobre la mesa,
cubiertos fulgentes y cruzados,
vino vertido en botijo,
el baldo quebranto,
los gritos de los pibes que juegan,
los refucilos brillantes desde el cielo

y la ausencia, siempre la ausencia.




De: "Tonada que no canta", ediciones la yunta, 2020
Otros poemas de ALEJANDRO CESAREO,  aquí
Imagen: Esquirlas de un alma en fuga

septiembre 13, 2020

Pedro Donangelo: Dos poemas ocasionales

Pedro Donangelo

Una advertencia innecesaria en mi caso  




posible retrato de mí, repantigado en el sofá 
esperando que hierva el agua de la pava. 
Colores fluorescentes y el blanco de pelos 
hasta la punta del rabo casi nunca incólume 
sobre el fondo gris algo verde del nuevo tapizado,  
pantalones de azul o el azul de los pantalones, 
casi imperceptible giro hiperrealista 
que incluye a la jirafa de madera, manchas marrones, 
bordeadas de amarillo, 
y al tono impuro de lo que pienso,
entre otros matices,

"No compartir el mate", dice el espectro
de la muerte número 743

Se anhela el borboteo del agua de la pava
y el paso de una palabra por este cuerpo,
         tan bien acomodado.



No es mi culpa




está chueca otra vez,
me decías en un primer plano
   con las últimas noticias
como fondo: agónicos en tránsito al Purgatorio
acarreando el porta suero. Ni el César
del húmero malo
        te redime,
dice la radiografía.
Lo oscuro y luminoso, 
pero en particular, la asimetría de lo oscuro
en nuestros años juntos.

Chueca otra vez:
botones de tu camisa que
no coinciden con los ojales



©PEDRO DONANGELO
Imagen: Andrew Wyeth

septiembre 03, 2020

Adam Gai: Fueron horas de recreo en el destiempo

Adam Gai


ANOCHE LA NIEVE JERUSALÉN 



Anoche cayó nieve en Jerusalén 
por nostalgia en pleno verano 
dolida de esperar  
Nadie la vio 
Sopló el sudor de las paredes calientes 
de las piedras resignadas. 
Fue fácil disimular. La gente dormía en el sopor 
momento decisivo para preguntar a las hojas 
qué pasó. Las cosas iban mal le dijeron 
con una voz verde y oscura. 
Se puso a patinar sobre sí misma por las calles vacías
hay que tener buen oído para escuchar su rumor.
Fueron horas de recreo en el destiempo. 
Luego sintió la pisada del primer rayo de sol.
Se escondió en el reloj del día, sus agujas en las agujas
su blancura en la cuerda inexorable que la ahogó.


Otro poema de ADAM GAI, aquí

septiembre 02, 2020

Gregory Corso: Nada más que un caballo resoplando contra otro


POETA HABLANDO CONSIGO MISMO ANTE EL ESPEJO 



Sí, Soy yo 
Esta caza de mí 
se ha transformado en algo evidentemente 
absurdo 
creyendo que cuando yo 
era perseguido 
no sólo me encontraría a mí mismo 
sino también a todo un rebaño de yoes 
yoes pasados, yoes futuros 
un carro cargado de ellos 
y todos estos años 
y adónde he llegado
en este punto del tiempo
éste no es el mismo espejo
que contemplé hace años
Es el espejo que cambia
nunca el pobre Gregory
¡Hey!, en la vida
Donde fui, fui
Donde me detuve, me detuve
Cuando hablé, hablé
Cuando escuché, escuché
Lo que comí, comí
Lo que amé, amé
Pero que puedo decir acerca de
adonde fui, no fui
adonde me detuve, continué mi camino
cuando hablé, escuché
cuando escuché, hablé
cuando ayuné, comí
y cuando amaba ...
no deseaba odiar
Ahora veo a las personas
como las ve la policía
También veo a las monjas del mismo modo
en que veo a los hare-krishnas 
No tengo representante
me disgusta la idea de un poeta con
representante
sin embargo Ginsy y Ferli, tienen uno
y hacen pilas de plata con ellos
se vuelven más famosos también
Quizás debiera contratar un representante
Wow!
De ningún modo, Gregory, quédate
En la cercanía del poema 


Puma en el zoológico de Chapultepec



Largo suave lento rápido pulido gato
¿Qué música, de quién la coreografía que
bailaste
cuándo ellos bajaron la cortina final?
¿Puede semejante gracia ponderada permanecer
aquí, toda sola, en esta cueva de 3 por 6?
¿Te darán otra oportunidad
Tal vez para danzar en las Sierras?
Qué triste pareces, mirándote
yo pienso en Ulanova,
encerrada en algún cuarto amueblado
en Nueva Cork, en la calle 17 del este,
en la sección puertorriqueña. 


Ucello



Ellos nunca morirán en ese campo de batalla
ni las sombras de los lobos reclutarán sus
tesoros como
novias del trigo en todos los horizontes
esperando allí
para consumir el fin de la batalla
no habrá ningún muerto que ponga tensos sus
vientres
flojos ningún montón de tiesos caballos en los
que
enrojecer sus ojos brillantes o aumentar su
comida de
muertos.
Antes vagarían enfurecidos y hambrientos con
lenguas
dementes que creer que en ese campo ningún
hombre pudo morir.
Nunca morirán aquellos que luchan tan
abrazados
aliento con aliento, el ojo reconociendo al
ojo, imposible
morir o moverse, ninguna luz se filtra, ningún
brazo con maza,
nada más que un caballo resoplando contra
otro, escudo
brillante sobre escudo, todos iluminados
por el afilado rayo de un ojo bajo un yelmo.
¡Y aquellos pendones! Lo bastante airados para
echar a volar
sus insignias de una parte a otra del cielo
que han borrado.
Podría imaginarse que pintó sus ejércitos
junto a los ríos
más fríos que tenías filas de calaveras de
acero
brillando en la oscuridad.
Pensarías que es imposible que un hombre muera
la boca de cada combatiente es un castillo de
canción
cada puño de acero un gong soñador, golpe
resonante,
golpe 
como gritos de oro
¡Cómo desearía participar en tal batalla!
Un hombre plateado en un caballo negro con un
estandarte rojo
y una lanza listada, nunca morir sino ser
eterno
un príncipe dorado de una guerra pictórica. 


Otros poemas de GREGORY CORSO, aquí

"Corso es un lanzador fenomenal
de palabras —primera señal desnuda del poeta—, un maestro científico de delirantes bocanadas de lenguaje. Anhela una superficie desternillada de elipsis, de acrobacias del más peculiar fraseo, recogidas
de las calles de su psique como «locos niños de chapas de botella»." Allen Ginsberg