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octubre 31, 2021

Carolyn Forché


LA VALIJA PERDIDA  



Así fue con la valija dejada al frente 
del hotel —ceñida, roto el candado, 
empapelada con puertos del mundo, cargando aquello que 
importaba hasta entonces, cuando al voltear tu espalda 
para escudar un fósforo, fue llevada, y el ladrón, 
esperando objetos de valor, encontró en cambio libros escritos 
entre guerras, luz dorada de áticos, pájaros mecánicos cantando, 
y la crónica de las últimas horas de tu país. 
Aquello en lo que, por medio de notas, esperabas convertirte: 
un sustantivo en el papel, papel oscuro con sustantivos: 
golondrinas volando a través de una basílica, tus manos alzándose 
como humo, una nube a punto de abrirse sobre la ciudad, almohadas 
respirando superficialmente donde habías yacido, un fantasma 
en una bata de hospital, y aquí tu voz, 
con principios, tierna, susurrando a través de 
una cerca tejida con ramas de pino:
La escritura es más vieja que el vidrio pero más joven
que la música, más vieja que los relojes o la porcelana pero más joven que la soga.
Querido, que inclusive al hablar callas,
durante años he buscado, generalmente mientras duermo,
cuando he encontrado la valija abierta, recolectando nieve,
todavía guardando tu vade mecum de lo infinito,
tu diccionario de lo ya-no-hablado,
un libro de citas de heridas casualmente infligidas,
y el escueto registro de actos verdaderamente heroicos.
Perdido está tu atlas de países que no han sido marcados por la guerra,
ausente tu manual para la preservación de las horas.
El incunable se ha perdido —tanto tu primer libro
como un lugar de eclosión para tus pájaros mecánicos—
pero la colección de aperçus teniendo que ver
con luz poniendo huevos en tus ojos fue encontrada,
junto con la profecía que todos los asesinatos en masa fueron presagios tempranos.
En una librería antigua, encontré tu catecismo de fes atrofiadas,
entonces te entierro sin tu Salterio,
ni la monografía en donde haces tu proposición
más inequívoca y reñida:
que todo deberá suceder, pero a quien no importa.
Aquí están tus libros, como si estuvieran ardiendo.
Estate cerca ahora, y despierta para decirme quién fuiste.



EL REFUGIO DEL ARTE




Estoy pensando en uros y ángeles, el secreto de los pigmentos duraderos... el refugio del arte.
—Vladimir Nabokov


En un taller que alguna vez fue una fábrica de zapatos, un artista pinta
            muros,
cromlechs, y mojones con polvo de piedras pigmentado:
dólmenes con marcas de un pasado desconocido,
caballos cincelados en tiza sobre sulfato de cobre,
un friso de cazadores en tiempo Paleolítico.
Losas de esquisto alumbran su vela sobre ciervos en fuga
bisones en estampida, uros salvajes con cuernos
en forma de liras, caballos galopando sus paredes, y encima de ellos
serpientes, espirales, rombos, y estrellas.
En el amanecer de la humanidad, niños construyeron tumbas de paso
para los muertos: colmenas de piedra en la tierra para el zumbido del
             espíritu.
Todavía al solsticio, el sol entra en sus cámaras por precisamente
diecisiete minutos. Ciertos años también la luna.
Cisnes migrando por el invierno las sobrevuelan mientras las estrellas se
             apagan con un siseo.
En fosas huecas reposan los muertos, huesos blanqueándose
en oscuridad absoluta, donde ni siquiera los murciélagos cantan, y hasta
que fueron vistos desde el aire por pilotos durante la Gran Guerra,
los domos durmieron, redondos y alzados en los campos.
También vieron sus propias ciudades enjoyadas, sus aldeas de ajedrez,
mantas de cultivos, y serpientes de ríos, nieve herida
por alambre no antes visto, y después de la guerra,
los pilotos llevaron ingenieros a los campos de los domos.
Al principio nadie sabía qué eran. Nada se sabía.
Ni que los constructores habrían sido niños para ellos,
ni por qué labraron sus vidas moviendo piedras
para que el sol se deslizara entre ellas durante un amanecer de invierno,
iluminando las espirales, estrellas, y rombos
que el artista ahora transcribe junto con uros salvajes,
bisontes, y el caballo de la antigüedad. No se sabe por qué
los pinta, parado, como está, en una ceguera de esquisto—
sólo que con el tiempo, tal vez podrá descifrar un mensaje acerca de
uros, bisontes y espirales, rombos y estrellas.



THE LOST SUITCASE




So it was with the suitcase left in front
of the hotel—cinche, broken locked,
papered with world ports, carrying what
mattered until then, when turning your back
to cup a match it was taken, and the thief,
expecting valuable, instead found books written
between wars, gold attic-light, mechanical birds signing,
and the chronicle of your country’s final hours.
What, by means of notes, you hope to become:
a noun on paper, paper dark with nouns:
swallows darting through a basilica, your hands up
in smoke, a cloud about to open over the city, pillows
breathing shallowly where you had lain, a ghost
in a hospital gown, and here your voice,
principled, tender, soughing through
a fence woven with pine boughs:
writing is older than glass but younger
the music, older than clocks or porcelain but younger than rope.
Dear one, who even in speaking is silent,
for years I have searched, usually while asleep,
when I have found the suitcase open, collecting snow,
still holding your vade mecum of the infinite,
your dictionary of the no-longer-spoken,
a commonplace of wounds casually inflicted,
and the slender ledger of truly heroic acts.
Gone is your atlas of countries unmarked by war,
absent your manual for the preservation of the hours.
The incunabulum is lost—both your earliest book
and a hatching place for your mechanical birds—
but the collection of apercus having to do
with light laying its eggs in your eyes was found,
along with the prophecy that all mass murders were early omens.
In an antique bookshop, I found your catechism of atrophied faiths,
so I lay you to rest without your Psalter,
nor the monograph wherein you state your most
unequivocal and hard-won proposition:
that everything must happen but to whom doesn’t matter.
Here are your books, as if they were burning.
Be near now, and wake to tell me who you were.



THE REFUGE OF ART



I am thinking of aurochs and angels, the secret of durable pigments... the refuge of art.
—Vladimir Nabokov


In an atelier once a shoe factory, an artist paints walls,
cromlechs, and cairns with pigmented stone-dust:
dolmens with markings from an unknown past,
horses chiseled in chalk on bluestone,
a huntsman’s frieze in Paleolithic time.
Slate tiles light his vigil over stags in flight,
bison stampeding, wild aurochs with lyre-shaped
horns, horses galloping his walls, and upon them
serpents, spirals, lozenges, and stars.
In the dawn of humanity, children built passage tombs
for the dead: stone hives for the hum of spirit.
At solstice still, the sun enters their chambers precisely
for seventeen minutes. Certain years also the moon.
Wintering swans fly over as the stars hiss out.
In hollow pits the dead repose, bones whitening
in utter dark, where not even bats sing, and until
seen from the air by pilots during the Great War,
the domes slept, round and risen in the fields.
They also saw their own jeweled cities, their chess villages,
quilts of crops, and snake of rivers, snow wounded
by wire not seen before, and after the war,
the pilots led engineers to the fields of the domes.
At first no one knew what they were. Nothing was known.
Not that the builders would have been children to them,
nor why they toiled their lives moving stones
for the sun to slip through at a winter dawn,
lighting the spirals, stars, and lozenges
that the artist now transcribes along with wild aurochs,
bison, and the ancient horse. It is not known why
he paints them, standing as he does in a slate blindness—
only that with time, he might decipher a message regarding
aurochs bison and spirals, lozenges and stars.






CAROLYN FORCHÉ (1950, Detroit, Michigan, Estados Unidos de NA)
Traducción: Juan E Suárez Encalada
Fuente: Poéticas | Círculo de poesía | Revista Altazor | Otra iglesia es imposible | Festival de poesía de Medellín
Imagen en Penguin Random House


octubre 29, 2021

Stephen Crane


Cada breve destello...




Cada breve destello era una voz,
una voz como una lámpara
en pequeñas canciones de carmín, violeta, verde, dorado.
Un coro de colores llegó hasta el agua;
la maravillosa sombra de la hoja dejó de temblar,
ningún pino cantó en las colinas,
la noche azul fue en otra parte un silencio,
cuando el coro de colores llegó hasta el agua,
pequeñas canciones de carmín, violeta, verde, dorado.
Menudos y brillantes guijarros
arrojados sobre la oscura planicie de la tarde
cantan bellas baladas de Dios
y eternidad, con el descanso del alma.
Pequeños sacerdotes, pequeños padres santos,
nadie puede dudar de la verdad de vuestros himnos,
cuando el coro maravilloso llega hasta el agua,
canciones de carmín, violeta, verde, dorado.



Each small gleam...




Each small gleam was a voice
A lantern voice
In little songs of carmine, violet, green, gold.
A chorus of colors came over the water;
The wondrous leaf-shadow no longer wavered,
No pines crooned on the hills
The blue night was elsewhere a silence
When the chorus of colors came over the water,
Little songs of carmine, violet, green, gold.

Small glowing pebbles
Thrown on the dark plane of evening
Sing good ballads of God
And eternity, with soul's rest.
Little priests, little holy fathers
None can doubt the truth of your hymning
When the marvelous chorus comes over the water
Songs of carmine, violet, green, gold.






STEPHEN CRANE (1871, Newark, New Jersey, Estados Unidos de NA / 1900, Badenweller, Alemania)
Traducción: Jonio González
Imagen: John Singer Sargent


octubre 28, 2021

Eileen Myles

Infancia, televisión


Televisión pública   




Siempre tengo miedo. 
¿Vos no? Todo zumba 
en la cocina, mi 
madre comenta que 
lo que estoy leyendo 
se ve denso. Digo 
que no, que es 
sobre la televisión 
y empiezo a 
explicarle el 
estructuralismo y 
Robert Young y 
al pasar menciono 
Zeborah que es 
donde compré 
el libro— 
y estoy segura 
que eso fue todo  
lo que mi madre  
escuchó.  
  
No sé 
por qué 
no me llamaste 
hoy 
a la mañana. 
  
¿Es porque 
te escribí 
sólo un poema 
en agosto o es
que te doy
vergüenza?
Me elevo sobre
las pequeñas
y sinuosas colinas
de Manchester,
Massachusetts.
 
Ahí y por
la gracia
de dios
voy detrás
de una mujer
de mi edad
que arrastra
a dos niños.
 
Me apuro
para volver a
mi casa y recordar
qué postal
olvidé enviar.

¿Puedo sonar
animada
en una carta?
 
Mi madre
se sienta
al lado de
la estufa. Está
helado en
la cocina de
Nueva Inglaterra.
 
Aquí los comentaristas
deportivos son
divertidos y la
gente come un
montón y no son
muy amistosos,
pero te saludan.
 
No me
has llamado, eso
debe significar algo.
Que mi forma
de operar deberá
ser otra, meterme
sólo en mis
propios asuntos.
Existen, por
supuesto, los
medios masivos,
lo que todos ven
y todos saben.
¿Qué es lo
que todos
saben? ¿Acaso
les importa?
¿Se ve bien?
Y también
existe
el pequeño
y privado
mundo de
los sentimientos,
llamémoslo
acceso.
 
No me importa
cómo se vea
desde afuera o
si nos están
viendo miles
de millones
de televidentes, lo
que me importa
es ocupar
el sitio más
importante en
tu corazón
y un canal directo
al mío.
Quiero
que este rayo
sea largo,
poderoso
y verdadero.
¿Lo es?
 
 

Mi infancia



 
Nunca saqué el primer lugar
en el colegio. Sólo segundos lugares.
Lo que más quería era tocar
El saxofón, pero eran muy
dorados y demasiado caros.
Pedí una trompeta (85 dólares),
pero me dijo (el señor Amarusso,
cabeza pequeña y cuerpo grande)
que no creía que yo pudiera tocar
con el diente delantero roto…
¿entonces puedo tocar el clarinete?
No, ya tenemos demasiados.
Y ahí quedó la cosa.
Secretamente quería tocar la batería.
En mi casa tenía bongós
y un disco para aprender
a tocarlos que sonaba tucu
tucu tuc, tucu tucu tuc y
también me sentaba
románticamente en el living
a tocar canciones de vaqueros
con mi armónica
y desear estar borracha.
A veces, mi mamá
se asomaba en la puerta
de la cocina y decía: Eileen,
eso suena muy bonito.
Y yo, naturalmente, me
ponía colorada y tartamudeaba.
¿Qué pasaba durante mi infancia?
Yo sabía que era la número uno.
La monja me llamaba a su escritorio
y me decía: Es increíble,
Eileen Myles, tu coeficiente
intelectual es el más alto
de todos los séptimos, pero
con las caras que hacés pensé
que eras retrasada mental.
Sos una chica linda,
no deberías arruinar tu
cara haciendo esos gestos.
Lo estás haciendo de nuevo.
Lo estaba haciendo de nuevo.
Y yo corría desesperada a
mi asiento. Escuchen mis pasos.
Yo era la chica más gorda
de todos los séptimos.
Siempre me sentí gigantesca
pero seguían poniéndome
al medio. Mi hermana Nancy
nació en 1953 y tuve
que cambiarme de la pieza
soleada que estaba en el lado
de la casa donde había un
pequeño techito privado
desde donde mi papá
se cayó muchos años después,
bueno, en 1961. Me cambiaron
a la pieza grande con aleros,
donde no se podía hacer nada
si querías cambiar cosas de lugar,
yo quería cambiar de lugar a mi hermana.
Mi hermano seguía a punto de morir
y mis papás seguían decorando,
esos muros azules con barcos y
hombrecitos con telescopios.
Un escritorio con una máquina
dorada que cambiaba las fechas,
papel secante. Mi hermano seguía
a punto de morir y recibiendo
este tipo de regalos. No estaba
tan mal. Yo tenía un amigo imaginario
que encontré entre las algas en la playa,
medía treinta o sesenta centímetros
y era mi amigo y siempre estaría
a mi lado. Solamente jugaba con
dos muñecas, Davey y Timmy.
Me gustaba Mujercitas, pero
mi personaje favorito era Laurie
y, en realidad, amaba Hombrecitos.
Me indigné cuando Jo creció
y se puso toda maternal. Es tan
material, los muros de piedra
alrededor de la escuela de Jo
y su marido barbón y viejo, que hablaba
igual que su papá, el señor March,
que siempre estuvo ausente excepto
cuando apareció con unas copias de
El progreso del peregrino para sus
hijas hambrientas, Meg, Jo, Beth y Amy.
¿Por qué a Laurie le gustaría una perra
como Amy? Hubo también un tercer
libro, Los muchachos de Jo, donde
los personajes están gordos y tienen
ataques cardíacos, un niño gordo
que se llamaba Stuffy, reelegido concejal,
se muere en un banquete. A estas
alturas Jo se parece bastante a la autora.
Durante mi infancia me daban permiso
para quedarme despierta hasta tarde
y ver a Mary Martin hacer de Peter Pan
porque era muy devota del libro.
Pasé infinitas horas sentada en mi pieza
mirando las imágenes de Peter en mi libro,
imaginando las otras cosas que haría,
toda emocionada. En la televisión
Peter era una mujer adulta con el pelo
hacia atrás que hablaba como niño y
que volaba por el escenario colgada
de unos cables. No podía dejar de mirar
su cuerpo sabiendo que era mujer,
sintiéndome engañada y confundida
porque no buscaban a un niño real
para el papel. Oh, yo creo que es increíble,
decía mi mamá con admiración.
Me gustaban “I’ve Got a Crow” y “I Won’t
Grow Up”, pero aun así un niño real
habría sido mejor, mucho más emocionante.
Y “I’m Flying” me parecía estúpida porque
se suponía que estaba volando y, en realidad,
no estaba volando, sino que estaba colgada
de unos cables. Después de ver ese show
nunca más pude soñar con el libro de Peter Pan,
pero sí pensé en volar sobre un escenario.
Y siempre que mencionan a Mary Martins
siento un poco de nauseas. Había algo
raro en ella. En la tele pasaron un programa
especial de Aladino, la estrella era Sal Mineo.
A mi mamá le costó un mundo hacer
que mi papá se acostara antes que empezara
para que pudiéramos verlo. Él hablaba
mucho durante los programas que teníamos
ganas de ver. Opinando esto o lo otro
sobre cualquier cosa que le recordara
lo que estábamos viendo. Hasta que
empezaba a gritar porque no estaba bien.
Pero esta noche era una noche muy tranquila
y yo estaba emocionada y nerviosa, de verdad,
y empecé a columpiarme en la mecedora. Mi
mamá había dejado sacado de la jaula a
nuestro periquito, Nicky, para limpiarla.
Dijo que Nicky se veía un poco enfermo.
Yo estaba columpiándome como loca
al principio del programa y, de pronto,
sentí un bulto en la alfombra y mi hermano
gritó. Mamá. Y mi mamá salió de la cocina
y llegó y el pájaro se retorcía a centímetros
de la mecedora. Oh dios mío, dijo mi mamá.
Vos no lo hiciste, me dijo. Mientras lo llevaba en una pala
a la cocina. Mi hermano gritaba: mató a Nicky,
mató a Nicky. Pero yo no sabía que estaba ahí.
No lo hiciste vos, Nicky estaba enfermo.
Lo mataste, lo mataste. Intenté ver
el programa un rato pero sentí nauseas
y me fui a acostar. Dentro de mí todo
parecía arruinado y ni siquiera sabía
qué y cómo había pasado o qué era verdad.
Eran mi hermano y mi mamá, pero
sentía que yo era la culpable. En la escuela
todos dijeron que el programa era aburrido
y entonces me sentí un poco más feliz.
 





EILEEN MYLES (1949, Cambrigde, Massachusetts, Estados Unidos de NA)
Fuente: Eterna cadencia | Sitio de Eileen Myles | Círculo de poesía
Imagen en Guernica Magazine


octubre 25, 2021

Eda Nicola

La mesa de escribir


9    




La mesa de escribir a veces está cubierta de piedras. 
De piedras de soledad. Todas nacen de la soledad. No 
se mezclan con otras. Tienen una dureza que no es de 
este mundo. 
En días así, no me deja ni apoyar un papel, ni encontrar 
un lápiz. 
La primera reacción es sacar, una a una, esas piedras. 
Una a una. Pero me quedaría sin manos. 
Bien pensado, creo que es mejor dejarlas. Así. Ahí. 
Donde crecieron y crecen. 
Y que la mesa se fusione con las piedras. 
Y que sea toda ella un paisaje de viva, de viva soledad. 
De creciente, magnánima, magnífica soledad. Un pozo 
infinito y sin nombre. 
Un espacio que guarde el silencio de las cosas muertas. 
Un sitio donde dar espacio a la agonía.
Donde la sombra del vivir pueda estirarse, estirarse, y
respirar.
Donde todo lo asesinado, callado o negado pueda
sembrar su semilla, dar sus frutos ingrávidos, abrir
sus flores oscuras o cubiertas de sangre.
Total, siempre puedo escribir en cualquier lado.
Tirada en el piso, al lado de la mesa, como al
borde de un abismo, puedo atrapar algún sonido,
escuchar lo que dice una cáscara al caer, o una
semilla rezumante y podrida.
Y anotar, anotar, anotar todo lo que pueda.


De: "La mesa de escribir", Ediciones Cartografías


Sobriedad




Limpio, lavo, sacudo, tiendo, extiendo, seco, asoleo, corto, desmenuzo, hiervo, cocino.
Me vuelco sobre todas las cosas -utensilios, trapos, desecho, alimento- y todas las cosas corren -casi respiran- en mí.
Como si piedras, filos, roces, olores, tramas, texturas me rasparan. Y así crezco como un río, rápido, salvaje, -limpio y me limpio-, deslizándome, cayendo así, suelta, desprendida, desde la cumbre hasta los valles de esta vida.
Al limpiar, algo que no sé, que nunca sabré, recupera, poco a poco, luz, brillo, pulcritud, sobriedad.



De: "Bailar en el fuego", Ediciones la yunta, 2020


EDA NICOLA (1969, Coronel Moldes, Córdoba, Argentina)
Enlaces: Emma Gunst | Brunch poesía

Anna Golubkova

poesía rusa




escribime una carta de verdad 
en un papel cuadriculado 
arrancado del cuaderno 
escribila con un bolígrafo grueso azul 
que gotea tinta 
que las letras sean redondeadas 
algo desprolijas 
con terminaciones conmovedoras 
y rizos  
escribime una carta así 
para que la lea mucho tiempo 
lea y me ría 
secándome las lágrimas 
para que solloce de la risa 
y acercándome al final 
que el papel se me escape de los dedos 
y planee hacia el suelo 
como un pájaro blanco cuadriculado 
con manchas azules 
en las alas
escribime una carta así …

ANNA GOLUBKOVA (1973, Kalinin, Rusia)
Traducción: Natalia Litvinova
Fuente: Animales en bruto
Imagen en Wikipedia

octubre 24, 2021

Fabio Pusterla: Cualquier fragmento se admite por inútil

Poetry Foundation, Luvina


Paisaje     




Aquí llueve días enteros, hasta meses enteros. 
Las piedras están negras de chubascos, 
los senderos pesados. 

En el borde de las acequias: 
renacuajos, latas oscuras. Una maleta 
alquitranada. 
 
Un hilo de aceite se escurre 
sobre la grava. Encima, cemento. 
Si rascas la tierra: escombros, 
ladrillos arrojados, dientes de conejo. 
 
Pueden pensarse sonidos humanos, 
pasos, pelotitas de tenis. Voces eventuales. 
Cualquier fragmento se admite por inútil.

Porque esto es el vacío hay lugar para todo
y lo poco que hay es como si no hubiera.
También las vías están completamente inertes,
los lagartos inmóviles, los vagones
olvidados.

Después el gallinero. Las cosas sin historia.
O afuera. Una carretilla
que no tiene ruedas. Un pozo. Un balde pútrido
desprovisto de fondo. El nombre de un tonto:
Luigino. Plumas en la red, de gallina.
Agujeros en la red. Tramas rotas.
Eso que ustedes no llaman crueldad.

Yo soy esto: nada.
Y quiero lo que soy intensamente.
Y las palabras: ahora nadie me las robará.


Paesaggio 




Qui piove per giorni interi, talvolta per mesi.
I sassi sono neri d'acquate,
i sentieri pesanti.

Sul bordo delle rogge:
girini, latte scure. Una valigia
incatramata.

Un filo d'olio cola
sulla ghiaia. Sopra, cemento.
Se gratti la terra: detriti,
mattoni scagliati, denti di coniglio.
Si possono pensare rumori umani,
passi, palle da tennis. Voci eventuali.
Ogni frantume è ammesso purché inutile.

Siccome questo è il vuoto c'è posto per tutto,
e quel poco che c'è, è come se non ci fosse.
Anche i binari sono perfettamente inerti,
le lucertole immobili, i vagoni
dimenticati.

E poi il pollaio. Le cose senza storia.
O fuori. Una carriola
che non ha ruote. Un pozzo. Un secchio marcio
privo di fondo. Il nome di uno scemo: 
Luigino. Piume dentro la rete, di gallina.
Buchi dentro la rete. Trame rotte.
Quello che non chiamate crudeltà.

Io sono questo: niente.
Voglio quello che sono, fortemente.
E le parole: nessuno adesso me le ruberà.



FABIO PUSTERLA (1957, Mendrisio, Suiza). Poeta en lengua italiana.
Fuente: Luvina
Traducción: Laura Wittner
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Poetry Foundation | Periódico de poesía
Imagen en dinoignani.net

octubre 22, 2021

Zbigniew Herbert

poesía polaca, ancianos


Oración de los ancianos     



 
pero después después  
¿no nos rechazarás? 
cuando se hayan ido los niños las mujeres las pacientes bestias  
porque ya no soportan nuestras manos de cera 
nuestros movimientos inciertos como el vuelo de mariposa  
nuestro terco silencio y nuestra habla de tos  
y está cerca el día en que el mundo encogido en nuestro ojo  
quitarán como una lágrima y romperán como un cristal  
cuando de pronto ábrase el cajón de la memoria 
me pregunto  
si entonces 
nos volverás a amparar 
pues será como regresar a las rodillas de la infancia  
al enorme árbol a la estancia oscura 
a la conversación interrumpida al llanto sin dolor
lo sé
es una cuestión de sangre
y nosotros místicos perezosos que arrastramos los pies 
con el deformado salmo de nuestros dedos corcovados 
escuchamos cómo por nuestras venas va cayendo la arena 
y en las oscuras entrañas va creciendo blanca una iglesia 
de sal recuerdos cal y de indecible fragilidad 
y te hacen entrar de nuevo 
entre el asmático jadear de las campanas 
junto a encendidas flores
aferrados al sabor de la oblea y del lienzo blanco
si difícil es hacer ángeles de nosotros 
transfórmanos en canes celestes 
en chuchos de pelaje alborotado 
en palomillas de semblante gris 
en apagados ojos de gravilla
pero no dejes 
que nos devoren
las insaciables tinieblas de tus altares
y dinos tan solo esto
que más tarde volveremos



Modlitwa starców




ale potem potem
czy nas nie odtrącisz
kiedy już odejdą dzieci kobiety cierpliwe zwierzęta
bo nie mogą znieść woskowych dłoni
ruchów niepewnych jak lot motyla
upartego milczenia i mowy naszej kaszlu
i bliska będzie chwila gdy świat skurczony w oku
odejmą jak łzę od oka i stłuką jak szkło
gdy otworzy się nagle szuflada pamięci
pytam o to
czy wtedy
przygarniesz nas z powrotem
bo będzie to powrót jak do kolan dzieciństwa
do drzewa wielkiego do ciemnego pokoju
do rozmowy przerwanej do płaczu bez żalu
wiem
to sprawa krwi
i my leniwi mistycy powłóczący nogami
z koślawym psalmem w garbatych palcach
nasłuchujemy jak się w żyłach przesypuje piasek
i w ciemnym wnętrzu biały rośnie kościół
z soli wspomnień wapna i niewymownej słabości
znów ciebie wprowadzają
przez astmatyczne sapanie dzwonów
przy zapalonych kwiatach
uczepieni smaku opłatka i białego płótna
jeśli z nas trudno zrobić anioły
przemień nas w psy niebieskie
kundle o zmierzwionej sierści
ćmy o szarej twarzy
zagasłe oczy żwiru
ale nie daj
aby pożarł nas
nienasycony mrok twoich ołtarzy
powiedz tylko to jedno
że potem wrócimy






ZBIGNIEW HERBERT (1924, Lwow | 1998, Varsovia, Polonia)
Traducción: Ada Trzeciakowska
Enlaces: Material de lectura UNAM  | Círculo de poesía


octubre 21, 2021

John Wieners

John Wieners sentado en una mecedora junto a un sofá

Actos de juventud     




Y con espanto habito en medio de la noche 
¿Qué ruinas de la mente me esperan, qué drogas 
turbarán mis sentidos, qué poco me queda, 
cuánto más puede perderse? 
 
El miedo al viaje, al futuro sin esperanza 
o salvavidas. Debo salir de aquí y ver 
que el miedo no está fuera: está dentro 
a no ser que algún acto o calamidad repentina 
 
me arrastre al hospital, destruido, sin 
recuerdos ya; o peor incluso, tras las rejas. Si 
pudiera sólo irme del país. Cualquier sitio 
en el que puedas comerte el loto en paz. 
 
Pues en este país el terror y la pobreza me esperan; o 
soy hombre marcado, mi vida una lección 
o experiencia para jóvenes que sigan 
mis pasos, sin Dios 
 
a no ser un Dios de justicia, para tomar venganza
por actos cometidos de joven bajo in-
justa influencia de las circunstancias. Ah, he visto
siempre mi vida como drama, modelada

según aquellos que hallaron desastre o condenación.
Es mi mente lo que se me arrebata.
He estado frente al abismo antes. Qué
timbre en los oídos es el que me dice

que todo se acerca, casi ya el rugido del viento del invierno.
Ay de los que viven en la calle a merced de la noche.
Ay de aquellos crímenes cometidos y de los que podemos
salir indemnes.

Así que enciendo la luz
y hago aros de humo en el aire.
No pienses en el futuro; no lo hay.
Sólo en la fórmula de que el gran arte deriva.

Dolor y sufrimiento. Dadme fuerzas para
aguantarlo, para entrar en los lugares donde
enjaulan a los grandes animales. Y que podamos vivir
en paz a su lado. Una novia del agobio

que ningún dios impone pero nos sabe capaces de 
soportar su carga hasta el final de nuestros días.
Pues de eso estamos hechos; para eso hemos
sido creados. Hasta que las horas oscuras concluyan.

Y nos levantemos al amanecer.
Partículas infinitas del sol divino, ahora
veneradas en los baratillos de la noche.



La Nueva Vida



Despedida en la noche fresca
con estrellas que brillan
delante de tus ojos.

Tan limpia está la mente
como un hueso en la playa
cuando se retira la marea.

Suaves objetos voladores
habitan el aire
y dondequiera que estés
allí estaría yo.

Dientes de león, pequeñas lilas
zumban en la yerba.

Capullos caídos de los árboles
y lluvia en el viento;
un blanco celastro, abejorros.

En mi mente estás hoy
como madera junto al río
que cruje cual si ardiera.

Un negro cuervo se posa en la alberca,
bebe, agita las alas,
y como viene se va.


The acts of youth




And with great fear I inhabit the middle of the night
What wrecks of the mind await me, what drugs
to dull the senses, what little I have left,
what more can be taken away?

The fear of travelling, of the future without hope
or buoy. I must get away from this place and see
that there is no fear without me: that it is within
unless it be some sudden act or calamity

to land me in the hospital, a total wreck, without
memory again; or worse still, behind bars. If
I could just get out of the country. Some place
where one can eat the lotus in peace.

For in this country it is terror, poverty awaits; or
am I a marked man, my life to be a lesson
or experience to those young who would trod
the same path, without God

unless he be one of justice, to wreak vengeance
on the acts committed while young under un-
due influence or circumstance. Oh I have
always seen my life as drama, patterned

after those who met with disaster or doom.
Is my mind being taken away me.
I have been over the abyss before. What
is that ringing in my ears that tells me

all is nigh, is naught but the roaring of the winter wind.
Woe to those homeless who are out on this night.
Woe to those crimes committed from which we
can walk away unharmed.

So I turn on the light
And smoke rings rise in the air.
Do not think of the future; there is none.
But the formula all great art is made of.

Pain and suffering. Give me the strength
to bear it, to enter those places where the
great animals are caged. And we can live
at peace by their side. A bride to the burden

that no god imposes but knows we have the means
to sustain its force unto the end of our days.
For that is what we are made for; for that
we are created. Until the dark hours are done.

And we rise again in the dawn.
Infinite particles of the divine sun, now
worshipped in the pitches of the night.



The new life




Farewell in the cool night
with stars glistening
in front of our eyes.

The mind is as blank
as a bone on the beach
when the tides run out.

Soft flying things
in habit the air
and wherever you are
I would be there.

Dandelions, small lilac blossoms
and invisible wings buzz in the grass.

Buds fall off the trees
and rain in the wind;
A white bittersweat, bumble bees.

You are on my mind today
as wood crackles by the river
as tho on fire.

A black crow lands on the bird-bath,
drinkks, shakes its feathers,
and is off again.



JOHN WIENERS (1934, Milton, Massachusetts / 2002, Boston, Estados Unidos de NA). Estudios en el Boston College en 1954 y el Black Mountain College en 1954-56 (Charles Olson, Creeley y Robert Duncan son, en la famosa universidad experimental, sus maestros y compañeros). En Boston edita la revista Measure. Se traslada a San Francisco donde colabora con los grupos del renacimiento de San Francisco, de Berkeley y el naciente movimiento "beat". Tras dejar California, se traslada a diferentes ciudades del Este (Boston, Nueva York, Buffalo) y ocupa de un modo irregular diversos puestos de profesor en varias universidades que alterna con estancias en psiquiátricos y cíclicos períodos de desintoxicación.

Libros principales: The Hotel Wentley poems (1958), Ace of Pentacles (1964), Pressed Wafer (1967), Asylum Poems (1969), Nerves (1970), Behind the State Capitol, or Cincinnati Pike (1975), Selected Poems, (1986).  Javier de la Iglesia en Añejo de Indolencias
Fuente: Añejo de indolencias  | Buenos Aires Poetry | Periódico de poesía
Imagen: Jacket

octubre 19, 2021

Romina Freschi, dos poemas inéditos

poemas inéditos

Nostalgia    




el pasado es finalmente pasado 
y puedo entrar en él 
como en una habitación 
 
Lo intacto 
en el olvido 
parece vivo 
revivido 
 
Hay cosas ¿razones? 
que lo ligan al presente 
que 
desde el ocultamiento 
del olvido 
no se ven 
 
pero  
en la vivacidad nueva 
del pasado 
nuevo 
aparecen 
 
la zanja que nos separa 
y su agua sucia 
colorea las mejillas 
 
el brillo de lo que estuvo vivo 
está vivo en el pasado también 
no murió todavía 
todo lo que murió 
vive en él  
  
inmejorable perla 
sin futuro, sin aire 
deja ver la hilacha 
la fuerza 
de hoy 

 

Vocación     




Todo en mi vida me llevó a este momento
Animal instinct y todo Cranberries 
en mi cabeza Dolores
canta siempre

mi padre ha muerto
hace menos de un mes
escribo hoy en su computadora
su legado me sienta hoy
como siempre

mi hija lucha en el patio
con los perros y con las vocaciones
ser como mamá
ser como papá
ser simplemente

otras hijas también buscan
yo buscaba
todo me ha traído hasta aquí 
el amor me sienta aquí hoy
la lucha en mi cabeza por entender 

esto 
soy 
libre
mis ataduras no me atan
yo misma me he atado
a este lugar
a esta piedra
a este amor

no hay amor como éste
que cada mañana
me sienta 



ROMINA FRESCHI (1974, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Festival Internacional de Poesía de BA | Tuerto Rey | Otra iglesia es imposible

octubre 18, 2021

Robert Krajewski

Poesía polaca


Robert fue un poeta que creció en la misma ciudad que yo, una mediana y postindustial ciudad de provincia en Polonia central. También estudiábamos en el mismo instituto. Las clases de Lengua y Literatura nos marcaron a ambos. Nos enseñaba el profesor Włodzimierz Rutkowski, que convertía estas horas en obras de arte, en unas clases magistrales de nivel académico. Participábamos en los mismos concursos literarios solo que yo lo hice siete años más tarde. Robert murió a los 21 años a causa de un hematoma intracraneal cuya existencia ignoraba. Dejó 77 poemas, que los críticos incluyen dentro de la corriente de la imaginación envalentonada (junto con Roman Honet). Le obsesionaba la muerte, la búsqueda de la ternura en un mundo donde el amor es imposible. Su fuerza radica en la absoluta sinceridad que implica nihilismo y una postura crítica. Su último poemario (1991) se titula "Algo de una tortura latente".


no hay claridad omnipresente
y no puedo ver tus ojos
te sorprenderá
que te toque
tiemblas
como una cuerda vidriosa
exiges
que hable de mujeres
que no eres
de hombres
que no soy
luego no dices nada más
antes de que pidas dolor
tengo que tocarte
una vez más
tan bellamente como pueda



nie ma wszechobecnej jasności
i nie widzę twoich oczu
pewno jesteś zdziwiona
że cię dotykam
dygoczesz
jak szklista cięciwa
żądasz
bym opowiadał o kobietach
którymi nie jesteś
o mężczyznach
którymi nie jestem
potem nie mówisz już nic
zanim poprosisz o ból
muszę cię dotknąć
raz jeszcze
najpiękniej jak potrafię


ROBERT KRAJEWSKI (1970 / 1991)
Nota y traducción:  Ada Trzeciakowska
Fuente: Ada Lírica
Imagen: Iryna Yermolova

octubre 17, 2021

Escrito aún provisorio

Día de la madre, poemas



mira la pared y el verso que escribo no se anima. 
 
Después del primer aliento, el Gran Abismo. 
 
Los versos no circulan nada, 
parten y retornan siempre por el mismo punto, 
 
una lenta estela  
que repentinamente oscurecen los nubarrones. 
 
Las paredes se alzan como olas 
y una chica en el Rosedal parece Merle Oberon, la del cine. 
 
Mira la pared y los versos que no circulan nada 
poco la reflejan. 

¿Y si apaga la luz que acompaña la espera? 
Si apaga el miedo a la gigantesca oruga 
            que se abalanza hacia el andén en fuga, 

si apaga la luz a las noches del redoblante, ¿la muerte continúa? 

Las aguas desembocan en el Gran Abismo. 
"Nunca me habla", le comenta a mi padre .

Las aguas caen, 
ensordecen. 





® PEDRO DONANGELO
Imagen: Christian V. Clausen


octubre 15, 2021

Tracy K. Smith

Vida en Marte


Dios mío, está lleno de estrellas     

  

  
3


 
Quizá el gran error sea creer que estamos solos, 
que los otros vinieron y se marcharon -en un abrir y cerrar de ojos- 
cuando en toda su extensión, el universo podría estar congestionado, 
repleto hasta los bordes de energías que jamás sentimos 
ni vemos, que se adhieren a nosotros, viviendo, muriendo, diciendo, 
pisando con pies de plomo cualquier planeta, 
doblegando a las estrellas gigantes que dominan, arrojando rocas 
a cualquiera de sus lunas. Viven preguntándose 
si son los únicos, sólo conocen el deseo de conocer, 
y esa gran distancia negra en la que ellos -y nosotros- palpitamos. 
Quizá los muertos comprendan, sus ojos abiertos al final, 
viendo las altas luces de un millón de galaxias tilitando 
en el crepúsculo. Oyendo la ignición de motores, trompas 
que no dan tregua, el frenesí del ser. Lo quiero
rayando la locura, como una radio sin dial.
Completamente abierto, para que todo se inunde de una vez.
Y bien sellado, para que nada escape. Ni siquiera el tiempo
que ha de curvarse sobre sí mismo y hacer un bucle como el humo.
Entonces yo podría estar ahora sentada con mi padre
mientras pone su fósforo encendido en el hueco de su pipa
por primera vez en el invierno de 1959.



4



En esas últimas escenas de 2001, de Kubrick,
cuando Dave es sacudido en el centro del espacio,
en el que se despliega una aurora de luz orgásmica
antes de abrirse ampliamente, como una orquídea salvaje
para una abeja perdidamente enamorada, y después se diluye
como la pintura en el agua, y entonces una gasa brota y desaparece,
antes, por fin, la marea de la noche, luminiscente
y confusa, se arremolina dentro, una y otra vez…

En las últimas escenas, mientras él flota
por encima de los grandes cañones y de los mares de Júpiter,
en los llanos inundados de lava y en las montañas
congeladas, en todo ese tiempo, él no parpadea.
En su pequeña nave, pilotando a ciegas, sacudido
a través de la pantalla panorámica del tiempo indivisible,
¿Qué brillará en su mente?

¿Sigue moviéndose en la vida,
o termina al final de lo que se puede nombrar?

En el plató, una toma tras otra, Kubrick disfruta,
después el vestuario vuelve a sus estantes
y la gran sala iluminada se apaga.



5



Cuando mi padre trabajaba en el Telescopio Hubble, dijo
que trabajaban como cirujanos: desinfectados y empapelados
de verde, un frío aséptico y luz blanca en la sala.

Leía a Larry Nieven en casa, bebía whisky escocés con hielo,
sus ojos exhaustos y enrojecidos. Eran los años de Reagan,
cuando vivíamos con el dedo sobre El Botón y nos esforzábamos

por ver a nuestros enemigos como a niños. Mi padre pasó temporadas enteras
postrado ante el ojo del oráculo, hambriento de hallazgos.
Su rostro se iluminaba cada vez que alguien le preguntaba, y levantaba los brazos

como si flotara, confortablemente en la interminable
noche del espacio. En el patio atábamos a los globos mensajes
de paz. El príncipe Carlos se casó con Lady Di. Murió Rock Hudson.

Aprendimos nuevos nombres para las cosas. Cambiamos de década.

Las primeras imágenes llegaron borrosas y me sentí avergonzada
de todos aquellos alegres ingenieros, mi padre y su tribu. La segunda vez
las lentes acertaron. Vimos hasta el confín de todo lo que allí había.

Tan brutal y tan vivo, que parecía abrazarnos.



Cuando tu pequeña forma descendió hasta mí




me tumbo como una alfombra de leopardo en la cama:
boca abajo, con las piernas abiertas. Era invierno.
Día de trabajo. Tu padre posaba los pies en el suelo.
Arriba, los niños arrastraban algo hacia adelante y hacia atrás,
haciendo chirriar las ruedas. Me quedé vacía, sacudida
por lo que se genera, como un torbellino, e irrumpe
todas las noches en esta habitación. Tú has debido ver
como se sentía siempre, buscando
lo que nos arrasó como un incendio.
Necesitando el peso, deseando el deseo, muriendo
para descender hasta la carne, la culpa, el breve éxtasis de la espera.
¿De qué sueño del mundo te retorcías liberada?
¿Qué se elevó -y qué dolió- cuando dirigiste tu voluntad
hasta el sí de mi cuerpo tan vivo entre las sábanas?


Todo lo que siempre fue




Como una gran estela, ondulándose
infinitamente en la distancia de todo

Lo que siempre fue, aún es, en algún lugar,
flotando cerca de la superficie, manteniendo
su hambre de ti o de mí

y el presente que hemos nombrado
y del que hemos hecho un lugar.

Como la marejada, a veces
resurge, reclamando un pedacito
de donde nos hallamos.

Como el viento que la lluvia azota,
barre las hojas de un lado a otro,

batiendo las ventanas
que no cerramos con la rapidez suficiente.
El agua embarrada tardará días en secar.

Nos sorprendió anoche en mi sueño.
Comida caída del cielo. Puesta directamente

entre nosotros, mientras tus ojos
giraban hacia los míos, y mis manos
se posaron enhebrando un hilo en mi regazo.

Sostenido, era tan delgado. Y cuando al final
tú me alcanzaste, se retiró,

desolado, pero no vencido. Hoy
fuera lo que fuera parecía escaso, un rastro
de nube ascendiendo como el humo.

Y los árboles que miran mientras escribo
se balancean con la brisa, como si todo cuanto se agita

bajo el barro fuera un pequeño cosquilleo del conocimiento.
Las grandes raíces ciegas se reirán
y empujarán tarde o temprano más allá.



My God, It's Full of Stars



3.


 
Perhaps the great error is believing we’re alone,
That the others have come and gone—a momentary blip—
When all along, space might be choc-full of traffic,
Bursting at the seams with energy we neither feel
Nor see, flush against us, living, dying, deciding,
Setting solid feet down on planets everywhere,
Bowing to the great stars that command, pitching stones
At whatever are their moons. They live wondering
If they are the only ones, knowing only the wish to know,
And the great black distance they—we—flicker in.
Maybe the dead know, their eyes widening at last,
Seeing the high beams of a million galaxies flick on
At twilight. Hearing the engines flare, the horns
Not letting up, the frenzy of being. I want to be
One notch below bedlam, like a radio without a dial.
Wide open, so everything floods in at once.
And sealed tight, so nothing escapes. Not even time,
Which should curl in on itself and loop around like smoke.
So that I might be sitting now beside my father
As he raises a lit match to the bowl of his pipe
For the first time in the winter of 1959.
 


4. 


 
In those last scenes of Kubrick’s 2001
When Dave is whisked into the center of space,
Which unfurls in an aurora of orgasmic light
Before opening wide, like a jungle orchid
For a love-struck bee, then goes liquid,
Paint-in-water, and then gauze wafting out and off,
Before, finally, the night tide, luminescent
And vague, swirls in, and on and on. . . . 
 
In those last scenes, as he floats
Above Jupiter’s vast canyons and seas,
Over the lava strewn plains and mountains
Packed in ice, that whole time, he doesn’t blink.
In his little ship, blind to what he rides, whisked
Across the wide-screen of unparcelled time,
Who knows what blazes through his mind?
Is it still his life he moves through, or does
That end at the end of what he can name?
 
On set, it’s shot after shot till Kubrick is happy,
Then the costumes go back on their racks
And the great gleaming set goes black.
 

 
5.


 
When my father worked on the Hubble Telescope, he said
They operated like surgeons: scrubbed and sheathed
In papery green, the room a clean cold, a bright white.
 
He’d read Larry Niven at home, and drink scotch on the rocks,
His eyes exhausted and pink. These were the Reagan years,
When we lived with our finger on The Button and struggled
 
To view our enemies as children. My father spent whole seasons
Bowing before the oracle-eye, hungry for what it would find.
His face lit-up whenever anyone asked, and his arms would rise
 
As if he were weightless, perfectly at ease in the never-ending
Night of space. On the ground, we tied postcards to balloons
For peace. Prince Charles married Lady Di. Rock Hudson died.
 
We learned new words for things. The decade changed.
 
The first few pictures came back blurred, and I felt ashamed
For all the cheerful engineers, my father and his tribe. The second time,
The optics jibed. We saw to the edge of all there is—
 
So brutal and alive it seemed to comprehend us back.



“When Your Small Form Tumbled into Me"




I lay sprawled like a big-game rug across the bed:
Belly down, legs wishbone-wide. It was winter.
Workaday. Your father swung his feet to the floor.
The kids upstairs dragged something back and forth
On shrieking wheels. I was empty, blown-through
By whatever swells, swirling, and then breaks
Night after night upon that room. You must have watched
For what felt like forever, wanting to be
What we passed back and forth between us like fire.
Wanting weight, desiring desire, dying
To descend into flesh, fault, the brief ecstasy of being.
From what dream of world did you wriggle free?
What soared — and what grieved — when you aimed your will
At the yes of my body alive like that on the sheets?”



Everything That Ever Was




Like a wide wake, rippling
Infinitely into the distance, everything

That ever was still is, somewhere,
Floating near the surface, nursing
Its hunger for you and me

And the now we’ve named
And made a place of.

Like groundswell sometimes
It surges up, claiming a little piece
Of where we stand.

Like the wind the rains ride in on,
It sweeps across the leaves,

Pushing in past the windows
We didn’t slam quickly enough.
Dark water it will take days to drain.

It surprised us last night in my sleep.
Brought food, a gift. Stood squarely

There between us, while your eyes
Danced toward mine, and my hands
Sat working a thread in my lap.

Up close, it was so thin. And when finally
You reached for me, it backed away,

Bereft, but not vanquished, Today,
Whatever it was seems slight, a trail
Of cloud rising up like smoke.

And the trees that watch as I write
Sway in the breeze, as if all that stirs

Under the soil is a little tickle of knowledge
The great blind roots will tease through
And push eventually past.




TRACY K. SMITH (1972, Falmouth, Massachusetts, Estados Unidos de NA)
Enlaces: Isliada | Ginebra Magnolia | Carlos Alcorta
Traducción: Luna Miguel

octubre 13, 2021

Ignacio Uranga: Quizá mañana al fin

The Cove, poesía, delfín


UNA invitación a música celta mi Outlook acumula, lanzamientos 
del FCE, promociones, la reconfiguración de arribos y despegues 
de LAN y Copa Airlines, alguien adjunta un cable para que vea 
al sirio-kurdo Aylan Kurdi dormido en la costa del mediterráneo 
remera roja, pantalones azules: plegaria, mil niños dormidos 
que no están: para siempre entera se apagó la infancia en el mundo: 
además noticias de que la civilizada Europa cierra las fronteras: acaso 
no recordarías mi nombre siquiera, y en tal motivo, Daniela, no diría 
en mi Outlook “Daniela” nunca, pensaba, mientras escribía un ensayo 
sobre el mandamiento primero no matarás y la demanda de amor 
en el rostro del otro, el tuyo, por ejemplo, cara a cara pensándote 
esta madrugada en que suena cansable el teléfono y alguien 3:55 am 
pregunta qué, si no hay sueño: nombró melatonina, neurotransmisores 
ritmos circadianos, parámetros y niveles, hipótesis bioquímicas: 
entre tanto, Erlösung, pensaba, de Walter Benajmin, incomprendido 
viejo Walter, en un cuarto que pagó de Port Bou y la dosis de morfina 
contra la Gestapo: Erlösung para el ensayo sobre versos de Ernesto: 
liberación, en dimensión política; redención, en la teológica: 
Erlösung dije la noche del 30 de agosto después de que fueras 
sobre escena una tal Amelia, por Federico escrita en la dictadura 
española ejecutado, mientras el principio de esperanza (Hoffen) 
en mi Outlook, lleno de tantas otras cosas, cosas graves, tan graves 
tal cual la gravedad de aquello que Mushtad contó a Dios inexplicable 
lo que es capaz de hacer el hombre al hombre, al niño incluso: soñaba 
entre tantas salvas de artillería, esperanzado, aparecieras, apareciera 
una palabra al menos, sincera tu palabra, fuera de escena o un set 
sin producción de maquillaje, imposible recordar tu palabra sin 
también recordarte, Daniela: dijeras acaso alguna tarde, una tarde 
cualquiera, algo que haga un momento, una pausa, algo que dijeras 
para estos días, días de vida, tuyos y míos, desde luego, en los que 
no estarás, lo sé, Daniela, pero sí estarás, semejante a una palmada 
de Ibis Escarlata, esos pájaros tropicales con la ternura de ir en V 
a los manglares de Isla Trinidad, ya cerca la noche, con frío, semejante 
la escena a tus cuadros estilo Paul Klee, a momentos Marc Chagall: 
algún día, un día cualquiera, quizá mañana al fin, en que no estés pero 
también estés, porque sé que no estarás, pero imposible de pensar 
tu palabra sin pensarte a vos: estarás entonces, seremos La Promenade 
de Chagall, alguien por irse de la mano de alguien para no irse, y 
otra vez tu mano, entonces, Daniela, que no tomé el pasado 30 
cuando dijiste más de una vez tenías frío, la escena era El Muelle 
de Bercy ahora, porque en los muelles, verás, alguien parte sin mano 
alguna que retenga, aunque no estés, pero sí estés, Daniela, porque 
imposible de pensar tu voz, el 30 último de agosto, sin pensarte ahora 



THE Cove mostró la caza anual en Taiji, Wakayama, Japón 
y el reporte arroja una cifra de 25 mil delfines y marsopas 
por la industria de cetáceos nacional cazados: la captura 
en Taiji del cetáceo se hizo triste y sencillamente acreditada: 
muestra ahora la pantalla en el Whale Museum de Taiji un 
ejemplar cautivo de inia geoffrensis, delfín rosado: Taiji Whale 
Museum, conjuntamente con la Universidad de Ciencias Marinas 
y Tecnología y el Instituto de Investigación de Cetáceos, Tokio 
ambos, circularon el pasado marzo un estudio sobre el caso: 
es albino en verdad este cetáceo, y el sistema tegumentario 
no torna rosa por cromatóforos ni bio luminiscencia alguna: 
es delgado y entonces claro se divisa la fluencia de la sangre: 
Lori, neuroanatónomo de la Universidad de Emory, Atlanta 
asegura el delfín es tan inteligente como el hombre, sin embargo 
agoniza la especie: masivamente están muriendo y no obstante 
30 mil al menos en Japón habrán de morir el próximo semestre 
visto esto en la pantalla del Centro de Día en Constanza, Rumania 
donde un niño abandonado preguntó cómo duerme el delfín: 
sobre la estela de otro duerme, cercano a superficie, para vivir: 
para vivir precisa aire sobre el espiráculo el delfín dormido incluso 
y de la estela de un delfín para seguir viviendo cuando duerme: esto 
porque Ceausescu Nicolae en el ´67 intentó crecer el número de 
gentes en Rumania: fue prohibido entonces el anticonceptivo 
y creció niños desnutridos con el Decreto 770, en el abandono 
de orfanatos: Ceausescu Nicolae institucionalizó las minitransfusiones 
por anemia, desnutrición en niños de orfanatos de Rumania:seropositivo 
e infección retroviral fue el saldo en al menos 5 mil nacidos del ´87 al 90´: 
Romanian Angel Appeal se ocupó del caso y niños seropositivos son 
tratados en Sonrisa de Girasol, centros de día localizados en Giurgiu 
Bacau, Brasov, Bucarest, Craiova, Petrosani, Galati y Constanza, donde 
Vlad Ionuts preguntó, tras ver en la pantalla al Ángel rosa de Taiji en el 
Whale Museum de Wakayama, tornado rosa desde el blanco, sin saber 
en absoluto sobre el genocidio, ante la pantalla, nombrado Cici 
abandonado al nacer, mientras el Estado ha recortado el presupuesto 
por el pleno proceso de negociaciones con el FMI, Cici pregunta 
preguntó Cici por el delfín, por cómo duerme, preguntó Cici, cuando 
duerme, en el sin recursos Hospital de Virología y Enfermedades 
Infecciosas de Constanza, Rumania, y el recortante económico Estado 
con el FMI logrando acuerdos, cómo, dijo, duerme cuando duerme 
Cici preguntó por el delfín, sobre el delfín Cici dos veces abandonado 
pregunta cómo, cuando duerme, hace para vivir, para seguir viviendo 



Otros poemas de IGNACIO URANGA, aquí 
Es licenciado en Letras por la Universidad Nacional del Sur. Tradujo diversos poetas del griego, latín, francés e inglés. Publicó: El ella real (Argentina, 2009), a-letheia/ramalaje (En Danza 2012, Argentina), ramalaje (Ediciones OREM, Perú, 2013), Materna (Trilce Ediciones, México, 2013 - Viajera, 2014), entonces Daniela (ed. Bilingüe, Brasil, 2014- En Danza, 2018), lo, parcialmente, hasta entonces dicho (Ediciones Aguadulce, Puerto Rico, 2015), El hombre que no duerme (Viajera, 2021) y al grave aparecer de lo que ser ahí (Barnacle, 2021). Varios de sus poemas han sido incluidos en diversas publicaciones de Argentina, Chile, México, Perú, Cuba, España, Estados Unidos e Inglaterra; entre otras, en la revista Nayagua de la Fundación Centro de Poesía José Hierro (Madrid) y en la revista-libro Sibila (Sevilla, España). Una selección de al grave aparecer de lo que ser ahí fue incluida en la revista Casa de las Américas de Cuba. Fue traducido al inglés por Michelle Gil-Montero para la revista Review: Literature and Arts of the Americas (New York) y al portugués por Alex Simoes. Ha colaborado en la revista Paradoja (Obsidiana Press, EE. UU), en Periódico de Poesía de la UNAM (México), en Urbe Salvaje (Chile) y del suplemento cultural Ñ (Argentina) y La Galla Ciencia (España). Estuvo a cargo de la selección y prólogo de la antología de poesía latinoamericana, compuesta por poemas inéditos de poetas de todos los países de Latinoamérica. Editada en La Galla Ciencia, España.

De: "Al grave aparecer de lo que, ser ahí", Barnacle 2021 
Imagen: Nathan Ford