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Mostrando las entradas de octubre, 2021

Carolyn Forché

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LA VALIJA PERDIDA   Así fue con la valija dejada al frente  del hotel —ceñida, roto el candado,  empapelada con puertos del mundo, cargando aquello que  importaba hasta entonces, cuando al voltear tu espalda  para escudar un fósforo, fue llevada, y el ladrón,  esperando objetos de valor, encontró en cambio libros escritos  entre guerras, luz dorada de áticos, pájaros mecánicos cantando,  y la crónica de las últimas horas de tu país.  Aquello en lo que, por medio de notas, esperabas convertirte:  un sustantivo en el papel, papel oscuro con sustantivos:  golondrinas volando a través de una basílica, tus manos alzándose  como humo, una nube a punto de abrirse sobre la ciudad, almohadas  respirando superficialmente donde habías yacido, un fantasma  en una bata de hospital, y aquí tu voz,  con principios, tierna, susurrando a través de  una cerca tejida con ramas de pino: La escritura es más vieja que el vid...

Stephen Crane

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Cada breve destello... Cada breve destello era una voz, una voz como una lámpara en pequeñas canciones de carmín, violeta, verde, dorado. Un coro de colores llegó hasta el agua; la maravillosa sombra de la hoja dejó de temblar, ningún pino cantó en las colinas, la noche azul fue en otra parte un silencio, cuando el coro de colores llegó hasta el agua, pequeñas canciones de carmín, violeta, verde, dorado. Menudos y brillantes guijarros arrojados sobre la oscura planicie de la tarde cantan bellas baladas de Dios y eternidad, con el descanso del alma. Pequeños sacerdotes, pequeños padres santos, nadie puede dudar de la verdad de vuestros himnos, cuando el coro maravilloso llega hasta el agua, canciones de carmín, violeta, verde, dorado. Each small gleam... Each small gleam was a voice A lantern voice In little songs of carmine, violet, green, gold. A chorus of colors came over the water; The wondrous leaf-shadow no longer wavered, No pines crooned on the hills The blue night was els...

Eileen Myles

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Televisión pública    Siempre tengo miedo.  ¿Vos no? Todo zumba  en la cocina, mi  madre comenta que  lo que estoy leyendo  se ve denso. Digo  que no, que es  sobre la televisión  y empiezo a  explicarle el  estructuralismo y  Robert Young y  al pasar menciono  Zeborah que es  donde compré  el libro—  y estoy segura  que eso fue todo   lo que mi madre   escuchó.      No sé  por qué  no me llamaste  hoy  a la mañana.     ¿Es porque  te escribí  sólo un poema  en agosto o es que te doy vergüenza? Me elevo sobre las pequeñas y sinuosas colinas de Manchester, Massachusetts.   Ahí y por la gracia de dios voy detrás de una mujer de mi edad que arrastra a dos niños.   Me apuro para volver a mi casa y recordar qué postal olvidé enviar. ¿Puedo sonar animada en una carta?   Mi madre se sienta al lado...

Eda Nicola

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9     La mesa de escribir a veces está cubierta de piedras.  De piedras de soledad. Todas nacen de la soledad. No  se mezclan con otras. Tienen una dureza que no es de  este mundo.  En días así, no me deja ni apoyar un papel, ni encontrar  un lápiz.  La primera reacción es sacar, una a una, esas piedras.  Una a una. Pero me quedaría sin manos.  Bien pensado, creo que es mejor dejarlas. Así. Ahí.  Donde crecieron y crecen.  Y que la mesa se fusione con las piedras.  Y que sea toda ella un paisaje de viva, de viva soledad.  De creciente, magnánima, magnífica soledad. Un pozo  infinito y sin nombre.  Un espacio que guarde el silencio de las cosas muertas.  Un sitio donde dar espacio a la agonía. Donde la sombra del vivir pueda estirarse, estirarse, y respirar. Donde todo lo asesinado, callado o negado pueda sembrar su semilla, dar sus frutos ingrávidos, abrir sus flores oscuras o cubiertas de sangre. ...

Anna Golubkova

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escribime una carta de verdad  en un papel cuadriculado  arrancado del cuaderno  escribila con un bolígrafo grueso azul  que gotea tinta  que las letras sean redondeadas  algo desprolijas  con terminaciones conmovedoras  y rizos   escribime una carta así  para que la lea mucho tiempo  lea y me ría  secándome las lágrimas  para que solloce de la risa  y acercándome al final  que el papel se me escape de los dedos  y planee hacia el suelo  como un pájaro blanco cuadriculado  con manchas azules  en las alas escribime una carta así … ANNA GOLUBKOVA (1973, Kalinin, Rusia) Traducción: Natalia Litvinova Fuente:  Animales en bruto Imagen en Wikipedia

Fabio Pusterla: Cualquier fragmento se admite por inútil

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Paisaje      Aquí llueve días enteros, hasta meses enteros.  Las piedras están negras de chubascos,  los senderos pesados.  En el borde de las acequias:  renacuajos, latas oscuras. Una maleta  alquitranada.    Un hilo de aceite se escurre  sobre la grava. Encima, cemento.  Si rascas la tierra: escombros,  ladrillos arrojados, dientes de conejo.    Pueden pensarse sonidos humanos,  pasos, pelotitas de tenis. Voces eventuales.  Cualquier fragmento se admite por inútil. Porque esto es el vacío hay lugar para todo y lo poco que hay es como si no hubiera. También las vías están completamente inertes, los lagartos inmóviles, los vagones olvidados. Después el gallinero. Las cosas sin historia. O afuera. Una carretilla que no tiene ruedas. Un pozo. Un balde pútrido desprovisto de fondo. El nombre de un tonto: Luigino. Plumas en la red, de gallina. Agujeros en la red. Tramas rotas. Eso que ustedes no llaman crue...

Zbigniew Herbert

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Oración de los ancianos        pero después después   ¿no nos rechazarás?  cuando se hayan ido los niños las mujeres las pacientes bestias   porque ya no soportan nuestras manos de cera  nuestros movimientos inciertos como el vuelo de mariposa   nuestro terco silencio y nuestra habla de tos   y está cerca el día en que el mundo encogido en nuestro ojo   quitarán como una lágrima y romperán como un cristal   cuando de pronto ábrase el cajón de la memoria  me pregunto   si entonces  nos volverás a amparar  pues será como regresar a las rodillas de la infancia   al enorme árbol a la estancia oscura  a la conversación interrumpida al llanto sin dolor lo sé es una cuestión de sangre y nosotros místicos perezosos que arrastramos los pies  con el deformado salmo de nuestros dedos corcovados  escuchamos cómo por nuestras venas va cayendo la arena  y en...

John Wieners

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Actos de juventud      Y con espanto habito en medio de la noche  ¿Qué ruinas de la mente me esperan, qué drogas  turbarán mis sentidos, qué poco me queda,  cuánto más puede perderse?    El miedo al viaje, al futuro sin esperanza  o salvavidas. Debo salir de aquí y ver  que el miedo no está fuera: está dentro  a no ser que algún acto o calamidad repentina    me arrastre al hospital, destruido, sin  recuerdos ya; o peor incluso, tras las rejas. Si  pudiera sólo irme del país. Cualquier sitio  en el que puedas comerte el loto en paz.    Pues en este país el terror y la pobreza me esperan; o  soy hombre marcado, mi vida una lección  o experiencia para jóvenes que sigan  mis pasos, sin Dios    a no ser un Dios de justicia, para tomar venganza por actos cometidos de joven bajo in- justa influencia de las circunstancias. Ah, he visto siempre mi vida como drama, modelada según aqu...

Romina Freschi, dos poemas inéditos

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Nostalgia     el pasado es finalmente pasado  y puedo entrar en él  como en una habitación    Lo intacto  en el olvido  parece vivo  revivido    Hay cosas ¿razones?  que lo ligan al presente  que  desde el ocultamiento  del olvido  no se ven    pero   en la vivacidad nueva  del pasado  nuevo  aparecen    la zanja que nos separa  y su agua sucia  colorea las mejillas    el brillo de lo que estuvo vivo  está vivo en el pasado también  no murió todavía  todo lo que murió  vive en él      inmejorable perla  sin futuro, sin aire  deja ver la hilacha  la fuerza  de hoy    Vocación      Todo en mi vida me llevó a este momento Animal instinct y todo Cranberries  en mi cabeza Dolores canta siempre mi padre ha muerto hace menos de un mes escribo hoy en su compu...

Robert Krajewski

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Robert fue un poeta que creció en la misma ciudad que yo, una mediana y postindustial ciudad de provincia en Polonia central. También estudiábamos en el mismo instituto. Las clases de Lengua y Literatura nos marcaron a ambos. Nos enseñaba el profesor Włodzimierz Rutkowski, que convertía estas horas en obras de arte, en unas clases magistrales de nivel académico. Participábamos en los mismos concursos literarios solo que yo lo hice siete años más tarde. Robert murió a los 21 años a causa de un hematoma intracraneal cuya existencia ignoraba. Dejó 77 poemas, que los críticos incluyen dentro de la corriente de la imaginación envalentonada (junto con Roman Honet ). Le obsesionaba la muerte, la búsqueda de la ternura en un mundo donde el amor es imposible. Su fuerza radica en la absoluta sinceridad que implica nihilismo y una postura crítica. Su último poemario (1991) se titula "Algo de una tortura latente". no hay claridad omnipresente y no puedo ver tus ojos te sorprenderá que ...

Escrito aún provisorio

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m ira la pared y el verso que escribo no se anima.    Después del primer aliento, el Gran Abismo.    Los versos no circulan nada,  parten y retornan siempre por el mismo punto,    una lenta estela   que repentinamente oscurecen los nubarrones.    Las paredes se alzan como olas  y una chica en el Rosedal parece Merle Oberon, la del cine.    Mira la pared y los versos que no circulan nada  poco la reflejan.  ¿Y si apaga la luz que acompaña la espera?  Si apaga el miedo a la gigantesca oruga              que se abalanza hacia el andén en fuga,  si apaga la luz a las noches del redoblante, ¿la muerte continúa?  Las aguas desembocan en el Gran Abismo.  "Nunca me habla", le comenta a mi padre . Las aguas caen,  ensordecen.  ® PEDRO DONANGELO Imagen: Christian V. Clausen

Tracy K. Smith

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Dios mío, está lleno de estrellas            3   Quizá el gran error sea creer que estamos solos,  que los otros vinieron y se marcharon -en un abrir y cerrar de ojos-  cuando en toda su extensión, el universo podría estar congestionado,  repleto hasta los bordes de energías que jamás sentimos  ni vemos, que se adhieren a nosotros, viviendo, muriendo, diciendo,  pisando con pies de plomo cualquier planeta,  doblegando a las estrellas gigantes que dominan, arrojando rocas  a cualquiera de sus lunas. Viven preguntándose  si son los únicos, sólo conocen el deseo de conocer,  y esa gran distancia negra en la que ellos -y nosotros- palpitamos.  Quizá los muertos comprendan, sus ojos abiertos al final,  viendo las altas luces de un millón de galaxias tilitando  en el crepúsculo. Oyendo la ignición de motores, trompas  que no dan tregua, el frenesí del ser. Lo quiero rayando la locura, como...

Ignacio Uranga: Quizá mañana al fin

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UNA  invitación a música celta mi Outlook acumula, lanzamientos  del FCE, promociones, la reconfiguración de arribos y despegues  de LAN y Copa Airlines, alguien adjunta un cable para que vea  al sirio-kurdo Aylan Kurdi dormido en la costa del mediterráneo  remera roja, pantalones azules: plegaria, mil niños dormidos  que no están: para siempre entera se apagó la infancia en el mundo:  además noticias de que la civilizada Europa cierra las fronteras: acaso  no recordarías mi nombre siquiera, y en tal motivo, Daniela, no diría  en mi Outlook “Daniela” nunca, pensaba, mientras escribía un ensayo  sobre el mandamiento primero no matarás y la demanda de amor  en el rostro del otro, el tuyo, por ejemplo, cara a cara pensándote  esta madrugada en que suena cansable el teléfono y alguien 3:55 am  pregunta qué, si no hay sueño: nombró melatonina, neurotransmisores  ritmos circadianos, parámetros y niveles, hipótesis bioquímic...