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Mostrando las entradas de febrero, 2010

Mario Sampaolesi

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La bañista Un poco de espuma cubre las huellas de una bañista que, sola al atardecer, pasea. Ella ve cómo se hunde en el mar el esplendor de otro cuerpo; su opacidad también yace bajo el agua. Cuando emerja, la sombra habrá sido desprendida por el oleaje: a partir de ese instante formará parte del Océano. Fuera ya de su realidad será arrastrada por las mareas, contaminada por el plancton, atravesada por cardúmenes plateados. Las olas agonizan contra la plana extensión de la playa. Tal vez, arrojen el sentido oculto del cielo y recojan en la transitoria veleidad de su fuga, la posibilidad del arrepentimiento. Quedan caparazones, objetos de plástico, la certeza de afligir a otros un dolor, aguas vivas, el óxido de una caricia, restos de vacaciones sobre la arena. MARIO SAMPAOLESI  (Buenos Aires, Argentina,  1955) De: Revista Eñe

Bruno Di Benedetto

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Tanguito del espejo quisieras tocarlo a ese que está ahí en el fondo darle un empujón de luz en la nuca decirle aunque sea nomás por señas que las rajaduras son del vidrio y no de la mirada que no es el aliento el que empaña por más que respirar duela quisieras besarlo a ese que está ahí darle aunque sea nomás un tirón de orejas feliz cumpleaños decirle regalarle este lado de la vida prenderle velitas sos un santo decirle mirá qué vida estás haciendo decirle silbate un tango decirle salí a mirar decirle antes de que Algo apague la luz. BRUNO DI BENEDETTO  (1955,Provincia de Buenos Aires, Argentina) De:www.dormiresunoficioinseguro.blogspot.com Imagen: laseleccionesafectivas.blogspot.com

Sergio Bizzio

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Está bien, iba a decir está bien todo esto. No sabía cuánto podías hundirte y con qué pesadez. Teníamos las manos en la rueda, apoyada todavía un poco más sobre la seca rueda y no sabía cuánto podías hundirte y con qué. Siempre se deja caer un poco la cabeza. La rueda corre locamente a lo largo de uno o dos milímetros, cuando tu mano la detiene. Un año, a lo lejos, contempla -y con qué diversidad-mi cara,  que fue una vez de barro y otra vez  (por temor a estar ausente) la tuya. Que vuelvas es cuestión de espacio. No tan grave, quizá, pero hay algo de ceniza en el agua que tomo y pienso lo que duele no es la muerte sino tu mano lejos de la rueda. No puede ser la muerte lo que duela. Alguien ha dicho no puede ser la muerte lo que duela. SERGIO BIZZIO  (1956, Villa Ramallo, Buenos Aires, Argentina) De: "Gran salón con piano", Ediciones Salido 1982 Imagen en Belisle

Blaise Cendrars

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Sao Paolo Railway C° El rápido está levantando presión Nos instalamos en un Pullman pompeyano que se asemeja a los ..... confortables vagones de los ferrocarriles egipcios Estamos en torno a una mesa de bridge en anchos sillones de .... mimbre Hay un bar en el extremo del vagón donde tomo el primer café .... de Santos Al partir nos cruzamos con un convoy de vagones blancos que .... llevan esta inscripción Caloric Cy Qué va Me ahogo Escribir Mi máquina golpea ritmicamente Suena al cabo de cada línea Los engranajes producen sonidos guturales De tanto en tanto me recuesto en mi sillón de junco y suelto una ...... gran bocanada de humo Mi cigarrillo está siempre encendido Entonces escucho el ruido de las olas El gorgoteo del agua estrangulada en la cañería del lavabo Me levanto y baño mi mano en el agua fría O me perfumo Tapé el espejo del armario para no verme escribir El ojo de buey es una rodaja de sol Cuando pienso resuena como la piel de un tambor y habla fuerte Adrienne Lecouvreur* y...

Tedi López Mills

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Nieve Lo más extraño de la nieve es no haberla visto pero convocarla como un hábito del asombro o una condición de ciertas palabras. La nieve solícita de Lezama, por ejemplo, su nieve perpleja en el trigo, su festón enhebrado de nieve, su pulpa cortesana, sus insectos ciegos a pique por el flanco frío, sus nieves declamadas, sus nieves invitadas , sus nieves que escrutan gamos en el bosque y hojas cubiertas por la escarcha de una luz tan tenue como la fábula del invierno fijo en las palmeras que se deshace con el primer golpe de sol, su rastro de arena, y la brisa canicular pintada de verde. ¿Qué es esa nieve retenida por sus paradojas? ¿La nieve de alguien, íntima e intransmisible, o la nieve del mundo? Una analogía redundante: si el mármol es parásito de la nieve —no a la inversa— la cercanía blanca es tan absoluta que entonces se anula. Y no hay conocimiento. Pero con otros colores, con otros hechos el símil puede tener la consistencia de un acto. Nunca he visto el muérdago, su ama...

Antonio Cisneros: Reconstruido por el Duque de Saboya

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Hospital de Broussailles en Cannes Casi no hay diferencia entre el Palacio de los Deportes y este Hospital Para los 2 sopla el viento y brilla el sol y los turistas no chillan en ninguna de sus puertas (Allá tienen el Fuerte Fenicio reconstruido por Trajano .................................................... reconstruido por el Duque de Saboya .................................................... reconstruido por Grimaldi .................................................... reconstruido por De Gaulle) El Hospital y el Palacio son blancos El Hospital y el Palacio 1 son franceses ... ..................................... 2 son de cemento Son el Titanic y el Íle de France encallados a unos cuantos kilómetros de agua Son el Plan Marshall El Palacio está lleno de jóvenes que practican deportes En el Hospital estoy yo y me han sacado ................................................................ 4 tubos de sangre ..... ........................................................... 6 botellas ...

Alejandro Crotto

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En el haras Vadarkablar Hasta el corral de tierra y tablas trajeron al retajo, un criollo sin halo genealógico, sin nombre inglés o propio o sangre pura, a que probara conocer si estaba lista la alazana alzada como un dios entre jejenes en la luz amarilla de la tarde con tormenta de fondo; a ver si estaba honda y dispuesta, veterinarios jóvenes de blancos guardapolvos entreabiertos entraron el retajo lazo al cuello, y el caballo meneaba cabizbajo entre resoplos la cabeza y de repente la levantaba señalando a la alazana espléndida; y la yegua tirante, sus ollares finísimos alerta, casi ciervo, miraba de reojo mientras daba su grupa florecida, y se hizo agua un poquito, se iba abriendo, parpadeaba su sexo, y apartaba la cola, y el criollo era potencia aproximándose creciente hasta montar la yegua, y lo desviaron las manos enguantadas, lo sacaron tirándolo del lazo y uno dijo "está lista, buscalo al Equalize que por las dudas la maneo" y mientras se acercaba por momentos de cost...

Griselda García

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La siembra Hice de tu abundancia un banquete egoísta  un rito privado una fiesta de uno. Pude verte pero no supe decir tu nombre nI velar tu sueño. Asustaba lo grave de tu canto tu insistencia en dar verdad. Cerré los ojos. Borré el Rastro que llevaba que a vos. Como frutas que había de multiplicar me encontré, después Diciendo a otros tus palabras amando como un animal frágil como una larva en su capullo. Ahora: la siembra. Esperaré con la paciencia del que deseó y obtuvo. GRISELDA GARCÍA  (Buenos Aires, Argentina, 1979) De: "El ojo del que mira", Ediciones La Carta de Oliver, 2009 Imagen: letradecambiogeneracionveintiuno

Álvaro Mutis

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"Un bell morir..." De pie en una barca detenida en medio del río cuyas aguas pasan en lento remolino de lodos y raíces, el misionero bendice la familia del cacique. Los frutos, las joyas de cristal, los animales, la selva, reciben los breves signos de la bienaventuraza. Cuando descienda la mano habré muerto en mi alcoba cuyas ventanas vibran al paso del tranvía y el lechero acudirá en vano por sus botellas vacías. Para entonces quedará bien poco de nuestra historia, algunos retratos en desorden, unas cartas guardadas no sé dónde, lo dicho aquel día al desnudarte en el campo. Todo irá desvaneciéndose en el olvido y el grito de un mono, el manar blancuzco de la savia por la herida corteza del caucho, el chapoteo de las aguas contra la quilla en viaje, serán asunto más memorable que nuestros largos abrazos. ÁLVARO MUTIS  (1923. Bogotá, Colombia / 2013, Ciudad de México, México)

Jorge Fernández Granados

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Los peces Fuimos bajando hasta el fondo por las calles del puerto. La noche remaba en el abismo de los ojos. No recuerdo qué tanto la brisa nos cubrió de sal y estrellas. Es conveniente dormir a menos que amanezca, dijo, pero éramos legión para esas horas ya rancias de cantinas. El ron juntó a los peces y a todas las criaturas que no duermen esa noche de pescadores y viajantes, de grasa y aguacero. Emigramos a La Luna, que era una carpa improvisada en los dudosos territorios del suburbio. Sudores y cervezas, baile, sedimento de géneros grotescos de alegría, se fueron combinando con torpeza hasta temblar en una sombra, un amasijo de danza, alcohol y extrañas vidas. Los círculos que lees con tu mirada no están en realidad aquí, pero a ti te fue dado contemplarlos, —dijo sonriendo y se perdió bajo los cuerpos en la anchurosa fiesta de esa carne. El ritmo gobernaba la sordidez o la gracia y en medio de su lago nos fundimos. Más tarde, ya cansados los pocos rezagados en La Luna, sin sueño y...