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Mostrando las entradas de abril, 2010

Cromwell Castillo Cabrejos

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Esta vez su disposición adquiere la forma de mi lenguaje, es decir, su aspecto se hace universal desde mi boca. De todas sus posibles determinaciones, aquí, en lo habitable, sólo se espera su adaptabilidad; después de esto, quizá ella deba ser algo que no comprenda. Pero lo no comprendido se explica también a partir de mi desorden: Silenciosa ventaja suya la de enturbiar mi contenido. Todo forma y se deforma magníficamente a partir de su espacio, entonces, de mi voz a lo insondable, ella es un poema transmutando sus abismos. 2 Al representarla, también esta hoja mimetiza su apariencia y se torna transparente: No hay nada aquí que no se advierta, no hay nada aquí que no contenga su curso y fluya desde su impenetrable hondura. A veces ella, en este fondo blanco, no resiste su propia densidad y pareciera recortarse a medida que tocan sus giros, mis palabras. Pero no, siempre desde estos trazos desbordará su cualidad a más imágenes, entonces su retorno seguirá siempre cambiante y escurridi...

Juan Gelman

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Viendo en particular la gran mujer que era esa tarde metida en su dulzura cómo se doblegaba tierna de por sí por las calles más últimas los árboles los patios rostros como entregados a escándalos de olvido la puta la bellísima llena de súbitas mujeres como arrepentimientos como culpas las repartidas por el aire llamando a la tormenta las soñaban los hombres de la mar las inventaban por los camarotes de espaldas al océano mecidos mujeres altas bellas negras madres disparos de su carne tetísimas muslísimas las sufridoras de hijos pasaban por Dakar era Dakar exactamente los sargentos de lármée coloniale y los estibadores cubiéndose la rabia con el cuerpo yvonne envuelta en llamas perseguida por jabalíes de oro la puta la bellísima con apenas su cuerpo mulato contra el mundo su cuerpo celebrado conversado en borneo acariciado amado yvonne la capital de diversas catástrofes y olvidos escrita en las paredes de todos los alcoles yvonne que odiaba a los franceses por sus ojos pasaban los c...

Jacques Prévert: Domingo

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Domingo     Entre las filas de los árboles de la avenida de Los Gobelinos una estatua de mármol me conduce de la mano Hoy es domingo los cines están repletos Los pájaros desde las ramas contemplan a las criaturas hunanas Y la estatua me besa pero nadie nos ve salvo un niño ciego que nos señala con el dedo Bárbara Acuérdate Bárbara llovía sin cesar en Brest aquel día y marchabas sonriente dichosa embelesada empapada bajo la lluvia Acuérdate Bárbara llovía sin cesar en Brest y me crucé contigo en la calle de Siam sonreías  yo también sonreía Acuérdate Bárbara tú a quien yo no conocía tú que no me conocías Acuérdate Acuérdate pese a todo de aquel día no lo olvides un hombre se cobijaba en un portal y gritó tu nombre Bárbara y corriste hacia él bajo la lluvia empapada embelesada dichosa y te echaste en sus brazos Acuérdate de eso Bárbara y no te ofendas si te tuteo yo tuteo a todos los que amo aunque los haya visto sólo una vez tuteo a todos los que aman aunque no los co...

Joaquín O. Giannuzzi

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Susurro personal     Por alguna razón, al anochecer,  mi corazón late como una ametralladora. El cardiólogo me ha dicho: controle su vida emocional. Me pregunto si no habrá allá dentro una verdad que intenta abrirse paso. Vuelvo una mano al pecho buscando una fe en la oscuridad de mi mismo. La pulsación interna del yo parece apresurarse hacia una descomposición indescifrable. El ritmo cardíaco es un tiempo en estado impersonal. Esta es la única certeza que encuentro. Los golpes sanguíneos de un tambor cerrado sobre el vacío. No hay noticias profundas sobre J.O.G. sino este susurro fisiológico, el zumbido que hoy fui dejando a mi paso a través de calles, edificios y cuerpos cerrados. Un rastro de baba que recorrió el mundo y está de regreso a esta habitación. Mi hija se viste y sale El perfume nocturno instala su cuerpo en una segunda perfección de lo natural. Por la gracia de su vida la noche comienza azul y el cuarto iluminado es una palpitación de joven felino. Aho...

Alejandra Pizarnik: Anillos de ceniza

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Anillos de ceniza     Son mis voces cantando  para que no canten ellos,  los amordazados grismente en el alba,  los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.    Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición del sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta, para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio. ALEJANDRA PIZARNIK  (Buenos Aires, Argentina, 1936/1972) De: "Los trabajos y las noches", Editorial Sudamericana, 1965 Imagen: sololiteratura.com

Daniel Salzano: La rosa de cobre que inventó Roberto Arlt

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46) Desterrados en un paisaje He visto a un tigre rondar el amor hirviendo de una dalia He visto a un árbol sollozar por un codazo de la muerte He visto a soldados que dormián con un libro de Faulkner y un paquete de Criollitas Y he visto grandes campamentos donde entre fueguitos conocí al hijo de Celedonio Flores al Hombre que Robó el Bandoneón de Aníbal Troilo a la mujer que guardaba en un cofre la rosa de cobre que inventó Roberto Arlt En fin todos ellos buenos tipos hermosos tiempos que me pedían gentilmente antes de dormirse -disertate algo  sobre la estopa de tu corazón DANIEL SALZANO  (1941 / 2014, Ciudad de Córboba, Córdoba, Argentina) De: "Versos que escribí para que tocara Jelly", Ediciones Olocco, 1974 Imagen:www.cbanoticias.net

Javier Foguet

Messagio a Guiseppina Querida luna al fondo de una gruta entre las nubes: la fugacidad del tren y de los rayos que enviamos (los que adentro vamos) hasta ti antes de perderte atesórala un tramo de tu viaje: un paso tuyo son un millón de los nuestros y es sincero -no pesa- su mensaje. Javier Foguet (San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1977)

Francois Villon

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IV. BALADA (De las contra-verdades) No hay preocupación, más que cuando se tiene hambre; ni servicio, más que de enemigo; ni se saborea si no es un fardo de heno; ni gran vigilancia sino de hombre adormilado; ni clemencia sino de traición; ni seguridad sino de miedosos; ni lealtad, sino del regenerado; ni más sensato que el enamorado. No hay engendramiento sino en los baños; ni buena fama sino de hombre afrentado; ni risa sino después de un puñetazo; ni prestigio, sino tras negar deudas; ni auténtico amor, sino en la adulación; ni buen encuentro, sino con los desgraciados;  ni verdadero informe, sino en la mentira; ni más sensato que el enamorado. Ni reposo semejante a vivir en la preocupación; ni se puede hacer honor mayor que decir bah ; ni vanagloria, sino de falsos acuñadores; ni salud, sino la de hombre abotargado; ni alta osadía, sino en la cobardía; ni razón, más que en el enfurecido, ni dulzura, sino en la mujer aturdida; ni más sensato que el enamorado. ¿Qu...

El triángulo eterno

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Santa Ana, con la Virgen y el Niño  o  La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana , es una pintura al óleo de  Leonardo da Vinci r representando a  santa Ana , su hija la  Virgen María  y el  Niño Jesús . Cristo es representado abrazando a un  cordero , lo que simbolizaba su  Pasión , mientras que la Virgen intenta retenerlo. Esta tabla mide 168  cm  de alto y 112 cm de ancho. Se encuentra en el  Museo del Louvre  de  París  ( Francia ), donde se exhibe con el título de  La Vierge à l'Enfant avec sainte Anne . (Wikipedia)

Patricia Díaz Bialet

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Como agua de colonia La vida se escurre como agua de colonia. Y entonces recurrimos al pasado, a su tejido minucioso de melancolía, y el hígado se vuelve un tanto medieval a pesar nuestro. Porque la vida se escabulle como ceniza de pasto y lo que vuelve sólo apenas nos contiene. Existe en nosotros un porvenir absurdo de cosa efímera, una utilidad de muerte que no desciframos por completo. Tracemos entonces una suerte de bosquejo a modo de tiempo transcurrido. Veamos qué de pauta trágica podemos acribillar con nuestro beso. Y revisemos el alfeizar que se derrama secreta y lentamente sobre el mundo.    Sarah Vaughan (II) I let a song go out of my heart It was the sweetest melody Duke Ellington Ella canta y acuna malabares en la luna. Canta desde su féretro inefable. Busca el agudo hocico de la lluvia, el vértice detrás del pentagrama. Contempla el espasmo de su propia voz. Roe con su dulce quejido. Y nos acerca en él su entrelazada palpitación de circo. Ella canta y cancel...