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julio 31, 2016

Valle de Traslasierra, Córdoba, Argentina



por Pablo Anadón


Tantas veces que lo he hecho a lo largo de los años, y nunca me canso ni me aburriré de hacer el cruce de las Sierras Grandes. Amo ese paisaje austero, de rocas pardas y pastizales ocres en invierno, con vertientes que bajan por las laderas después de las lluvias, águilas que vuelan en círculos sobre los precipicios al costado de la ruta, y al fondo, al descender, el Valle de Traslasierra, verde y azul, nítido o neblinoso según los días, con el espejo sinuoso del Dique de la Viña. Hoy fue un día soleado, despejado, sin una nube, y el paisaje era aún más hermoso que de costumbre. Ir escuchando música y fumando es casi la felicidad, como hoy, y si hay una hermosa mujer con quien ir conversando y compartiendo mates, es la felicidad sin más, como hace unos días. Esta siesta, como siempre, hice un alto en Lo De Ramallo, un lugar que ya me es entrañable, lo mismo que su gente. El dueño, Ramallo, le pidió a una de las buenas mozas, Laura, que me mostrara una escultura que en unas horas iban a instalar en el salón: era el águila que baja todos los días a buscar su trozo de carne, y que ahora me enteré que tiene nombre: Rita. La escultora resultó ser rusa, y ya me dieron su teléfono, porque además de esculpir, da clases particulares de idioma. A ella le encargarán también grupos escultóricos con otros animales de la zona, para un museo temático que crearán en el Parador. Pedí mi habitual café con un sándwich de pan casero, la hija del dueño me convidó una empanada frita, y me instalé en la terraza. Estaba terminando mi café, ya frío, fumando y leyendo una espléndida página de Brodsky sobre un poema de Thomas Hardy, que ya querría traducir, cuando escuché una música dulce y asordinada: era un muchacho que tocaba un “hand drum” (aquí se lo conoce como “sattva”, me explicó el ejecutante), un instrumento de sonido casi mágico, órfico, que usa la escala pentatónica, capaz de serenar, como la canción que oyó el Conde Arnaldos, a la naturaleza. Me quedé escuchándolo y mirando la tarde un rato y continué viaje. En el camino comprendí algo que no es ninguna revelación, pero que yo sentí como tal: no importa la hora de llegar, no importa llegar, aunque lo que nos espere pueda ser dichoso, estar en viaje ya vale la pena. Ahora me doy cuenta de que a esa revelación la he leído antes: está en el poema “Ítaca” de Kavafis. Igual, no es lo mismo leer que hacer la experiencia de una epifanía así, y yo la tuve hoy, en mi querido camino de las Altas Cumbres.


Itaca



Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


Constantino Cavafis


Traducción, Pedro Bádenas de la Peña
Otros poemas de Cavafis, aquí. 

Andrea Cabel



En breve cárcel


Muera lo que deba morir; lo que me callo.

Anto­nio Gamoneda


Invades el camino
De punta a punta,

Como una rueda
Y tu nom­bre mas­tica una espera
Sen­tada
Sobre el lomo de un erizo,
Con la mirada en la puerta,
Con tus caren­cias latién­dote en los ojos
Con tu esper­anza en un nom­bre de estó­mago amplio

Y mi necesi­dad de salir del borde del suelo
Para olvi­dar tu aban­dono para acari­ciar por dentro
esta vol­un­tad donde pende una línea
como una boca que se abre frente a la voz de un ani­mal que llora.

Te encuen­tro entre grandes voces seme­jantes a la mía
Esti­rando los muros con latas rel­lenas de piedras
Cubier­tas de fru­tas secas
dul­ces como el ros­tro de una anciana
dul­ces como la mor­dida de una tormenta
el camino bor­deado de plan­tas de sed, de ros­tros muertos,
Mírame, llena de puer­tas cerradas
cubierta de una infan­cia mal curada

mírame frágil

sabi­endo de mi tiempo como una habitación rota
como un colchón sum­iso al tiempo
a un cuerpo solitario
nadando entre rabia

y pudor
nadando
aus­tero
inválido.



ANDREA CABEL (1982, Lima, Perú)
Enlaces: Letras s5,La conjura de los libros
Imagen: revistacritica.com

julio 30, 2016

Antonia Pozzi




















Recuerdo que, cuando estaba en la casa,

de mi mamá, en medio de la llanura,

había una ventana que miraba

hacia los prados: en el fondo, el dique arbolado

escondía al Ticino y, todavía más al fondo,

había una franja oscura de colinas.

Entonces, yo no había visto el mar

sino una sola vez, pero conservaba de él

una áspera nostalgia de enamorada.

Hacia la noche fijaba el horizonte,

semicerraba un poco los ojos: acariciaba

los colores y los contornos entre las pestañas:

y la franja de las colinas se aplanaba,

trémula, azul: a mí me parecía el mar

y me gustaba más que el mar verdadero.



Antonia Pozzi (1912 / 1938, Milán, Italia)




julio 21, 2016

Ignacio Di Tullio


A través de la oscuridad



veo la percha
colgando de la puerta del placard.
Mi uniforme de hombre
prolijamente dispuesto
como cada noche:
pantalón, camisa
y un saco arrugado por el cansancio
esperan que dentro de cinco horas
alguien les preste un cuerpo.
Una humanidad duplicada
ficha y cumple horarios,
los trabajos nocturnos
a espaldas del mundo.
Son las dos:
aquel difuso ser que no soy
cuelga de una percha.
Se cobra cada hora
y espera a que se hagan las siete
para que alguien me vuelva a llamar
como dicen que me llamo.


IGNACIO DI TULIO (1982, Buenos Aires, Argentina)

Otros poemas de Jorge Spíndola

Rostro en  primer plano de un hombre con lentes, una incipiente barba. El fondo es una zona de vegetación

va rodando sobre el mundo



ahora manejo un peugeot 404 modelo 79
voy evadiendo el precipicio
ese pozo profundo donde algún día caeremos

cae la helada del invierno
y la noche se ha puesto blanca

unos carteles oxidados
señalan lugares inexactos
geografía fuera de su sitio

aquí no hay indicios de tu nombre

/parada kunzel 2 km./
unos surtidores de nafta abandonados
parecen cristianos a la izquierda del camino

línea sur donde todo se evapora
aquí voy una vez más con el viejo peugeot
alumbrando un pedazo de la ruta

todo ha sido tan fugaz
como esa liebre
encandilada por los focos

la luz abre dos túneles helados
en la espalda del camino

ahí va ese que soy
y todos los que fui

va rodando sobre el mundo
silencioso

a 80 km. por hora

y no hay indicios de tu nombre



atardecer en la ruta



la oscuridad ya abre su boca
lamiendo la materia del paisaje
labios oscuros besan y beben
filas de postes perdidos a lo lejos
alambrados y matas
ya son saliva de la noche
caen torres caseríos
todo límite se disuelve adentro de su boca
vagos rumores
relinchos escarchados
salen del campo como penas
luces veloces
pasan huyendo sobre la lengua de la ruta
sobre el espejo retrovisor
todavía arden unas nubes
van flotando como enaguas



sopla



suave rumor y a veces golpes
estremecidas chapas
soplan su suave llanto

aullaba mi perro en esas noches
el cerco de chapas crujía
con un hilo más agudo

arena en la boca de esas noches

latas volando por una pampa interminable
baldes de lata en semicírculos
golpeando los bordes de la casa

exhalación interminable/
oxígeno del mundo

sopla como un mar en la memoria
sopla aún el suave llanto
y las hojas de los sauces se agitan como sombras
verdes sombras de otro verde más lejano

cuándo tocaremos el fondo de tu tristeza
exhalación interminable/ oxígeno del mundo
sopla en mí tu suave llanto


De: "Perro lamiendo la luna y otros poemas, Ediciones del Jinete Insomne
Otros poemas de Jorge Spíndola, aquí

julio 16, 2016

Gabriela Wiener




Gabriela Wiener








había hecho demasiadas cosas por ti






Once I wanted to be the greatest


Cat Power





toqué varias puertas

antes de dar con la correcta y ahí estaba él

oculto en la buhardilla que nos habían

conseguido

para pasar la noche juntos



era un viejo amigo de la universidad

yo recordaba haber leído sus poemas

como un murciélago recuerda a otro

el asco que produce en los demás

sus vuelos de mamíferos oscuros



sabía que él estaba triste yo también

miré de reojo la cama donde íbamos a dormir

calculando si cabríamos

colgados de las patas



sin rozar las finas membranas de nuestras tristezas



la chica que amaba

lo había vuelto a abandonar

y por alguna razón

por la misma razón

quería retenerla por última vez

solo decía que era hermosa

y había hecho demasiadas cosas por él



desde la ventana se veía un patio en el que las hojas

temblaban después de la lluvia y de nuestros pasos

él se inclinaba hacia el vacío pensando que

tarde o temprano saldrían de allí las falsas revelaciones



de repente hablaba y sacudía sus lágrimas

antes de que pudiera verlas

esperando que yo dijera algo más o menos sensato



lo escuché

nunca había escuchado tanto a alguien

y cuando pude hablar

le conté una historia y pensó

que era más triste que la suya lloró también por mí

sin honor



cuando se hizo de noche

los amigos y yo lo arrastramos al bar de los africanos

me dijo que le sorprendía que pudiera disfrutar

y entonces le conté otra historia:

hubo un tiempo en que quise ser la mejor

ahora ya no me atrevo

le dije

puedo permanecer muchas horas

mirando cautivada lo que no seré

lo que no tendré solo por pedirlo

lo que no escribiré

puedo cortarme los brazos

y bailar sobre mi sangre



lo llevé a casa y lo tapé hasta el cuello

debíamos dejar la buhardilla muy temprano

y eso hicimos

arrastrando nuestras maletas



no teníamos a dónde ir

ninguno de nuestros amigos contestaba el teléfono

y cuando me di cuenta ya debía tomar un vuelo hacia mi vida

hacia lo que quedaba de mi vida

y ya no parecía tan valiente






Gabriela Wiener (1975, Lima, Perú)

Fuente: Nayagua

Imagen: www.scoopnest.com


julio 14, 2016

Dana Gioia


Insomnio     



Escuchas lo que tiene que decir la casa.  
Tuberías ruidosas, fugas de agua en lo oscuro,   
muros hipotecados que, inconformes,  
se trocan y voces que se apilan en barullo infinito 
de quejas cortas, como sonidos de familia
que año con año has ido aprendiendo a ignorar.
Debes oír las cosas que posees, 
todo aquello por lo que trabajaste en los últimos años,
el rumor de los bienes, de cosas averiadas,
partes flojas a punto de caer desprendidas.
Enrollado en las sábanas, recuerda todos
esos rostros que nunca te fue dado amar.
Cuántas voces te habían esquivado hasta ahora,
el horno ventilado, la duela bajo el pie
y las acusaciones constantes del reloj
que cuenta los minutos registrados por nadie.
La claridad terrible que trae este momento,
la perspicacia inútil, la oscuridad intacta.


DANA GIOIA (1950, Hawthorne, California, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducciòn: Hernán Bravo Varela
Imagen: dailytrojan.com


Insomnia



Now you hear what the house has to say. / Pipes clanking, water r unning in the dark, / the mortgaged walls shif ting in discomfort, / and voices mounting in an endless drone / of small complaints like the sounds of a family / that year by year you’ve lear ned how to ignore. // But now you must listen to the things you own, / all that you’ve worked for these past years, / the mur mur of property, of things in disrepair, / the moving parts about to come undone, / and twisting in the sheets remember all / the faces you could not bring yourself to love. // How many voices have es - caped you until now, / the venting fur nace, the floorboards underfoot, / the steady accusations of the clock / numbering the minutes no one will mark. / The ter rible clarity this moment brings, / the useless insight, the unbroken dark.

julio 10, 2016

Jorge Spíndola

poesía argentina, Comodoro Rivadavia


ya lo sé 



yo ya sé 
lo que es el amor. 

yo aprendí a beber vino cuando trabajaba 
en la pampa de salamanca al borde de la ruta 3. 
aprendí a beber callado mirando las martinetas 
que se iban siguiendo la alambrada. 

de vez en cuando un camión 
como un incendio perforaba la tarde y pasaba 
dejando un suspiro en las retinas de los perros. 
a lo lejos había un molino negro 
el viento agitaba sus pedazos 

molino deshecho 
sin aspas para el vuelo chaperío sin alas 
llorando en pozo de la noche. 

yo bebí borracho en las alturas a mi no me digan nada. 
perdí una camisa buscando ovejas en la nieve 
perdí los sentidos mareado en una torre 
que se alzaba como un sueño en la chatura de la estepa/ un mirador creo que era. 
y ya sé lo que es el amor 

(por las noches yo dormía 
en un catre adentro de una casilla) después de apagar el alumbrado 
(un lister a todo culo) desaté los perros 
y me quedé bebiendo 
con los ojos mezclados con la noche 

con la piel hecha un silencio 
como un solo cuerpo enmudecido por la pampa. 

en la pieza brillaban por la luna 
las latas de aceite supermóvil multigrado/ el viento ladraba a la ventana. 
el viento es un perro desgraciado aullando en las orejas del insomnio. 
los vehículos pasaban en la ruta con ráfagas de luz en esa pieza. 
y por eso 
yo ya sé lo que es el amor 

yo recé borracho el padrenuestro para que 
un auto con dardos veloces pasara iluminando el cuerpo de thelma tixou
que brillaba en el almanaque 
de aquella noche de aquel invierno de esos años. 
thelma estaba espléndida en esas soledades tenía un vestido rojo 
que ardía ante mi boca cuando las luces 
la encendían como llama en pleno vuelo. 

yo ya sé lo que es la sangre 
cuando arde como aceite en la penumbra. 

el cuerpo de ella era un planeta girando en el abismo 
y yo su único habitante
me ataca como una sed cada vez que me acuerdo de esa diosa. 

el amor es como apretar una foto de thelma tixou en la garganta de la noche
o el amor es otra cosa animal que se espanta que vuela lejos 
y uno 
no ha tenido el gusto. 



JORGE SPÍNDOLA (1961, Comodoro Rivadavia, Chubut, Argentina) 
De: "Perro lamiendo luna y otros poemas", Ediciones del Jinete Insomne, 2013). Prólogo: Liliana Campazzo
Enlaces:
Imagen: f de Jorge Spíndola

(*) Thelma Tixou es una bailarina, cantante y actriz.


julio 08, 2016

Anne Michaels

Anne Michaels
Anne Michaels


Tierra a la vista




El cielo susurraba
todo el día en el fondo del mar y las velas
no podían hincharse. En el muelle, 
los perros bebían el aire seco
con lenguas escrutadoras.
Teníamos agostada la piel que revelaba
la ropa. Por el bulevar
los postigos se cerraban de golpe contra el sol.
Los niños deslizaban mensajes por las tablillas,
partículas de papel a la deriva por la calle.


El deseo nos buscaba por toda la ciudad, por
la angosta Altestrasse, bajo el balcón de Lenin, 
delante de la terraza en la que Goethe tomaba su café.
En cafés donde el aire fresco gira
en una sombra. Todo el día el deseo a nuestra espalda
mientras trepamos desde el nacimiento del río hasta el puente.
Una gaviota suspendida en el aire,
debilitada. Todo el día el deseo calando su dedo
en mi vientre, subiendo por el húmedo espinazo.
Me resistía volviendo el rostro
ante su aliento.

La ciudad despertaba. Los perros desplegaban sus patas
y se levantaban. Uno a uno, los postigos se abrían,
una vislumbre de voces
se amontaba en el aire.

La misma soledad que nos oculta
nos revela de nuevo.

Como cabello extendido en el mar,
lentamente la oscuridad desemboca en oscuridad.



No hay ciudad que no sueñe




No hay ciudad que no sueñe
con sus orígenes. En las manos de los ladrilleros
se desintegra el lago desaparecido,
el fondo del barranco donde la memoria de los ríos
quiebra la extensión de la luz. Todos los inviernos
almacenados en ese jardín
geológico. Los dinosaurios duermen en el metro
entre Bloor y Shaw, una cuna de huesos
bajo el eco de los rieles. La tormenta
que encendía la ciudad con el voltaje
de la primavera cuando teníamos dieciocho años
sobre la tierra lisa. El ferry surca la lluvia,
el viento se humedece con la música de una boda y la canción
del carbono en la piedra y el hueso
una carta de amor que el viento suelta de la mano, sin leer. 



ANNE MICHAELS (1958, Toronto Canadá)
De: "Buceadores de la piel", Bartebly Editores, 2003
Traducción: Jaime Priede
Enlaces: Emma Gunst | 20 minutos |Inútiles misterios
Imagen: www.theguardian.com

julio 07, 2016

Abrupto de murga



no acarreo otro bagaje que este mirar por la ventanilla.
Busco mi destino en un solo sentido, literal y geográfico.
Las calles retroceden,
acierto mejor si digo que el colectivo avanza.
Las calles retroceden y piensan por mí,
desaceleran su huida cerca de la curva del lago de Palermo.
Un ensayo de repiqueteo se oye
alto
y más alto, pico del último fervor,
pausa o silencio,
abrupto de murga al atardecer.


© PEDRO DONANGELO
"La Torre de Babel", Brueghel

julio 06, 2016

Elder Silva



Proyecto de postal




En la fotografía hay una mancha oscura.

¿Una mosca? ¿Las patas de una mosca?
¿Las mandíbulas de una mosca justo
cuando abría el diafragma de la
cámara?
Tus ojos no quedaron
fijados para siempre en esa foto
a la cual te negabas.
Y ante la que
pusiste insostenible argumentos:
El acné. Las ojeras. El desarreglo
de los jeans.
Aunque imperfecta,
yo guardo esa fotografía entre otros
tantos papeles indelebles,
por si un día devengo entomólogo o
algo parecido,
y decido estudiar
el comportamiento de las moscas
con respecto a las vírgenes amadas,
o de cómo se frustran los poemas
en relación
a la KODAK, tu posterior olvido,
los insectos.



Aguas benditas




los dos bajo la ducha:
tu mano moviendo los grifos amarillos
(equivocados)
el tránsito del agua por los lugares recién amados
de tu cuerpo,
Senos altos bajo la cascada,
la lluvia del pelo en el entorno de los hombros,
las manos comerciando con tu vientre,
con los movimientos pretorianos de tu boca desnuda.
El niágara habitual en casa del poeta solo,
a donde llegabas, te mojabas
Ibas y venías
siempre intacta.

(Olímpica en el corredor de los departamentos.)

El niágara habitual bajo el cual el mundo desaparecía.
al menos, el de las malas ideas
el de borrascosas tardes.


ELDER SILVA (1955, Pueblo Lavalleja, Salto / 2019, Montevideo, Repùblica Oriental del Uruguay)
Enlaces: Página de poesía, Bartolo/me cautiva
Imagen: f de Elder Silva

julio 03, 2016

Fina García Marruz


Últimas palabras


¿Quién nos abrió los ojos
sin dejarnos noticia
del regalo?
¿Sobre qué lágrimas
dormimos una noche?
¿Quién aserró los árboles
y encendió luego el fuego
de la cena?
¿Entenderá alguna vez
la vida ciega
esa delicadeza que se oculta?


La llama



Haces de fuego hacen arder

los rollos inservibles de películas,
las variantes violinísticas de un hueco
de agua, de una escalera rodante,
las cómicas variantes de cualquiera
de nuestros sucedidos diarios.
Haces de fuego borran
el trabajo inaudito de lograr lo simple.
Mientras otros se jactan del monto de su esfuerzo
tú lo ocultas, como hace la flor, o hace el arte.

FINA GARCÍA MARRUZ (Josefina García-Marruz Badía, 1923 /2022, La Habana, Cuba)

Enlaces: Ecured, 
Imagen: cubadebate.cu

julio 02, 2016

Mark Strand

La rosa



Las penas de las rosas crecían cada vez más.
Retorcida en un campo de malezas, la rosa desamparada
sintió una sola vez la brisa del paraíso, y se murió.
Los chicos exclamaron: "Dale, rosa, volvé,
que te queremos, rosa". Luego alguien les explicó que pronto
tendrían otra rosa: "Queridos míos, vamos
al estanque; inclínense en la orilla y contemplen
sus propias caras que los observan. "¿No la ven ahí ahora,
cómo abre los pétalos, sube a la superficie y se transforma en ustedes?"
"¡Ay, no!", dijeron ellos. "Nosotros somos lo que somos. Nada más".
Qué perfecto. Qué antiguo. Qué irreparable.



The rose



The sorrows of the rose werw mounting up.

Twisted in a field of weeds, the helpless rose
felt the breeze od paradise just once, then died.
The children cried, "Oh rose, come back."
We love you, rose". Then someone said tht soon
they'd have another rose. "Come, my darlings,
down to the pond, lean over the edge, and look
at yourselves looking up. "¿Now you do see it,
its petals open, rising to the surface, turning into you?"
"Oh no", they said. "We are what we are-nothing else."
How perfect. How ancient. How past repair.


De: "Me va a encantar el siglo XXI", Ediciones Gog & Magog, 2011

Otros poemas de Mark Strand, aquí
Traducción: Ezequiel Zaidemwerg
Imagen: nybooks.com

julio 01, 2016

Federico García Lorca


Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver
Ella sus cuatro corpiños.




Otros poemas de García Lorca, aquí


La casada infiel




Y que yo me la lleve al río

creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua me
sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la lleve del río.
Con el aire se batían las
espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.


Imagen: thenewyorker.com