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Mostrando las entradas de julio, 2016

Valle de Traslasierra, Córdoba, Argentina

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por Pablo Anadón Tantas veces que lo he hecho a lo largo de los años, y nunca me canso ni me aburriré de hacer el cruce de las Sierras Grandes. Amo ese paisaje austero, de rocas pardas y pastizales ocres en invierno, con vertientes que bajan por las laderas después de las lluvias, águilas que vuelan en círculos sobre los precipicios al costado de la ruta, y al fondo, al descender, el Valle de Traslasierra, verde y azul, nítido o neblinoso según los días, con el espejo sinuoso del Dique de la Viña. Hoy fue un día soleado, despejado, sin una nube, y el paisaje era aún más hermoso que de costumbre. Ir escuchando música y fumando es casi la felicidad, como hoy, y si hay una hermosa mujer con quien ir conversando y compartiendo mates, es la felicidad sin más, como hace unos días. Esta siesta, como siempre, hice un alto en Lo De Ramallo , un lugar que ya me es entrañable, lo mismo que su gente. El dueño, Ramallo, le pidió a una de las buenas mozas, Laura, que me mostrara una escultura que en...

Andrea Cabel

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En breve cárcel Muera lo que deba morir; lo que me callo. Anto­nio Gamoneda Invades el camino De punta a punta, Como una rueda Y tu nom­bre mas­tica una espera Sen­tada Sobre el lomo de un erizo, Con la mirada en la puerta, Con tus caren­cias latién­dote en los ojos Con tu esper­anza en un nom­bre de estó­mago amplio Y mi necesi­dad de salir del borde del suelo Para olvi­dar tu aban­dono para acari­ciar por dentro esta vol­un­tad donde pende una línea como una boca que se abre frente a la voz de un ani­mal que llora. Te encuen­tro entre grandes voces seme­jantes a la mía Esti­rando los muros con latas rel­lenas de piedras Cubier­tas de fru­tas secas dul­ces como el ros­tro de una anciana dul­ces como la mor­dida de una tormenta el camino bor­deado de plan­tas de sed, de ros­tros muertos, Mírame, llena de puer­tas cerradas cubierta de una infan­cia mal curada mírame frágil sabi­endo de mi tiempo como una habitación rota como un colchón sum­iso al tiempo a un cuerpo solitario nadando ent...

Antonia Pozzi

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Recuerdo que, cuando estaba en la casa, de mi mamá, en medio de la llanura, había una ventana que miraba hacia los prados: en el fondo, el dique arbolado escondía al Ticino y, todavía más al fondo, había una franja oscura de colinas. Entonces, yo no había visto el mar sino una sola vez, pero conservaba de él una áspera nostalgia de enamorada. Hacia la noche fijaba el horizonte, semicerraba un poco los ojos: acariciaba los colores y los contornos entre las pestañas: y la franja de las colinas se aplanaba, trémula, azul: a mí me parecía el mar y me gustaba más que el mar verdadero. Antonia Pozzi (1912 / 1938, Milán, Italia)

Ignacio Di Tullio

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A través de la oscuridad veo la percha colgando de la puerta del placard. Mi uniforme de hombre prolijamente dispuesto como cada noche: pantalón, camisa y un saco arrugado por el cansancio esperan que dentro de cinco horas alguien les preste un cuerpo. Una humanidad duplicada ficha y cumple horarios, los trabajos nocturnos a espaldas del mundo. Son las dos: aquel difuso ser que no soy cuelga de una percha. Se cobra cada hora y espera a que se hagan las siete para que alguien me vuelva a llamar como dicen que me llamo. IGNACIO DI TULIO (1982, Buenos Aires, Argentina)

Otros poemas de Jorge Spíndola

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va rodando sobre el mundo ahora manejo un peugeot 404 modelo 79 voy evadiendo el precipicio ese pozo profundo donde algún día caeremos cae la helada del invierno y la noche se ha puesto blanca unos carteles oxidados señalan lugares inexactos geografía fuera de su sitio aquí no hay indicios de tu nombre /parada kunzel 2 km./ unos surtidores de nafta abandonados parecen cristianos a la izquierda del camino línea sur donde todo se evapora aquí voy una vez más con el viejo peugeot alumbrando un pedazo de la ruta todo ha sido tan fugaz como esa liebre encandilada por los focos la luz abre dos túneles helados en la espalda del camino ahí va ese que soy y todos los que fui va rodando sobre el mundo silencioso a 80 km. por hora y no hay indicios de tu nombre atardecer en la ruta la oscuridad ya abre su boca lamiendo la materia del paisaje labios oscuros besan y beben filas de postes perdidos a lo lejos alambrados y matas ya son saliva de la noche caen torres caseríos todo límite se disuelve ad...

Gabriela Wiener

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había hecho demasiadas cosas por ti Once I wanted to be the greatest Cat Power toqué varias puertas antes de dar con la correcta y ahí estaba él oculto en la buhardilla que nos habían conseguido para pasar la noche juntos era un viejo amigo de la universidad yo recordaba haber leído sus poemas como un murciélago recuerda a otro el asco que produce en los demás sus vuelos de mamíferos oscuros sabía que él estaba triste yo también miré de reojo la cama donde íbamos a dormir calculando si cabríamos colgados de las patas sin rozar las finas membranas de nuestras tristezas la chica que amaba lo había vuelto a abandonar y por alguna razón por la misma razón quería retenerla por última vez solo decía que era hermosa y había hecho demasiadas cosas por él desde la ventana se veía un patio en el que las hojas temblaban después de la lluvia y de nuestros pasos él se inclinaba hacia el vacío pensando que tarde o temprano saldrían de allí las falsas revelaciones de repente hablaba y sacudía sus lág...

Dana Gioia

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Insomnio       Escuchas lo que tiene que decir la casa.   Tuberías ruidosas, fugas de agua en lo oscuro,    muros hipotecados que, inconformes,   se trocan y voces que se apilan en barullo infinito  de quejas cortas, como sonidos de familia que año con año has ido aprendiendo a ignorar. Debes oír las cosas que posees,  todo aquello por lo que trabajaste en los últimos años, el rumor de los bienes, de cosas averiadas, partes flojas a punto de caer desprendidas. Enrollado en las sábanas, recuerda todos esos rostros que nunca te fue dado amar. Cuántas voces te habían esquivado hasta ahora, el horno ventilado, la duela bajo el pie y las acusaciones constantes del reloj que cuenta los minutos registrados por nadie. La claridad terrible que trae este momento, la perspicacia inútil, la oscuridad intacta. DANA GIOIA (1950, Hawthorne, California, Estados Unidos de Norteamérica) Traducciòn: Hernán Bravo Varela Imagen: dailytrojan.com In...

Jorge Spíndola

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ya lo sé  yo ya sé  lo que es el amor.  yo aprendí a beber vino cuando trabajaba  en la pampa de salamanca al borde de la ruta 3.  aprendí a beber callado mirando las martinetas  que se iban siguiendo la alambrada.  de vez en cuando un camión  como un incendio perforaba la tarde y pasaba  dejando un suspiro en las retinas de los perros.  a lo lejos había un molino negro  el viento agitaba sus pedazos  molino deshecho  sin aspas para el vuelo chaperío sin alas  llorando en pozo de la noche.  yo bebí borracho en las alturas a mi no me digan nada.  perdí una camisa buscando ovejas en la nieve  perdí los sentidos mareado en una torre  que se alzaba como un sueño en la chatura de la estepa/ un mirador creo que era.  y ya sé lo que es el amor  (por las noches yo dormía  en un catre adentro de una casilla) después de apagar el alumbrado  (un lister a todo culo) desaté los perros  ...

Anne Michaels

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Anne Michaels Tierra a la vista El cielo susurraba todo el día en el fondo del mar y las velas no podían hincharse. En el muelle,  los perros bebían el aire seco con lenguas escrutadoras. Teníamos agostada la piel que revelaba la ropa. Por el bulevar los postigos se cerraban de golpe contra el sol. Los niños deslizaban mensajes por las tablillas, partículas de papel a la deriva por la calle. El deseo nos buscaba por toda la ciudad, por la angosta Altestrasse , bajo el balcón de Lenin,  delante de la terraza en la que Goethe tomaba su café. En cafés donde el aire fresco gira en una sombra. Todo el día el deseo a nuestra espalda mientras trepamos desde el nacimiento del río hasta el puente. Una gaviota suspendida en el aire, debilitada. Todo el día el deseo calando su dedo en mi vientre, subiendo por el húmedo espinazo. Me resistía volviendo el rostro ante su aliento. La ciudad despertaba. Los perros desplegaban sus patas y se levantaban. Uno a uno, los postigos se abrían, una ...

Abrupto de murga

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n o acarreo otro bagaje que este mirar por la ventanilla. Busco mi destino en un solo sentido, literal y geográfico. Las calles retroceden, acierto mejor si digo que el colectivo avanza. Las calles retroceden y piensan por mí, desaceleran su huida cerca de la curva del lago de Palermo. Un ensayo de repiqueteo se oye alto y más alto, pico del último fervor, pausa o silencio, abrupto de murga al atardecer. © PEDRO DONANGELO "La Torre de Babel", Brueghel

Elder Silva

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Proyecto de postal En la fotografía hay una mancha oscura. ¿Una mosca? ¿Las patas de una mosca? ¿Las mandíbulas de una mosca justo cuando abría el diafragma de la cámara? Tus ojos no quedaron fijados para siempre en esa foto a la cual te negabas. Y ante la que pusiste insostenible argumentos: El acné. Las ojeras. El desarreglo de los jeans. Aunque imperfecta, yo guardo esa fotografía entre otros tantos papeles indelebles, por si un día devengo entomólogo o algo parecido, y decido estudiar el comportamiento de las moscas con respecto a las vírgenes amadas, o de cómo se frustran los poemas en relación a la KODAK, tu posterior olvido, los insectos. Aguas benditas los dos bajo la ducha: tu mano moviendo los grifos amarillos (equivocados) el tránsito del agua por los lugares recién amados de tu cuerpo, Senos altos bajo la cascada, la lluvia del pelo en el entorno de los hombros, las manos comerciando con tu vientre, con los movimientos pretorianos de tu boca desnuda. El niágara habitual en ...

Fina García Marruz

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Últimas palabras ¿Quién nos abrió los ojos sin dejarnos noticia del regalo? ¿Sobre qué lágrimas dormimos una noche? ¿Quién aserró los árboles y encendió luego el fuego de la cena? ¿Entenderá alguna vez la vida ciega esa delicadeza que se oculta? La llama Haces de fuego hacen arder los rollos inservibles de películas, las variantes violinísticas de un hueco de agua, de una escalera rodante, las cómicas variantes de cualquiera de nuestros sucedidos diarios. Haces de fuego borran el trabajo inaudito de lograr lo simple. Mientras otros se jactan del monto de su esfuerzo tú lo ocultas, como hace la flor, o hace el arte. FINA GARCÍA MARRUZ  ( Josefina García-Marruz Badía, 1923 /2022, La Habana, Cuba) Enlaces:  Ecured ,  Imagen: cubadebate.cu

Mark Strand

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La rosa Las penas de las rosas crecían cada vez más. Retorcida en un campo de malezas, la rosa desamparada sintió una sola vez la brisa del paraíso, y se murió. Los chicos exclamaron: "Dale, rosa, volvé, que te queremos, rosa". Luego alguien les explicó que pronto tendrían otra rosa: "Queridos míos, vamos al estanque; inclínense en la orilla y contemplen sus propias caras que los observan. "¿No la ven ahí ahora, cómo abre los pétalos, sube a la superficie y se transforma en ustedes?" "¡Ay, no!", dijeron ellos. "Nosotros somos lo que somos. Nada más". Qué perfecto. Qué antiguo. Qué irrepara ble. The rose The sorrows of the rose werw mounting up. Twisted in a field of weeds, the helpless rose felt the breeze od paradise just once, then died. The children cried, "Oh rose, come back." We love you, rose". Then someone said tht soon they'd have another rose. "Come, my darlings, down to the pond, lean over the edge, and look...

Federico García Lorca

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Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver Ella sus cuatro corpiños. Otros poemas de García Lorca,  aquí La casada infiel Y que yo me la lleve al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido. Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oído, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido, y un horizonte de perros ladra muy lejos del río. Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cri...