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junio 28, 2014

Juan José Saer


Lesconil

Juan José Saer


Lo otro viene en esos barcos livianos
desde el crepúsculo, hacia el puerto, en el sol
de invierno:
                 lo otro -lo que tiene nombre,
moviéndose fuera de tu silencio
                                               innominado:
más allá, afuera, afuera, en la intemperie

sin pensamiento, sin recuerdos, sin en sí,
como un toldo de feria
                                  en la plaza del mercado
que un viajante contempla, una mañana,
desde su cuarto de hotel, en la planta alta.
Los otros son esos barcos, ese mar, esas caras
de sal y sangre, que vuelven, cada día,
a contemplar, en tierra firme, su naufragio.
Visión rugosa
que atraviesa tu mar liso;
máquinas de oro duro
que lo indeterminado, adentro, aniquila.


JUAN JOSÉ SAER (1937, Serodino, Santa Fe, Argentina / 2005, París, Francia)
De: "El arte de narrar", Universidad Nacional del Litoral,1988
Imagen: www.marianelaalegre.blogspot.com


junio 26, 2014

Sebastián Pedrozo


Sebastián Pedrozo


Estufa




Cuando tenía diez años
Nos mudamos a una casa con estufa a leña
Yo no sabía qué era el fuego
Hasta que mi padre me llevó a cortar leña
Nos metimos en el monte
Él tenía un machete
Yo una bolsa de arpillera
Cortó ramas altas de una acacia
La mejor brasa, dijo
Volvimos cansados y sucios
Encendimos el fuego.
Allí se hizo la cena
Y no me despegué más
De las llamas
De la madera
Del calor
Mi primer invierno
Lo pasé quemando cosas
Soldados de plástico
Las muñecas de mi hermana
Pan viejo
Insectos
El pelo acumulado en el cepillo de mi madre
Aceite de moto
Las cuerdas con que ataban a los pollos de las patas
Un reloj de pulsera
Un cuaderno doble raya
Con un poema de Constancio C. Vigil
Hasta una medalla que había ganado en karate en el 86
Todo era vencido por el amarillo
Todo mudaba de forma
Derretido
A la mañana
Buscaba en los restos del incendio
Los objetos incinerados
Es curioso lo que le hace el fuego
A la gente
La vuelve silenciosa
Y lenta
Nada me detuvo
Salía a buscar más y más leña
Hasta que un día tosí
Y un dolor horrendo me cruzó la espalda
Caí rendido en una cama
Y la fiebre me devoró
sentía la congestión
El agua en los pulmones
Golpetear sin tregua
Siempre
Por las noches
Una vez vino a verme
Mi maestra de quinto año
Ahí supe que era grave
Que la vida es frágil si uno se aferra
Con desesperación a la fe



Los excesos



Dijo mi padre
Te matan de a poco
Pero hacen los detalles
Por los que te recuerda la gente.


Sebastián Pedrozo (1977, Montevideo, República Oriental del Uruguay)
Fuente: http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2014/36264
Imagen: www.elaltillo.com.uy

junio 23, 2014

Glauce Baldovin














El miedo





Lo conozco.

Escorpión dorado

hongo venenoso

brebaje emponzoñado.

Me lo dieron de beber una tarde de agosto

en taza verde con filigrana de plata.

Dosificado al principio

enmascarado con almendras y jalea de durazno

mezclado con poemas en inglés

"It's many and many years ago in a country

be the sea..."

Lo conozco.

Lentamente me lo hicieron beber porque yo amaba

por entonces

las palabras.

Escorpión dorado.

Nadie sabe que si incendio fuego a mi alrededor

me clavarás la cola justo en el centro del corazón

y moriremos los dos

tan juntos como hemos vivido.





Glauce Baldovin (1928 / 1995, Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina)

De: Poemas crueles, 1996)

Imagen: www.cortando-camino.webnote.com.ar


junio 21, 2014

Carlos Martínez Rivas


Carlos Martínez Rivas

Día y noche golpeaba el pie de tu sonrisa.



Pero tú no me
oías. Te llamé con abejas...

y nada. Con
gorriones... tampoco. Con caballos...
y tu pecho seguía cerrado.

Hasta que un día,
cuando todo era
inútil y la cosa parecía perdida,
se me ocurrió
llamarte a ti contigo misma.
Y por medio de ti
llegar a ti. Y di en el clavo.

Fue leve, como un zarpazo de violeta,
como un puñetazo de abanico. Pero sonó la aldaba,
rechinaste... y te fui abriendo toda,
como una puerta, y penetré en tu nombre.

Por eso, y desde entonces:
Para el día y la noche.
Para los dolorosos y quebrantados ojos
que dejaste perdidos. Para todos los días
y todas las noches de la vida. Para que el mar y el
fuego

te coronen y tejan para ti una guirnalda.

Para que el viento venga. Para que el vino venga
y te diga: "¡Levántate y anda!
Corta un racimo de uvas, y sígueme".

Para que pidas todo lo que te dé la gana:
El laurel,
el espejo,
la guitarra.
El lirio
blanco como una niña después de un accidente.
El árbol,
la pianola,
el reloj,
la naranja.
El paisaje que espera en el fondo del vaso
dar de beber al ojo lo que no bebió el labio.
El frutero en donde cabe todo el verano,
y el sofá dentro de una pecera con violines.

La fuente donde el líquen sueña sus catedrales.
El clavel que en el tallo se enciende como un fósforo
y el pájaro que sueña atornillado a un trino.

En fin para que todas las cosas de la tierra.
Para que todas las cosas trémulas y hermosas de la tierra
descansen en el hueco
de cada una de esas manos tuyas que yo amo
y en doble arroyo lleguen hasta tu boca pura:
te levanté una rosa lo más alto que pude.
Te he construido una casa sitiada por la espuma.
Pon el oído en esa rosa, y oye lo que su olor te dice.
Húndete en esta casa que te hice, y habítala.
Y bébete esta copa de agua con golondrinas.

Porque tú... Pero espera. No vayamos tan lejos.
Creo que ya va siendo hora de que me explique.
Yadira, aquí me tienes:
solo, como los monogramas en los pañuelos.

Y desde Granada, desde el Colegio.
Sobre mi ventana que da al Lago de Nicaragua,
y en esta hora, te recuerdo, y pienso:

Era entonces en San José de Costa Rica...
En el Barrio Amón, y en la misma esquina de tu casa,
de tu casa con barandas...

Ahora ya de lejos,
toda la ciudad cabe en tu pequeño nombre.
Y por eso, hasta las cosas más pequeñas, todo,
lo tomo y lo empujo hacia ti para que brille.

Me refiero a las vueltas alrededor del parque,
a los discos en moda de ese tiempo;
a las interminables partidas de ping pong
en el asueto de los sábados por la tarde.
A tus vestidos con un barco bordado en la bolsa,
y a los paseos en bicicleta
por los alrededores de la capital...
Cosas que no valen la pena,
pero que yo las canto -y lo hago ardientemente-
porque en torno de esto hay algo tuyo que se reune:
un desprendido pétalo que llega de tu cielo.
Un pedazo de espuma caído de tu espuma.
Un resto de palomas, una pelusa de alma.
Pero es el caso que yo no me conformo con eso.
Que ninguno de nosotros puede conformarse con eso.

Porque tú no eres únicamente
esa niña que juega ping pong, sonríe,
y se vuelve manzana cuando cumple quince años.

Hay algo más en ti. Esa tu otra tú
que te aguarda en el sueño de tu desnudo puro.

Y a esto es, precisamente, a lo que vengo:
vas a emprender un viaje que nunca habías hecho.

Conmigo. Tú y yo, solos. Nosotros dos, volando
hacia los otros dos nosotros que nos esperan
allá, sobre las nubes de luz fría,
entre un camino de lámparas, paseándose,
altos, eternos y definitivos.

Prepárate. Iguala
tu reloj de pulsera con el reloj del aire.

Y ahora mismo, mientras todos bailan,
y en tu puerto el alcalde y el comandante juegan
una partida de ajedrez para mientras llega el barco,
tú y yo nos vamos.

Deja que todo quede como está, en desorden.
Y date prisa. Tenemos todo el día por delante
pero el camino es largo.
Llegaremos allá cuando las estrellas brillen.

Prepárate para el salto.
Y que el aire sea con nosotros.
Listos.
A la una...
a las dos...


y a las...

tres!


CARLOS MARTÍNEZ RIVAS (1924, Puerto de Ocoz, Guatemala / 1998, Managua, Nicaragua)
Enlaces: Escritores nicaragünses, Poesía nicaragënse
Fuente: Facebook Ignacio Uranga
Imagen: Fuente:archivo.laprensa.com.ni

junio 20, 2014

"Entrevista a Mark Strand" por Ezequiel Zaidenwerg


"La obligación de continuar siendo un poeta es una forma de
servidumbre"


A poco de mudarme a Nueva York, me enteré de una extraña coincidencia: Mark Strand ofrecería una lectura en la famosa librería homónima. Terminado el evento, me acerqué con timidez a él para pedirle una entrevista. Viéndose obligado, o tal vez conmovido por mi inglés, que había retrocedido por los nervios a un balbuceo primitivo, Strand me dio su e-mail. Luego de un intercambio epistolar algo enigmático, en el que confirmaba la entrevista, pero no fijaba la fecha, conseguí acordar un encuentro, que sería en un parque infantil, en Chelsea, el viernes anterior a la cólera de Sandy: un clima de catástrofe inminente, pero lejana aún, en consonancia con el mundo poético de Strand.

 La charla, que duró una hora y media, tuvo lugar en un pequeño playground: cuando llegamos, no había nadie allí, pero pronto empezaron a llegar los niños, que corrían y chillaban a nuestro alrededor; y para proteger la voz de Strand, serena y reflexiva, nos teníamos que trasladar de un banco a otro. Esta entrevista repasa su carrera, desde su iniciación como pintor y sus comienzos en la poesía, hasta su libro más reciente, Casi invisible, que anuncia su retiro.


Por Ezequiel Zaidenwerg

Continuar leyendo en: 

Marizel Estonllo




Dúo





He visto a un hombre en una esquina

besando desesperadamente a una mujer.



La tarde

eco de otra tarde poseída de soles untuosos

vestigios de un verano postergando la despedida

como él,

arañando su boca en la brevedad.



He visto a un hombre

besando desesperadamente

a una mujer

mientras la muerte se escondía del sol

mientras el horror crecía en las calles

como el hambre ensuciada en las manos de los niños

y de los que fueron niños.



He visto a un hombre tomando entre sus manos

el rostro de una mujer

besándolo sin cesar

a la tarde

en una esquina de la ciudad

donde había muerto un almacén alquilado

corroído por el óxido de un recuerdo.



Y he visto apenas

el rostro de esa mujer

una transparencia del dolor y la pobreza



Tiesa, recibía los besos interminables.



Se jugaba la última carta en el rincón de los desperdicios.



Los ojos de una máscara nos miran desde esa oscuridad

que asalta el orden de los mitos




Marizel Estonllo (1954, Buenos Aires, Argentina)



junio 19, 2014

Mario Ortiz




Notas rápidas de lo que vi esta mañana a las 7








1








sólo para ver

la escalera de chapa iluminada


por la luna
antes de que amanezca.

el día no comienza con un estallido


sino con un bostezo








2








Sobre el techo de Marcelo, el lucero definitivamente se filtra en los caños. El tanque de agua se enciende por dentro.
Ahí tenés el caño galvanizado con un planeta adentro. Soplalo fuerte y despará: que la diosa Venus regrese al cielo.
Ya
ya
amanece.
Apurate.








3








una escalera de chapa
roja




¿te imaginás?






















Mario Ortiz (1965, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina)












junio 15, 2014

Izet Sarajlic


Último tango en Sarajevo 




La Sarajevo amorosa no se rinde.
Sobre la mesa la invitación para el baile matutino en el "Sloga".
¡Y, por supuesto, vamos!
Mis pantalones están un tanto deslucidos
y tu vestido no es de Via Veneto.
Pero nosotros no estamos en Roma,
nosotros estamos en guerra.
Llega también Jovan Divjak, En las botas se ve
que acaba de llegar de la primera línea.
Cuando te dice ¿bailas? te sientes confundida.
Es la primera vez que bailas con un general.
El general no sabe el honor que te hace
y que tú le haces a él.
Ha bailado con la más celebrada señora de Sarajevo.
Pero ahora este tango... ¡es sólo nuestro!
Nos da vueltas, cansados, la cabeza.
Amor mío, se acaba nuestra maravillosa vida.
Llora, llora, si quieres, no estamos en Via Veneto
y tal vez sea éste nuestro último baile.


IZET SARAJLIC (1930, Deboj / 2002, Sarajevo, Bosnia-Herzegovina)
Fuente: www.laslilasbajoeltren.blogspot.com
Enlaces: Círculo de poesía, Islas en la red

junio 14, 2014

Zulma Liliana Sosa: Conjunto vacío


Eau de toilette


De la serie Praga


III


Conjunto vacío
No
eran tímidas tus cartas. Qué se le va a hacer. Hay intermisiones en las
calenturas, por eso lo de la Edad Media. Tantas batallas y mujeres amarradas a
las armaduras besadas por aceros que eran de hombres, de olores de hombre y
hacía el  final, de animalitos preparando
sus dientes, su enorme banquete . ¿Ves lo que pasa? Me perdí. Decía que si vos
estuvieras acá nos iríamos de tripas, porque las tripas son parecidas a las
raíces y ellas tienen estirpe, tienen exilio y ese movimiento justo de  mantenerme en vela, calentita , esperando;
para luego desnudarme, para luego confesarse a pura lengua y esa gotita de Eau
de Toilette de Chanel que me trajiste de Paris.
¿Te
acordás del Hotelito de mala muerte, con sus paredes extendidas , tensa en su
humedad invasora y el Eau de Toilette? El dolor ya se estaba sintiendo, digo,
del abandono, claro, pero entonces no lo sabía
y mis piernas rechazan todo movimiento, así que decidiste inyectarme un
calmante. Vos lo decidiste.
Compraste la aguja y la
jeringa descartable y así llegamos al hotelito barato alojamiento.
¡Cuánto calor! Yo desnuda boca abajo y vos desinfectando mi nalga con Eau de
Toilette.
-¿Te duele?-
preguntaste, - no, decía yo y temblaba. Nos amamos como bocas buscadoras del
pimiento en los cuerpos mojados, como niños célebres que atrapan magas para
adular el cabello cálido y los senos habladores celebrando semen, de a poco,
gota a gota.
Al
atardecer, comimos pizza y bebimos vino de la casa que no era feo.  Cruzaste la Avenida sin volver la cabeza. Ahí
sentí el olvido del cielo terrestre. ¿Qué me calce en las manos que pesaban
como una ciudad llena de violines y conciertos enterrados? Y sucedió en la
frontera de mi ala drogada; golpe a golpe por la bolsa de algo imaginario en
ese ring side; celebrado y fusilado y había que golpear, golpear, golpear, hasta que el viento olfateara de una vez y para siempre, la última prenda
de la querida del buana; la preferida de la tribu de imágenes.  Anticipadamente comenzaste a velarme en voz
baja y me di cuenta que llorabas.
Llorábamos .
Parecía que
me estaba yendo, ya,  antes de
desaparecer..Como la carne tiene sus leyes, nunca queda una constancia
definitiva, sino lo que empieza a desvanecerse, como en una fotografía.



Otros poemas de ZULMA LILIANA SOSA, aquí
Fuente: Facebook

Raymond Carver: Propina

Propina



No hay otra palabra posible. Pues eso es lo que fue. Una propina.
Una propina, estos diez años pasados.
Vivo, sobrio, trabajando, amando y
siendo amado por una buena mujer. Hace once
años le dijeron que tenía seis meses de vida
si seguía como hasta entonces. Y que no iría
a parte alguna sino al fondo. De modo que cambió
su modo de vivir. ¡Dejó de beber! ¿Y lo demás?
Después de eso todo fue una propina, cada uno de los minutos,
hasta ahora, incluyendo cuando le dijeron eso;
bueno, algunas cosas se vinieron abajo y
algo creció en su cabeza: "No lloréis por mí"
-les dijo a sus amigos-. "Soy un hombre de suerte.
He vivido diez años más de los que yo o cualquiera
esperaba. Pura propina. Y no lo olvido".



RAYMOND CARVER (1938, Oregon / 1988, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Un sendero nuevo a la cascada", Colección Visor de poesía, 1993
Traducción: Mariano Antolín Rato

junio 11, 2014

Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda



Adiós




Esta es la tierra, donde el sufrimiento
es la medida de los hombres. Dan
pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.
La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede el pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.
Los que vivimos para dar alcance
a tan inmensa luz que hoy no podría
un dios mirarla sin quedarse ciego,
aún tendremos que agotar el lance:
arrojar al silencio la agonía
como quien tira el corazón al fuego.


ANTONIO GAMONEDA (1931, Oviedo, España)
Imagen: www.cervantesvirtual.com

junio 10, 2014

Diego Muzzio: La penumbra desconcierta

Nox    



Si la oscuridad resbala sobre las ventanas 
y paralelo a mi mano persiste el fósil 
de una taza de café, es que llegó la noche. 
No puede extrañarme que llegue la noche. 
No debería extrañarme. La noche siempre llega.
En silencio, empujada por la espuma
de otras noches disueltas tras su espalda,
o quizás al despertar de una siesta prolongada.
Cuando los ojos se abren a la oscuridad,
la penumbra desconcierta.
Pero ahora habrá que levantarse, tender la cama,
cenar, permanecer despierto hasta el alba;
y pensar, bajo la luz de la lámpara, en lo que dejé atrás:
tardes en que el músculo del brazo
trazaba en el aire la arquitectura de la pesca,
forma única y falaz de eternidad posible.
El sol hundido en la nuca, anzuelos que parecían de oro.
Y después abandonar el muelle con un volcán
de hirvientes pejerreyes, aun sabiendo que,
tres días más tarde, los peces comenzarían a morir
muy lentamente. Aun sabiendo que una mañana
encontraría diez tajos plateados en el agua estancada.
Miro mis manos con el mismo asombro de siempre.
Nunca dejaron de asombrarme, mis manos,
ni tampoco el mudo puño que retiene
el orden momentáneo de mis venas, de mis huesos,
el orden de la luz en los ojos siempre abiertos
ante la inminente caída de la noche.



Otros poemas de DIEGO MUZZIO, aquí
Imagen en Editoriañ Entropía

junio 08, 2014

Kenneth Koch


John Ashbery & Kenneth Koch























To You



I love you as a sheriff searches for a walnut
That will solve a murder case unsolved for years
Because the murderer left it in the snow beside a window
Through which he saw her head, connecting with
Her shoulders by a neck, and laid a red
Roof in her heart. For this we live a thousand years;
For this we love, and we live because we love, we are not
Inside a bottle, thank goodness! I love you as a
Kid searches for a goat; I am crazier than shirttails
In the wind, when you’re near, a wind that blows from
The big blue sea, so shiny so deep and so unlike us;
I think I am bicycling across an Africa of green and white fields
Always, to be near you, even in my heart
When I’m awake, which swims, and also I believe that you
Are trustworthy as the sidewalk which leads me to
The place where I again think of you, a new
Harmony of thoughts! I love you as the sunlight leads the prow
Of a ship which sails
From Hartford to Miami, and I love you
Best at dawn, when even before I am awake the sun
Receives me in the questions which you always pose.


Para ti

Versión Jordi Doce

Te quiero como un sheriff busca la nuez
que resolverá un caso de asesinato que lleva años sin resolverse
porque el asesino la dejó en la nieve junto a una ventana
por la cual vio su cabeza, conectada por
un cuello a sus hombros, cubriendo su corazón
con un tejado rojo. Por esto vivimos mil años;
por esto amamos, y vivimos porque amamos, no estamos
dentro de una botella, ¡gracias a dios! Te quiero como un
niño busca una cabra; estoy más loco que los faldones de una camisa
al viento, cuando estás cerca, un viento que sopla desde
el gran mar azul, tan brillante, tan profundo y tan distinto de nosotros;
me parece que siempre estoy cruzando en bicicleta un África de campos
verdes y blancos para estar cerca de ti, incluso en mi corazón
cuando estoy despierto, que va a nado, y creo también que eres
tan digna de confianza como la acera que me lleva hasta
el lugar donde vuelvo a pensar en ti, ¡nueva
armonía de pensamientos! Te quiero como la luz del sol gobierna la proa
de un barco que navega
de Hartford a Miami, y te quiero
más y mejor al amanecer, cuando incluso antes de despertarme el sol
me recibe en las preguntas que tú siempre planteas.



Para vos

Versión Sandra Toro



Te amo como un sheriff busca una magnum
que va a aclarar un caso de homicidio sin resolver por
años
porque el asesino la dejó en la nieve al lado de una
ventana
a través de la cual vio la cabeza de ella, conectada a
sus hombros por un cuello, y puso un techo
rojo sobre su corazón. Por eso vivimos mil años;
por eso amamos, y vivimos porque amamos, no estamos
adentro de una botella ¡gracias a dios! Te amo como
un chico busca una cabra; cuando estás cerca soy más
loco que los faldones
de las camisas al viento, un viento que sopla del
gran mar azul, tan brillante, tan profundo y tan
distinto a nosotros;
Creo que siempre estoy cruzando en bicicleta un África
de campos verdes
y blancos para estar cerca tuyo, incluso cuando estoy
despierto
en mi corazón, que nada, y también creo que sos
confiable como la vereda que me lleva
al lugar donde otra vez pienso en vos, ¡una Armonía
nueva
de pensamientos! Te amo como la luz del sol guía la
proa
de un barco que navega
de Hartford a Miami, y te amo
mejor al amanecer, cuando antes de despertar el sol
me recibe en las preguntas que siempre proponés.


Enlaces: El poeta ocasional; El placard; Jordi Doce
Imagen: www.poetryproject.org

junio 05, 2014

Sebastián Salazar Bondy






Testamento ológrafo



















Dejo mi sombra,

una afilada aguja que hiere la calle

y con tristes ojos examina los muros,

las ventanas de reja donde hubo incapaces amores,

el cielo sin cielo de mi ciudad.

Dejo mis dedos espectrales

que recorrieron teclas, vientres,

aguas, párpados de miel

y por los que descendió la escritura

como una virgen de alma deshilachada.

Dejo mi ovoide cabeza, mis patas de araña,

mi traje quemado por la ceniza de los presagios,

descolorido por el fuego del libro nocturno.

Dejo mis alas a medio batir, mi máquina

que como un pequeño caballo galopó año tras año

en busca de la fuente del orgullo

donde la muerte muere.

Dejo varias libretas agusanadas por la pereza,

unas cuantas díscolas imágenes del mundo

y entre grandes relámpagos algún llanto

que tuve como un poco de sucio polvo en los dientes.

Acepta esto, recógelo en tu falda como unas migas,

da de comer al olvido con tan frágil manjar.


















Sebastián Salazar Bondy (1924 / 1965, Lima, Perú)





Imagen: redaccion.lamula.pe










junio 03, 2014

Nilton Santiago: Husmeando en la basura

Los pájaros, poesía peruanaOtro arreglo de cuentas con los pájaros



Por qué diablos tuvimos que ver tantas iglesias y tantos gatos, como geranios,
y tantos sindicalistas en el fondo de los taxis y tantas iglesias
(como si fuesen la calderilla que Dios
arroja en la barra de un bar).
No habíamos facturado por mi culpa
y las maletas de mano pesaban tanto
como el corazón de una ballena varada en una lágrima y llovía.
Pero era nuestra agonía la que en realidad nos costaba llevar
(y no la lluvia en el fondo del taxi)
y la que nos emparentaba con los perros abandonados en la sonrisa de las enfermeras.
Al final llegamos a casa -porque todo llega- deseándonos
como deben desearse los personajes literarios fuera de los libros
pero, claro, tú –la bipolar- al final ni puto caso.
De pronto empezó a llover, era la segunda vez que llovía en el día
y parecía que desempacábamos las olas del mar.
Entonces, “para romper el hielo”, decidí ir a buscar el periódico y unos chocolates,
-qué gran cobarde, qué gran malhechor-
haciéndome paso entre una manada de antílopes
que habías traído como souvenirs,
preciosos baobabs de varios metros de altura.
El barrio era el mismo, la tienda del paquistaní
era la misma nevera en medio de la calle,
y las mismas líneas de cebra cruzaban la avenida
(quizás alguien se había esnifado alguna línea, pero todo seguía igual)
Hasta vi al hombre oscuro que arrastraba su carrito de la compra
con estrellas y otras chatarras,
husmeando en la basura como un gran sabueso.
(A propósito, el hombre oscuro no conoce el pan porque él es el pan,
nadie sabe que guarda una estrella perdida en otra estrella
-como una pata de conejo-
pero no le importa, como no le importa a la lluvia
volver a la mano de Urano, una y otra vez)
Vuelvo a casa sin nada. Me he dejado la cartera y sí, sigues cabreada
y dices cosas como “siempre igual” o “lo tuyo no tiene arreglo”
mientras me preparas unos huevos fritos.
Hoy los telediarios han anunciado otro desahucio de un poema
de su abecedario de agua,
y han hecho un largo reportaje de un matrimonio de nutrias caídas en desgracia
por morder la costilla de Eva, sí otra “cortina de humo”.
Busquemos entonces la manera de cambiar este rollo de la melancolía
por más melancolía, de buscar las armas de la limpieza en el mensaje de las aves
que “han pasado” de las migraciones de invierno
y olvidemos esto de la crisis, de saqueos de bancos, de estafas a jubilados
y de haber visto tantas iglesias,
como si fuesen las cicatrices de Urano.
Vaya vaya, me dices, mientras me paso la saliva,
¿sabías que los indios de la Guayana preparan un licor con las cenizas de los muertos?
Sí, se te ha pasado ya el cabreo
y a mí las ganas de comerme los huevos fritos.


Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: Facebook

junio 01, 2014

Nilton Santiago

Tejemanejes


Tejemanejes



Acabo de leerte un poema que ha centrifugado el
pensamiento de un par de osos hormigueros
y los ha dejado muy mal parados, ya sabes, que sólo aspiran
a ser conserjes en los zoológicos o simples banqueros de caracoles marinos
y que no son trigo limpio. Como siempre tú te das por aludida
y, además de mandarme a dormir entre los escombros del sofá cama,
te has puesto a llorar, para ser exactos, 100 mil gotas de lavavajillas
como si quisieses sacarle la raíz cuadrada a tus aterciopeladas lágrimas.
Este no es un poema matemático ni tus pechos son dos terrones de uranio
empobrecido
claro, hablo sin conocimiento de causa
pero sí que sé que tus muslos comulgan con mis labios cada año bisiesto
y que, cuando te duchas, todo el planeta se queda –por momentos- sin agua de
mar.
Un cartero me acaba de traer una camionada de letras ilegibles
y me ha dado tu recado: que me vaya a tomar por saco y que te
devuelva
todas las risas que me has dado y que, según tú, retengo de mala manera
bajo un pisapapeles.
Nuestro amor ha durado lo que dura la ingestión de 100 mililitros de jarabe
lunar
o, lo que es lo mismo, ha sido más corto que el latido de un colibrí en
aprietos.
Es cierto, tampoco soy yo trigo limpio y también soy culpable
de utilizar nuestras lágrimas como monedas de curso legal en los zoológicos
así que nada de quejas ni cucharadas de besos para las anginas de la soledad.
Todo esto que digo aquí lo acabo de leer en la portada de un periódico gratuito
que me ha salido más caro que reparar mi corazón en un restaurante para
obispos,
esto pasa cuando se está más solo que el número 1 en un reloj de arena
y ya no hay ninguna minotaura que te pueda aplaudir las
gracias. C’est la vie,
a veces, cuando está a solas con la Luna, también el pobre perro duda que es un
perro. 


NILTON SANTIAGO (1979, Lima, Perú)
Fuente www.elcoloquiodelosperros.weebly.com/
Enlaces:http://www.transtierros.com/un-premio-para-santiago-tiflos-de-literatura-2013/
Imagen:www.transtierros.com