Sarajevo
ALÍ CALDERÓN (1982, Puebla, México)
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A un hombre muerto llamado Cristo, y margaritas cerca de su rostro gris, pintor
anónimo, bizantino, primer piso de la Academia.
A la cara de Lida cuando nos contó cómo los fascistas
sacaron a su padre de la casa, la hizo ver cómo le disparaban.
Cerca de rosas silvestres a lo largo de las vías del tren en St. Paul
donde Dale Street comienza a salir de la ciudad.
Cerca de rosas silvestres, en cualquier lugar.
A ese niño en Irak, acostado en un colchón, llorando,
su padre muerto sin ninguna razón más que nosotros.
El asiento trasero del coche, el día después de Pascua, mirando a cinco monjas grises
caminar lentamente a través de la luz menguante por las escaleras de la catedral hacia Dios.
A estos cuervos más negros que cantan desde la rama rota en la cima del almendro,
las flores van y vienen. Como si un dios gritara en su interior, toda la belleza huyó.
A ti, niña, que estás de pie bajo el ciprés justo después del cementerio de la ciudad, saludando
mientras pasaba tan rápido que nunca me di cuenta de lo corta que es la vida.
Dormir con sus sueños y luego, despertar, de nuevo en la historia.
A la muerte y a la esperanza de Dios, y, por el amor de Dios, a Filippo Lippi, a la belleza
A los extraños en busca de la belleza, es decir, a nosotros en necesidad,
a nuestra desesperación, qué interminable, qué necesario.
Fumar en la colina al amanecer y el camino blanco que no lleva a ninguna parte,
vacío como siempre.
A la forma en que las cosas desaparecen sin dejar rastro, llevándome cada vez con ellas.
To a dead man called Christ, and daisies near his gray face,
anonymous painter, Byzantine, first floor in the Accademia.
To the look on Lida’s face when she told uTs how the fascists
dragged her father from the house, made her watch as they shot him.
Near wild roses along the railroad tracks in St. Paul
Where Dale Street begins to leave the city.
Near wild roses, anywhere.
To that boy in Iraq, lying on a mattress, crying,
his father dead for no reason save us.
The back seat of the car, the day after Easter, watching five gray nuns
walk slowly through the failing light up the cathedral stairs toward God.
To these blackest of crows calling out from the broken branch on top of the almond tree,
blossoms come and gone. As if a god is crying out within, all beauty fled.
To you, little girl, standing under the cypress just past the town cemetery, waving
as I drove past so quickly I never noticed how short life is.
To sleep with its dreams and then, waking, again into history.
To death and the hope for God, and, for God’s sake, to Filippo Lippi, to beauty
El libro de poemas Civilización y barbarie (Buenos Aires Poetry, 2022), del escritor chileno Sergio Sepúlveda (Rengo, 1985), indaga en el quiebre de las relaciones interpersonales en una sociedad dominada por las lógicas de mercado. La temática principal que se deja entrever es una crítica al sistema económico y la forma en que los vínculos humanos se modelan en base al consumo.
Esta crisis actual del sujeto se conforma como un hilo conductor y expresa la soledad a la que nos enfrentamos en el mundo actual. El autor ofrece una mirada sobre la caducidad de los cuerpos, el temor a envejecer en una realidad dominada por la juventud y la levedad de nuestra existencia. Con un estilo minimalista y de concisión descriptiva, el escritor narra pequeños mosaicos de lo cotidiano y de aquello que nos rodea. Uno de sus poemas dice: