Piergiorgio Viti
HABÍA apoyado los ojos, con toda su firmeza, en tu rostro codiciado por las luces en tránsito de ciudades que lentamente desaparecían. Luego la oscuridad, obedeciéndose a sí misma, eclipsó la imagen y todos nos convertimos en embriones en espera del mundo. Así, tu rostro absorto solo podía imaginarlo como una hipótesis, hasta cuando fuera resucitado después del túnel. ERA finales de agosto cuando tomamos el baño de noche. Tenía miedo de que alguien pudiera verme desnudo, temblaba por el frío, sin embargo, recitaba el rol de quien en la vida superó bien otros obstáculos. Desde el mar vimos las luces anaranjadas de la estatal hacerse llamitas que poco a poco se difuminaban. A lo lejos, las notas de la disco music años Setenta, junto a la voz rufiana de un dj de provincia. Nosotros nos burlábamos de él, aquel dj que confundía las t con las d, nadábamos en una oscuridad petrolífera y mientras tanto nos preguntábamos si el próximo...