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julio 29, 2019

Raquel Jaduszliwer


PIENSO que de haber dios
elegiría el bosque como su catedral

el bosque
y en la noche
su volumen sellado, el gran follaje
el peso de los animales

un pájaro asustado elegiría
para dar testimonio.


                                                                                          Levanto mis manos junto a los otros
                                                                                            en la fila para rendirme
                                                                                            Fernando Moledo. Teoremas. Ed. Alción, 2017


MI hijo se había visto en medio de la noche
caminaba con las manos en alto, en fila entre los vencidos

mi hijo me decía:
madre ¿me ves? sigo caminando en la noche más tupida del bosque
voy tras los pasos de tus seres perdidos
directo al corazón de las casas quemándose

entonces yo gritaba
no sigas, no, no sigas
pero mi voz era un graznido

¿qué más podría haber hecho?
yo era un cuervo letal sobrevolando
buscando el aura de las generaciones anteriores
el eslabón perdido
la luz que se diezmó.



MI padre me pregunta
¿seguro que estoy muerto?

me niego a contestarle
busco en el cielo hueco
la guarida del ángel mensajero

que baje él, que baje
que baje el mensajero
que dicte su proclama
heraldo pálido de la oscuridad.



EN algo la ciudad me recuerda las viejas madrigueras del bosque
esa misma manera de agolparnos así los animales cuando viene la lluvia
y de darnos calor
por todo lo que nos quitamos

con eso nos quedamos
con la memoria de la proximidad mientras la sombra avanza.


Raquel Jaduszwiler, poeta junto a una lámpara
RAQUEL JADUSZLIWER
 (1946, San Fernando, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: “En
el bosque”. Editorial Modesto Rimba, 2018. 

julio 28, 2019

Robin Myers



Voy al parque a buscar un poco de orden

Un hombre toca la flauta
de cara al estanque,
donde los gansos arrastran las patas y cagan,
y los perros desatan su pánico feliz
como colibríes gigantes
e ignoran sus propios nombres,

y las parejas se agarran entre sí
en un abrazo solemne, para aprender
a bailar, y una nena
salta la soga con un buzo
que dice PRIMER AMOR
y su mamá toma de a sorbos algo
de un termo mientras la mira.

Un chico gordo en un triciclo
va a parar a una cuneta
y se levanta sonriendo.

Me dan ganas de llorar, si tuviera
algún derecho a darle la bendición
a algo,

se la daría a él, a su cuneta,
a su mechón despeinado, a sus dientes nuevos,
a sus tres rueditas que giran;

a él, ridículo, endeble, a salvo.

I go to the park for some order. // A man plays the flute / toward the pond, / where the geese shufle and shit, / and the dogs panic happily / like giant hummingbirds / and ignore their own names, // and couples take hold of each other / in a grave embrace, learning / to dance, and a little girl / skips rope in a sweatshirt / that says FIRST LOVE, / and her mother sips something / from a thermos, watching.// A fat child on a tricycle / runs himself into a ditch, / and comes up grinning. // I want to weep; if I / had any right to bless / anything, // I would bless him, his ditch, / his cowlick, his new teeth, / his three wheels spinning, // silly, flimsy, safe 


De: "Tener", Audisea, 2017
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
Otros poemas de ROBIN MYERS, aquí

julio 25, 2019

Poemas de Osvaldo Picardo: No los habías visto hasta entonces



De “Quis quid ubi (Poemas de Quintiliano)” (1997):


Picaflores




Antes de correr la cortina frente a las calas
la velocidad se congeló en el aire.
Primero fue uno borroneando las alas
en el hilo desatado ante un gladiolo.
El otro cayó al lado en rebote pausado
y giraron trenzando el tallo de la tarde.

No los habías visto hasta entonces. Luego
leíste que tienen corazones enormes
para el tamaño diminuto de sus cuerpos.

Y también
que mueren de quietud durante el sueño.



En un viejo laboratorio de fotografía



Hay una suma de cosas en la sombra que las ventanas clausuradas
dejan crecer desde hace años. Además del piletón, la ampliadora, 
el abrillantador, los frascos de ácido y la luz inactiva. Hay además 
ese presentimiento, el mismo de la primera revelación 
cuando la inexistencia tuvo un colapso y mil partículas
se concentraron en la historia de una sonrisa.
No es algo nuevo sino todo lo contrario, apenas si es algo.
Se parece a los bares oscuros del puerto entre putas 
y algún extranjero. No se trata de palabras ni de costumbres,
hay una suma de cosas flotando como cadáveres 
que nadie podrá identificar.


Del libro “Una complicidad que sobrevive” (2001):



Seguramente muchas cosas

“seguramente muchas cosas 
buscan ser cantadas por mí” 
 Anna Ajmátova


Demasiadas cosas no serán dichas.
No importa cuántas vengan 
desde los rincones del viejo bécquer
o patinando con un hilito de sol
sobre una mesa mojada de fiesta.
Todas son demasiadas en medio
de esta época.

Y la memoria de amor 
como una obstinación de anticuario
todavía sin poder soltar tu mano.

Y escribo 
“no me perdones, no me olvides”.

Este mundo, seguramente,
fue hecho para ser abandonado.
Para soltarle la mano y perderlo
traspapelado en el viento.
Pero ocurre a veces
creer que será terrible.


La abeja




La abeja sobrevuela la caléndula amarilla
con un acento agudo de presente.
Y en realidad, su vuelo enroscado a un poder invisible
no cesa de inventar la vieja y terrible mentira
en que nos ponemos de acuerdo. Es hermosa.

¿Habrá pensado en tu mirada? 
¿Tendrá tus ojos su viaje por el jardín de la tarde?
No hay límite. Todo es interrupción entre las flores
y también diálogo 
que se quiebra, donde aparece.


Del libro "Pasiones de la línea”  (2008):


La lila es una flor eslava 

a Marta

Es curioso ver cómo los libros
tropiezan con las personas y cómo 
inundan de significado algo 
que no tenía lugar en tu cabeza. 

Hoy ya no se necesitaba encender la luz, 
a esa hora de la tarde, y llegaste a leer 
en un libro de poemas,  
que las lilas son flores eslavas. 

También las flores han viajado, pensaste.
También lo que tiene una raíz y un color...

El nombre de dios en griego, por ejemplo,
da forma a otra palabra 
que quiere decir “el que mira”. También 
“el que viaja para ver el mundo”. 
Una especie de embajada que llega 
desde un lejano rincón y cuenta 
con familiaridad lo que es tan distinto... 

¿Qué mano, sino la de tu amor, ha puesto
este ramo de lilas  -tus preferidas-, 
sobre la mesa, bajo la crespa luz de la tarde? 

Huelen desde ahí, saben 
que estás leyendo sobre ellas. Que nada
de esta calma es en verdad, quietud.

Las ves y lo que ves, siempre 
te está encontrando. 



Error de cálculo




Este jardín quedó abandonado,
incompleto e incomprensible 
como una mentira que se olvida.

Jugabas ahí con la codiciosa hormiga,
con sus veredas cavadas llevando 
a la espalda el peso de un elefante.

Lo que en su lugar dejó nada 
puede llenarlo, aunque pensés
que bien pudiera no haber existido.

El rosal, la camelia y el espectáculo 
de los misteriosos tomates, 
el pulgón y la paciencia de la araña.

No sentías la fiebre cercana,
el absceso que la vejez prometía.
Un granito de arena en la uretra, 

una arruga, una caries, un silencio
en medio de una charla y por último,
un bisturí contra el cáncer. 

La distancia en sí misma 
entre lo que fue y es toda una vida
parece un error de cálculo:

el trazo recto de una voluntad 
con su centro en todas partes 

y su circunferencia en ninguna. 

Tus esfuerzos fueron inútiles
y lo único cierto fue lo que no tuviste. 
De este cúmulo de dudas, exaltaciones 

y desánimos ante lo hecho, inmodificable, 
un alivio te queda al menos: una línea 
escrita con el corazón, 
una intimidad cumplida. 

del libro  "Mar del Plata" (2012)


IX



Debería hablar sobre el mar, 
el que le da nombre a la ciudad 
tanto como el que la niega.  

El mar -decir por ejemplo-  respira. 
Suben y bajan, apoyados, tres patos marinos.
Y sobre el ronquido de su sueño

se sostiene el insomnio del pescador.
No está  un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país…

Me viene en cambio, la imagen del pescador. 
De su espera larga, en la escollera. 
Horas bajo el farol, horas de termo y de radio. 

Y el brillo de unos ojos muertos 
que traducen la incógnita de otro mundo.
No es el mar, sino una caña en el tiempo.

Debería hablar sobre el mar: El que da nombre
a la ciudad tanto como que la niega. 
Decir algo así como Fogwill dice: 

Pero no hay mar: el mar es solo ausencia
en la sílaba mar: pasa el sonido
y queda el hombre frente a un mar que inventa.

Es cierto, no hay sino un invento.
Y sólo, fuera del lenguaje, 
es posible que lo miren y que lo vean.



Del libro 21 gramos (2014)

[Rivers solo, moribundo]: 

“-¿Cuantas vidas vivimos? ¿Cuantas veces morimos? Dicen que en la muerte todos perdemos 21 gramos. El peso de cinco  monedas. El peso de un chocolatín. El peso de un picaflor...”
de la película “21 grams”  


Entre dos fondos, en la superficie del mar, todo pesa menos




Hay algo único en nadar
cuando se acerca una tormenta.
Sorprende y tranquiliza ver boca arriba
la velocidad con que el aire frota
las partículas de los cúmulos grises y blancos.
Se puede con cada brazada tocar
la intemperie, mar adentro.

Nadás de espaldas. Y tus ojos flotan
con tu cuerpo, sin resistirse,
en otras aguas, en un archipiélago de nubes
entre la visible consistencia
y la más transparente inconsistencia. 
La corriente te lleva a donde quiere,
rendido a su deseo y su fuerza.

Pensás que también así debería flotar
tu pequeña historia, sobre el doble fondo,
entre toneladas de relámpagos
y el sordo respirar de los peces.



"Perdóname, estaban muy ricas, tan dulces y tan frías" (William C. Williams)




¿Este sabor en la boca
entre ácido y algo dulce de una ciruela 
no fue igual hace ya más de tres mil años?

Uno no sabe cómo explicar finalmente
esto que queda de la hinchada redondez
con que se llenó tu mano
ni tampoco ese duro deseo de durar
que resiste la copia de su podrida carne.

Una ciruela morada, casi negra
no es capaz de contener el universo.
Ni podrá hacer que nada cambie.

Ese sabor es una continua pausa
en que tropiezan la culpa y el amor.



No tienen nombre los colores con que oímos hablar a la luz

a M.F.

Ningún color vuelve a ser el mismo. Imaginá 
un resplandor, una blancura que no te ciegue.
Algo más que un crepúsculo borgeano
en que se va, como cualquier otro, un día de otoño.

Mi daltonismo deriva en locura 
de colores imaginarios. Conozco sus nombres 
desde que era un chico pero los colores 
me siguen preguntando ¿será verde el verde, 
rojo el rojo, azul el azul, amarillo el amarillo? 
¿Cuál será el verdadero color de las cosas?

Por suerte, a vos te sé no sólo con los ojos
mientras la luz en tus manos me habla 
bajo el peso de un arcoiris.



El nudo doble de los pescadores deja suelta algunas cosas 



I



El viejo Mamino todavía navega
en una lancha amarilla, el mar de sus muertos.
Cuando tenías siete años, al viejo lo viste,
en la banquina, y te enseñó a hacer nudos.

De esos nudos dobles
para empalmar dos pedazos de sogas
con el símbolo del infinito.

Era un ocho acostado y entre los dedos
lo daba vuelta, hasta cerrarlo de un tirón.
Un nudo doble que ni Dios desata.

 

II



Pescaban con red, del amanecer
hasta el mediodía, no lo que ya había
bajo la superficie. No el abadejo
ni la anchoita, no el calamar
ni la chernia que anidan
en las formas de lo conocido.

Por eso debían cortar las sogas,
volver a hacer nudos
y llegar por atrás del viento
con una lógica de desencantos
y años perdidos.

No traían de vuelta más que la sospecha
de haber llegado al otro extremo 
donde se hacen todas las cuentas 
y el tirón de la soga desata el alma. 



III



¿Cómo asegurar que lo que no vuelve,
no pueda llegar a regresar? Después de todo, 
se olvida con el tiempo una y otra vuelta
del fijo e inamovible nudo de los muertos.

Los que nos esperaban, se han cansado,
y sin saber que íbamos a venir, murieron;
han cruzado sus brazos, sin poder abrazarnos
y en lugar de recuerdos, dejan remordimientos.

Uno se siente como un pescador frente a un desierto 
que alguna vez, increíblemente fue también mar.
Ahí hubo pesca, hambre y quien sobre las aguas
habló de incomprensibles enigmas, diciendo: 

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Así de desatados e incomprensibles 
estos nudos de la vieja banquina, aprietan, 
al otro lado, lo que parecía perdido. 


NOTA : El poema en su 3ra. parte incluye un cuarteto traducido del primer soneto de “Sept poèmes pour une morte” de Margaritte Yourcenar. La versión es propia y dice: Los que nos esperaban, se han cansado,/ y sin saber que íbamos a venir, murieron;/ han cruzado sus brazos, sin poder abrazarnos/ y en lugar de recuerdos, dejan remordimientos./ / Las oraciones, las flores, el gesto más tierno/ llega muy tarde para que Dios los bendiga./ Los vivos no se hacen oir por los muertos;/ la muerte, cuando viene, junta sin unir./ / No conocemos la serenidad de las tumbas./ Tarde ya, damos gritos que cansan, retumban,/ penentran sin eco la sorda eternidad;/ / y los muertos desdeñosos u obligados a callar,/ en el umbral oscuro del misterio, no oyen/ llorar por  un amor que no fue nunca./   

Osvaldo Picardo
OSVALDO PICARDO (Mar del Plata, Bs.As., Argentina, 1955) es un poeta, ensayista y crítico argentino. Una figura destacada de la «poesía de pensamiento» que se dio en el período posterior a la dictadura cívico-militar (1976-1983) en la Argentina. Docente e investigador universitario, exdirector de la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM) y director de la revista  La Pecera. 

Algunos de sus libros de poemas son:  Quis quid ubi: Poemas de Quintiliano (1998), Una complicidad que sobrevive (2001), Mar del Plata (2005 y 2012)”,  Pasiones de la línea. Poemas de Nicolás de Cusa (2008); O.P.Vida de poesía (2008),  y 21 gramos (2014). 

Entre sus libros de ensayos se destaca: Primer mapa de poesía argentina. Solicitudes y urgencia. El noroeste: la carpa y tarja (2000); con su prólogo y a su cuidado, la  Antología poética de Joaquín O. Giannuzzi, Madrid, en 2006, Visor, que constituye la primera publicación de Giannuzzi fuera del país. En 2016 publicó el ensayo y antología Poesía de pensamiento, en Madrid, Endymion. Su último libro de ensayos es Colgados del lenguaje. Poesía en las ciencias, en Rosario, 2018, Baltasara editora.

Ha traducido junto a F. Scelzo y E. Moore The love poems de James Laughlin y otras versiones suyas de E. Pound, D.H.Lawrence, M. Yourcenar o K. Rexroth han sido publicadas en revistas y en periódicos del país y el extranjero.

julio 24, 2019

Dos poemas de Charles Simic



Guerra



El dedo tembloroso de una mujer
recorre la lista de los caídos
la noche de la primera nieve.
La casa está helada y la lista es larga.
Todos nuestros nombres están incluidos.



El antiguo mundo



Yo creo en el alma; por el momento
da lo mismo.
Recuerdo una tarde en Sicilia.
Las ruinas de un templo.
Columnas echadas en el pasto como amantes desnudos.

Las aceitunas y el queso de cabra tenían un sabor delicioso
y lo mismo el vino
con el que brindaba por la llegada de la noche,
las golondrinas lanzándose como dardos,
el viento y la luna sarracenos.

Oscurecía. Había algo
duradero antes de las palabras:
la comida nocturna de los pastores…
una efímera blancura entre los árboles…
la eternidad espiando al tiempo.

La diosa yendo a bañarse en el mar.
No debía ser seguida.
Estas rocas, estos cipreses,
tal vez sean sus antiguos amantes.
Oh, si fuera yo uno de ellos, me susurró el vino.



War



The trembling finger of a woman
Goes down the list of casualties
On the evening of the first snow.

The house is cold and the list is long.
All our names are included.



The Old World



I believe in the soul; so far
It hasn't made much difference.
I remember an afternoon in Sicily.
The ruins of some temple.
Columns fallen in the grass like naked lovers.
The olives and goat cheese tasted delicious
And so did the wine
With which I toasted the coming night,
The darting swallows,
The Saracen wind and moon.
It got darker. There was something
Long before there were words:
The evening meal of shepherds . . .
A fleeting whiteness among the trees . . .
Eternity eavesdropping on time.

The goddess going
to bathe in the sea.
She must not be followed.
These rocks, these cypress trees,
May be her old lovers.
Oh to be one of them, the wine whispered to me.

Otros poemas de CHARLES SIMIC, aquí
Traducción: Adam Gai
Enlaces: http://web.uchile.cl/archivos/uchile/revistas/autor/simic/seleccion.html


julio 23, 2019

Fabián O. Chazarreta

Licencia     


I 


Visita de médico 
me hace la poesía. 
Viene a ver 
si soy 
o me hago. Estás frío nene, 
frío, me dice. Y me hace cosquillas
con ramitas de tilo
y se va
de la mano de mi abuela.
Como dos enamoradas
se van.



II




Pero no es
visitador médico la poesía.
Ni buche ni carnera.
Viene
porque no la manda nadie.
Sino
no vendría.
Ayer vino
y me tocó con un palo
a ver si me movía.
Antes de irse
dejó un caracol en la mesita.
Para que no olvides
el sonido del mar, me dijo.
Y un títere descuartizado
lo arrima a mi oído
cada noche
y escucho que alguien
se ahoga
antes que la alarma suene.
Despierto,
doy gracias.


III



¿Cómo sigo? Pregunto.
Tenés algo
en la garganta,
un payé bajo la lengua,
plumas de cabureí en la campanilla.
Pero estás bárbaro hoy.
Te dejo
un sobrecito sin abrir
de brillantina.
¿Escuchás
esas banderas? Le digo.
Pero ya no me contesta.
Abre las ventanas.
Todo se ilumina de relámpagos sin truenos.
Entran mis perros muertos
y se va.


Una mañana me di cuenta




que en la punta
de mi botín de acero
se apoyaba el mundo.
Intenté quedarme quieto.
Verificar la rotación y traslación
de las cosas
sin yo mover un dedo
y me tiraron un plomo
para que vuelva a caminar más derechito.
Ese día descubrí
que hay leyes que son graves
cuando se rompen
y que hay derechos que costaron sangre.


La lluvia es un archivo muy pesado




Habrá que
convertirla en otra cosa

si queremos subir
unas palabras
que suenen como el trueno
y quemen como el rayo



Mis perros muertos


I

Anoche soñé
que saltaba de estrella
a estrella. Era un huesito
en la boca
de mis perros muertos.


II



Mis perros muertos
ahora son peces en el aire.
Cuando suspiro
corren lo invisible.
Como cuando les abría
la puerta y era nuestra la tarde.



III



Trajiste las raíces
de la luna hasta mi puerta.
Trajiste dos estrellas
y años luz
para toda esta distancia.
Es hora de ver juntos
crecer la noche.



Obra 25 de Mayo




Debajo de la escalera
un niño
me hace señas.
-Vení, mirá cómo
se agitan esas hojas,
cómo el árbol

y yo-

Pero no hay viento.
En la obra
nunca hay viento ni árboles.



Para Laura




Hace siete años
soñé que una oveja
salía de su lana
para darme abrigo.
A punto estuve
de cruzar desnudo
la frontera. Ahora
podés contar conmigo
-me dijo- quiero decir,
podés contar diez de mí
cada noche hasta dormirte.
Cuando llegué a siete
me desperté abrazado
a tu pullover lanudo.
Era verano. Vos casi
llegabas a Bolivia



Mi hija juega




a ser maestra
debajo de un árbol sin hojas.
Esa casa de estudio
resiste al tiempo.



A César Vallejo




Te cuento, 
que a falta de títulos,
ya casi
me recibo de estudiante.
Te leí a los quince,
un día en que empezó
la primavera
y no quise salir de casa.
Desde entonces
las hojas no dejan de caer,
no dejan de buscar
muertas y mesiánicas,
verdes e inútiles,
toda noción de tu esqueleto.
Te leo. Estudio, claustro
de cierto puño. No pierdo la esperanza
de ver tu sombra
crecer desde el piso.
De que vos también la veas.


En la imagen se observa a una persona sentada junto a una bomba de agua manual, montada sobre una estructura de ladrillos. La bomba parece ser de un modelo antiguo, hecha de metal, y está conectada a un sistema de tuberías. La base de ladrillos podría estar cubriendo un pozo o un pequeño depósito de agua.  La persona lleva puesta una camisa verde con un bolígrafo en el bolsillo del pecho, y jeans azules. El entorno incluye una superficie pavimentada y algo de vegetación en el fondo, lo que sugiere que podría tratarse de una zona rural o semiurbana.
FABIÁN O. CHAZARRETAA (1981, San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Argentina). 

julio 22, 2019

A. R. Ammons

A.R. Ammons

Mecanismo




Honor a lo que marcha, jilguero, árbol, corporación,
moral: todo orden que funcione,
animado o no: ha
alcanzado un equilibrio dirigido,
trabajan las energías de entrada y de salida,
cierta energía le queda al mecanismo,
algo de ceniza, suficiente energía se retiene
para mantener el orden en condiciones,
asegurar el ulterior consumo de entropía,
el gasto de energía para reforzar el orden:
honor al reactor perseverante,
al contenedor del cambio, al moderador: junto a la bahía
el pájaro amarillo lanza relámpagos de ala negra
en los retoños de las matas de endrino
sobresalta de belleza al halcón,
y revolotea hasta una rama donde
el relámpago se desvanece en quietud,
desconcertando al halcón que lo perdió de vista:
honor a las sustancias, las plaquetas, la móvil hemoglobina,
el iris sensible a la luz, el intrincado
control de las enzimas,
las transformaciones gástricas, la semilla
disuelta en licores acres, sintetizada en
gorjeo, humor vidrioso, conocimiento,
compulsión sanguínea, instinto: honor a los
genes únicos,
a las moléculas que se reproducen solas, se dividen
en conjuntos, al grano nucleico transmitido en lento
cambio durante eras de forma alzada y derruida,
apartadas ciertas células para tareas especiales,
la mente o la percepción alzándose en rangos de cortejo,
de derechos territoriales, la mente surgiendo
de las propiedades físicas
para garantizar el intercambio de genes, el encuentro
de macho y hembra, las satisfacciones encubriendo
una satisfacción racial más honda:
al calor que guarda una piel emplumada:
el alambique viviente, el calor del cuerpo mantenido
(mechero bunsen bajo la redoma)
para que las sustancias procedan, los niveles de reacción
interactúen, se autoajusten, con óptima
eficiencia, firme el recipiente, la llama
constante: ¡aisladas, contenidas reacciones! lo preciso
y necesario obrado desde lo fortuito, reproducible,
la artesanía redimida del azar, mientras en la bahía
el jilguero, inconsciente del billón de operaciones
que sostienen su forma, destella, gorjeando (cantor
nada notable) entre las matas de endrino que florecen.



Mechanism



Honor a going thing, goldfinch, corporation, tree,
morality: any working order,
animate or inanimate: it
has managed directed balance,
the incoming and outgoing energies are working right,
some energy left to the mechanism,
some ash, enough energy held
to maintain the order in repair,
assure further consumption of entropy,
expending energy to strengthen order:
honor the persisting reactor,
the container of change, the moderator: the yellow
bird flashes black wing-bars
in the new-leaving wild cherry bushes by the bay,
startles the hawk with beauty,
flitting to a branch where
flash vanishes into stillness,
hawk addled by the sudden loss of sight:
honor the chemistries, platelets, hemoglobin kinetics,
the light-sensitive iris, the enzymic intricacies
of control,
the gastric transformations, seed
dissolved to acrid liquors, synthesized into
chirp, vitreous humor, knowledge,
blood compulsion, instinct: honor the
unique genes,
molecules that reproduce themselves, divide into
sets, the nucleic grain transmitted
in slow change through ages of rising and falling form,
some cells set aside for the speciaI work, mind
or perception rising into orders of courtship,
territorial rights, mind rising
from the physical chemistries
to guarantee that genes will be exchanged, male
and female met, the satisfactions cloaking a deeper
racial satisfaction:
heat kept by a feathered skin:
the living alembic, body heat maintained (bunsen
burner under the flask)
so the chemistries can proceed, reaction rates
interdependent, self-adjusting, with optimum
efficiency —the vessel firm, the flame
staying: isolated, contained reactions! the precise and
necessary worked out of random, reproducible,
the handiwork redeemed from chance, while the
goldfinch unconscious of the billion operations
that stay its form, flashes, chirping (not a
great songster) in the bay cherry bushes wild of leaf.


A.R. AMMONS (Archie Randolph Ammons, 1926, Whiteville, NC / 2001, New York, Estados Unidos de NA)
Traducción: Daniel Aguirre Oteiza / Marcelo Cohen
Enlace:
| http://www.portaluchile.uchile.cl/revistas/autor/ammons/ammonsbio.html
Imagen: Los Angeles Times

julio 21, 2019

Adélia Prado: Acabo de recibir un beso por correo

Adélia Prado



Tiempo    



A mí que desde la infancia estoy viniendo 
como si mi destino 
fuese el exacto destino de una estrella 
me piden cosas increíbles: 
pintarme las uñas, mostrar la nuca, 
pestañear, beber. 
Tomo el nombre de Dios en vano. 
Descubrí que a su tiempo 
van a llorarme y olvidar.
Veinte años más veinte es lo que tengo,
mujer occidental que si fuese hombre
amaría llamarse Eliud Jonathan.
En este exacto momento del día veinte de julio
de mil novecientos setenta y seis,
el cielo está brumoso, hace frío, estoy fea,
acabo de recibir un beso por correo.
Cuarenta años: no quiero cuchillo ni queso.
Quiero el hambre.



Tempo



A mim que desde a infãncia venho vindo / como se o meu destino fosse o exato destino de uma estrela / apelam incríveis coisas: / pintar as unhas, descobrir a nuca, /
piscar os olhos, beber. / Tomo o nome de Deus num vao.vint.e e Descobri que a seu
tempo / vão me chorar e esquecer. / Vinte anos mais vinte é o que tenho, / mulher
ocidental que se fosse homem / amaría chamar-se Eliud Jonathan. / Neste exato momento
do dia vinte de julho / de mil novecentos setenta e seis, / o céu é bruma,
está frio, estou feia, / acabo de receber um belio pelo correio. /
Quarenta anos: não quero faca
nem queijo./ Quero a fome.                                                                                        


Traducción: José Ioskyn
Otros poemas de ADÉLIA PRADO, aquí
Enlaces: 

julio 20, 2019

Alice Walker: Toma las contradicciones de tu vida y envuélvete con ellas




No seas el predilecto de nadie




No seas el predilecto de nadie;

Sé un paria.
Toma las contradicciones
De tu vida
Y envuélvete con ellas
Como si fueran un manto,
Para esquivar las piedras
Para mantenerte abrigado.

Mira a la gente sucumbir

A la locura
Con hurras copiosos;
Déjale que te mire de reojo
Y que tu reojo conteste.

Sé un paria;

Está contento de caminar solo
(Fuera de moda)
O ponte en fila con el abarrotado
Lecho del río
Con otros impetuosos
Incautos.

Haz una reunión alegre

En la ribera
Donde miles murieron
Por palabras valientes y maltrechas
Que ellos dijeron.

Pero no seas el predilecto de nadie;

Sé un paria.
Digno de vivir
Entre tus muertos.



Be Nobody’s Darling




Be nobody’s darling;

Be an outcast.
Take the contradictions
Of your life
And wrap around
You like a shawl,
To parry stones
To keep you warm.

Watch the people succumb

To madness
With ample cheer;
Let them look askance at you
And you askance reply.

Be an outcast;

Be pleased to walk alone
(Uncool)
Or line the crowded
River beds
With other impetuous
Fools.

Make a merry gathering

On the bank
Where thousands perished
For brave hurt words
They said.

But be nobody’s darling;

Be an outcast.
Qualified to live
Among your dead.


ALICE WALKER (1944, Eatonton, Estados Unidos de NA)
Traducción: Juan Gabriel Gomez Albarello
Imagen: Washington Daily Report

julio 17, 2019

Teresa Fornaris



Tras el cristal 

...el absoluto silencio en la limpieza de las cosas 

la máquina infame 

sus partes móviles o vivas 

Los que están detrás de las máscaras 

me observan de otro modo 

creen que los acuso 

y los acuso de veras 

Analizo sus pulgares chasqueando

y adivino el sonido que los embobece:

el líquido cayendo

interminablemente

la caja de metal

el brazo también interminable

Siento un placer malsano

en la observación de las esquinas

en escuchar sus pobres comentarios

blandidos como espaditas vegetales

a los que soplo el viento frío de mis argumentos

Pero soy tan frágil

como el cristal que nos separa

—más que la máscara que ninguno advierte—

Hago el camino de regreso

otra vez el silencio

Las palabras no son lo que ellos imaginan.






julio 15, 2019

Hugo Coneus

Hugo Coneus



IV



Al nacer
cabías dormida
sobre mis manos
a tu lado
parecíamos gigante
pero éramos pequeños

hija

los tres
en la palma
de la noche



VII



Una
noche

hija

tu madre y yo
hicimos una pira
de recuerdos malos.

Arrojamos cajas abiertas
y cajas cerradas.

Todo se fue quemando
mientras vos dormías.
El humo era cada vez más denso
pero el aire
en sus remolinos
cada vez más puro.



XII



La primera vez
que tu abuela te vio

hija

vos dormías.

Se acercó
como una peregrina
inclinó su cuerpo
y dijo algo suavemente en tu oído
que no pudimos escuchar.

Te ha dejado un hechizo
una ofrenda
que llevarás como un tesoro

como el cofre que la luz
abre al mediodía



XV



No te asustes

hija

si en los sueños
aparece el viento del sur
trayendo un telón grisáceo de lluvia.

No temas al molino gigante
que gira alocadamente su cabeza.

No te asustes
si ves un niño
tímido y sonriente
en el trigal

se conocen

tiéndele tu mano
en la tormenta.



XVI



Mismo bar
misma mesa
misma botella
otra
pero la misma.

Sos el hueso pelado
que se le tira al tiempo para entretenerlo.
Para que escarbe y se quede dando vueltas a tu alrededor.

Así
mientras tanto
podemos talar a los árboles más viejos
sin preguntarnos por su corazón seco
ni el lugar de dolor.

Así
mientras tanto
podemos matar un elefante a distancia
sin que nos huela
sin necesidad de mirarle la parte
del ojo que tiembla.


HUGO CONEUS (1980, Tres Arroyos, Provincia de Buenos Aires. Reside en La Plata)
[Envio de HC]