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julio 30, 2011

Hernán Lucas






Praga estaba regalada en 1994,

Ingrid y Bettina que venían

de Londres la carísima

se daban la gran vida ahí

aunque no dejaba de ser un problema no saber

checo. Ingrid no pudo calmar su antojo de pollo,

por ejemplo, ni aun dibujándoselo a la moza,

ni agitando los codos como alas

delante de sus ojos

azules e ignorantes como zafiros.

Pero una noche disfrutaron por igual

el poder de sus dólares

y  la ignorancia del idioma.

En un restorán decidieron guiarse

sólo por los números:

Betti le señaló al mozo el postre más caro fue

como poner en marcha maquinarias olvidadas:

instrumentos especiales traídos

por hombres repentinamente graves

manteles de otro blanco larguísimos

preparativos que encerraban

la gran promesa del postre, y ahí

Betti empezó a callarse, porque del postre en sí

                                                   no se acordaba.





De “Grieta de oro rápido” (inédito)







Paz da la cabeza al piso

y deja su pie en el zócalo, de la peluquería

rompe la crisma, estrella

el peinado flamante

deja a la gloria zumbando

en el filo de las tijeras.







La ruina

de lo que vos creíste

que era tu audacia

no es un lago bajo el sol,

pero un cambio

en el ánimo del cielo

también la irisa.




“En el cráneo una leonera” (inédito)





Hernán Lucas (1974, Buenos Aires, Argentina)

julio 27, 2011

Lucas Soares



con la mitad del cuerpo hundido
cruzamos un mar entre bandadas
de tábanos, cada tanto algún barco
nos ignoraba y la cabeza de un perro
nadaba convencida hacia la orilla

apenas dimos con una playa dibujaste
con la punta del pie en la arena
la vuelta recorrida que el agua
borró enseguida



recién en el momento del despegue miré
por la ventanilla ovalada
las primeras nubes, la ciudad
como un scalextric

dejaba atrás un lugar
apenas entrevisto

pensé que si el avión
explotara en el aire
moriría al menos con una
frase tuya en la cabeza


LUCAS SOARES (1974, Buenos Aires, Argentina)

De. "El sueño de ellas", Bajo la luna, 2014
Fuente: www.lucas-soares.com 
Imagen: www.paradisoediciones.com.ar

julio 26, 2011

Jorge Aulicino: Árboles


EL tallo que detiene el ojo
crece un centímetro por día
en la ansiedad del día.
A un centímetro diario el tallo crecerá
3,65 metros anuales.
Pero el ojo no se engaña:
el árbol joven del jardín
no crecerá hasta esa altura en un año.
Hoy, solamente ahora, crece
un centímetro diario.

No durmió bien el observador.
El jardín, en una barrio
que hace cien años fue rico,
tiene plantas frondosas, oscuras, frescas.
El árbol joven, ensimismado entre ellas,
insolente y frágil,
no promete una copa frondosa
ni pájaros ni el suavísimo sonido a sedas
de las hojas de los otros árboles
pero crece, hoy, 3,65 metros anuales.

El momento es absoluto
para los árboles mayores,
lentos o eternos
con velocidad de acuario,
y para el tallo nuevo,
ágil y voraz.
Tallo  que no entiende, como los árboles mayores,
que su objeto es limitar el infinito,
no conquistarlo;
este tallo joven quisiera, en su velocidad,
abarcar con su copa, ramificada millones de veces,
el espacio completo
hasta anular todo dibujo del espacio
entre sus futuras ramas y sus futuras hojas.
Lo comprende bien el hombre que no durmió esta noche.
Su espíritu es
los árboles:
los viejos
y el nuevo.


JORGE AULICINO
De. "Almas en movimiento", Libros de Tierra Firme, 1995
Enlace: El poeta ocasional
Imagen: festivaldepoesiaderosarioenfotos.blogspot.com

julio 24, 2011

Rodolfo Edwards

Rodolfo Edwards


el pasaje Obelisco



en el pasaje Obelisco
solía tomar cervezas
con mis futuros enemigos

en el pasaje Obelisco
mientras me lustraban las botas
con un lápiz de oro trazaba
una larga línea
entre absurdas combinaciones de subtes
que me llevaban a ninguna parte
se hundía en la noche
mi alma
como un fantasma visible
que no pudo eludir
el peso de la materia
esperaba súbitos acontecimientos
un relumbrón
una luz cegadora
o sea:
un golpe de la suerte

en el pasaje Obelisco
una vez compré
un teléfono blanco
un Gráfico
con Bochini en la tapa
y un reloj de juguete
que marca siempre
la hora más querida


RODOLFO EDWARDS (1962, Buenos Aires, Argentina)
De. "Diario de poesía N° 82, Junio a Diciembre 2011
Imagen: alcoyanaalcoyana.blogspot.com

julio 23, 2011

Juan Luis Hernández Milián


De sobremesa     



Mira al arroz 
cómo quiere otra vez ser en la espiga, 
al ave pasmada por la muerte en vuelo; 
mira cómo
el último estertor de la lechuga
cuaja en el rocío,
la hermosura del pez pidiendo salvación…

Ten misericordia de ellos.

No siempre el amor
entra, precisamente hoy, por la cocina.



Noche blanca



Cuando

parpadea la luz
y noviembre
teje entre nosotros
otra noche,
como si fuera una de las noches
al San Petersburgo del siglo diecinueve,
me embarga
el mismo sobrecogimiento
de cuando vi aquellos funerales
a las puertas de una iglesia
cercana a la casa de Tolstói.

Por la nitidez de ese recuerdo
no pasa,
como por ti,
el tiempo.



JUAN LUIS HERNÁNDEZ (1938, La Matanza, Cuba)
De: www.postaldecuba.com
Imagen: Postal de Cuba

W.H. Auden

W.H. Auden






El ciudadano desconocido







El Departamento de Estadística descubrió que era
alguien contra quien no había queja oficial,
y todos los informes sobre su conducta coinciden
en que, en el sentido moderno de una palabra anticuada, era un santo,
pues en todo lo que hizo sirvió a la Gran Comunidad.
Salvo por la guerra hasta el día de su jubilación
trabajó en una fábrica y nunca fue despedido,
sino que satisfizo a sus patronos, Motores Fudge S.A.
Y sin embargo no era un esquirol ni tenía opiniones extrañas,
pues su Sindicato informa que cumplió con su deber
(nuestro informe sobre su Sindicato indica que era de fiar)
y nuestros trabajadores de Psicología Social descubrieron
que era estimado entres sus compañeros y le gustaba ir de copas.
La prensa está convencida de que compraba el periódico todos los días
y sus reacciones a la publicidad eran normales en todos los sentidos.
Las pólizas hechas a su nombre demuestran que estaba asegurado 




                     a todo riesgo,



y su cartilla de Atención Sanitaria indica que ingresó una vez 



                    en el hospital pero salió curado.



Tanto Sondeo de Producción como Alto Nivel de Vida declaran
que tenía actitud sensata entre las ventajas del Pago a Plazos
y poseía todo lo que necesita el Hombre Moderno,
fonógrafo, radio, coche y frigorífico.
Nuestros investigadores de Opinión Pública están convencidos
de que tenía las opiniones adecuadas según la época del año;
cuando había paz, estaba a favor de la paz, cuando hubo guerra, acudió.
Se casó y aportó a la población cinco hijos,
lo que era el número adecuado para un progenitor de su generación 




                    según nuestro Eugenista,



y nuestros maestros atestiguan que nunca se entrometió en su educación.
¿Era libre? ¿Fue feliz? La pregunta es absurda:
si algo hubiera ido mal, con toda seguridad nos hubiéramos enterado.





WYSTAN HUGH AUDEN (1907/1973, Londres, Inglaterra / Viena, Austria) Nacionalizado estadounidense en 1946


Imagen: W.H Auden por Cecil Beaton en National Portrait Gallery

julio 21, 2011

Luis Eduardo Alonso: No hay pecado y arroja la red




El muelle animal cansado
ocultas tu pie en la agua seguro de ser más bello
y me deshonras
Entonces qué hierros alzas desesperadamente doblados
Qué sueñas con ese amanecer que te ilumina
La mar no te vence y la derrotas
y entonces también yo
puedo soñar



Pero el viejo pescador conserva del tiempo un vaivén de reloj
él orina tristemente en la proa
se abandona sobre el océano
ay sus pensamientos
sólo estuvieron en la mente de los esclavos y los genios
No hay pecado
y arroja la red



No hay nadie en la bahía y en la noche las olas llaman y llaman
nadie responde
Qué triste
tu vida estará siempre atardeciendo en aquella costa sola

a veces en las playas serenas descubro que todo está concluido
y sólo esta luna me defiende


LUIS E. ALONSO (1951 / 2002, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "La mar", Ediciones La lámpara errante de poesía, 1982
Imagen: "Paseo a orillas del mar", de Sorolla en valle-fernandez.blogspot.com

julio 18, 2011

Poetas chinos: Pero la blanca luna me ilumina








Li Po



El santuario de la cumbre








La cumbre, el monasterio.


ya es noche. Alzo la mano

y toco a las estrellas.

Hablo en voz baja: temo

que se despierte el cielo.







Despedida en una taberna de Jinling









Las flores de los sauces

se mecen con la brisa

e inundan la taberna de fragancia.

Mis jóvenes amigos de Jinling

vienen a despedirme.

Una hermosa doncella nos escancia el licor.

Entre "adiós" y " adiós",

apuramos una copa tras otra.

Preguntad. ¡ oh amigos ! al gran río que corre hacia el este:

¿qué acabará primero, su curso o mi añoranza?








Suan Tsong







Se tallan en madera


los rostros viejos de la marionetas.

Se manejan con hilos.

Con su arrugada piel y sus cabellos

blancos,

asemejan a verdaderos ancianos.

Mas, acabada la comedia,

se derrumban inmóviles

Igual que las marionetas, los humanos

pasan, como en un sueño, por la vida.








Wang Wei







Sentado solo, entre los bambués,


toco el laúd, y silbo, silbo, silbo.






Nadie me oye en el inmenso bosque,


pero la blanca luna me ilumina.








Tu Fu







Ya tres noches seguidas he soñado contigo.


Estabas a mi puerta,

pasándote la mano por el blanco cabello,

como si una gran pena te acibarase el alma...

Al cabo de diez mil, cien mil otoños,

no tendrás otro premio que el inútil

de la inmortalidad.







Textos seleccionados del blog Las voces del silencio, www.http://elizabeth-lasvocesdelsilencio.blogspot.com


Enlaces: Poesía china

Imagen: casaasia.es

julio 13, 2011

Osvaldo Picardo



Las ciudades son absurdas




hasta que alcanzan
la playa del hábito y del amor.
Imponen un tiempo
y una mirada
que no eran tuyas.
He leído que algo parecido
sucede con unos peces
de las profundidades:
Se hunden en la noche del agua
sintiendo la cercanía
de la hembra desconocida.
Y bajo sixtinas de coral
encuentran y descubren
el corazón del instinto.
Basta eso para aplastarse
contra la piel de una vecina
y así, desaparecer día tras día,
hasta que, en la unidad deforme,
pierden los propios ojos
y hasta el primitivo cerebro.
El amor que miente su razón
con tanta entrega, nos abandona
a una práctica insípida:
saludarnos diariamente,
hablar de las mismas cosas
y aplastarnos …



Osvaldo Picardo
OSVALDO PICARDO (1955, Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Wallace Stevens



Desilusión a las diez



Las casas están frecuentadas

por blancas camisas de dormir.
Ninguna de ellas es verde,
o púrpura con anillos verdes,
o verde con anillos amarillos,
o amarilla con anillos azules.
Ninguna de ellas es singular,
con escarpines de lazo
y cinto de abolorios.
La gente no irá a soñar
con mandriles y caracolas.
Sólo, aquí y allá, un viejo marinero
borracho y dormido con sus botas,
caza tigres 
en rojo clima.


WALLACE STEVENS (1879 / 1955, Pennsylvania, Connecticut, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Los grandes poetas", Centro Editor de America Latina, 1988
Imagen: wikipedia.org

julio 12, 2011

Raúl Abeillé


Las otras miradas




A veces
cuando apago la luz
siento que hay ojos
que me miran.

Otras veces
también siento que hay ojos
que me miran
me miran
y debajo de esos ojos
adivino bocas que murmuran.
Me miran
me miran
siento el silencio
de agujas afiladas.

Apago la luz
y ojos
pares de ojos
ávidos
curiosos
deseando conocer
lo que pienso en la
oscuridad.



Diablos



necesitar luces
para estar solo



El perro



Mi perro bosteza.
Bosteza feliz.
Pasa el tiempo
igual bosteza.
No lo mide
no le importa
su tiempo es corto
sus minutos largos.

Las cosas transcurren
el abre la boca distendido
se relame
y bosteza.
Miro la hora
siempre se me hace tarde.

poesía argentinaRAÚL A. ABEILLÉ (Santa Fe, Provincia de Santa Fe. Reside en Rafaela)
Imagen: Roy Lichenstein

julio 10, 2011

Andi Nachon


Hospital de ojos     




–Santa Lucía, déjanos ver.– Aquí donde esperamos todos 
mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más 
de cincuenta números antes, aquí, Santa 
permítenos en la espera –a mí, a los otros– cierta dignidad en bordes 
poco limpios inhóspitos 
rincones éstos de la pública 
salud y heridas 
por trabajos varios, soldadoras o astilla 
que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí 
ver claro cómo 
esto alcanzaría para todos. A la espera con números
imposibles del cien al dos
diez cuánto
habrá más que esperar para ver? Alcanza con  el verde
pleno de febrero y alcanza para más
éste estar acá. Guardia
médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo
sangrante del hombre viejo. Son de fajina
sus pantalones y uniforme, aquí
donde también él
tendrá sus sueños cuando espera y vos
al lado le tendés otro pañuelo. –¿Es rojo
esto que veo? ¿Tiene el dolor
algún color?– “Santa Lucía, que estás aquí
hecha por nosotros –para nos– los que en fila
esperamos qué salvación: déjanos ver un probable
tiempo para todos
donde también este penar
tenga su sitio sin apostar al empuje
del otro para hacer lugar.” Y hay algo
definitivo de barco hundido aunque alcance
el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro
ser nosotros y así
la luz completa de febrero
no se opaque ni se sostenga más
esa regla del pobre
para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas
cuando no estamos ahí
donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya
justificar. Lavandina más espadol, el alfajor que la nena
come inquieta en un rincón. Ciento
sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros
de la impaciencia al fastidio porque nada
logra a veces ligar en dolor, ni siquiera
cierta redención. –Pero estalla afuera esta mañana
única de febrero, cualquier posible
caminata al sol, el mismo aquí, en esa
clínica privada siempre aséptica y no
la salud no se paga
no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.– Santa
Lucía Santa, recuérdanos que nosotros
y los otros igual moriremos. Y alcanza
con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía
ser suficiente aunque la madre
da un bofetón a la nena, en esta calma chicha
tan parecida a sala previa
del huracán que borre toda
espera pero no. Vos
aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena
sino que a ver
Vinimos aquí lucía: solamente a vernos, los unos
en los otros ya que éste
espacio alcanzaría para todos
cuando casi esa mano
del hombre herido sobre el hombro
blando de su chica alcanza
también estas entrañas, Lucía aquí
vos despierta con nosotros.


Andi Nachon
ANDI NACHON (1970, Buenos Aires, Argentina)
De: "Plaza Real", 2004, Ediciones La Bohemia
Imagen: sigamosenamoradas.blogspot.com

julio 06, 2011

Laura Yasan


Llama ángeles

¿y para qué?



el llama-ángeles de mi vecino
hace un sonido de corolas de níquel
un fino repicar sobre cristal de copas biseladas
treinta y dos veces por minuto
-treinta y cinco si hay viento-
constante sostenido
todo el maldito día y la maldita noche
se estrellan ángeles contra el techo
su exquisito plumaje se desgarra
en el vidrio dentado de la medianera
muchos se electrocutan en los cables de luz
pierden el brillo de los dientes

él sigue acumulando nicotina
en una camiseta sucia
frente al canal de los deportes


LAURA YASAN (1960 / 2021, Buenos Aires, Argentina)
De:  Revista Ñ, edición del 08/05/2010
Imagen: festivaldepoesiaderosario

*LLama-ángeles: esfera de plata que emite un sonido armonioso al agitarse. Según la tradición protege a quien la posee

julio 02, 2011

Horacio Fiebelkorn

Horacio Fiebelkorn


Ambientación



Hay una mesa, un
espejo, un mantel sucio, la huella
de alguien en la pared. Hay
dedos ausentes en cada objeto
en el libro abierto, en la página 9.
Ropa colgada, bufanda. Sonidos
que nadie llama. El reposo del eco
retenido en su borde. Hay un lugar
que escapa del ojo, un crujir de maderas.
Pasos, una respiración,
una mano, una garganta que gime,
una descarga de sombra, un cabello que
cae, una escena inconclusa.
Hay quien se escucha a sí mismo
sin poder mirarse porque está
en zona muerta.


HORACIO FIEBELKORN (1958, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: www.laotrarevista.com
Imagen: cceba.org.ar