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Mostrando las entradas de mayo, 2020

Sandra Cornejo

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Dos mujeres  En un poema conocí una mujer. Escribía acerca de un camino perdido  en la colina. Dos personas reencontradas. Leves, subterráneas. Anochecidas ambas. No era un poema feliz. Sí pleno.  Escrito en italiano, la lengua del amor.  ¿O de la religión? Bien no recuerdo. Dos personas, una en la otra, sentadas a distancia prudente, frente a frente. Reunidas en la casa de mar y de campiña. Un diálogo de gestos. De memorias. Pensé que en el poema, como en la vida,  por un instante, reconocemos a los nuestros para despedirnos, invariablemente,  luego. La poeta, supe después,  vive en Calabria. En un templo. Pinta iconos ahí.  Absorta en sus rituales diarios y sagrados. Lejos y a resguardo de lo que, para nosotros, es el mundo.                                                                 ...

Malas memorias, por Jorge Aulicino

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Malas memorias      Creo que Piglia es el que cuenta que una vez en que hablaba de poesía con Germán García este tapó una copa con la mano y la saco de la mesa. "La poesía habla de la copa que no está", dijo. Si fue así, y pido que me corrijan, y sobre todo si Germán García tiene razón, la poesía es siempre elegía. Incluso en la épica y en la oda. Se citaron hace poco aquí unos versos sentimentaloides, muy conocidos, de Neruda, de aquel Poema XX de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada". Todos recuerdan el viento de la noche que gira en el cielo y canta, por no decir el ya desgastado "Puedo escribir los versos más tristes esta noche". Para mí, pese a algunas buenas imágenes, el poema podría dormir en el armario de la cursilería, si no fuera por una idea que sí me pareció misteriosa: "Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise." Antes de evocar su sentimiento, que por ser pasado debería estar muerto, Neruda dice:  "Como para ...

Nadia Adina Rose

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Séptimo piso      Nací en el séptimo piso  El cielo azul frente a mí  contenía todos los granos del tiempo  como un reloj de arena al que no dieron vuelta.  A veces los aviones cruzaban  el cielo y goteaban  papilla a su paso.  Mamá decía abrir la boca .  Por el alféizar de la ventana los pájaros se paseaban.  Sus huellas en forma de letra ש eran la mezuzá que el viento besaba al entrar. Lejos, abajo, se desplegaba la toga de la tierra. Yo extendía mis brazos parar ensartarlos en sus mangas. קומה שבע נולדתי בקומה שבע. הרקיע הכחול מולי החזיק את כל גרגירי הזמן כשעון חול ששכחו להפוך. לפעמים מטוסים חצו את השמים מטפטפים דייסה בדרכם. אימא אמרה לפתוח פה. על אדן החלון התהלכו ציפורים. עקבותיהן דמויות השין היו מזוזה לרוח הנשק אותה בדרכו פנימה. הרחק למטה השתרעה גלימת האדמה. פרשתי ידיים להשחיל בשרווליה. NADIA ADINA ROSE  (1967, Moscú, Rusia) Nadia Adina Rose es una poeta y artista israelí que nació en Moscú y ha vivido en Israel desde...

J.D. SALINGER: Un día perfecto para el pez plátano

      En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.        No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.        Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uñ...

Arun Kolatkar

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Buen provecho      Le deseo buen provecho  a la vieja y frágil pescadora  (menuda,  no es más que un simple  paquete de huesos,  aligerado con los años,  y atrapado en una red de arrugas) que, camino al mercado, se ha parado a desayunar de un pronto en un chiringuito de té, y está sentada encorvada sobre un guiso de chícharos – su plato preferido – en una mesa tambaleante, partiendo un trozo de pan con sus garras filosas para mojarlo en la salsa ligera salpicada de chiles rojos, y que en este mismo momento, apuesto, tiene la boca aguada ya que casi puedo sentir su saliva en mi boca. ARUN KOLATKAR (1932, Kolhapur / 2004, Pune, India) De:" Kala Godha / Poemas de Bombay", Kriller71 Ediciones, 2020 Enlace:  Círculo de Poesía

Cecilia Pérez: Estamos a 181 kilómetros, uno del otro.

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I Un germen de escritura. La etimología de la palabra extrañar. La abeja que digiere las veces necesarias y da lo dulce, aquello que pudo arrancar de la amargura. Perder el vientre no es poca cosa. Un amante es cosa fácil, se come con él, se bebe. Lo difícil es el tiempo:  alimentar el fuego como se alimenta de notas el in crescendo de una melodía improvisada. Nos amábamos y ninguno se alarmaba de escucharse decir: te quiero comer. Si no tuvieras la piel, te chuparía los huesos y las venas. Bebería tu sangre. No sé qué vamos a comer. No quiero cocinar para vos. La etimología de la palabra extrañar: echar en falta algo que formaba parte de nosotros. No todo lo que comemos llega a formar parte. Mucho de ello sí. De ahí el sentido de la evisceración. Las reglas del buen gusto recomiendan comer el animal eviscerado. II Una axioma desde donde escribir: estamos a 181 kilómetros, uno del otro. La cábala dice equilibrio y renovación pero yo sueño con un niño rubio y frágil que no pue...

Marie Howe: Acurrucada atrás en cualquier taxi

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Oración     Alguien o algo se inclina cerca mío  y trata de contarme la única historia cierta de mi vida:  una nota,  baja como un bombo, tocada una y otra vez:  empieza el verano,  y el hombre que amo ha olvidado mi olor  mi manera de gemir cuando me tocaba, mi risa  cuando me alzaba, riendo, para acostarme entre los narcisos desparramados sobre la mesa. Y Jane está muerta, y yo quiero ir donde ella fue, donde fue mi hermano. Quienquiera que sea el que me susurraba cuando yo era una niña en la cama de mi padre ha regresado y no puedo dejar de escuchar: Así es, así fue y así será— golpeada una y otra vez—aterrada en las esquinas, acurrucada atrás en cualquier taxi, temerosa de gritar en medio del tráfico y que nadie me reconozca o sepa donde llevarme. Hay, casi recuerdo, otra historia: corre junto a esta como un arroyo junto a un tren. Los gorriones la conocen; la hierba crece con ella. El viento sopla a través de las ramas más altas y p...

Maxi Senkiw, un poema inédito

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M anto sin desembocadura es la ciénaga que en el sedimento añoso que la nutre innumerables asuntos resguarda bajo el espejo opaco de la superficie Vida densa la de la ciénaga con su aro ambivalente de destrucción y verde crudo fiel amortigua las crecidas abre los brazos cuando el vendaval le dona algo de su riqueza inmensa ciénaga de entonación heroica a la que van a morir las corrientes salvajemente puras ¿Dónde? ¿a qué poder del mundo le debe su fiereza, su seducción? para que los hombres pisen su orilla fuerte respiren en el bautismo de las aguas bajas luego emerjan del baño sagrado con un tarascón de serpiente estrellada Que sea la ciénaga la fuente de todo principio para que aquellos hombres áspidmarcados con su insistencia sumergible purifiquen primero al charco abran después un canal y enlacen la ciénaga con el río y más tarde con el mar De: "La antorcha infinita", próximo a editarse MAXI SENKIW (1982, Buenos Aires, Argentina) Periodista, poeta y músico. Nació en Bueno...

Billy Collins: La entrelazada cuerda de la sintaxis

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Líneas perdidas entre los árboles      Estas no son las líneas que vinieron hacia mí  mientras caminaba por el bosque   sin llevar nada con qué escribir  y nada donde escribir.  Se han ido para siempre,  manojo de monedas  que cayeron por la rejilla de la memoria,  junto con la nemotecnia ingeniosa  que yo ideaba para ponerlas en su sitio— todas se fueron y a todas olividé antes de que hubiera regresado al césped en el fondo de nuestra casa silenciosa con sus jarras repletas de bolígrafos, sus libretas de notas y las resmas de papel en blanco, su escritorio y lámpara suave, su mesa y la luz desde sus ventanas. Por lo tanto, esta es mi elegía a ellas, esas seis u ocho exhalaciones, la entrelazada cuerda de la sintaxis, el jazz de la cadencia, y la pequeña intuición al final que se menea como la cola corta de un perrito de obediencia perfecta, sentado junto a la puerta. Esta es mi envío a la nada en el que digo, Vete, poema breve...

José Emilio Tallarico

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Espejos     Debería acudir más a los espejos,  confiar más en su capacidad  de exhibir esos espacios fabulosos  donde habitan las emanaciones de la luz  y los pertrechos de la sombra.  Una mueca procaz, un monólogo magro  es cuanto puedo concederles,  ellos replican con el paso de un hombre desvelado en su noche de libros. Hay un espejo que enmarqué al amparo de un bricolage compulsivo, está en el living. Otro, muy pequeño, lo compré porque tenía una imagen de Lennon que parecía un holograma. Casi nunca los toco. Será que ya nos precisamos menos. La mano está más cerca del saludo nostálgico que de procurarles brillo. También la época hizo lo suyo para crear opacidad y tal vez sea bueno ahora negociar un saludable desapego. Redefinir ecos, formas y hechizos. No sin culpas, claro. Boleto de ida Uno no está de vuelta, sigue con varios boletos en la mano, pretende barajarlos antes de que en la próxima estación un guarda verifique las leyes d...

Yahya Hassan

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Fuera de la puerta      yo estaba en el guardarropa con un buñuelo  de manzana en la mano  aprendiendo a atar los cordones de los zapatos en silencio  naranjas adornadas con clavos de olor y cinta roja  colgaban del techo como muñecos de vudú perforados  así es como recuerdo la guardería  los otros se alegraban de que iba a venir papá noel  pero yo le tenía tanto miedo como a mi padre  El príncipe árabe a los pequeños príncipes se les deja hacer todo de pronto no les dejan hacer una mierda y después reciben una paliza cuando termino la escuela o me mandan a casa expulsado me sigue el gato negro del cura camino con la pesada mochila a la espalda sé lo que va a pasar cuando llegue a casa no aguanto un gato pegado a los talones me vuelvo pero qué entiende un gato lo cojo del rabo le doy vueltas y lo lanzo a un seto el príncipe árabe no es necesariamente el primogénito pero es el primero que recibe un bofetón cuando padre vuelve del tra...

Melisa Papillo

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Melisa Papillo Tengo treinta y tres años y estoy tratando de dominar el volante. Constantemente. Dejo y retomo. Cuando tenía nueve, once, quince soñaba que conducía un Falcon gris y nunca frenaba. Tomaba Maestra Baldini derecho y no frenaba. Pasaba mi casa materna y no frenaba. Durante las clases mi instructora repite “no pensés, esto es automático”. ¿Por qué sueño que manejo? Me despierto y busco en yahoo respuestas: que estoy intentanto dominar mi destino, que necesito tomar el control de mi vida, imprudencia, falta de consciencia. Cuando me levanté esta mañana sólo quería manejar con la ventanilla baja. Casi me anoto en un taller para descifrar sueños. La ruta onírica. Eso que soñás te está diciendo algo. Eso que soñás, sos. Dicen que podés cambiarte el nombre: si alguna vez soñaste que eras, por ejemplo, pantera, te llamás Pantera porque sos pantera. Debe ser más complejo que como lo explico. Debe ser más perturbador que como lo entiendo. Hay otra forma de resolver los sueños recu...

Eavan Bonland, otro poema

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Y alma Mi madre murió un verano— el más húmedo según los registros del estado. Las cosechas se podrían en el oeste. Los manteles a cuadros se disolvían en los jardines traseros. Las reposeras vacías acumulaban agua de lluvia. Mientras iba hacia ella a través del tránsito, a través de las lilas que goteaban turbias detrás de las casas y en las veredas,  para brindarle el último homenaje de una hija, pensé en algo que recordé haber oído una vez, que el cuerpo es, o dicen que es, casi todo agua y mientras giraba hacia el sur, que la nuestra es una ciudad de eso, una en la que cada día los elementos comienzan un viaje hacia otro que jamás, debido al clima, falla—             el océano visible en los bordes que lo delimitan, color de nube alcanzando el aire, con el Liffey almacenando uno y emplazando al otro, la sal recibiendo en el North Wall la falta de aquello y, como si esto no fuera suficiente, todo ello terminando casi todas las tardes en nuestro disc...

Eavan Boland

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La granada     La única leyenda que me ha gustado es  la historia de una hija perdida en el infierno.  Y allí encontrada y rescatada.  Amor y chantaje son la clave de esta historia.  Ceres y Perséfone los nombres.  Y lo mejor de la leyenda es  que puedo aplicarla a cualquier cosa. Y la aplico.  La leí por vez primera cuando era niña en el exilio de una ciudad con nieblas y extrañas consonantes, y al principio yo era una niña expatriada en el crujiente crepúsculo del mundo subterráneo donde las estrellas se anublaban. Después una noche de verano salí a buscar a mi hija para meterla en la cama. Cuando por fin llegó corriendo, yo estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para conservarla. La llevé conmigo a través de las campanillas y las avispas y las almibaradas buddleias. Pero entonces yo era Ceres y sabía que, en aquel camino, a cada hoja de cada árbol le llegaría el invierno. Que era ineludible para cuantos por él pasáramos. Y también pa...