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Mostrando las entradas de agosto, 2013

Silvina Ocampo

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  LA ESPERA Cruel es la noche y dura cuando aguardo tu vuelta al acecho de un paso, del ruido de la puerta que se abre, de la llave que agitas en la mano cuando espero que llegues y que tardas tanto. Crueles son en las calles los rumores de coches que me dan sueño cuando estoy junto a tus ojos. Cruel es la lluvia suave, furiosa que fascina las enormes tormentas, las nubes con sus islas cuando espero que llegues y que el reloj enclava sus manecillas de oro en el corazón ávido. Cruel es que todo sea precioso hasta el retorno de la espera, y el lento padecer del amor. Cruel es rezar sin tregua la promesa olvidada de volver a ser buena, de sentir que redime estar bien preparada sólo para la dicha. Cruel es la luz, perfecta, de la luna y del alba el alma de las horas sobre el campo y el mar y crueles son los libros, la voluptuosa música, hasta la anomalía de las caras etruscas. Y es cruel aún después tener que ser humana no convertirme, al verte, en perro, de alegría. SILVINA OCAMPO ...

César Vallejo: La genial pesadumbre

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¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera tienen cuerpo; cuantitativo el pelo, baja, en pulgadas, la genial pesadumbre; el modo, arriba; no me busques, la muela del olvido, parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír claros azotes en sus paladares! Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen y suben por su muerte de hora en hora y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo. ¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas! ¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes! ¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes! ¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada! ¡Amadas sean las orejas sánchez, amadas las personas que se sientan, amado el desconocido y su señora, el prójimo con mangas, cuello y ojos! ¡Amado sea aquel que tiene chinches, el que lleva zapato roto bajo la lluvia, el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas, el que se coje un dedo en una puerta, el que no tiene cumpleaños, el que perdió su sombra en un incendio, el animal, el que parece un loro, el...

Silvio Mattoni: Si no escribo, no veo nada

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Antes de ayer, fui a leerles poemas, en uno de los colegios más caros de la ciudad, a chicos y chicas de diecisiete. En sus caras saludables, en los tonos de pelo castaños y rubios, en el interés de algunos y el desinterés de otros que miraban sus teléfonos, se podrían analizar modos en que los grumos del capital procuran seleccionar formas apropiadas, cuerpos decididos. Pero no hizo ni falta. Después de los poemas, uno trágico de un muerto, otro jovial de un amigo, uno mío que les contaba cosas bastante amenas, entre las preguntas forzadas por el poco brillante profesor de literatura que me había invitado, surgió lo evidente: “¿es rentable escribir?” Mi respuesta fácilmente negativa esconde otras satisfacciones, un modo derrochador y entrópico de entender la plata. Tuve que hacer de conde ante niños burgueses.  Entre los suvenires que me dio la directora, empleada o ama de llaves del lugar, estaba esta birome con la que escribo hoy, grabada con el escudo moderno del establecimient...

Andrea López Kosak

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LAS  raíces flotan apretadas adentro del jarrón de vidrio ¿qué jarrón? se retuercen poseídas por el mismo diablo: ¿lo ves? ahí arriba una reacción provocada por la dosis que previene del contagio flotan adentro apretadas por el mismo jarrón las raíces MENTIRA , todas nos ahogamos en una copita y cada invierno volvemos a generar expectativas falsas ¿eso? no, ahí no, más arriba nos previene pero al final de la alucinación que provoca ME  toca a mí meter la mano sacar del fondo una planta que desaconsejan para interior UN  diablo pero no el mismo que me poseyó había advertido sobre los efectos del anticuerpo, las raíces que flotan ¿QUÉ jarrón? lo transparente detrás de lo cual se advierte un interior retorcido SE  abren los malvones rojos al día y a la noche todavía perfuman los narcisos eso no lo había advertido nadie PERO es así de grave, un niño solo en el recreo.  Sueña con saltar. El arco de fútbol cae sobre él a la altura de la  garganta. Pasan la notic...

María Cristina Ramos

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Música Corté su azul como un hilo de encanto, como un racimo que ya no prospera. Como un cauce donde tal vez había el cristal que el agua alumbra de la nada. Corté su escaso cielo por lo sano, ya no más la suavidad del escondite, música donde bebía mi silencio. Suele pasar con retoños tardíos que brotan, indefensos, de la rama quebrada.                 Viaje Ha traído un baúl lleno de historia en pena y está en la galería posado su silencio. A su lado es el hombre el que viaja y no llega desde su origen al puerto inesperado. Madera descubierta con metal afligido, el baúl guarda en celo su búsqueda viajante. El hombre está parado a orillas de este cielo que ajeno se desborda de estrellas ignoradas. El baúl toca tierra de rincones esquivos, él se pliega en el hondo recelar de sus años. Las aves migratorias siempre son extranjeras; nunca se vuelve al cielo que una vez se ha dejado. La que huye Tengo que hablar seriamente con la liebre. No sé por qué ...

María Laura Decésare

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El guardián de bigotes largos Me despierta con su pata sobre mi cara lo miro de reojo sin entender el coraje en su mirada. Será que una vez más me salva de la pesadilla para aliviar con su ronroneo el sobresalto anterior. Luna triste La noche no sueña y es temprano todavía, un bocinazo a lo lejos luces fijas en un punto docenas de párpados abatidos deambulan por espacios habituales y la luz del hospital nunca se apaga. Una leve brisa balancea las maderitas del balcón de al lado, interrumpe por un instante el llanto de los gatos. MARÍA LAURA DECÉSARE  (1969, Rufino, Santa Fe, Argentina) De: "Vida de gatos", Ediciones del Dock, 2012 

Diego Filloy

T an lejana y concisa esta tristeza Tan pausada sobre mis hombros Esta tristeza, un lúcido desmoramiento de rutina y ocaso. T ragos, rigurosos tragos, con este mero rigor de lo inevitable. O con este apego omnímodo, esa nómade                    precisa paciencia, ese estricto candor de vislumbrar en el aire la oceánica reticencia de las estrellas. Plagio menor a Carlos Baudelaire Amantes del solaz y de la guerra, los gatos indistintos, portentosos, de por sí contrariados, veleidosos, mas de temple voraz en la desferra De asertos oreados, sigilosos, los colma fría el alba de la tierra, mientras la noche urdida los aferra en desvelos ajenos, poderosos. Sus orejas aguzan tempestades y reticentes formas de verdades; observan ellos todo en lejanía Con el designio del fervor oculto, con el sesgo a trasluz, con la armonía imperial de lo bárbaro y lo culto. Diego Filloy (1978, Villa Huidobro, Provincia de Córdoba. Reside en Buenos Aires) De: "...

Anníbali / Di Benedetto

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Fuente: griseldagarcia.blogspot.com Elena Anníbali: Los trenes un día los viajes cesaron a las dos, a las cinco, los trenes cruzan el pueblo vacíos, fantasmales su vapor se confunde con la niebla que ciega a los caballos con el humo de neón de las cafeterías públicas con el tabaco amargo de los suicidas que a esa hora en grupos van a mirar los rieles a oler el perfume del aceite ardido una noche recordé a la mujer etrusca que sacó un pañuelo blanco por la ventanilla y me hizo la seña del adiós así de antigua es la felicidad así de inexacta las máquinas no hallan las salidas su timbre de soledad nos hace doler el corazón Enlaces: Elena Anníbali Fuente: comunicacionpatagonca.blogspot.com Bruno Di Benedetto: Construcción  del espejismo No es indispensable un desierto. Se puede prescindir sin pena de beduinos y palmeras. Alcanza con una superficie plana recalentada al sol, aire frío sobre aire caliente, un rayo de luz quebrado y torcido por la anomalía, guardar la debida distancia y ya...

Blas de Otero

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Lo fatal Entre enfermedades y catástrofes entre torres turbias y sangre entre los labios así te veo así te encuentro mi pequeña paloma desguarnecida entre embarcaciones con los párpados entornados entre nieve y relámpago con tus brazos de muñeca y tus muslos de maleza entre diputaciones y farmacias irradiando besos de la frente con tu pequeña voz envuelta en un pañuelo con tu vientre de hostia transparente entre esquinas y anuncios depresivos entre obispos con tus rodillas de amapola pálida así te encuentro y te reconozco entre todas las catástrofes y escuelas asiéndome el borde del alma con tus dedos de humo acompañando mis desastres incorruptibles paloma desguarnecida juventud cabalgando entre las ramas entre embarcaciones y muelles desolados última juventud del mundo telegrama planchado por la aurora por los siglos de los siglos así te veo así te encuentro y pierdo cada noche caída entre alambradas irradiando aviones en el radar de tu corazón campana azul del cielo desolación del at...

Javier Galarza

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220 tengo un lenguaje donde romperme donde decir no no era esto lo que buscaba ando pasado enchufado a 220 volts trato de bajar con pastillas pero sigo ardiendo no sé si me curaste cuando estuve roto no no me curaste callados días del tiempo en silencio las palabras duermen lo que dijimos y lo que no pasión cuerpos en reversa contra el espejo la calle tiembla la eternidad dura hasta que me pongo el saco periferia bahías astilleros hangares puertos de luz lumbres y relumbres del tiempo en la avenida destellos y reflejos de la aurora en las vidrieras claros de suspensión del tiempo y lo finito hacia donde la vida cobija sin lugares cántico toda verdad instaura lugares a devastar pues no es morada la certeza que más vale devastar JAVIER GALARZA  (1968/2022 , Ciudad de Buenos Aires, Argentina) De: "Refracción", Añosluz, 2012) Imagen: Un caos lúcido

Tomás Watkins

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Sade Pocos hombres al reverso del espejo son lo mismo Quijote El juicio prepara el concepto yo me aferro a mi lanza y jalo las bridas del viento Mi cabello se funde en las crines de lo irrevocable de lo que es hacia lo incierto y el futuro Represento la voluntad del hierro soy héroe por amor y por olvido Byron Los monstruos celebran el exceso El viejo mandamiento de amar y sufrir calladamente Tomás Watkins (1978, Neuquén, Provincia de Neuquén, Argentina) De: "Mitología", EDUCO, 2012

María Belén Aguirre: Estoy seca

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Estoy seca      Para romper la piedra, el viento basta. Y la ola. A mí me quiebra el hálito de un niño en la distancia. Estoy seca. Por las noches cuando sueño ya ni sueño. Todo es tan solo de repente real. Estoy seca. El diario anuncia un aguacero que aquí no mojará. Le faltan gotas. Le sobran alcantarillas. Preferiría que pudieras -si quisieras hablarme de París en Montparnasse... AHORA  te escribo desde la última rama del árbol más alto de este mundo. Es otoño y el viento ha tendido sobre la mansa tierra su hojarasca crepuscular. Te escribo para contarte que estoy bien. He comido y bebido como un pájaro. Lo necesario. He aprendido a escalar las ramas secas sin romperlas. A seducir sin estrépito a las aves de presa. Y a huir a tiempo. A desconcertar a los gatos. Y a robarles entre risas un rasguño de aire. Te escribo para contarte que estoy bien. En el cielo una nube acaricia la cresta de mi peinado nuevo. Es alto y firme. Ahora juego a prolongarme. MARÍA BELÉN AGU...

Señalador: Juan Manuel Inchauspe

Juan Manuel Inchauspe / La biblioteca de Marcelo Leites ...La noche traspuso los umbrales del horizonte la vida transcurre ahora más lentamente El silencio traza surcos de soledad sobre la tierra desnuda y el tiempo, más detenido que nunca golpea aún nuestro cuerpo...

Pablo Seguí

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Este cuerpo Cuerpo que canso, que camino, que hago sentar, que duermo, que desnudo: pétalos de sudor, y volverse a esperar. Cuerpo oxidado, escolopendra en quiebre, manija sin destino, esparadrapo: pétalos de olvidar, y volver a querer. Yacija resentida por mi viente abombado, por no poder decir. Silla que se acogota de verme tan pasivo, de despreciar mi sed. Cuerpo proclive al morbo, a la torsión, huesitos, carnecitas, mucha grasa: nadie quiere besar este cuerpo, y se va. Con otra cosa Habría que intentar otro pesar, otra alegría, un sitio distinto para esta alma que se espeja, sombra de gestos, nido de nimiedades. Algo como el ojo renunciando al sopor que lo distancia de los vates, sino volviendo a pernoctar con la estrellas. Brisa que restalla en la conciencia, gracias que doy al mundo indiferente que, sin embargo, me roza. Ojo de letras, gestos que la muerte me sabe sin pensarlo, catafalco que, urdido, se establece por años, esparciendo lo mórbido hasta un punto en que me ciega, oj...