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Mostrando las entradas de enero, 2022

Silvia Mellado: Eternamente abajo

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Confundida entre lo que escucha lo que lee y lo que piensa  mirando con el cuarto del ojo una cucaracha que sube por la  ventana al sur del continente  debajo de los tres mundos  debajo de la línea de pobreza  debajo de otro departamento  eternamente abajo  bien abajo.   Cuando cree que se siente sola y solo hasta que encuentra   la dulzura de animal tierno en los dos ojos que poco a   poco le regalan un nimbo de sommiers efímero pero eficaz   descubre que hay un solo abajo que le hace bien   Otros poemas de SILVIA MELLADO,   aquí Enlaces:  Ministerio de Cultura  |  EG  |  Centro Cultural Kirchner Imagen en Diario Río Negro

Cae una hoja del ciruelo, un poema de Jotaele Andrade

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a manecía y yo me atareaba  en ciertas cavilaciones    en ciertos corajes  en la sangre que es un vino  que se agria    el viento se esforzaba  también  entre las ramas    ah qué pesado el andar  entre las orillas  briosas del pensamiento  me dije    qué atroz ir cargando  las grandes preguntas    la frágil permanencia entre la furia  orgiástica  de la vida y la muerte    fue entonces  que dio en caer una hoja  del ciruelo    no hubo un chasquido  no sucedió el estruendo que provoca un árbol al caer se desprendió girando sobre sí misma y fue blandamente a dar contra la tierra a confundirse sin más entre todas las demás hojas caídas dentro de poco ella y las otras se perderán en el ciclo de las estaciones y sin embargo cada vez que recuerde el modo en que se recortó en el horario encapotado del amanecer la forma singular en que daba vueltas sobre sí ...

Dos poemas de Soledad Álvarez

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Al desnudo     Frente a ti han ido cayendo  uno a uno los velos que me cubren,  y el fulgor, la fábula arrebata que fui  como flor de sal en el agua  se han perdido.  Mira la antípoda impía de lo que deseaste,  bajo la luz que no tiene escudo ni vuelta  mírame las astillas del hombro  las uñas sin consuelo  la almendra del vientre trocada en      cuesco exangüe,  el sexo donde el deseo depositó su tibieza líquida  una medusa prensada entre tablas.  Desnuda estoy del desnudo que me disfraza  mis ojos ya no son el fanal de tus viajes nocturnos;  de mis senos no mana la lecha que te alimentaba y en mis sienes no pastan furias ni caballos. Ah las imágenes que perseguí y perdimos la lumbre efímera, la imposible divisa destrozada; pero al final del día mi corazón es la casa        donde te acojo sin velos, con dulzura de amapola. Coda Nada quedará de tu presencia que no sea ...

Juan Diego Otero: La poca claridad que cada día me reserva

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Origami      Esta ciudad no se ha atrevido  a dejarse horadar por un metro.    Tal vez por miedo a entremezclar  el ruido que guarda en las entrañas:  se sabe que no es el mismo ruido  en el centro y en la periferia.    O bien por temor a verse expuesta  en el mapa de sus rutas,  los pliegues que conforman  a una bestia de papel.  Portal Parado en el centro así, justo debajo de la ducha, se proyecta una sombra de agua sobre las baldosas, un molde invertido hecho de gotas que demoro en la caída: el espacio que ocupo y me priva de su transparencia. La limpieza, por supuesto, es un motivo, pero sospecho que si regreso a diario es en busca de otro don: sólo en el perímetro intrazable de las gotas al caer, se me ocurren ideas de fiar, la poca claridad que cada día me reserva me llega como caída del cielo; pero de mucho más abajo, a un palmo o dos de mi cabeza. Tal vez la lluvia riegue el pensamiento en mentes más alta...

Ocean Vuong

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Acción de Gracias 2006      Hace demasiado frío en Brooklyn esta noche  y todos mis amigos están a tres años de distancia.  Mi madre me dijo que yo podría ser  lo que quisiera, pero decidí vivir.  En el rellano de una vieja casa de piedra rojiza  un cigarro arde y se disipa.  Camino hacia él: una navaja  que el silencio afila.  El humo esculpe su quijada.  La boca por la que vuelvo a entrar  en la ciudad. Extraño, eco  palpable, aquí está mi mano, llena de sangre delgada  como el llanto de una viuda. Estoy listo. Listo para ser cada uno de los animales que dejas atrás. Sin título (Azul, verde y Marrón):  óleo sobre tela: Mark Rothko: 1952 La ...

Monique Facuseh

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Poema 1     Es el último día del año,  no es el fin.  El viento parece de otra  dimensión.  Las hojas revolotean  como si huyeran  del mismo Apocalipsis.  Después de los años   solo cambia el semblante   y algunos vicios de tu forma   de ser.  En vano extrañas la infancia,  las horas perdidas,  las traiciones del amor, los amigos que dejaste. ¿Para qué develar en tus noches de insomnio aquello que no repite? La gente pasa al galope con su historia en el costado, la misma que lo empuña y lo derriba. Acaso el alma sea la única constante. Saber que esperas por el oro del final. Que nada está perdido. Que todo está en tus manos.                                                                               ...

Lionel Kearns

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1963      Al mirar a los tibios rehuir   las peticiones anti-nucleares  me lleno de un imperativo silencioso.    Ella y yo vivimos aún  en esta casa de la esquina.    En estos días de cortinas de humo y estadística  cultivamos algunas flores y niños  tan rápido como podemos.      Puntos de vista    Los rostros de los pasajeros  en el metro                —sin expresión  fastidiados  complacientes en la rutina  y yo agobiado  por la tristeza de todo esto  pensándolos  perdidos, condenados  por elegir                    ese tipo de vida Pero al considerarlo bien me di cuenta de que tal vez no sean ellos sino nosotros          los condenados por haber elegido        ser humanos. Domesticidad Ella dice Reynaldo me estás escuchando...

Ana Chig: Ignoro lo que esta ceguera de infortunios dispersará entre los días

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Ana Chig El mediodía eleva una ancla de solares baldíos      El mediodía eleva un ancla de solares baldíos,  una trasparencia oleosa y el rastro de cierto recuerdo   que se siembra como a “tierra venida” de la infancia.  Hubo flores de alazor a orilla del camino que reveló mi padre,  sus ramas densas y espinosas alejaban a los pájaros,   cardenales, mirlos y gorriones   sobrevolaban el cártamo del día en desaliento,   otros, desde viejos álamos, contemplaban   las minutas de algodón y sus semillas desprendidas por el aire,  la longitud del silencio en esos días me estremecía,   julio esparcía desolación en los campos de falsos azafranes  los lomos de los surcos como una provincia desconocida y lejana  ceñían mis sueños de confusas palabras, de horas agolpadas  que hoy entiendo, resultarán por siempre indescifrables. En el cargante transcurrir de los segundos Pienso que si pudie...