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noviembre 29, 2020

Mircea Cărtărescu

juguete mecánico     



este verano los árboles se habían vestido con hojas de oro
que caían crujiendo sobre el asfalto hinchado
este otoño las mujeres habían llevado pequineses de oro
accionados por un mecanismo complicado
el propio viento parpadeaba como ruedas dentadas transparentes
las mujeres tenían todas sentimientos
las casas eran de látex y tenían un balcón cuadrangular
todo era gangoso y hacía muecas estirando los pechos de chicle
todo dependía de las pequinesas desobedientes
accionadas por un mecanismo complicado.
–¡quiéreme, quiéreme!
–¡abrázame, abrázame!
este otoño tengo el miocardio de oro y todos los doctores llevan bata blanca
y el quirófano está hecho de un celofán que se arranca
–¡cuídame!
–¡estoy en el suelo!
mi vida fue dura, movida por una rueda dentada y una vara
paso a paso caminé por el asfalto curvado
–¡quiéreme, mujer!, y ella había gritado
accionada por un mecanismo complicado.
el propio viento limpió el cristal y la joya y la montura del reloj
escuchaba cómo las hojas de oro se golpeaban crujiendo de modo extraño
contra el asfalto
y cómo los pequineses con su poca vergüenza arañaban con uñas de circonio
en el asfalto
y hasta los trolebuses se espantaron…
–¿por qué ya no quieres? ¿por qué nunca quisiste? ¿a qué viene tanta tozudez?
¿por qué esta obstinación de decidir tú sola lo que deberíamos decidir los dos?
¿por qué no me escribes? ¿por qué no me mandas una cinta grabada con tu
voz? ¿en qué
te has convertido? ¿qué les pasó a nuestros recuerdos comunes? ¿por
dónde andan nuestros amigos?
¿sobre qué colcha
deshaces tu cuerpo verdadero?
–¡quiéreme!
¡abrázame!
aguanta a mi lado
tira del otoño como de un chicle
mira cómo se deshilachan los vestidos en los escaparates
mira cómo las láminas de oro se cuartean en tus mejillas, en ti
mira: pasa un rayo por los bloques de ladrillos de rubíes
y pasa también el viento dentado
y caen también las hojas crujiendo sobre el asfalto hinchado
accionadas por una llavecita de oro, por resortes de oro
por volantes de oro, por palancas de oro
dando vueltas, retorciéndose, haciendo ruido
complicado,
complicado,
complicado…


se fue el amor…




del 80 al 81, miserable invierno
un vertedero de cafés, mecheros, “dire straits”, cenáculos, vasos
y por la noche un pantano de gominola dolorosa: caras, muslos y palabrería
y a veces una mirada lanzada por la ventana, hacia el tráfico que avanza
con
dificultad
por la
nieve.
pero ¡he aquí el sol! ¿nos ha comprendido por fin la primavera?
brillan las ventanas de la plaza de bucur obor y el bulevar colentina está amarillo
el asfalto apesta más seductor que nunca a renacuajos, hay arcoíris en la gasolina,
hay sardinas en aceite albanesas, y mujeres y alumnas
miran con desprecio el escaparate de menaje del hogar.
más arriba los árboles han tenido brotes en los patios
las señales de tráfico parecen ahora periódicos enrollados
como palomas de óxido. y el poderoso sol que ilumina
tanto las fábricas, como los castillos de agua, las escuelas, el cementerio…
–¿y yo? participo también de la alegría general.
y mira tú cómo: me bajé de la línea 109 una estación antes
y me fui andando sin rumbo sobre la hierba del borde de la calzada.
los autobasculantes, los vehículos TIR, los camiones zumbaban con sus planchas
arriba y abajo, cargando tubos, sacos y hormigón
los tranvías se deslizaban como en sueños…
así que me senté en el bordillo y miré la hierba reluciente.
y mira tú, una abeja tirada en el polvo
el envoltorio de un caramelo de leche
un escarabajo con el caparazón reventado, que huye por un lado, cuánto sucede
en la raíz de una brizna de hierba, trémulo
en la brisa de aire caliente que sopla por entre las ventanas de la fábrica de alambre.
un cielo azul, sol, sombras enredadas, ruidos de tubo de escape
raíles dorados de tranvía, hierba verde, lombrices, escarabajos…
¿habría deseado algo más Tao o Boddhisattva?
La colina sube bien con sus andamios, casa, limusinas, su bulevar, ya no quería a
nadie…
me levanté al final, porque unos querían aparcar su camión
me puse de pie y los miré
–¡métele fuerte!
dale, dale, dale, dale
un poco más... más, más, más, más, más, más…
¡así está bien! un poco más a la izquierda… ¡ya!
dale que va… más, más, un poco más…
¡ya estááá!
¡para!
ya está bien.
y el sol flotaba en lo alto del cielo.



poesía rumana
MIRCEA CARTARESCU
(1956, Bucarest, Rumania)
Fuente: Ángulo recto
Traducción: Diego Muñoz Carrobles
Enlaces: Jotdown | Eterna cadencia | FILBA 
Fotografía Jorge Quiñoa

noviembre 25, 2020

Maria Borio

Maria Borio


Sé que αρμονία significa también enlace,
onexión, unión. «Mientras los maderos estén
sujetos por las clavijas, seguiré aquí,
y sufriré los males que haya de padecer»
(Odissea, V, 361-362)

Las nueces abiertas sobre la mesa
son todavía sonido
—el movimiento brillante de los ojos
de la puerta a la mesa:
el trabajo, el peso que no existe,
las ligeras ansias para las personas—
como si la belleza no tuviera un origen.
Estas nueces han hecho ruido,
me quitan los pensamientos
(nacen y son ya de todos,
todos los pensamientos…),
me reclaman al cuerpo,
a lo que nombro sabor
(las ideas nunca tienen cuerpo,
¿son parte de todos?),
me retienen contando los restos,
reuniéndolos sobre la mesa
(y mis pensamientos ¿a quién
han hecho feliz?).
Las cáscaras rotas pertenecen a estas manos
en la cavidad, en las líneas de las palmas,
puntas de semillas —nace una vida
al instante dentro de estas manos.
No tener pensamientos.



Apenas por encima de las noticias yo conozco nombres y personas
como era el laberinto de los cristales, en el parque, de los espejos
hasta que batiendo encontrabas la salida.
Porque no tengo la salida ahora—
se llama red,
corta un cuadrado exacto
y un lugar que está en todas partes.

O soy el blanco de fondo
en el pasillo de espejos
corte de diagonales y metal
en el suelo, ajustado en torno al cuerpo
con los neones que hacían indistinguibles
la piel y el aire como una sombra transparente
que nos sigue a cada uno, pero al girarse no está.
Y allí el trozo de vieja moneda,
el círculo de bronce con el delfín
había caído al suelo
cuando estábamos cerca de la salida,
y por no perderla la hemos dejado.
Allí, exactamente he creído
en una lengua para todos
idéntica al aire a los espejos,
del inventor del laberinto a nuestras manos sudadas
que protegían la frente:
error o desvío,
pero era solidez
batir la frente de vez en cuando
antes de llegar.
Y en la salida del parque el experto de los crepes,
la brecha en círculo como la plataforma oscura
donde lanzas y capturas
y pierdes, y después las zapatillas de gimnasia
sobre la brecha y el mes cierto
noviembre —siempre un rito

mientras el tiempo ahora es filiforme
y los sentimientos veraces que todos pueden entender
y ver en la sola infinita
red —o, a veces, en equilibrio,
alguno que devuelve la moneda.



 So che αρμονία significa anche collegamento,
connessione, unione. «Finchè restano uniti i
tronchi della zattera, / starò qui, resisterò…»
(Odissea, V, 361-362)


Le noci aperte sul tavolo
sono ancora suono
– il movimento brillante degli occhi
dalla porta al tavolo:
il lavoro, il peso che non esiste,
le ansie leggere per le persone –
come se la bellezza non avesse un’origine.
Queste noci hanno fatto rumore,
mi tolgono i pensieri
(nascono e sono già di tutti,
tutti i pensieri…),
mi richiamano al corpo,
a quello che dico sapore
(le idee sono sempre senza corpo,
sono parte di tutti?),
mi trattengono a contare i resti,
a radunarli sul tavolo (e i miei
pensieri chi hanno reso felice?).
I gusci spaccati appartengono a queste mani,
nell’incavo, nelle linee dei palmi,
punte di semi – nasce una vita
all’istante dentro queste mani.
Non avere pensieri.



Appena sopra le notizie io so nomi e persone
come era il labirinto dei vetri, al parco, degli specchi
finché sbattendo trovavi l’uscita.
Perché non ho l’uscita adesso –
si chiama rete,
taglia un quadrato esatto
e un luogo che è ovunque.

O sono il bianco in fondo
al corridoio degli specchi,
inciso di diagonali e metallico
a terra, stretto intorno al corpo
con i neon che facevano indistinti
la pelle e l’aria come un’ombra trasparente
che segue ognuno, ma a voltarsi non c’è.
E lì il pezzo di vecchia moneta,
il cerchio di bronzo con il delfino
era caduto a terra
quando siamo stati vicini all’uscita,
e per non perderla l’abbiamo lasciato.
Lì, esattamente ho creduto
a una lingua per tutti
identica dall’aria agli specchi,
dall’inventore del labirinto alle nostre mani sudate
che proteggevano la fronte:
errore o deviazione,
ma era solidità
sbattere la fronte a volte
prima di arrivare.
E all’uscita del parco il maestro delle crepes,
la breccia in cerchio come la piattaforma scura
dove tiri e peschi
e perdi, e poi le scarpe da ginnastica
sulla breccia e il mese certo
novembre – sempre un rito

mentre il tempo adesso è filiforme
e i sentimenti certi che tutti possono capire
e vedere nella sola infinita
rete – o, a volte, in equilibrio,
qualcuno che riporta la moneta.






MARIA BORIO (1985, Perugia, Italia)
Traducción: Pablo López Carballo
Fuente: FIPR

noviembre 23, 2020

Cecilia E. Collazo: Tanto cuerpo sin alma que lo abrace


Entre 
escombros busco  
las razones, 

y encuentro 
ese espacio donde 
mora lo inaudito. 



Las manos guardan
el anhelo incierto,
de la infancia viva
que quiere vivir.



Promesa de la sombra
de este cuerpo,
que busca encarnadura
para morar.



Metáfora de opaca transparencia
el cuerpo se presenta en su morada

no ves, que el cielo se lastima
de tanto orar en su desvelo

por el amor de alma sin un cuerpo
y tanto cuerpo sin alma que lo abrace.





De: "Urgencias de encierro", Ediciones La yunta, 2020
Otros poemas de CECILIA E. COLLAZO, aquí

noviembre 18, 2020

George Szirtes

George Szirtes

Mi padre me lleva a través de un campo     




Mi padre me lleva a través de un campo. 
Es de noche y hay trincheras llenas de nieve. 
Barro espeso. Tratamos de seguir a escondidas 

de algo espantoso que aún no sé qué es 
y entonces voy andando y hay allí un espacio entre 
nosotros cuatro. Vamos donde tenemos que ir.

¿Soñé todo esto, esta escena fantasmal?
¿el bosque de cien acres donde el búho parpadeaba
y hablaba el asno? ¿Donde estoy protegido y limpio

en la cama, pero flotamos, nuestros brazos enlazados
por encima de la tierra vista? Mi padre marcha delante
de mí, como un extraño, una especie
 
casi extinta, yo lo sigo temeroso
a través del campo, hacia mi propia extinción.
Espíritus por todas partes vagan por terrenos

bombardeados. El invierno frío no distingue
entre ellos y nosotros. Mi padre mira alrededor
y sonríe, luego se aleja. Nosotros no tenemos ninguna función

aquí, fuera el de seguir andando, sin comprender,
figuras perdidas que solo dejan detrás
una página en blanco y el suelo oscuro y helado.

Pasan a través, como si pudieran atravesar un escenario.



 My father carries me across a field




My father carries me across a field.
It’s night and there are trenches filled with snow.
Thick mud. We’re careful to remain concealed

From something frightening I don’t yet know.
And then I walk and there is space between
The four of us. We go where we have to go.

Did I dream it all, this ghostly scene,
The hundred-acre wood where the owl blinked
And the ass spoke? Where I am cosy and clean

In bed, but we are floating, our arms linked
Over the landscape? My father moves ahead
Of me, like some strange, almost extinct

Species, and I follow him in dread
Across the field towards my own extinction.
Spirits everywhere are drifting over blasted

Terrain. The winter cold makes no distinction
Between them and us. My father looks round
And smiles then turns away. We have no function

In this place but keep moving, without sound,
Lost figures who leave only a blank page
Behind them, and the dark and frozen ground

They pass across as they might cross a stage.





GEORGE SZIRTES (1948, Budapest, Hungría. Llegó a Inglaterra como refugiado en 1956)
Traducción: Adam Gai
Imagen: EDP 24

noviembre 15, 2020

Marcelo Fagiano



Del big bang al big crush    



Es mentira que el universo 
expande sus costillas hacia Orión 
todo se reduce en los rincones del olvido 
añora la inmensidad de aquellos paisajes: 
me he quedado solo 
como aquella vez 
cuando te buscaba en el mundo. 



Nudos ciegos    




Ahora que me voy por un rato 
o tal vez para siempre 
pasan pensamientos como dardos maduros
a clavarse en mi cuerpo
tiro al blanco sobre el corcho del recuerdo
golpes secos en las costillas de otro cielo.
Ahora que no estaré en las ceremonias nocturnas
desenredando esta madeja de pelo negro
detenida en la ráfaga de tu pecho.
Ahora que el paraíso es corroído
por las astillas del desamparo
las costumbres
de los nudos ciegos y las palabras
que callaron o gritaron el amor.
Ahora que la resaca de la pasión
devora cada noche
los abrazos y los pétalos
de un ramillete de eternos besos
ahora
es una palabra que duele en esta boca
por un rato o tal vez para siempre.



Forastero




Sintió curiosidad por los estruendos
pánico por las cañitas voladoras
que perforaban la noche.
Le fue difícil comprender
la alegría el festejo
quién sabe de qué
con tanta pólvora
olor a guerra hueca -se dijo-.
Tripas rellenas de comida y alcohol
en envases descartables
creados por un dios
que cultivaba seguramente
un exagerado gusto por lo inútil.



Geometría




Los amantes pasan
como barcas
sobre sus sueños.
Los acuna el suspiro
de sus miradas.
Detienen el eje terrestre
con ramilletes de besos
cifran con un gesto
el alfabeto del amor
solfean de memoria
garabatos de caricias
caminan
tomados de la mano
y el universo entero
se reduce a un átomo
enamorado de su propio peso
a un espacio cautivo
de la geometría del deseo.
Deseo que los dioses envidian
cuando al fin
te tengo en mis brazos.



Teología de la silla



a Joaquín Giannuzzi
a Leo Fagiano

Tan cotidiana como ausente
geométrica y elemental
sentada sobre sí misma
observa y espera.
Desafía la verticalidad humana
se usa para detener la marcha
pensar
descansar
ejercitar el silencio o la palabra.
Si un día retiran su presencia
en rebelión silenciosa
nacerá
un símbolo que crucifique su memoria
para instalar la teología
de los dioses de cuatro patas.
El evangelio del reposo
cautivará a cuerpos en movimiento
los hombres
erguidos sobre si mismos
no se sentarán en espacio alguno
por respeto e idolatría a las divinidades
dejando de pensar
descansar
ejercitar el silencio o la palabra.
Convertidos al fin
en peatones sonámbulos
a la espera de sus dioses
para poder sentarse.
Tan cotidiana como ausente
geométrica y elemental
sentada sobre si misma
observa y espera.
¿Cuántas veces te habrás sentado
en el lugar equivocado
en el lugar perfecto?





MARCELO FAGIANO (Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1959). Poeta, narrador y
dramaturgo. Trabajador docente en la UNRC y Doctor en Ciencias Geológicas.
Integrante y fundador del grupo de poesía callejera "Poetas del Aire" (1991-
2002). Publicó "Las manzanas de la libertad". 1º Premio Publicación (Teatro,
1993); “Jeroglíficos en la arena” (Poesía, 1997); “Las florecillas del diablo”
(Poesía, 2009); “La sed de Heráclito” (Poesía, 2017) y participado en las
siguientes antologías: "50 Poemas rotos tirados en la calle" (1992); "15
Cuentos de autores Cordobeses" (1993); “Antología de Cuentos II" -
Página 12 (1993); “De lo fantástico a la ficción científica" (Narrativa, 1994);
“Premio Publicación de Poesía-Córdoba” (1997); “Poemas de Humo”
(Poesía, 2001); “Microficciones Teatrales” (2015); “La ciudad ficcional”
(Narrativa, 2015); Trapalanda II (Narrativa, 2015), “Ciclo Literario 10 x 10”
(2015) y Antología Federal de Poesía-Región Centro (2018). En teatro: las
obras La última mujer de la creación y El diario de A.F. fueron
representadas y seleccionadas en el 1º y 2º Encuentro Nacional de Teatro
Semimontado en el Teatro Nacional Cervantes (Buenos Aires, 2000 y 2001). El
diario de A.F. también se representó en el ciclo TEATROXLAIDENTIDAD 2002
(Córdoba). Ha obtenido premios y menciones en concursos nacionales y
provinciales en poesía, dramaturgia y narrativa. En este último género ha
obtenido un 1º Premio Internacional (México).

De: "La sed de Heráclito", Ediciones del Dock, 2017

noviembre 14, 2020

Pintura sueca: Carl Larsson

https://www.infobae.com/cultura/2020/11/14/la-belleza-del-dia-in-the-corner-de-carl-larsson/







noviembre 10, 2020

Kristina Lugn


Una ventana panorámica   


Te será dada una 
ventana panorámica 
en manutención infantil. 
El cielo estrellado será 
la pared empapelada de tu sala 
y Mozart escribirá la música. 
 
Te será dada una casa
que te ame.
Te será dado un sentido
para el humor.
Y de Strindberg
sus obras recopiladas.
 
Y todos mis nietos.
Mi regalo para ti
es que hables muchos
idiomas y soportes todo
tipo de clima.
Tendrás buen
contacto con el suelo y
una buena altura del techo
con estuco.
Obtendrás una vida en que
se te perdona todo.
 
Claro de pensamiento serás.
Y fuerte en sentimiento.
Podrás divertirte.
Todo esto está contemplado en
el seguro de hogar.
Podrás vivir en paz.
 
Mi pensión alimenticia
para ti es que nunca
jamás dejes 
de esperar.
Tendrás un corazón valiente.
Y un intelecto audaz.
 
Y buena valoración.
 
En quien confíes
jamás soltará tu mano.
Mi regalo de navidad para ti
es que si caes
los seres humanos
se alegren al ayudarte
a levantarte.
 
Una sonrisa amistosa
atravesará
todo tu viaje.
Conseguiré un boleto gratis
enviado desde
mi soledad.
No esperes
heredar absolutamente
nada de mí.
Puedes quedarte con
todo el dinero.



Du ska fa ett paranomafonster




Du ska få ett
panoramafönster
i barnbidrag.
Stjärnhimlen ska vara
din vardagsrumstapet
och Mozart ska skriva musiken.
 
Du ska få ett hem
som älskar dig.
Du ska få ett sinne
för humor.
Och Strindbergs
samlade verk.
 
Och alla mina barnbarn.
Min present till dig
är att du ska tala många
språk och tåla all
slags väderlek.
Du ska få god
markkontakt och
svindlande takhöjd
med stuckaturer.
Du ska få ett liv som
förlåter dig allt.
 
Klar i tanken ska du vara.
Och stark i känslan.
Du ska få ha roligt.
Allt detta står i
hemförsäkringen.
Du ska få vara ifred.
 
Mitt underhållsbidrag
till dig är att du aldrig
någonsin kommer att
sluta hoppas.
Du ska få ett modigt hjärta.
Och ett dristigt intellekt.
 
Och ett gott omdöme.
 
Den du litar på
släpper inte din hand.
Min julklapp till dig
är att om du faller
så ska medmänniskorna
glädjas åt att
få ta emot dig.
 
Ett vänligt leende
ska gå genom
hela din resa.
En frisedel ska jag
sända från
min ensamhet.
Du ska inte få
ärva någonting
alls av mig.
Men du ska få
alla pengarna.


KRISTINA LUGN (1948, Tierp / 2020, Estocolmo, Suecia)
Fuente: La lilébula vaga
Traducción: Aleisa Ribalta
Enlaces: La Otra | EG

noviembre 08, 2020

Rubén Echagüe: Ya no circulan automóviles y los esqueletos vagan sin rumbo

Ruben Echagüe


La calle      




Me anudé como pude el barbijo –el corregidor ordenó usarlo 
siempre que algún ejemplar de nuestra especie afronte la 
intemperie– y me lancé a la calle, pese al edicto oficial que 
sanciona severamente a los que fotografíen rosetones góticos. 
Pero me enfrenté con que ya no había calles... Solo la arena
candente del desierto, de la que emergían algunas pirámides
escalonadas de la tercera dinastía, un móvil de Calder y siete
minaretes en los que la presencia del almuecín había sido
suplantada por altavoces que difundían un largo... interminable
suspiro...
Entonces dirigí mis pasos hacia un espejismo que, por fortuna,
estaba a un precio bastante razonable.



La cuarentena




Ayer se le cayó un diente al peine y esta mañana, tres dientes más.
(Se trata de un peine que había comprado hace tantísimo tiempo,
cuando aún procuraba armonizar los colores de mi baño).
¿Dónde comprar ahora un peine? No puedo ir a desenterrar uno
en una tumba etrusca cuando todas las fronteras están cerradas,
ni aspirar a la peluca de Bach, cuando las teclas de mi clavecín
podrían estar horriblemente contaminadas...
Si mi peine tuviera cuarenta dientes y perdiera con absoluta
puntualidad uno por día, la sencilla ecuación es que yo llegaría
al fin de la cuarentena (o de la vida) cada vez más despeinado.



La ciudad




Ya no circulan automóviles y los esqueletos vagan sin rumbo
ni DNI entre las literas abandonadas, los submarinos que
diseñó Leonardo, pero que hoy no superan los protocolos de
seguridad en materia de navegación, y las diez o doce hienas
embalsamadas que escaparon del Museo de Ciencias Naturales,
donado a la ciudad por Madame de Chenonceaux, una hija
bastarda de Luis XV...
Pero las hienas apolilladas resultan más reconocibles por sus
nombres: Adela, Lucrecia, Dolores, María de las Mercedes,
Trinidad, que los esqueletos tristemente anónimos, y solo
identificables por el color de sus barbijos o por el número que
les cuelga, como si se tratara de un pectoral de amatistas, sobre
el esternón de marfil.



El yo




Me levanté de dormir sin saber quién era, cosa que antes de
esta cuarentena me ocurrió muy pocas veces...
Dudaba entre mugir o cacarear, y entre lamer los azulejos del
baño, que tienen un agradable gusto a jabón, o ir a ofrecerme
para blanquear la Capilla Sixtina.
Si hallase otra criatura similar a mí tal vez podría reconocerme,
aunque la muerte con barbijo me haga muecas desde el interior
del espejo, intentando captar mi simpatía...
He perdido mi Stradivarius y –lo que más me preocupa– también
el pasaje a Cremona para ir a encargar otro... (Las teclas del
clavecín se independizaron y planean en las cercanías del techo,
dibujando elegantes curvas).
Olvidé quién fue Beethoven, y Kafka, y Frida Kahlo, y lo más
probable es que nunca haya sido yo un perro de circo que
supiera hacer música...



RUBÉN ECHAGÜE
(1948, Rosario, Santa Fe, Argentina)
"Rubén Echagüe es licenciado en Artes Visuales por la Universidad Nacional de Rosario, alternó la creación plástica con la literaria, y en 1989 dicha universidad editó su libro Augusto Schiavoni, sobre la vida y la obra del referido pintor. Entre 1985 y 1990 dirigió el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario, y en 1990 creó, en la misma ciudad, el Espacio de Arte de la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez, que coordinó hasta 2014. Conferencista, crítico de plástica, curador y jurado en diversos certámenes, ha prologado infinidad de catálogos y escrito numerosos ensayos y artículos sobre su especialidad y sobre temas de interés general, colaborando en la actualidad como columnista free lance del diario La Capital de Rosario y de su suplemento dominical “Cultura y libros”. Dio a conocer su obra poética a través de la revista literaria El Centón, que dirigiera el escritor y poeta Gary Vila Ortiz, y de la que fue colaborador permanente. Volcado de lleno a la producción poética, al presente volumen lo precedieron sus libros de poemas La casa en llamas (2013), Fin de la edad de oro (2016), Paraíso negado (2018) y Celda (2019)." 
Fuente: "Poemas de la peste", Ediciones en Danza, 2020
Imagen: Página 12

noviembre 02, 2020

Derek Mahon: La Musa está en otra parte

Derek Mahon


El gran poeta Derek Mahon ha muerto, este es mi modesto homenaje: mi traducción de "Ovid in Tomis" (Fb Adam Gai, 13/10/2020)  

Ovidio en Tomis    




¿Qué burda divinidad 
era la caja de velocidades, bajo la lluvia, 
junto a la ruta? 

¿Qué Nereida la insumergible
Coca Cola 
que golpea las rocas heladas?

Me miran
con la casta gravedad
y el orgullo feral

de los nobles salvajes
establecidos
sobre una costa ajena.

Hace tanto
desde mi propia transformación
en piedra,

que a menudo me olvido
de que hubo un tiempo
antes de que mi nombre

fuera barro en las bocas
del Danubio, 
una mala palabra en Roma.

Imaginad a Byron desterrado
en Botany Bay
o a Wilde en Dawson City

y tendréis cierta idea
de lo que es para mí
estar en las costas del mar Negro.

Yo, que otrora iba a paso largo,
la frente alta, por el foro,
una leyenda viva,

llevo ceñida mi pelliza
junto a aguas grasientas
bajo un viento escita.

Mi mujer y mis amigos
hacen lo que pueden
en mi favor;

aunque de Tiberio,
al que Dios preserve,
nada espero.

Pero no quiero
morir aquí
en el más remoto confín

entre estos morosos
Getas, echadores de dados,
y en el polvo de Tracia.

Sin duda, en el tiempo
por venir, este apiñamiento de
chozas de barro será

una hermosa ciudad,
un puerto importante,
un balneario popular.

Con un oleoducto,
terrazas de Martini
e incluso una digna

estatua de Ovidio
mirando el mar
desde la rambla;

pero, por el momento
es meramente un sitio
donde tengo que estar.

Seis años ya
desde mi confinamiento
a esta ciudad

por el difunto Augusto.
La Halieutica.
aunque esporádicamente

me da cierto
empuje,
aunque artificial;

pero pienso que son los pájaros
los que más me complacen,
las grullas y los pelícanos.

A menudo me siento en las dunas
para oír atento
el no inhibido

virtuosismo de una alondra
que da serenatas al sol
y medito sobre

la transitoriedad
del dominio terrenal,
la perfidia de los príncipes.

La mediocridad, se dice,
se consuela
con la reflexión

de que la genialidad tan a menudo
arriba a un mal final.
La adversidad de las cosas

nos enseña
sobre la naturaleza humana
en tanto que los aforismos nos afectan hondo.

Sé que  la vida simple
sería buena para mí
si yo fuera un hombre simple.

Tengo cabal sentido
del espíritu mudo
en la piedra y en el árbol,

Haciendo rebotar piedras en el mar, me doblego
con vicario dolor
mientras un tejo pequeño va dentro.

Y las altas cañas
del delta,
¡allí cunde el patetismo!

Siempre que se inclinan
y suspiran en el viento
no es meramente Siringa

recordando a Siringa
sino Siringa plañendo
su horror desnudo

del futuro certero,
ella y su especie
destinadas en masa

a las máquinas de hacer papel
y volverse cordón
de neumáticos de coches.

Pan está muerto y ya
yo siento que una antigua
unidad abandona la tierra,

la vasija con su rostro evita mi mirada
como si avergonzada
por mi incapacidad de mantener la fe.

 (Sabe que yo
he reemplazado la creencia
por la documentación.)

La Musa está en otra parte
no aquí,
junto a este lago congelado 

O, si aquí, entonces yo no soy
 asaz poeta 
para establecer el contacto.

¿Estamos verdaderamente solos
con nuestra física y nuestros mitos
las estrellas no más

que polvo brillante,
con nadie ahí
para escuchar nuestras odas corales?

Si es así, podemos comenzar
a ignorar el silencio
de los espacios infinitos
ante nuestras mismas narices

El grito en el corazón
del alcaucil,
la alegría de los átomos.

Mejor es contemplar
la página vacía
y dejarla así

antes que modificar
su sustancia por
 no más que un trazo de pluma.

Tejida de ninfas de los bosques,
habla de volúmenes
que nadie escribirá jamás.

Inclino la cabeza
ante su candor
y lloro por nuestro exilio.


Ovid in Tomis



What coarse god
Was the gearbox in the rain
Beside the road?

What Nereid the unsinkable
Coca-Cola
Knocking the icy rocks?

They stare me out
With the chaste gravity
And feral pride

Of noble savages
Set down
On an alien shore.

It is so long
Since my own transformation
Into a stone,

I often forget
That there was a time
Before my name

Ws mud in the mouths
Of the Danube,
A dirty word in Rome.

Imagine Byron banished
To Botany Bay
Or Wilde to Dawson City

And you have some idea
How it is for me
On the shores of the Black Sea.

I who once strode
Head-high in the forum,
A living legend,

Fasten my sheepskin
By greasy waters
In a Scythian wind.

My wife and friends
Do what they can
On my behalf;

Though from Tiberius,
Whom God preserve,
I expect nothing.

But I don’t want
to die here
In the back of beyond

Among these morose
Dice-throwing Getes
And the dusts of Thrace.

No doubt, in time
To come, this huddle of 
Mud huts will be

A handsome city,
An important port, 
A popular resort

With an oil pipeline,
Martini terraces
And even a dignified

Statue of Ovid
Gazing out to sea
From the promenade;

But for the moment
It is merely a place
Where I have to be.

Six years now
Since my relegation
To this town

by the late Augustus,
The Halieutica,
However desultory,

gives me a sense
Of purpose,
However factitious;

but I think it’ s the birds
That please me most,
The cranes and pelicans.

I often sit in the dunes
Listening hard
To the uninhibited

Virtuosity of a lark
Serenading the sun
And meditate upon

The transience
Of earthly dominion,
The perfidy of princes.

Mediocrity, they say,
Consoles itself
With the reflection

That genius so often
Comes to a bad end.
The things adversity

Teaches us
About human nature
As the aphorisms strike home!

I know the simple life
would be right for me
If I were a simple man.

I have a real sense
Of the dumb spirit
In boulder and tree;

Skimming stones, I wince
With vicarious pain
As a slim quoit  goes in.

And the six-foot reeds
Of the delta, 
The pathos there!

Whenever they bend
And sigh in the wind
It is not merely Syrinx

Remembering Syrinx
But Syrinx keening
Her naked terror

Of the certain future,
She and her kind 
Being bulk-destined

For pulping machines
And the cording
Of motor-car tyres.

Pan is dead, and already
I feel an ancient
Unity leave the earth,

The bowl avoid my eye
As if ashamed
Of my failure to keep faith.

(It knows that I
Have exchanged belief
For documentation.)

The Muse is somewhere
Else, not here
By this frozen lake ---

Or, if here, then I am
Not poet enough
To make the connection.

Are we truly alone
With our physics  and myths,
The stars no more

Than glittering dust,
With no one there
To hear our choral odes?

If so, we can start
To ignore the silence
Of the infinite spaces

And concentrate instead
On the infinity
Under our very noses ---

The cry at the heart
Or the artichoke,
The gaiety of atoms.

Better to contemplate
The blank page
And leave it blank

Than modify
Its substance by
So much as a pen-stroke.

Woven of wood-nymphs,
It speaks volumes
No one will ever write.

I incline my head
To its candour
And weep for our exile.


Otros poemas de DEREK MAHON, aquí
Traducción: Adam Gai
Imagen: The Guardian