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Mostrando las entradas de enero, 2019

Claudia Masin: un poema inédito

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Salvaje     Todas las cosas buenas son salvajes y libres  
Henry David Thoreau Un cachorro de jaguar abre los ojos  cuando la luz empieza  a retirarse y es la hora del hambre, de aprender  a procurarse el alimento  por sí mismo. Cierra  los ojos cuando el sol aparece,  en medio de las hojas filtrándose,  tocándolo como se toca a un animal salvaje  aún pequeño: con suavidad,  con miedo, con prudencia. Yo te dije:  un jaguar no es hijo  de nadie, es siempre huérfano. Pero quisiste  darme casa y alimento, la domesticidad  que cura y tranquiliza a los serenos, que enloquece  y esclaviza a las fieras. No quiero  la familia, la casa, la luz demasiado brillante  sobre el cuero. Duele. El cuero está curtido  pero debajo hay lastimaduras y el calor  las trae de vuelta, me hace volver  a retorce...

Gerard Smyth

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Rendición Tu viejo vestido de chiffon cuelga como el fantasma de Emily Dickinson, triste y desdichado en el cuarto del fondo.  Un cuarto al que rara vez entramos. Evoca recuerdos de una noche en los conciertos,  un día en Rávena. Ahí consignamos a la pila de trapos y el revoltijo de cosas tu ropa elegante, mi traje de tweed grueso como una armadura. Ahí en el armario con perchas de madera está el sombrero de paja  de tantos viajes, el ala estropeada;  y la chaqueta suelta, que perdió algunos botones:  en otro tiempo de moda, ahora anticuada como el echarpe de Aran o la camisa con vuelos, deshilachada lo mismo que una bandera de rendición. SURRENDER Your old dress of full-length chiffon / hangs like the ghost of Emily Dickinson / looking forlorn in our backroom. // The room is one we seldom enter. / It prompts memories of an evening / at the proms, a day in Ravenna. // It is here that we consign / to the rag-heap and the jumble pile / your glamour frocks, my twee...

Roberto Echavarren

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Doble sueño     Llevabas el cabello suelto con meneo que tus pasos exageraban a chasquidos. Bajabas la calle. Nunca supe de ti. Tu resplandor quedó prendido al espejo convexo de un convertible estacionado. Los árboles rompían el silencio con crujidos. No era alegre la tarde — no es alegre el silencio sino tranquilo y fortificado en sí, cóncavo en la palma de la mano. Después de tu pasaje parecía que podías llegar. Alguien podía  vernos a los dos — en otra parte, ni antes ni después (al costado). Bajabas del convertible con tricota rosada . La portezuela al cerrarse implicó otras subidas y bajadas. Habíamos estado juntos una vez. En la vida paralela tuve el hábito de estar cerca de ti. Nostalgia Un pobre animal asustado contra el rincón de la cabina ya no sale al encuentro de alimentos; preserva una semblanza, una concordia, una visita. El casi cadáver agoniza enfrente. Podemos vivir solos pero no sin compañía de los muertos. Viento negro atraviesa el boquerón desgarr...

Juan Liscano

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Siempre A Carmen Teresa Decirlo No se sabe sino ignorando cuando se avizora cuando se prueba el saber de sabores cuando se levanta entre las sábanas un feroz paisaje de olores y de lianas cuando la desnudez                frágil y poderosa resplandece en la penumbra de la alcoba y el tiempo grita                 y se oyen nombres palabras recortadas por tijeras de fuego y se sabe y no se sabe                y se es sabor y todo sabe a cuerpos vivos fermentando recobrados los instintos cazadores iniciales recobrada la virtud de estar juntos solos y en las axilas se besa un íntimo amargo y lo oculto abre su interior en la prueba de probarse contra la muerte                          que espera. No pasa el tiempo No pasa el tiempo            pasamos nosotros. El tiempo no ti...

4 poemas de Diego Brando

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R uido de ángeles cayendo en el patio  y de insectos tragados por las arañas.  Los frutos crecen y absorben la noche  y destilan el azul más bravo del universo.  He oído demasiado caerse  el mundo sobre la casa,  y cargar con sus cimientos sería  darle de comer a los chacales.  Se precipita la lluvia y las gotas golpean  sobre el cobertizo, como un oro pálido.  Huyo entre la bruma y pienso en no regresar;  detrás cuelgan las ropas de los muertos.  Qué loca idea fue nacer, madre,  en noche de tormenta y lloviznas. Algo se quebró desde el principio. C uando mi madre hace un silencio es porque sobrevuela sus flores un colibrí de tonos azules. Las tardes de verano en el patio con los gatos extendidos a la somb ra de un aromo que crece enorme suelen tener esa manifestación divina. El pájaro puede irse y luego volver construyendo otro silencio. Yo sólo pienso y contemplo, así ha sido la vida de mi madre, un momento detenido tras...

Eleonora González Capria

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SÁBANA Volvimos en un taxi y adentro lo que había no conocía el cielo. Algunas cosas tienen que viajar siempre en tierra y las que no nacen igual a veces en cuartos bien cerrados. Quizás el cielo le llegó entre sueños como una sábana azul que se alejaba siempre, y al final  despertaba temblando, pesadilla crónica del deseo o del instinto. Después soñé también mis propias pesadillas el arrepentimiento lo que nadie me supo explicar de guardarse lo que debiera andar alto. Ya en casa por las noches  le cargábamos una manta encima para que no soñara feo o despertara llorando. Pero eso fue más tarde. Primero nos lo dieron pájaro adentro de una caja.   TEMA DE CONVERSACIÓN Esa piedra, vos me decís, vino con la corriente era la roca inaugural resto de monte suelto  cosa de siempre de tu infancia. Estás mintiendo. Esa palabra, cuando vivía, salió de conejeras, de una noche sin luz artificial, yo me acuerdo. Quedaba blanco allá adelante una mancha entre dos árboles y cambié de cami...

John Burnside: Aprender a dormir

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UN ENSAYO SOBRE EL DUELO                                                                      para Lucas I Al cavar una tumba para Oxy, un gatito negro atigrado, Octubre 2016 "Es muy amargo", respondió; pero me gusta porque es amargo y porque es mi corazón". Stephen Crane Lindo día, para esta época del año, sol en los árboles del seto, un solo gavilán vuela sobre el potrero. Es difícil cavar esta tierra, y cada vez cuesta más: quince centímetros y tengo que volver a buscar el pico para sacar las piedras grandes de la arcilla y después, con la manta que vamos a usar de mortaja tendida en el pasto, terminamos  en silencio la tarea, parando solamente  una o dos veces a calcular la profundidad y recuperar el aliento. Sin nada que decir, desmigajás un puñado de tierra para que se entibie en tus manos y espolv...

Raquel Lanseros

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En ocasión de todos los finales Yo nunca resistí las despedidas con su mezcla de muerte y precipicio con el aroma amargo de la finitud empalagando el ánimo con esa luz de hielo matutino que penetra debajo de los párpados. Yo nunca resistí las despedidas pero no sé por qué. Me lo pregunto porque no ha supuesto una sorpresa súbita casi ninguna de ellas. He solido saber con esa exactitud de los relojes el lugar, el momento la documentación y el escenario en que sobrevinieron. No hay engaño. El jueves diecinueve era un jueves sin ti. Estaba escrito mucho antes que las lágrimas anunciasen el fin y todo fin es único. Las despedidas son como el otoño inevitables pérdidas vienen puntuales con aviso previo. Nadie puede acusar de su tristeza a la pequeña hoja tiritando dormida en medio del camino. De repente esa hoja me recuerda los hoteles pintados de naranja. Son dos cosas que llegan de otra época igual que llega la bruma de noviembre. Traen una carga de nostalgia limpia sin traición ni sorpre...

Massimo Gezzi

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Una despedida Se paró a observar los últimos destellos de luz  que ahondaban detrás de los montes. «No  mienten  nunca, los niños, cuando  pintan el sol rojo y las nubes rosa  sobre un fondo azul cobalto. Quizás sean los  únicos que todavía saben mirar algo». Apoyó el  vaso en la mesa, sopló el humo contra el cristal y aquel se abrió  como un lago de aire gris. «He  pensado que mi vida era mía. Tú  también estás pensando, ahora, que tú  eres lo que eliges, lo que quieres, lo que  dices». Le respondían los libros, los  marcos, las plantas a punto de lanzarse en la oscuridad, yo no.  «Incluso lo que no dices», sonrió,  mi entras el  estertor del catarro se le  volvía más oscuro. «En cambio ahora tú, en  esa silla, mientras me miras la espalda y  quisieras anudar tus manos o estar mudo, tú ahora  eres importante, y no lo crees, y no lo sabes». La nube  más lejana de  repente...

Andrea Cote Botero

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Lección única sobre las cosas viejas Ya dije: no sé quién inventa el olor de la casa, no sé. Más aún si lo que te gusta es la vista ruinosa de los tejados y la pared deslucida, el muro demolido y su puerta que ya no tiene afuera. Más aún, si ya no recuerdas que no es el olor, sino la bondad de las cosas al exhibir su derrota. Estación de luz Verás, es tu ciudad que no descansa, en la que siempre hay algo a punto de venirse abajo. Por ejemplo, la lluvia —derrumbada en la luz— ya sabes; o los árboles quemados de cielo a media tarde, aniquilados como pájaros que se lanzan desde el aire y caen en los parques, arrastrando su manía de caer. Porque es verdad que es mi ciudad y es del otoño, la casa misma de todo lo que lentamente se desploma, hastiado de durar en el aire y la intemperie de la luz. Es mi ciudad, la casa de las cosas que siempre son más bellas cuando están a punto de acabar. ANDREA COTE BOTERO  (1981, Barrancabermeja, Colombia) Fuente: 400 Elefantes Enlace: U Externado ...