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Mostrando las entradas de junio, 2012

Concepción Bertone

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E sperando la nieve                                                                                    a Glauce Baldovín, in memorian  Todos dicen que va a nevar en la ciudad.  Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,  algo raro y ligero porque  no sabríamos convivir con eso. El rostro  del otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve  lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras de hielo y algo de la tempestad que destruyó a los árboles. La tarde se hizo noche y el cielo me develó el humor de los pájaros, la tijera de una bandada ruidosa buscando dónde anidar. Y nada que no supiéramos –salvo volar- nos pasa. La nieve cae siempre en otra parte. El derroche es una ley del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre hay tiempo, tibiezas de Barragán an...

Imagen de radio

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Juan Alberto Badía (1947 / 2012)

Explicación del espacio vacío

Aquí íbamos a leer o releer una nota de Damián Tabarovsky publicada el domingo pasado en Perfil. Irene Gruss se me adelantó ( http://elmundoincompleto.blogspot.com.ar/2012/06/la-inclusion-de-lo-bajo-en-lo-alto.html ).  A punto de pulsar el  mouse cuando vi el artículo en la lista de lectura de los blogs. Una idea singular sobre el acto inaugural del pop en el arte. Ahora me llaman Don Pedro, el Atrasado. Como estoy  de alguna manera obligado, por la conformación de mi blog, a insertar una imagen, pego la dispuesta hace unas horas en el borrador de la entrada. Es un hermoso perfil de Alma Mahler. Imagen: cantanellas.blogspot.com

Birago Diop

Díptico      El sol colgado de un hilo  en el fondo de la calabaza  teñida de índigo,  hace hervir la olla del día.  Asustada por la proximidad  de las Hijas del Fuego  la sombra se esconde  al pie de las estacas.  La sabana es clara y cruda,  todo es terso, formas y colores.  Pero en los silencios angustiosos  hechos rumores, de ruidos ínfimos, ni sordos ni agudos, surge un misterio denso, un misterio sordo y sin contornos que nos rodea y nos asusta. El taparrabo oscuro claveteado con clavos de fuego tendido sobre la tierra cubre el lecho de la noche. El perro aúlla, el caballo relincha, el hombre se echa en el fondo de su choza. La sabana es sombría, todo es negro, formas y colores. Pero en los silencios angustiosos hechos rumores los senderos intrincados del misterio se aclaran lentamente para los que se fueron y para los que han vuelto. BIRAGO DIOP  (ó Birago: 1906, Ouacam / 1989, Dakar, Senegal) De:  ht...

Joan Margarit

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Noche de junio Cuando salí del cine ya había oscurecido. En aquel viejo párking, sin luz, iba subiendo la rampa áspera y sucia porque había aparcado en la terraza. Dentro de mí también era dura la cuesta: eran aquellos días, los primeros sin ti. Pero al llegar arriba, en la intemperie había un cálido silencio envolviendo la sombra de algún coche: las baldosas rojizas, las barandas de hierro, delicadas y sencillas, y latas con hortensias. De repente, al salir a cielo abierto, un velo se rasgó y surgió la noche de un patio con sus limpias galerías y sus iluminadas cristaleras. Me detuve sintiéndote muy cerca. Y sintiendo que ya, en cualquier instante podría hacer surgir tesoros de la muerte. JOAN MARGARIT  (Sanauja, Lérida, 1938 / 2021, San Just Desvern,  Barcelona, Cataluña, España) De: "Noche de junio", Hiperión, 2002 en carmensabespoesiayarte.blogspot.com Imagen: literaturisticronica.blogspot.com

Lectura y dibujo

C.K. Stead, unos versos que me llamaron la atención: El rocío se recoge al borde y gotea. Gotea sobre escarchadas hojas. http://elpoetaocasional.blogspot.com.ar/2012/06/ck-stead.html

C.K. Stead

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Este tiempo Éstas son las estrellas de la poesía Demasiado buenas para ser verdaderas por sobre las colinas Y en la bahía colmada hasta el borde. Y ésta la última moneda El muerto intercambio– El silencio. ¿Desatornillaste tus oídos? ¿Los guardaste para bien? No. sácalos de la inmovilidad. No eres un espíritu. Escucha. El rocío se recoge al borde y Gotea. Gotea sobre escarchadas hojas. Incluso tan pequeños vocablos cristalinos hablan del tiempo. Cuéntalos. Siéntete afortunado. C.K. STEAD  (1932, Auckland, Nueva Zelanda) De: antologiavirtualdelmundo.blogspot.com Traducción: Raúl Jaime Gaviria Imagen: events.stuff.co.nz

Elvio Romero

Tormenta      La noche ha sido larga.  Como desde cien años    De lluvia,  de una respiración embravecida  proveniente de un fondo de vértigo nocturno,  de un cántaro colorado  Jadeando en la tierra,  el viento ha desatado su tempestad violenta  sobre el velo anhelante de la ilusión  Efímera, sobre los fatigados menesteres,  y tú y yo, en la colina  más alta,  en el rincón de nuestros dos silencios, abrazados al tiempo del amor, desvelándonos. Deja que el viento muerda sobre el viento. Yo te cerraré los ojos. ELVIO ROMERO (1926, Yegros, Paraguay / 2004, Buenos Aires, Argentina) De: www.grandespoetasfamosos.blogspot.com

Marie Howe

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Lo que hacen los vivos Johnny, hace días que el fregadero está tapado, algo debe haberse caído por ahí y el Drano no funciona, huele peligroso, y los platos sucios se apilan a la espera del plomero que no he llamado. De esas cosas hablábamos. Invierno: el cielo, azul, obstinado, la luz derramándose por las ventanas abiertas: la calefacción está muy fuerte y no la puedo apagar. Hace semanas, mientras manejo, o cuando se me cae la bolsa de compras en plena calle, que pienso: Esto es lo que hacen los vivos. Y ayer, apurada por las veredas rotas de Cambridge, mientras se me derramaba el café por la manga, lo pensé otra vez. Y otra vez después, mientras compraba un cepillo: Esto es. Estacionar. Cerrar la puerta del auto en medio del frío. Lo que llamabas ese anhelo. Lo que abandonaste al fin. Queremos que llegue la primavera y que pase el invierno. Queremos que alguien llame o que no llame, una carta, un beso —queremos más y más y aún ma...

Poetas y padres

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Cintio Vitier

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Al caer el rayo lila  Al caer el rayo lila en el sofá dormido y en la jarra y en el río sucio donde estaban hundiéndose brocados y deseos por la noche, al doblar el rayo como un pétalo todo su color sobre la seda mientras el húmedo mercado se borraba con su araña granate para entrar en el rocío que brillaba junto al mar como un pecado, y al extender el rayo su otro lila dentro del viento puro de la madrugada que va cantando siempre sobre el techo hasta crear la desnudez más invisible, yo preguntaba qué es la noche y la forma de caer sin fin desde algún puente y la palabra oscura que repito igual que allá en Empalme cuando ardía mucha esfinge de patria en el conjunto del verdor aciago, del coloquio antiguo, y repasaba un tren con su penacho melancólico hasta llenarme de rocío la mirada, igual que siempre yo respiro no como un dulce transformista ni un mendigo que baraja deseos con escenas, y pregunto como alguien que no existe sino muy pocos, muy sagrados minutos, y le toca testific...

Gisela Galimi

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Deseo Perder una tarde  la memoria  y ser nuevamente linda  como cuando  no sabía que lo era.  Gatopardismo personal He mudado, me di vuelta como una media. Como quien parte los huevos  y dispersa la harina sin saber si hará una torta o ensuciará solo la mesada. Yo que temía cambiar hasta un neumático, he rotado mi norte y mi sur para sobrevivir.  Y, vuelta la calma, retorné hecha otra, con el pelo suelto y una piel nueva.  Cambiar todo, para que nada cambie. Gisela Galimi (1968, Lobos, Provincia de Buenos Aires, Argentina) De: " Para que nada cambie", Alción Editora, 2012) Imagen: semanadeletrasylectura.blogspot.com

Eduardo Ainbinder

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Ocelo del huracán "Tanto hemos esperado que cese este diluvio que cuando las lluvias se detengan también se detendrá nuestro corazón": tu corazón -tormentoso- nos dice que el diluvio no va a parar jamás, los hechos son interminables: una lluvia se suelda con otra, una puntada tras puntada y el monstruo "está cosido y camina". Por otra parte si este tormento terminara no tendríamos adonde ir. Nos sentamos a esperar que no pare la lluvia, como si en ella hubiésemos depositado toda nuestra fe. Casa de citas Durante el viaje -no hubo accidentes en la ruta- salvo la chatarra de mariposas muertas pegadas al radiador del auto. La luz de Rembrandt mantuvo despiertos a otros insectos, quiero decir: las cosas suceden a las cosas con fe ciega: -rápidamente- un hotel se levanta en el centro del campo cuando bastaría con que un cerebro encerrándose en sí mismo pudiera pedir refugio de los propios pensamientos. Eduardo Ainbinder (1968, Buenos Aires, Argentina) Imagen: edicionesgo...

Robert Lowell

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Desde 1939 Nos perdimos la declaración de guerra, en la luna de miel, en tren hacia el oeste; en los revolucionarios treintas fatigamos los Poemas de Auden, hasta que bajamos la cabeza de acuerdo al caminar de lo anacrónico, confortable y mezquino... Hoy de más cosas me pierdo, mi equivocación es más consciente. Veo otra muchacha leyendo el último libro de Auden. Debe ser muy moderna, usa el pretérito para diseccionarlo. Como Munich, él es ahora histórico y quizá maduró hasta amar la podre del capitalismo. Vivimos todavía entre el demonio de sus negligencias que él quiso desdeñar con la excentricidad malévola de la vejez. En nuestro inconcluso y revolucionario presente nada comienza y todo ha terminado. El Diablo sobrevive a sus vacías esquelas y se dirige, cojeando y maldiciente, a su demolición, la pesadez moral más allá de balanzas, vómito circular como manchas de hierba amarillenta. Inglaterra y Estados Unidos han durado lo suficiente para temerle a su pasado, los hábitos se apriet...

James Wright: Justo en la salida de la autopista a Rochester, Minnesota,

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Bendición Justo en la salida de la autopista a Rochester, Minnesota, brinca suavemente la luz del crepúsculo en la hierba. Y los ojos de esos dos ponis indios se oscurecen con afabilidad. Han salido gustosos de entre los sauces para recibirnos a mi amigo y a mí. Saltamos la alambrada hasta el prado en el que han pastado todo el día, solos. Se tensan, apenas refrenan su alegría por nuestra llegada. Se inclinan vergonzosos como cisnes húmedos. Se quieren. No hay soledad como la suya. De nuevo a sus anchas, comienzan a ronzar los brotes primaverales en lo oscuro. Quisiera abrazar a la más fina, que ha venido a mi encuentro y me ha acariciado la mano con su hocico. Es negra y blanca, le caen las crines sueltas por la frente, y la leve brisa me invita a acariciar su larga oreja, delicada como la piel en la muñeca de una muchacha. De pronto me doy cuenta de que si yo saliera de mi cuerpo f...

Raymond Carver por Natalia Carbajosa

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La felicidad Tan temprano que aún está oscuro afuera. Me acerco a la ventana con café y el típico runrún que quien madruga hace pasar por pensamiento.  Cuando veo al muchacho y a su amigo enfilar la carretera  para entregar el diario. Llevan gorras y jerseys, y uno porta una bolsa sobre el hombro. Son tan felices que no dicen nada, estos muchachos. Si pudieran, creo que se tomarían del brazo. Es temprano, de mañana, y hacen esto juntos. Lentamente se aproximan. En el cielo comienza a abrirse luz, aunque pende aún pálida la luna sobre el agua. Tanta belleza que por un instante la muerte y la ambición, el amor incluso, no tienen cabida aquí. La felicidad. Sin previo aviso aparece. Y, de hecho, sobrepasa cualquier alusión de quien madruga. Enlaces:  https://epoelpoetaocasional.blogspot.com/search/label/Raymond%20Carver De: elcoloquiodelosperros.net  Imagen: www.atlascultural.com Traducción de Natalia Carbajosa ( http://clubdepoesia.com/nataliacarbajosa/ ) Natalia Carbaj...

Mar tormentoso

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Rough Sea with Wreckage  (Mar tormentoso con naufragio)    de J.M.W. Turner (1775-1851)   De: globedia.com

Batania, de los cinco poetas, sólo quiero ser como el primero

Paloma Paloma, dijo el primer poeta del mundo. Paloma blanca, dijo el segundo poeta del mundo. Paloma blanca que sueña, dijo el tercer poeta. Paloma blanca que sueña un puma, dijo el cuarto poeta. Paloma blanca que sueña un puma azul, dijo el quinto. (De los cinco poetas, sólo quiero ser como el primero). Una mujer Una mujer sin arpa y sin abrazos, amazona frutal y demasiada, una mujer como Iratxe sin Iratxe. A esa mujer le cambiaría cada tarde los gladiolos y jazmines de su cuarto y nunca le pondría veneno en su tetera. Le contaría mis grandes mentiras enormes con un pomelo prendido en el pecho, y cada poco le haría un poema de amor dejando a sabiendas algunos errores. Con esa mujer bebería vino y cerveza hasta agotar las fuentes y las barricas y ponernos rojas las puntas de las narices, y hasta le enseñaría a asustarse de los cisnes. La besaría muy fuerte sin acabarme de saliva y le mostraría la doble torre de mi tristeza (aquí me duele  aita , aquí me duele  Iratxe ) a gr...