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agosto 31, 2017

Eduardo Rezzano










Ascetismo 







Con el ojo izquierdo

veo sombras



con el derecho

claridades



pero no estoy para nadie

ni estaré mañana

ni la semana entrante

dispuesto a nada



Me entregué a la bebida

ella da cuenta de

mis asuntos

mis pormenores



y es estricta con

sus restricciones



nada de tabaco

nada de nada







Música







A través de la ventana

se oía cantar un pájaro

lo curioso era que lo hacía

en re menor y su melodía

era aquella que

como una condena

nos acompañaba desde

que el tiempo era tiempo



Cuando salí con la escopeta

se había ido y con él

la tormenta que amenazaba

con anegar los sembradíos



con él

el vivo recuerdo de una niñez

que no nos convoca

el paso liviano casi etéreo

de las hadas

la música inacabada

de los días en blanco







Visita de médico







El espíritu navideño

pasó con prisa

por mi casa



“Visita de médico”

dijo y vació su bolsa

sobre la mesa



Nos dejó una pila

de blisters caducos

medicamentos de dudosa

procedencia y una

advertencia



“Volveré con más

cuando seamos menos”





De: "Alcohol para después de quemar", Kriller71 Ediciones, 2016 





Eduardo Rezzano (1968) Nació en La Plata, Argentina, donde reside actualmente. Ha vivido también en Buenos Aires, Barcelona y Madrid. Es escritor y músico. Publicó los libros de poesía Ningún Lugar, Gato Barcino, no fábulas, Alcohol para después de quemar, Caligrafía y Nocturna.

Es baterista, percusionista y compositor. Fundó 2vecesbreve y la Orquesta Camaleón para tocar y grabar su propia música. También ha participado en diversos proyectos junto con destacados músicos, ha trabajado como sesionista y ha compuesto música para teatro y para danza.




Enlaces:



agosto 27, 2017

Jorge Fondebrider traduce a Richard Gwyn

Un poeta galés, Richard Gwyn, sentado en una mesa con los ojos cerrados.



Los nombres 




Me los encuentro en tránsito, en bares sombríos o albergues, 
en pasarelas de canales, en cementerios abandonados. 
Hombres nerviosos, transpirados; mujeres que siguen un código de etiqueta 
propio de una cultura ficticia. Con rastas desteñidas, apelmazadas,
sin lavarse durante semanas; con camisetas del ejército, pantalones cargo, bolsillos repletos

de droga y cuerda, piedras, algas, chicles;
bocas preparadas para escaparse, jamás dispuestas a la menor  
promiscua sinceridad. Esperando la coartada de un perro muerto
esperando, siempre esperando la compra de drogas nunca tramada.
En la estación de Salónica los observo beber vino de a tragos 
de jarras de plástico; cuerpos amontonados sobre el brillante mármol del piso. 
Y luego, en el bar de la plataforma, hay un tipo 
al que le falta la oreja izquierda, con un perro escuálido atado de una cuerda. Habla
de chicas que lo confunden. Y sin advertencia alguna 
se desliza de su taburete como una bolsa de papas y llega al piso, 
las piernas separadas, la oreja buena pegada a la tierra, 
murmurando nombres: Ananke, Mnemosyna, Antígona.




The Names



I meet them in transit, in cheerless bars or dosshouses, 
on canal walkways, in overgrown cemeteries. 
Twitchy, sweating males; women following a dress code 
from a fictional culture. Sunstreaked, matted locks, 
weeks unwashed; army vests, cargo pants, pockets stuffed 
with dope and string, pebbles, seaweed, chewing gum;
mouths poised in circumvention, never prone to the least 
promiscuous truth-telling. Waiting for a dead dog alibi, 
waiting, always waiting for drug deals never actioned. 
At Saloniki station I watch them swigging wine from 
plastic flagons; bodies crowd the shiny marble floor. 
And later, at the platform bar, there’s one customer, 
left ear missing, scrawny mongrel on a string. Talks 
of chicks messing with his head. And without warning 
slides from his stool like a sack of pans and comes to earth, 
legs splayed, good ear glued to the ground, 
muttering names: Ananke, Mnemosyne, Antigone.




Ciudades y recuerdos 



Variaciones sobre un tema de Calvino 

Cuando un hombre conduce por un buen rato por regiones salvajes, su imaginación comienza a divagar. No, eso no es correcto. Inténtalo de nuevo. Cuando un hombre conduce a través del último continente por la noche, del sur al norte, tiene que pasar la meseta montañosa de Omalos. Oh, por favor, eso no. ¿De nuevo? Cuando un hombre conduce un buen rato a través de las secas planicies de Tracia, comienza a preguntarse por las migraciones que han marcado esa región desdichada. Turcos, búlgaros y griegos, con variedades de crueldad y pelo facial, blandiendo mutuamente espadas curvas contra las gargantas de los otros durante siglos. Expulsiones forzadas, exterminios y el terror subyacente de que el que eres, o el que dicen que eres, sea un error terrible, meramente circunstancial. ¿Y por qué, entonces, no eres otro? Si fuera otro –conjeturas– y perteneciera a una tribu diferente, tendría un bigote o una nariz con otra forma, el menor detalle de apariencia y el acento que importa más allá del valor de una vida. El legado del Levante, todavía sin resolver: griego, turco, árabe, judío. Quiero ser amigo de todos y, sin embargo, sé que también tengo que tener enemigos, aunque más no sea para mantener mis amistades. ¿Qué clase de locura es ésta? Salónica, Esmirna, Alejandría, Beirut. Nos adentramos en nuevos territorios, en los cuales los límites están concebidos de manera distinta y, sin embargo, siguen intactos. ¿Cómo avanzamos desde aquí al próximo punto, a la próxima y dudosa epifanía? Siento de inmediato como si hubiésemos presenciado un lento destripamiento, que tuvo lugar a lo largo de muchos siglos.



Cities and Memories 


Variations on a theme by Calvino

When a man drives a long time through wild regions, his imagination begins to wander. No, that’s not right. Try again. When a man drives across the last continent at night, from south to north, he must pass the mountain plateau of Omalos. Oh please, not that. Once more? When a man drives a long time across the dry plains of Thrace, he begins to wonder at the migrations that have marked this wretched zone. Turks, Bulgarians and Greeks, with varieties of cruelty and facial hair, wielding curved swords at one another’s throats for centuries. Forced expulsions, exterminations, and the underlying terror that who you are, or who they say you are, is all a terrible mistake, merely circumstantial. And why, for that matter, are you not someone else? If only – you conjecture – I were someone else, and belonged to a different tribe, had a different shaped moustache or nose, the smallest detail of appearance and accent that matters beyond the value of a life. The Levant’s legacy, never yet resolved: Greek, Turk, Arab, Jew. I want to be friends with everyone, and yet know I must have enemies too, if only in order to maintain my friendships. What kind of crazy thinking is that? Salonika, Smyrna, Alexandria, Beirut. We edge into new territories, in which boundaries are differently conceived and yet still intact. How do we progress from here, to the next point, the next dubious epiphany? I feel at once as though we have been witness to a slow disembowelling, over many centuries.


RICHARD GWIN (Pontypool, Gales, 1956). Poeta, narrador, ensayista y traductor, realizó estudios en antropología en la London School For Economics, al tiempo que participaba como poeta en conciertos de punk a fines de los años 70. Interrumpidos sus estudios, trabajó como aserrador, publicitario y, luego de sufrir un accidente laboral, como lechero. Posteriormente se mudó a Creta, donde realizó distintos trabajos antes de emprender una vida de vagabundaje alrededor del Mediterráneo, que duró 9 años. Vuelto a Gales, estudió lingüística y, luego de doctorarse, ganó la cátedra de Literatura Inglesa de la Universidad de Cardiff, donde  dirige la maestría en Escritura Creativa y enseña.
Su poesía incluye One night in Icarus Street y Stone dog, flower red/Gos de pedra flor vermella(ambos de 1995), Walking on Bones (2000), Being in Water (2001) y Sad Giraffe Café (2010), los cuales fueron parcialmente traducidos al castellano por Jorge Fondebrider, quien además tradujo The Vagabond’s Breakfast, una memoir que le valió a Gwyn el premio a la mejor obra de no ficción publidada en Gales en 2012. Su primera novela, The Colour of a Dog Running Away (2005), fue publicada en el Reino Unido y traducida a varios idiomas. 

Fuente:http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php/3845


Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) es un poeta, ensayista, traductor y periodista cultural argentino.
Ha colaborado con los principales diarios y revistas de su país, así como en un importante número de publicaciones del exterior.
Entre 1986 y 1992 fue secretario de redacción de la revista Diario de Poesía, cuyo consejo de dirección integró durante los primeros diez años de existencia de la publicación.
Desde el 2002 hasta 2006 se desempeñó como coordinador de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires.
En 2003 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia por servicios prestados a la cultura francesa en 2009, junto con Julia Benseñor, creó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.

Poemas de Jorge Fondebrider, aquí



El próximo lunes 4, a las 19 hs. en la Biblioteca del Instituto Goethe de Buenos Aires, tendrá lugar la presentación de la monumental antología The Other Tiger. Recent Poetry From Latin America, del poeta y traductor galés Richard Gwyn.
En la ocasión, además de dialogar con Andrés Ehrenhaus, especialmente importado de Barcelona, Gwyn participará de una lectura bilingüe inglés-castellano con algunos de los poetas argentinos incluidos en su selección. Entre otros, Jorge Aulicino, Daniel Samoilovich, Diana Bellessi, Mirta Rosenberg, Jorge Fondebrider, Teresa Arijón, Laura Wittner, Marina Serrano, Miguel Ángel Petrecca y Alejandro Crotto.


agosto 23, 2017

Patricio Foglia

En la fila del super



estoy en la fila del super



esperando para saludar a la cajera
esperando para sonreírle
esperando que me pida mi tarjeta de descuentos
y el sonido del scanner
mientras los productos pasan
y de fondo suena pop coreano
o Aspen o la Mega o lo que sea
y esta mañana leí en el diario
que las ventas aumentaron un 25%
con respecto a igual período del año anterior
y cuando vuelvo a casa lo que más me gusta
es ir acomodando todo
el arroz en su frasco de vidrio
los fideos en su frasco de fideos
la yerba con la yerba
y cada cosa a su vez
muy prolijamente en la alacena
y es tan raro porque los productos
hicieron un largo viaje
del campo a los camiones
de las fábricas a las góndolas
hasta llegar a las alacenas
y así las personas van transportando productos
de un punto a otro del planeta
y la vida es como un camionero que escucha la radio mientras maneja
o la vida es como un repositor
que se duerme sobre un paquete de fideos
o la vida es como un scanner
por donde pasan cosas
y pasan cosas por el scanner de nuestras manos
pasan cosas por el scanner de nuestra cabeza
de nuestro corazón
y en cada persona  
con cada producto
se movilizan la alegría y la tristeza
o la absoluta indiferencia
y últimamente mi vida es un supermercado chino
mientras de fondo se escucha pop coreano



si pudiese comer sin culpa



le diría adiós para siempre a los cereales
adiós muesli adiós granola
adiós cantidad de fruta horrible
que forman mi desayuno cotidiano
una manzana no reemplaza una cucharada
de dulce de leche
y un kiwi no es lo mismo que el viento
moviendo los árboles como una caricia
busco la salvación como cualquier creyente
como una jubilada con su cartón de lotería
y me escondo
cada vez que engullo
mi increíble medio kilo de helado
después escondo el pote y la cuchara
como un gato su vergüenza
entre las piedras
levanto la vista y busco en el cielo
una dieta perfecta
pero tengo hambre
tengo hambre
vuelvo a la heladera
sería capaz de comerme
un tren en movimiento
los pasajeros y las vías férreas
la vía láctea
los astros los planetas
pero tengo que controlarme
suspendo las gaseosas
el pan y el azúcar
yo contra los carbohidratos
yo contra la hipnosis de la luz de la heladera
esta es mi guerra secreta
mi absurda batalla de todos los días



una parte de mis días



la dedico a lavar los platos
un poco de detergente sobre la esponja 
un poco de agua
después la espuma para recorrer 
las ollas los vasos
yo encuentro 
en la mecánica de la limpieza
mi nieve incesante 
mi reposo
mi mente en blanco
mamá
nunca fuiste la típica
madre ama de casa
pero me acuerdo de cómo lavabas
de tus guantes 
impecables tus uñas pintadas
a lo mejor este sea un homenaje
una extraña despedida cotidiana
la forma en que me convierto
poco a poco
yo mismo en mi propia madre



¿a quién le importa dormir?



¿quién dijo que dormir era saludable? 
duermen en su urna
las cenizas de mamá 
después de haber atravesado
la vida 
de principio a fin
como un fuego ardiente
duermen y esperan alcanzar
el aire de la Costanera
el Río de la Plata
las manos delicadas que por última vez
sostendrán su cuerpo
pero yo todavía no puedo
hacerme cargo de esta despedida
como una avenida enorme por cruzar 
sin poder tomarme de su mano
y claro que no duermo
pero a veces cierro los ojos 
y me dejo crepitar 
y soy feliz 
mirando en mi piel 
cómo cambian los colores del fuego

De: "Todo lo que sabemos del cielo" (Inédito)

PATRICIO FOGLIA nació en Buenos Aires, en 1985. Publicó Temperley; Lugano 1 y 2, La Escafandra y Tokio. Compiló y prologó la antología de poesía y ciencia ficción Los Fuegos de Orc. Tradujo, junto con Natalia Leiderman, una antología de poemas de Sharon Olds. Coordina el sitio www.malonmalon.com.ar. Colabora en el ciclo de lecturas el Rayo Verde, que coordina Osvaldo Bossi.

agosto 21, 2017

Diego Brando


Me pregunto si duermen en la madrugada 
los pasajeros del tren que avanza
en las cercanías del barrio.
Dentro de la casa se mueven
los vidrios de las ventanas,
las botellas de Vodka y Whisky
y las cenizas amontonadas
en ceniceros de madera.
Eso sin contar nuestras pobres cabezas
quemadas por la voz de un noticiero
que habla de restos de aviones en un pantano.
Alguien canta y repite para sí
una canción de moda
y los mosquitos succionan nuestra sangre
sin perturbarse.
Después de todo
también nosotros viajamos a la velocidad de la luz
hacia el norte.
Aunque no lo tengamos.


Otros poemas de DIEGO BRANDO, aquí

Liliana Campazzo

Liliana Campazzo





todo está enrarecido

los postes de la luz

se acercan 

la ruta ondula

carga un caballo

un trote

dos pájaros negros
acechan desde el alambrado
nada



hay en tu sitio
desanda unos pasos
al borde
mismo
mientras ni la nieve
cae
ni la lluvia moja
ni asola el viento.






agosto 20, 2017

Margaret Atwood

Margaret Atwood


Noticias de las diez



Cae desde el aire un pájaro, herido por un disparo,

las otras aves se dan cuenta, necesitan saber qué ha sucedido.
Las hojas de los árboles susurran, los ciervos se agitan, los conejos
sacuden las orejas. Los herbívoros se agazapan, los carroñeros
se lamen los dientes. 
La vida sacrificada no les asusta.

¿Qué nos alarma? ¿De qué nos alimentamos?

Lo aceptamos todo,
una herida tras otra.
Escombros, escombros, murmuran las pistolas.
Nuestros rostros relucen en el centellar de cristal,
la noche asciende como una humareda.

Oh, esconde tus ojos

-es mejor sentarse en un cuarto aislado,
las puertas cerradas, los aparatos apagados,
sin nada más que esa postal de las cataratas del Niágara, que compraste el verano      pasado -
esa cascada de agua que calma
como caramelos de toffee verde cayendo
a cámara lenta por un precipicio;
mejor no ver al frágil nadador,
o a los dos niños en su bote amarillo.


Otros poemas de MARGARET ATWOOD, aquí

agosto 19, 2017

Federico Díaz-Granados


Hospedaje de paso




Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.
No he sabido cuándo salen, cuándo entran,
en qué estación desconocida descansan sus miserias.
Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos
quejándose de mi tristeza,
en algunas temporadas se han quejado de humedad
de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.
Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida
y el patio queda nuevamente solo
en este hotel de paso donde siempre es de noche.


“He amado el fútbol. He llorado viendo películas como La Guerra de las Galaxias o Cinema Paradiso. He cantado a destiempo canciones de Calamaro, Jim Morrison o Lennon y sin embargo sigo temiendo cada día, por lo cual debo dormir con la luz encendida. Por esos pequeños sucesos, esos pequeños asuntos que siempre me han asombrado y que de tanto repetirlos se han vuelto hogareños y cotidianos, escribo poesía.”
Federico Díaz-Granados

De: "Hospedaje de paso", Valparaíso Ediciones



Pastelería Metropol

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad
Luis García Montero


Miro en la vitrina
el reflejo de mi cuerpo
Sobre el vidrio
Y me veo gordo, cansado, sobre aquellos pasteles de vainilla.

Y pienso en los amigos que no volví a ver
¿y qué sabían ellos de este corazón caduco
donde no cabe ni un centímetro del mundo?

Y cuando no te reconoces en los pasos del hijo, ni en el espejo
harto de esquivar malos presagios
viendo de lejos el esplendor de las pérdidas
lo indescifrable y lo desconocido.

Callo: mi silencio alcanza ese cuerpo que no entiendo,
desmancho mi corazón de su último incendio.

Y sigo extranjero en ese vidrio,
gordo y cansado
y atrás de mí
algunas sombras, gestos de abuelos y tíos muertos
sobre los pasteles de vainilla.



Retornos



No creo en retornos 
pero este amargo corazón de casas viejas y calles rotas 
late en cada regreso 
sin gestos ni ademanes 
y sabe que el mundo es un mal lugar para llegar

Y se regresa a escribir un poema que trate de una muchacha en un aeropuerto
que espera un avión de quién sabe dónde 
o escribir sobre la carta que nunca recibí aquel sábado 
escuchando el viejo casette con mis nostalgias favoritas 
o sobre los versos robados a Salinas, Borges, Walcott 
y las tardes de sol en el estadio de fútbol

No creo en los regresos 
pero este seco corazón de otros días canta a destiempo 
sobre el cielo que quema el nombre de una mujer que amé

No creo en retornos 
pero mi vocación de viajero hace, que siempre que parto hacia la intemperie en el mundo 
deje, como en mis días de boy scout, piedritas y migas de pan 
para no perder el camino de regreso a tu cuerpo.




FEDERICO DÍAZ-GRANADOS (Bogotá, 1974). Poeta, periodista, profesor de literatura y divulgador cultural. Es codirector de la revista de poesía Golpe de Dados desde el año 2000. Ha publicado los libros de poesía Las voces del fuego (1995), La casa del viento (2000), Hospedaje de paso (tres ediciones: 2003; 2003; 2004). La Universidad Externado de Colombia publicó una antología de sus poemas con el título Álbum de los adioses (2006). Además, es autor de varias antologías poéticas en Colombia y el exterior. En 1998 aparecieron sus versiones de la poesía de Jim Morrison bajo el título Una oración americana. En 2007 preparó la muestra “12 poetas colombianos 1970-1981” para Punto de partida. Ha participado en numerosos festivales, congresos y eventos literarios en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, Cuba y México.

Fuente: http://www.puntodepartida.unam.mx/index.php/680

agosto 18, 2017

James Wright: De repente, un fasán revolotea




Una oración para escapar del mercado



Renuncio a la ceguera de las revistas.

Quiero tenderme al pie de un árbol.
Este es el único deber que no es la muerte.
Esta es la perdurable felicidad
de los pequeños vientos.
De repente,
un faisán revolotea, y me vuelvo
sólo para ver que se desvanece en el borde húmedo
de la carretera.



Llegando de nuevo al campo




La blanca casa está silenciosa.

Aún no pueden oírme mis amigos.
El aleteo que vive en el borde pelado al borde del prado
picotea una vez y se queda inmóvil mucho tiempo.
Me quedo inmóvil yo al final de la tarde.
Se aparta el sol de mi rostro.
Un caballo pace en mi alargada sombra.


De: "No se quebrará la rama", Vaso Roto Poesía, 2014
Traducción: Antonio Rivero Taravillo
Otros poemas de JAMES WRIGHT, aquí



A Prayer to Escape from the Marketplace




I renounce the blindness of the magazines.

I want to lie down under a tree.
This is the only duty that is not death.
This es the everlasting happiness
of small winds.
Suddenly,
a pheasant flutters, and I turn
only to see him vanishing at the damp edge
of the road.



Arriving in the Country Again




The white house is silent:

my friends can't hear me yet.
The flicker who lives in the bare tree at the field's edge
pecks once and is still for a long time.
I stand still in the late afternoon.
My face is turned away from the sun.
A horse grazes in my long shadow.

agosto 16, 2017

Pablo Gabo Moreno




yo también pienso en la pérdida
de las funciones cognitivas
y en la muerte de la lengua
y qué pasaría si no puedo disculparme
por ese resplandor artificial que tomé como mío
para hacer de cuenta que al fin la lluvia no mata
y que es natural que tiemble las tardes de frío
donde el rumor del vaivén ruidoso de la marea
me muestra el resultado escueto
de la espuma disuelta en agua
el ojo que deja de ser ojo
el aire que de noche empuja
pero no alcanza




PABLO GABO MORENO (1974) Caleta Olivia, Provincia de Santa Cruz. Tiene tres libros publicados: Monóculo para la estrella de Ediciones CLIA (2002), Tu Rito de  Ediciones Marfil Seda (2014) y Colorblind de Editorial VOX  (2015). Administra el web site 1 poeta 10 preguntas y desde hace 5 años lleva más de 200 entrevistas a poetas Argentinos. Actualmente trabaja con su emprendimiento editorial CALETA OLIVIA dedicado íntegramente a edición de poesía contemporánea argentina

http://www.redfederaldepoesia.gob.ar/profiles/811/Pablo_Gabo_Moreno






agosto 14, 2017

César Cantoni


Mi perro me habla     




Mi perro me habla y yo lo escucho. 
Es ordinario y callejero, 
como los perros de Diógenes. 
De ahí, tal vez, proceda su sabiduría. 
No fue a la escuela, 
no tuvo guías que lo guiaran 

ni consejeros que lo aconsejaran. 
Ergo, puede pensar libremente 
(éste es su mérito más grande) 
y, además, con alegría 
(algo poco habitual en el que piensa). 
En su filosofía, no cabe el platonismo. 
Tampoco hay margen para ídolos 
ni mitos traídos de los pelos. 
(Como no recibió bendiciones, 
nadie lo tiene en cuenta en el debate; 
no es más que un perro indigno, aseguran, 
y le arrojan un hueso con desprecio.) 
Sí, mi perro me habla y yo lo escucho. 

a veces, yo también le hablo a mi perro, 
pero, ¿qué puedo explicarle? 
Él ve claramente el horizonte 
donde mis ojos sólo ven la bruma 
del discurrir civilizado. 


De: “Un arte invisible”, Libros de la talita dorada, 2016) 


CÉSAR CANTONI
 nació en La Plata en 1951. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: Confluencias (1978), Los días habitados (1982), Linaje humano (1984), La experiencia concreta (1990), Continuidad de la noche (1993), Cuaderno de fin de siglo (1996), Triunfo de lo real (2001), La salud de los condenados (2004), Diario de paso (2008) y El fin ya tuvo lugar (2012). Publicó, además, la plaqueta Irlanda (1998) y los cuadernillos Intemperie y otros poemas (2006) y Latencia: poesía y dictadura (2013). Figura en antologías poéticas argentinas e hispanoamericanas. Algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, catalán, griego y ruso. Reside en su ciudad natal.

agosto 11, 2017

Cecilia E. Collazo

Flor    


Quizá porque está sola. 
Parada allí en el agua, 
con su tallo 
esculpida. 
 
Cabellos rojos como pétalos, 
acompañan su estatura. 
 
Firme en el agua 
la gerbera. 



§ 



Cae el sol de la tarde
dejando su luz
como un resto.



§



La opacidad
nos hace obstáculo.

Trato de precisar tu voz en la tormenta,
pero no logro escucharla.
Sólo un murmullo, pequeño atronador.

Como el oído no alcanza,
busco la mirada como refugio.

Diviso una sombra.
No encuentro a su dueño.

Entrecierro los ojos para calibrar mi vista.

Con ímpetu miro a lo lejos.
Es como una fotografía que disipa la niebla.

Puedo vernos, 
en el fuera de foco
de esa imagen.



§



Lo etéreo de la mirada.
La luz que ilumina.
La sorpresa que lo anuncia.
De qué sustancia está hecho el amor



poesía argentina,CECILIA ELSA COLLAZO (1962, La Plata, Buenos Aires, Argentina)
Fuente: "Lonja de real", Editorial Modesto Rimba, 2017 

agosto 05, 2017

Marcelo Rizzi



De: "La experiencia Proust" 



AYER descendí una rama más

de mi árbol genealógico;
pagué con rancias pitanzas
al más joven de los turiferarios;
volví a dar un giro más a la noria,
dejé que el agua lavara mis pies;l
luego combiné azar con necesidad;
entreabierta la puerta para quien
llegase desde un tiempo profano
desperté en la aldea de siete piedras
creyendo que huía hacia otra ciudad 



DICEN que la huella de lo que ocurrirá

ya está presente en lo hoy deseamos
abolir de raíz - que sólo en el inicio
de todo se conoce el diagnóstico
de la enfermedad; que se comienza
a viajar sin atender al medio de transporte;
que cada uno a su turno volverá a regar
su fanega, a barrer las hojas primeras,
a apartar de un solo soplo
las cenizas del umbral 



NO es esa luz otoñal de la tarde
a la que pretendo prestar mi voz:
luz fósil y oblicua que se expande
al rebotar sobre los cenotafios;
lápiz de la única verdad que
acontecía a un niño cuando
reescribía una danza en el aire:
suprimía por un momento
con su verbo infinito el devenir
del mundo; y ya éramos para él
todos nosotros sus futuros
adverbios, su declinar subjuntivo,
los híbridos maestros en la
prestidigitación del tiempo 



De: "Los saberes esenciales"




Cualquier lugar es siempre hacia donde se viaja, excepto en aquellas ocasiones en que uno no puede bajarse de la hamaca –desde donde observa la mendacidad del mundo, respira del polvo matinal su versión más profana. Lúcida experiencia de seguir avanzando de sentado y retrocediendo en el tiempo. Beatitud extrema del pájaro y del santo, disolución perfecta de la nube en la mañana. 



Cuentan los frutos caídos del nogal; primero allí, bajo los párpados; luego, donde los dedos recogen lo aceptado sin preguntar; cada uno a su manera porta en su morral la sobra que lo nombra; desde la ola marina a la oquedad del cerrojo todo se lo debemos a lo que nunca leímos, al grito inaudito del cordero, al pájaro que rápidamente lo emprende y al que para siempre demora su vuelo. 



De: "El libro de los helechos"




QUIEN obra en construcción
cumple plazos diarios,
alcanza metas provisorias,
respeta los planos con honor;
son silenciosos los llamados
de emergencia,
los que ponen en marcha
la maquinaria usual de los pies;
se viste siempre la ropa
más imprudente,
y aunque la paz de la lectura
bajo los puentes rechaza
todo posible regreso a la casa,
impone a los astros
una nueva conjunción:
cuerpos morados y celestes,
alineados, para que se oiga
un lábil y sordo rumor,
un chasquido como de cadena
que recién se ha engrasado 



LAS amonitas hacen su morada
sobre el eje de una espiral logarítmica;
hay que detenerse de vez en cuando
frente al ideal de un objeto
sabiamente modelado, cincelado
hasta el extremo de su belleza
por la sola geometría de su forma:
ver al fin una casa construida
desde dentro, y durante siglos
sopesar para el techo:
de arcilla o de hierba,
lo último o lo primero 



MARCELO RIZZI nació en Rosario en 1961.
Estudió Historia y Filosofía a en la UNR. Es poeta, traductor, diseñador gráfico y gestor Cultural.
Tiene publicado El comienzo oblicuo de todo desorden (Barcelona, 2001), Sinopie (Mar del Plata, 2003), Casa incompleta (Rosario, 2° premio concurso Felipe Aldana de la Editorial 
Municipal de Rosario, 2007; jurados: Héctor Píccoli, Sergio Cueto, Sergio Raimondi), La isla de los perros (Córdoba, 2009), La  destrucción (e-book, poesíaaargentina.com, 2015).
Ha sido traducido al inglés y al italiano. Tiene publicados poemas en el Diario de Poesía, Hablar de Poesía y también en revistas de España, Chile y México.