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Mostrando las entradas de agosto, 2017

Eduardo Rezzano

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Ascetismo  Con el ojo izquierdo veo sombras con el derecho claridades pero no estoy para nadie ni estaré mañana ni la semana entrante dispuesto a nada Me entregué a la bebida ella da cuenta de mis asuntos mis pormenores y es estricta con sus restricciones nada de tabaco nada de nada Música A través de la ventana se oía cantar un pájaro lo curioso era que lo hacía en re menor y su melodía era aquella que como una condena nos acompañaba desde que el tiempo era tiempo Cuando salí con la escopeta se había ido y con él la tormenta que amenazaba con anegar los sembradíos con él el vivo recuerdo de una niñez que no nos convoca el paso liviano casi etéreo de las hadas la música inacabada de los días en blanco Visita de médico El espíritu navideño pasó con prisa por mi casa “Visita de médico” dijo y vació su bolsa sobre la mesa Nos dejó una pila de blisters caducos medicamentos de dudosa procedencia y una advertencia “Volveré con más cuando seamos menos” De: "Alcohol para después de quemar...

Jorge Fondebrider traduce a Richard Gwyn

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Los nombres  Me los encuentro en tránsito, en bares sombríos o albergues,  en pasarelas de canales, en cementerios abandonados.  Hombres nerviosos, transpirados; mujeres que siguen un código de etiqueta  propio de una cultura ficticia. Con rastas desteñidas, apelmazadas, sin lavarse durante semanas; con camisetas del ejército, pantalones cargo, bolsillos repletos de droga y cuerda, piedras, algas, chicles; bocas preparadas para escaparse, jamás dispuestas a la menor   promiscua sinceridad. Esperando la coartada de un perro muerto esperando, siempre esperando la compra de drogas nunca tramada. En la estación de Salónica los observo beber vino de a tragos  de jarras de plástico; cuerpos amontonados sobre el brillante mármol del piso.  Y luego, en el bar de la plataforma, hay un tipo  al que le falta la oreja izquierda, con un perro escuálido atado de una cuerda. Habla de  chicas que lo confunden.  Y sin advertencia alguna  se desliza ...

Patricio Foglia

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estoy en la fila del super esperando para saludar a la cajera esperando para sonreírle esperando que me pida mi tarjeta de descuentos y el sonido del scanner mientras los productos pasan y de fondo suena pop coreano o Aspen o la Mega o lo que sea y esta mañana leí en el diario que las ventas aumentaron un 25% con respecto a igual período del año anterior y cuando vuelvo a casa lo que más me gusta es ir acomodando todo el arroz en su frasco de vidrio los fideos en su frasco de fideos la yerba con la yerba y cada cosa a su vez muy prolijamente en la alacena y es tan raro porque los productos hicieron un largo viaje del campo a los camiones de las fábricas a las góndolas hasta llegar a las alacenas y así las personas van transportando productos de un punto a otro del planeta y la vida es como un camionero que escucha la radio mientras maneja o la vida es como un repositor que se duerme sobre un paquete de fideos o la vida es como un scanner por donde pasan cosas y pasan cosas por el scann...

Diego Brando

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M e pregunto si duermen en la madrugada  los pasajeros del tren que avanza en las cercanías del barrio. Dentro de la casa se mueven los vidrios de las ventanas, las botellas de Vodka y Whisky y las cenizas amontonadas en ceniceros de madera. Eso sin contar nuestras pobres cabezas quemadas por la voz de un noticiero que habla de restos de aviones en un pantano. Alguien canta y repite para sí una canción de moda y los mosquitos succionan nuestra sangre sin perturbarse. Después de todo también nosotros viajamos a la velocidad de la luz hacia el norte. Aunque no lo tengamos. Otros poemas de DIEGO BRANDO ,  aquí

Liliana Campazzo

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t odo está enrarecido los postes de la luz se acercan  la ruta ondula carga un caballo un trote dos pájaros negros acechan desde el alambrado nada hay en tu sitio desanda unos pasos al borde mismo mientras ni la nieve cae ni la lluvia moja ni asola el viento. Otros poemas de Liliana Campazzo,  aquí Enlaces:  http://elinfinitoviajar.blogspot.com.ar/2016/06/liliana-campazzo.html

Margaret Atwood

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Noticias de las diez Cae desde el aire un pájaro, herido por un disparo, las otras aves se dan cuenta, necesitan saber qué ha sucedido. Las hojas de los árboles susurran, los ciervos se agitan, los conejos sacuden las orejas. Los herbívoros se agazapan, los carroñeros se lamen los dientes.  La vida sacrificada no les asusta. ¿Qué nos alarma? ¿De qué nos alimentamos? Lo aceptamos todo, una herida tras otra. Escombros, escombros, murmuran las pistolas. Nuestros rostros relucen en el centellar de cristal, la noche asciende como una humareda. Oh, esconde tus ojos -es mejor sentarse en un cuarto aislado, las puertas cerradas, los aparatos apagados, sin nada más que esa postal de las cataratas del Niágara, que compraste el verano      pasado - esa cascada de agua que calma como caramelos de toffee verde cayendo a cámara lenta por un precipicio; mejor no ver al frágil nadador, o a los dos niños en su bote amarillo. Otros poemas de MARGARET ATWOOD ,  aquí

Federico Díaz-Granados

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Hospedaje de paso Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida. No he sabido cuándo salen, cuándo entran, en qué estación desconocida descansan sus miserias. Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos quejándose de mi tristeza, en algunas temporadas se han quejado de humedad de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena. Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida y el patio queda nuevamente solo en este hotel de paso donde siempre es de noche. “He amado el fútbol. He llorado viendo películas como La Guerra de las Galaxias o Cinema Paradiso. He cantado a destiempo canciones de Calamaro, Jim Morrison o Lennon y sin embargo sigo temiendo cada día, por lo cual debo dormir con la luz encendida. Por esos pequeños sucesos, esos pequeños asuntos que siempre me han asombrado y que de tanto repetirlos se han vuelto hogareños y cotidianos, escribo poesía.” Federico Díaz-Granados De: "Hospedaje de paso", Valparaíso Ediciones Pastelería Metropol Yo vengo sin id...

James Wright: De repente, un fasán revolotea

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Una oración para escapar del mercado Renuncio a la ceguera de las revistas. Quiero tenderme al pie de un árbol. Este es el único deber que no es la muerte. Esta es la perdurable felicidad de los pequeños vientos. De repente, un faisán revolotea, y me vuelvo sólo para ver que se desvanece en el borde húmedo de la carretera. Llegando de nuevo al campo La blanca casa está silenciosa. Aún no pueden oírme mis amigos. El aleteo que vive en el borde pelado al borde del prado picotea una vez y se queda inmóvil mucho tiempo. Me quedo inmóvil yo al final de la tarde. Se aparta el sol de mi rostro. Un caballo pace en mi alargada sombra. De: "No se quebrará la rama", Vaso Roto Poesía, 2014 Traducción: Antonio Rivero Taravillo Otros poemas de JAMES WRIGHT ,  aquí A Prayer to Escape from the Marketplace I renounce the blindness of the magazines. I want to lie down under a tree. This is the only duty that is not death. This es the everlasting happiness of small winds. Suddenly, a pheasant f...

Pablo Gabo Moreno

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yo también pienso en la pérdida de las funciones cognitivas y en la muerte de la lengua y qué pasaría si no puedo disculparme por ese resplandor artificial que tomé como mío para hacer de cuenta que al fin la lluvia no mata y que es natural que tiemble las tardes de frío donde el rumor del vaivén ruidoso de la marea me muestra el resultado escueto de la espuma disuelta en agua el ojo que deja de ser ojo el aire que de noche empuja pero no alcanza PABLO GABO MORENO (1974) Caleta Olivia, Provincia de Santa Cruz. Tiene tres libros publicados: Monóculo para la estrella de Ediciones CLIA (2002), Tu Rito de  Ediciones Marfil Seda (2014) y Colorblind de Editorial VOX  (2015). Administra el web site   1 poeta 10 preguntas  y desde hace 5 años lleva más de 200 entrevistas a poetas Argentinos. Actualmente trabaja con su emprendimiento editorial CALETA OLIVIA dedicado íntegramente a edición de poesía contemporánea argentina http://www.redfederaldepoesia.gob.ar/profiles/811/Pab...

César Cantoni

Mi perro me habla      Mi perro me habla y yo lo escucho.   Es ordinario y callejero,   como los perros de Diógenes.   De ahí, tal vez, proceda su sabiduría.   No fue a la escuela,   no tuvo guías que lo guiaran   ni consejeros que lo aconsejaran.   Ergo, puede pensar libremente   (éste es su mérito más grande)   y, además, con alegría   (algo poco habitual en el que piensa).   En su filosofía, no cabe el platonismo.   Tampoco hay margen para ídolos   ni mitos traídos de los pelos.   (Como no recibió bendiciones,   nadie lo tiene en cuenta en el debate;   no es más que un perro indigno, aseguran,   y le arrojan un hueso con desprecio.)   Sí, mi perro me habla y yo lo escucho.   a veces, yo también le hablo a mi perro,   pero, ¿qué puedo explicarle?   Él ve claramente el horizonte   donde mis ojos sólo ven la bruma   del discurrir civilizado.   De: “Un ar...

Cecilia E. Collazo

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Flor     Quizá porque está sola.  Parada allí en el agua,  con su tallo  esculpida.    Cabellos rojos como pétalos,  acompañan su estatura.    Firme en el agua  la gerbera.  §  Cae el sol de la tarde dejando su luz como un resto. § La opacidad nos hace obstáculo. Trato de precisar tu voz en la tormenta, pero no logro escucharla. Sólo un murmullo, pequeño atronador. Como el oído no alcanza, busco la mirada como refugio. Diviso una sombra. No encuentro a su dueño. Entrecierro los ojos para calibrar mi vista. Con ímpetu miro a lo lejos. Es como una fotografía que disipa la niebla. Puedo vernos,  en el fuera de foco de esa imagen. § Lo etéreo de la mirada. La luz que ilumina. La sorpresa que lo anuncia. De qué sustancia está hecho el amor CECILIA ELSA COLLAZO  (1962, La Plata, Buenos Aires, Argentina) Fuente: "Lonja de real", Editorial Modesto Rimba, 2017 

Marcelo Rizzi

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De: "La experiencia Proust"  AYER descendí una rama más de mi árbol genealógico; pagué con rancias pitanzas al más joven de los turiferarios; volví a dar un giro más a la noria, dejé que el agua lavara mis pies;l luego combiné azar con necesidad; entreabierta la puerta para quien llegase desde un tiempo profano desperté en la aldea de siete piedras creyendo que huía hacia otra ciudad  DICEN  que la huella de lo que ocurrirá ya está presente en lo hoy deseamos abolir de raíz - que sólo en el inicio de todo se conoce el diagnóstico de la enfermedad; que se comienza a viajar sin atender al medio de transporte; que cada uno a su turno volverá a regar su fanega, a barrer las hojas primeras, a apartar de un solo soplo las cenizas del umbral  NO  es esa luz otoñal de la tarde a la que pretendo prestar mi voz: luz fósil y oblicua que se expande al rebotar sobre los cenotafios; lápiz de la única verdad que acontecía a un niño cuando reescribía una danza en el aire: supr...