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marzo 31, 2015

Juan López



Cuido



cuido mi corazón
de ataques repentinos por un lado
y de adormecimiento
por otro
cuido mi corazón cuando veo todo claro
y cuando la noche me atormenta
y me arrincona contra mi propia estupidez
cuido mi corazón porque ha sido dañado
por el descuido y la lluvia
y porque más de una vez lo he dejado solo
y he viajado lejos sin su consentimiento
cuido mi corazón porque la sangre y el oxígeno
no deben separarse
y porque todo regresa de otra forma
cuido mi corazón
que un día
en mi pecho o en otro
no tendrá más remedio



mirá



mirá si no llegan a tiempo esos mensajes
y tu objetivo no se cumple
como afanosamente habías planificado
mirá si tu maestro se muere justo en ese momento
en que lo necesitabas como el agua
mirá si el viento arruina tu nuevo desorden
y deja todo en su lugar
mirá si mirás por fin a los ojos
a esa persona que te ama
y aprendés de una vez a mirarla
mirá si triunfa finalmente tu imaginación
y cierran todas las oficinas de reclamos
mirá si vuelve a llover odio
y volvés a decir que por algo será
mirá si todos los pájaros de esta mañana
llaman a tu puerta
y vos como si nada



2



La felicidad es una montaña de palabras
o un estado de paz que me asalta
en plena catástrofe.
Trato de defenderme y no puedo,
trato de sentirle el gusto a la vida.
Casi nunca llego demasiado lejos.



1



El pasado es tu sombra,
el presente es tu cuerpo
y el futuro es ese viento
que otra vez muere solo
entre los edificios



1



si hubiera direcciones
flechas marcadas
tontos avisos
esto no sería
ni siquiera 
un abismo
no se podría caer
no habría caminos truncos
grietas
ni sogas al cuello
ni hombres
perdidos


JUAN LÓPEZ (1962, Guaymallén, Provincia de Mendoza, Argentina)
Fuente: http://www.juanlopeztextos.com.ar/index.html
Imagen: youtube

marzo 29, 2015

Fabrício Corsaletti






Rusa











nieve en las montañas

nieve en el techo de la casa

y del granero

nieve en el puente que cruza

el riachuelo oscuro

el cielo es blanco de nieve

no de nubes

en él hay cinco o seis tonalidades

como crema ceniza o rosa salmón

si no hay personas a la vista

es porque se protegen

tras la puerta en miniatura

las ramas de dos abedules deshojados

son tan finas

que resistirán

hasta el final del invierno

mi madre lo pintó a los diecisiete años

poco antes de casarse

encinta de mí

¿qué la llevó a recrear ese paisaje ruso

bajo un sol de 40 grados

en el interior paulista?

durante toda mi infancia

estuvo colgado

junto a la chimenea del lugar

donde vacacionábamos

después el lugar fue vendido

y el cuadro desapareció

lo encontré hace menos de un año

dentro de un viejo armario

lleno de polvo pero en buen estado

pese a un pequeño agujero

en la cumbre de una de las montañas

mi madre arregló el problema

con un trapito húmedo

y un pincel prestado

sus primeras pinceladas

en 35 años

ahora él está aquí

en la pared de mi oficina

y ya no necesito de ninguna respuesta

para saber lo que significa











Fabrício Corsaletti (1978, Santo Anastácio, San Pablo, Brasil)



Fuente: Revista Fórnix Nº 12

Imagen: www.nucleotavola.com.br





Russa





neve sobre as montanhas

neve sobre o telhado da casa

e do celeiro

neve sobre a ponte que cruza

o riacho escuro

o céu é branco de neve

não de nuvem

nele há cinco ou seis tonalidades

como cinza-creme e rosa-salmão

se não há pessoas à vista

é porque se protegem

atrás da porta em miniatura

os ramos de duas bétulas desfolhadas

são tão finos

que não aguentarão

até o fim do inverno

minha mãe o pintou aos dezessete anos

pouco antes de se casar

grávida de mim–

o que a levou a recriar essa paisagem russa

sob um sol de 40 graus

no interior paulista? –

durante toda minha infância

ele ficou pendurado

ao lado da lareira do sítio

onde passávamos as férias

depois o sítio foi vendido

e o quadro desapareceu

eu o encontrei há menos de um ano

dentro de um armário velho

empoeirado mas em bom estado

apesar de um pequeno furo

no topo de uma das montanhas

minha mãe resolveu o problema

com um paninho úmido

e um pincel emprestado

suas primeiras pinceladas

em 35 anos

agora ele está aqui

na parede do meu escritório

e já não preciso de resposta alguma

para saber o que significa




marzo 28, 2015

Tomas Tranströmer

Un hombre mayor con cabello blanco y chaquet,Tomas Tranströmera negra,

Criptas románicas    




En la penumbra de la vasta iglesia románica se apretujaban 
los turistas. 
Una cripta daba a otra cripta, una vista incompleta. 
Las llamas de unos cuantos cirios oscilaban. 
Un ángel sin rostro me abrazó 
y me susurró en todo el cuerpo: 
“No te avergüences de ser hombre, ¡enorgullécete! 
Dentro de ti una cripta da a otra cripta, sin fin.
Nunca estarás completo y así debe ser.”
Cegado por las lágrimas
fui empujado hasta la piazza que bullía de luz
junto con Mr. y Mrs. Jones, el señor Tanaka y la Signora Sabatini
y dentro de cada uno de ellos una cripta daba a otra
cripta, sin fin.


TOMAS TRANSTRÖMER (1931/2015, Estocolmo, Suecia)
Fuente: "El cielo inacabado"
Versión: Francisco Serrano
Imagen: www.periodicodigital.mx

marzo 26, 2015

Olga Orozco

Olga Orozco



En tu inmensa pupila




Me reconoces, noche,
me palpas, me recuentas,
no como avara sino como una falsa ciega,
o como alguien que no sabe jamás quién es la náufraga y quién la endechadora.
Me has escogido a tientas para estatua de tus alegorías,
sólo por la costumbre de sumergirme hasta donde se acaba el mundo
y perder la cabeza en cada nube y a cada paso el suelo debajo de los pies.
¿Y acaso no fui siempre tu hijastra preferida,
esa que se adelanta sin vacilaciones hacia la trampa urdida por tu mano,
la que muerde el veneno en la manzana o copia tu belleza del espejo traidor?
Olvidaron atarme al mástil de la casa cuando tú pasabas 
para que no me fuera cada vez tras tu flauta encantada de ladrona de niños,
y fue a expensas del día que confundí en tu bolsa la blancura y la nieve, 
                                                                                                             
los lobos y las sombras.
Ahora es tarde para volver atrás y corregir las horas de acuerdo con el sol.
Ahora me has marcado con tu alfabeto negro.
Pertenezco a la tribu de los que se hospedan en radiantes tinieblas,
de los que ven mejor con los ojos cerrados y se acuestan del lado  del
abismo
                                                                                                     
y alzan vuelo y no vuelven
cuando Tomás abre de par en par las puertas del evidente mediodía.
Tú fundas tu Tebaida en lo invisible. Tú no concedes pruebas. 
Tú aconteces, secreta, innumerable, sin formular, 
como una contemplación vuelta hacia adentro,
donde cada señal es el temblor de un pájaro perdido en un recinto inmenso
y cada subida un salto en el vacío contra gradas y ausencias.
Tú me vigilas desde todas partes,
descorriendo telones, horadando los muros, atisbando entre fardos de penumbra;
me encuentras y me miras con la mirada del cazador y del testigo,
mientras descubro en medio de tus altas malezas el esplendor de una ciudad
perdida,
o busco en vano el rastro del porvenir en tus encrucijadas.
Tú vas quién sabe adónde siguiendo las variaciones de la tentación
inalcanzable,
probándote los rostros extremos del horror, de la extrema belleza,
la imposible distancia de los otros, el tacto del infierno,
visiones que se agolpan hasta donde te alcanza la oscuridad que tengo,
hasta donde comienzas a rodar muerte abajo con carruajes, con piedras y con
perros.
Pero yo no te pido lámparas exhumadas ni velos entreabiertos.
No te reclamo una lección de luz,
como no le reclamo al agua por la llama ni a la vigilia por el sueño.
O habría de confiar menos en ti que en las duras, recelosas estrellas?
¡Hemos visto tantos misterios insolubles con sus blancos reflejos, aún a pleno
sol!
Basta con que me lleves de la mano como a través de un bosque,
noche alfombrada, noche sigilosa, que aprenda yo lo que quieres decir, 
                                                                                                           
lo que susurra el viento,
y pueda al fin leer hasta el fondo de mi pequeña noche en tu pupila inmensa
.



OLGA OROZCO (1920/1999, Toay, La Pampa, Argentina)
Enlaces:

Imagen: ntschajari.com.ar



marzo 22, 2015

Luis Rogelio Nogueras

Foto en blanco y negro de Luis Rogelio Nogueras, adelante de un puente de piedra y el fondo algo esfumado




Don't look back, lonesome boy




Pausada, pacientemente lo hemos olvidado todo
cuando sobre la cama hacíamos temblar los clavos
y tú subías murmurando, gimiendo como una espuma dulce
Y sonaba la guitarra en el radio, por debajo de las voces
creíamos (al menos yo creía) en las fuerzas de nuestros brazos,
en la minuciosa precisión a toda prueba de nuestras
vacilantes líquidas memorias
en el poder absoluto de los poemas que escribí
cuando brincaba descalzo de la cama y a tientas
mientras tu dormías
garabateaba en cualquier papel, en un libro
cuántas palabras hermosas, graves, urgentes quedaron olvidadas
Entonces yo creía que sólo bastaba escribir ruda,
impúdicamente
amarte,
que las cosas eran así, que serían así mientras tú
estuvieras dormida, desnuda 
mientras yo tuviera a mano un pedazo de papel, la pared del cuarto
cualquier rincón en blanco del planeta;
entonces creíamos en la guitarra, la maldita
guitarra continuaría tocando aún
Esta noche he visto lo poco que pagan por la vida
y tu y yo lo ignorábamos
Esta noche una sombra, cualquier sombra,
basta para apagar aquel fuego fuerte, indestructible,
eterno
cualquier viento sur bastaría para apagar mi voz
La memoria es un agua que se agota
y no podemos (al menos, yo no puedo)
recordar, por ejemplo, aquella otra noche
que nos pareció particularmente habitada solo por ti y por
mi y las palabras
(¿Llovía? ¿Teníamos qué? ¿Cuánto nos dijimos?)
Ciega mirada la del hombre que vuelve su rostro al pasado
porque olvida dos veces;
qué patético es el que intenta mirar con amor las cenizas del amor;
tan patético como esos payasos que, enloquecidos, en la noche,
en medio de la carpa desierta,
contorsionan su cuerpo
y lanzan su voz estridente contra las gradas vacías


LUIS ROGELIO NOGUERAS (1944 / 1985, La Habana, Cuba)

marzo 21, 2015

Nizar Qabbani


En tus ojos, el mundo ajusta su hora




Antes de que fueras mi amada
había más calendarios para contar el tiempo:
los hindúes,
los chinos,
los persas
y los egipcios tenían sus calendarios.
Después de ser mi amada,
la gente comenzó a decir:
el año mil antes de sus ojos
y el siglo décimo después de sus ojos.


En tu amor alcancé el grado de evaporación,
el agua del mar se tornó mayor que el mar,
la lágrima del ojo mayor que el ojo
y la superficie de la herida
mayor que la de la carne.


No puedo quererte más aún
ni estar más unido a ti.
Mis labios no bastan para cubrir los tuyos,
mis brazos no bastan para ceñir tu cintura
y las palabras que conozco
son muchas menos
que los lunares que adornan tu cuerpo.


No puedo
adentrarme más en la espesura de tu pelo:
llevan años
publicando en los periódicos que estoy perdido.
Sigo perdido
hasta próximo aviso.


El lenguaje es ya insuficiente para pronunciarte
y las palabras son como caballos de madera
que corren tras de ti noche y día,
sin alcanzarte.


Siempre que me acusan de quererte,
me siento superior;
convoco una rueda de prensa
y reparto tus fotos a los periodistas,
aparezco en la pantalla del televisor
con la rosa del escándalo
prendida en mi ropa.


Escuchaba a los enamorados
hablar de sus amores,
y me reía.
Pero cuando volví al hotel
y tomé el café, solo,
supe cómo penetra el puñal del amor en el costado
para no salir nunca.


Mi problema con la crítica
es que siempre que escribo un poema en negro,
dicen que lo he copiado de tus ojos.


Mi problema con las mujeres
es que siempre que niego mi relación contigo,
oyen el tintineo de tus pulseras
en la vibración de mi voz
y ven tu camisón
colgado en el armario de mi recuerdo.


No me acostumbres a ti:
el médico me ha aconsejado
que no mantenga mis labios en los tuyos
más de cinco minutos,
ni me siente bajo el sol de tus pechos
más de un minuto,
para no abrasarme.

Si conoces a un hombre
que te quiera más que yo,
preséntamelo
para felicitarlo
y luego matarlo.



Nizar QabbaniNIZAR QABBANI (1923, Damasco, Siria / 1998, Londres, Gran Bretaña)
Traducción: María Luisa Prieto
Enlaces:

marzo 17, 2015

Stanisław Baranczak


Para que en relación con esta cuestión las cosas queden claras como el día




Porque nunca se sabe
si los ojos se abrirán también
con la mañana, si con su escarpada blancura
la pared amanecerá como cada día,
justo en frente; porque cubierta
de guijarros, la vereda susurra entre quejidos
el tardío regreso de alguien y su banalidad
hace resonar el grillo en alguna parte; porque soy
(como en lo que atañe a los sueños) bastante consciente
de mi propia falta de merecimiento
del lugar que ocupo en el punto donde los átomos
se han reunido y en los planes no coincidentes
de los planetas; porque salvo el escape
de los segundos por el fosforescente espacio
de la esfera del despertador, nada impide
sentirse agradecido cuando se sueña; porque soy
(como en lo que atañe a la luz de las estrellas) demasiado ciego
como para que me fuese otorgado como don
el talento de alcanzar a hurtadillas,
a ciegas, las tinieblas emboscadas
en nuestro interior; la capacidad de extralimitarme
más allá de mí mismo, de cometer delitos
tras la frontera del cráneo, crímenes de existencia
más trascendentes que la muerte; porque soy
(como en lo que atañe a la muerte) de opinión bastante viva
acerca de la sangre, que late en las sienes llevando un registro
de los dones; no me creas incapaz de
creer que existes. En lo que no debes creer es en que yo lo haga. 



STANISLAW BARANCZAK (1946, Poznan, Polonia / 2014, Boston, Estados Unidos de Norteamérica)
Imagen: Polytika



marzo 13, 2015

Mario Nosotti












Es un impacto oscuro
casi ruina del holgado mantel.
Lo vegetal afuera en algún lado.
El cuarto que se inunda con el polvo
solar. La mañana es lugar que busca
y me dice sentáte, escribí.
Una chapa ventana mitad óxido
y mitad puntos negros de soldadura
el marco con bisagras para ver
caracteres mecánicos de un libro:
bastardos del pensar que somos
los hijos no buscados de algún modo
son lo que más deseamos.
Pero yo no quería perderme
más allá de la dura
persistencia del acto
leer por levantar una mirada
y ver esos contornos de sombra sacudirse
o vibrar.
De pronto siento que algo me acompaña
la soltura del agua en los reflejos
por el piso engomado. Se oyen rumores
lejos. Casi todos trabajan
hasta los otros pájaros que cantan
recordando que apenas soy un punto
de la línea que sigue.










XIII



Veo esa foto de Picasso del ‘44
de pie en su habitación revuelta,
con el torso desnudo como un viejo
boxeador retirado,
se ajusta el pantalón
y mira hacia el fotógrafo como
increpando ¿qué querés?.
Se ve al fondo un baúl
atiborrado de libros y pinceles
también hay ropa, papeles, nada
que en su actitud denote un más allá
algún aura de artista.
No se nota muy bien si está descalzo
o si tiene pantuflas, y mirando mejor
parece que sonríe, descreyendo.
Podría ser Picasso
si no fuese mi abuelo.








Mario Nosotti (1966, San Fernando, Provincia de Buenos Aires, Argentina)


Fuente: http://laseleccionesafectivas.blogspot.com.ar/2006/09/mario-nosotti.html

Imagen: www.viajeraeditorial.blogspot.com



marzo 11, 2015

Susana Thénon





Ningún jardín justifica el amor que se ahoga 



desaforadamente








Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica

el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca

y que ninguna piedra de color, ningún juego,

ninguna tarde con más sol que de costumbre

alcanza a formar la sílaba,

el susurro esperado como un bálsamo,

noche y noche.

Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe

cuando el no, el adiós,

el minuto recién muerto, irreparable,

se levantan inesperadamente y enceguecen

hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.

Como un hambre, como una sonrisa, pienso,

debe ser la soledad

puesto que así nos engaña y entra

y así la sorprendemos una tarde

reclinada sobre nosotros.

Como una mano, como un rincón sencillo

y umbroso

debería ser el amor

para tenerlo cerca y no desconocerlo

cada vez que nos invade la sangre.

No hay silencio ni canción que justifiquen

esta muerte lentísima,

este asesinato que nadie condena. 

No hay liturgia ni fuego ni exorcismo

para detener el fracaso risible

de los idiomas que conocemos.

La verdad es que me ahogo sin pena,

por lo menos he resistido al engaño:

no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,

ni de la noche a medias.

Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,

mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios. 







Susana Thénon (1935 / 1991, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://www.paginadepoesia.com.ar/escritos_pdf/Fornix_11.pdf

Enlaces:



marzo 09, 2015

Sharon Olds: Pesados como presas


Estación 




Al volver del muelle después de escribir,
me acerqué a la casa,
y vi tu cara noble y alargada
a la luz de la lámpara con pantalla de pergamino
del color de la llama.

Tu mano elegante en la barba. Tus ojos
afilados me descubrieron en el césped. Miraste
como el lord mira hacia abajo desde una ventana angosta
y tu desciendes de los lores. Con calma, sin un
dejo de timidez, me examinaste,
la esposa que se escapa a escribir al muelle
ni bien uno de los niños se va a la cama,
y deja el otro a tu cargo.
                                                        
Tu boca
fina, flexible como el arco de un arquero,
no se curvó. Nos pasamos un largo rato
en la verdad de nuestra situación, los poemas
pesados como presas de una caza furtiva colgando de mis
manos.


De: Satán dice, 1980


La experta en babosas 




Cuando yo era una experta en babosas
apartaba las hojas de la hiedra, y buscaba la
gelatina desnuda de aquellos cuerpos verdosos,
extraños traslúcidos brillando sobre las
piedras, lentamente, sus cuerpos viscosos
a mi merced. Casi enteramente de agua, se encogían
hasta desaparecer si se los espolvoreaba con sal,
pero yo no estaba interesada en eso. Lo que me gustaba
era descorrer la hiedra, respirar el
aroma de la pared, y permanecer allí en silencio
hasta que la babosa olvidaba que yo estaba allí
y sacaba las antenas hacia arriba,
cuernos sombríos que relucían
emergiendo como telescopios, hasta que finalmente las
papilas sensibles aparecían por las puntas,
certeras e íntimas. Años después,
cuando vi por primera vez a un hombre desnudo,
suspiré de placer al ver ese callado
misterio representado otra vez, ese ser
lento y elegante saliendo de su escondite y
brillando en el aire oscuro, ansioso y tan
confiado que te haría llorar.


De: Los muertos y los vivos, 2006



Sra. Krikorian 




Ella me salvó. Cuando llegué a 6to. grado,
con fama de criminal, la nueva maestra
me pidió que me quedara después de hora el primer día de
clase, dijo
he oído hablar de tí. Era una mujer alta,
con una profunda grieta entre los pechos,
y una gran nariz calma. Dijo,
Este es un pase especial para la biblioteca.
Ni bien termines tu hora de trabajo—
esa hora de trabajo que me tomaba diez minutos
y después el diablo echaba un vistazo al cuarto
y me encontraba vacía, una casa abierta—
puedes ir a la biblioteca. A toda hora
yo hacía mi trabajo de un tirón y saltaba de mi asiento,
como si saltara del costado de Dios y navegaba
hacia la biblioteca, sola a través de los salones vacíos
y poderosos, mostraba mi pase
y me acercaba al diccionario
para buscar la palabra más interesante
que conocía, chirlo, hundía dos dedos
dentro del frasco de pasta de biblioteca para
chupar ese agrio pegamento mientras
llegaba a la página del cocker spaniel
con su pelaje sedoso enrulándose hacia arriba
como el vapor fino que sale del cuerpo.
Después de chirlo y pecho, pasaba a
Abe Lincoln y Hellen Keller,
a salvo en su bondad hasta el timbre, gracias
a la
Sra. Krikorian, giganta amable
de ojos buenos. Cuando me pidió que escribiera
una obra, y la dirigiera, y fue un fracaso, y me
escondí en el guardarropas, me trajo un dulce
como quien apoya una menta sobre la lengua, y hace que el
gusano
suba y salga del intestino a buscarlo.
Y así fui vaciada de Lucifer
y llenada de pegamento escolar y eros y
Amelia Earhart, salvada por la Sra. Krikorian.
¿Y quien había salvado a la Sra. Krikorian?
Cuando los turcos invadieron Armenia, ¿quién
la deslizó dentro de un edredón, quien
la encerró en un baúl, quien la despachó a América?
¿Y ese, el que la salvó a ella, y ese—
el que la salvó a ella, salvar al que
salvó a la Sra. Krikorian, que estaba
parada allí en el umbral de 6to. grado, un
ángel caderón, de cabello humeante
flotando alrededor de su cabeza?
Termino debiéndole mi alma a tantos,
a la nación Armenia, un alma más que alguien
empujó detrás de una estufa, enterró
en la grieta de una pared,
escondió bajo una cama. Me despertaba,
a la mañana, debajo de mi cama –sin
saber cómo había llegado allí—y me quedaba acostada
en la penumbra, las pelusas junto a mi cara
redondas y cenicientas, brillando apenas
con el consuelo inquietante de lo que no es ni bueno ni
malo. 


De: El manantial, 1996 


Sharon Olds
Traducciones de Inés Garland e Ignacio Di Tullio
Otros poemas de SHARON OLDS, aquí
Imagen: www2.kutztown.edu

marzo 07, 2015

Guadalupe Grande



Meditaciones en la antesala



Liverpool no existe.

Eso sabe la mujer que se sienta tras los cristales del aeropuerto a ver pasar el río Mersey,

un río que se parece a la misericordia, pero por el que no subirán los salmones: no llegarán al
arroyo, no atravesarán el túnel del oso, no desovarán sobre la obcecada obediencia de las
brújulas.

Porque Liverpool no existe, en el río Mersey flota la cáscara de nuez en la que navega su
diente de leche.

Flota la matriosca, embarazada de sí misma, flota una y otra vez, hasta su última muñeca,
mínimo relato de la infancia, infinito relato de la sublimación.

Flota el ala del albatros y sobrevuela la gaviota y la cera de Ícaro es ahora herruinbre en el
limo.

En la otra orilla del río Mersey flota el souvenir africano, esplendor de la piedra que hoy es
ruina, piel desnuda en tránsito que aquí se convierte en luminoso vértigo del ropaje.

Quién tuvo misericordia de los tobillos, quién de las pupilas de los ñus en las que habitaban
las gacelas, quién de los ríos que desbordan su cauce, y quíén se puso el abrigo y atravesó la
ciudad que no existe.


Guadalupe Grande (1965 / 2021, Madrid, España)

marzo 05, 2015

Enrique Solinas, un poema inédito

Río de la memoria, poesía argentina, muestra de poesía contemporánea


Río de la memoria     




Con el padre íbamos a pescar al rio, 
eran tiempos lejanos y violentos, 
como ya sabrás. 
Los peces desaparecían y nadie 
era capaz de preguntar por ellos. 
Yo prefería bañarme en el rio, 
que el río me abrace, me atraviese, 
entrar en su cuerpo, con la certeza 
de que nadie se baña dos veces 
en las mismas aguas.
El padre pescaba y luego,
devolvía al río sus peces.
“Cada cosa en su lugar”,
decía el padre,
“lo que viene del agua,
al agua debe ir”.
Con el padre íbamos a pescar al rio,
había peces de colores diversos,
como ya sabrás.
Yo tenía siete años y me creía pez,
compartía con ellos
un ritual incomprensible.
Había uno que siempre aparecía
y tenía el color de la esperanza.
Había uno que siempre se mostraba
y de repente desapareció.
Lo buscamos por toda la eternidad,
lo buscamos, lo buscamos
a lo largo y a lo ancho del rio.
Nadie quiso decir en dónde estaba.
Nadie pudo explicar
adónde van
los peces cuando mueren.
Y todavía hoy,
que ha pasado el tiempo,
cierro los ojos y recuerdo,
y me sumerjo en las aguas,
otra vez.
Viene hacia mí de nuevo
el pez de la esperanza.
Voy de nuevo hacia él,
como la única verdad posible.


ENRIQUE SOLINAS (1969, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces:
Imagen: Facebook de ES. Foto de Guadalupe Grande



marzo 03, 2015

Jorge Posada



LOS precios de la carne no aparecen en el poema
no hay rimas sobre el incremento del gas
la cocinera con sus manos frágiles 
los que duermen en las banquetas
los repartidores de pizza
el gesto ante las vallas de publicidad
la tristeza al tocar los cheques
la subcontratación
la venta de los órganos del hombre por el hombre
no caben                      

aclaran los jurados de las becas              

             sentencian
los creadores nacionales
                             

confirman los artistas en la presentación de sus libros                    

el poema                    

no huele                   

no se pudre



ENTRAS a la casa que compartimos durante nuestra juventud
de saldos y préstamos
                                  
tiras al suelo los cristales                                                             
escupes                                   
maldices cada parte de mi cuerpo                                                                           
observas mis playeras de días                                                         
mis calcetines de semanas                                                 
rompes los cuadernos con mis enfermedades               
para recuperar mi vida pasaron lustros                           
dormí en solitarias pensiones                                     
vendí los cubiertos que podrían deletrearnos                
llené la vitrina con tijeras
     empeñé mi voz con tal de saberte
en esa calle horrible como ciertas manos
                                
recordé el claro día de tus piernas                        
                             la
sencillez de tu pubis
                             
el gusto de tu espalda por las paredes                                             
el tenue olor de tus axilas                
ahora sé la cantidad de muertos y desastres que nos separan                     
reconozco que estuve pegado a ti como un caballo           
como un joven que necesita oler la sangre de su primer matrimonio


[Deletrea Hiroshima]
                              

MI cuerpo no se pudre igual que el de mi padre                                           
tampoco como el de la abuela                             
con ese su nudo de sangre molida y cabello                                     
          no se pudre como el río de toneladas de
lodo  y animales
                                   
se pudre distinto a la parálisis de mamá                                               
a su cáncer de riñones                     
                           
mi cuerpo se pudre como la fruta que dejo en la mesa




AUN cuando escriba este poema sucio
alrededor de los timbres
no recuperaré a mis amigos
nadie que olió sus rodillas
sus sobacos
estará de nuevo
solo el sonido de los sótanos
nada de los niños en los campos de cemento
que golpeaban sus pelotas contra los muros
ni del hombre que vivía en los cajeros automáticos
ninguna cosa de los albañiles que reconstruyeron los
edificios
ni sus delicados
ni sus pantalones grises
ni los gritos que daban al encender los tambos con
gasolina y periódico


[muestrario de nudos, inédito]


JORGE POSADA (1980, Ciudad de México, México).
Autor de La belleza son los aeropuertos vacíos, Adiós a Croacia y Costa sin mar.

marzo 01, 2015

Adam Gai

Adam Gai

En el bar    



Dos sillas blancas, de madera,
mirándose frente a frente,
separadas por una mesa de tapa blanca
sostenida por un caño fino
que no las deja tocarse,
sólo mirarse
impasiblemente, inevitablemente,
a menos que alguien venga
y las mueva o se siente
en una de ellas y entonces
el alivio de liberarse
de esos ojos blancos que ni siquiera
pueden cerrarse o mirar hacia otro lado.
Alguien acabará por levantarse,
acomodar inescrupulosamente
la silla usada frente a la otra
y ellas de nuevo mirarse con la mirada
de madera, fija, blanca, ineludible.



ADAM GAI nació en Argentina y vive en Israel. Es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Letras por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Fue catedrático de literatura española y latinoamericana en la Universidad de Tel Aviv y en la de Jerusalén. Ha publicado, entre otros, artículos sobre la narrativa de Anderson Imbert, Bianco, Bioy Casares, Borges, Carpentier, Cervantes Cortázar y Piñera. Cuentos suyos han aparecido en diversas revistas digitales y
en las antologías Grageas (Ediciones Desde la Gente, Buenos Aires, 2007), La monstrua: Narraciones de lo innombrable (Vavelia, México, 2008)  y Otras miradas (Ediciones Desde la Gente, Buenos Aires 2008). Sus comentarios y artículos sobre cine pueden leerse en las revistas electrónicas filmsdefrance.com, cinecritic.biz., etc.