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Mostrando las entradas de marzo, 2015

Juan López

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Cuido cuido mi corazón de ataques repentinos por un lado y de adormecimiento por otro cuido mi corazón cuando veo todo claro y cuando la noche me atormenta y me arrincona contra mi propia estupidez cuido mi corazón porque ha sido dañado por el descuido y la lluvia y porque más de una vez lo he dejado solo y he viajado lejos sin su consentimiento cuido mi corazón porque la sangre y el oxígeno no deben separarse y porque todo regresa de otra forma cuido mi corazón que un día en mi pecho o en otro no tendrá más remedio mirá mirá si no llegan a tiempo esos mensajes y tu objetivo no se cumple como afanosamente habías planificado mirá si tu maestro se muere justo en ese momento en que lo necesitabas como el agua mirá si el viento arruina tu nuevo desorden y deja todo en su lugar mirá si mirás por fin a los ojos a esa persona que te ama y aprendés de una vez a mirarla mirá si triunfa finalmente tu imaginación y cierran todas las oficinas de reclamos mirá si vuelve a llover odio y volvés a dec...

Fabrício Corsaletti

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Rusa nieve en las montañas nieve en el techo de la casa y del granero nieve en el puente que cruza el riachuelo oscuro el cielo es blanco de nieve no de nubes en él hay cinco o seis tonalidades como crema ceniza o rosa salmón si no hay personas a la vista es porque se protegen tras la puerta en miniatura las ramas de dos abedules deshojados son tan finas que resistirán hasta el final del invierno mi madre lo pintó a los diecisiete años poco antes de casarse encinta de mí ¿qué la llevó a recrear ese paisaje ruso bajo un sol de 40 grados en el interior paulista? durante toda mi infancia estuvo colgado junto a la chimenea del lugar donde vacacionábamos después el lugar fue vendido y el cuadro desapareció lo encontré hace menos de un año dentro de un viejo armario lleno de polvo pero en buen estado pese a un pequeño agujero en la cumbre de una de las montañas mi madre arregló el problema con un trapito húmedo y un pincel prestado sus primeras pinceladas en 35 años ahora él está aquí en la ...

Tomas Tranströmer

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Criptas románicas      En la penumbra de la vasta iglesia románica se apretujaban  los turistas.  Una cripta daba a otra cripta, una vista incompleta.  Las llamas de unos cuantos cirios oscilaban.  Un ángel sin rostro me abrazó  y me susurró en todo el cuerpo:  “No te avergüences de ser hombre, ¡enorgullécete!  Dentro de ti una cripta da a otra cripta, sin fin. Nunca estarás completo y así debe ser.” Cegado por las lágrimas fui empujado hasta la piazza que bullía de luz junto con Mr. y Mrs. Jones, el señor Tanaka y la Signora Sabatini y dentro de cada uno de ellos una cripta daba a otra cripta, sin fin. TOMAS TRANSTRÖMER  (1931/2015, Estocolmo, Suecia) Fuente: "El cielo inacabado" Versión: Francisco Serrano Imagen: www.periodicodigital.mx

Olga Orozco

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En tu inmensa pupila Me reconoces, noche, me palpas, me recuentas, no como avara sino como una falsa ciega, o como alguien que no sabe jamás quién es la náufraga y quién la endechadora. Me has escogido a tientas para estatua de tus alegorías, sólo por la costumbre de sumergirme hasta donde se acaba el mundo y perder la cabeza en cada nube y a cada paso el suelo debajo de los pies. ¿Y acaso no fui siempre tu hijastra preferida, esa que se adelanta sin vacilaciones hacia la trampa urdida por tu mano, la que muerde el veneno en la manzana o copia tu belleza del espejo traidor? Olvidaron atarme al mástil de la casa cuando tú pasabas   para que no me fuera cada vez tras tu flauta encantada de ladrona de niños, y fue a expensas del día que confundí en tu bolsa la blancura y la nieve,                                                           ...

Luis Rogelio Nogueras

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Don't look back, lonesome boy Pausada, pacientemente lo hemos olvidado todo cuando sobre la cama hacíamos temblar los clavos y tú subías murmurando, gimiendo como una espuma dulce Y sonaba la guitarra en el radio, por debajo de las voces creíamos (al menos yo creía) en las fuerzas de nuestros brazos, en la minuciosa precisión a toda prueba de nuestras vacilantes líquidas memorias en el poder absoluto de los poemas que escribí cuando brincaba descalzo de la cama y a tientas mientras tu dormías garabateaba en cualquier papel, en un libro cuántas palabras hermosas, graves, urgentes quedaron olvidadas Entonces yo creía que sólo bastaba escribir ruda, impúdicamente amarte, que las cosas eran así, que serían así mientras tú estuvieras dormida, desnuda  mientras yo tuviera a mano un pedazo de papel, la pared del cuarto cualquier rincón en blanco del planeta; entonces creíamos en la guitarra, la maldita guitarra continuaría tocando aún Esta noche he visto lo poco que pagan por la vida y tu...

Nizar Qabbani

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En tus ojos, el mundo ajusta su hora Antes de que fueras mi amada había más calendarios para contar el tiempo: los hindúes, los chinos, los persas y los egipcios tenían sus calendarios. Después de ser mi amada, la gente comenzó a decir: el año mil antes de sus ojos y el siglo décimo después de sus ojos. En tu amor alcancé el grado de evaporación, el agua del mar se tornó mayor que el mar, la lágrima del ojo mayor que el ojo y la superficie de la herida mayor que la de la carne. No puedo quererte más aún ni estar más unido a ti. Mis labios no bastan para cubrir los tuyos, mis brazos no bastan para ceñir tu cintura y las palabras que conozco son muchas menos que los lunares que adornan tu cuerpo. No puedo adentrarme más en la espesura de tu pelo: llevan años publicando en los periódicos que estoy perdido. Sigo perdido hasta próximo aviso. El lenguaje es ya insuficiente para pronunciarte y las palabras son como caballos de madera que corren tras de ti noche y día, sin alcanzarte. Siempre ...

Stanisław Baranczak

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Para que en relación con esta cuestión las cosas queden claras como el día Porque nunca se sabe si los ojos se abrirán también con la mañana, si con su escarpada blancura la pared amanecerá como cada día, justo en frente; porque cubierta de guijarros, la vereda susurra entre quejidos el tardío regreso de alguien y su banalidad hace resonar el grillo en alguna parte; porque soy (como en lo que atañe a los sueños) bastante consciente de mi propia falta de merecimiento del lugar que ocupo en el punto donde los átomos se han reunido y en los planes no coincidentes de los planetas; porque salvo el escape de los segundos por el fosforescente espacio de la esfera del despertador, nada impide sentirse agradecido cuando se sueña; porque soy (como en lo que atañe a la luz de las estrellas) demasiado ciego como para que me fuese otorgado como don el talento de alcanzar a hurtadillas, a ciegas, las tinieblas emboscadas en nuestro interior; la capacidad de extralimitarme más allá de mí mismo, de co...

Mario Nosotti

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E s un impacto oscuro casi ruina del holgado mantel. Lo vegetal afuera en algún lado. El cuarto que se inunda con el polvo solar. La mañana es lugar que busca y me dice sentáte, escribí. Una chapa ventana mitad óxido y mitad puntos negros de soldadura el marco con bisagras para ver caracteres mecánicos de un libro: bastardos del pensar que somos los hijos no buscados de algún modo son lo que más deseamos. Pero yo no quería perderme más allá de la dura persistencia del acto leer por levantar una mirada y ver esos contornos de sombra sacudirse o vibrar. De pronto siento que algo me acompaña la soltura del agua en los reflejos por el piso engomado. Se oyen rumores lejos. Casi todos trabajan hasta los otros pájaros que cantan recordando que apenas soy un punto de la línea que sigue. XIII Veo esa foto de Picasso del ‘44 de pie en su habitación revuelta, con el torso desnudo como un viejo boxeador retirado, se ajusta el pantalón y mira hacia el fotógrafo como increpando ¿qué querés?. Se ve a...

Susana Thénon

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Ningún jardín justifica el amor que se ahoga  desaforadamente Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca y que ninguna piedra de color, ningún juego, ninguna tarde con más sol que de costumbre alcanza a formar la sílaba, el susurro esperado como un bálsamo, noche y noche. Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe cuando el no, el adiós, el minuto recién muerto, irreparable, se levantan inesperadamente y enceguecen hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos. Como un hambre, como una sonrisa, pienso, debe ser la soledad puesto que así nos engaña y entra y así la sorprendemos una tarde reclinada sobre nosotros. Como una mano, como un rincón sencillo y umbroso debería ser el amor para tenerlo cerca y no desconocerlo cada vez que nos invade la sangre. No hay silencio ni canción que justifiquen esta muerte lentísima, este asesinato que nadie condena.  No hay liturgia ni fuego ni exorcismo para detener el fracaso risible de ...

Sharon Olds: Pesados como presas

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Estación  Al volver del muelle después de escribir, me acerqué a la casa, y vi tu cara noble y alargada a la luz de la lámpara con pantalla de pergamino del color de la llama. Tu mano elegante en la barba. Tus ojos afilados me descubrieron en el césped. Miraste como el lord mira hacia abajo desde una ventana angosta y tu desciendes de los lores. Con calma, sin un dejo de timidez, me examinaste, la esposa que se escapa a escribir al muelle ni bien uno de los niños se va a la cama, y deja el otro a tu cargo.                                                          Tu boca fina, flexible como el arco de un arquero, no se curvó. Nos pasamos un largo rato en la verdad de nuestra situación, los poemas pesados como presas de una caza furtiva colgando de mis manos. De: Satán dice, 1980 La experta en babosas  Cuando yo era una experta en babos...

Guadalupe Grande

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Meditaciones en la antesala Liverpool no existe. Eso sabe la mujer que se sienta tras los cristales del aeropuerto a ver pasar el río Mersey, un río que se parece a la misericordia, pero por el que no subirán los salmones: no llegarán al arroyo, no atravesarán el túnel del oso, no desovarán sobre la obcecada obediencia de las brújulas. Porque Liverpool no existe, en el río Mersey flota la cáscara de nuez en la que navega su diente de leche. Flota la matriosca, embarazada de sí misma, flota una y otra vez, hasta su última muñeca, mínimo relato de la infancia, infinito relato de la sublimación. Flota el ala del albatros y sobrevuela la gaviota y la cera de Ícaro es ahora herruinbre en el limo. En la otra orilla del río Mersey flota el souvenir africano, esplendor de la piedra que hoy es ruina, piel desnuda en tránsito que aquí se convierte en luminoso vértigo del ropaje. Quién tuvo misericordia de los tobillos, quién de las pupilas de los ñus en las que habitaban las gacelas, quién de lo...

Enrique Solinas, un poema inédito

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Río de la memoria      Con el padre íbamos a pescar al rio,  eran tiempos lejanos y violentos,  como ya sabrás.  Los peces desaparecían y nadie  era capaz de preguntar por ellos.  Yo prefería bañarme en el rio,  que el río me abrace, me atraviese,  entrar en su cuerpo, con la certeza  de que nadie se baña dos veces  en las mismas aguas. El padre pescaba y luego, devolvía al río sus peces. “Cada cosa en su lugar”, decía el padre, “lo que viene del agua, al agua debe ir”. Con el padre íbamos a pescar al rio, había peces de colores diversos, como ya sabrás. Yo tenía siete años y me creía pez, compartía con ellos un ritual incomprensible. Había uno que siempre aparecía y tenía el color de la esperanza. Había uno que siempre se mostraba y de repente desapareció. Lo buscamos por toda la eternidad, lo buscamos, lo buscamos a lo largo y a lo ancho del rio. Nadie quiso decir en dónde estaba. Nadie pudo explicar adónde van los peces cua...

Jorge Posada

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LOS  precios de la carne no aparecen en el poema no hay rimas sobre el incremento del gas la cocinera con sus manos frágiles  los que duermen en las banquetas los repartidores de pizza el gesto ante las vallas de publicidad la tristeza al tocar los cheques la subcontratación la venta de los órganos del hombre por el hombre no caben                       aclaran los jurados de las becas                             sentencian los creadores nacionales                               confirman los artistas en la presentación de sus libros                      el poema                      no huele                     no...

Adam Gai

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En el bar     Dos sillas blancas, de madera, mirándose frente a frente, separadas por una mesa de tapa blanca sostenida por un caño fino que no las deja tocarse, sólo mirarse impasiblemente, inevitablemente, a menos que alguien venga y las mueva o se siente en una de ellas y entonces el alivio de liberarse de esos ojos blancos que ni siquiera pueden cerrarse o mirar hacia otro lado. Alguien acabará por levantarse, acomodar inescrupulosamente la silla usada frente a la otra y ellas de nuevo mirarse con la mirada de madera, fija, blanca, ineludible. ADAM GAI   nació en Argentina y vive en Israel. Es Licenciado  en Letras por   la Universidad   de Buenos Aires y Doctor en Letras por   la Universidad Hebrea  de  Jerusalén.  Fue catedrático de literatura española y latinoamericana en   la Universidad   de Tel Aviv y en la de Jerusalén. Ha  publicado, entre otros, artículos sobre la narrativa de Anderson Imbert,  Bianc...