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Mostrando las entradas de noviembre, 2025

Joan Margarit | Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído

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Retirada     No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden. Otros poemas de JOAN MARGARIT , aquí Imagen en milenio

Diego Brando | Es lo opaco del viento

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1     Mudas las campanas no hacen más que incendiar la noche en nombre de un santo o un reo, fiebre que repica el oro en las aguas. Aquí solo veo caballos pasar ante el caos del césped y su luz y un agravio en el canto del pájaro que se dirige al fuego y al deseo, murallas altas de pan que brotan de cada boca y el sol, ese imperio de muecas que solo al barro enaltece.  2     ¿qué voz oír cuando el aire es frío y la niebla un animal? En los pliegues de la noche se ilumina el día, astros penden y la luz que deviene en sangre es lo opaco del viento en donde aparece un hombre, y en sus pupilas la forma del mundo donde todo fuego cabe Otros poemas de DIEGO BRANDO ,  aquí

Mirtha Lucía Makianich | Saerianas

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Aunque Mirtha Makianich, en su introducción al poemario “Saerianas”, diga que es una presunción creerse intérprete de algunas obras de Saer, lo cierto es que la poeta hace años que viene revisitando la obra del escritor santafecino en un diálogo íntimo que va enriqueciéndose, una y otra vez, porque también son íntimas las vivencias, las imágenes y el paisaje evocado por el escritor santafecino. Y son precisamente esas vivencias, esas imágenes y ese paisaje compartido –en igual y a veces trágico trasfondo histórico– los dardos envenenados que la llevan a la escritura –no académica– sino poética. Este encuentro dialéctico y profundo la conducen al reencuentro con su propia identidad: “¿cuánto de mío / atravesado / por el cuánto tuyo?” y la retrotraen porque la memoria aunque le pese– es un oscuro animal en acecho constante. Y aunque la verdad sea un chisporroteo fugaz, una fuente, un núcleo remoto –acaso delirante– le alcanza a Makianich para la perseverancia, la insistencia en penetrar...

Daniel Martucci | El mejor modo de esperar

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EL mejor modo de esperar es ir al encuentro  La espera da fuerza al deseo    Ir al encuentro no es ir hacia donde el objeto está  No es ir detrás de los guiños del objeto.    El encuentro sucede en un punto de lo  desconocido  cualquier punto un punto en especial El deseo sabe de nada es ese sabor el que lleva el cuerpo Hacia el encuentro en otra parte En una palabra lo lleva hacia el cielo de un borde donde se despeña al vacio de un nuevo deseo sin nombre aún DANIEL MARTUCCI (1957 / 2012, Ciudad de Buenos Aires, Argentina) Fuente: "Música rara N° 2", 2004 Enlace:  Brunch Poesía

Suray Traba | Indómito despertar

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4    Desbaratado    el sueño que sus brazos  mece  abre sus ojos  la noche su tamboril       que besa y daga  una paciencia de escombros  dibuja en el aura  un quejido  que no es reproche.    10  Muerde la noche afín herida diurna al día la nimiedad en su labio musita espasmos  despabilados  la precisión desgrana con instrumento disonante palabras inmunizadas al destierro su inciso en clave de bestia de vida láctea rastrea destroza encontrando pistas negadas al alba halo petrificado anticipa un aguijón de danza destello mudo    afásico en una palabra escasez y abundancia la noche derrama alaridos silvestres noctámbula volví para ser su escribiente. 32 De intermitencia    infinita pulsa         difuminada en un cuenco donde la luz mecía se agitan             penumbras la atmósfera se  tiñe de vora...

Ángelica Morales | Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos y otros poemas

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Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos         Eran pequeñas porciones                          de carne                          y pluma  que se pusieron  a caminar en recto                          sobre la almohada.  Era una generación de músicos sordos que no sabían volar. No sabían hacer otra cosa que entrar y salir de mis oídos, como quien sale de una jaula                         y vuelve a entrar, como quien cierra la puerta de una cárcel                         y vuelve a entrar, como quien abandona el nido de un amor                         y le prende fuego ...

Dos poemas de Pablo Queralt

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  TENER LIBROS en el baño en la cocina como la plata en distintos lugares para que nunca me falte así alguien que no conozco esconde dentro mío ideas recuerdos que de pronto aparecen como cuando salía a fumar para no sentirme desplazado del que narra y quién mira donde se gesta el poema y pone algo que va del pasado al presente como quién confunde los tiempos y viene de lo antiguo y no de lo reciente tirando del hilo. CAMINAMOS caminamos y puedo decir que allí nuestras almas hablaron  tan cerca estuvimos que nada tocábamos y ni hablar necesitábamos  yo era tu imagen o mi materia era la tuya la sustancia única  de nuestras palabras estalladas en su microcosmos al espacioso infinito  que era la nada y el todo donde llegamos sin decir que llegamos.  De: "La doble pena de volver a contarlo todo, Ediciones La yunta, 2025 Otros poemas de PABLO QUERALT ,  aquí