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febrero 28, 2021

Constantino Cafavis: Un candil


He ido     




No tengo ligaduras; 
me abandoné a todo. 
He ido en la noche iluminada 
hacia goces que eran mitad reales 
mitad elaborados por mi espíritu. 
Y he bebido un vino fuerte 
como beben aquellos 
que se entregan valerosamente al placer. 



Cuerpo, recuerda     




Cuerpo, recuerda, no sólo el ardor 
con el cual fuiste amado; 
no sólo los lechos sobre los cuales 
te has acostado, sino esos deseos 
que brillaban por ti en los ojos
y temblaban en los labios,
y que un obstáculo fortuito
ha impedido que se cumplan…
Ahora que todo eso pertenece al pasado,
casi parece que te has abandonado a ellos…
Cuerpo, recuerda esos deseos
que por ti brillaban en los ojos
y temblaban en los labios.



Un candil




En una pequeña estancia
completamente vacía
con los cuatro muros
tapizados de telas verdes
un bello candil se incendia,
y una pasión, un deseo lujurioso
arde en cada llama.
Los fuegos del candil
inundan la pequeña estancia
de una claridad que no se parece en nada
a las luces habituales.
Y la voluptuosidad de su calor
no está hecha para cuerpos pusilánimes.





CONSTANTINO CAFAVIS
Otros poemas de CONSTANTINO CAFAVIS, aquí
Fuente: Centro Editor de América Latina, Los grandes poetas, 1988 vía Fb Liliana García Carril
Traducción: Juan Carvajal
Imagen: Politeinet.gr







febrero 27, 2021

Lilia Parisí


Hormigas     




Sé que el libro que dejaste queriendo darme algo 
me trajo mala suerte 
ese día tuve que asesinar a una milicia de hormigas  
que vino a amenazarme con su capacidad minúscula  
de construirlo todo 
a mí 
que tanto me cuesta apilar 
juntar 
adquirir  
a mí 
que no podría nunca con toda la basura 
hacer un hongo para sobrevivir al invierno 
No creo en la potencia de lo pequeño
me he servido de los saltos bruscos 
del espasmo
de la deglución súbita del tiempo 
Y tu libro: 
un valor de uso rosado y muerto
un producto envasado al vacío 
una pandemia literaria que ofreces al mundo
aunque de corto alcance comercial.



Canal




Tuve que irme 
correr
por pequeños lapsos arrastrarme 
y por largas horas usar un vestido
como un tubo un conducto 
que tuve que coser con el nombre femenino de la brea 
y que comencé a zurcir siete días 
después de haber nacido 
a zurcir 
con los ocho huesos que componen 
la actual agrimensura de mi mano izquierda
Tuve que irme 
correr 
con un vestido 
oloroso triste 
esencialmente cotidiano
heredado de mi familia tras la muerte 
de un abuelo heroico
de un suicidio en los terrenos de Valdivia
de un abuelo revuelto en las malezas 
envuelto en las lombrices de néctar que masticaba antes 
de transformarlas  en vino
con sus dientes de herbívora criatura. 
Tuve que correr 
dejarme picar por tres serpientes
peinarme con la sangre de las manos
untar mi cara en alimento 
Tuve que correr lejos 
porque cuando estaba allí la tierra comenzaba a taparme 
me confundía con bulbos y raíces
o simplemente carne muerta 
Un viento caliente me cubría con la saliva  de su polvo
susurraba amor entre las muelas 
por ese entonces yo 
comenzaba a  pensar en poblados con mares 
sus canteros cuyo nombre confundía con la palabra acantilado 
y de ahí  ya pasaba mi mirada a las macetas 
a sus cultivos claros 
Tuve que irme 
correr 
pero para entonces ya pensaba en poblados con mares 
y en lugares bellos y ciertos 
de un modo indetenible.



Hola animal




Hola animal 
he visto cómo llegaste a mí
a través del olfato
y yo te olí también antes de tocar la fortaleza 
que convierte mi casa en bosque
he reconocido entre los ojos tu degüello
y llego a tu encuentro también para lamerte
atender tu chillido 
tu destello 
tu primera noche acá en la Tierra
Yo
necesito que alguien cuide
el tenor y la calidad de mi alimento
que quite con cuidado el nylon 
que cubre mi cabeza 
y apoye su mano en mi diafragma
para ver si sigue el curso de todo lo existente
Contracción-expansión
me contraigo más de lo que indican 
las sanas ecuaciones del mundo
me comprimo en los asientos de un tren donde no duermo
pero simulo vida
Voy y vengo
como si afuera de la cápsula
hubiera algo
un sonido
una máquina de oxígeno.



Mezquina bóveda del bosque




Yo que a los ocho años empuñaba un arma
he buscado en esos bosques 
y ahora busco en las siluetas de cartón 
que los hombres pusieron 
para que clavara allí una bala
te he buscado, digo   
entre la inmensa y esotérica arboleda
pero la bóveda del bosque 
siempre supo distraerme
marcó mi paso 
con cabezas ancestrales
y trapos oscuros colgados de los cielos
Sagrada bóveda del bosque 
me alzaron tus ramas 
prometiendo algo que no llegué a escuchar
era tan leve la tarde
que caían pájaros niños a la tierra
y fue tan grande en mí 
tan de mí
que a partir de ese chillido levanté toda mi infancia
como piedra
Mezquina bóveda del bosque
si notabas de lejos los minúsculos mapas de mis manos
por qué me salvaste de las balas perdidas de mi padre.



No sé qué hacer con el cuerpo muerto de mi padre
de noche me pregunto si será mejor conservarlo recostado
o dejar que haga su curso
entre la materia y los objetos de cocina
Ayer dimos juntos un paseo en bicicleta
él
atado como pudo dejó que lo tocara el aire
en el parque lo acomodé bajo la sombra
pero las casas los autos las frutas
las canciones de las niñas lastimadas
empezaron a entretenerme con la vida.



Toro




Alguien sabe por qué escapó este animal con la luna nueva de febrero

Él como nosotros se dispuso en el camino:
montaña desprendida del conducto ambiguo de la noche 
tieso en el sendero donde bramaron las máquinas
y nosotros 
mensajeros suyos  
trayendo la muerte a galope del asfalto

Alguien sabe por qué escapó ese animal con la luna nueva de febrero
las manadas aconsejaron el descanso
juegos silenciosos
agua de laguna  

Mansedumbre
memoria degollada
toro sagrado ofrecido a la nebulosa de la noche:
a Lyra
y a las tres constelaciones que preguntan tu muerte 

Quieto tu cuerpo tendido en la banquina 
regó la sangre oscura
nueva
que rápido desaparecía en la sed milenaria de la Tierra.



LILIA PARISÍ (1978, San Juan, Argentina) poeta y socióloga. Pasó parte de la infancia en México y Chile. Participó de su primer recital de poesía en mayo 2017, en el ciclo Rumiar Buenos Aires. En 2018 fue invitada por el Ministerio de Cultura de Cusco, a participar de Enero en la palabra, Festival de Poesía del Sur Andino, integró el Festival de Poesía Joven Jauría de Palabras (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, mayo 2019), participó del Festival Internacional de Poesía de Medellín (octubre 2020). En 2018 conformó junto a otras poetas mujeres, la antología La sangre en las fiestas cortas, editado por Textos Intrusos (Mayo 2018). Parte de su trabajo reciente se encuentra en la antología Descosidas, (Buenos Aires, 2019). Es una de las organizadoras del ciclo de poesía Cordillera, estudia actualmente la lengua ancestral andina, Runasimi, y cursa la Maestría en Escritura Creativa en la UNTREF.

febrero 26, 2021

Autobiografía por Lawrence Ferlinghetti

Lawrence Ferlingheti


Autobiografía     


 
  
Llevo una vida tranquila 
en Mike’s Place (1) 
mirando a los campeones 
del Salón de Billar Dante 
y a los adictos al metegol. 
Llevo una vida tranquila 
en el bajo este de Broadway. 
Soy americano. 
Fui un muchacho americano. 
Leí la revista para niños americanos 
y llegué a ser boy scout 
en los suburbios. 
Creía que era Tom Swayer 
pescando en el río Bronx 
e imaginando que era el Mississippi.
Tuve un guante de béisbol
y una bicicleta American Flyer.
Repartía la Revista del Hogar
a las cinco de la tarde
o el “Herald Tribune”
a las cinco de la mañana.
Todavía oigo el ruido del periódico al caer
en los perdidos porches.
Tuve una niñez desgraciada.
Lo vi aterrizar a Linberg.
Miré hacia mi hogar
y no hallé ningún ángel.
Me atraparon robando lápices
en la tienda de Five and ten cen(2)
el mismo mes que fui líder de los scouts.
Corté árboles
y me senté sobre ellos.
Desembarqué en Normandía
en un bote a remos que volcó.
He visto a los adiestrados ejércitos
en las playas de Dover.
He visto pilotos egipcios en nubes púrpuras
tenderos bajando las cortinas
al medio día.
Ensaladas de papas y dientes de león
en excursiones anarquistas.
Estoy leyendo “Lorna Doone”
y una biografía de John Most,
terror de los industriales,
una bomba siempre en su escritorio.
He visto la marcha de los barrenderos
en el desfile del Día de Colón
detrás de los locuaces
trompetistas eructadotes.
No he estado en los Claustros (3)
desde hace mucho tiempo,
tampoco en las Tullerías,
pero todavía sigo pensando
en ir.
He visto el desfile de los barrenderos
cuando nevaba.
He comido hot-dogs en canchas de béisbol.
He oído la alocución de Getysburg (4)
y el Mensaje de Ginsberg. (5)
Me gusta aquí
y no volveré
al lugar de donde vine.
También he andado en vagones, vagones, vagones.
He viajado entre hombres extraños.
He estado en Asia
con Noé en el Arca.
Estaba en la India
cuando se construía Roma.
Estuve en el Pesebre
con el Burro.
He visto al Eterno Distribuidor
desde una Colina Blanca
en el sur de San Francisco
y la Mujer de Carcajadas en Loona Park
fuera de la Casa de Diversión
en medio de una gran tormenta
riendo todavía
riendo todavía.
He oído el sonido de la farra
en la noche.
He caminado, solo, sin sentido,
con la multitud.
 
Llevo una vida tranquila
Fuera de Mike’s Place cada día,
mirando al mundo pasar
en sus extraños zapatos.
Un día me lancé
a recorrer el mundo
pero terminé en Brooklyn.
Ese puente era demasiado para mí.
He intentado en silencio
el exilio y la astucia.
Volé demasiado cerca del sol
y mis alas de cera se cayeron.
Estoy buscando a mi Viejo
a quien nunca conocí.
Estoy buscando al Líder Perdido
con quien volé.
Los jóvenes deben explorar.
Nuestra casa es aquel sitio en que empezamos.
Pero mi madre nunca me dijo
que tendría que ver este tipo de escenas.
Cansado de tanto vientre
descansé.
He viajado.
He visto la ciudad de las drogas;
he visto el desconcierto de la gente.
He oído llorar a Kid Ory.
He oído a un trombón predicar.
He escuchado a Debussy
a través de una sábana.
He dormido en mil islas
en donde los libros eran árboles.
He escuchado los pájaros
que suenan como campanas.
He tenido pantalones grises de franela
y caminado por la playa del infierno.
He vivido en mil ciudades
donde los árboles eran libros.
Qué subterráneos qué taxis qué cafés
qué mujeres con pechos ciegos
sus extremidades perdidas entre rascacielos.
He visto la estatua de los héroes
Danton sollozando en la entrada de un subte
Colón en Barcelona
apuntando al oeste desde la Rambla
hacia el Expreso Americano
Lincoln en su silla de piedra
y una gran cara de piedra
en Dakota del Norte.
Sé que Colón no inventó América.
 
Escuché a mil Ezra Pounds de casas rotas.
Todos ellos tendrían que ser liberados.
Hace mucho tiempo fui vaquero,
llevo una vida tranquila
en Mike’s Place todos los días
leyendo los Avisos Clasificados.
He leído el “Reader`s Digest”
del principio al fin
y noté la extraordinaria semejanza
entre los Estados Unidos y la Tierra Prometida
en donde cada moneda dice
“En Dios Confiamos”
pero los billetes de dólar no lo dicen,
porque ellos mismos son dioses.
Leo los anuncios todos los días
buscando una hoja en el libro,
una puerta no encontrada.
Oigo a América cantar
en la guía de las Paginas Amarillas.
Nunca se puede decir
que el alma tiene sus fobias.
Leo los diarios todos los días
y oigo a la humanidad enredada
en la triste plétora de la letra impresa.
Observo como secaron el lago Walden (6)
para hacer un parque de diversiones.
Veo como intentan que Melville (7)
se coma su ballena.
Veo otra guerra venir
pero esta vez no estaré allí para pelearla.
He leído lo que se escribe
en la pared del baño.
Ayudé a Kilory a escribirlo.
He marchado por la Quina Avenida
en apretado pelotón
tocando la corneta
pero rápidamente volví hacia atrás, a la Casbah ,
a buscar a mi perro.
Encuentro semejanzas
entre los perros y yo.
Los perros son observadores verdaderos
caminando arriba y abajo del mundo,
a través del país de Molloy.
He caminado por callejuelas
demasiado angostas para los Chryslers.
He visto cien carros repartidores de leche sin caballos
en un terreno baldío en Astoria.
He escuchado el “obligatto”(8) del chatarrero.
He conducido en superautopistas
y creído en las promesas de las carteleras,
cruzando las planicies de Jersey.
Vi las ciudades de la Llanura
y me revolqué en el verde de Westchester
con sus bandas vagabundas de nativos
en autos rurales.
Los he visto.
Soy el hombre.
Estuve allí.
Sufrí
de algún modo.
Soy un Americano.
Tengo pasaporte.
No he sufrido en público.
Y soy demasiado joven para morir.
Soy un hombre que se ha hecho a sí mismo.
Y tengo planes para el futuro.
Estoy aguardando
un puesto importante.
Tal vez me mude a Detroit.
Temporariamente
vendo corbatas.
Soy un buen tipo.
Soy un libro abierto
para mi jefe.
Soy un misterio completo
para mis mejores amigos.
 

febrero 23, 2021

Novedades de Barnacle Libros



Falso inanimado/ Hernán Sagristá     


Lo supieron los arduos alumnos, los comprueban casi a diario los poetas menores de la antología: la ansiedad es la droga más dura. Hernán Sagristá en “Falso inanimado” se ocupa, con sosegada lentitud y un idioma neto ("La palabra floreció con la insistencia"), de las rocas; tiende a exponer su asombro e indagación ante aquello que se hace o se repite cada día, ante un entorno (un pasado) de aislamiento y acritud. Imbuido de una ironía taciturna no pacta con las palabras y se guarda de presentar excusas o, peor aún, explicar circunstancias ("Quizás, deberíamos volver a designar la roca por lo que es, materialidad sin suspicacia"). Nicolás Rosa tenía para sí que es lo propio de la materia resistir; el presente libro encierra la secreta misión de salvar al mundo; y en la momentánea suspensión voluntaria de la incredulidad, su autor añade, modifica, inventa, escribe todo más de una vez para que no converjan entre sus páginas sólo recuerdos o una mera retahíla para la memorización de otro alfabeto ("gruta de la virgen de Itatí que levantó un albañil por un milagro que solo él sabe").


El pico de los pájaros/ Catalina Boccardo     

El libro mayor de la poesía argentina cristalizó la idea del cantor que realiza, en su impulso o frenesí, una práctica de transferencia de una lengua a otra: como el ave solitaria con el cantar se consuela. En "El pico de los pájaros", Catalina Boccardo no reseña con tanta minucia un libro como el ramito de violetas olvidado entre sus páginas; le llama más la atención la brisa que el andén. Un suceso extraordinario, la irrupción de un ser vivo, una torcaza en medio de la ciudad destruida por las luces de neón, la predispone a la pesquisa y a la incógnita permanente ("hasta que su imaginación indica/ dónde, / cómo, qué"). Acaso le deba una incitación o un modelo a cierta sugerencia minimalista: escribir con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado ("Yo encontré la salvación, un pájaro herido"); y en el trance inexacto y leve, de una lengua a otra, indaga ("Seguiré preguntando: cuál lenguaje"), consciente de que esa pequeña distancia lo justifica casi todo y de que la belleza admite escasas enmiendas.


Año nuevo/Judith Filc     

Si como quería el Poeta el tiempo es un enemigo que mata huyendo, Judith Filc emplea las palabras con un arrojo que sospecha centelleante y vano, acaso porque una epopeya futura no habrá de dar forma a ningún destino singular, pero ha de hacer constar a través de todo acontecimiento propio la idea de la comunidad y en cada página manuscrita una crítica de su época (“Lo que no se sabe se olvida./ Lo que se olvida se abandona”); entonces es lícito afirmar el hecho de que un poema puede equivaler a una tarjeta postal y a una granada de mano: siempre posible, siempre presente. En “Año nuevo”, su sexto poemario, incrementa la dificultad y magnitud de esa percepción (“No recuerdan el rumbo./ Necesitan sentarse./ El camino que tomaron no acaba nunca”): un mundo descubierto y no imaginado, que no olvida el precio del carbón ni las indolencias de los corazones y que sin evanecerse intenta querer todo cuanto se promete (“se enjuga el sudor, junta sus manos en cuenco/ y se inclina hacia el cauce. /Y espera”).

febrero 22, 2021

Volha Hapeyeva


ALLÍ donde la nieve caerá hoy  
no estaré   
allí donde el silencio es un intento de confesión   
es imposible poner en claro las intenciones ajenas   
y se puede contemplar largo rato el reflejo en el cristal  
imaginándose con un peinado corto  
en vez del pelo largo 
pero aquí no hay tijeras 

así que voy allí donde nace la nieve 
cada día 
ocultando lo imperfecto de la existencia 
esta nieve es humanista
nunca prometía nada a nadie
ella simplemente existía
nacía y moría

ella podía empezar a caer en cualquier sitio
en Armenia o en Koktebel
descendiendo a toda velocidad
y derritiéndose con la misma rapidez
con que me pasa su frialdad como un testigo
para asombrarse después de que mis manos y talones estén
tan helados
y tratar de calentar con su aliento mis dedos
en la inutilidad de esta ocupación
mi nieve y yo pasaremos horas enteras en la cama
sin poder confesarnos
uno al otro
nuestra soledad




ME despierto con despertadores ajenos
reescribo textos ajenos
pienso sobre difuntos ajenos
me encuentro con amigos ajenos
hablo en lenguas ajenas
me fotografío con niños ajenos
acaricio gatos ajenos
vivo en habitaciones de nadie
leo libros de nadie
como con tenedores de nadie
corto con cuchillos de nadie
duermo bajo sábanas de nadie
así aprendo a ser una visitante
en este mundo ajeno y de nadie
para que después cuando me digan que ya no soy bienvenido
al fin muera mi propia muerte



там дзе сёння выпадзе снег
не будзе мяне
там дзе маўчанне ёсць спробай прызнання
намераў чужых не разабраць
і можна доўга глядзець на адбітак у шкле
уяўляючы кароткую стрыжку
заместа сваіх даўгіх валасоў
але так і не ўзяцца нажніцаў

так я і еду туды дзе нараджаецца снег
кожны дзень
хаваючы недасканаласць быцця
гэты снег ‒ гуманіст
ён нікому нічога не абяцаў
ён проста быў
нараджаўся і паміраў

ён мог зацярушыць дзе заўгодна
ў арменіі ці кактэбелі
наваліцца ўсім цяжарам прымусовасці
і гэтак жа хутка раставаць
перадаўшы золкасць як эстафету
каб пасля здзіўляцца чаму маю такія халодныя рукі і
пяткі
і спрабаваць адхукаць пальцы
у бессэнсоўнасці такога занятку
я і мой снег будзем бавіць гадзіны ў ложку
так і не здолеўшы прызнацца
адно аднаму
ў сваёй адзіноце



прачынаюся па чужым будзільніку
перапісваю чужыя тэксты
думаю пра чужых нябожчыкаў
сустракаюся з чужымі сябрамі
размаўляю на чужых мовах
фатаграфуюся з чужымі дзецьмі
пешчу чужых катоў
жыву ў нічыйных пакоях
чытаю нічыйныя кніжкі
ем нічыйным відэльцам
рэжу нічыйным нажом
сплю пад нічыйнымі коўдрамі
так я вучуся быць госцяй
у гэтым чужым і нічыйным свеце
і калі мяне потым папросяць
я нарэшце сваёю памру смерцю


VOLHA HAPEYEVA
(1982, Minsk, Bielorusia)
Imagen: Droschl

Dan Fante


4 /16/00     




Cuando abrí L.A. Times Sunday Book Review 
hoy 
vi 
tres 
páginas completas 
sobre John Fante 
mi viejo 
padre 

un consenso de sabios pronunció ahora una alabanza absoluta sobre el nuevo 
tesoro nacional 
una biografía sobre un hombre apasionado, loco, borracho y enojado está en venta 
un escritor de L.A. 
un volcán de hombre 

y
en vez de sentirme feliz por mi padre
me senté furioso —las palabras desgarraron mi corazón
y
le grité algunas groserías a mi novia en el pasillo del baño
por su café helado
y pensé en que se vaya a la mierda el puto L.A. Times —cincuenta años es demasiado tarde
ahora esto no puede ayudarlo
él perdió y se rindió
ciego, en una sala de hospital apestosa donde los chicos de mantenimiento de la noche
le robaban la radio
y los Dodgers tuvieron su peor temporada en años
y yo recuerdo
estar sentado con él sosteniendo su mano en mi mejilla y pensando para mis adentros
qué pésima manera de morir
para un hombre que una vez tuvo tanto poder
cuyas palabras celebraron tanta belleza
que el mismo cielo
se incrementó con un billón de estrellas



4-16-00

 


Opening the L.A Times Sunday Book Review
Today
I saw it
Three
Full pages
About John Fante
My old
Pop

Consensus wisdom has now pronounced absolute praise for a new
National treasure
A biography is out about a passionate, crazy, drunken, angry
L.A writer
A volcano of man

And instead of being happy for my dad
I sat furious – the words tore at my heart
And
I yelled something shitty at my girlfriend down the hall in the bathroom
About her cold coffee
And I thought fuck the fucking L.A. Times – They´re fifty years too late
It can´t help him now
He lost and gave up
Blind and in a stinking hospital ward where the night maintenance guys
Kept stealing his radio
And the Dodgers had their worst season in years
And I remember
Sitting with him and holding his hand to my cheek and thinking to myself
What a lousy way to die
For a man who once had such power
Whose words held so much beauty
That the sky itself
Was increased by a billion stars
 

Dante Fante
DAN FANTE
(1944 / 2015, Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Juan Arabia
Imagen: ABC



febrero 20, 2021

Rodolfo Häsler


Visión del Pastroudis     


A Manuel Forcano, en Alejandría 


No queda apenas nada dulce sobre la mesa 
o multiplicado en el vacío de los espejos, 
la atención del camarero es todavía más oscura 
de lo que la realidad puede tolerar, 
pasan las horas y nada se mueve en el establecimiento, 
sólo en la terraza se vuelve insoportable el color azul 
y la aspereza del salitre se propone perderte. 
Mastica la carroña que tanto te nutre 
y que un viejo arrincona en la esquina del inmueble.
Todo por el precio de un pensamiento.
El evangelio de la misericordia está en tus manos
para poder encarar tanta ruina, el cambio de nombre
de las calles, el letrero que ennegrece un alfa y un omega
y una dirección donde apenas se ve.
No queda nada azucarado sobre el velador,
derrotado presente que huye en la distancia,
no busques nada, no observes, no intrigues más,
arriba se balancea el recuerdo, el cuerpo desolado
que baja en una nube. Su sombra te está esperando.



Devastación del hotel Packard


para Soleida Ríos


Las coordenadas marcan un punto
sobre un mapamundi arrugado,
hay que insistir, dice el que siempre recuerda,
hay que golpear el picaporte, pasar
el umbral de la ciudad difunta,
lo que el descuido arrasó
va y se convierte en adorno,
una construcción inclinada
que conserva su color amarillo,
la palabra inquietud no es suficiente
y resbala por el lomo de un libro
del poeta remendón
Lorenzo García Vega: Devastación del hotel San Luis,
una babosa  se acurruca en su textilandia
para contar lo inesperado,
pero nunca aceptarías, por eso te vas,

te agota tanta promiscuidad,
es posible trepar a un gran árbol
y chapurrear la lengua de un pájaro,
el hotel es hambre y devastación
donde escupir la esponja de la sed,
tontear frente al hocico del lobo,
lengua de lobo, la lengua feroz
encerrada en una cajita,
en una gaveta de escritorio
en mi habitación del hotel Packard,
pero no conviene forzar la voz,
sobran palabras,
balbucear, silencio,
bienvenido seas
a cualquier lugar.




Rodolfo Häsler
RODOLFO HÄSLER
(1958, Santiago de Cuba, Cuba. Reside desde niño en Barcelona, Cataluña, España) 


Fuente: Isliada
Imagen: Poes Art




febrero 19, 2021

Irene Gruss: Y si no es una piedra preciosa



Y si no es una piedra preciosa
sino simple arenilla 
guardada a un costado 
del tintero. Y si no es arenilla ni zafiro 
eso que sale de mí, con pinzas, 
como quien quita una piedra, airecito, 
puro airecito guardado 
para no respirar, 
sangre y arena 
en mi centro exacto, 
late, molesta, 
astilla de qué, 
más tangible que lo que no se olvida 
o se tiene. 
Y si es dicha lo que he guardado, 
el aire que no pudo salir 
duele 
en el sitio 
del esternón, si es dicha pura
encerrada,
oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí,
si eso es lo que se quita, por fin
para que ría, 
qué alivio tendrá la dicha afuera,
qué fácil oler los tilos,
descostillarse, dejar secar la tinta.




Otros poemas de IRENE GRUS, aquí
De: "La dicha", Bajo la luna, 2004. Vía Alejandro Méndez en Facebook.

febrero 16, 2021

David Ferry


Caballos   




Es cierto que, como dijo, los caballos, 
cuando el relámpago señaló algo 
en el horizonte, reconocieron la señal, 
avanzaron con extraordinaria belleza 
de fintas y relinchos, aletear de orejas, 
cambios de paso, esquives, giros, 
las piernas delicadas averiguando algo 
que la tierra podía decirles, interpretando 
la declaración del cielo de inminente oscuridad. 
La tormenta estaba haciendo lo que siempre hace, 
matriz de señales, a lo largo del horizonte. 
Las casas en el valle eran nítidamente claras,
la oscuridad de la tormenta hacía posible
una delineación perfecta,
las siluetas de las casas rebosantes de luz.



Un domingo por la mañana


Mi hijo y yo
caminamos por la calle.
Ningún mar se alza cerca. Ninguna ira
asoma por el cielo perfecto.
El destello de las ruedas
de un auto que pasa no es
el destello de ese destino
que podría haber temido, no este domingo.
Una página de un diario
corre por el desagüe.
Es una hoja
caída de un árbol terrible,
el árbol de la ira,
las lágrimas, el miedo.
No son nada para él,
ni nada para mí, este domingo.



David Ferry

DAVID FERRY (1924, Orange, Nueva Jersey, 
Estados Unidos de Norte América) 
Traducción: Gerardo A. Gambolini
Imagen: Poet at Harvard




febrero 10, 2021

R.S. Thomas: Eso decían dos viejos poetas



Poesía para comer 




“Escucha, la poesía debería ser tan natural 
como el pequeño tubérculo que se alimenta de estiércol 
y crece lentamente desde el rústico suelo  
hasta esa flor blanca de una belleza inmortal.” 

“¡Natural, demonios! ¿Fue Chaucer  
el que habló una vez del prolongado sudor  
que corre como sangre en la creación de un poema? 
Déjaselo a la naturaleza, y el verso se desparrama,
débil como la enredadera, si acaso llega a romper
la férrea costra de la vida. Hombre, debes transpirar
y rimar apretando las tripas, si quieres construir 
una carrera con tus versos.”
“Hablas como si el sol 
jamás hubiera sorprendido a la mente
avanzando a tientas por su camino brumoso.”

“El sol es algo que requiere una ventana
antes de entrar en un cuarto oscuro.
Las ventanas no aparecen porque sí.”

Eso decían dos viejos poetas,
encorvados sobre su cerveza en la niebla baja 
de una taberna, mientras la charla ruidosa 
seguía a su alrededor, en prosa fluida.


Poetry For Supper




'Listen, now, verse should be as natural
As the small tuber that feeds on muck
And grows slowly from obtuse soil
To the white flower of immortal beauty.'

'Natural, hell! What was it Chaucer
Said once about the long toil
That goes like blood to the poem's making?
Leave it to nature and the verse sprawls,
Limp as bindweed, if it break at all
Life's iron crust. Man, you must sweat
And rhyme your guts taut, if you'd build
Your verse a ladder.'
            'You speak as though
No sunlight ever surprised the mind
Groping on its cloudy path.'
'Sunlight's a thing that needs a window
Before it enters a dark room.
Windows don't happen.'

           So two old poets,
Hunched at their beer in the low haze
Of an inn parlour, while the talk ran
Noisily by them, glib with prose.



El otro




Hay noches tan silenciosas
que puedo oír a la pequeña lechuza 
a lo lejos y a un zorro que aúlla 
a millas de aquí. Es entonces cuando
me echo en la cama, despierto, 
escuchando el oleaje nacido en algún punto
del Atlántico,
subiendo y bajando, subiendo y bajando,
ola tras ola contra la larga costa
del pueblo que está sin luz
y sin compañía. Y me 
viene la idea
de ese otro ser que 
también está despierto,
dejando romper nuestras plegarias contra él,
no como esta, unas pocas horas,
sino durante días, años, la eternidad.



The Other




There are nights that are so still
that I can hear the small owl calling
far off and a fox barking
miles away. It is then that I lie
in the lean hours awake listening
to the swell born somewhere in
the Atlantic
rising and falling, rising and falling
wave on wave on the long shore
by the village that is without light
and companionless. And the
thought comes
of that other being who is
awake, too,
letting our prayers break on him,
not like this for a few hours,
but for days, years, for eternity.



La vista desde la ventana




Como una pintura enfrente de uno, 
pero menos transitoria, atemporal; esos colores
se renuevan día a día con variaciones
de luz y distancia que ningún artista
logra ni insinúa. Y está el movimiento,
el cambio, cuando la luz del sol
cura lentamente los moretones de las nubes,
o la cuando la nieve tapa
un humor sombrío, pero dorado al atardecer
para alegrar el corazón. A lo largo de la historia
el gran pincel jamás descansó
ni el cuadro se secó; sin embargo ¿qué ojo, 
mirando fríamente, o como miramos ahora,
con la lente de las lágrimas, vio alguna vez
esa obra y no estaba terminada?



The View from the Window




Like a painting it is set before one,
But less brittle, ageless; these colours
Are renewed daily with variations
Of light and distance that no painter
Achieves or suggests.  Then there is movement,
Change, as slowly the cloud bruises
Are healed by sunlight, or snow caps
A black mood; but gold at evening
To cheer the heart.  All through history
The great brush has not rested,
Nor the paint dried; yet what eye,
Looking coolly, or, as we now,



Otros poemas de R.S. THOMAS, aquí
Traducción: Gerardo A. Gambolini
Enlaces: Linne Magazine | Universidad Rodin


febrero 04, 2021

Alejandro Schmidt: Del amor



Se puede amar con terror     
Prevención 
Fantasmas   
Y amar formas desconocidas 
Se puede amar hasta el fin del mundo y más allá de la casita de Dios en su jardín de la nada 
puede amarse sin saber
sin sospechar 
muy tiernamente lastimado
muy bravamente
gente que nunca asomó su corazón 
que no escribe mensajes de amor
gente a la que el amor le parece un cuento de hadas del inconsciente
la pornografía del sentimiento
gente que estudia el amor , cobra, da turnos
y así 
Vos y yo sabemos que
las piedras 
las caléndulas 
y los colmillos de diablo
 aman
porque el amor está en todo pero no todo brilla en el amor
tienen miedo a la debilidad el pánico la cursilería del amor
sin embargo no temen la oscuridad 
ni la estupidez 
se puede amar con silencios largos como la baba de Orión 
con miradas
con veraz ceguera
porque el amor es una cuchara 
un veneno
una patada 
el amor trajo casi toda la ruina de mi vida
vivo besando sus escombros. 


Extraído del Fb de Fabián Chazarreta


Ayer a la mañana, en el hospital Ferreyra de la ciudad de Córdoba, murió el poeta Alejandro Schmidt, a los 65 años. Por problemas cardiacos y un agravamiento de su estado de salud, estaba internado desde hacía quince días. Había nacido en Villa María el 3 de mayo de 1955 y desde octubre de 2018 vivía en un hotel en la ciudad de Río IV, cerca de sus amigos, los poetas y editores Pablo Dema y José Di Marco. Publicó su primer libro, Clave negra, a los veintiséis años. En 1984 apareció Tajo en la piedra, al que seguirían muchos otros, como Elegías y epitafios (1985), Dormida, muerta o hechizada (1991), El diablo entre las rosas (1996), El patronato (2000), Esquina del universo (2001), Oscuras ramas (2003), La vida milagrosa (2005), Mamá (2007), Videla (2009), 60 poemas breves (2009), Verdad de lo evidente (2011), Nace tu lámpara (2012), Romper la vida. Antología existencial (2013), Otros rayos (2016), El ángel dijo sí (2018), La espina del faraón (2018), Lejos de todo (2019) y Problemas con la vida (2020), entre otros. Escribía poemas desde los trece años y, según informó Dema, coeditor de Cartografías, dejó una gran cantidad de obra inédita.

A partir de 1982, fundó y dirigió varias revistas literarias, como Luna Quemada, Huérfanos, El Gran Dragón Rojo y La Mujer Vestida de Sol. De 1992 a 2007, estuvo a cargo de la editorial Radamanto en la que se editaron plaquetas, folletos y libros de poetas argentinos. También editó la colección de páginas de poesía Alguien Llama y revistas murales. En 2019, se estrenó en la ciudad de Córdoba su obra teatral Tres mujeres. Schmidt colaboraba en medios locales con artículos sobre su materia predilecta, la poesía, y la vida cultural. Publicó más de cincuenta libros y plaquetas de poesía. En uno de sus blogs, “Romanticismo y verdad", se pueden leer poemas sueltos y “cuestionarios Schmidt” a otros poetas. Una de las preguntas de ese cuestionario (“De los poetas que conociste, ¿cuáles te parecieron que unían su vida a sus palabras?”) se podía responder con su propio nombre. Quienes lo trataron saben que podía ser tierno y chúcaro, hostil y sentimental. “Hay gente que considera un trabajo escribir poesía, otros quieren salvarse, otros sufren, muchos creen que el arte les debe algo. Qué raro, ¿no?”, declaró en una entrevista del escritor Carlos Schilling.

La escritura de Schmidt tenía un carácter epifánico: lo revelado aludía tanto a la belleza como a la crueldad, a lo sagrado y a las experiencias profanas. El entorno de la llanura proveía de imágenes a su literatura. “La poesía es una fuerza que sostiene al mundo”, dijo. Como la de otros grandes poetas de las provincias, su obra aún no trascendió tanto como merece, pero, como él opinaba, “la poesía nunca debe, siempre cobra”. Huérfano de padre (un sacerdote luterano) a los seis años, vivió con su madre en Villa María desde esa edad. Le interesaban las “cosas brujas”. “La literatura deviene oficio, plan, comercio y un montón de cosas tristes -dijo-. Por esta videncia se me ha tratado, a lo largo del tiempo, de impostado, héroe, obispo, místico, ermitaño y halagos parecidos”.

Sus poemas fueron traducidos a varios idiomas y aparecieron en antologías publicadas en América y Europa. Entre otros reconocimientos, obtuvo el Premio Municipal de la Ciudad de Villa María (1982); Premio Selección Concurso Nacional Ediciones del Dock (1990); Primer Premio Selección del Primer Concurso Nacional de Poesía de la Asociación de Escritores Argentinos (1990); Primer Premio Municipal de Villa María (1992) y el Premio Alberto Burnichon Editor al libro mejor editado en Córdoba (1998) por El libro de las dos versiones, de Edith Vera, del sello Radamanto.

La escritora María Teresa Andruetto definió a Schmidt como un “poeta inmenso”. Otra escritora cordobesa, Leticia Ressia, destacó que solo un gran lector como él podía convertirse en “un escritor tan versátil y prolífico”. “No la creo a la noticia; lo mastico y te seguiré viendo en esa biblioteca barco de poesía, remando palabra a palabra hasta la eternidad”; así se despidió en su muro de Facebook el poeta pampeano Sergio Di Matteo de una de las grandes voces de la poesía argentina.

Su arte poética

Un poema debe asumir el riesgo, la desprolijidad, el exceso. Prefiero los recortes, lo que se deshecha, borrones, tachaduras… no el objeto acabado, la conclusión, el punto final, sino los pedazos vivientes, los sueños, los tumultos de la sangre… Amo los balbuceos, el desorden, las dudas, los espacios en blanco, las reiteraciones… ¿no opera acaso así nuestro corazón, nuestra cabeza? No el artificio, la artesanía, por sublime que sea, y sí esa pulsión de tinieblas y sangre y toda nuestra vida deshecha allí aconteciendo, acompañándonos. Muy pocos llegan hasta el final y hasta el final no se llega con prudencia, astucias, disciplina, se llega con otra cosa que está contra la mano propia, contra los principios, las ideologías y sobre todo contra el temor. Corrijo un poema con otro y con otro… desde los trece años estoy buscando el poema verdadero, ¿por qué no habría de divertirme mientras tanto? Escribo casi todos los días, ceniza, perlas, florcitas de plástico y también mi lírica de dolor y de veneno…va saliendo la poesía, va saliendo de esa tripa y uno no sabe qué es, ni maneja ni controla nada, salvo alguna corrección inevitable, alguna prudencia en publicar, alguna música.


Un poema de Alejandro Schmidt



Oscuras duran las vacas
marrones en Alcira Gigena
en Elena
un perro dorado
las ilumina
por el medio del campo en medio de las
llanuras
buscando algo
de perro
de ser en la naturaleza
en el colectivo leo autores de Río Cuarto
Dema, Michelotti
¿Qué sabrá
al fin
la poesía?
y este mar más amarillento que verde
en terrones tan pocas veces contados
sin otra nobleza que la inclemencia
soledad soledad
voy pasando.


Por Daniel Gigena en La Nación del día 04/02/2021

poesía argentina
Otros poemas de ALEJANDRO SCHMIDT, aquí
Imagen: La opinión Austral

Algunos sitios en la red sobre Alejandro Schmidt (1955 / 2021)



ALEJANDRO SCHMIDT (1955 /2021, Villa María, Córdoba, Argentina)

Alejandro Schmidt