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Mostrando las entradas de noviembre, 2017

Marcelo Díaz | Entonces me acordé de tu voz

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Quería hablar del aprendizaje de los sueños entonces me acordé de tu voz acompañada por un espiral de sombra haciendo algo parecido a lo que hacen los pájaros o lo peces cuando nadan juntos uno al lado del otro como si no importara la forma ni el contenido así sea de día o de noche hasta dar con el principio de la claridad donde se anuda la pérdida y la memoria de la pérdida; si me muero quién hablará de las astillas quién hablará de la imagen mental de nuestro árbol si puede acaso una hoja -ahora en lugar de tu voz- por cada instante recuperado provocar una calma parecida a la de habernos perdido en este mundo Otros poemas de MARCELO DÍAZ,  aquí

Hablar de Poesía: En busca de Rilke / Entrevista a Ted Huges...

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"Ted Hughes (Inglaterra, 1930-1998) es uno de los poetas más extraordinarios del siglo veinte. Mientras se desvanecen las polémicas en las que se vio envuelto tras el suicidio de su primera mujer, Sylvia Plath, más y más entidad va ganado su poesía, viva: violenta y al mismo tiempo delicada, como la naturaleza. Compartimos unos fragmentos de la entrevista –inédita en castellano– que Drue Heinz le hiciera a Ted Hughes para la Paris Review en 1995. Y luego el poema “The Offers”, publicado en Howls & Whispers, un libro casi secreto que Hughes publicó para sus amigos en una edición de solo cien ejemplares en 1998, al final de su vida..." Drue Heinz -  Entrevista a Ted Hughes Enlace: http://hablardepoesia.com.ar/

Barry MacSweeney

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De pronto Pearl despierta Me golpee la mano derecha contra el cajón despostillado de en medio en la esquina del cuarto que da al poniente, y chupé la sangre de mis nudillos. Otra vez me levanté y de rodillas recé a Dios, y me paré de nuevo con la lengua encadenada eternamente. Bendícelo a él con su pelo rubio, ralo por vagar, leyendo carriles y leyes y senderos como mapas. Prímulas, corre nuestro viejo riachuelo, años de lluvia que barren con pilas de piedra, hermosamente suaves, el musgo y el liquen de formas precisas cubren las piedras pulidas que han sacado, pasos hacia nuestras grandes y locas aventuras. Nos reímos de los golpes y cortadas cayendo en estanques de renacuajos. En mi mente en lo alto del valle, el rugido de una mena de plomo se derramaba en los fantasmas de los armones de cuatro ruedas que dejaron claramente a un costado de las vías. Ahora ellos —tú los llamas el gobierno— están matando todo. Los cascos abandonados en el brezo. Las casetas de la empresa cerradas con l...

Jotaele Andrade: El roce de la rama contra el muro

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El trabajo de la memoria   el día exhala una sed casi humana y en el patio el cachorro de perro y yo somos la íntima memoria en que el instante se reconoce y sucede yo me estoy en la sed como está el fervor de la brasa en su combustión él cava un pozo arroja negra tierra que fugazmente ennegrece el aire cuando acaba hunde su boca en el agujero y saca un hueso marrón al que da vueltas y lo arroja y vuelve a tomarlo y a arrojarlo nuevamente yo lo miro hacer veo su alegría de perro que roe un hueso y pienso que así es el trabajo de la memoria La música hace demasiado ruido todo cuanto es música y tiene un  ritmo un compás y crece y decrece como el fuego en los pastizales del verano como la cucaracha aplastada por mi pie se  reúne en una misma interminable canción digo que todo es música el ronroneo del gato ante el alimento los golpes del corazón cuando el amor o el pánico es música mi pie desnudo sobre el vidrio trizado de la memoria y el gemido inconsolable de las crías hu...

Jorge Aulicino: Es sabido que los versos no admiten defensa

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Nueva Caledonia      Nada quedaba ya de Troya  ni de Babilonia ni de todas las ciudades del oriente,  incluida Samarcanda y Labuán,  ni siquiera de los suburbios de Buenos Aires,  donde anduvo la sombra de un imperio.  Nueva Caledonia era el refugio natural.  Alzaste allí versos y columnas ecuestres,  y con soldados de plomo y desguaces militares  formaste tu ejército blindado. Inútil. Es sabido que los versos no admiten defensa. Caen y renacen como esas plantas entre los rieles que viste tantas veces, durante tus esperas en estaciones del abandonado ferrocarril bonaerense. Antes de los zumbantes camiones, los contendores, antes de las autopistas que cintilan. Otros poemas de JORGE AULICINO ,  aquí

Countee Cullen

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Incidente Una vez montando por el viejo Baltimore, Con el corazón henchido , con la cabeza desbordada de alegría, Vi a un ciudadano de Baltimore  Manteniendo fija la mirada en mí. En ese entonces tenía ocho años y era muy pequeño, Y no era ni un ápice más grande, Y así le sonreí, pero él sacó Su lengua, y me llamó: "Negro". Vi el conjunto de Baltimore De mayo a diciembre; De todas las cosas que allí sucedieron  Eso es todo lo que recuerdo.  Para un poeta He envuelto mis sueños en un paño de seda, y los he puesto lejos en una caja de oro; Donde se aferra con voluntad los labios de la polilla, he envuelto mis sueños en un paño de seda; No guardo rencor; No creo que valga la pena para quien encontró la respiración de la tierra tan afilada y fría; He envuelto mis sueños en un paño de seda, y los he puesto lejos en una caja de oro. Incident Once riding in old Baltimore, Heart-filled, head-filled with glee, I saw a Baltimorean Keep looking straight at me. Now I was eight and ve...

William C. Williams: tres poemas emblemáticos

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La carretilla roja tanto depende de una carretilla roja lustrada con agua de lluvia junto a los pollos blanco El gran número Entre la lluvia y las luces vi el número 5 dorado sobre el rojo camión de bomberos avanzando tenso sin prestar atención a los tañidos de campana los aullidos de sirena y el retumbar de ruedas por la oscura ciudad. Esto es sólo para decir que me comí las ciruelas que había en la nevera y que probablemente guardabas para el desayuno Perdóname estaban deliciosas tan dulces y tan frías T he Red Wheelbarrow so much depends  upon  a red wheel  barrow  glazed with rain  water  beside the white  chickens The Great Figure Among the rain  and lights  I saw the figure 5  in gold  on a red  firetruck  moving  tense  unheeded  to gong clangs  siren howls  and wheels rumbling  through the dark city.  This Is Just To Say I have eaten the plums that were in the icebox and which you...

Pablo de Rokha

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El hombre casado Soy el hombre casado, soy el hombre casado que inventó el matrimonio; varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre; hace mil, mil años hace que no duermo cuidando los chiquillos y las estrellas desveladas ; por eso arrastro mis carnes peludas de sueño encima del país gutural de las chimeneas de ópalo. Dromedario, polvoroso dromedario, gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares, voy trotando con mi montura de amores tristes... Alta y ancha rebota la vida tremenda sobre mi enorme lomo de toro ; el pájaro con tongo de lo cuotidiano se sonríe de mis guitarras tentaculares y absortas; acostumbrado a criar hijos y cantos en la montaña, degüello los sarcasmos del ave terrible con mis cuchillos inexistentes, y continúo mis grandes estatuas de llanto; los pueblos futuros aplauden la vieja chaqueta de verdugo de mis tonadas. Comparo mi corazón al preceptor de la escuela del barrio, y papiroteo en las tumbas usadas la canción oscura de aquel que tiene d...

Pablo Queralt: Nací en el cine

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E l viento balanceando las Spigelias y las Euphrasias bajo el cielo blanco ese es todo su amor esa frecuencia nos atraviesa felices en todas las escenas apiladas páginas y páginas en el sentido que el tiempo circula entre las squilas entre sus aguas el rumor y la transparencia en ese ir hasta en las esquinas de esas páginas vi lo geminiano vi lo escorpiano todo ese mundo en lo naranja profundo asombrado vi mi amor por todo dispersando sus sombras sus fuegos nos lanzamos en esa tonalidad a un cielo de final a esos ojos que me enseñaron cómo veía yo a mis aquí ahora sus ventanas más rápidas que el ojo que se abren en ese casi nada de esa luz feliz que deja percato el color el buzón donde echar la carta la necesidad de ese idioma esas palabras yo estoy allí yo levanto la tapa de otro cielo en el resplandor de esa pincelada tan leve. Y una vez y otra vez el momento de acercar la cara que se abre a algo como esa sensación de que el cuerpo flotará que nos hace libres es una llave si acercás ...

Basil Bunting

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Basil Bunting Bunting en Persia, por Christopher Domínguez Michael Es bien conocido el fragmento del libro sexto de las  Confesiones , de San Agustín, en que el de Hipona descubre, sorprendido, a San Ambrosio leyendo en voz baja. Entonces era inusual hacerlo: “Cuando leía, sin pronunciar palabra ni mover la lengua, pasaba sus ojos por las páginas, y su inteligencia en el sentido. Todo el mundo podía entrar a verle, ni era su costumbre avisar, de forma que, cuando yo entraba a menudo a verle, le hallaba leyendo en silencio, pues nunca leía en voz alta”. El  inglés Basil Bunting (1900–1985), fue, entre los poetas del siglo XX, el anti–Ambrosio. Este amante de la  recitación consideraba que mucha de la incomprensión pública  en torno a la poesía moderna consistía en que antes de ser leída en silencio, debía serlo en voz alta. Aunque amigo muy cercano de Ezra Pound, rechazó el imaginismo lo mismo que a aquel Mallarmé respondiéndole al pintor Degas que la poesía se hacía...