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septiembre 24, 2023

Juan F. Rivero


Fue este mismo verano     



 
Fue este mismo verano;  

en San Jacinta, el ficus macrophyla  
con su sombra de especie;  
 
en el Kasuga -taisha, los árrboles kami,  
las shimenawas blancas, 
las turistas, los ciervos; 

en Hendaya, abedules 
claros como albas rectas; 

en Sandia Peak, los pinos 
comemplando el Río Grande, 

y en la Alpujarra, 
masa de plata al viento, 
el castañar.
 
Fue este mismo calor. 
Fue comiendo esta fruta ya madura. 
Fue este mismo verano. 

O no, Las casas 
que vivimos vinieron separadas 
pero el tiempo las junta 
                 como a células dóciles; 
y qué más da, me digo, 

                                   Qué 
                                            más 
                             da, 

                     si el espacio es un músculo 
                     que jamás se destensa 
                     y hemos sido felices 
                     mientras se extinguía todo; 
                     bajo una sombra u otra, 
                     separados o no. 



Las hogueras azules, poesía española
JUAN F. RIVERO
(1991, Sevilla, España)
Fuente: conVersos n° 33
Imagen en Facebook


septiembre 21, 2023

Jorge Fondebrider: Emblemas de otra parte

Televisor   




Hay musgo sobre el tronco porque así pasan las cosas en el bosque  
donde no estoy ni estuve, pero vi.  
 
Los osos destrozan los salmones a mordiscos después de la rompiente. 
La luz del sol y su reflejo en las escamas. 
  
Faltan la zarpa que no escucho,  
el frío que no siento,  

Después está la grava, hay una pausa,
el hilo de la historia que se pierde.



Elegía por el casquete Polar Ártico


 

No sé nada de espiritualidad, 
palabra hueca, como es hueco el centro del bambú 
cuando lo sopla un tipo con túnica violeta 
y oye la música mientras vigila a China 
con todos sus tambores detrás de las montañas. 
Y tampoco tengo las respuestas 
precisamente porque no me hago las preguntas. Dios no existe. 
No hay forma de que crea. 
Yo ya dije: no sé nada. 
         Apenas escribo estas palabras 
sabiendo de antemano que el cielo y el infierno 
son la mejor opción para esta especie 
que a menudo se piensa superior, mientras el humo 
se eleva desde siempre 
y todavía hay gente que niega las cámaras de gas, 
las pieles derretidas con fóstoro y napalm. 

Después, hay que saberlo, están las focas, 
la foto de la sangre sobre el hielo, 
lo que queda del hielo, 
Y aquella otra con doscientos 
osos polares comiendo una ballena. 
Repito: dios no existe. Su alabanza 
cuando se acaba el mundo y suenan las trompetas, 
es mera estupidez.



Un mal poeta 




Me atraen los lobos y los cuervos por alguna razón que 
  desconozco. 
Emblemas de otra parte, patrimonio 
del norte de la suerte que nos toca 
Aquí, en el sur, abundan 
guanacos y pingllinos. 
La épica es esquiva. 
Yo no sé qué hacer con esos bichos.



 
para Eliane 

I. Para ir de Lyon Part Dieu hasta Roanne se pasa por Tarare 




Desde Lyon-Part-Dieu hasta Roanne hay 70 km en tren. 
El tren es regional y siempre para 
en Tarare, ciudad que fue priorato, a la que cruzan 
dos ríos: el Turdine y el Taret, 
Alrededor del siglo XVI, tejedores, curtidores, zapateros 
la convirtieron en la capital nacional de las cortinas 
La muselina, que es una tela fina originaria de Mosul, 
en el norte de Irak, la hizo famosa. 
Y luego llegaron los peluches, terciopelos. 
También llegó el rayón. 
Y en los años sesenta, la crisis. 
Por la ventana del tren yo sólo veo mueblerías. 
En la ventana del tren está el reflejo 
del día que avanza hasta su noche 
mientras el tren avanza hasta Roanne.



Al cabo de los años el cuerpo es una trampa 




Al cabo de los años el cuerpo es una trampa, 
una prisión que impide llegar donde queremos, 
hacer lo que deseamos, 
dormir sin sobresaltos. Duelen 
de forma irrevocable las articulaciones, 
las vértebras lumbares 
se Instalan en los músculos calambres. 
Es el momento de pensar que somos monos, 
los dientes que nos faltan, 
apenas organismos en la noche 
sin alrna, mera carne y falta poco.



Pensionista 




Me muestra la sala, el baño, la cocina, 
también mi dormitorio, donde dejó unas toallas bien dobladas, 
la cama ya tendida, 
y con orgullo señala la pecera donde nada 
detrás de algunas piedras 
su único habitante. 
Todo el amor, toda la fe que hay en la casa 
se concentra en ese pececito que vive entre burbujas, 
pendiente del reflejo de la luz 
de la vela 
que brilla indiferente al lado de su acuario, 
Para ella y para mi, 
y acaso para todos, 
la vida pende de un reflejo.



De: " La suerte que nos toca", Gog & Magog, 2022
Otros poemas de JORGE FONDEBRIDER, aquí
Imagen en X






septiembre 11, 2023

Kelly Cherry


Estudio para una Anunciación     




María en el pensamiento, aunque sus pensamientos están libres de pecado 
incluso en el pecaminoso Quattrocento. 
El ala de un ángel tan ancha y plana como una aleta, 
como si el ángel anunciador nadara a través del cielo azul. 
Esta ala tan ricamente extravagante que podría ser
la reluciente quilla de un barco dorado dirigido cuidadosamente
hacia la orilla, donde se transformó
en algo anfibio, cuyas palabras escuchó
como si se hubieran elevado a través de kilómetros de agua, distantes
y analizadas en sílabas como buceo. burbujas
y diciendo simplemente lo que ya sabía,
que incluso la vida perfecta comienza abajo
y no arriba, dentro del flujo, el flujo soñador
que la había atrapado en su resaca. 





Study for an Annunciation   




Mary in thought, though her thoughts are free of sin 
even in the sinful quattrocento. 
An angel's wing as wide and flat as a fin,
as if the announcing angel swam through blue
sky. This wing so richly outlandish, it could be
the glittering keel of a golden boat steered carefully
to shore, where it transformed itself into
something amphibian, whose words she heard
as if they had risen through miles of water, distant
and parsed into syllables like scuba bubbles
and saying merely what she already knew,
that even the perfect life begins below
and not on high, within the flux, the dreamy
flow that had caught her in its undertow. 




KELLY CHERRY
(1940, Baton Rouge, Louisiana / 2022, Halifax, Virginia, Estados Unidos de NA)
Imagen en Numero Cinq








septiembre 07, 2023

James Laughlin: ¿Hacía copias de sus poemas?


¿Que trato le dispensaba Laura a Petrarca?    



Las crónicas de su día son algo vagas. 
Nos describen su belleza y devoción. 
Los poemas a ella dedicados tienen imágenes románticas, 
pero no pasan a considerar el meollo del asunto. 
¿Le suma los calcetines? ¿Le toleraba 
sus berrinches? ¿Hacía copias de sus poemas? 
¿Le frotó con bálsamo el cuello adolorido?
Estas son preguntas importantes para los poetas de hoy día
que están por elegir una compañera de por vida.


How did Laura treat Petrach?



The contemporary records are somewhat vague.
They speak of her beauty and her devotion.
The poems to her have romantic imagery,
But they don't get down to thc nitty-gritty.
Did she mend his socks? Did she put up
With his tantrums? Did she rnake copies
Of his poems? Rub balm on his sore neck?
These are important questions for today's poets
As thev set about to choose a life's companion.





Otros poemas de JAMES LAUGHLIN, aquí
Traducción: Aurelio Major
Imagen en Cooper Cayon Press

septiembre 06, 2023

Cuatro poemas de Horacio Pérez del Cerro




ESE hombre era un gigante,
un casco fantasma en uniforme de un barco cocodrilo
el líquido de las armas escamoteado en su mano de arena, y pífanos
en desbande bajo una lluvia de humo y clavos en la almohada.
Una mañana en una plaza
cansado de escuchar el chasquido del dominó sobre la mesa de piedra
levantó vuelo a las torcazas, nidó en ramas de diamante a las monteras
un saco azul de flores mezclado en sus ideas.
Ese hombre de gigante miraba desde abajo,
todas las notas de otro pentagrama…



IDÍLICO el suplicio bate, su cubilete en herradura
cerrando números sus cúbicos poliedros, tonsura que
destraba a Moebius su precaria motivación, a Escher sus
escalones circunvalando, a magos sus colores prestidigitados
como alabardas sinuosas de prender hoguera al estallido
de dos para ser una sola estrella.



COMO esa flecha que rozó el cuello de la maestra,
su honda pena de argumentaciones que pueden ser
jirafas en un sidecar, a la misma velocidad que la flecha
y agujetas de reloj incrustadas en la pupila de otra
maestra herida de otra flecha, disparada como escupitajo
rodando sobre el albornoz de lecturas diagonales de la historia
esa misma herida que la maestra muestra caverna de sangre
en su rodilla, huesito sarmentoso apolillado como la lana
del telar de doña paula, y su odio hilando cada puñalada…



ALLÁ en el cuello de otra cintura, donde la nube no hace del cielo su jamelgo
ni la rompiente sangre quiebra tallos de plantas que no existen, hojas
le crecen a la luz ojos que se desprenden de sus lágrimas, abandonan
toda expresión en la mirada, deseo de sumirse al sueño, o calcular colores
que miden las espuelas de la curiosidad, donde la sorpresa del acontecimiento
se pierde castamente, en el vuelo de una jauría de loros carniceros,
catástrofes producidas por la razón, sus leyes tutelares y el despojo
de quienes ciegos se prosternan
ante el falso amor de un dios corrupto…


4 poemas, Personajes, poesía argentina
HORACIO PÉREZ DEL CERRO
(1950, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Ayesha

septiembre 02, 2023

Nadie sabe qué hacer con los poetas, por María Malusardi


Lo que el lector tiene en sus manos es un vivero de citas, un puñado de misceláneas personales, de breves reseñas y de entrevistas (o encuentros en la página), cuyo único fin es provocar contagio y movimiento, combatir el adormecimiento y la resignación. Citar un texto, dice Benjamin, implica interrumpir su contexto. “La cita –profundiza Giorgio Agamben–, al separar un fragmento del pasado de su contexto histórico, le hace perder su carácter de testimonio auténtico para investirlo de un potencial de enajenación que constituye su inconfundible fuerza agresiva”.


Años atrás comencé, de manera informe y agresiva, un diario íntimo, al que llamo Diario de poéticas, centrado, esencialmente, en mis lecturas y sus provocaciones y en mis roces con la escritura. Me dediqué a apuntar lo que cada autor dejaba en mí o marcaba en mí tendencias. Citas que son disparos. Escrituras “desgarradas”, escrituras del “desastre”, sus entramados mañosos, sus asperezas, sus vísperas.

Aún me dedico a perseguir, capturar y reflexionar sobre las problemáticas propias de la escritura de cada quien, seguramente en busca de mi propia fertilidad. O bien como un modo de expiación ante lo incomprensible, lo inalcanzable.

Cuando leí los tres volúmenes de El libro de los márgenes de Edmond Jabès, sentí el ardor de lo posible imposible. Jabès congestiona con citas sus digresiones. O bien, a partir de las citas que surgen de sus lecturas, abre caminos de escritura propios y pasionales. Las ideas que suscita un autor se confunden en uno hasta formar parte de uno, es decir de ese único libro que nos constituye. Hay un libro, un único libro, dice Jabès, del que somos “a la vez el autor y el lector, aquel que nunca terminamos de leer, de escribir”. No es un tipo de confusión problemática sino de esas raras ocasiones en que la confusión constituye, precisamente, una necesidad.

Esto no pretende ser un ensayo ni tradicional ni compacto. Intenta una cartografía de escrituras que disertan abiertamente: voces sobre voces; voces entre voces; voces con voces. No pretende ser más que una bitácora de ese viaje irrepetible por la escritura poética. La de otros y la propia, como consecuencia. Un fardo de citas ajenas que de alguna manera nos explican y dicen de nosotros, humanos, más de lo que sabemos y no alcanzamos. “Cuando leemos un libro –escribe Jabès– sólo leemos lo poco que contiene de nuestra alma y de nuestra vida. Y lo que nos enseña suele ser suficiente para llenarnos de alegría o para destruirnos”.

Nadie sabe qué hacer con los poetas se sostiene en el ascenso y descenso de mis lecturas. De mis deseos y de mis tumbas. No hay un orden preconcebido, sino un eje zigzagueante que se sostiene en el temblor de su humanidad y de cierto ritmo y musicalidad de las ideas punteadas en las palabras.

Ideas. La idea. La idea no es cerrar. Ni sacar conclusiones concluyentes. La idea es generar el deseo por la poesía. Recoger las migas que poetas y pensadores van dejando para recorrer un camino posible sobre la poesía. La idea es llegar a entender lo que no hay por qué entender de la manera que imponen los vientos de la época. La idea es no forzar ni obligar a nadie a que se arrime a aquello que, por su ajenidad con lo demente, tendrá siempre tan lejos. La idea es dar a conocer las posibilidades del espíritu humano cuando vibra con el mundo, tanto en sus derrumbes como en sus regeneraciones. Y certificar que la poesía habla por sí misma a través de quienes le han sabido dar su voz para defenderse de la mudez de la infancia, la propia, la del mundo. La idea es seguir abriendo afluentes constantes, enramados de tesis y delirios, prolongando algunos hasta un imposible infinito, dejando a otros textos mutilados, muñones de ideas por el camino, porque también de mujeres y hombres rotos está hecho el mundo. La idea es denunciar el vacío, pronunciarlo, quererlo, amamantarlo. La idea es supurar cuando canse y abstenerse cuando supure. La idea es morir de muerte inacabada cuando las palabras digan basta, nos hemos cansado de escucharnos, ya no sentimos más que repetición en el abismo de nuestra retórica.

Acaso porque el poeta es un testigo insatisfecho (dixit Mario Luzi), nadie sabe qué hacer con los poetas.

Imagen: Librería Norte

septiembre 01, 2023

Allen Ginsberg: Aullido


Aullido    

a Harold Solomon 


  He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.

  Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados. 

  Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra. 

  Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.

  Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.

  Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York.

  Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños, con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas, ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos municipales el neon estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de la mente.

 Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz del Zoo.

  Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickford's emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desolado Fugazzi's, escuchando el crujido del destino en la caja de música de hidrógeno.

  Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores platónicos bajando de espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando... 


Continua en Página de poesía


En mayo de 1957 el fiscal Chester McPhee ordenó retirar de las librerías la segunda edición de Aullido, el poema escrito por el entonces desconocido Allen Ginsberg. Lo hacía alegando que “las palabras y el sentido de la escritura” eran “obscenas”, y aseguraba que ningún padre querría ver a sus hijos leyendo una obra así. Poco después, el 21 de ese mismo mes, el poeta Lawrence Ferlinghetti, responsable de su publicación, y el librero Shigeyoshi Murao eran arrestados por ser los principales culpables de su difusión. Y empezaba una historia, en donde entraría también en juego la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, que iba a dar una publicidad inusitada a una obra que de otro modo no habría recibido esa atención mediática.

Cuatro meses y medio después, el 2 de octubre de ese año, las autoridades calificaron el poema de Ginsberg como simplemente un ejercicio de libertad de expresión. De este modo, pudo publicarse de nuevo aquel texto en donde se pintaba el lado más escabroso del sueño americano. Desde esa primera línea en donde Ginsberg aseguraba haber visto “las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas” a las líneas en que dibujaba sin máscaras los más oscuros ambientes de drogas, sexo y autodestrucción.

De izquierda a derecha: Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg en 1959

Ginsberg había empezado a escribirlo en San Francisco, tras permanecer ocho meses en un hospital psiquiátrico, y lo había dado a su amigo Jack Kerouac para que le trasmitiera sus impresiones. Luego, había ido a Berkeley para matricularse como estudiante de postgrado en el departamento de inglés de la Universidad, curso que nunca completó, pero durante el cual logró poner fin a su poema. Fue, como le dijo Ferlinghetti cuando lo escuchó declamar por primera vez, “el comienzo de una gran carrera”. Porque, efectivamente, junto a En el camino de Kerouac y El almuerzo desnudo de William S. Burroughs se convirtió en el texto que sentó las bases de la “Generación Beat”, del mismo modo que se ofreció como un modo de entender la poesía y la literatura totalmente nuevos. De hecho, la victoria en los tribunales llevó a sus seguidores a contemplarlo como el mejor testimonio de su lucha contra el sistema, al que veían tan corrupto como malsano.

Ginsberg calificó en 1986 su obra como “una bomba de tiempo emocional” en donde denunciaba el mundo del pasado y reivindicaba el que traería la juventud. Aunque fuera con una sensación de derrota y a través de una sucesión de imágenes que sumaban el surrealismo, la exageración y el exceso (así, podían leerse frases como: “realidades de salones de Peyote, amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados, barrios de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante, vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Brooklyn, desvaríos de cenicero y bondadosa luz reina de la mente”).

Las críticas, por supuesto, no faltaron, pero eso no evitó que muchos artistas, sobre todo poetas jóvenes, le siguieran y trataran de imitarle. También algunos músicos que quisieron cambiar para siempre las letras de las canciones. De David Bowie a Iggy Pop, pasando por Lou Reed y Bob Dylan, quien forjó una sólida amistad con Ginsberg por todo lo que tenían en común (manifestada en la aparición de los dos en el clip de la canción “Subterranean Homesick Blues” y en las canciones que grabaron conjuntamente).

Bob Dylan y Allen Ginsberg

Aullido fue, sin embargo, la gran obra de Ginsberg, pues nunca volvió a repetir su éxito. Aunque haya quienes piensen que trabajos como Kaddish –en donde refleja los problemas de salud mental de su madre- están al mismo nivel, al igual que su Cosmopolitan Greetings: Poems 1986-1992, el cual, en 1995 logró ser finalista del Premio Pulitzer.

Sin embargo, eso no quita que haya críticos que, aún defendiendo su obra más famosa, califiquen a Ginsberg como simplemente, el representante de una época concreta que se impulsó por el deseo de cambio de su generación. Y que incluso afirmen que su gran “fallo” fue el hecho de no fallecer antes, pues de ese modo habría mantenido, como Kerouac, su estela de escritor maldito. Pero, como su compañero Burroughs, Ginsberg logró sobrevivir a sus excesos y tuvo que convivir –sin dejar atrás los escándalos políticos y sexuales- con su propia y enorme leyenda. En cualquier caso, nadie puede discutir que Aullido fue, históricamente, junto a La tierra baldía de T. S. Eliot, el poema más importante de la literatura estadounidense del siglo.

Fuente: Hermeneuta