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Mostrando las entradas de noviembre, 2009

Germán Arens

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Descanso Apoyado en el arado de rejas descanso. Dejé las luces del Massey encendidas. Silbo un silbito triste y las liebres de orejas paradas se me arriman. Una lechuza avisora vidente en uno de los postes de un alambrado de cinco hacia el campo de quien se dirige la muerte. Estoy abajo del cosmos pendiendo de la tierra patas para abajo. Hasta hace un momento estuve cerrando un cuadrado perfecto de hectáreas abiertas. Cuando termine de silbar voy a dar diecisiete vueltas más hasta cerrarlo del todo… y una vez finalizada mi tarea voy a dejarme ser por unos instantes el punto central de un cuadrado perfecto. GERMÁN ARENS  (Bahía Blanca, Argentina, 1967) Imagen: Fernando Fader

Eugenio Mandrini: Silencio del poema fallido

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Silencio     Silencio del poema fallido, del espejo ausente de las  confesiones, de la lengua atascada en el horror.  Silencio del ciego ante un súbito resplandor.  Silencio del ojo hipnotizado por el fuego, y del ojo que se   escruta a sí mismo hasta el llanto o la intriga.   Silencio de la ropa fuera del muerto, del perro desorientado bajo la noche del eclipse, del barro aprisionado en la vasija. Silencio del que apunta el arma a un cuerpo de animal o de hombre, y silencio cuando guarda el arma viendo cómo el cuerpo de animal o de hombre se detiene, pierde luz, cae. Silencio de la mirada de lujuria, en tanto que la lengua no murmure corriendo por los labios. Silencio del humo después de la devastación. Silencio del que oye un ruido en la noche y permanece inmóvil hasta que el amanecer enciende las luces de la casa. Silencio del árbol olvidado por el viento, los pájaros, la música del estío y el batir de los insectos nocturnos. Silencio...

Raymond Carver: Una tarde

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Una tarde Mientras escribe, sin observar el océano, siente entre sus dedos el temblor de la pluma de su lapicera. La marea se retira arrastrando pequeñas piedras, restos de la vida marina. todo esto no tiene nada que ver, no, con el origen de su emoción. No. Su corazón se acelera porque ella en ese instante ha decidido entrar completamente desnuda en la habitación. Somnolienta, por un momento no puede imaginar dónde está. Se dirige al baño. Sacude su cabellera. Se sienta en el inodoro con los ojos cerrados, la cabeza inclinada; las piernas extendidas, abiertas. No ha cerrado la puerta del baño, él puede verla. Quizás, ella esté recordando lo que sucedió esa madrugada. Porque después de un rato, abre un ojo y lo mira. Y sonríe con mucha dulzura. RAYMOND CARVER  (Oregon, 1938 / New York, 1988, EUA) Desocupado y más poemas, Ediciones Calle Abajo, 1989 Versión de Esteban Moore Enlaces:  Hijo    Una mujer se baña   Madera de balsa Imagen:  http://www.itsnicethat...

Malcolm Lowry: Amarrado a este fatuo...

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Salida de sol     Sin rastros de ebriedad cabalgué hacia la aurora,  con mano firme empuñé la única rienda,  recién calzado, recién absuelto -pero no recién nacido-  en la grandilocuente, la cordial pradera.  Desatado como el cielo corría mi corcel  y en armonía con el cielo brotaba mi canción.  Ah, los años a mi espalda parecián perdidos, perdida la proeza,  cuando olvidados los estribos yo cabalgaba.  -Pero qué cactus son estos en mis manos,  perros salvajes y espectros, ¿lo envuelven todo? y regresé a esa tierra crepuscular, galopando, galopando, galopando Amarrado a este fatuo, a este inexorable caballo de ojos sin párpados y de nombre, remordimiento. MALCOLM LOWRY  (Liverpool, 1909, Sussex 1957, Inglaterra) Versión de Laura Nicastro en revista El ornitorrinco, enero de 1979

Eugenio Montale: No te olvides de mí

Esa flor que repite...     Esa flor que repite al borde del barranco  no te olvides de mí,  no posee colores más alegres ni claros  que el espacio arrojado entre tú y yo.  Un chirrido se suelta, nos separa, el obstinado azul no reaparece. En el calor casi visible me devuelve a la opuesta etapa, oscura ya, el funicular. EUGENIO MONTALE  (Genova 1896 / Milán 1981, Italia) De "Motetes", traducción Horacio Armani

Luis E. Alonso: Soplar en el viento

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Soplar en el viento     h e vuelto a ver un hombre que deseó escribir una melodía que te volviera completamente loca nena que soñó un empleo donde tocar la armónica y soplar en el viento, soplar en el viento los días de oro, las edades del dulce hartazgo una foto de Radiolandia con los ojos puestos en un lugar magnífico y ese hombre no es Bob Dylan, los Rolling Stones cantando pasemos la noche juntos no es el muchacho en moto que ves pasar por esas autopistas llenas de avisos comerciales ni ha escrito la melodía perfecta donde por un instante has oído el paraíso Ese hombre es Paco que trabaja en una carnicería Perdón ahora que estoy dormido y me ha tocado el corazón para saber si aún vivo te siento como Malena más buena que yo y repito que cruzar el Riachuelo en bote No fue una hazaña aquella vez sino un símbolo de amor como tu mano apretándome ahora como aquellos caballos abrazados que vi cuando partía en busca de oro para volver pobre como Juan de Garay con estos versos...

Fabián Casas: Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.

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Cancha Rayada Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento. Es un día de calor sofocante y en el asfalto recalentado vemos la sombra de un pájaro negro que vuela en círculos, como satélite de nuestra desgracia. Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas, ruge todavía en la cancha. Acabamos de perder el campeonato. La cabina del auto es un horno a leña; los asientos queman y el sol que pega en el vidrio, enceguece. Pero no importa, como dos bonzos dispuestos a inmolarse, nos sentamos y enciendo el motor: Fabián Casas y su padre van en coche al muere. FABIÁN CASAS  (Buenos Aires, Argentina, 1965) De "El Salmón", Libros de Tierra Tirme, 1996 Imagen: abc.es

Raymond Carver: la porosa fragilidad de la madera balsa...

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Madera de balsa Mi viejo parado frente a la cocina sostiene sobre la hornalla encendida una sartén en la que prepara un revuelto de huevos y seso. Yo me pregunto: ¿Quién tiene hambre esta mañana? En un día como el de hoy siento en mi cuerpo la porosa fragilidad de la madera de balsa. Las palabras flotan en el aire. Algo ha sido dicho. Mamita lo dijo. ¿Qué es lo que dijo? Algo, estoy seguro, relacionado con el dinero. Quiero ayudarlos. Lo haré si no desayuno. Mi viejo le da la espalda a la cocina oxidada. Grita: "estoy en un pozo", vuelve a gritar: "no me hundas más". La luz se filtra a través de la ventana. Alguien llora. Lo único que puedo recordar es el olor intenso del seso y los huevos quemados en la sartén. La mañana entera mezclada con otros desechos es arrojada al tacho de la basura. Minutos más tarde salimos en el auto hacia la quema, un viaje de unos 15 kms., no nos hablamos en el trayecto. En los montículos, oscuros, malolientes, tiramos nuestras bolsas y ...