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noviembre 28, 2024

Judith Mok: En un muelle de Chile alimentando a los pelícanos

Poeta y soprano holandesa con abrigo marrón sobre un fondo gris con vetas

Mother     


for Cliodhna Ní Ríordáin 

When mother died 
We opened the windows 
To let her time freeze up in the cold air 
Listening to the Brahms Requiem, I sang along 
That all flesh is ash, ash in her coffin. 
Inadequate machinery took it rattling down.
We heard a hollow sound in our silence
Driving through the polder,
The firmament had landed on the ground
Its stars frozen in the snow covered fields,
To enter a box of concrete where we stood waiting
For her flesh to turn to ash.
A child voiced our last question, where had Grandmother gone?

Then I stopped asking mother questions
I crossed the Andes
And saw a condor spread my scream
Sat shiva for you, mother
On a pier in Chile feeding the pelicans fish
And the Pacific with the pages of my unread book
Days of travel on a small bus
Listening to Mahler's 4th in my earphones
With that bus attendant, her wave of shining long hair
Like a perpetual dark flag in front of my dead eyes.
People handed me back my forgotten wallet with a smile
At the exotic market where I had gone to call mother
Because I was so far away from home
I couldn't remember
That her voice on the line was dumb with ash
I told her all the same
How I spotted a puma catching up with the speed of my life
That had been hers, mother's
And how I loved being her child.



Madre    

for Cliodhna Ní Ríordáin 



Cuando mi madre murió 
abrimos las ventanas 
para dejar que su tiempo se congelara en el aire 
frío, escuchando el Réquiem de Brahms, canté
que toda carne es ceniza, ceniza en su ataúd.
La maquinaria inadecuada lo llevó a traquetear.
Oímos un sonido hueco en nuestro silencio
conduciendo a través del pólder,
el firmamento había aterrizado en el suelo
Sus estrellas congeladas en los campos cubiertos de nieve,
para entrar en una caja de cemento donde nos quedamos esperando
que su carne se convirtiera en cenizas.
Un niño nos hizo la última pregunta: ¿adónde se había ido la abuela?


Entonces dejé de hacerle preguntas
a mi madre Crucé los Andes
Y vi un cóndor difundir mi grito
Sat shiva por ti, madre
En un muelle de Chile alimentando a los pelícanos
Y el Pacífico con las páginas de mi libro
no leído Días de viaje en un pequeño autobús
Escuchando la 4ª de Mahler en mis auriculares
Con esa azafata de autobús, su ola de cabellos
largos y brillantes como una bandera oscura perpetua frente a mis ojos muertos.
La gente me devolvió mi billetera olvidada con una sonrisa
En el mercado exótico donde había ido a llamar a mamá
Porque estaba tan lejos de casa
que no podía recordar
Que su voz en la línea era muda por la ceniza
Le dije de todos modos
Cómo vi a un puma poniéndose al día con la velocidad de mi vida
Que había sido suya, Y
cómo me encantaba ser su hija.




JUDITH MOK
(1950, Bergen, Holanda, Países Bajos / Irlanda, 2024)
Fuente: The Irish Times
Página traducida por Google
Enlaces: Página de Judith Mok | Instagram
Imagen: The Irish Times

noviembre 21, 2024

Andrea Testarmata

XII     


Poeta Andrea Testarmata sonriente en una fotografía en blanco y negro

Entonces vendrán 
y la noche no será oscura 
será solamente 
donde se destejen y desnudan 
las historias más terribles.
Un aullido de lobo infinito 
entre los árboles 
estalla el sueño. 
El lobo no constituye un peligro 
el hombre sí 
se oculta entre los árboles 
en la noche 
dispara el rifle 
atravesando las hojas 
a ver cuál de todas cae 



XVII




La caza de las ciervas
desde tiempos remotos
tiene dos objetivos muy claros.
Uno es cocción a la parrilla
el otro es conservas en escabeche
esto referido a su carne
así quedan desnudas.
Todo tiene otra finalidad:
abrigar a los desilusionados
por amor con calor salvaje.
Siempre el desamor se siente
como el cuero de un animal muerto
sobre otra piel



XVIII




Lo que nadie te dijo es que
la cornamenta de un alce
puede pesar
hasta casi
36 kilos
y tus cuernos ¿cuánto pesan?
y tu corazón en llaga viva ¿cuánto pesa?
¿Cuánto pesa la tristeza los domingos
cuando estás solo tirado en la cama?



XXII




Un mito europeo
dice
que si un ciervo blanco perfora
el cristal
de tus ojos
nunca te faltará salud.
Para los celtas
el tono de piel
de los ciervos blancos
es igual a la enfermedad
que atraviesan
tus ojos
cada vez que sentís
que ese día
será el último en poder ver
a un ser querido



XXVI




El ciervo acuático chino
es la excepción
mientras todos tienen cuernos
él no.
Es el único macho que tiene colmillos
a diferencia de otros
muerde más.
Se dice en una leyenda china
que si un ciervo acuático se acerca
es una clara señal
de que te engañan en el amor.
Por eso para algunos
la infidelidad
no lleva cuernos
sino dientes que quedan
clavados en el alma.
Y yo no quiero morderte


ANDREA TESTARMATA (1982, Bahía Blanca, Buenos Aires)
De: "Ciervas", Baldíos en la lengua, 2020)
Enlaces: Poetas argentinos | Baldíos en la lengua

noviembre 18, 2024

Poesía por narradores




Ciclo Coliseo de Poesía: Poesía por Narradores, en el Museo del Libro y de la Lengua

noviembre 15, 2024

Luis Benítez: A desplantes crece la pasión de la sufrida albahaca

EL AMOR DE LA ALBAHACA




No es la anónima, la de las grandes plantaciones industriales,
destinada al secado por toneladas,
la que aflora etiquetada en todos los supermercados de este mundo.
Tampoco la singular, la noble albahaca que ciñó Virgilio
entre sus labios y humedeció la mano de Horacio entre los álamos.
Es la rastrera, común albahaca salvaje de los campos,
la única y la sola que nos mira siempre verde entre las ruinas,
la que saluda desde hace millones de años
entre las piedras. Allí, donde seguramente no es querida,
asoma sus muñones empecinada, con la sola ayuda
de unas gotas de lluvia casual, de a cada tanto:
un gramo de tierra le basta a la paciencia de la albahaca
para amar el rincón entre ladrillos rotos que, parece,
quieren expulsarla para siempre de su seno.
Persevera sola en su manchón de verde
entre lo estéril, lo que le niega el sustento
es aquello que más ama: más quiere agotarla,
más se empecina; más quiere secarla, más florece.
La indiferencia la abona y riega sus hojas
el desdén. A desplantes crece la pasión
de la sufrida albahaca. Y cuando aquello parece
(una vez cada año sucede que se ausenta)
alcanzan cuatro lágrimas celestes
para que resurja de la nada como antes,
otro milagro del amor, que no conoce
la muerte, ni el olvido ni el engaño:
raíz que persiste honda entre cenizas y polvo,
milagro que florece a solas, prodigio
sin correspondencia alguna, la albahaca
es el amor que no se calla ni seca,
por propia voluntad ni por ajena.




Hormigas




este camino viviente

que atraviesa el jardín

viene de un país

que no es el nuestro.

aunque todo el tiempo

atravesamos la superficie del otro reino

desconocemos sus selvas diminutas

el desolado desierto de una baldosa

la efímera catarata de una canilla abierta

los sucesivos abismos que abre una escalera.

abajo y alrededor de nosotros

otro mundo infinito se derrama.

nos inquieta que ese entrevisto dominio

se asemeje tanto a lo que vemos

desde la ventana de un vigésimo piso.

muy lejos y a nuestros pies

otros asesinatos heroísmos y maldades

tienen sus tiempos y ocupan sus lugares

de un modo que juzgamos mecánico:

el sentido de esos días que transcurren distintos

como mucho es un enigma

que enseguida desdeñamos.

su remoto parentesco nos asusta

cuando observamos a un niño

prestarle su atención más entera:

olvidará al crecer las veces

que fijó los ojos en el otro reino

aquel que como el nuestro

comenzó el mismo día.




Nadie sabe dónde estuvimos




toda la tarde llovió

y nadie sabe dónde estuvimos

de ahora en más
me quedaré en tu sombra

viviré el fin de las estaciones cuando

el insecto retorna a su estado de larva

listo para creer que cada uno que anda

por la calle es uno que yo conozco

pero yo me quedaré en mi cuarto

hecho de tu sombra

en una habitación oscura

donde la muerte es una desorientada mensajera

donde entraré en esa pobre tan mínima luz

sea como eso sea




Otros poemas de LUIS BENÍTEZ, aquí

noviembre 13, 2024

Dalmacia Ruiz-Rosas Samohod


...Ahora bien, que el título Peligro de los labios rojos provenga de los “nadaístas” o, más precisamente, de un verso del poeta colombiano Juan José Arango es algo circunstancial, ya que nuestra autora sigue desarrollando o especulando nuestra poesía contemporánea. Bien por el colombiano y bien por la peruana. Sigamos. ¿Quién habla en el poema? ¿Desde dónde sometemos nuestro silencio interminable? Creo que lo poetas picamos de otros poetas. Esa es nuestra lealtad. Dalmacia sabe decir antes de escribir. En Peligro de los labios rojos la ciudad se nos parece y debemos negarla, aun cuando sobrevivir sea la aparición de uno mismo al sentir insatisfacciones ante la costumbre de los tiempos, pero no de algo común. El poema es siempre una subversión donde se revelan individualidades, sus propias formas de organizarse y comprometerse en la construcción de una nueva vida de orden o desorden mientras arribamos a nuestra dignidad. Aquellos que alguna vez se rieron de nosotros (nos dice la poeta) lúcidamente, pero, ¿quiénes son ellos? Me atrevo a decir que son las voces del tiempo y su desarrollo empobrecido, me atrevo a especular de otra decisión correspondiente del poema. He ahí la actualidad de Peligro de los labios rojos, libro de los futuros inciertos que toman relevancia en los contextos políticos de crisis actuales de nuestros países hispanoamericanos.
                                                                                                  Presentación de Willy Gómez Migliaro (fragmento)

Poeta peruana Dalmacia Ruiz Rosas viste una blusa con transparencias sobre un fondo negro. En la mano apoya en el mentón se destaca un anillo importante


ODIO ESTA CIUDAD de viejas casas bombardeadas
donde te encontré saliendo de bares oscuros
asquerosos
           La neblina la música y la mugre forman una pasta
que se adhiere y enjabona las calles nuestros cuerpos
Sucias viejas recogen desperdicios y periódicos
con los cuales calentarse
en las puertas de centenarias catedrales
mientras dulces y hediondos homosexuales retocan con cuidado
la fingida sonrisa de la noche
La luz grasosa de un bar nos envuelve
y tú lees poemas mientras veo tus largos cabellos negros
ensortijarse alrededor de tus orejas y tu cuello
Nos reímos de todo caminamos abrazados
buscando al pie de los barrancos casas que no existen
por entre muladares ambulantes y microbuses
que como cucarachas hambrientas nos persiguen
Salen de todos los rincones
hasta alcanzar el punto más alto de mi histeria
que necesita el refugio de un parque enrojecido
donde se filtre el verde más verde el verdadero
Sola
      devorando sin ganas las calles que separan
      tu cuerpo    de    mi cuerpo
sin viento ni tus dedos que revuelven mi cabello
Y afuera la ciudad estalla viscosa repugnante
como una fruta podrida
Reventada.

 


ME HE ACOSTUMBRADO a verte
de todos los tamaños
según sean las estaciones de lluvias
o de soles
Y podíamos encontrarnos con sólo unas papitas
de días en el estómago
Por la Cuatricentenaria juntando
moneditas sucias para comprar cigarros
Por la Av. Mac Gregor
contemplar culitos embluyinados
Amemos a nuestras mujeres hasta el hartazgo
las calles del Centro nos muerden los tobillos
nos lleva la mañana la gente nos agrede nos desea
Hey mister
                 Hey mister
                            lustrabotas
Vivir es subversivo.



RUMBOS Y PRESAGIOS

                                                    De los poetas

Después de haber purgado en el infierno su ignorancia
ya no sentía que el sonido de mi piel era profano
¿Adónde queda aquel parquecito
al que íbamos y nunca más
volvimos?
Algo dolía en la penumbra
qué soledad cuando se fue la Luna
Adiós Luna melón azul
diábolo que naufraga
déjame aspirar
de tus atigradas madreselvas
al son que me murmuran:
veinte de Góngora
tres de Lope.



DALMACIA RUIZ- ROSAS SAMOHOD (1957, Lima. Perú)
Fuente: Proyecto Patrimonio
Enlaces: Terra ígnea | Proyecto Patrimonio 
 Fotografía: Miguel Carrillo

noviembre 06, 2024

Cátulo Castillo: Ni el tiro del final

Desencuentro

                                                                                                (Tango. Letra: Cátulo Castillo y música de Aníbal Troilo)



Estás desorientado y no sabés
qué "trole" hay que tomar para seguir.
Y en este desencuentro con la fe
querés cruzar el mar y no podés.
La araña que salvaste te picó
-¡qué vas a hacer!-
y el hombre que ayudaste te hizo mal
-¡dale nomás!-
Y todo el carnaval
gritando pisoteó
la mano fraternal
que Dios te dio.

¡Qué desencuentro!
¡Si hasta Dios está lejano!
Llorás por dentro,
todo es cuento, todo es vil.

En el corso a contramano
un grupí trampeó a Jesús...
No te fíes ni de tu hermano,
se te cuelgan de la cruz...

Quisiste con ternura, y el amor
te devoró de atrás hasta el riñón.
Se rieron de tu abrazo y ahí nomás
te hundieron con rencor todo el arpón

Amargo desencuentro, porque ves
que es al revés...
Creiste en la honradez
y en la moral...
¡qué estupidez!

Por eso en tu total
fracaso de vivir,
ni el tiro del final
te va a salir.



CÁTULO CASTILLO
(1906 / 1975, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)

noviembre 02, 2024

Cecilia Arellano: Atajos largos que terminaban en otro lugar


De todo     

 

Me han dado de todo: 
tiempo de dudar, de aprender, de perderme, 
me han dado una pasión sin aviso, 
arrebato de presente, naranjos en flor, 
nube de mariposas, 
primavera y otoño mezclados. 
  
Me han dado dos veranos, el mar,
la amistad encarnada, la palabra gorda,
puente, sonido, materia, vibraciones.
Me han dado de todo,
y lo que me han quitado también me lo han dado.
 
Me han dado caminos transversales,
atajos largos que terminaban en otro lugar.
Solsticios encimados.
 
Me han dado el amor como quién ofrece pan caliente
en una mañana de frío,
cobijo de vida, alegría por nada,
Camino, peso y huella.
me han dado la vida pura y fina,
vida extra virgen,
vida en polvo traslúcido que se pone dorado con el sol
y se pega a la piel.
 
Me han dado lucidez y confusión en simbiosis.
Desparpajo, que no sabía que podía,
que no sabía que quería.
 
Me han dado tiempo de asentamiento,
tiempo para crear, sonreír en soledad,
mirar el horizonte y callar.
Me han regalado una media noche para bautizar
y un temblor de alma.
Humedades, calor, abundancia de estar, torbellinos y luz.
Me han dado de todo.



Fosforescentes

 

 
Es larga la vida ahora.
Antes moríamos cuando se caían los últimos dientes,
alrededor de los 30 años,
ahora llevamos sobrevidas con nuestros muchos dientes,
pudiendo masticar demasiada comida
y permanecer en el ciclo
despertar/dormir, producir/producir,
lograr/dejar pasar, comer/defecar,
inventarle sentido a las cosas.
Hace poco que vivimos tanto.
Debe ser por eso la sensación
de que estamos tiempo demás en esta tierra.
Estoy en el aeropuerto, no lugar por excelencia.
El plástico lujoso, la luz fosforescente,
los perfumes mezclados y la música electrónica,
arman una puesta en escena del devenir.
Ese tiempo demás, ese exceso ajeno
me empoderan de algo que no capto.
Y se atraen,
                  se aparean
                                    soledad y libertad
                                                                   en un combo onanista.
De repente me apuntan todas las luces blancas
del aeropuerto-shopping-baño:
en este piso brillante y apátrida me vuelvo inmune, heroica.
Pero llego a mi país natal y me traicionan los códigos,
la comunidad local me aplasta unos 5 cm
aproximadamente.

Mujer con la vista hacia arriba. Se distingue una profusa cabellera color castaño. El fondo está difumado
CECILIA ARELLANO 
De: " A través", Barnacle, 2024

Cantante, compositora y autora argentino-brasileña. Sus obras, búsquedas e influencias están atravesadas por su biografía; natural de Argentina, la dictadura de este país la llevó a Brasil. Estudió Ciencias Sociales en la USP, Brasil. Diplomada en Canto en el Conservatorio Real de la Haya, Holanda. Desarrolló gran parte de su actividad musical a lo largo de 14 años en Suiza y Holanda. Crea espectáculos de artes combinadas. Investiga sobre la palabra escrita y sonora: puentes entre el habla y el canto, la musicalidad de lo oral, la retórica de la música, el cuerpo que viste palabra. Es profesora titular en la Universidad Nacional del Litotal, ISM, coautora del libro “La voz popular” 2da. edición (2019) y autora de “Apego” (2022), mención en Dramaturgia del Concurso Municipalidad de Santa Fe.
Publicó los discos “Choro para Carmen”, “Canções Assim”, “Encantaria”. Los últimos “Apego” (Premio FNA) y “Ancestral” son de composiciones propias. Se presenta con sus espectáculos en Argentina, Brasil, Francia, España y Suiza (Opera de Lyon, Burghof Theater, Festpielhaus St Pölten, T. Colón, T. Argentino de La Plata y T. La Ribera entre otros). Trabajó con el director y dramaturgo Rafael Spregelburd de quién también estrenó en el CTC del Teatro Colón y en Suiza la ópera “Envidia”. Colabora con diversas agrupaciones musicales en Europa y América Latina, imparte seminarios de canto e interpretación. Cantante invitada del grupo Anima, Premio Funarte, Brasil. Sus creaciones abordan también el exilio y memoria.