No es la anónima, la de las grandes plantaciones industriales,
destinada al secado por toneladas, la que aflora etiquetada en todos los supermercados de este mundo.
Tampoco la singular, la noble albahaca que ciñó Virgilio
entre sus labios y humedeció la mano de Horacio entre los álamos.
Es la rastrera, común albahaca salvaje de los campos,
la única y la sola que nos mira siempre verde entre las ruinas,
la que saluda desde hace millones de años
entre las piedras. Allí, donde seguramente no es querida,
asoma sus muñones empecinada, con la sola ayuda
de unas gotas de lluvia casual, de a cada tanto:
un gramo de tierra le basta a la paciencia de la albahaca
para amar el rincón entre ladrillos rotos que, parece,
quieren expulsarla para siempre de su seno.
Persevera sola en su manchón de verde
entre lo estéril, lo que le niega el sustento
es aquello que más ama: más quiere agotarla,
más se empecina; más quiere secarla, más florece.
La indiferencia la abona y riega sus hojas
el desdén. A desplantes crece la pasión
de la sufrida albahaca. Y cuando aquello parece
(una vez cada año sucede que se ausenta)
alcanzan cuatro lágrimas celestes
para que resurja de la nada como antes,
otro milagro del amor, que no conoce
la muerte, ni el olvido ni el engaño:
raíz que persiste honda entre cenizas y polvo,
milagro que florece a solas, prodigio
sin correspondencia alguna, la albahaca
es el amor que no se calla ni seca,
por propia voluntad ni por ajena.
Hormigas
este camino viviente
que atraviesa el jardín
viene de un país
que no es el nuestro.
aunque todo el tiempo
atravesamos la superficie del otro reino
desconocemos sus selvas diminutas
el desolado desierto de una baldosa
la efímera catarata de una canilla abierta
los sucesivos abismos que abre una escalera.
abajo y alrededor de nosotros
otro mundo infinito se derrama.
nos inquieta que ese entrevisto dominio
se asemeje tanto a lo que vemos
desde la ventana de un vigésimo piso.
muy lejos y a nuestros pies
otros asesinatos heroísmos y maldades
tienen sus tiempos y ocupan sus lugares
de un modo que juzgamos mecánico:
el sentido de esos días que transcurren distintos
como mucho es un enigma
que enseguida desdeñamos.
su remoto parentesco nos asusta
cuando observamos a un niño
prestarle su atención más entera:
olvidará al crecer las veces
que fijó los ojos en el otro reino
aquel que como el nuestro
comenzó el mismo día.
Nadie sabe dónde estuvimos
toda la tarde llovió
y nadie sabe dónde estuvimos
de ahora en más
me quedaré en tu sombra
viviré el fin de las estaciones cuando
el insecto retorna a su estado de larva
listo para creer que cada uno que anda
por la calle es uno que yo conozco
pero yo me quedaré en mi cuarto
hecho de tu sombra
en una habitación oscura
donde la muerte es una desorientada mensajera
donde entraré en esa pobre tan mínima luz
sea como eso sea
Otros poemas de
LUIS BENÍTEZ,
aquí
Inmenso autor Luis Benítez. Una gran trayectoria lo respalda para ser uno de nuestros referentes más singulares e importantes. Además, un colega generoso, que no es poco en el medio. Su obra abarca temas profundos y cruciales como el misterio del ser, el destino de la especie, los repliegues del amor, el tiempo inexorable, el lenguaje del mundo y la labor constante del escritor, entre otros. "Lo opuesto busca su opuesto/ Y en lo blanco la gota que hay de negro/ Crece/ Hasta hacer lo blanco negro/ Y así en lo contrario hace la gota blanca/ Todos deseamos lo opuesto". Alfredo Lemon
ResponderBorrarMuy interesante, Gracias
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