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agosto 31, 2022

Irene Gruss: Dejen de respirar así

La imagen muestra una escena tranquila y pintoresca al aire libre. Una persona está sentada en un escalón de piedra junto a un jardín lleno de tulipanes en flor, de colores vibrantes como rojo, amarillo y naranja. Lleva un abrigo marrón y sostiene un paraguas negro, lo que sugiere que está lloviendo o ha llovido recientemente. El fondo incluye una puerta de hierro forjado y una construcción de piedra, lo que aporta un toque arquitectónico elegante. La combinación de elementos naturales y urbanos crea una atmósfera serena y visualmente atractiva.

Mutatis Mutandi     



Por favor no sufran más 
me cansa, 
dejen de respirar así, 
como si no hubiera aire 
dejen el lodo, el impermeable, 
y el vocabulario, 
me cansa, 
la mujer 
deje de tener pérdida ese chorro sufriente, 
los padres dejen el oficio de morir, 
el daiquiri o el arpón 
en el anca, y aquel perfume matinal, 
la Malasia,
y el Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo,
y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa,
(¿algo ha muerto en mí?:
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos,
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan
y despídanse, por una vez,
sin grandeza.


Otros poemas de IRENE GRUSS, aquí
Fuente: Facebook de Reina Roffé
Imagen en Facebook (Irene Gruss en Brooklin)

agosto 29, 2022

Louise Glück: Conversaciones casuales con desconocidos

Un poema: Tardes y anocheres, louise gluck


Tardes y anocheceres         




Aquellos días dorados cuando tu muerte estaba cerca  
pero aún podías entablar conversaciones casuales con desconocidos,  
casuales pero también premeditadas, de modo que las impresiones del mundo  
aún seguían tomando forma y cambiándote, 
y la ciudad estaba en todo su esplendor, casi vacía en verano, 
aunque entonces todo sucediera más despacio: 
comercios, restaurantes, una pequeña vinoteca con un toldo a rayas, 
donde una vez un gato estaba dormido en el umbral;
hacía fresco allí, en las sombras, y pensé
que me gustaría dormir así otra vez, no tener en la cabeza
ni un solo pensamiento. Y después comimos pulpo y saganaki,
mientras el cocinero cortaba hojas de orégano sobre un platito de aceite…
¿Qué serían? ¿Las seis en punto? Así que cuando nos fuimos aún había luz
y todo podía verse tal y como realmente era,
y luego te subiste al coche…
¿A dónde te fuiste luego, después de aquellos días
en los que aunque no podías hablar aún no te había perdido?



Afternoons and Early Evenings




The beautiful golden days when you were soon to be dying
but could still enter into random conversations with strangers,
random but also deliberate, so impressions of the world
were still forming and changing you,
and the city was at its most radiant, uncrowded in summer
though by then everything was happening more slowly—
boutiques, restaurants, a little wine shop with a striped awning,
once a cat was sleeping in the doorway;
it was cool there, in the shadows, and I thought
I would like to sleep like that again, to have in my mind
not one thought. And later we would eat polpo and saganaki,
the waiter cutting leaves of oregano into a saucer of oil—
What was it, six o’clock? So when we left it was still light
and everything could be seen for what it was,
and then you got in the car—
where did you go next, after those days,
where although you could not speak you were not lost?




Otros poemas de LOUISE GLÜCK, aquí
De: "Recetas invernales de la comunidad", Colección Visor, 2021
Traducción: Andrés Catalán
Fuente: Zenda Libros (español) | Nybooks (inglés)
Enlaces: Zenda Libros | Daily Poetry
Imagen en tportal

agosto 28, 2022

Chika Sagawa

El caballo azul     




Un caballo marchó montaña abajo y se volvió loco. Desde ese día come comida azul. El verano tiñe de azul los ojos y mangas de la mujer, y luego gira con alegría en la plaza. 
Los clientes fuman tantos cigarros en la terraza que los anillos de humo plomizo garabatean en el pelo de las mujeres. 
Los recuerdos tristes deberían ser arrojados como un pañuelo. Si tan sólo pudiese olvidar el amor y el arrepentimiento 
¡y los zapatos de charol! 
Me salvaron de saltar desde el segundo piso. 
El mar asciende a los cielos. 



Ilusión de hogar



Un chef agarra el cielo azul. Quedan cuatro huellas; el pollo sangra gradualmente.
Aquí, también, el sol colapsa.
Inquisitivos guardianes del cielo. Veo el amanecer.
Una casa blanca vacía donde nadie vive.
Los largos sueños de las personas circundan esta casa muchas veces, sólo para marchitarse como pétalos de flor.
La muerte se aferra con gentileza a mi dedo. Pela las capas de la noche una por una.
Esta casa continúa el brillante camino al recuerdo distante de un mundo distante.


AIKO KAWASAKI (CHIKA SAGAWA, 1911, Yoichi / 1936, Tokio, Japón)
Fuente: Jampster
Traducción: Daniela Morano
Imagen en japonistaschile

agosto 26, 2022

Dalia Taha


TÚ     




¿Recuerdas tu primera noche en este mundo? 
No fue en El Cairo, París, 
Kinshasa o Buenos Aires tu primera noche. 
Podrías haber nacido en un pueblo tranquilo junto al río 
o junto a un rascacielos 
pero tu primera noche fue en la faz de la tierra. 
Lo que rodea el lugar de tu nacimiento 
no son las ciudades ni las localidades adyacentes 
ni siquiera los países o los continentes vecinos 
sino las galaxias y los planetas. 
Probablemente tu nombre se decidió hace meses
y hubo quien empezó a atribuirte algunas características:
nervioso, tranquilo, reflexivo o sabio
pero tú eres un ser extraño
más cerca del espacio que nosotros.
Contigo no podemos superar la confusión de los primeros momentos
de la llegada del invitado
preguntando por el viaje
esperándote en la sala de parto
o encontrándote en plena calle.
No sabemos exactamente cómo llegaste hasta aquí
ni podemos decirte: “la casa es tu casa”
hasta ahora no sentimos eso
y aunque actuábamos como si poseyéramos este lugar
somos invitados como tú
en este mundo.
Este es un buen momento para recordarlo
y esta es tu primera noche
en la faz de la tierra.
No estabas aquí cuando llovía esta mañana
pero la hierba aún está mojada fuera.
Entonces no sabías lo que era el tiempo.
Los días, las semanas y los meses no significaban
nada.
Después de eso
todo se repetirá,
tus palmas se cerrarán y se abrirán
y empezarás a distinguir la noche del día.
Tus ojos se acostumbrarán a los matices de los colores
luego empezarás a fijarte en las caras de la gente durante mucho rato
de alguna forma.
La ciencia hasta ahora no lo comprende.
Dirás tus primeras palabras
y los mayores te pedirán que las repitas
y por alguna razón también
eso será maravilloso.
Luego el río, el rascacielos
y el rápido tren subterráneo tendrán nombre.
Entonces creerás que posees este mundo
o cosas en él, como tu hermana
o tus hijos
y podrás hacer la guerra
o arrancar los árboles.
A pesar de todo, por muy cruel que seas,
en algunos momentos de tu vida algo te sacudirá
y te recordará tu primer hogar
la vista de las colinas, por ejemplo,
pero eso llegará a su debido tiempo
ahora eres frágil y desconcertante,
todavía no tienes una vida
todos te observan.
Esta es tu primera noche en la faz de la tierra
y el ambiente es como de fiesta
por eso todos te consideran un regalo
pero si repetimos esta frase lo suficiente
“Esta es tu primera noche en la faz de la tierra”
descubriremos que en realidad eres un viajero
que acaba de llegar a una posada
en medio de una tormenta
pero las puertas de la posada siempre están abiertas
nunca se cierran
y tanto tú como la tormenta
entraréis.

 

LA POETA QUE AMA LAS COLINAS Y A VECES LA VES CAMINANDO POR LAS CALLES DE LA CIUDAD DE R SIN UN OBJETIVO CONCRETO




Tú no puedes verlas.
Tengo moratones en los ojos de mirar las colinas.
Están dentro,
bajo la piel,
en el lugar más cercano de lo que se llama alma.
Las colinas son algo extraordinario y lejano
especialmente las que están en la ruta de Jericó a Ammán.
Desde un taxi
parecen una hilera de almas
o un francotirador
que contempla la ruta del desierto.
Todo encaja como una ecuación matemática:
los vivos están en un lado
y los muertos en otro
pero allí, sobre esas colinas
los imagino saludándonos
e intentando bajar a la carretera
donde los coches brillan y desaparecen en el viento
como sus gritos ahogados,
donde los camiones pesados transportan las piedras
por el carril derecho a la luz del atardecer
turnándose,
donde el viento es el verdadero conductor
que nos arrastra tras él
con nuestros cuellos vueltos hacia atrás.
Ahora puedo entender que todo empezó desde aquí,
desde una tierra árida y seca.
Después de eso todo es mera casualidad:
los árboles, los ríos, los insectos, la forma de las nubes, la hierba
y los puentes colgantes.
Todo terminará también aquí
sin llevarse nada de todo este mundo
salvo el enigma del comienzo.
Estoy fascinada con las colinas,
no puedo dejar de mirarlas
como si intentara recordar dónde nos conocimos
como si tuviera su nombre en la punta de la lengua
e intentara extraerlo
desde un valle profundo en mi interior.
Desde mi niñez creo
que si miro algo el tiempo suficiente se moverá.
Por supuesto, eso nunca ha sucedido
pero las colinas parecen estar a punto de empezar a caminar hacia mí.
Miro solo las gotas de luz
que brillan sobre ellas
como cien ojos abiertos al mismo tiempo.
Mis maletas están en el maletero
y aquí,
y en el aire caliente del Valle
siento que lo que han doblado mis manos hace poco
no era mi ropa
sino almas
y lo que ven mis ojos
surgiendo del parabrisas del coche
no son colinas
sino la escabrosidad del camino por el que hemos
venido
antes de llegar a este mundo
desnudos y cubiertos de sangre
y finalmente capaces de
gritar.





Tú, poesía palestina
DALIA TAHA
(1986, Berlín, Alemania)
Traducción: María Luisa Prieto
Fuente: Revista Banipal
Enlace: Brown.edu
Imagen en Banipal
Dalia Taha es una dramaturga, poeta y narradora palestina. Nació en Berlín en 1986 pero creció en Ramalla, Palestina. Se graduó en Arquitectura en 2009 en la Universidad de Birzeit, Palestina, y tiene un Máster en dramaturgia por la Universidad de Brown. Fue miembro del consejo editorial de la revista “Yaraat”. En 2007 se publicó su novela “El adivino negro”. Su primera obra de teatro, “Kefiya made in China” fue producida por The Flemish Royal Theatre y la Fundación Qattan en 2012. Se estrenó en Bruselas y luego se llevó a Palestina, donde realizó una gira por siete ciudades en la Ribera Occidental. Además de eso, dos escenas de la obra se escenificaron en el teatro Mohammed V de Rabat, Marruecos. La obra se publicó en cuatro idiomas: árabe, inglés, francés y flamenco. En 2013, Dalia recibió la beca para jóvenes artistas para viajar a Kinshasa y a Hannover para asistir a los festivales de teatro en ambas ciudades. Otras de sus obras de teatro son: “Fuegos artificiales”, “No hay nadie entre tú y yo”, y “Hambre”. Además, ha publicado poemas que han sido traducidos al inglés, francés, alemán y sueco. Su poemario “Biografía de los habitantes de la ciudad de R”, al que pertenecen los poemas aquí traducidos, se publicó en Amman en 2021. 
María Luisa Prieto es licenciada y doctora en Filología Árabe por la Universidad Autónoma de Madrid, con premio extraordinario de licenciatura y de doctorado. En la actualidad es profesora titular de Lengua y Literatura árabes en la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado numerosas investigaciones dentro del campo de la literatura árabe contemporánea y ha publicado más de treinta obras literarias traducidas del árabe, la mayoría de ellas del premio Nobel Naguib Mahfuz, y también de otros autores como Mahmud Darwish, Nizar Qabbani, Adonis, Jabra Ibrahim Jabra, Gassán Kanafani o Hanan al-Shaykh. También ha traducido poemas de Abd al-Wahhab al-Bayati, Badr Shakir al-Sayyab, Fadwa Tuqan, Muhammad al-Magut, Muin Basisu, Nazik al-Malaika, Samih al-Qasim, Wadih Saadeh, Abu l-Qasim al-Shabbi, Sargon Boulus, y de poetas clásicos, entre ellos al-Jansá, Abu Firás al-Hamdani, Ibn Zaydún, Ibn Hani, Ibn Hazm, Ibn Jafaya, Ibn Arabi e Ibn Zamrak. Es editora de la página de poesía árabe poesiaarabe.

agosto 24, 2022

Nilton Santiago: Cerrado por obras

Cerrado por obra, poesía peruana


TODOS DESCENDEMOS DE LA MIRADA DE UN GORILA    



Envían a rehabilitación a un mono alcohólico en Rusia 
Reuters 


Como Cioran, no somos más que un puñado de intersticios, 
Oh, gorila mío, dos soledades metódicas, 
como dos colillas en un cenicero. 
Es cierto, compartimos la melancolía de los pájaros congelados 
la rara costumbre de amar sobre los árboles, 
de llorar y defecar leyendo a Mallarmé 
o de salir con dos copas de más de cada incendio interior. 
También jugamos cada día con la pureza de ser impuros, 
con la estrella que navega en nuestra sangre, 
desviada de su curso, 
cansada de balbucear luz sobre la sonrisa de los jubilados
y de las putas, esos bellos mamíferos exiliados.
Ya lo sabes, buscamos el mismo empleo
y lloramos al mismo animal desde el que cada día nos despertamos.
Oh, gorila mío, también tu mirada
es la ventana por donde Dios espía al mundo,
ese otro mamífero fúnebre que nada sabe de nosotros.



KLARA, UNA AU PAIR DE KARLSTAD, ME HA PEDIDO QUE LE ESCRIBA UN POEMA PARA OLVIDARLA DE UNA VEZ POR TODAS




Bruno me ha llamado para contarme que ha leído
que algunas nutrias del Amazonas
pueden cambiar el curso de los ríos con el poder de sus mentes.
Esto es más falso que un billete de 3 euros,
pero igualmente me recuerda que una hormiga
puede sobrevivir hasta dos semanas bajo el agua,
así que aún guardo algunas esperanzas para mí.
Yo le cuento que aquí están a punto de llover ranas,
no hay ciudad que aguante esta lluvia de los mil demonios,
fijaos que se quejan hasta las ballenas varadas entre los árboles
que se esconden en el supermercado de la esquina de casa.
Nos acabamos de conocer, Klara,
pero me dices que a los árboles no les importa la lluvia
y que te deje dormir.

De pronto se me viene a la cabeza que el animal
más rápido en el acto sexual es el chimpancé (3 segundos),
le sigue el ratón (5 segundos) y quizás tú, que apenas te
has tomado una copa
y ya te escuchaba roncar en mi cama.
Hemos venido esta mañana a escribir el poema que me has pedido
y es, en este mismo momento, cuando el mar
desempaca tu sonrisa sobre el cielo,
antes de que el reloj despertador te haya despertado por
última vez,
antes de salir volando por la ventana
(aunque ambos sabemos que un par de libélulas
harán su mismo trabajo entre nuestras sábanas).
Soy el final de tu caja de bombones, tus últimas bragas
limpias
o, lo que es lo mismo,
la oscuridad de los peces cuando lloran y pasan una sed
de caballos.
Me dices que nunca has montado a un caballo
pero que sabes que sus lágrimas
son el principio de cualquier río que se precie en tu pueblo, Karlstad,
donde los muñecos de nieve van de compras a diario
para comprarse una nueva nariz de zanahoria
y para aprovechar la calefacción de los supermercados.

Pronto dejaré de ser uno que parece joven y sigo
metiendo la pata hasta la rodilla,
aunque no nos engañemos:
tu corazón, como el mío, está cerrado por obras
y rueda como una moneda o un milagro
que se le acaba de caer a un pobre mendigo
que creo que soy yo.
No está hecho el amor de las pelirrojas para nosotros,
Bruno,
los alejados de las manos del señor,
como tampoco está hecho el amor para el amor:
salven pues las estrellas mis torpezas para quitarte el sujetador,
salven todo lo que queda de mi corazón entre tus manos de gata
aunque ya de nada servirá… es para partirse de risa,
pero de tirios y troyanos hemos pasado a dirigir el
tráfico de las estrellas
entre tu mirada y la luz de la luna llena sobre tu espalda
asalmonada,
en un santiamén
(mientras me preguntas si sabía que en Finlandia
se prohibieron los cómics del pato Donald porque no
llevaba pantalones).

Después de las risas no puedo dejar de pensar que allí,
cerca de donde las lágrimas pierden su equipaje,
donde las nubes limpian sus gafas porque la lluvia
empaña su mirada,
allí, donde todo termina,
no hay árboles llorando de rodillas ante un pájaro en un
supermercado
no está Dios (ni nada que se le parezca),
estamos nosotros dos, Klara, o como te llames,
jodidamente separados,
a pesar de compartir esta noche la misma cama.
Y sí, vale, querido amigo Bruno,
una vez más tienes toda la razón:
a) para un pingüino las aves no tienen talento para nadar y
b) el amor es para nosotros lo que la aritmética para los filósofos:
(o ¾ de lo mismo)
tan solo un gran malentendido.



LAS ABEJAS NO SABEN AÚN LAS BONDADES DE LAS REPÚBLICAS




Hace casi ya un siglo que te vi por última vez
y eso fue esta mañana
desde luego, estabas irreconocible, habías borrado el
rojo de tu sangre
y un poco de cielo de tus ojos, tenías otro nombre
y eras demasiado joven para usar tus pulmones para
respirar,
aún así rompiste todos los protocolos del amor y de los ambulatorios
y me tocaste el corazón, dejándolo como una de esas manzanas
de caramelo que venden en los parques de atracciones.
En ese entonces, para pasar el rato, pasaba horas
mirando el cielo
hasta que te veía leyendo la suerte en las manos de Dios,
dormida como siempre,
dejándote lamer el yeso del alma por familias enteras de
camaleones expresidiarios.
Los comunistas solo me hablaban para pedirme
consejos de cómo conocerte,
de cómo hacerte el amor con la herrumbre de sus huesos,
pero pasabas de ellos / todos tenemos suficientes fantasmas
como para volvernos parte de uno —decías—
mientras ponías a la hora todos los relojes de arena de la ciudad.

No puedo quitarme de la cabeza esas mañanas
en las que dejar de soñar era como descargar camiones
llenos de estrellas
y leer el diario —que tontería— como si hiciésemos la
autopsia de nuestro tiempo
(es muy curioso, pero para los aymaras
los hablantes están de cara al pasado y de espaldas al futuro).
Ya sé que me repito, pero no es ninguna broma que la
prensa libre
únicamente sirve para envolver pescado
o quizás para enterarte de cosas como que la mayoría de
los peces de colores
solo tiene tres segundos de memoria
o que hay un senador estatal de Nebraska que acaba de
presentar una demanda contra Dios.
Tengo que confesar que el «Tea Party» me estriñe
y también algunos discursos de mis colegas, los progresistas,
esos que escapan de las ambulancias de la realidad con
sus patas de palo.
Caray, tampoco puedo quitarme de la cabeza
el que no hay nada de malo en desear la muerte de un dictador
o que en Latinoamérica ya no son necesarios los golpes militares.
(porque ya están todos en los gobiernos).
En esos casos, también la vida de un poema, como la de un telediario
es el anticipo de la sonrisa de una libélula desahuciada de la luz.
Se me va la olla cuando escribo, lo sé,
es que no me gusta la poesía oscura
y por eso leo cada día el horóscopo de Unica Zürn, la mujer magnolia,
y también los largos manifiestos que fueron redactados
sobre las piedras de la noche
y que ahora los puedes encontrar husmeando en Google.

Hace casi ya un siglo que te vi por última vez
y eso fue esta mañana,
sé que me esperabas detrás de una gota de lluvia,
me esperas y sé que es inútil, aún queda un siglo para vernos
y la vida no da para tanto,
por ahora, encárgate de limpiar los paisajes que salen de tu voz
que este siglo, solo para variar, tan solo,
me toca ser un árbol camino al aserradero.
Por cierto, amigos oficinistas, también se va al cielo en ascensor
y tranquilos, es físicamente imposible para los cerdos
mirar al cielo.



"Nació en Lima, en 1979, aunque reside en Barcelona hace varios años. En poesía ha publicado El libro de los espejos (Premio Copé de Plata de la XI Bienal de Poesía, Lima, 2003); La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad (Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro, Madrid, 2012); El equipaje del ángel (XXVII Premio Tiflos de Poesía, Visor Libros, 2014); Las musas se han ido de copas (XV Premio Casa de América de Poesía Americana, Visor Libros, 2015) y, finalmente, Historia universal del etcétera, con el que ha obtenido el Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro (Valparaíso Editores, 2019). También es autor del libro de crónicas Para retrasar los relojes de arena (Vallejo & Co., 2015). Asimismo, ha publicado las antologías A otro perro con este hueso (Casa de Poesía, Costa Rica, 2016) y 24 horas en la vida de una libélula (Scalino, Sofía, 2017). Varios de sus poemas han sido traducidos al alemán, francés, ruso, inglés, búlgaro, italiano,árabe, montenegrino, armenio y finés, y ha participado en diversos festivales de poesía en España, Chile, República Dominicana, Costa Rica, Francia, Bulgaria, Montenegro y Rusia." De: "Vender miel a las abejas",  Municipalidad de Lima, 2020 

Otros poemas de NILTON SANTIAGO, aquí
Imagen en Facebook

agosto 23, 2022

Dos poemas de Alfredo Lemon

Mezcolanza           




Fotos, tijeras, monedas, estampillas, 
vasos, cortinas, tazas de café, 
 
paredes sucias, páginas grises, 
pipas ásperas con hollín y barniz. 
 
Cáscaras, máscaras, 
fatigas, infortunios, 
deseos incumplidos, 
 
anillos que recuerdan amantes, 
tácitos perfiles,
placeres idos.

Sobras y zozobras.
Lo tanto que estudié y lo poco que aprendí.

¿Si ordeno las cosas de la casa
se calmará mi insomnio?

No sé.
La noche no se cierra todavía.

Me duelen los ojos.

Siento un zumbido de mosquitos irritando,
murciélagos verdes,
                               hormigas amarillas,
torsos sin rostros.

Quedan muchas sombras sin descifrar.
Parece un test de Rorschach,
una pintura de Jackson Pollock.



Una pipa




El tabaco agrava la soledad
y suma ideas al café.

Meditación en lo neutro,
lo abstracto del interrogante,
su exilio gris, su espera.

Desde un rincón del estante
aún respira su museo de espectros,
conjeturas.

La melancolía no acaba de irse.

Memoria pálida,
borrosa.

Evanescencias del vacío,
resonancias.

Tiempo retórico,
deshabitado.

El poema es la conciencia de una gracia perdida.
El humo será del olvido.


ALFREDO LEMON (1960, Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina)
Enlaces: Poetas del mundo | Al pial de la palabra
Imagen en Youtube

agosto 18, 2022

Maria Barnas

Poeta en acción     




A cierta distancia dos muchachos y una mujer 
me espían. Ella gesticula 
y les susurra a los hombres que son su 
prolongación similar a las cámaras y los trípodes 
huesudos que se enganchan a los brazos de los dos jóvenes. 
 
¿Qué quieren de mí? Yo tipeo y tipeo. 
Ahora piden que me pare junto al piano porque dije 
que muchas veces escribo parada junto al piano. 
Pero acá estoy con una estrella que se apaga 
colgada de una caña de pescar sobre mi cabeza. 

Ellos creen en la poeta bañada de sol con canto
de pájaros y a veces la hojarasca que pisa un gato
por el techo. Así escribimos historia.
Tal vez los pueda contratar. Podríamos fingir
que no estamos y perseguimos formas de felicidad.



Adiós Amsterdam




Al mirar las márgenes del río veo una noche
entrando en la ciudad como una lancha alargada
que busca refugio en el barro de un lecho
poco profundo. El Amstel brilla y se opaca

en mi memoria mientras las aguas chocan
contra el borde. No hace falta que me quede acá.
Me puedo llevar todos los nombres. Cruzar todos los ríos.
Qué otra cosa transportan sino el escombro más profundo

los pasados más asfixiantes tan oprimidos
que causan momentos impecables.
Suerte en un día cualquiera. Cuando se ponga gris

y la luz casi tartamudee un nombre en el horizonte.
Una ciudad. El tiempo sin orillas y yo.


Dichter in actie



Twee jongens en een vrouw staan van een afstand
naar me te gluren. Zij maakt gebaren
en fluistert tegen de mannen die een verlengstuk zijn
van haar zoals de camera’s en knokige
statieven aan de jongensledematen haken.

Wat willen ze van mij? Ik tik en ik tik.
Nu moet ik bij de piano staan omdat ik heb gezegd
dat ik vaak bij de piano sta en schrijf.
Maar nu sta ik hier met een dovende ster
aan een hengel boven mijn hoofd.

Zij geloven in de zonovergoten dichter met gefluit
van vogels en af en toe geritsel van een kat
op het dak. Zo schrijven we geschiedenis.
Misschien kan ik ze eens inhuren. We kunnen doen
alsof we er niet zijn en vormen van geluk nastreven.

 

Dag Amsterdam




Wanneer ik langs de kade kijk zie ik een nacht
de stad in trekken als de langgerekte sloep
die dekking zoekt in het slijk van een ondiepe
rivier. De Amstel schittert en wordt dof

in mijn geheugen terwijl het water klotst
tegen de kaderand. Ik hoef hier niet te blijven.
Ik kan alle namen dragen. Alle rivieren doorkruisen.
Wat vervoeren ze anders dan het diepste gruis

de meest verstikkende verledens zo dicht opeen
dat er loepzuivere momenten uit ontstaan.
Geluk op zomaar een dag. Wanneer het grijs wordt

en haast licht hapert aan de horizon een naam.
Een stad. De oeverloze tijd en ik.



MARIA BARNAS
(1973, Hoorn, Holanda Septentrional, Países Bajos)
Fuente: "Sí Sí El Bing Bang", De Todos los Mares, 2022
Traducción: Alejandra Szir
Enlaces: Cuarta prosa | Círculo de poesía | Versopolis | Festival de poesía de Medellín
Imagen en Alkmaar






agosto 17, 2022

Lisa Grunberger: Nací sabiendo


Nací sabiendo




Mi padre arregla relojes en el sótano,
mi madre mira TV arriba.
La puerta de mi Oma siempre está cerrada.
Imagino que está sentada en la silla verde menta
tejiendo o leyendo a Goethe. Los sábados
mira el show de Lawrence Welk.
Hago los deberes en la mesa de la cocina –
los iroqueses, álgebra, Orgullo y prejuicio.
Pruebo las tazas congeladas de helado de nuez
Weight Wathcher’s enterradas bajo pechugas de pollo
del súper y bolsas refrigerantes. Sabe artificial,
sus gránulos helados se niegan a derretirse
en mi boca adolescente.
A veces papá sube
y se corta una tajada de queso fuerte
o saca una barra de Caddbury con leche
y parte un trozo para mí.
Mamá baja con sus pantuflas rosadas
durante una pausa comercial y
caza un grillo que canta y la pone nerviosa,
como el tictac del reloj o el agua cuando gotea.
Corta un pomelo en ocho gajos y
lo pone en un cuenco sobre una toalla de papel
con otra en la mano para recoger el jugo.
Sube otra vez.
Entre la 1 y las 4 de la mañana la casa
encierra los gritos de mi Oma. No recuerdo
haberle preguntado a mi madre el por qué o qué eran esos gritos.
Nací sabiendo sobre Buchenwald,
sobre mi Opa Leo que murió de tuberculosis en un campo de trabajo.
Sabía que en el barco ilegal a Palestina
mi padre larguirucho comía cebollas y papas crudas
como si fueran manzanas.
Cada mañana bajo la escalera y encuentro a Oma
vestida con medias y zapatos, blusa de seda y falda de tweed,
bebiendo café schwartz –negro– de cara al sol, mirando
hacia la bahía. Ni una sola vez pensé en preguntarle
en qué soñaba. Pero a veces, cuando era muy chica.
iba a verla, me sentaba en el borde de su cama
que olía a fruta pasada, hilo y crema Nivea,
y ponía mi pequeña mano en su frente
húmeda con el sudor de Hitler.


Born Knowing




My Father fixes clocks in the basement, 
my Mother watches TV upstairs.
My Oma’s door is always closed.
I imagine she sits on the mint green chair
knitting or reading Goethe. On Saturday
she watches Lawrence Welk.
I sit at the kitchen table doing homework––
Iroquois Indians, algebra, Pride and Prejudice.
I taste the frozen cups of Weight Watcher’s
Butter Pecan ice treat buried underneath
supermarket chicken breasts and blue ice packs.
It tastes synthetic, its icy granules refuse 
to melt in my adolescent mouth. 

Sometimes Daddy comes up 
and cuts himself a piece of smelly cheese
or pulls out a bar of Cadbury Milk Chocolate
and breaks off a piece for me.  
Mom comes down in her pink slippers then, 
during a break for commercials; she chases 
a cricket whose chirping makes her nervous,
like a ticking clock does or water dripping.
She cuts a grapefruit into eight wedges and
places it in a bowl atop a Bounty paper towel
with another towel in hand to collect the juice.
She goes upstairs.

Between 1 and 4 in the morning the house 
holds my Oma’s screams. I don’t remember
asking my Mother the why or what of these cries.
I was born knowing about Buchenwald, 
my Opa Leo who died of tuberculosis in a labor camp.
I knew how on the illegal ship to Palestine 
my beanpole Dad ate raw potatoes and onions like apples.

Every morning I come down the stairs to find Oma
dressed in stockings and shoes, a silk blouse and tweed skirt,
drinking schwartz café––black coffee, facing the sun, looking
out at the bay.  Never once did I think to ask her of what 
she dreamed. But sometimes, when I was very young, 
I would go to her, sit at the edge of her bed that 
smelled of over-ripe fruit, yarn and Nivea cream,
and press my small hand to her forehead,
wet with Hitler’s sweat.



poetas norteamericanas
Otros poemas de LISA GRUNBERGER, aquí
Traducción: Gerardo Gambolini
Imagen en ResearchGate

agosto 15, 2022

Juan L. Ortiz: En lo que abrasa, de improviso


No, no la temas     



No, no la temas, ella te mira 
     de donde tú doblas, constantemente, los días... 
Y de noche, aún, te visita, 
     y tú quizás ni sospechas que algunas veces por tu hálito 
                          ella te respira...: 
y esa palidez que, de repente, mientras duermen, te marfila, 
                   desde , acaso, otro sueño, la huida 
          que tu frente y encera, anticipadamente, en lila 
                 los párpados que sellaría...? 
 
          Sí, ella es detrás, siempre detrás de ti 
                                y es contigo 
hasta cuando hacia las diez de un azul de setiembre tú vibras
                 con la brizna
    en ese algo que lejos de pulsarla apenas si verticalmente le mide
                      en otro jade el minuto
como un lapidario de éste, miniándole en su línea
                     el centelleo que a su pesar no remite
                                 no, el circuito...

Ella es menos que una sombra o ese nadie que te pierde en lo invisible
                     y que te habita:
               más en ti, en ti
                      que afuera entonces del tejido
de la millonésima de segundo que tú mueres al vivirte...
       Pero puedes, con todo, hacerte tú ella misma
                   ardiéndote antes que se incline
                          sobre tu velilla
tal el héroe al alzarla en una ola llama con la suya ganándole al destino
                         el soplo que lo seguía...

    y como tú, pues en el poema en que de súbito, asimismo,
quemas ese momento de la oscuridad o de la luz que de todo o de todos asumiste
                         y que con tu sangre, también, les rindes
                         en insignia
    del silencio a flamearles cuando el asta, por igual, deba fundírseles
                         en lo que abrasa, de improviso,
                            el alrededor de unas islas...



poesía argentina, Entre Ríos, islas, delta
Fuente: "Juan L Ortiz La experiencia poética", de Alfredo Veiravé, Carlos Lohle, 1984
Otro poema de JUAN L. ORTIZ, aquí


Un poema de Joanne Kyger

Julio 21. Maleza    




veías los peces nadar en torno a tus piernas, también pedazos 
de basura transparente en el fondo. Hay un lugar al que ir 
más allá, parece no tener fin. Él está tendido en la cama blanca 
de la habitación encalada y puede ver la calle. Otros vienen y se sientan 
en una silla a su lado para hablar, no puede ir 
hasta el muelle con los otros ancianos para charlar y fumar. 
Miran con ojos grandes y legañosos a cuantos pasan, sin mucho interés, perros viejos y taimados.
Como nosotros duermen un largo sueño 
y finalmente despiertan. Cuando espantan a las mariposas en los arbustos 
y hacen que echen a volar. 



July 21. Weedy




you could see the fishes swimming around your legs, also bits 
of clear garbage on the bottom. There is a place to go
further, it seems endless. Inside the white-washed room he lies 
on the white bed and can see the street. Others come and sit on 
a chair by his side to speak, he can’t go 
any longer with the other old men down to the harbor to smoke and talk.
They watch with large rheumy eyes everyone who goes by, without much interest, sly old decayed dogs.
Like we are sleeping a long sleep 
and wake up finally. When they beat the butterflies on the bushes 
and make them rise.




and make them rise. Joanne Kiger
JOANNE KYGER (1934, Vallejo, California / 2017, Bolinas, California, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Enlaces: Isliada | EG | Buenos Aires Poetry | La comparecencia infinita
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agosto 12, 2022

Yosie Crespo

Yo te nombro pájaro     



aquietado y diminuto 
como en las cintas imaginarias de Sherman 
en los registros evidentes de cualquier guía turística 
y en los templos 
como a un hijo que regresa de la guerra perturbado 
y hundido en el goteo de la hora en que se vuelve 
yo te nombro 
desde el futuro para que existas 
y también desde la tarde en el silencio 
y entre las letras de tu nombre 
y desde la propia vida 
y desde la decisión última 
y en la realidad de esa fantasía tirana 
que me obliga desde siempre 
y abajo con la neblina de la noche
y desde otro tiempo para nombrar tu tiempo
y sobre esa otra puerta que el tiempo dispone
yo te nombro
no sea que te conviertas en un mal irreparable
donde todo lo nocturno te pertenece
salvo en las aproximaciones al amor
y en los caminos minados de la conquista
ajeno de las sombras y de los recuerdos
en los portales y en las alamedas
yo te nombro y te miro con rigor
frente a un mundo de desiertos lleno
donde el resto de los pájaros lleva al unísono
tu nombre
lo llevo como quien entra desorientado en algún sitio
que es a la vez misterioso y conocido
te pareces a todo lo que vive
y a todo lo que tal vez sea mito en mi mente
qué puedes hacer sino atormentarme
si por todas partes sales imprevisto
así que me adhiero a tu mano de ala abierta
de caudal que avanza sin saber
qué puertos qué ecos aún no escucho
o si podía existir una mañana de sol
es decir, una palabra
es decir, polvo de alguna ventana
si acaso hay ventanas
aún no sé en qué otras estaciones
alguien nos ve cruzar
y si te encuentro, aunque por otros caminos vayas.


YOSIE CRESPO
(1979, Cuba). Reside en Naples, Florida, EEUU. Poeta y escritora. Ganadora del Primer Premio "Nuevos Valores de la Poesía Hispana" (Diciembre 2011) de Ediciones Baquianas y el CCE (Centro Cultural Español) por su poemario Solárium, publicado en Abril 2012. Autora de los libros Solárium (2011), La ruta del pájaro sobre mi cabeza (2013) y Caravana (2018) en la categoría de Poesía. Primer Premio Victoria Urbano 2019 a la mejor obra creativa por su libro de poemas Estrella de ocho puntas convocado por la Asociación de Estudios de Género y Sexualidades (AEGS). Finalista del Premio Paz de Poesía 2016 convocado por el National Poetry Series de Nueva York, Primer Premio del IV Concurso Juvenil de Poesía Federico García Lorca 2011, Premio Internacional de Cuento 2010 Feria del Libro, Buenos Aires, Argentina. 
Enlaces: Círculo de poesía | Nueva York Poetry | Otro páramo | Laboratori Poesia | Ariadna
Imagen en Conexos

agosto 10, 2022

Samantha Barendson

Trenes      


El paisaje desfila como un Jackson Pollock, vacas en puntillismo, nubes alargadas, manchas girasoles y  vías deformadas. La ventana fría se pega en mi nariz y siento el traqueteo de la bestia humana. 
  
Tatactatúm, tatactatúm, tatactatúm. 
  
No soy Eva Marie Saint, no tengo la intriga internacional ni los besos de Cary Grant. Tras el cristal, paisajes de postales, campañas de entre-guerras, improntas ferroviarias: una vaca, un castillo, una iglesia, un burro, un viejo ciclomotor o un tren de vapor, hierbas infinitas, campos de amapolas, pueblos suspendidos, la autoestopista fantasma, ovejas, tal vez cabras, otra amapola, una falda acampanada, una lata, una bolsa de plástico, una lámpara de neón, un flash.
 
Tatactatúm, tatactatúm, tatactatúm.

Yo no soy Celia Johnson en Breve encuentro esperando el próximo jueves, el próximo jueves, el próximo jueves, el amor prohibido en un cafetín. Tras el vidrio, amargos paisajes que se repiten y desfilan y vuelven y vuelven a pasar y giran y recomienzan y las vacas se parecen y la nieve oculta los pasos de lobos, ogros y brujas.

Tatactatúm, tatactatúm, tatactatúm.

No soy Marilyn Monroe con faldas y a lo loco. Ante mis ojos inmensos pastos, piedras y malas hierbas que cuernos estupefactos rumian, metódicamente.

Tatactatúm, tatactatúm, tatactatúm.

Desfilan los kilómetros, el Norte aun lejano.

Ciento cinco punto ocho, llegaremos mañana.
 


ME dijeron que, cuando murió, algunas partes de mi cuerpo se pusieron blancas. Me dijeron que, cuando murió, le pregunté a mi tía si ella pensaba que el suyo y el mío estaban sentados juntos en una nube. Me dijeron que, cuando murió, todo el mundo lloró mucho. Me dijeron que, cuando murió, una carta fue encontrada. Me dijeron que, cuando murió, él estaba durmiendo. Me dijeron que, cuando murió, él recién regresaba de España y todos los baúles estaban aun en el barco. Me dijeron que, cuando murió, nunca se pudieron recuperar los baúles. Me dijeron que, cuando murió, se fue al cementerio y luego a un jardín. Me dijeron que, cuando murió, se volvió un limonero.



Desaparecido.

Durante mucho tiempo, pensé que había desaparecido.

Para muchos, “Desaparecido”, no evoca nada, un hombre que se fue a buscar tabaco y no volvió nunca más. Mientras que para el Argentino, el Uruguayo, el Chileno, significa secuestrado, encerrado, torturado, asesinado, totalmente borrado.

Como si nunca hubiese existido.

Durante mucho tiempo pensé que había desaparecido.

Pero me dijeron que murió durmiendo.


 

Trains


 

Le paysage défile comme un Jackson Pollock, vaches en pointillés, nuages étirés, taches tournesols et rails déformés. La fenêtre froide se colle à mon oreille et j’entends tatactater la bête humaine.

Tatactatoum, tatactatoum, tatactatoum.

Je ne suis pas Eva Marie Saint, je n’ai ni la mort aux trousses ni les baisers de Cary Grant. Il n’y a derrière la vitre que ces paysages de cartes postales, cette campagne d’après-guerre, ces empreintes ferroviaires : une vache, un château, une église, un âne, une vieille mobylette ou un train à la retraite, de l’herbe à perte de vue, des champs de coquelicots, un village suspendu, la dame-blanche, un mouton ou peut-être une chèvre, un autre coquelicot, une jupe en corolle, une canette de soda, un plastique, une poubelle, un néon, un flash.

Tatactatoum, tatactatoum, tatactatoum.

Je ne suis pas Celia Johnson dans Brève rencontre à attendre jeudi prochain, jeudi prochain, jeudi prochain, les amours interdites dans un petit café. Il n’y a derrière la glace que d’amers paysages qui se répètent et défilent et reviennent et repassent et tournent et recommencent et les vaches se ressemblent et la neige dissimule les pas des loups, des ogres et des sorcières.

Tatactatoum, tatactatoum, tatactatoum.

Je ne suis pas Marilyn Monroe dans Certains l’aiment chaud. Il n’y a devant mes yeux que d’immenses pâtis, rocailles et herbes folles que les cornes ébahies ruminent méthodiquement.

Tatactatoum, tatactatoum, tatactatoum.

Défilent les kilomètres, le Nord est encore loin.

Cent-cinq virgule huit, nous arriverons demain.

 

Le citronnier


 

Il paraît que, lorsqu’il est mort, certaines parties de mon corps sont devenues toutes blanches. Il paraît que, lorsqu’il est mort, j’ai demandé à ma tante si elle pensait que le sien et le mien étaient ensemble assis sur un nuage. Il paraît que, lorsqu’il est mort, tout le monde a beaucoup pleuré. Il paraît que, lorsqu’il est mort, une lettre a été retrouvée. Il paraît que, lorsqu’il est mort, cette lettre a été jetée. Il paraît que, lorsqu’il est mort, il dormait. Il paraît que, lorsqu’il est mort, il revenait à peine d’Espagne et toutes ses malles étaient encore sur un bateau. Il paraît que, lorsqu’il est mort, on n’a jamais pu récupérer les malles. Il paraît que, lorsqu’il est mort, il est allé au cimetière puis dans un jardin. Il paraît que, lorsqu’il est mort, il est devenu un citronnier.

 

Desaparecido.

Longtemps j’ai cru qu’il avait desaparecido.

« Disparu », cela n’évoque rien, un homme parti chercher des cigarettes, jamais revenu. Tandis que desaparecido, pour l’Argentin, l’Uruguayen, le Chilien, cela signifie séquestré, enfermé, torturé, assassiné, totalement effacé. Comme s’il n’avait jamais existé.

Longtemps j’ai cru qu’il avait desaparecido.

Mais il paraît qu’il est mort en dormant.

 



Samantha Barendson con un abanico rojo
SAMANTHA BARENDSON (1976, Vilanova i la Geltrú, Cataluña, España)
Fuente: Círculo de poesía
Enlaces: Ablucionistas | EG
Imagen en Le Progres
Samantha Barendson es una poeta francesa nacida en España de madre argentina y padre italiano. Actualmente vive en Lyon. Habla cuatro idiomas y se siente franco-ítalo-argentina. Fue seleccionada por el proyecto europeo "Versopolis" para asistir a varios festivales de poesía en Europa. Wikipedia (Inglés)

agosto 08, 2022

Antonio Di Benedetto: Mariposas de Koch

 

Dicen que escupo sangre, y que pronto moriré. ¡No! ¡No! Son mariposas, mariposas rojas. Veréis.

Yo veía a mi burro mascar margaritas y se me antojaba que esa placidez de vida, esa serenidad de espíritu que le rebasaba los ojos era obra de las cándidas flores. Un día quise comer, como él, una margarita. Tendí la mano y en ese momento se posó en la flor una mariposa tan blanca como ella. Me dije: ¿por qué no también?, y la llevé a los labios. Es preferible, puedo decirlo, verlas en el aire. Tienen un sabor que es tanto de aceite como de yerbas rumiadas. Tal, por lo menos, era el gusto de esa mariposa.

La segunda me dejó sólo un cosquilleo insípido en la garganta, pues se introdujo ella misma, en un vuelo, presumí yo, suicida, en pos de los restos de la amada, la deglutida por mí. La tercera, como la segunda (el segundo, debiera decir, creo yo), aprovechó mi boca abierta, no ya por el sueño de la siesta sobre el pasto, sino por mi modo un tanto estúpido de contemplar el trabajo de las hormigas, las cuales, por fortuna, no vuelan, y las que lo hacen no vuelan alto.

La tercera, estoy persuadido, ha de haber llevado también propósitos suicidas, como es propio del carácter romántico suponible en una mariposa. Puede calcularse su amor por el segundo y asimismo pueden imaginarse sus poderes de seducción, capaces, como lo fueron, de poner olvido respecto de la primera, la única, debo aclarar, sumergida --muerta, además-- por mi culpa directa. Puede aceptarse, igualmente, que la intimidad forzosa en mi interior ha de haber facilitado los propósitos de la segunda de mis habitantes.
No puedo comprender, en cambio, por qué la pareja, tan nueva y tan dispuesta a las locas acciones, como bien lo había probado, decidió permanecer adentro, sin que yo le estorbase la salida, con mi boca abierta, a veces involuntariamente, otras en forma deliberada. Pero, en desmedro del estómago pobre y desabrido que me dio la naturaleza, he de declarar que no quisieron vivir en él mucho tiempo. Se trasladaron al corazón, más reducido, quizás, pero con las comodidades de un hogar moderno, por lo que está dividido en cuatro departamentos o habitaciones, si así se prefiere nombrarlos. Esto, desde luego, allanó inconvenientes cuando el matrimonio comenzó a rodearse de párvulos. Allí han vivido, sin que en su condición de inquilinos gratuitos puedan quejarse del dueño de casa, pues de hacerlo pecarían malamente de ingratitud.

Allí estuvieron ellas hasta que las hijas crecieron y, como vosotros comprenderéis, desearon, con su inexperiencia, que hasta a las mariposas pone alas, volar más allá. Más allá era fuera de mi corazón y de mi cuerpo.

Así es como han empezado a aparecer estas mariposas teñidas en lo hondo de mi corazón, que vosotros, equivocadamente, llamáis escupitajos de sangre. Como véis, no lo son, siendo, puramente, mariposas rojas de mi roja sangre. Si, en vez de volar, como debieran hacerlo por ser mariposas, caen pesadamente al suelo, como los cuajarones que decís que son, es sólo porque nacieron y se desarrollaron en la obscuridad y, por consiguiente, son ciegas, las pobrecitas.






ANTONIO DI BENEDETTO
, Mundo animal / El cariño de los tontos, Adriana Hidalgo Editora, 
Imagen en Los Andes

agosto 06, 2022

Christopher Middleton


Chinche de agua    


Quienes conocen la verdad lo llaman daimon y saben que está fuera de ellos.
Plutarco

  
Admitimos que el chinche barquero  
según sube corriente arriba, deja una sombra,  
  
de cinco lunares, en el fondo soleado,  
una sombra ribeteada de colores, como desprendida  
  
limpiamente de un prisma. Así labra,  
contra corriente, un reguero solitario.  
 
El chinche barquero, de frente, corriente arriba, 
en su elemento, ha de ceder, para después correr 

el riesgo, y atravesar en un arrebato 
el caudal de la corriente adversa, directo como lluvia.

O corretear por entre el barro. No le
duele haberse visto arrastrado entretanto

ni nota un lugar al que haber de dirigirse:
éxito, placer, el chalé bajo los robles,

bollos de crema cada tarde para el té.
Ni tampoco el barquero se interesa

por la historia como caudal de fusilería; no son pies
como los arrancados por las minas; ni un reguero

de ingenio acompaña a sus empeños, pues
carece de profesión con la que poder engañarse.

Y justo entonces -imaginad esta postal,
y dando la vuelta a la esquina del viejo café

una figura con sombrero de paja: vigorosa se distiende
la figura, hora de comer

que absorbe a Alejandría, y quizá cerca
se arrastre torpe Cavafis bajo el sombrero,

entre océano y desierto, envuelto en sus ropas,
se vadea por entre la temperatura, como la de entonces,

mediodía ácido, estival jornada en Alejandría,
Y así las gotas de sudor le bajan por la espalda.

Y Lehnert, el fotógrafo, viajó también,
de Bohemia a Sfax, y se detuvo en Constantina,

exploró los souks, retrató el norte del Sahara,
capturaba largas sombras de camello sobre la arena,

perfiles guerreros, tatuajes de filigrana
en barbillas y pómulos de las chicas del burdel,

para terminar en Egipto veinte años después,
y no saber nunca quién fue, en realidad, quién,

escogido entre fantasmas griegos y carne
adolescente, el mito que él soñó tocar,

y ahora trotaba, demacrado, desde la sombra,
El Marino, real, siempre vigilante.



Water Insect


Those who have the right view call it daimon and know it is outside them.
Plutarch


Admittedly the water boatman,
On his way upstream, sheds a shadow,

Cinque-spotted, on the sunny bottom,
A shadow fringed with colours, as if spilt

Briskly from a prism. So he ploughs,
Adverse to the stream, a lonely furrow.

The water boatman, head-on, up the stream,
His element, has to concede, then taking

A chance, full stretch he slashes through
The counterpushing surge, right as rain.

He feels no water, does not see his pretty
Stygian shadow figured on the rock or sand.

Or flit across the mud. He does not
Ache to have been so driven back awhile

Or sense a place he should be heading for:
Success, pleasure, the cottage under oaks,

Cream puffs every afternoon for tea.
Nor does a water boatman heed

History in a stream of bullets; no feet
Are torn away by mines; no shredded

Wits result from his pursuit, for he
Has no profession to mistake himself in.

And even then-imagine this picture postcard,
And coming round a corner by the old café

A figure in a straw hat: sinew stretches
The figure out, a lunch hour

Engulfing Alexandria, and there perhaps
Groggily beneath the hat Cavafy strolls,

Between ocean and desert, folded in his clothes,
Wading through the temperature, as then it was,

Acid noon, a summer day in Alexandria,
For beads of sweat roll down his back.

And Lehnert, the photographer, travelled too,
Out of Bohemia to Sfax, delayed in Constantine,

Explored the souks, portrayed the North Sahara,
Snapping long camel shadows on the sand,

Warrior profiles, filigree tattoos
On chins and cheeks of the bordello girls,

To end in Egypt after twenty years,
And never knew just who it was, just who

Selected from Greek ghosts and adolescent
Flesh he dreamed of touching quite a myth

And trotted now, haggard, from the shadow,
The Mariner, actual, ever on the look-out.




poesía inglesa, Chinche, agua, famous poets
CHRISTOPHER MIDDLETON
(1926, Truro, Inglaterra, Reino Unido / 2015, Austin, Texas, Estados Unidos de NA) 
Traducción: Javier de la Iglesia
Fuente: Añalejo de indolencias
Enlaces: Poetas Siglo XXI | Perros en la playa

agosto 04, 2022

Jamie McKendrick


Sal marina     




Cuando habría tenido 
que fijarme 
en aquella muchacha 
sentada al otro lado de la mesa  
después de no pensar durante días  
en otra cosa, o poco menos,  
me distrajo un cristal  
que ella había extraído del salero... 
Parecía al principio  
la clase de tejado que un niño 
pondría en una casa pintada o, más aún, 
una pirámide traslúcida,
los peldaños de un Machu Pichu en miniatura
pero tallado en lágrimas, no en piedra.



Rosa de los vientos




Cuando nos abandonamos a los vientos, la ciudad
era la ciudad de los vientos que soplaban desde los ocho rumbos, las cuatro flechas
de la rosa de los vientos, una estrella que chirriaba y retozaba en su gozne
y levantaba remolinos —hélices, sin raíces, sueltas, casi humanas—
y una hoja de palma barría los senderos de los jardines públicos
como un pájaro haciéndose el cojo —tirón, salto, otro tirón—
mientras un plinto de luz solar teñía de turquesa el tejado del mar
y las mareas azotaban los garfios de cemento del espigón.
En un día de calma una vez vi desde Posillipo
el mar, a lo lejos, expulsar una columna de sal, un sacacorchos
que sorbía el fondo y levantaba bancos de peces para derramarlos sobre nuestros tejados
como pájaros sin alas que hubieran volado por pura exaltación.



Sea Salt




When my attention
should have been fixed
on that girl sitting there
across the table from me
after days of thinking of nothing but 
or little else, 
I was distracted by a crystal
she’d shed from the salt bowl
—first of all it looked
like the kind of roof a child might put 
on a painted house and then more like
a see-through pyramid, 
the steps of a miniature Machu Picchu
but carved from tears and not from stone.




Windrose




When we threw caution to the winds, the city
was the city of winds which blew from the eight points, the four quarters
of the windrose, a star which creaked 
and skittered on its hinge and reared dustdevils —hélices, rootless, footloose, almost human—
and a palm frond swept the public
garden paths like a bird feigning lameness — shuffle, hop, another shuffle— 
while a plinth of sunlight turned the sea’s
roof turquoise and tides lashed the concrete calthrops of the brea water.
On a calm day once firom Posillipo I saw
the sea, way out, extrude a pillar of salt, a corkscrew
that tapped the deep and lifted shoals to rain down on our roofs
like windless hirds who’s flown through sheer assumption.





Sal marina, poesía inglesa
JAMIE MCKENDRICK (1955, Liverpool, Reino Unido)
Traducción: Jordi Doce (Sal marina) / Xon de Ros (Rosa de los vientos)
Fuente: Perros en la playa / Poesía Siglo XXI
Enlaces: Poetry Foundation | Dialnet
Imagen en This Dust of Words: Poetry and/as Translation