James Tate: Nuestra mejor esperanza
Curioso Gabriela estaba recostada desnuda, panza arriba, sobre la alfombra del living, cuando un avión de juguete antiguo, bajó zumbando desde el cielo, aterrizó apenas cruzando sus senos y carreteó hasta el límite con su pubis. Yo estaba pintando una pared y bajé el cepillo inmediatamente. Ella sonreía. “Fue un aterrizaje increíble”, le dije. “Perfecto”, acotó. Ella notó mi excitación y me avergoncé. “solamente para vos”, dijo, “voy a hacerlo de nuevo”. De algún modo sin conciencia de su origen celestia l El sol brillaba a través de la lluvia creando de este modo el efecto de un segundo advenimiento no de Cristo, sino de una bestia siniestra de un solo ojo, incorpórea, excepto por el ojo lagañoso y triste. Un relámpago casi me mata de un susto. Yo estaba sentado en mi silla, dejando crecer mi barba. Mi cerebro se encendía como tablero de flipper y yo rezaba pidiendo orden. Yolanda me preguntó si quería un sándwich. “Un sándwich es quizás nuestra única esperanza, nuestra mejor esp...