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octubre 31, 2020

Aitor Franco


Metamorfosis en la noche  




Esta humedad sí que la comprendo 
habiendo un cuerpo. 
Son pocos los que se agrietan 
al decir adiós. 
Doblar un papel, 
madera y vidas que crujen, 
en un mismo altar. 
Las ramas que no saben el camino 
a la palabra
quisieran recibirme
con la quietud del viento
dentro de casa. Dudar de mis manos,
si no reparan sombras.



La espera     




El cuarto permite sólo unos pasos
que repito en una dirección y en otra, como
quien busca confirmar
el tamaño de un cuerpo.
En un espacio no mayor que éste
quiere la escritura tener la medida
exacta de la verdad.
No hay más que un poco de madera: mesa,
libros, suelo y lápices.
Y un hombre solitario que a veces cruza
una calle en la memoria.



poeta español, Metamorfosis en la noche
AITOR FRANCO (1986,  Bilbao, España)
Fuente: OcultaLit
Enlace: Aullido | Espacio Luke

octubre 27, 2020

Liliana Ancalao


UNA FOTO EN LA RUTA 40 



desde el río senguer al genoa
no se llega más 
por más mate y conversación 
que vayamos lavando 

si habremos andado por esta ruta 
pu lamngen 
una vez nos dirigíamos a las cenizas marrones del Copawe 
otra, nos desconoció el viento blanco 
esta vez, volvimos abriendo la neblina 

siempre esforzando la vista 
para no perder la huella 

las napas de la memoria 
se distinguen en la tierra 
acá los dinosaurios ennegrecidos en su propio aceite 

acá las cenizas de los fuegos que encendió
el de las patas de choike,
el que tuvo que matar a su padre,
el que se fue, enseñándonos la soledad de esperarlo
aún

acá el resoplido de los caballos de Orkeke y Casimiro
en uno de sus viajes
al Manzana Mapu

y acá los sin memoria
los que no levantaban más los brazos a
kalfuwenufuchá kalfuwenukushe

acá los hombres curtidos
como para hacer lazos con sus tientos
y sujetar otra vez al chupey toro
al tremendo
al hermoso
bramando como los konas
que se quedaron en los truenos

los truenos que escuchaba nuestra gente
encerrada
y nuestro lonko Inakayal
en los sótanos de ese museo del horror
del holocausto

ay cómo se va la memoria a la querencia
asciende como el rocío que enfría los tobillos
sube hasta las orillas de estos ríos

y nos detiene un rato en esta ruta

salimos al aire que nos dobla
nos peina como a neneos.
y sacamos una foto de esta imagen
para la que no necesitamos el recuerdo. 



KIÑEFOTO FUTA WARIARUPU 40 MO

 

Senguer leufü püle ka Genoa pule
alünmaiñ iñ akun
fentre mate ka fentre ngutram
kuchalleliñ rume

rupaliñ futa wariarupu mo
pu lamngen
kiñe rupa amufuiñ Kopawe ñi pu trufken püle
ka rupa plang kürüf kangeitueiñ mew
tufachi rupa wiñoiñ ti chiway nülakünuiñ

rumel kintuleiñ ti pukintuwe
ñamümlafilu pünon

memoria ñi pu napa
kangeltuy mapu mew
tufa mew pu dinosaurios kurüyiwiñ mo

tufa mew kütral ñi pu trufken
fey, choikenamun, üiyümefi
fey lantufi ñi chau
fey amutuy, kimeleiñ mew:
ti kizulen, petu ünümafiñ

tufa mew pu neyün Orkeke engu Kasimiro yu kawel
kiñe amukan mo
Manshana Mapu püle

tufa mew puche memorianokechi
pu che witrapramlayngun pu lipang
kalfuwenufuchá kalfuwenukushe

tufa mew chi pu wentru yafükünuwn
zewman lashu ñi pu trülke mo
nüniefin ka rupa chupey toro mo
füchañma mo
tremo
koatun chum pu kona
muleyngun tralkan mo

pu tralkan allkutuyngun iñ che
nürüftükuwn
iñ lonko Inakayal
pu sótano mo yañ museo
ñi holokausto

ay chum amuy ti memoria ayün mew
wenupray trürngey ti mülum firkümfiüy pu palipali
pranüy inal yu leufü

katrütunieiñ mew alumna tufa fucha wariarupu mo

tripaiñ neyen mapu mo müchameiñ mew
runkaeiñ mew trürngey pu neneo
zeumiñ kiñe foto tufa azentun
recuerdo molaiñ



LILIANA ANCALAO (Comodoro Rivadavia, Chubut, 1961) poeta y docente. Pertenece a la comunidad mapuche-tehuelche Ñamkulawem. Es profesora de Letras e integra un grupo universitario de investigación del mapuzungun. Textos suyos aparecen en la antología "La memoria iluminada". "Poesía mapuche contemporánea", editada por la diputación de la ciudad de Málaga en 2007. Entre sus libros se destacan "Tejido con lana cruda" (2001) y "Mujeres a la intemperie" (2009). 
Referencias: Gerardo Burton |Fb Ricardo Ruiz
Fuente: Va con firma

octubre 23, 2020

Joseph Stroud

Joseph Stroud


Perdido

 


 El ciervo se da vuelta y sigue tranquilamente 
cuesta arriba sin mirar siquiera 
hacia donde estoy yo, donde empiezo a cruzar 
un campo nevado dentro de mi cuerpo y me pierdo 
mientras una ceniza blanca cae del cielo y tapa mis huellas
y no hay cómo encontrar el camino de vuelta. 



La traducción difícil del amor





Pasados cinco años de matrimonio,
pensó que su corazón había logrado traducirlo.
Pero fue como esa noche en el Ciclo de Cine Extranjero
cuando de pronto en mitad de una película
los subtítulos cambiaron a doblaje
y por un instante pensó que entendía rumano.



Iris




 Muriós Lennon y Melíssa plantó bulbos. 
 Cuando surjan, dijo, cuando florezcan,
 vas a pensar en él, Pero más que nada
 me acuerdo de ella, de Melissa, que vuelve
 en momentos imprevistos, una presencia, como los iris, 
 llamas azules saliendo de la tierra.



Catedral




Apoyo el caracol y espero que asome.
Tengo mucho que aprender sobre la paciencia.
Ya no me pregunto a dónde fue el amor
ni por qué son tan largas las noches. Según Issa
las palabras se irán ubicando en la página,
abrirán el camino hacia la mañana.




JOSEPH STROUD (1943, Glendale, California, Estados Unidos de NA)
Enlaces: LowFiardentia | Op cit
Imagen: San Miguel Poetry Weeks

octubre 20, 2020

Julia de Souza: Seré una recién llegada crónica


Poema para vaciar la casa  



Imposible fosilizar la casa 
mantener los dientes sanos 
contarlos uno a uno en su boca 
imposible contener la sonrisa 
incluso sabiendo que la casa 
es otra 

Deseo de que la casa anule 
el mundo que la casa sea 
el propio mundo 

Que la casa sea un acuario
sea un museo
(do not disturb) 

Si consiguiera atinar
la extensión de su presente
seré una recién llegada crónica

ya es imposible pensar
el mundo sin la mediación
de la casa

(habría sido necesario vaciar el asunto de la casa)

No quiero querer más
quiero de vuelta la imposible
casa auténtica 

(la casa me da saudade de hogar)

Es necesario clausurar la casa
dejar que el matorral la trague
y crezca sin rodeos
dentro de los autos
cubra la mesa de cenar esconda
la insistencia de los remiendos 

nuestra casa castillo de cartas
todavía guarda restos de
cualquier cosa que se fue temprano. 




JULIA DE SOUZA
(1986, São Paulo, Brasil)
Fuente: Polvo
Imagen: Cult

octubre 15, 2020

Bruno Di Benedetto: No es leve lo que se esfuerza en mantenerse a flote.

Meditación de Ícaro en pleno ascenso



¿Qué es lo leve?
No mi cuerpo, no el cuerpo de mi padre:
nos sostenemos en el aire con furiosos aletazos.
El ansia de libertad nos dio estas plumas,
el odio a la cárcel la fuerza en el pulmón,
el ingenio nos hizo barcos en el aire,
un océano de seis direcciones: cuatro inocuas
y dos fatales: abajo el agua, arriba el fuego.
La levedad, dice mi padre, es el camino a media altura.
No le creo.
No somos leves, no flotamos: ganamos el sustento
con la fuerza del brazo y el sudor de la frente:
hace mucho se nos negó el paraíso de volar por volar.
Soy hijo de esclava.
Allí abajo está el laberinto, sus tripas retorcidas
por la mano de mi padre.
En esas piedras flota el extravío.
La locura terrestre es tener que elegir
entre dos caminos exactamente iguales:
por eso bato las alas con desesperación.
¿Pero qué es lo leve?
No es leve el colibrí, incapaz
de flotar sin su ración de néctar
y su velocidad de pesadilla,
no es leve la flecha que nos mata: la tensión
del arco, el pesado brazo que lo tiende,
no es leve la abeja, vean su tracción de polen,
escuchen el zumbido de su destino de obrera,
sientan el peso implacable de su hexágono de miel:
no es leve lo que se esfuerza en mantenerse a flote.
Pero es leve la ballena muerta con toda su osamenta,
es leve la semilla del diente de león en el viento,
es leve el vuelo de esas arañas en sus babas del diablo,
es leve el león en su salto sobre la carne viva,
es liviana y mortal la angustia que flota
sobre las pesadas piedras del laberinto de mi padre,
es leve la acometida salvaje de los amantes,
es leve el cadáver del ahogado, del prendido fuego:
la levedad de un cuerpo depende de la densidad
del elemento que lo sustenta.
Lo más liviano es el sol:
flota sobre la pesadez de la tierra
flota sobre la oscuridad
flota en su hambre de sí mismo
flota en su propia luz: allá voy.
Sobre el sol sólo flota el vacío:
en esa nada todo cae al mismo tiempo.



poesía argentinaOtros poemas de BRUNO DI BENEDETTO, aquí
Referencias: Facebook Ricardo Ruiz

octubre 13, 2020

Matías Moscardi: Nubes plomizas como las cañerías de un edificio costero.

El color de la noche power metal en el espacio cóncavo que abre 
el vidrio. En el espacio cóncavo que abre el vidrio cuando la luz proviene de 
adentro, no de afuera. Una imagen que llega desde pero sale hacia 
(defecto visual). Nubes plomizas como 
las cañerías de un edificio costero. El flujo del agua corriendo 
por el óxido. Por el óxido hasta el pico de la canilla. De la canilla 
hasta la boca. Una araña del tamaño de un punto y coma trepa por
los números del calendario. Se cae y trepa / Se cae y trepa / Se cae.
El clima afecta la percepción del volumen. Subir la tele para dejar de escuchar
lo que pasa afuera. Bajar la persiana para estar seguro de estar.
De estar adentro. 



La programación televisiva marca el movimiento de los astros.
En un quiz show, un hámster le lleva las preguntas al conductor
del programa en un Porche automático de juguete. Es una forma
de decir que es tarde. Las películas basadas en hechos reales no lo dejan
dormir. Sigue el camino amarillo, pero no comas la nieve amarilla. Como la
tele no tiene control remoto, hace zapping con los párpados. 180 canales con la
misma imagen: un roedor manejando un auto fino en miniatura. Sigue el
camino amarillo, pero no comas la nieve amarilla. En el programa, un
participante explica que la actividad onírica tiene lugar en el hemisferio
derecho del cerebro, y la lectura
en el izquierdo. Por eso, dice, no podemos soñar con frases.
Sigue el camino amarillo, pero no comas la nieve.



Una revista de crucigramas en la heladera con la cara de Arnaldo André. Sobre
la revista, la manzana verde con lamparones amarillos (manchas de
nacimiento) no llega a tapar el rostro del galán. Girar
el cabito de la manzana repitiendo el ABC (Cada giro completo equivale a una
letra). Cuando el cabito cede a la presión concéntrica
y es extirpado de la manzana madre, entonces significa la inicial
de una persona que piensa en vos. Pero como el viejo Eddie arranca
los cabitos de un saque, la letra es siempre la A de Arnaldo,
que mira el acontecer del mordisco desde la heladera beige. Así,
con la manzana en la mano y la heladera todavía abierta, el viejo
Eddie mueve la perilla del Philco para lograr la nitidez de un canal codificado. 



El gusto a pileta de la fruta. El agua girando por el círculo negro de la cañería.
(Nunca desaparece por completo). “Agua dulce, agua salada, por agua viene,
por agua se va” es una forma de decir que Julio Iglesias no conoce Mar del
Plata, y si la conoce nunca visitó Obras Sanitarias. Restos de agua en forma de
círculos irregulares y transparentes sobre
la cerámica del baño. La transparencia se vuelve pornográfica si miramos a
trasluz: diminutas partículas como caspa flotando en el vacío. Comer lo que se
mueve de la fruta. Tomar lo que flota en el agua. 





MATÍAS MOSCARDI
(1983, Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina)
De: "Los círculos del agua", Dársena3, 2006
Imagen: Club Hem

octubre 08, 2020

Tove Ditlevsen


DIVORCIO 1     




Él pediría en caso de divorcio  
la mitad de todo dijo él. 
Medio sofá 
medio televisor 
media casa de campo 
medio kilo de mantequilla 
medio hijo. 
El piso era de él dijo él 
porque estaba a su nombre. 
El caso era que la amaba. 
Ella amaba a otro 
cuya esposa iba a pedir la mitad de todo. 
Lo ponía en la ley de matrimonio. 
Era tan evidente como que dos y dos son cuatro. 
El abogado dijo que era correcto. 
Ella destruyó la mitad de todo 
y rasgó la declaración de impuestos en trocitos. 
Después se fue al Hogar de la Mujer 
de la calle Jagtvej con medio hijo. 
Se burlaban del niño en la escuela 
porque sólo tenía una oreja. 
Por lo demás la vida también se podía aguantar así, 
ya que no podía ser de otra manera. 





TOVE DITLEVSEN (1917 / 1976, Copenhage, Dinamarca)
Traducción: Francisco J. Uriz
Recuperado del muro de Jonio González en Facebook
Enlaces: Cuarta Prosa

octubre 05, 2020

Donde arde la memoria, por María Seoane



Conocí a Aníbal Cedrón en el invierno de 2002, cuando nos unió la misma desesperación por las ruinas en las que estaba sumida la Argentina después del estallido de 2001. Esa conmoción común, la sensibilidad por el sufrimiento de los otros y la necesidad de modificar desde nuestro lugar de artistas e intelectuales el destino maldito que trazaba el neoliberalismo sobre nuestra patria, nos unió en una amistad profunda. Empujado por una sensibilidad exquisita, en estado de conmoción permanente, Cedrón construyó una obra que nos retrata en nuestra condición de argentinos como pocos artistas lo lograron. 
Fue en ese tiempo azaroso que me pidió nombrar uno de sus cuadros sobre el Cordobazo, la rebelión obrera y popular que fue el comienzo del fin a una de las tantas dictaduras que padecimos en el siglo XX. Lo llamó Donde arde la marea, definición que parecía referirse siempre al estado de rebeldía contra la injusticia, el estado natural de Cedrón no sólo en su vida como argentino, como miembro de la generación del setenta, sino como artista que podía retratar las travesías de su pueblo y de su tiempo. 
Ahora que ha pasado más de una década de esa obra; ahora que mi amigo ya no está porque lo llevó una enfermedad maldita el 5 de octubre de 2017; ahora que muchos miles verán por siempre sus pinturas que sobreviven en la historia de la plástica nacional, quiero hacerle este homenaje a quien, como definió también su amigo y maestro Luis Felipe Yuyo Noé, fue “el más grande dibujante de su generación”. Pero también porque Aníbal fue un intelectual, un artista, un militante --reconocido como una personalidad destacada de la Cultura de esta ciudad que amó poco antes de morir-- que no sólo dejó una obra inolvidable sino un instrumento en la defensa de los artistas al fundar la Unión Nacional de Artistas Visuales (UNAV) --que hoy lo considera su padre inspirador-- luego de mucho batallar para que los plásticos tuvieran una protección social y estatal que los liberara de la intemperie pero también mitigara su eterna soledad ante la creación. 
Puedo recordarlo también en la fotografía --eternizada en el registro periodístico de la noche del 29 de julio de 1966-- del joven militante comunista y estudiante de arquitectura que a los 18 años resistió junto a otros los golpes y la cárcel durante la Noche de los Bastones Largos, cuando la dictadura de turno violó la autonomía universitaria y reprimió a sangre y fuego a profesores y estudiantes que resistían en la entonces Facultad de Ciencias Exactas, en la Manzana de las Luces. 
Por esa condición de luchador y artista talentoso, Cedrón siempre insistió en que no hay eternidad mayor en una obra que registrar la historia de los otros, los propios, tu pueblo. Y recorriendo momentos de su vida, como siempre, me vuelvo a preguntar qué nos dice Cedrón con su arte. Y repaso su obra, tal como hice en su último catálogo: nos habla de rebelión, nos habla del carácter profundamente subversivo del arte, de dejar registrado en cada huella digital con las que compone sus autorretratos, con la que define la cabeza aindiada del Quijote argentino que la política y el arte pueden revolcarse como una pareja apasionada e interminable en cada trazo, y establecer el grito exacto de la rebelión. Cedrón nos habla en La Nación inconclusa de quienes somos, de aquello que no fuimos, de aquello que nos debemos como argentinos; del vuelo de las cacerolas, de la República en cruz o crucificada. Y desde esa evocación nos lleva a la serie Civilización y Barbarie para recordarnos una y otra vez el pecado original de Adán y Eva en América porque sobre el cuerpo americano, y esta nuestra porción del sur, se llamó Civilización y la Barbarie. Y entonces Adán y Eva derivarán en ese trazo desesperado, porque la condición de la barbarie ante la que el artista se revela es una Humanidad en tránsito, el No lugar como destino, como destierro, y por qué no como inicio de la búsqueda del artista del trazo exacto para refutar la dependencia y la esclavitud para el destino latinoamericano. 

octubre 03, 2020

Miryam Hache



Miryam Hache nació a fines de los 80 en Buenos Aires. Cursó
estudios de fotografía, cine, letras y antropología. Participó
de diversos grupos literarios y colaboró como crítica de cine
y literatura con distintas revistas culturales y periódicos. Durante varios años llevó el portal feminista de crítica de ficciones Imaginaciones Fílmicas. Escribió varios libros de poesía y
narrativa, todos aún inéditos. He visto a las mejores mentes de
mi generación trabajando en un call center es el primer libro
que publica.

He visto a las mejores mentes
de mi generación trabajando
en un call center




He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando
    en un call center.
Destruidas y famélicas arrastrándose por las calles de un fin
     de semana
de furia y rabia
por no disponer más que esos días
para expulsar una libertad contenida sin tiempo
(fuimos sin tiempo, somos sin tiempo).
Y las he visto ser el fuego

que nunca se apaga,
aunque el flujo del capital les cierre las puertas,
una tras otra,
y las convenza,
cada día un poco más,

de que crecer es acumular tonalidades de cosas,
colores coleccionables de todos los plásticos,
de que el arte es el cielo

pero si no se sube a las nubes no existe.

Las he visto acumular libros y dejar de leer para siempre,
sumergirse profanas en la abundancia de la fragmentariedad
del conocimiento codificado en cientos de billones de bytes,
y las he visto queriendo ser bytes,
y las he visto venderse en aplicaciones de bytes,
y nos he visto orgullosas
de esta poderosa conexión intergaláctica a través
     de las pantallas,
grabarse los genitales y perderse en la web,
en las redes asiáticas y rusas
de retratos de genitales
de mi generación perdida en la web,
siendo-la web.
Deviniendo etérea pero reviviendo los paisajes y las caras
de nuestros abuelos
en postales vintage reencontradas en mercadillos
     de baratijas turcas,
distribuyendo maquinarias fotográficas de otras décadas
donde el arte se olía
y se palpaba,
y nadie devenía
millones de bytes
en aplicaciones reemplazables por sus clones provenientes
     de países
en permanente estado de emergencia
que expulsan
sucesivas
e interminables
olas migratorias sin destino,

las he visto llamar emergencia al arte que producían
     sus propias manos,
pintar magníficos murales anónimos.
No ser conscientes de lo que añoraban.

Las he visto hacer de la poesía una pura performance
     y multiplicar la belleza de las competiciones de slam
    por continentes enteros.

Las he visto copiar y expandir modas como incendios,
llamas que iluminan los vastos vacíos que habitamos.

Las he visto recorriendo a pie montañas y templos,
postrarse ante catedrales de otros cultos,
rezarle a la belleza.
Las he visto anarquistas, okupando pueblos abandonados
    en Italia y Francia y España.
Las he visto cultivando marihuana y huertos orgánicos
     en los resquicios de sus balcones al sol.

He visto
a las mejores mentes de mi generación

desahuciadas de sí mismas,

reconociendo la desposesión más absoluta,
no hay tentativa,
ya lo sabemos: no poseemos nada,
no somos nada, 
y hasta nuestros cuerpos le pertenecen al tiempo.

Las he visto replegadas sobre sus vientres entre las mantas,
apegadas a teléfonos móviles
esperando una respuesta,
las he visto contar los días que no han recibido amor,
que no han tocado piel humana,
ordenar a los amantes ya sin nombre en archivos de más bytes
por años y países de procedencia,
asistir a orgías sin culpas

en pisos compartidos, en fiestas de bosques, en cuartos
    oscuros.

Las he visto reconocer la transexualidad que siempre había
     estado ahí,
darle voz y nombre
y resistir
entre mares de ignorancia y violencia desde todos los frentes.

Las he visto dejar de utilizar las puntuaciones correctas
     porque han internalizado que los textos no se terminan,
que vivimos entre los huecos, que el sentido está entre
     las líneas
y que estamos todas en el mismo barco hacia ninguna parte,
los he visto amarrarse las piernas a colchonetas inflables
queriendo practicar bondage y yoga porque no había más
religiones posibles.

Las he visto a quienes han aprendido tanto de política
a través de internet
que se han sentido abrumadas por todo lo que sabían
y se fueron a beber.

A quienes han aprendido a automutilarse,
a construir casas de adobe y grandes jardines
    de permacultura,
a cocinar comidas exóticas de pueblos extintos,
a viajar sin dinero y a restaurar muebles traídos de la calle,
a quienes han aprendido a deconstruir los perniciosos
     ideales del amor romántico

a través de tutoriales de Youtube.

Las he visto enamorarse de youtubers.

Las he visto
en la más honda errancia
de país en país,
de trabajo de trabajo,
de cuerpo en cuerpo.
Las he visto modificarse el cuerpo como ninguna otra
    generación jamás en la historia.

He visto
a las mujeres de mi generación
criadas como silentes y muñecas, 
pero las he visto rebelarse y quemar escuelas vencidas
     y reinventar el lenguaje.

Y los he visto llorar
a todos
porque no les alcanza la piel,
porque no les alcanza la vida,
porque no les alcanza un poema
para expresar
todo lo que han visto.




MiRYAM HACHE (Buenos Aires, Argentina)
De:  "He visto las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center " en He visto las mejores...
Imagen en Madame Ho