Metamorfosis en la noche
Esta humedad sí que la comprendo
habiendo un cuerpo.
Son pocos los que se agrietan
al decir adiós.
Doblar un papel,
madera y vidas que crujen,
en un mismo altar.
Las ramas que no saben el camino
a la palabra
quisieran recibirme
con la quietud del viento
dentro de casa. Dudar de mis manos,
si no reparan sombras.
La espera
El cuarto permite sólo unos pasos
que repito en una dirección y en otra, como
quien busca confirmar
el tamaño de un cuerpo.
En un espacio no mayor que éste
quiere la escritura tener la medida
exacta de la verdad.
No hay más que un poco de madera: mesa,
libros, suelo y lápices.
Y un hombre solitario que a veces cruza
una calle en la memoria.
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