Julio Trujillo | La inmediatez de un orbe acalorado

por - agosto 08, 2026

Tango del miope    



Soy miope incluso cuando gasto gafas, 
porque olvidé el perímetro, 
porque me quedo con el centro de un volumen. 
 
Los empellones de la gente 
me transportan,  
y tan incierto es mi destino como un rostro lejano.  

De cerca veo mejor, 
pero mis ojos quieren la escritura 
de los pájaros. 

Mis ojos quieren de los árboles más altos
la nervadura de una hoja
transparente.

No sé por qué –y eso me angustia–
acudo siempre al mango del cuchillo,
nunca al filo.

Si al sol quería de niño dibujar
lo hacía representando
la inmediatez de un orbe acalorado.

Incluso con anteojos no distingo
la urdimbre de los días
que se acercan.

No puedo o no sé leer los argumentos
de una historia.
Soy un lector de actos.

Todos los días me desengaño un poco
al acercar frente a los ojos
algo que era mejor cuando era vago.



El acelerador de partículas


La última vez que nos besamos
recuerdo que pensé:
no sé contar las dimensiones
del espacio,
no sé medirme contra el cosmos pero intuyo
con esta risa íntima,
como guinándome a mí mismo el oj,
mi fértil nadería,
mi espléndido guarismo ante una cifra kilométrica.
Y encima de esa idea que se fugaba
pensé también que nuestro beso ahí,
en ese instante,
era como un impacto de partículas
que hubieran circulado muchos años,
y tal vez muchos siglos,
en el imperio de la vastedad.
Como un átomo loco porque nada,
como un hombre perdido porque nadie
fijó jamás un límite a su estancia.
La vida era girar
en un inmenso túnel que llamamos mundo,
en un bello circuito desdeñoso
que no registra nuestros parpadeos,
nuestro suspiro vespertino un miércoles cualquiera.
Suelo poner las manos sobre el pasto,
en la banqueta,
pegado al tráfico de la ciudad,
para decir con todo el cuerpo: aquí,
como si deletreara
las coordenadas de ser yo,
como si diera pistas para que me hallaran
Y entonces ese beso,
y entonces esos labios en los míos,
en esa vuelta velocísima del mundo
en esa ciega circunvalación,
llegaron
o llegó, 
toparon con un átomo que igual
giraba locamente acelerado.
Duró un instante apenas,
una idea
que se construye conforme se fuga.
Eso pensé
la última vez que nos besamos.

JULIO TRUJILLO (1969, Ciudad de México / 2025, Cornwald, Inglaterra)
Fuente: Otra iglesia es imposible / Coordinación Nacional de Literatura 
Imagen en Editorial Pre-Textos

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