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julio 03, 2022

Alfredo Buxán: Como alfiler de sombra

Banco público


Banco público     




Entre la gente, aunque camine solo 
hacia cualquier asunto cotidiano 
-comprar una alcayata o hierbabuena 
para colgar un cuadro en el pasillo 
o reventar de vida el balconcito-, 
llegan al alma, lentas como olas 
de un mar en calma, las palabras dulces 
que amamanta el silencio, las que nunca 
se pronuncian delante de los otros, 
las que germinan a oscuras y se mecen 
en los brazos de seda de la luna.
Las que esperan su turno.
Me las trae en la boca
un perro callejero o una nube
que pasa, el azar de un recuerdo,
un encuentro feliz en el mercado,
esa mujer con el pañuelo al cuello
que está pidiendo auxilio cuando mira,
ese banco sin gente
donde quizá me siente cualquier día,
en paz al fin, sin lamentar ya nada,
a escuchar la canción del universo.



Música de silencio




Solamente es posible envejecer
lo mismo que la música, acorde
tras acorde hasta la nada, el éxtasis,
la cumbre. Queda la música
prendida en la conciencia
como lapa tenaz, como alfiler
de sombra, y nuestra cima
es el silencio, el inmóvil paisaje
de la muerte. La vida, en cambio,
espuma diluida
en la breve tarea de latir.


ALFREDO BUXÁN (Concurbión, La Coruña, España)
Enlaces: Isliada | Trianarts | 
Imagen en Youtube

julio 01, 2022

William D. Snodgrass

La casa bajo llave, poesía estadounidense


Una casa bajo llave     




Mientras conducíamos de regreso, cruzando la colina, 
la casa aún 
oculta entre los árboles, yo siempre pensaba 
—un miedo de tonto— que podría haberse encendido 
en llamas, alguien podría haber penetrado. 
Como si las cosas debieran de ser 
demasiado buenas aquí. Aún, siempre la encontrábamos 
bien asegurada, sana y salva. 
  
Mencioné eso, una vez, a manera de chiste;
hablamos, sin lugar a dudas,
sobre lo absurdo
de temerle a la envidia de un dios arisco
de nuestra buena fortuna. Desde la granja
de al lado, nuestros vecinos no vieron que algún mal
llegara a las cosas que queríamos aquí.
¿Qué teníamos que temer?

Tal vez debí haber pensado: todas
esas cosas se pudren, caen
—graneros, casas, muebles.
Los dos somos más fuertes que lo que éramos
separados; hemos crecido
juntos. Todo lo que poseemos
puede arder; sabemos lo que cuenta —una idea
de ese estilo. Dijimos tanto.

Hemos visto a amigos llevados a la traición;
sintieron que el amor les vació
algún yo que necesitaban.
Habíamos dicho que el amor, como un brote, puede alimentarse
del odio que entregamos y disfrazamos;
nos advertimos. Que tú podrías despreciarme
—odiar todo lo que más amamos—
ninguno de los dos lo pudo haber adivinado.

La casa aún está en pie, con llave, como estuvo en pie
intocada unos buenos
dos años después de que partiste.
Algunas cosas se perdieron en el acuerdo;
algunas cosas se escabulleron. Suficiente ha quedado
para que yo vuelva algunas veces. El robo
y el vandalismo eran de nosotros.
Tal vez debimos haberlo sabido.


 

A Locked House 




As we drove back, crossing the hill,
The house still
Hidden in the trees, I always thought—
A fool’s fear—that it might have caught   
Fire, someone could have broken in.   
As if things must have been
Too good here. Still, we always found   
It locked tight, safe and sound.

I mentioned that, once, as a joke;   
No doubt we spoke
Of the absurdity
To fear some dour god’s jealousy   
Of our good fortune. From the farm   
Next door, our neighbors saw no harm   
Came to the things we cared for here.   
What did we have to fear?

Maybe I should have thought: all
Such things rot, fall—
Barns, houses, furniture.
We two are stronger than we were
Apart; we’ve grown
Together. Everything we own
Can burn; we know what counts—some such   
Idea. We said as much.

We’d watched friends driven to betray;   
Felt that love drained away
Some self they need.
We’d said love, like a growth, can feed   
On hate we turn in and disguise;
We warned ourselves. That you might despise   
Me—hate all we both loved best—
None of us ever guessed.

The house still stands, locked, as it stood   
Untouched a good
Two years after you went.
Some things passed in the settlement;   
Some things slipped away. Enough’s left   
That I come back sometimes. The theft   
And vandalism were our own.
Maybe we should have known.



WILLIAM D. SNODGRASS (1926, Beaver Falls, Pensilvania / 2009, Madison, New York, Estados Unidos de NA)
Traducción: Juan Afanador y Santiago Ospina
Fuente: Otro páramo | Poetry Foundation 
Enlaces: Isliada | Poetas Siglo XXI
Imagen en New York Time

junio 28, 2022

Ouyang Jianghe


Llaves de domingo    




Las llaves se menean bajo la luz de un domingo en la mañana 
alguien se quedó por fuera en la noche profunda. 
No es lo mismo el eco de la llave al penetrar la cerradura 
que tocar la puerta, 
tan lejano que la dirección del sueño es más confiable que la realidad. 
Atravieso los suburbios y todas las luces de los autos 
súbitamente se apagaron. Y en medio del cosmos infinito 
sobre mi cabeza 
alguien palpa el freno de su bicicleta. Ligeramente inclinado 
por espacio de un segundo, y escucho las llaves caer al suelo. 
Hace muchos años unas llaves se meneaban bajo el sol,
las levanté sin saber donde yacían ocultas,
las manos tras ellas. Todos los días antes del sábado
están cerrados con candado, y no sé cuál de todos debo abrir.
Hoy es domingo. Todas las puertas
misteriosamente están abiertas. Tiré las llaves.
Puedo entrar a cualquier casa sin tocar la puerta.
El mundo tan sobrepoblado, y este cuarto en tanta soledad.





OUYANG  JIANGHE (1956, Sichuan, China)
Traducción:  Pablo Rodriguez Durán
Fuente: La primera piedra 
Enlaces: China traducida y por traducir | La Otra
Imagen en La primera piedra

junio 24, 2022

Adriane Garcia

Antropoceno, poesía brasileña


Antropoceno    



 
Está pareciendo que yo odio a la humanidad 
Desde que vi las morsas cayendo de montañas 
Donde nunca deberían haber subido 
Las morsas rebotando 
Una, dos , tres veces y cayendo desparramadas 
En medio de la multitud de morsas  
En la costa de Rusia, yo que nunca estuve allá 
Lloré como quien ha llegado a amar solamente 
A los animales 
Y las plantas que cultivo en mi departamento 
Bajo un pedacito de sol
Que los arquitectos dejaron por compasión
O por olvido
Supe entonces que faltaban glaciares a las morsas
Y que ellas ahora se daban vuelta en las piedras
Amontonadas, que algunas subían a las montañas y
El resultado ya lo dije
Ellas caen y está pareciendo que yo
Odio a la humanidad
Como si yo no supiera que la gente
También es animal
Como si no entendiese que es preciso amar
A mi propia especie
Está pareciendo que yo no comprendo
Que nosotros caemos cuando la morsa cae.



Antropoceno




Está parecendo que eu odeio a humanidade
Desde que vi as morsas caindo de montanhas
Em que nunca deveriam ter subido
As morsas quicando
Uma, duas, três vezes e caindo estateladas
No meio da multidão de morsas
Na costa da Rússia, eu que nunca estive lá
Chorei como quem passava a amar somente
os bichos
E as plantas que cultivo no meu apartamento
Sob um pedacinho de sol
Que os arquitetos deixaram por compaixão
Ou por esquecimento
Soube então que faltavam geleiras às morsas
E que elas agora se viravam nas pedras
Amontoadas, que algumas subiam as montanhas e
O resultado já disse
Elas caem e fica parecendo que eu
Odeio a humanidade
Como se eu não soubesse que gente
Também é bicho
Como se eu não entendesse que é preciso amar
A minha própria espécie
Fica parecendo que eu não compreendo
Que nós caímos quando a morsa cai.


ADRIANE GARCIA (1973,  Belo Horizonte, Minais Gerais, Brasil)
Traducción: Ricardo Ruiz
Enlaces:  Vallejo & Co. | Redesina
Imagen en Rascunho

junio 22, 2022

Héctor Giuliano: Odio los pianitos de películas navideñas

poesía argentina



Suave, 
muy muelle, 
ponía mi mano 
en tu panza.  
Entibiaba  
ese frío  
que nacía de adentro,  
que rezumaba   
algo   
entre las finas   
suturas   
y los costurones   
de afuera.  
Fibroma, dijeron,   
cambiaron la versión  
tras la macro  
y el estudio patológico. 
"Otra cosa". 
"Muy seria, casi grave", 
"...que puede ser muy grave".
El horror del horno,
el cobalto
en ese recinto de plomo
y descarnados molares.
La palma en la panza.
El estupidísimo candor
del querer quedarnos,
de prolongar 
el fértil cargamento
que la vida,
sin más,
desgana y apaga.
Odio
los pianitos
de películas navideñas,
el celofán 
de leños en la estufa
y un vaso con licor,
los rostros llorosos,
y el pianito 
ahogado en una nota,
el melodrama,
la halterofilia pasional,
su destino 
de fáciles destierros,
y nada de nada.
Es más,
y ahora que atino
a releer,
no sé cómo escribiré
el próximo renglón.
"Recomendamos
estudios frecuentes,
análisis elegíacos,
biopsias en coacción
y circunstancia,
escurridos tejidos
y los rubores 
de un tercero",
agrego
por decir algo.
Y mi manos
sobre el vientre
que le fuera arrancado
a la muchacha que reía,
la que bailaba ante un espejo,
la que ocultara
facas y chumbos
en aquella noche
filosa de muerte,
cascos, cueros,
jeeps con reflectores.
y lo que aquí 
despojo
sólo es 
aquello
que sobra del kitsch,
carreras de caballos
y el viejo borracho
tirado en una zanja,
no hay pelos de Ovidio
ni puertos nerudianos,
páncreas aéreos,
exteriores.
Esta desazón
que muerde los cabales
y la dulce mano
y el dulce regocijo
minutero
del desastre.
Y miro esto,
patas arriba,
desuello,
aburrida mariconería,
y no quiero poner
que lloro,
porque no lo haré,
así venga Butler Yeats
y su equilibrada
belleza de ramas trenzadas.


Otros poemas de HÉCTOR GIULIANO, aquí
Enlaces: poesía.ar | Otra iglesia es imposible

junio 21, 2022

Roman Honet

Poesía polaca, poeta Roman Honet viste una remera de rojo intenso con la inscripción Bancroft

Ecos de una voz    




el tiempo no entiende de atrocidades, 
menos el silencio después de nosotros. cada verano 
quema el suelo un alud de huellas de ayer, 
el río lava los labios hinchados al morder  
los frutos de espino y las letras oscuras  
de una carta rota en silencio. aún 
pertenecemos a fuegos pretéritos, 
destellos tan puros como el pálido conde st ives*,
a su regreso de inglaterra. las semanas
van saturando la sangre con hueso espumado,
cuando nos sorprendemos en el ascensor, 
hospital, espejo. oscuridad
círculos en el agua, profundidad abismándose.
hasta aquí hemos llegado 



Echa Jednego Glosu



czas nie zna żadnych okrucieństw,
oprócz ciszy po nas. każdego lata
pali ziemię lawina wczorajszych śladów,
rzeka obmywa usta spuchnięte od rozgryzania głogu
i ciemnych liter na brzegach podartego
w milczeniu pisma. ciągle jeszcze
należymy do minionych pożarów,
odblasków czystych jak wracający z anglii,
blady hrabia st ives. tygodnie
nasycają krwiobieg spienioną kością,
kiedy przyłapujemy się w windach,
szpitalach, lustrach. ciemność
okręgi wody i zwijająca się głębia.
aż tu doszliśmy


* Alusión al protagonista de la novela de R.L Stevenson St. Ives: Las aventuras de un preso francés en Inglaterra




ROMAN HONET (1974, Cracovia, Polonia)
Traducción: Ada Trzeciakowska
Enlaces: Ada Lírica
Imagen en TVN24

junio 18, 2022

Amanda Gorman

Amanda Gorman, poeta de color con campera roja


YO CREO     




Ya no creo en la bondad 
Una vez creí en columpios 
susurrando sermones de esperanza 
hasta que vi a la tristeza y el hambre pasear 
por los pliegues demacrados del rostro de un niño 
 
Una vez gocé con lo bello de los rayos 
ondulando entre el verdor 
y bailando entre las ramas
hasta que las sombras del brazo del roble
se tornaron demonios danzantes
aullando un dialecto almibarado de muerte

No, ya no creo en la bondad
aunque las sofocantes calles de junio
entonen estallidos satisfechos
no puedo permitirme
recobrar mi esperanza alegre en la moralidad

Yo no, no puedo, no quiero
desmoronarme bajo la decepción
de creer en la bondad
por eso convertí mi fe rota
en la esperanza de resurrección

Después de que la oscuridad se agarre a cada rincón solitario
de mi habitación, yo me aferro al momento en que
finalmente la luz de la luna
se cuele por mi ventana

Ante los cuerpos de jóvenes Negros desplomados
sobre la acera ensangrentada mi mente absorbe
la imagen de jóvenes de vida recta
que de aquí para allá intercambian bolas de básquet
su vida valiosa
su risa sagrada

E igual que el sol bosteza
sobre la sábana de un fresco
día expectante
yo miro
escucho
y sonrío

En el sutil estiramiento de mis labios
el ahogado resurgir de mi risa
no habita la resurrección de la bondad
sino la resurrección de la fe

Nacida en la simple gratitud
que puedo reconciliar con el milagro
en el paladar colorido del alba apasionado
confieso
yo creo



I BELIEVE




I do not believe in goodness anymore
I once believed in swingets
whispering sermons of hope
until I saw sadness and hunger pacing
the folds of a child’s hollow face

I once relished in the beaty of rays
undulating through greenery
and dancing around branches
until the oak limb’s shadows
became dancing devils
houling a syrupy dialect of doom

No, I do not believe in goodness anymore
although the sizzling June streets
hum in bursting satisfaction
I cannot bring myself
to reclaim my gleeful hope in morality

I do not, I cannot, I want not
to decay under the disappointment
of believing in goodness
so I turn my broken faith
to the hope of resurrection

After darkness clutches every lonesome corner
of my room I grip onto the moment when
moonlight will finally waltz
through my window

At the sight of slumped Black boy corpses
on bloody pavement my mind drinks up
the image of upright linving boys
innovently exchanging basketballs back and forth their
life precious
their laughter sacred

And as the sun yawns
on the bed sheet of a fresh
waiting day
I watch
I listen
and I smile

In the subtle stretch of my lips
the muffled reawakening of my laughter
doesn’t dwell the resurrection of goodness
but the resurrection of faith

Born in the simple gratitude
that I can reconcile with the wonder
in the color palate of the passionate dawn I
confess
I believe





AMANDA GORMAN (1998, Los Ángeles, California, Estados Unidos de NA)
Traducción: Laura Vicente
Fuente: Temblor
Enlaces: The Amanda Gorman | Isliada
Imagen en The New York Times

junio 16, 2022

Rudy Francisco

Poeta Rudy Francisco, con campera de jean sobre fondo marrón


Introducción     


Cuando yo estaba en el colegio, participaba en el club de oratoria y debate y mi “evento”de concurso fue la “Interpretación de Poesía”. El subgénero más popular de poesía que serepresentaba en este evento fue la poesía spoken word (traducido literalmente, significa la palabra hablada). Cuando empecé a participar en este tipo de oratoria, hubo una chica quién me golpeó con una representación de algunos poemas por Rudy Francisco. Desde entonces he sido un gran admirador de su obra y también del subgénero entero.
Según el glosario de términos poéticos publicado por la Fundación Poesía en su sitio web, la poesía spoken word es una denominación general para poesía que se ejecuta oralmente. Aunque el spoken word puede ser publicado en el formato de un poemario escrito, el subgénero viene de la tradición oral y puede incluir elementos musicales y dramáticos para hacer comentarios sobre asuntos de la justicia social, política, raza, y comunidad. Según el sitio web de Rudy Francisco, su estilo se caracteriza pòr el uso de la narrativa personal para discutir temas importantes como: la política de la raza, clase social, género y religión mientras reforzar “the interconnected nature of human existence”.
Ha demostrado en su recitación de poemas en vivo y también en sus poemarios Getting Stitches (2013) , Scratch (2014), No Gravity (2015) y Helium (2017), que su vida amorosa es el medio preferido para hablar sobre esos temas. En esta colección abreviada, he decidido elegir doce de los cincuenta y ocho poemas en el poemario original para contar una historia sobre el amor y la felicidad mientras vivir con una enfermedad mental como la ansiedad o depresión. Espero que la orden de los dos poemas cuente efectivamente esta historia porque, de alguna manera, es nuestra historia contar juntos como traductor y poeta. En su ensayo “Translating Poetry”, Yves Bonnefoy escribió que el traductor no tiene que ser un poeta también, pero “...if he is himself a writer he will be unable to keep his translating separate from his own work” (189).
De esta manera, la traducción de estos poemas involucra mis propias experiencias y da causa al producto final. Pero el producto final no contiene las palabras (verdaderas) del autor porque, según Walter Benjamin, “The task of the translator consists in finding the particular intention toward the target language which produces in that language the echo of the original” (The Task of the Translator, 258). En suma, aunque las palabras originales de Rudy Francisco han producido el espíritu de mis traducciones, la presentación de estos poemas traducidos se refleja la historia personal que yo he encontrado escondida en su obra; la conexión personal que nos atrae a la poesía, y los sentimientos profundos que espero encuentren también.


Horizonte 



Espero no haber pasado 
delante de mis mejores momentos. 
 
Espero que haya algo
hermoso en el horizonte
que está tan impaciente como yo.
Algo tan vehemente,
que quiere encontrarme a mitad de camino.
Un momento que
que mira diligentemente su reloj,
temblando con
ansiedad, frustrado
y reventando sus costuras,
preguntándose porqué me estoy demorando
tanto en llegar.



A la chica que trabaja en el Starbucks, cerca de
mi casa en la calle de Del Mar Heights , juro por
Dios que no soy un acosador

Cuando te pedí un chai latte,
lo que quise decir fue:
“Pasaba por aquí y te vi en la ventana.
Entré solamente para saber
cómo sonaría tu voz”.

Pero en lugar de decir eso, me puse muy
nervioso y sólo pedí la primera cosa en el menú.
Ni siquiera sé qué es “chai”.

Ni un latte, en realidad.

Imagino que cuando Dios te hizo
maldijo por la primera vez. Se volvió hacia un
ángel, le chocó los cinco, y dijo “¡Guay, soy
putamente bueno!” Así eres de hermosa. Pasé
los últimos cinco días tratando de averiguar
cómo voy a presentarme correctamente, y creo
que lo he resuelto al fin.
Será algo así como… “hola”.

Eso es todo lo que tengo hasta ahora, pero creo
que es un buen comienzo.



Al hombre que está de pie en la esquina
sosteniendo un letrero que dice “Dios odia a los
maricas”

Nunca he visto exactamente a quien
hace doblar tus rodillas como un clip,
a quien hace que tus manos se unan
ni a quien le rezas
pero creo que sé cómo luce:

Apuesto que tu Dios mide 5’10”.
Apuesto que él pesa 185. Probablemente
luce como un diploma de secundaria
cuando está al lado de un GED.

Apuesto que tu Dios tiene un peinado corto por
delante y largo por detrás. Apuesto que él carga
una riñonera y viste una camisa de franela sin
mangas, y dice palabras como “getrdun”.
Apuesto que tu Dios ve FOX News,

Dog the Bounty Hunter, votó por Donald Trump,
y adora a Bill O'Reilly. Apuesto que tu Dios es
un político de Arizona. Apuesto que en su
colegio se servía racismo en la cantina

y se ofrecía “discurso de odio” como segundo
idioma. Apuesto que él tiene una esvástica
dentro de su garganta
e insultos racistas tatuados en su lengua
solo para hacer más cómoda la intolerancia

en su boca. Apuesto que él tiene un cruz en
llamas como quien muestra el dedo, y Jim Crow
debajo de las uñas. Tu Dios
es el sueño húmedo de la bandera confederada.
Concebido en día en que el cielo
decidió cortarse las venas.
Apuesto que tu Dios tiene problemas con la
bebida. Apuesto que él ve el fondo del vaso
con más frecuencia que a sus propios hijos.

Apuesto que él riega whiskey sobre sus sueños
hasta que saben a buenas ideas, probablemente
maldice como una guitarra eléctrica con
síndrome de Tourette conectada al océano.
Apuesto que él grita como una esquizofrénica
pistola de clavos, que destruye todo lo que se le
acerque y se preocupe por él. Apuesto que hay
ángeles en el cielo con ojos negros y aureolas
rotas

que afirmaron haber caído escaleras abajo.
Apuesto que tu Dios hubiera creado a Eva
sin boca y le hubiera enseñado a abrir sus
piernas como una revista

en la que ella nunca estará porque no es bastante
bonita. Tarde o temprano te darás cuenta
de que le rezas a tu propia sombra,
de que te paras frente a espejos

para adorar tu propia reflejo.
Tu Dios le robó la identidad al mío.



Horizon



I hope I haven't already driven
past my greatest moments.

I hope there is something
beautiful on the horizon

that's just as impatient as I am.
Something so eager,
it wants to meet halfway.
A moment that is diligently
staring at its watch,
trembling with
nervousness, frustrated,
and bursting at the seams,
wondering what's taking me
so long to arrive.



To the Girl Who Works at Starbucks, Down the
Street from My House on Del Mar Heights
Road, I Swear to God I'm Not a Stalker.

When I asked you for a chai latte,
what I meant to say was:
“I was walking past. I saw you in the window.
I only came in here because I had to know
what your voice sounded like.”

But instead of saying that, I got really nervous
and just ordered the first thing on the menu.
I don’t even know what “chai” is.

Or a latte, for that matter.

I imagine, when God made you,
he cussed for the first time. He turned to an
angel, gave him a high five, and said “Goddamn,
I’m good!” You are that beautiful. I spent the
last five days trying to figure out how I’m going
to introduce myself to you properly, and I think
I’ve finally figured it out.
It’s going to be something like… “Hi.”

That’s all I got so far, 
but I think it’s a good start.



To The Man Standing on the Corner Holding
the Sign That Said “God Hates Gays”

I've never seen exactly who it is
that paperclip your knees,
meld your hands together, and pray to
but I think I know what he looks like:

I bet your God is about 5’10”.
I bet he weighs 185. Probably
stands the way a high school
diploma does when it's next to a GED.

I bet your God has a mullet. I bet
he wears flannel shirts with no sleeves,
a fanny pack, and says words like
“getrdun.” I bet your God watches FOX News,

Dog the Bounty Hunter, voted for Donald
Trump, and loves Bill O'Reilly. I bet your God is
a politician from Arizona. I bet his
high school served racism in the cafeteria

and offered “hate speech” as a second language.
I bet he has a swastika inside of his throat
and racial slurs tattooed to his tongue
just to make intolerance more comfortable
in his mouth. I bet he has a burning cross
as a middle finger and Jim Crow
underneath his nails. Your God
is a Confederate flag’s wet dream.
Conceived on a day when the sky
decided to slice her own wrists.
I bet your God has a drinking problem.
I bet he sees the bottom of the shot glass
more often than his own children.

I bet he pours whiskey on his dreams
until they taste like good ideas,
probably cusses like an electric guitar
with Tourette's plugged into an ocean.

I bet he yells like a schizophrenic nail gun,
damaging all things that care about him
enough to get close. I bet there are angels in
Heaven with black eyes and broken halos

who claimed they fell down the stairs.
I bet your God would have made Eve
without a mouth and taught her how
to spread her legs like a magazine

that she will never ever be pretty enough
to be in. Sooner or later you will realize
that you are praying to your own shadow,
that you are standing in front of mirrors

and are worshipping your own reflection.
Your God stole my God's identity.



RUDY FRANCISCO (1982, San Diego, California, Estados Unidos de NA)
Traducción: Caleb Sabatka
Fuente: Helio
Imagen en L.A.TACO

junio 14, 2022

Alberto Cisnero: Alcanzados por la gracia de las pequeñas cosas

Recherche, Cisnero


5    


 
siempre tuvimos un fantasma en el cerebro.  
escribimos para alguien imaginario. ¿hablamos  
solos? dicen que sí. recordamos el verano.  
el mes de abril. tal vez alguna palabra, un golpe 
sordo y breve en la tierra. ahora te recuerdo,  
decimos. pero no oímos más que la pluma 
royendo el papel. respuesta incorrecta, 
decimos; no hay recompensa para esto.




7



comprendemos el significado de la palabra greda 
y no conocemos la paz. qué será de nosotros 
alcanzados por la gracia de las pequeñas cosas, de reír 
demasiado o demasiado pronto. qué de cruzar
un puente de piedra en contacto físico directo 
con dos impostores. no sería nuestro sueño perfecto. 
ni se pareció a otro recuerdo. tampoco lectura 
para el prójimo. algún día el personaje de un libro 
le va a contar nuestra historia a un extraño mientras 
los dos esperan en aquella estación la llegada del tren.




37



no sólo te interesaba el humo de tu tabaco, 
no sólo barrías delante de tu puerta. 
tampoco te dedicaste a conceder entrevistas
por subalternos motivos de publicidad,
ni a apoderarte de una tesis, de tus penas 
sentimentales y tus malas digestiones 
para intentar un libro social. o de realismo 
sucio destinado a jóvenes ociosos y educados
(que hacen, hicieron o harían sus pogromos, 
su aguda selección de amigos y secuaces, 
en el desbande de banderas, conchabos 
y subsidios del erario). y esperabas muchas 
aventuras de la vida. con sereno esplendor. 
para que no se apagase el sol y la continua 
dilación del azul. desde el año diez de la república, 
decimoctavo mes de ventoso, veintiséis 
de febrero, diez y media de la noche.



40



hablemos del río, de la primera vez 
que nos asustó la absenta, de tu amor 
taciturno y siempre amenazado. de tu amor 
a cualquier costo. mientras sonreímos, 
como una vieja lección aprendida,
mientras se marchita un ramo de violetas, 
en un vaso, a nuestro lado, entre el papelerío. 
y la firme suavidad de un cuerpo joven
nos llena la boca de saliva. habrá quien dirá: 
ya no leemos poesía, excepto a Wilde. despedirse 
en la realidad era esto. sólo un candil encendido 
y su tristeza correspondiente. al final no 
aprendimos ni olvidamos. sólo guardamos
el debido silencio.




De: "Mi recherche", Barnacle 2022
Otros poemas de ALBERTO CISNERO, aquí 
Imagen en Facebook

junio 10, 2022

Jorge Aulicino: Riachuelo, Eurostar, Puente viejo

Eurostar, Riachuelo, Jorga Aulicino


Via del Corso     
Roma 


1 


Cerca de la Piazza del Popolo y de la Piazza di Spagna, 
como dictado por una agencia de turismo 
mi fantasma anda entre muebles repintados 
en el amanecer poblado de perfiles y grúas 
gaviotas y revoques, 
glorietas achaparradas en las terrazas, 
eructos de hongos en escaleras, 
cruces y cúpulas. 
Todo esto era más verdad que la cercanía de la casa de Keats. 



2


Una ciudad y otra,
lluvias y perfiles de acueductos
fueron creados por mi manos y un teclado: es un juego que repito desde hace años.
Todas las ciudades romanas comercian entre sí
y se incendian a veces sus palacios o pocilgas
y hay una columna de humo en el horizonte tranquilo 
    de gaviotas.
Así nacen, de verdad, y mueren las ciudades —Dios sabrá qué significa “de verdad”—. Porque
el paisaje anaranjado, con grúas-espiga en el horizonte 
    y casas secas
es tan irreal o digital o virtual como este juego en el que nacen 
    y renacen, 
cada noche, ciudades, y tan adentro del corazón 
     se desmoronan.



El Puente Viejo
Barracas, Buenos Aires


1


El estrecho puente sobre el que 
un mediodía de invierno se detuvo el Citroën 3CV
y lo arrancaste a manija, fines de los 70,
cuando atronaba el silencio del mediodía
y el agua densa remaba como una mala digestión,
hacia el Plata.

¿A quién le importaba la paradoja, en tanto retórica? 
Era olvidable, mucho más que las chapas del Citroën
que se sacudieron cuando engranó de nuevo
el pequeño motor de dos cilindros.

Estacionaste el auto y en el húmedo y cálido útero
del bodegón El Puentecito comiste
una gigantesca milanesa a la napolitana.



2


En el nuevo puente Pueyrredón, a unas cuadras,
una mañana de primavera se quedó parado el trajinado 
     Peugeot 404,
porque no funcionaba el indicador del combustible,
y tomaste a tu hija en brazos, bajaste el puente, volviste con el 
     bidón lleno.
La normal circulación no se alteró.
Tu epopeya fue tan mínima
que, en comparación, la de las hormigas junto al surtidor,
empeñadas en deshacer un pedazo de pan y transportarlo,
fue la hazaña gigantesca de ese día.
Pero todos los días estaban hechos de pequeñas epopeyas
y muertes silenciosas.



3


El olor del Riachuelo te despertaba cuando volvías de un viaje.
Era la señal de que estabas en casa. La ciudad resurgía en la 
    ventanilla
como si no la conocieras.

El olor del Riachuelo era indescriptible, no era orgánico, era
el de la putrefacción de los metales
si fuera posible, un olor a maceramiento de ácidos y aguas 
     cloacales, pero no repugnante;
era el olor de tus cosas, del borde de tu ciudad,
como el de un cuerpo que recién se despierta y deja
un suave hedor sobre la sábana.

(Bajo un puente, se hundió 
     un tranvía en 1930.
El poeta Tuñón tenía 25 años y mencionó en la crónica
     que un obrero joven llevaba un sándwich de milanesa
     en el bolsillo.
Una milanesa simple, no una napolitana
como la que comiste en la orilla aquel invierno,
cincuenta años más tarde, en el borde
del agua negra y familiar, en el borde también de la ciudad
de los hechos,
de las cosas que se quieren y siempre son lejanas.)



Estación Perú
Buenos Aires



1


Un mundo entramado queda afuera:
sistemas de semáforos, mensajeros en motos, antenas, 
    ondas, calles, cortadas, puertas viejas,
ascensores:
estamos en el andén, el comercio se reduce a diarios,
alicates y cuchillos, llaveros, billeteras de plástico.
El santuario abre sus bocas en los extremos y el aire 
emite vibraciones que agitan el olor a cable
y grasa, el eléctrico olor del Subte.

Irán los vagones rápidos, transitorios, como el sueño;
las ondas electromagnéticas —ciertas pero fantasmales—
nos seguirán y buscarán 
teléfonos celulares en los vagones, pasaje
fortuito, como el de los sueños.
No habrá piratas petrificados en las paredes ni esqueletos 
fósiles de pájaros,
y sin embargo el túnel conduce a mundos
en su mayor parte imaginarios,
sin que haya un mundo específico del Subte,
una fauna, una flora, descontando las ratas, que también
están de paso.



2


Por alguna razón Disney imaginó que el viaje hacia las islas de
los piratas debía ser por un túnel,
como una galería de los prodigios
(águilas, cabras, serpientes, humanos, caballos entremezclados,
producen grifos, hipogrifos, quimeras, sátiros, centauros).
Un túnel como el de la Corte de los Milagros,
como la madriguera del conejo,
raíces que cuelgan del techo.
Y aquellos cielos puros y las aguas del Caribe,
de color turquesa, y el milagro de peces de colores,
el coral, los manglares,
     el sudor de las mulatas,
convertidos en un cielo de tormenta,
     un agua de cloaca, 
una isla de esqueletos, figuras de cera
pelos en las axilas, cicatrices negras,
risas del Infierno. 
     Una Estigia, el mar.
Un viento de túnel, el huracán.
Un olor de metales recalentados, el de las especias.
Un humo tormentoso, el del tabaco.



3


Y aunque el Subte es sistema, red, 
el túnel va a la nada.
Se mete en uno, en los bronquios, en las cavernas físicas.
Cava. 

Puede que todo lo pueda el túnel.
Que llegue más allá del mar.
—Eurostar hizo un túnel bajo el Canal de la Mancha—.
Se pueden cavar túneles debajo del Atlántico, 
quizá existan subtes bajo el mar.
Hay un túnel que no termina, en alguna parte.
Los que entran en él, ven para siempre 
jardines y viveros, hojas y ramas,
techos que se suceden, campanarios, cúpulas, mundos de peces,
de anémonas, mundos de espadas, trompos,
mundos de cuerpos desnudos,
detalles interminables de un ojo:
guirnaldas, movimientos de un caleidoscopio.
Cosas de las que siempre se estuvo afuera.
Eso debe ser la muerte o la vida eterna, que son lo mismo, 
en términos prácticos.






De: "El libro de los lugares sagrados", Barnacle, 2022
Otros poemas de JORGE AULICINO, aquí
Imagen en Facebook

junio 08, 2022

Alberto Pipino



LA HIGUERA DE MI INFANCIA     

A Pina Pipino 


Aquí en el zoo del Bronx, mientras vago 
por los senderos, ruge un tigre y 
llegan recuerdos enredados. 
Es un vínculo donde las imágenes no están 
en fotos, íconos o páginas 
sino vivas. 
Por ejemplo, la raíz de la higuera rompe 
las baldosas, un relámpago de leche 
ilumina un túnel hacia el azar. 
Para la cena mi hermana hace un agujero
con el índice en la miga de un pan,
lo llena de aceite y lo comparte,
mamá canta el “caminito que el tiempo
ha borrado” y mal o bien
continúa la búsqueda.
Más tarde trepo por las ramas a los techos
del conventillo, debajo de una
pandilla de estrellas
juego a que estoy muerto sin infierno
o edén, en una carroza fúnebre
tirada por centauros,
al otro día bajo por la higuera
junto a Sandokán, el Tigre
de la Malasia.
Y antes de que pudiera darme cuenta,
mi vida quedó como la del tigre
sitiado que hoy
va de un lado a otro, enfurecido por el rugido
de fanáticos en el vecino Yankee
Stadium, aquí en el Bronx.



RIVERSIDE DRIVE


A Cándida Feliz

Separado del Río de la Plata, del retorno,
oye el runrún de un avión
que va al sur,
desde lo alto del Washington Bridge
desafía a la prudencia, sin asco
despioja el pasado.
En su sobrevuelo el gorrión parte
ave y otra humano cruza
a una candela
bella mujer con alas de vino y psiquis
abierta en la esquina de la 151
y Broadway.
Conmovido se da baños de tierra,
destila aceite afrodisíaco,
deja el deseo
a la deriva entre palabras sueltas,
aroma a tinta. En el vacío
su plumaje cambia
de un zigzag oscuro a una grave ternura,
su pecho prieto es
un alcaucil
deshojándose de añoranzas y despistes,
de voces que chillan igual
a lata raspada,
ávido busca bichos y restos de fruta en
aceras, callejones y patios de
Hamilton 19
Ah, Riverside Drive no solo ampara
a la corriente natural para calmar
la sed, también es
abismo para cobijar lo que queda de uno,
poner el pico bajo el ala,
reinventarse. Ahora
goza del aire viciado, imita el silencio,
la noche helada le abraza
hasta el fondo,
alegre confunde el cielo con el Hudson
y a una estrella fugaz con una
anguila de cristal.



MENEO FÚNEBRE

A Dora María Téllez


Una vivandera con la noche de trofeo
baila, sacude el delantal naranja
con jactancia, silban las
corolas desnudas
entre las ondas de la melena, el rocío
de caña le brota de la piel y
bajo la saya la aurora
se despereza.
Han vuelto los tiburones a las aguas
del Xolotlán y los nacatamales
están con la carne viva,
máscaras de ave
carroñera golpean a la presa entre
tambores, flautas, pitos
y trompetas; aletea
la pesadilla;
los dientes de la marimba rechinan
cuando el aire cruza las
teclas de hueso;
un viejo
retintín la rechaza del carnaval, agria
la leche y la miel, la encierra
hasta una bocacalle en
Manhattan
donde emblema de vivaz quimera
cabalga en pelo por la pérdida
y el abismo; entre aroma
a sudor y ron al son
de monedas que dolientes dejan al
pie del luto ante los pichones
devorados por el zopilote
rojinegro.




CON LA MAREA EN CONTRA

A Antonio Passano


Baraja las imágenes y corta el mazo en dos,
las une y vuelve a mezclar, coloca
boca abajo las efigies
e inicia el juego.
Da vuelta el primer naipe y la aurora derrite
la bruma, activa la copa del árbol
de agua y la foto histórica
invita a un trago.
Laxos y bicéfalos asumen la línea líquida,
unos hasta la última gota, otros
dejan alguna en el
tintero. Ahora
son felices por copular en las heridas,
zampar batracios al celebrar lo
inducido, malversar el adiós
y prolongar el pasado.




De: "Meneo fúnebre",  2022 
Otros poemas de ALBERTO PIPINO, aquí
Imagen en Centro Cultural Barco de Papel

junio 04, 2022

Maya Abu-Alhayyat


Sin dinero     



Sin un centavo vivo en un puesto de control, 
las pequeñeces me hacen feliz, 
como cuando pasa un día entero sin que 
vea un solo soldado, 
sus bostezos aburridos. 
Allí escribo mi nueva novela 
sobre el carnicero 
que quiso ser violinista, 
mezquino y vulgar, 
sus manos le fallaron, favorecieron 
las afiladas y relucientes cuchillas.
Te puedes imaginar lo lúgubre que puede ser
estar en la indigencia, sin un centavo,
vivir en un puesto de control,
conocer la felicidad
en las nimiedades, saltarse el turno
de un poeta locuaz o pasar jornaleros
aniquilados con sacos de plátanos
a la espalda, bolsas de guayaba,
y envases de leche Tnuva.
Estoy en la indigencia Durante años
he estado viviendo en una tumba
pero no he visto ni ángel ni demonio,
solo más que mi parte de soldados dormidos.



De You Can Be the Last Leaf de Maya Abu-Alhayyat, traducido del árabe por Fady Joudah (Minneapolis: Milkweed Editions, 2022).


Penniless



Penniless I live at a checkpoint,
trifles make me happy,
like when a whole day passes without me
seeing a single soldier,
his bored yawning.
There I write my new novel
about the butcher
who wanted to be a violinist,
mean and vulgar,
his hands failed him, favoured
the sharp glistening blades.
You can imagine how gloomy it can be
to be destitute, penniless,
to live at a checkpoint,
to know happiness
in trifles, skipping a loquacious poet’s turn
in line, or passing wiped out
day labourers with banana sacks
on their backs, guava bags,
and containers of Tnuva milk.
I’m destitute. For years
I’ve been living in a tomb
but have seen neither angel nor devil,
just more than my share of sleepy soldiers.





MAYA ABU-ALHAYYAT  (1980, Beirut, Líbano)
De: "You Can Be the Last Leaf" traducido del árabe por Fady Joudah (Minneapolis: Milkweed Editions, 2022).
Fuente: Cordite
Traducción al español por plataforma digital
Enlace: Círculo de poesía
Imagen en Arab News

junio 02, 2022

Marcelo Rizzi: Lo que nos dicte el alma

poesía argentina, poetas de Rosario


HAREMOS, como quien dice, lo que nos dicte 
el alma, cuya voz emerge desde un helado 
antepecho. Pese a todo se elige siempre entre  
acción y amnesia, o desde ese bello glosario  
hecho para imágenes de piedra o de madera.  
Una envoltura perfecta puede ser una página  
del diario de ayer para el pájaro que hallamos  
muerto cada día en nuestra propia puerta.  
Enceguecedora suele ser la luz si se la invoca 
demasiado hasta que llega al infierno mismo 
del poema. Nadie se acerca a la esencia de las 
cosas por venir: colmadas desde siempre de 
lo que nunca habrá sido, ese vértigo vaciado 
en un solo respiro, en medio de esta danza 
loca que no cesa.



ANTES recorríamos los bordes sin urgencias,
o dormíamos boca abajo, respirando la tierra,
su inhumano perfume. A veces cada profecía 
se cumplía más allá de la palma de una mano, 
navegábamos por nuestro Níger en barcazas
de papel. El pasado nos encontraba con el torso 
desnudo, indiferentes ante la transformación 
de los cuerpos, en tres escenarios desérticos 
como los de un film. Dios, en ocasiones, nos 
daba a elegir: o esa cura definitiva que olía a 
esparto quemado, moler el grano fugaz en 
morteros convexos, o dar forma a una materia 
difusa para hacerla perfecta cada día un poco 
más. Dejaba incluso a los amantes la elección
del punto de partida, en un silencio espartano, 
con la pregunta entre los labios por los dones 
de toda oscuridad.



DE este tiempo caduco que nadie nombra 
o desmiente —fondeadero donde una barca 
se desguaza, estepa con una sola casa, 
surco con la huella inmemorial del jornalero—, 
extraeremos la piedra y la arrojaremos al mar. 
Con nuestra ropa más negra hoy saldremos 
a desandar la ciudad. Un pájaro boreal anidará 
en nuestro ojo más diestro: qué ver y qué no 
de esa primera mitad. Tarde se descubre que 
la canalla es artera: confisca y oculta en una 
sola jornada nuestra parte más sagrada, 
aquella que extraída de oscuros socavones 
convertimos en carnoso fruto, exquisito, 
duradero.



De: "Del cultivo de sí como un árbol de costumbre", Barnacle, 2022
MARCELO RIZZI (1961, Rosario, Santa Fe, Argentina)
Estudió Historia y Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario.
Es poeta, traductor y diseñador gráfico. Ha sido traducido al inglés y al italiano.
Le fueron publicados poemas en revistas de España, Inglaterra, Chile y México. Recibió el Segundo Premio del Concurso Felipe Aldana de la Editorial Municipal de Rosario, en 2007.
Publicó: Del cultivo de sí como un árbol de costumbre (Barnacle, 2022), Prosa Bisiesta (a Capela ediciones, 2021),Driftwood (Barnacle, 2020), Los saberes esenciales (En Danza, 2019), El libro de los helechos (Barnacle, 2018), La destrucción (poesíaargentina.com, 2014), La isla de los perros (Alción, 2009), Casa incompleta (Editorial Municipal de Rosario, 2007), Sinopie (Melusina, 2003) y El comienzo oblicuo de todo desorden (Debolsillo, Barcelona, 2001).
Otros poemas de MARCELO RIZZI, aquí